A la par de la reducción y del desplazamiento de mi pene y de mis testículos, mi pubis se había elevado, dejando un perceptible espacio en relación con la cara superior interna de mis muslos; además, su sínfisis se había recubierto con una almohadill...
No hubo más: Santiago se acomodó tras de mí y tomó nuevamente mis nalgas: las separó por tercera vez, pero ahora con un movimiento violento, como si quisiera partirme. “Me va a coger”, pensé...
Sentí, entonces, cómo Santiago se acercaba; luego, fue evidente su peso sobre el colchón... Oí los clics de la cámara...Y, al fin, noté la mano de mi macho haciéndome a un lado la tanguita y dejando mi ano al descubierto.
Agaché la cabeza: tenía los pezones paradísimos. Y no sólo eso: bajo la playera, parecía haber un aumento. Mis tetas eran más tetas, por decirlo así, e incluso, su pliegue inferior había atrapado un poco de tela...
Pensé que había, para mí, una manera de experimentarme como mamá: ¡si tomaba yo los anticonceptivos químicos y hormonales, mi cuerpo creería que estaba embarazado!