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Fecha: 08-Jun-13 « Anterior | Siguiente » en Gays

Endless: Cuando Sea… Donde Sea (8).

Mebarak
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Alejandro y Adrián están de nuevo frente a frente, esta vez este último no tendrá escapatoria de una conversación con su ex amor. Y una sorpresa se avecina para uno de ellos. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

***

Capítulo 8: Obtener un Perdón.

 

El cielo azulhabía sido poblado por las nubes grises y unas blancas, el sol radiante que había sido rey y señor desde tempranas horas de la mañana eclipsado por el estas se encontraba, viéndose imposibilitado de impactar con sus rayos el lugar y continuar su reinado celestial; leves y frescas ventiscas pasaban por todo el prado, se colaban entre las ramas de los grandes árboles de los alrededores, moviéndolas de un lado a otro y botando unas cuantas hojas que caían delicadamente sobre este.

El ambiente era acorde a lo que en medio del jardín de la casa de mi Tía Liz, bajo la gran sombrillaque servía para protegernos del sol de la mesa de jardín estaba por ocurrir, Alejandro y yo estábamos solos y frente a frente… podía sentir nerviosismos de mi parte y tensión por la suya. Quería ponerme de pie, irme de ahí y regresar hasta que Tatiana regresase, quería evitar lo que fuera que Alejandro quería decirme… pero por alguna extraña razón no me atreví a moverme ni un solo centímetro de mi silla, estaba anclado a esta.

- ¿Qué? – fue lo único que dije de manera seca cuando me llamo por mi primer nombre en diminutivo. Era muy curioso, eran muy pocas las personas que me llamaban por mi primer nombre, la mayoría lo hacían por el segundo.

Alcé mi mirada y le miré a la cara.

- ¿Podemos hablar de… – suspiró – nosotros?

- ¿Qué quieres hablar sobre “nosotros”? – irónico expresé gesticulando con mis dedos las comillas.

- Es que… – con algo de ¿incredibilidad? – Ángel… la verdad yo – sus labios formaron una sonrisa que… que… quedó grabada en mi mente por ser… – yo aún no salgo del asombro de que después de cinco años finalmente tú y yo nos hallamos podido encontrar en persona.

No respondí nada a su comentario, me quedé en silencio e inmerso en mis cavilaciones haciendo una cuenta exacta del tiempo que había transcurrido desde que todo lo nuestro se había acabado.

- No fueron solo cinco años – le corregí, él se volvió a quedar extrañado – fueron cinco años, 10 meses y 8 días.

Nos quedamos de nuevo en silencio ambos, solo mirándonos a las caras; por alguna extraña razón se me cruzó por la mente lo guapo que estaba Alejandro, ya no era el chico de 20 años del que me enamoré hace más de un lustro, ahora era todo un hombre en su aspecto, una mirada profunda, una nariz perfilada, cabello oscuro, lindos labios un poco más gruesos que antes, su sonrisa era cautivante; Tatiana era muy afortunada por tener un novio como Alejandro, pensé, él estaba muy guapo… ¡¿Pero qué estaba pensando?!...

- ¿Cómo has estado todo ese tiempo? – me preguntó.

- Bien… – respondí – muy bien.

- Me alegra Angelito…

Nos quedamos en silencio otra vez, ya se estaban volviendo muy comunes entre nosotros dos; su rostro no me demostraba esa disque alegría que sentía porque había estado bien estos años, era un cínico, no me contuve y se lo hice saber.

- Tú rostro no me demuestra esa alegría– insinué sarcástico – ¿Acaso querías que me pasase la vida llorando por ti y con complejo de Florentino Ariza?

- No, claro que no – sonrió otra vez como la primera vez – me alegra que hayas seguido tu vida después que…

- Sí – le interrumpí borrándole esa sonrisa – no es necesario que me lo recuerdes.

- Ángel… de lo que te quiero hablar hoy – decía – es sobre eso. Quiero pedirte perdón por todo, de verdad que me siento mal por haberte hecho sufrir tanto.

- Ajam…

- Mira Ángel yo quiero que me perdones, sé que quizás me odias, que fui un pendejo y que tienes más de un millón de razones para estar enojado conmigo, pero por favor perdóname.

Silencio incómodo entre nosotros número seis, parecía que le había ganado con ese argumento, él estaba pensativo y de seguro preparando sus palabras para seguir con su “súplica de perdón”. Yo no soy una persona que guarda mucho rencor, ni mucho menos que odia y no perdona nunca, pero por alguna razón – más que obvia creo – no podía perdonar a Alejandro, le sentía un gran resentimiento, algo en mí no quería perdonarle todo lo que me hizo; él aludía que yo lo odiaba, pero no era así, no lo odiaba, simplemente su presencia no me era grata.

- Lo que me hiciste no tiene perdón – refuté – y si quieres que te perdone, PUES PÍDEMELO DE RODILLAS ALEJANDRO –  y sarcástico expresé y me puse de pie para irme – con tu permiso.

Sabía que Alejandro tenía su orgullo y no se dejaría humillar nunca y menos de mí, le dije eso para que le quedase en claro que no le perdonaría nunca todo lo que me hizo. Finalmente había podido reaccionar de la manera que según yo era la más adecuada y me retiraría de la mesa, había dado un par de pasos con la intención de entrar a la casa, fingir que buscaba algo y regresar cuando ya Tatiana lo hubiese hecho, por cierto, ella ya se había tardado demasiado en el baño… bueno, muchas mujeres lo hacían y de seguro ella era una de esas.

- ¿Me perdonas? – escuché a mis espaldas de nuevo la voz suplicante de Alejandro.

- ¡Ya te dije que…! – me volví a verlo y lo que vi me sorprendió.

Con una expresión facial que no puedo ni describir, dulcemente con ese par de ojos de pupilas oscuras pero con un brillo como las estrellas en el cielo, con el ceño fruncido y con su boca indicando tristeza él me miraba desde abajo, en el suelo ¡Y DE RODILLAS! Eso me dejó más que sorprendido, no pensé que él fuese a obedecer a mi petición para que le concediese mi perdón, su rostro era apacible y suplicante pero… ¿Por qué estaba haciendo eso? ¿Tanto le importaba que lo perdonase?

- Me… me… ¿Me puedes explicar que haces ahí? – pregunté.

- Tú me lo pediste – respondió sin cambiar ese reflejo de súplica en su cara.

- Pero… – traté de decir algo – nada, olvídalo, ponte de pie.

- ¿Me perdonas? – repitió.

- No… pero…

- ¿Me perdonas? – replicó – por favor, por favor… Angelito.

- A ver… – no estaba seguro qué hacer, él estaba decidido a seguir de rodillas hasta que lo perdonase, suspiré profundamente – párate y sentémonos de nuevo para hablar ¿vale?

- Ok.

Mi conciencia no me permitió que continuase mi camino, ver a una persona nada grata para ti de rodillas y humillada pidiendoperdón es para muchos un alimento de primera clase para el orgullo y el ego… pero para mí no; me hizo sentir mal el haberle dicho que le perdonaría si me lo pedía de rodillas, podría decir que me partió el alma y más con esa cara hermosa y sensual y… ¡¿Qué rayos estaba pensado?! El punto es que ya había bajado la guardia y por la compasión que sentí al verlo llegar a ese extremo por ser perdonado decidí dejar las cosas claras entre nosotros dos, se veía realmente arrepentido por todo lo que entre nosotros había ocurrido.

Alejandro se había puesto de pie y se limpiaba el pantalón en la parte de las rodillas, las cuales se habían enverdecido por el césped del jardín. Me acerqué de nuevo a la mesa y me senté en donde lo había estado antes, él hizo lo mismo y me miró de nuevo a los ojos… esta vez descifré en ellos tristeza, arrepentimiento, dolor y un no-se-qué que me desconcertaban un poco. No tenía muy claro lo que le diría ahora, tenía la idea de lo que quería expresarle pero no fluían en mí las palabras, suspiré a mayor profundidad y llenando mis pulmones del aire fresco que soplaba en ese momento.

***

Como lo supuse desde un principio, la idea que se le había ocurrido a Tatiana era una muy loca, me había llevado a casa de Doña Lizbeth Guerrero a visitar a su queridísimo sobrino Ángel. Luego de vestirme con ropa un poco más presentable a comparación de cómo estaba vestido en nuestro apartamento, fuimos a buscar mi carro al garaje subterráneo del edificio y, como me lo había pedido ella, la dejé que condujera, no quería decirme hacia donde nos dirigíamos, me lo dijo hasta que nos desviamos de la carretera principal y nos internamos a una que conducía directamente a esa mansión.

Al principio me negué rotundamente a entrar y acompañarla, pero Tatiana me llevó a jalones, juro que si ella hubiese tenido un rifle en ese momento no hubiese dudado en apuntarme con este y amenazarme para ir con ella. A pesar de mi negación, parte de mí deseaba entrar y aprovechar el mínimo momento para hablar a solas con Ángel, sin las intervenciones de Tatiana ni Janina, que le habían dicho a él que mi amiga y yo éramos novios supuestamente para ver si a él le molestaba y sentía aún algo por mí, pero yo sabía que a él no le molestaría, él estaba muy enamorado del idiota ese, de Carlos; y fue esa parte de mí la que hizo que cediera a la idea de mi amiga.

Al llegar nos recibió Ángel, no pude evitar detallarlo de pies a cabeza, se miraba realmente guapo, muy lindo como siempre… no, estaba mejor que antes. Su cuerpo no era musculoso en absoluto, pero tampoco era gordo, tenía una complexión normal, no gordo, no flaco, con esa cara redonda, sus ojos negros, sus curvilíneas cejas, su sonrisa un poquito tímida y esa su crestita en el cabello… me encantaba. Me puse nervioso al verlo y Tatiana me tuvo que dar un codazo en el costado para que reaccionase de mi inmersión que había tenido al verlo y lo saludase.

Pasamos y nos recibió en la mesa de jardín, nos llevaron unos bocadillos y refrescos, y ahí pasamos largo rato mientras él y mi amiga conversaban animadamente, habían descubierto que tenían mucho en común por lo que rápidamente congeniaron. Por un momento se me cruzó la idea que ella me cambiaría por Angelito como mejor amigo, es que ni conmigo hablaba así desde hace mucho, ellos reían a cada momento y parecía que su plática no tendría fin. Yo me había mantenido casi al margen de lo que ellos hablaban, era lo más prudente, no podía incorporarme de lleno a la conversación porque podría incomodar a Ángel y me gustó verlo tan feliz y seguro de sí mismo.

Y ahora, Tatiana nos había dejado solos intencionalmente y había aprovechado para pedirle perdón por todo lo que le había hecho sufrir, aunque fue con algo de dificultad porque yo estaba nervioso y él estaba incómodo de seguro porque estábamos solos y era obvio que el tema de lo nuestro surgiría. Nuevamente, Ángel me demostró que me guardaba mucho resentimiento y quizás hasta odio… esto me dolía porque yo lo amaba, me desgarraba ver en sus ojos esos sentimientos contra mí, me dolía en lo más profundo de mi corazón que todo el amor que sentía por mí se había convertido en lo contrario.

No podía optar más por su corazón, por lo único que podría luchar era por su perdón, lo amaba y me importaba tanto que el chico que amaba me perdonase que no me importaba el humillarme ante él y suplicarle perdón de rodillas, así que cuando me dijo que me perdonaría solo se lo pedía de esa forma, no lo dudé ni un segundo y me arrodillé sobre el verde y bien cuidado césped… y desde ahí, viéndolo desde abajo le pedí perdón. Esperaba que al verme así me lo concediese, pero solo me miró con sorpresa, creo que no se esperaba a que obedeciese su condición y luego de no querer concederme el perdón, me propuso hablar sobre el tema.

- ¿Por qué hiciste eso? – me preguntó.

- Porque te a… – ¡No! No podía decírselo – porque te a… te a… te a…precio aún.

- No es para tanto – dijo – han pasado tantos años que pensé que ya no te importaría el tema.

- Pues te equivocas – espeté – he cargado todos estos años con la culpabilidad de lo que te hice. Perdóname por favor…

- Rezando cien Padre Nuestro el asesino no revive a su muerto.

No hallé qué responderle a eso último que me había dicho, tenía toda la razón. Otro de los tantos poco gratos silencios se hizo entre nosotros… fue doloroso para mí notar que la persona a quien amaba no podía perdonarme por todo el daño que le hice ayer.

- Lo siento por todo – cerrando los ojos expresé – te juro que nunca quise herirte.

- Pero lo hiciste – escuché como con furia y un nudo en la garganta decía – me hiciste llorar mil tormentas, partiste mi corazón en mil piezas, me hiciste sentir mal, arrojaste a la basura todo el amor que te di, ¡TODO! Me preguntaba por horas, días, semanas, meses… ¿Qué fue lo que hice mal? ¿En qué me equivoqué para que tú me dejases? Y nunca encontré una respuesta lógica…

- Tú no hiciste nada mal – respondí – no te equivocaste en nada, lo que no nos favoreció nunca fue la distancia, tú en Jayaque y yo en Manizales.

- Me hiciste una herida muy profunda que me dolió por mucho tiempo, viví el infierno en carne propia sobre la Tierra, me amargaste la vida…

Cada palabra que Ángel decía era como un martillazo en mi corazón, sentía como mi alma se estrujaba como una blanca hoja de papel en las manos de alguien; había sido muy malo con él, me preguntaba cómo un simple hecho, un simple error en mi vida pudo haberle hecho tanto daño, herido y ofendido a esa persona que tanto quería, a mi Angelito… estaba comenzando a entender que no era digno de ser perdonado. Sentí mis ojos llenarse de agua acompañado de un fuerte dolor en lo más profundo de mí.

- Ya – suspirando hondo – ya tengo todo claro Ángel.

- Mira – dijo – la verdad yo creo que por el bien de los dos, te perdono.

Sentí una alegría enorme al escuchar esas dos últimas palabras de su parte, mi Angelito me estaba perdonando. Una sonrisa de pendejo incrédulo se dibujó en mi rostro. ¡Me sentía feliz!

- ¿De verdad Ángel?

- Sí – respondió – no he sido muy devoto a la religión en estos últimos años pero si algo recuerdo es que debemos perdonar a quienes nos ofenden y creo que no es bueno para mí guardar todo ese resentimiento contra ti ni es bueno para ti cargar con esa culpabilidad que “dices sentir” – simulando nuevamente comillas con sus dedos.

- Ok Angelito – le respondí – gracias.

Otro silencio se hizo como se formó como muchos hace ratos, él solo miraba al suelo con una sonrisa retorcida, hace unos minutos en su rostro miraba intranquilidad y enojo, ahora se miraba apacible y lindo como siempre… me dieron unas ganas enormes de levantarme de mi silla e irle a dar un fuerte abrazo, pero no una brazo común que se le da un simple amigo para saludarlo o despedirse de él, o para felicitarlo por haberse graduado o para consolarlo cuando se siente triste… un abrazo en el cual pudiese sentir que lo amo aún y tal vez así pudiese dejar al idiota de Carlos.

Desistí de mi anterior idea ya que no sería prudente de mi parte y opté por otra que sí me pareció como tal.

- ¿Amigos? – le tendí mi mano.

Ángel levantó su mirada y me miró fijamente con desconcierto en un principio, no se esperaba que yo hiciese algo así, lo conocía, luego movió velozmente su cabeza como para salir de su trance y sonrió tierna y mínimamente aceptando mi propuesta tomando mi mano.

- Amigos – sonreíamos mirándonos y sonriendo.

- ¡Ya volví! – escuchamos la voz de mi amiga que estaba llegando del tocador.

Ángel quitó rápidamente su mano de la mía para que Tatiana no viese, pero no habría problema, todo esto había sido idea de mi amiga. Y a pesar que empezó de mala manera y ser duro por momentos, había logrado un avance, más bien, lo único que podía obtener de él, que me perdonase, esa quizás sería la primera y última ocasión que lo vería, sabría Dios, Alá, Buda, Brahma y Amón Ra si algún día nuestros caminos se volverían a cruzar… aunque estaba pensando en algo… en dos días sería su cumpleaños número veinticuatro, sí, no había olvidado su fecha de cumpleaños, tendría que hacer algo para volverlo a ver.

***

Luego de ver cuán importante era para él que lo perdonase, decidí hacerlo. Lo de nosotros era asunto del pasado y yo no ganaría nada bueno sintiendo todo el rencor que sentía hacia él, era mejor perdonarlo y seguir adelante con nuestras vidas. El odio, el rencor y la ira no son buenos sentimientos en el corazón de las personas, son un veneno silencioso contra el cual debemos luchar aunque esta sea una lucha muy difícil por ser los seres humanos muy débiles de espíritu; a pesar de caer siempre en las garras cruentas de estos sentimientos debemos esforzarnos por liberarnos de las cadenas que estos nos imponen.

La visita transcurrió con total normalidad, de nuevo los únicos que hablábamos éramos Tatiana y yo, por momentos desviaba mi atención y miraba a Alejandro, ya no lo notaba tenso ni nervioso, se miraba relajado, reía al escucharnos a su novia y a mí conversar de la manera en que lo hacíamos. Me preguntaba si él no tenía la sensación de extrañez a causa de ver como su “ex” – o sea yo – y su novia actual nos llevásemos bien, no me sorprendería si esto era así, él desde que lo conocí había sido muy maduro y no se llenaba de ideas y complejos como los que yo solía tener por media cosa que en mi vida ocurriese.

Alejandro y Tatiana decidieron irse de la casa a eso de las 7:00 PM, ya era un poco tarde para ellos ya que tenían “algunos asuntos” que hacer; después de la conversación a solas que tuvimos él y yo no me había vuelto a sentir incómodo ni nada por el estilo, todo fluyó con naturalidad.

- Adiós Ángel – me dijo ella tomándome de mis manos –ha sido un placer enorme venir a visitarte – me abrazó y nos dimos un beso en la mejilla como despedida.

- El gusto ha sido mío Tatiana – respondí cuando deshicimos el abrazo – realmente vinieron a animar mi tarde porque en serio que estaba aburrida jejeje.

Ella se alejó un poco de mí dándole paso a su novio para que se despidiese de mí, él se acercó a paso lento y me miraba sereno y con una sonrisa tímida… era muy guapo… me tendió su mano…

- Chao Angelito – me dijo – gracias por perdonarme.

- Descuida – serio respondí – adiós.

Ellos se dieron la vuelta, Tatiana tomó de su mano a Alejandro muy cariñosamente mientras caminaban hacia donde habían dejado estacionado su vehículo el cual creo que era de él. De nuevo esa sensación de irritación vino a mí al verlos tan juntos, esos piquetazos en el corazón y ese algo en mi estómago que se revolvía… se supone que el acomplejado debía ser Alejandro por ver como su novia y yo nos llevábamos a la perfección y resulta que el acomplejado era yo.

- Me agradas Tatiana – pensé en voz alta – pero no me gusta la idea que seas novia de mi Alejandro.

Cerré la puerta y entré de nuevo a la casa sin darle importancia a lo que acababa de decir y me fui a nuestra habitación a pensar algunas cosas sobre lo que había ocurrido ese día respecto al tema de mi pasado con Alejandro, me pareció lo mejor lo que había ocurrido ese día porque de esa manera ya cerraríamos ese capítulo reabierto en nuestras vidas, él con Tatiana, yo con Carlos y todos felices, pero… me intrigaba la manera en que él me miraba, sentía que su mirada penetraba todo mi cuerpo y me recorría a cada instante de manera disimulada, era como si yo le gustase o algo parecido… no sé… también había algo en su mirada que me hipnotizaba y se me acababa el argumento y la metodología… en fin, creí que era solo mi imaginación eso de que yo le gustaba y no le di más vueltas al asunto.

Casi una hora después que la pareja de colombianos se fue, regresó Tía Liz y unos minutos más tarde llegó finalmente mi amado Carlos con una cara de aburrimiento y frustración que se le notaba a kilómetros de distancia, el pobre había tenido que pasar casi todo el día junto con nuestra amiga Maura para poner en orden los asuntos financieros de la empresa. Lo primero que hice al verlo fue darle un fuerte abrazo y un beso para que se sintiera mejor, él me lo había dicho antes, decía que le gustaba que lo besara cuando regresaba cansado del trabajo porque lo hacía sentir bien y yo ni lerdo ni perezoso me negaba a darle todas las muestras de mi amor.

Nos reunimos los tres en el comedor para degustar de la deliciosa cena que Edna nos había preparado, dije nosotros tres porque Janina no había llegado aún y eso que la esperamos una hora más para ver si llegaba pero no, así que cenamos sin su presencia. Durante este conversamos un poco sobre nuestros días, Tía Liz iba muy alegre de que su amiga estuviese mejor de salud y nos habló sobre la rara enfermedad que había afrontado y había superado milagrosamente, mi amado se negó rotundamente en hablarnos sobre lo que había hecho, dijo estar cansado y no quería ni recordar su día, pobre, lo comprendimos, y finalmente yo les hablé sobre la sorpresiva visita de Alejandro y Tatiana.

Casi a medianoche nos fuimos Carlos y yo hacia nuestra habitación para dormir, aunque en verdad yo tenía otros planes, no quería dormir aún… lo que quería ahora era portarme mal. Justo luego de pasar el umbral de nuestra alcoba me lancé a él a abrazarlo, mi boca buscó la suya y comencé a besarlo con mucha intensidad, nuestros labios se mezclaban entre sí probando nuestros exquisitos sabores, era una sensación sin igual… estábamos de pie abrazados y comiéndonos a besos, su lengua hurgaba dentro de mi boca buscando la mía para hacer ese contacto excitante. 

- Te… a… amo… Adri – me dijo entrecortado dándome besos – y te amaré… hasta que me muera.

- Mmm… y yo a ti mi amor.

Nos seguíamos besando sin bajar la intensidad en que nuestras bocas se fundían en un punto en común y saboreaban con lascivia; Carlos era el mejor besador que había conocido en toda mi vida… él había sido el primero que me besó en toda mi vida – y el único también – y el primero y el único con el que había tenido sexo, lo único en que no había sido el primero fue en el primer amor, mi primer amor fue otro chico, uno que fue mi mejor amigo durante el bachillerato, él era heterosexual y nunca supo sobre mis sentimientos por él, al fin y al cabo nunca me correspondería. Carlos había posado sus manos en mi cintura y me llevaba de espaldas con dirección a la cama, yo solo me dejaba dirigir de él; de pronto caímos sobre esta y él sobremí, nuestros labios no se separaban ni un solo instante, me estaban excitando mucho sus besos, entre mis piernas estaba algo despertando y alzándose sin ningún pudor. Mi novio sobre mí me besaba la boca y recorría ahora desde mis mejillas hasta llegar a mi cuello con esos besos delirantes que me volvían loco.

Mis manos levantaron su torso para poder quitarle esa camisa de cuadros amarillos que llevaba puesta pero…

- Carlos ¿Qué es esto? – le pregunté desconcertado por lo que veía en el cuello de su camisa.

- ¿Qué?

- Ese labial en el cuello – le indiqué preocupado adonde tenía esa mancha de labial rosa.

- No es nada jejeje – me dio un pico – Maura me dio un beso… ya sabes cómo es ella de afectiva – y sí que lo era, abrazaba mucho y a cada instante daba besos en la mejilla, era una gran mujer, muy dulce y se ganaba fácilmente el cariño de los demás.

- Sí jejeje – me hizo reír un poco la idiota idea que se me cruzó por la cabeza.

- No te veo muy convencido – dijo fingiendo enojo – ¿Crees qué te soy infiel con una mujer? – Preguntó en forma que perecía algo del otro mundo – te recuerdo que no me gustan las mujeres… ni mucho menos otro hombre… me gustas solo tú Adri.

Me volvió a besar apasionadamente a tal punto que hizo erizar mi piel por las lindas palabras que me acababa de decir. Mis manos lo acariciaban desde su cuello hasta su espalda, palpando la calidez de esta y sus formas agradables a mi tacto… me llevaba a la gloria con sus besos delirantes y deseaba volver a sentirme suyo en cuerpo y alma, fusionándolos de la manera que el sexo de pareja nos permitía y nos hacía gozar de ese placer, le mássuculento del planeta.

- Ah… Carlos – decía yo entre sus besos y caricias – te amo… oh…

Él paró de besarme y me sonrió airoso para continuar con ese ritual que habíamos cultivado durante todos estos años y que gozábamos mucho… los besos, nuestras bocas húmedas se juntaban precisamente y parecía que una quería devorarse a la otra. Carlos se levantó de mí súbitamente y emitió un gemido de cansancio, su semblante cambió de uno adorable a uno de muerto en vida, su sonrisita juguetona se convirtió en una sin expresión y su mirada se apagó como el fuego de una vela al soplido del viento; esto me sorprendió mucho, fue repentino que haya dejado de darme sus “cariñitos”.

Me apoyé sobre la cama con mis codos permitiendo así que mi torso se elevase un poco del nivel de la cama:

- ¿Qué pasa mi amor?

- Mi amor – dijo – sé que quieres que lo hagamos pero… estoy cansado. Hoy ha sido un di…

- Ya – lo interrumpí – no es necesario que me lo expliques jejeje sé que tuviste un día muy pesado.

- Gracias Adri – dijo – gracias por comprenderme… te amo.

Volvió a él ese semblante que había desaparecido hace un par de minutos y se lanzó a mí para volverme a besar con ternura los labios, era raro, Carlos nunca se había negado a que follásemos… pero bueno, siempre hay una primera vez para todo y esa era la primera vez en que uno de nosotros se negaba a hacerlo, pero eso era lo de menos, lo que más importaba entre nosotros era nuestra relación, todo ese amor que nos juramos y que nos daríamos toda la vida, a pesar de las adversidades y obstáculos que esta nos pusiese enfrente.

***

 

Hasta acá este capítulo octavo, ¿Qué estará planeando Alejandro ahora que se acerca el cumpleaños de Ángel? ¿Por qué a Ángel no le agrada que Tatiana sea la supuesta novia de Alejandro? Todo esto y más en el próximo capítulo.

 

Espero les haya gustado este capítulo, por favor valórenlo y/o coméntenlo con sus recomendaciones y opiniones, les estaré muy agradecido. Como ya ustedes lo saben, pueden contactarme a mi correo angredstar@gmail.com o agregarme en Facebook dándole click al link que está acá en mi cuenta.

 

Saludos con mucho cariño desde El Salvador.

 

Atte. Ángelo S. Mebarak.



© Mebarak

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