Entramos en el ascensor y le miré directamente a los ojos, con actitud grave. Él también me miró a los ojos, callado. Hasta que pareció envalentonarse y hablar.
-Te pones muy guapo cuando te enfadas.
Muchas veces ni siquiera conoces al familiar que tienes en frente en la cena de Nochebuena. Eso es precisamente lo que me ocurrió a mí con mi primo mayor, Alfredo.
El vídeo porno casero que ha grabado mi hermano en casa de su amigo Harry es razón suficiente para recibir en nuestro cuarto a un cachondo visitante a eso de la media noche.
Mi padre quiere recuperar la sensación de ansia por sentirse vivo de nuevo, aunque quizás no sepa que esa sensación le puede devorar. Un sótano, una garrafa de aceite y un adolescente virgen.
El lei motiv sigue siendo ese sudado calzoncillo de mi padre, que desencadena una morbosa situación con mi hermano. Un fuerte pulso entre el deber y las bajas pasiones.
La vida sigue como siempre, aunque en los últimos días hayamos andado un poco revolucionados en la familia.Y puede que esa revolución continue y conlleve algunos cambios.
Un circulo de pajas entre los colegas de mi hermano, mi hermano Jacobo, mi colega Raúl y yo en la habitación de mi padre pueden dar para mucho y muy intensas situaciones. Sí, para situaciones de auténtico infarto.
Paco y yo entramos en acción y nos unimos a los otros 5. Agustín, el cerdo de nuestro jefe, ha abierto la caja de Pandora del sexo fuerte entre hombres.
Ramón, el varonil treintañero, saca al cabrón perverso que lleva dentro y le hará pasar un mal rato al jefe, sirviéndose de las boquitas de los dos más jovencitos: Alberto y Marcos. Una buena dosis de sexo ligeramente fuerte.
Alberto va a hacerle una comida de culo al jefe, pero, como suele pasar, todo deriva en acontecimientos muy duros e inesperados. Y es que lo de este jefe y sus trabajadores es puro vicio.
¿La heterosexualidad tiene un precio? Una calurosa tarde de julio, 6 hombres trabajando en un almacén y un jefe enrollado y sin vacaciones dispuesto a quemar su chequera en un malicioso juego.
¿La heterosexualidad tiene un precio? Una calurosa tarde de julio, 6 hombres trabajando en un almacén y un jefe enrollado y sin vacaciones dispuesto a quemar su chequera en un malicioso juego.
Hay que prepararse para el campeonato. Algo quizás demasiado desquiciante para nuestro protagonista. Muchos hombres a su alrededor, pero no tantos como los que encontrará en Bratislava.
El proyecto para ir al campeonato internacional SSSP va tomando forma y, con las cartas sobre la mesa, Cristian comienza a imaginarse a sí mismo cumpliendo la función de desgastar a los contrincantes del equipo español. ¡Algo extremamente excitante!
Es el entrenamiento de Roger, el tercer candidato español que participará en el torneo mundial del SSSP (Sexo Sucio y sin Pudor). Aunque el entrenador esconde un arma secreta. Quizás un cuarto candidato en la sombra.
Nadie cuenta historias como mi hermano. Un nuevo curso comienza con todas sus nuevos cambios. En el insti todo ha cambiado y en casa parece que también. Y yo creo que tampoco volveré a ser el mismo.
Nada como acabar con tu estómago lleno de rico yogurt. Cinco raciones para uno solo recién servidas en el culo de un macho ibérico como Damián y en las que colaboran tres moros bien calientes.
Es bien sabido que los chinos llevan una dieta rica en fibra, pero... ¿Qué hay de las proteínas? Yo le descubrí a Yang este delicioso mundo alimenticio. Nada como unas cuantas raciones de lefazo.
Es hora de atreverme a hacer lo que me habían pedido sus amigas. Tenía que hacer que sus novios probaran nuevas experiencias. Una ducha, el novio de Tamara, su pinta de tierno osito velludo, su sorprendente polla y mi boca.
El verano es la mejor época del año para sacarse un dinero y aprender un oficio. Aunque en este taller y con un jefe como Carlos todos los chicos van a aprender muchas cosas: mecánica, anatomía, mamadas y folladas de culo trepidantes.
Jamás pensé que me fuera tanto la marcha. Si antes fueron tres cabrones heteros en el autobús dándome leche, ahora serán 4. Un macho ibérico y 3 pollas moras para mí solito.
El joven Patxi colocó uno de sus dedos en forma de gancho y tensó la goma de mi slip blanco, haciendo que la gorda cabeza de mi polla asomara por allí, liberada.
-¡Joder! —musitó el chaval.
Ahbí, aquel marroquí que me pasaba el hachís, se descubrió en el salón de mi propia casa como un auténtico cabrón. Jamás mi mente había soñado con algo tan sucio.
Patxi tiene 18 años y un examen de Inglés por hacer. Ser su profesor particular y su profesor en descubrirse a sí mismo es todo un lujo. No hay nada como sentir contra tu cuerpo el cuerpo de un tierno muchachillo como él.
Menuda pillada que nos había hecho a mi amigo Raúl y a mí Jacobo, mi hermano pequeño. Ahora, él y sus amigos adolescentes también quieren disfrutar del interesante hallazgo en el cuarto de nuestros padres.