Utilizamos cookies propias y de terceros para prestar nuestros servicios y mostrar publicidad relacionada con sus preferencias.
Si continua navegando, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies.
Usuario:
 Contraseña:
 CREAR CUENTA  Recordar Clave  Ayuda
 5.948 Usuarios Conectados [ Contactos ] [ Comunidad de Cams ] [ Twitter TodoRelatos ]  1.454.665 Miembros | 19.563 Autores | 99.855 Relatos 
Fecha: 05-Abr-13 « Anterior | Siguiente » en Gays

Endless: Cuando Sea… Donde Sea (1).

Mebarak
Accesos: 3.741
Valoración media:
Tiempo estimado de lectura: [ 19 min. ]
 -   + 
Alegría, felicidad, honestidad, amor… sexo, pasión, lujuria, infidelidades… tristeza, infelicidad, mentiras y desamor… todo esto y mucho más existe en la vida, que al conjugarse cuando sea y donde sea da lugar a grandes e importantes sucesos. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Hola nuevamente a todos ¿Cómo están eh? Espero que muy bien. Pues que me vinieron los ánimos por escribir otra vez una nueva saga de relatos. Esta historia surgió hace casi dos meses, a las dos de la madrugada, en mi habitación, sumido en el silencio, con la luz apagada y el corazón sangrando aún de dolor y buscando una esperanza…

***

Capítulo 1: ¿Dónde Están Boletos?

Noviembre, 2018.

Era ya casi la medianoche, el clima estaba muy fresco como de costumbre en los últimos meses del año en el país y con la casa hecha un desastre nos encontrábamos mi novio y yo buscando como locos los boletos de avión.

¡Hola! Mi nombre es Ángel Adrián Álvarez Guerrero, tengo 23 años y soy solamente una persona más en este mundo cruel. Actualmente por las mañanas trabajo como profesor de Estudios Sociales en un colegio en San Salvador, por las tardes estudio en la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” la carrera de Licenciatura en Psicología, la cual apenas estoy empezando.

Físicamente soy alguien regular, no parezco modelo ni nada por el estilo pero tengo lo mío, soy de piel morena clara, cabello oscuro peinado con una pequeña cresta, mis pupilas son del mismo color de mi cabello, mi estatura es de 1.72 km, finalmente después de tanta lucha he logrado bajar de peso porque de adolescente siempre estuve pasado de kilos y no me sentía a gusto con eso, ahora me gusta mucho mi cuerpo.

Resido en la ciudad de Santa Tecla, desde hace casi dos años, me vine a vivir con mi novio Carlos a una hermosa casa la cual compramos entre los dos hace aproximadamente seis meses, luego de vivir en un apartamento que alquilábamos. Nuestra ciudad está a solo unos kilómetros de la capital, a escasos veinte minutos en auto, por lo que se me facilita mucho llegar a mi trabajo y a mi universidad.

A Carlos lo conocí en el instituto, nos hicimos amigos gracias a que él pertenecía al grupo coreográfico del instituto al cual me uní, por cierto fue solo por unas semanas ya que luego deserté por no soportar toda la presión que se nos imponían. A finales de nuestro último año de bachillerato me confesó que es bisexual y yo le conté que soy gay, luego de eso nos hicimos cercanos al punto que con él tuve mi primer beso encerrados en los baños del instituto, todo como parte de un juego entre nosotros. Por diversas razones tuvimos un distanciamiento de como ocho meses y cuando nos volvimos a ver y salir a pasear juntos, las cosas se empezaron a dar entre nosotros al punto que nos volvimos novios.

- Ok… – me dijo poniéndose en pie luego de estar viendo bajo del sillón de nuestra sala y mirándome a los ojos – explícame de nuevo todo con detalles ¿vale?

- Vale – respondí.

- El jueves al salir del colegio te fuiste a comprarlos ¿cierto?

- Sí, así fue – respondí con un tono dándole a conocer la obviedad de lo que me decía porque él sabía bien que así había sido.

- Llegaste, los compraste – mientras él decía esto yo solo asentía con la cabeza – tomaste nuevamente tu auto y te viniste de regreso directo a la casa.

- Em… no, no me vine directo a la casa – le aclararía.

- A ver, entonces ¿Qué más hiciste ese día? – cruzó sus brazos al frente y me miraba ya un poco molesto por la situación.

- Cómo te conté, ese día Ana – mi hermana – no estaría en su casa porque acompañaría a Lorena a ver al hospital a su tío…

- Sí, continua – decía mi novio.

- Entonces ella me pidió que me quedara con Sarita después del colegio – Sara o Sarita, como le llamamos cariñosamente en la familia, es mi sobrina, tiene diez años de edad y es hija de mi hermana mayor, ella estudia en el colegio donde yo soy maestro – como tendría que ir a comprar los boletos, la llevé conmigo…

- Ajam… – decía Carlos al asentir con la cabeza sin cambiar su postura – prosigue.

- Cuando con Sarita veníamos en el auto saliendo de la capital me llamó mi mamá para pedirme que le pasara comprando unos artículos por el supermercado.

- ¡Oye eso no me lo habías dicho! – me recriminaba.

- Lo siento mi vida pero se me olvidó contarte por todo lo estresado que estaba con las cosas del colegio – me acerqué a él para acariciarle la mejilla derecha y darle un beso en esta.

- Déjate de cosas y ya dime que más hiciste ese día – me dijo en un tono de voz muy hostil y frio y con una cara muy seria. ¡Ay Dios mío! Ya estaba enojado con toda la situación y yo era el culpable por haber sido tan descuidado.

- Ok mi amor – me separé de él y continué con mi relato – fuimos a comprar lo que mi mamá me encargó y nos dirigí a su casa, le entregué todo, solo me tomé un café con ella y regresamos con Sarita acá a nuestra casa, luego recuerdo haber guardado los dos boletos en el primer cajón del armario.

- ¡Pero Adri, ya sacamos todo lo que está en el armario y los benditos boletos no están por ninguna parte! – mi amor estaba a explotar de la rabia por todo eso.

- ¡Es que no sé qué paso con ellos! – respondí yo como el tonto que estaba siendo.

Carlos se dio la vuelta, me dio la espalda y se rascaba el cuello mientras su mirada la clavaba en el piso, daba grandes suspiros muy sonoros, yo sabía perfectamente cuando se enojaba mucho, y esta era una de esas veces. Me sentía muy mal porque Carlos estaba muy animado con el viaje que tendríamos a Los Ángeles, habíamos planeado tanto ese viaje por tanto tiempo que ahora que teníamos la posibilidad de hacerlo todo se había ido por el caño gracias a mis estupideces.

Luego de unos minutos de tensión en nuestra sala, más de la que ya había desde que le dije que no encontraba los boletos, él se volvió de nuevo a mí ya con una expresión diferente en su rostro.

- ¿Y si en tu despiste los guardaste en las bolsas del supermercado y los dejaste en casa de tu mamá?

- No creo mi vida – le respondí tratando de aminorar esa idea de él porque me parecía muy ilógica, yo recordaba bien que los boletos los había puesto en mi maletín y luego guardado en el primer cajón del armario.

- Pues no perderemos nada en llamar a tu mamá y preguntarle si los encontró.

- Ok… pero llámale tú – le repliqué desplomándome en el sillón mientras Carlos sacaba su celular y después de unos movimientos con sus dedos, se lo ponía al oído.

Se alejó de la sala un poco y pude escuchar como empezaba a hablar.

- Muy buenas noches suegra  – dijo muy amable y afectivo con ella, me causaba mucha gracia y me llenaba de alegría oír cuando mi Carlos les llamaba suegros a mis padres, cada vez que oía eso no podía evitar sonreír – hola, ¿Qué tal? ¿Cómo está?…

No escuché nada más de la conversación ya que se fue con rumbo a la cocina. Pasaron cerca de cinco minutos cuando regresó siempre con el celular al oído y despidiéndose de mi mamá.

- Bueno, pero muchas gracias Doña Carmencita, igual nosotros esperamos encontrarlos – decía mi amor.

- …

- Ok, ok, yo le doy muchos besitos a su hijito por usted jejeje pasen feliz noche.

- …

- Jajaja adiós.

Carlos se quitó el celular del oído y cortó la llamada, me miró con una mirada que raramente me regalaba porque no se enojaba conmigo tan a menudo, se puso de pie frente a mí y no me quitaba la mirada de encima, a como pude sostuve mi mirada con la suya y me dijo:

- Le mentí a tu mamá – yo me quedé sin entender y lo expresé en mi rostro, él entendió me desentendimiento y continuó – no pienso darte un solo beso esta noche.

- Carlos perdóname por favor – me puse en de pie y lo abracé pasando mis brazos sobre su cuello y aferrando mi cuerpo al suyo, esperaba que me tomara por la cintura como lo hacía siempre pero esta vez él se mantenía apacible, sin moverse ni un poco; los ojos se me pusieron llorosos, me sentía mucho peor – te juro que iremos otro año y no te preocupes por el dinero, yo solo me encargaré de ahorrarlo esta vez.

- Adrián es que yo me moría por tener este viaje contigo – al escuchar el tono de voz en que me lo decía me estrujaba el alma, ahora no era de enojo, era de tristeza.

- Lo sé guapo, perdóname por eso pero como te lo dije, te juro que iremos otro año – al decirle yo esto, puso sus manos en mi cintura y me aprehendió a su cuerpo con más fuerza.

Estuvimos abrazados por un buen rato, solos los dos en silencio en la sala de nuestra casa, ya no había demasiada tensión como al principio y yo le dije:

- Vámonos a nuestra habitación mi amor, ya es madrugada y tú tienes que ir a trabajar mañana sábado.

- Ok… – le tomé de la mano y lo fui halando camino a la habitación, en este trayecto me expresó – mañana le diré a Maura que no iremos nosotros.

- Está bien mi amor – respondí. Maura es una amiga nuestra, durante la adolescencia fue la mejor amiga de Carlos y ahora era la de ambos, es una chica muy linda, alta, cabello rubio, piel blanca, ojos grises, cuerpo de modelo y más linda era su forma de ser, era un amor, muy elocuente y divertida, lo más extraño de todo era que a pesar de eso todavía era soltera y desde hace mucho no le había conocido ningún novio, bueno, no importaba, los chicos se la perdían – yo llamaré mañana a mi tía Liz para avisarle también.

- O mejor le digo yo a tu prima para que les avise a todos.

- ¿La verás mañana? – lo cuestioné.

- Sí, me dijo que llegaría muy temprano a dejar en orden unas cosas y… – se cortó en ese instante porque entramos a la habitación y vimos el tiradero que teníamos a causa de estar buscando los boletos – hablando de poner en orden, deberíamos ordenar este botadero Adri.

- No te preocupes mañana lo haré yo – le dije yo – tú debes estar cansado por el trabajo y mañana tendrás que irte temprano.

Carlos estaba a punto de graduarse de administración de empresas y también trabajaba en la empresa de mi tía abuela Liz, y sus hijas Iveth y Adela, que es una cadena de tiendas de ropa, tiene dos acá en El Salvador y una en Los Ángeles. Mi novio trabajaba en el departamento de contabilidad y finanzas de los dos almacenes de acá del país, junto con él mi prima Janina, hija de mi tía Iveth y Maura, nuestra mejor amiga.

La tía abuela Liz, era hermana de mi abuela materna, ella desde hacía varios años ya no viajaba a El Salvador por razones de salud, contrariamente a su ya avanzada edad es una dama muy hermosa y buena conmigo; gracias a su ayuda económica y a que me dio trabajo por un tiempo en su empresa pude pagar mi universidad cuando estudie el Profesorado en Estudios Sociales. Caso distinto mi tía Iveth, se mantenía más tiempo acá en el país y mi tía Adela se mantenía de acá para allá, entre El Salvador y Estados Unidos.

- No, ordenemos todo esto ya mi amor –lo miré directo a los ojos y le iba a repetir lo que le había dicho sobre su trabajo, él lo entendió y antes que yo hablara lo evitó haciéndolo él – además no tengo sueño y mañana trabajaré hasta mediodía.

Nos internamos completamente a nuestros aposentos y vi que el desorden era tremendo, parecía haber pasado un tornado por ahí, los cajones de armario todos fuera de su lugar, nuestras ropas regadas por toda la habitación, las almohadas de nuestra cama estaban por ahí botadas en una esquina, la cama ni se diga… pensando mejor la situación, no era mala idea poner en su lugar ya las cosas.

- Está bien mi amor – le dije – pongamos en su lugar todo este caos.

Carlos y yo empezamos a recoger todas las cosas que estaba en el piso, mientras hablábamos de asuntos sin importancia; primero recogimos nuestras ropas, entre camisetas, jeans, bóxer, medias y otras y las pusimos en los cajones del armario y en los otros estantes, luego continuamos con la cama y en casi una hora ya todo estaba en orden. Nos pusimos nuestra ropa para dormir, yo un pantalón de pijama y una camisa blanca y él igual solo que sin camisa.

- Bueno señorito Álvarez, vamos a lavarnos los dientes y a dormir – me dijo abrazándome por detrás y besándome la mejilla – te amo.

- Yo también lo amo a usted señorito Duarte – apunté girando mi cabeza haciendo que nuestras caras quedaran frente a frente dándole yo un pequeño beso en sus lindos labios.

Carlos es muy guapo, es delgado, de mi misma altura, un poco marcado por los ejercicios que hacía, piel blanca, cabello negro un poco largo, lo usa así desde que lo conocí, tiene cara linda, ojos grandes de pupilas de un color café muy oscuro, mentón pronunciado, labios carnosos y de un color rosa muy llamativo y apetecible.

Seguimos abrazados de la forma en que estábamos y dándonos pequeños besos en nuestros labios, llegamos a nuestro baño y nos separamos para poder lavarnos los dientes. Al terminar nos fuimos a nuestra cama, ubicada al centro de nuestro dormitorio, con la única disposición de dormirnos ya.

Normalmente yo dormía al lado derecho de nuestra cama y él al contrario, cuando él iba para su lado se tropezó con algo que había quedado en el suelo del tiradero que habíamos hecho antes el cual recientemente habíamos ordenado. Él no se cayó, solo fue el impacto de su pie con ese artefacto desconocido, yo solo lo veía acostado ya en la cama con un poco de asombro.

- ¡Mierda! – dijo Carlos al tropezarse, luego vio al piso y se agachó recogiendo con lo que había colisionado – ¿Qué es esto? – me preguntó mostrándome la cajita que había recogido.

- Mmm… es una cajita con cosas que eran mías de niño… fotos, juguetitos… ya sabes cómo es mi mamá – le expliqué – dámela, olvidé guardarla.

Él solo me sonrió muy tierno con un aire a niño curioso y se dispuso a abrir la cajita de madera fina, color café oscuro con los bordes dorados. Carlos la abrió y paso algo sumamente extraño, su sonrisa se cambió por un rostro serio; yo recordaba que encima de todas las cosas que esta contenía estaban unas fotos de cuando era muy pequeño y se me habían caído unos cuantos dientes, pensé que de seguro las estaba viendo y que estaba tomando su tiempo para luego empezar con sus bromas.

- Adri… – me llamó muy serio y fijando su mirada con un dije de enojo en mí.

- Dime mi amor – me acerqué movilizándome de rodillas hacia el borde inferior de la cama, quedando frente a él – ¿Qué pasa?

- ¿Me puedes explicar qué demonios hacen estos boletos acá? – manifestó mientras de la cajita sacaba el par de boletos de avión que andábamos buscando como locos desde hace un par de horas.

No encontré que responderle, traté de articular palabras justificándome pero no pude, me sentía como el tonto más tonto por haber metido esos boletos ahí y no recordarlo. Sinceramente le había afectado a mi memoria todo el trajín del colegio, fue una semana muy pesada ya que entregaríamos las calificaciones de los alumnos y otros datos del funcionamiento de este al Ministerio de Educación.

Mi novio me miraba recriminándome por lo ocurrido y yo solo lo miraba con muchísima pena. No encontré otras palabras que decirle que:

- Lo siento vida – bajé mi mirada un momento, escuché como él daba un gran suspiro tranquilizando su aparente enojo.

- Ya… no hay pena, lo bueno es que los hallamos y nos iremos mañana a Los Ángeles – me dijo sonriendo con mucha ternura a modo de calmar mi vergüenza – ven mi amor, ya pasó.

Se acercó a mí, me abrazo, quedando por la posición en que estábamos su cabeza quedó sobre la mía para luego depositar un beso en mi cabello. Pasamos así un rato hasta que empecé a sentir unas pequeñas convulsiones en su cuerpo y escuché como se reía por lo bajo.

- ¿Qué te pasa loco? – le cuestioné separándome un poco de él y viéndolo a la cara, la cual estaba con una sonrisa tremenda.

- Nada – vacilante apuntó – solo que estoy feliz que por fin nos iremos de viaje tú y yo.

- Jejeje sí… al fin y que casi lo arruino todo.

- Sí – volvió a reír – te digo que ya había jurado no follarte durante un mes completo.

- ¡¡¡¿¿¿Qué???!!! – Me dejó sorprendido con lo que me acababa de decir – ¡Oye eso no hubiese sido justo!

- ¿Cómo qué no? – Refutó – hubiese sido más que justo como castigo por tu descuido – rió un instante mientras contactó sus labios con los míos y nos fundimos en un beso.

Luego de ese beso vino otro y otro y después otro… vinieron decenas de ellos, poco a poco fueron pasando de ser besos tiernos y de amor a besos lujuria y pasión. Carlos se despegó de mí, me sonrió pícaramente.

- Creo que no hubiese aguantado tanto tiempo sin nada de sexo contigo porque justo ahora tengo muchas ganas – se mordió el labio inferior muy sugestivamente, me ponía a mil verlo hacer eso.

Solo le sonreí, le tomé del cuello mientras le besaba nuevamente, ese contacto entre nuestros labios me encantaba. Lo traje hacia mí y caímos sobre la cama sin dejar de besarnos. Con mis piernas lo así a mi cuerpo por su cintura, mis manos curiosas recorrían por toda su espalda degustando de ese cuerpo suyo que tanto me gustaba. Pasó él pronto a besarme el cuello, me encantaba cuando lo hacía.

Dejó de besarme para sacarme la camisa y empezar a besar mi cuerpo con mucha devoción, algo que le encantaba a mi novio cuando hacíamos era que cuando él me besaba el cuerpo yo le acariciara su lindo, sedoso y un poco largo cabello, lo enloquecía. Pasaba mis dedos entre este, el no paraba de besar mi torso hasta llegar al ombligo y bajar directamente adonde mi miembro estaba ya en pie y listo para esa batalla del sexo.

Sin esperar mucho se lo metió de una sola vez y le empezaba a dar una mamada espectacular que me estaba haciendo gemir por el placer que su boca, que saboreaba de arriba hacia abajo con mucho afán mi pene, me estaba proporcionando.

- Para, para mi amor – le dije entre jadeos – que vas a hacer que me corra ya y no quiero aun.

- Ok, ponte de perrito – dijo bajándose el pantalón con todo y sus bóxers y dejando ya al aire libre su pene hermoso, delgado, con unas cuantas venas marcadas y de 17 cm y muy bien afeitado como el mío, lo tenía ya bastante erecto – me muero por hacer mías ese par de nalgas tuyas otra vez.

Hice lo que él me pidió y puse mi trasero a toda su disposición para que gozásemos nuevamente del sexo que tanto nos gustaba, puso sus manos a ambos lados de mi cadera y la punta de su pene en mi orificio, empujo con cuidado hasta llegar al fondo de mí, ya muy conocido por él era este, había sido el primero y el único en mi vida con el que había tenido sexo. Al estar ya dentro de mí, pude sentir el contacto de sus testículos con mis nalgas y como sacaba su pene, lo volvió a meter con mucha fuerza.

Se quedó quieto un instante, luego empezó el lento vaivén con su cuerpo, con este el placer se empezó a hacer presente en mí, Carlos empujaba su pene hasta lo más profundo que podía en mí; poco a poco fue aumentando el ritmo de las enclavadas que me daba y con esta el placer. Ambos empezamos a gemir como locos, su pene se movía con total facilidad dentro de mí y provocando oleadas de placer.

Sin sacar su pene de mi interior Carlos me irguió, ya en esta posición acercó su pecho a mi espalda, podía sentir ese cuerpo delgado y ya sudado por la actividad física que representaba el delicioso sexo que estábamos teniendo. Empezó a besar mis hombros y mi cuello con mucho desenfreno y sin dejar de emitir pequeños alaridos; de beso en beso se fue aproximando desde mi cuello hasta llegar a la comisura de mis labios y luego internarse a devorar mis labios.

Carlos con su mano derecha tomó mi pene y lo comenzó a masturbar con mucha dedicación, era un placer completo el que mi novio me propinaba, me estaba penetrando con todas sus fuerzas, nos besábamos con locura y jugueteando nuestras lenguas con mucho morbo y me masturbaba con pasión.

De un momento a otro los gemidos empezaron a ser más sonoros, señal de que aunque no quisiéramos pronto acabaríamos ese gran rato de éxtasis que estábamos teniendo. Puede sentir como el mástil de mi novio empezó con los espasmos indicando que estaba próximo a correrse, él continuó dándome a toda velocidad y fuerza en mi ano.

- Ah… ah… ahmmmmmm… que rico mi amor – me decía entre gemidos – cada día me encanta más este tu culo.

- ¿En… ah… seri… ah… serio? Ah… – le respondí entre gemidos.

- Sí… ah… ¡Mierda! ¡Que me corro yaaaaa! – emitió un fuerte gemido final, pude sentir cuatro trallazos de su delicioso néctar que chocaban dentro mío.

Ante la acción de Carlos mi placer aumentó, él no había parado de masturbarme en ningún momento y escuchar como gemía como loco por su reciente corrida me lleno de morbo y no me contuve más, me corrí con el mismo número de trallazos en la mano de mi novio y ensuciando un poco una de las sábanas de la cama.

Ya habiendo acabado ambos, pude sentir como su pene fue perdiendo rigor y volviendo a su estado normal aun dentro de mí y consiguientemente salió. Yo me desplomé sobre la cama boca abajo, dormiría así ya que me seria incomodo hacerlo de la manera contraria, estaba ya muy cansado y sudado, me dormiría en cualquier instante.

Al regresar él se acostó en su lado de la cama, me miró a los ojos y esbozó una linda sonrisa. Recordé como le gustaba a él que nos quedáramos después de hacer el amor, así que me giré dándole la espalda, acto seguido él se aproximó a mí para envolverme con sus brazos y depositando en mi hombro derecho un cálido beso. En esa posición me sentía tan bien, me sentía muy a gusto entre sus brazos, era tan reconfortante y tierno estar así.

- Te amo Adrián – me dijo Carlos al oído en un susurro hermoso.

- Y yo a ti Carlos – respondí.

Carlos bostezó poniendo ya cara de somnoliento, vi la hora y eran casi las tres de la madrugada.

- Duérmete ya mi amor – le dije – podrás dormir por lo menos cuatro horas.

- No importa – refutó – todo este tiempo contigo no tiene precio.

- Jejeje te amo Carlos – le di un beso.

- Yo también te amo Adri y lo haré hasta que me muera – me abrazó con más fuerza.

- Igual yo guapo – respondí feliz sintiéndome tan amado por mi novio.

- Bueno, durmámonos ya porque cuando vuelva del trabajo tenemos que empacar – yo solo le respondía moviendo mi cabeza – así que buenas noches mi amor – me dio un beso en la mejilla.

- Buenas noches – repliqué.

Casi instantáneamente me quedé dormido mientras pensaba en cómo sería nuestro tan ansiado viaje a Los Ángeles, en qué nos depararía y en como la pasaríamos de genial juntos y viviendo plenamente nuestro amor.

***

Hasta acá el primer capítulo. Como lo pudieron notar algunos, esta es una especie de secuela de mi saga de relatos anterior, no obstante no hay necesidad de que la hayan leído para continuar leyendo esta, ya que serán hechos con muy poca relación con “Delirios de Soledad” y cualquier hecho relacionado con esta será explicado nuevamente. Esta historia es completamente ficticia, cualquier parecido a la realidad será pura coincidencia.

 

Espero les haya gustado y sigan leyéndome ya que vienen hechos muy interesantes jejeje así que por favor coméntenlo y/o valórenlo porque es de mucha importancia para mi saber sus opiniones. También si gustan pueden escribirme a mi correo electrónico angredstar@gmail.com o agregarme en Facebook como Ángelo Mebarak.

 

Saludos y bendiciones desde el pulgarcito de América, El Salvador.

 

Atte. Ángelo S. Mebarak



© Mebarak

Valore y Comente los relatos que lee, los autores lo agradecerán y supondrá una mejora en la calidad general de la web.
 Comentarios sobre este Relato (6)
\"Ver  Perfil y más Relatos de Mebarak
 Añadir a Lista de Favoritos
 Reportar Relato
 Excelente
 Bueno
 Normal
 Malo
 Terrible
« VOLVER A LA PAGINA ANTERIOR IR ARRIBA  ▲
 
LWNET 1999-2017 | TodoRelatos.com v3.80
Info Legal / Privacidad / Cookies · Ayuda · Stats · Enlaces · Contacto · Webmasters (Sponsors Favoritos)