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Fecha: 28-Abr-13 « Anterior | Siguiente » en Textos de risa

Sombras de la China

remen699
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Un lector desesperado busca ayuda en una revista para reparar su vida sexual en pareja. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Es extraordinario comprobar cuán lejos de la realidad pueden situarse las mujeres. Viven en un mundo propio, y nunca ha existido ni podrá existir nada semejante. Es demasiado hermoso; si hubiera que ponerlo en pie se derrumbaría antes del primer crepúsculo. Alguno de esos endemoniados hechos con que nosotros los hombres nos las hemos tenido que ver desde el día de la creación, surgiría para echarlo todo a rodar.

El corazón de las tinieblas. Joseph Conrad.

REVISTA FEMENINA CÍRCULO Y CRUZ

Cartas de las lectoras.

Envíanos tus consultas, dudas e inquietudes y te responderemos.

Hola,

No soy una chica, soy un chico. Mi nombre es XXXX y he recurrido a esta revista para que me ayudarais a solucionar un problema que se viene dando de un tiempo a esta parte con mi pareja. Estoy muy preocupado, mi vida sexual ha naufragado y amenaza con hundir consigo mi vida afectiva.

Somos una pareja joven, nos independizamos hace poco. Vivimos de alquiler y no tenemos hijos. El tener el privilegio de poder salir del nido paterno fue una liberación en todos los sentidos. Ya conservábamos una vida sexual bastante activa y, este hecho, no hizo más que aumentarla. Lo hacíamos en cualquier lugar, en cualquier sitio. En el descansillo de la escalera, después de una noche de copas, volvíamos achispados y echábamos un polvo rápido ante el morboso riesgo de que algún vecino nos pillara. En el ascensor, mientras el aparato ascendía, notaba la presión de la gravedad mientras penetraba a mi churri, que se aferraba a mí con sus brazos y piernas.  En la cocina, con ese gran invento que es la vitrocerámica: mi cari podía tumbar su espalda mientras yo abría sus piernas y la penetraba una y otra vez… Lo malo es que después me limpiaba con lo primero que pillaba y, a la hora de comer me enjugaba los morros de salsa y descubría que esa servilleta es la que había utilizado antes.

También teníamos nuestras sesiones en la oscuridad de alguna sala de cine. Siempre que elegía ella las pelis, claro. Si no me dormía porque había madrugado el día anterior, me distraía y me dedicaba a magrear a mi pitufa, sobándole las tetas por encima de la ropa hasta que sus pezones se ponían más puntiagudos que el somier de un faquir. Le comía la oreja, le mordía el cuello y notaba como su respiración se aceleraba. Mis manos descendía a su entrepierna y buceaban en sus braguitas: iban de excursión por el monte de Venus, se enredaban en el vello púbico, y se introducían traviesos en su cueva que deparaba ya una húmeda bienvenida. A continuación, siempre seguían apasionados besos y acabábamos enredando cuerpos en arrebatados abrazos… Mis pelis favoritas son “El diario de Noa”, “Un lugar donde refugiarse” y la saga “Crepúsculo” sobretodo la última entrega, en la que me marqué una corrida que casi deja con colmo un envase supergrande de refresco vacio que encontré por allí. Una  señora que se incorporó después a nuestro lado, con su marido y sus tres hijos pequeños se lo bebió por error de un trago. Acto seguido se relamió, seco su boca con el dorso de su brazo y sofoco un eructo con su puño.

Yo no soy un lector empedernido pero suelo leer regularmente. Leo “El mundo deportivo” casi a diario, incluso a veces, el “As” y el “Marca”. También los prospectos de los medicamentos, que son muy educativos porque contienen palabras muy cultas y técnicas. Sera por eso por lo que mi novia siempre me regala libros por mi santo o cumpleaños. He de confesar que nunca me he leído ninguno, me provocan sueño o dolor de cabeza. Un día me pidió mi opinión sobre uno de ellos y le mentí diciéndole que me había gustado mucho “la trama y los personajes”. Debió de tomarme la palabra porque insistió en regalarme toda la obra de un tal Nicholas Sparks. Lo mismo pasó con otro: Federico Moccia. Este me sonaba de algo, pero creía que era un medio centro del Inter o algo así…A mí me atraen otros autores: Stephen King o John Grisham ¡me he visto todas sus pelis!

Todo cambió cuando me regaló aquel maldito libro: Cuarenta sombras de no sé qué. Con ese título, creí que era de miedo pero ella me aclaró que era de temática erótica. Rápidamente corrí a hojearlo pero me decepcionó no encontrar ni una sola foto. Como siempre, mentí al declarar que me lo leí y, como siempre, ella sí que lo leyó. Entonces su comportamiento empezó a cambiar con respecto a mí. Me empezó a comparar con el prota, comparación en la que yo siempre salía mal parado. Se ve que trata de un pavo que es un empresario de éxito, podrido de pasta, joven, guapo y que se lo hace muy bien en la cama. Pues ahora mismo, no encuentro un referente real para hacerme a la idea. No me imagino a Juan Rosell, Amancio Ortega o al mismísimo Donald Trump haciendo hazañas en el lecho sin necesitar bisagras que den movilidad a sus articulaciones… y no sé si estos tios eran guapos en su juventud (en serio, tengo mis dudas) ni que tuvieran tanta pasta ¿por qué me compara con alguien que no existe ni pudiera existir? ¿Acaso yo la comparo con Lara Croft o Alice Abernathy? Comenzó a reprenderme con más frecuencia. Ahora me acusaba de no decirle cosas bonitas cuando follábamos… Bueno, cuando hacíamos el amor, vaya. Que quería que le regalara la oreja, vaya. Una noche de sábado que ella se fue a la cama pronto, sacrificando el segundo tiempo de un pleno al quince entre el Madrid y el Valencia, me deslice al dormitorio sigilosamente y, apliqué una luz indirecta con la lámpara de la mesita. Os describo a continuación mi intentona:

De forma delicada, sustracción de todas las prendas y masaje en la espalda. Susurro al oído:

-Xavi recorre el medio campo.

Repaso con la lengua el recorrido de la nuca hasta la rabadilla.

-Avanza al área contraria.

Mordisquitos leves en sus nalgas y caricias en la parte interior de los muslos. Mi mano sumergida bajo su entrepierna tantea su vagina.

-Se la pasa a Iniesta que dribla a un contrario.

Introducción de los dedos índice y anular en el interior de la vagina, en un movimiento circular, de inicio leve y parsimonioso con aumento de velocidad. Leve presión del pulgar sobre el clítoris.

-Retrasa a Pedrito que pasa a Messi.

Volteado su cuerpo, sus tetas cubiertas por mis manos, entrelazan sus pezones.

-Messi se acerca veloz al área rival.

Penetración poco a poco, centímetro a centímetro hasta el final. Estremecimiento.

-Messi regatea al defensa.

Movimiento de entrada y salida, aumentando la velocidad gradualmente. Rodeo de ambos cuerpos con las extremidades superiores. Caricias. Besos.

-Messi se enfrenta al portero.

Embestidas más intensas. Gemidos irreprimibles.

-Chuta y ¡GOOOOOOL!

Eyaculación y fin. Cigarrito y pregunta:

-¿Te ha gustado?

-No me refería a esto exactamente…

Su insatisfacción permaneció. Y los reproches continuaron. Sobre todo desde que me regaló el segundo libro: Sesenta sombras de no sé qué. Qué original, ¿no? Nuevamente, me echaba en cara ser poco sensible y tener pocos detalles con ella. Me recordaba que el prota del libro, colmaba a regalos a su amada. Qué le regalaba un ipad, un portátil, un Audi y un Saab. Yo hace tres años le regale un reproductor de mp3 portátil por reyes, pero parecía habérsele olvidado. Como hay veces que no llegamos a fin de mes, adecué los regalos a mi presupuesto y le regale una calculadora científica y un Ferrari. Sí, como leéis, un carro de esos italianos tan rojo como las tarjetas ante una tibia rota por cuatro partes. Descapotable, como el del “Out run” porque de copiloto rubia ya la tenía a ella. Tampoco supo apreciar el detalle, su reacción fue muy desagradecida. Y eso que el coche era precioso, uno de esos a tamaño escala, con los que juegan los niños. Con todos los detalles, incluso si movías el volante las ruedas iban al compás.

Tiempo después, cuando el mal rollo se estaba enfriando llegó mi santo y como presente recibí el último libro: Ochentas sombras de no sé qué (¿es que en estas novelas nunca anochece?). Era el último porque esto era una teología, como la Guerra de las Galaxias… Sí, sí, habéis leído bien, porque para mí solo existen tres, las antiguas, las originales… Un momento, que estoy divagando, que mi intención no es hablar de Han Solo sino de lo solo que me he quedado desde que irrumpieron estos condenados libros. Esta vez tocaba acusarme de ser poco imaginativo en el sexo. Insistía en compararme con el prota, que innovaba con el sadomasoquismo con su pareja. Me pedía novedades, que la dominara, que la azotara, que fuera más duro con ella. Bueno, me dije, este desafío se preveía asequible. Os narro la noche de autos:

Llego al dormitorio donde ella me espera con un insinuante picardías con transparencias. Esta muy sugerente, sí señor. Me relamo de gusto. Esta noche vamos a disfrutar.

-Siéntate-le ordeno señalando la cama.

Ella se sienta.

-Estás preciosa hoy-le digo acariciándole el pelo y repasando la silueta de su cara deslizando la palma de mi mano por su sien, mejilla y mentón.

Entonces le metí un croché de derecha en plena mandíbula, que voló hasta caer patas arriba en el rincón opuesto de la habitación. ¡No veáis como se puso! Empezó a llorar y acusarme de bruto y bestia. Yo estaba muy confundido, me encogí de hombros y le pregunté si no era eso lo que quería. Se ve que no. Acabe durmiendo en el sofá. Y aun sigo ahí.

¿Qué tienen esos puñeteros libros, aparte de un montón de letras impresas? Estas no son más que sombras chinas, siluetas fantásticas e intangibles. ¿Qué les pasa a las mujeres? Sólo se sueña inconscientemente con los ojos cerrados. ¿Cómo pueden ser tan lúcidas a veces y tan ingenuas otras? Se pasan la vida buscando quimeras para cuando encuentran su inexistencia pagar su frustración en sus consortes, enfangadas en una insatisfacción perpetua.

Me siento triste. Perdido. ¡Desesperado! Espero que me ayudéis con vuestros comentarios a salir de esta situación tan árida y desafecta. ¡Llevo sin mojar cinco meses compartiendo vida con la mujer que más quiero! Y no me refiero a mi madre.

Atentamente,

XXXX


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