Existo en esta página. Para ella fui creada y en ella me desenvuelvo. No puedo ofreceros nada fuera de aquí, porque nada hay. Cuando el navegador se cierra, en mi mundo se apaga la luz.
Disfrutad de mis historias. Críticas y sugerencias son bienvenidas.
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Laura Anubis tiene 33 relatos publicados actualmente.
Cuando se fue Dalia, yo seguí tumbada sobre la cama. Aparte de dejarme caer, no había cambiado demasiado mi postura, por lo que mis tetitas y hasta mi micropene seguían aplastados sobre la cama. Notaba mi culo palpitar. Me ardía y me escocía un poco,...
Y así llegó la noche. Después de la cena pude pensar con calma en lo que había pasado y en mis sensaciones. Afortunadamente, la cena se había llevado el último regusto de la corrida de mi amiga y ya me sentía internamente un poco más tranquila. ¡Cómo...
Fui torpe aquella vez, como no podía ser de otra manera. Me sentía mujerm pero iba camino de seducir a otra mujer... que además pensaba como un hombre... Más o menos. ¿Cómo se actúa en esa situación? Mientras le daba un millón de vueltas a la cabeza,...
Poco a poco me colé frente a ella, dejando el ventanal a mi espalda. No tenía más remedio que mirarme a la cara. No bajó su vista en ningún momento. En la misma situación, yo lo habría hecho, pero ella era más orgullosa, más fuerte que yo.
—¿Qué tengo que hacer para tener relaciones sexuales?
Eso fue lo primero que pregunté a Agustín a primera hora de la mañana. Él estaba con su sonrisa encantadora sentado detrás de su funcional mesa de metacrilato...
Justo entonces reparé en Natalia. No estaba sentada junto a su amiga, aunque la miraba de hito en hito con una mueca de preocupación en su boca, ya que el resto de su rostro permanecía tan impasible como siempre. Nuestras miradas se cruzaron cuando m...
—Laura —dijo Agustín, con su sonrisa irresistible—, sé que tienes un enorme deseo sexual. Lo sé porque es parte de tu diseño. ¿No quieres contarme nada sobre eso?
Era un hombre que debía estar en sus primeros treinta, algo más joven de mi verdadera edad... o al menos la que tenía cuando era varón. Medía en torno al metro setenta y cinco y no pesaría más de setenta kilos. Carecía del acusado tono muscular de Al...
A la mañana siguiente inicié mi rutina como cualquier otro día. Apenas había pensado en los enormes aros que tenía en las orejas hasta que llegué al baño. Se habían enredado en mi pelo y me costó un buen rato liberar mis mechones sin arrancármelo. Mi...
A pesar del ejercicio físico, el día había sido poco exigente, por lo que no tenía demasiado sueño. Al final, para vaciar la mente hice lo que tantas personas: conectar la tele una vez más. No era demasiado tarde, quizá no más de las diez, por lo que...
Mi corazón se aceleró una vez más. A este paso estaba gastando todos los latidos que tenía destinados a mi vida entera. ¿Habían limitado mi inteligencia? Estaba claro que lo podían hacer. A duras penas recordaba ya nada de cuando era varón y mis camb...
Creía saber la razón por la que Natalia se había entristecido tanto al saber que no iba a sufrir más modificaciones. Podía estar equivocada, naturalmente. Quizá aún tenía la esperanza de que la volvieran a convertir en su yo masculino, aunque ella sa...
El tiempo que pasé esperándola sirvió para que mi mente diera muchas, muchas vueltas. Pensaba en mí, pero también en Isabel, en la pobre Isabel. Y en mis amigas, Dalia y Natalia. ¿Serían ellas conscientes también del oscuro peligro que las acechaba? ...
Me llevé las manos a la cabeza. Pensé que si me apretaba las sienes, la pulsión bajaría lo suficiente como para lograr enfocar mis pensamientos. Y entonces noté algo raro. Un tacto metálico y frío en mi rostro. No lo comprendía.
El comienzo de mi segunda semana presenció mi segunda revisión médica. El mismo doctorzuelo repulsivo entró en mi habitación por la mañana, escoltado por sus dos enfermeras delgadas rubias y de ojos azules, la de labios gruesos y la de pechos enormes...
—Observa que tripita tienes —me contestó—. Completamente plana. Cuando te sientas se pliegua hacia dentro en vez de hacia afuera. Y eso se mantendrá así gracias a llevar un exhaustivo control de tu alimentación. Si te abandonaras a la gula, podrías a...
Me penetró. De golpe, sin preparación ni cuidado. La sensación fue agradable. Yo no la esperaba de otra manera. Con mis nalgas firmemente apoyadas en su pelvis y deseando que me bombeara, llevé mi mano a mi polla. Quería masturbarme. Quería sentir pl...
Cuando bajamos las escaleras, yo era una chica nueva. Estaba cansada y sudada y seguro que mi maquillaje necesitaba un retoque bastante importante, pero me sentía contenta. Ni siquiera la incomodidad de mis tendones de aquiles y su forzado ángulo, ni...
Mi rubia tutora tuvo que consolarme con caricias en el pelo y palabras tranquilizadoras. Yo, por mi parte, estaba más que dispuesta a dejarme mimar. Me apoyó sobre su pecho, grande y duro, hasta que mis lágrimas, que por fin habían salido en torrente...
A medida que avanzaba la tarde entendí por qué Dalia nunca parecía estar en una postura relajada, aunque estuviera sentada, comiendo o de cualquier otra manera. Al parecer, mi dueño había elegido para mí que fuera elegante y sexy al mismo tiempo
Casi cuando estaba terminando la comida, vi entrar una figura perturbadora. Era una mujer joven, bajita a pesar de sus tacones, con el pelo rubio oscuro, casi castaño, largo y muy rizado, más que el mío. Pero lo que más destacaba en ella eran dos pec...
En mi vida anterior, ir a la peluquería era un trámite que tenía que cumplir cada dos meses más o menos. Entraba en el local de Luis, un señor mayor y calvo...
Al pasar al lado de la rubia de aspecto vulgar, volví a cruzar mis ojos con los suyos, de un extraño azul eléctrico. Me sonrió y, para mi horror, me dirigió la palabra:
Aquí se habla de modificaciones corporales, feminización forzada, control y, en cierta medida, dominación a través de la conversión. No hay sexo explícito (de momento). Si no te gustan este tipo de relatos, no lo leas.