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Fecha: 22-Jun-13 « Anterior | Siguiente » en Gays

Endless: Cuando Sea… Donde Sea (9).

Mebarak
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Tiempo estimado de lectura: [ 27 min. ]
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Ángel estará cara a cara con la tentación más grande en el día de su cumpleaños, las verdades saldrán a la luz… ¿Es válido serle infiel a tu novio así sea por amor? ¿Es perdonable? Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

 

***

Capítulo 9: Infieles.

Era el día de mi cumpleaños, 17 de diciembre y estaba cumpliendo 24 años de vida. Me sentía muy feliz, más que de costumbre, el día era genial, el sol brillaba radiante en el cielo azul, el clima era un poco caluroso pero eso era lo de menos… todo era hermoso, y lo era aún más mi novio Carlos. Desde temprano en la mañana él había sido más atento de lo normal conmigo, me había despertado a puros besos, me había preparado el desayuno y me lo había llevado a la cama y se había despegado de mí solo por mínimos instantes, me abrazaba y besaba con frecuencia. Me sentía el hombre más afortunado del planeta por tener a mi lado a alguien que me amase como Carlos, todo indicaba a que sería un día maravilloso.

Yo no era como Janina que organizaba fiestas grandemente geniales, con cientos de personas invitadas y una reventazón tremenda con música a todo volumen y comida en abundancia, no, yo prefería pasar mi cumpleaños con mi gente más cercana y querida, con mi familia y algunos amigos. Tía Liz esa mañana había horneado un pastel delicioso para mí, el cual lo compartimos en familia, bueno, los únicos que estábamos en casa éramos ella, Janina, tía Iveth – que había regresado ese mismo día de un viaje de negocios –, mi novio y yo.

Acababa de salir de casa, por alguna aún desconocida razón, Tatiana me había citado en su apartamento disque para hablar algo importante conmigo. Mi novio me había ido a dejar al frente del edificio donde vivía y se regresado a casa porque se vería con Maura para arreglar unos asuntos de la empresa. Ya estaba dentro del ascensor y me intrigaba las razones de por qué Tatiana quería verme y justo el día de mi cumpleaños, el tono de voz en que me habló en su llamada, la oí diferente… siempre era el jovial y amable de siempre, pero la escuchaba como nerviosa… pensaba que quizás Tatiana quería solamente hablar conmigo así como la vez pasada, una simple plática de amigos o… quizás había descubierto algo sobre mi pasado con su novio y quería ponerme en claro que no me acercase más a él, de haber sido eso último no tendría de qué preocuparse, yo no deseaba verlo más.

Pasaron un par de minutos cuando este se detuvo, el tablero electrónico de este indicaba el penúltimo piso y se abrió; salí de este y caminé hacia el lado izquierdo donde me había indicado Tatiana, miraba el número en la puerta de los apartamentos uno a uno. 99, 100, 101, 102, 103… había llegado… 104, era ese el apartamento de Tatiana. Junto a la puerta estaba un botón de color azul, era el timbre, lo presioné y escuché que al interior resonaba el típico sonido de estos; luego de un rato de esperaella noatendía al timbre, no había llegado a abrirme, volví a tocar el timbre, esperaba que esta vez si no había escuchado.

- Pasa Ángel – escuché su voz al otro lado gritarme – está abierto.

Me extrañó aún más y no me quedó de otra que hacerle caso, noté que la puerta no estaba cerrada por completo, estaba entreabierta; la empujé suavemente abriéndola y echándole un vistazo al interior del apartamento, lo primero que vi fue la sala de estar, habían tres sillones color beige, una pequeña mesa de cristal en el medio con una jarrón y una rosa roja, y frente a estos una TV. Curiosamente, no había nadie sentado en estos, pensaba que Tatiana estaría sonriente sentada en alguno de estos esperándome con una taza de café y galletitas o una vaso de soda, pero no, el lugar estaba vacío, en silencio… dubitativo y dando pasos lentos, entré a aquel bonito apartamento, esto me comenzaba a poner nervioso, algo no me daba buena espina.

A mi espalda sentí como una sombra pasaba corriendo hacia la salida, la cual yo había dejado abierta, trataba de escabullirse del lugar. Alcancé a ver quién era y le llamé.

- ¿Tatiana?

Ella no se detuvo y salió con toda la libertad del mundo de la residencia, cerrando la puerta… esto no estaba bien ¡¿Qué demonios estaba pasando acá?! ¡¡¡¿¿¿Por qué Tatiana me citaba en su apartamento y huía???!!! Esto me aterró un poco y me disponía a salirme, me dirigía a salir yo también pero…

- ¡Angelito espera!

Mi corazón dio literalmente un salto de un kilómetro de altura al escuchar una vez más esa voz ronca… me di la vuelta solo para asegurarme de que mis sospechas eran ciertas, aunque sabía bien de quien se trataba. Lo vi, estaba de nuevo parado y serio frente a mí como aquella noche que me lo encontré por primera vez en la fiesta de cumpleaños de Janina, vestía unos jeans azules oscuros gastados y de ruedo ajustado de los tobillos, camisa de manga tres cuartos de cuadros celestes con blanco, se veía guapísimo. Me puse más nervioso aún, mi respiración se entrecortó, mis ojos miraban atónito a aquel hombre que frente a mí estaba serio y viéndome de una manera extraña… ¿Qué era todo esto? ¡¿Una encerrona?! ¡¿Con Alejandro?!

***

Una encerrona con Ángel. Era eso lo que junto con Tatiana habíamos planeado, yo le había comentado mi interés por hablar con él hoy que era su cumpleaños, y decirle de una vez por todas todo lo que sabía, todo lo que yo sentía por él, todo lo que lo amaba y todo lo que estaba dispuesto a hacer por una oportunidad para demostrárselo y darle mi amor incondicional y sincero. No aguantaba más, me carcomían por dentro las ganas de abrazarlo, besarlo, de hacerle el amor, de volverlo a amar y sentirme amado por él, por mi angelito al que le rompí sus alitas y el corazón de la peor manera y que perdí hace casi seis años.

Aprovechando que mi mejor amiga había congeniado a un nivel extremo con Ángel, lo había citado para platicar un rato en nuestro apartamento, cuando él entrase, ella saldría, nos dejaría a solas y encerrados para poder conversar y decirle lo mucho que lo amaba. No tendría escapatoria, no esta vez, hoy no se iría sin saberlo todo. Tomaría todos mis riesgos existentes, si no arriesgaba no podría ganar… aunque tenía todas las para perder pero me arriesgaría por amor, me arriesgaría por Ángel; pueda que parezca una lucha en vano porque él ya tenía a alguien a su lado pero no me importaba, valía la pena luchar por su amor. Ahora el plan ya estaba en marcha, Tatiana ya lo había citado, él ya había llegado, estaba dentro de nuestro apartamento y mi amiga ya había salido. Era ya la hora, todo estaba en mis manos… era ahora o nunca.

- ¿Qué haces acá? ¿Qué se supone que es todo esto? – me preguntaba nervioso, viéndome a la cara.

- Ángel… yo – le dije. Él se dio la vuelta y se dirigió a la puerta, la trató de abrir pero Tatiana la había asegurado para que no saliese, teníamos todo planeado, Ángel no tenía escapatoria.

- ¿Por qué está cerrada la puerta? – intentaba abrirla.

- Porque quiero hablar contigo…

- ¿Otra vez? ¿Y por qué así? – Me cuestionaba – ¿Crees que es grato para mí que me encierren como una rata para hablar?

- Lo siento – respondí – pero no se nos ocurrió otra forma. Estoy desesperado por hablar contigo.

- Por favor Alejandro – irónico - ¡Ya te perdoné! No hay nada de qué hablar entre tú y yo.

- Angelito sí…

- ¿Qué quieres ahora? – Me interrumpió – ¿Por qué me encierras acá? – se comenzaba a poner paranoico.

- Tranquilo… – dije – vamos a sentarnos y hablaremos.

- ¡No! – Me gritó enojado - ¡Abre esta puerta!

- Ángel, yo quiero de…

- ¡Que abras esta maldita puerta de una puta vez! – gritó otra vez.

- ¡Qué no! – le respondí de igual manera – ¡No la abriré! ¡Coño!

- ¡Pendejo no te estoy pidiendo que las abras! ¡Te lo ordeno! – se acercó peligrosa y agresivamente a mí, parecía que quería pegarme.

- ¡No, me vale verga! ¡No pienso abrirla! – le alcé la voz.

- ¡Ábrela!

- ¡Cálmate Ángel!

- ¡Qué no me cal…!

No lo dejé terminar de gritarme lo que fuese que fuera a decirme, no resistí más y lo tomé de la cara con mis manos, velozmente acerqué mi rostro al suyo, mi boca ansiosa por probar sus lindos labios se movió a toda velocidad hacia estos, hasta juntarlos en un solo punto para fundirse en uno; los dos nos quedamos quietos, creo que ninguno esperaba a que esto pasase, fue un impulso mío, lentamente quité mis manos de ambos lados de su cara, las bajé lentamente por su cuerpo, sintiendo sus formas perfiladas hasta llegar a su cadera y asirlo a mi cuerpo, mis labios se mantenían estáticos, sin movimientos, solo sintiendo su sabor y su textura… eran suaves y tenían un sabor especial y diferente al de los labios de otros chicos con que me había besado. Era mi momento, nuestro momento, era nuestro primer beso.

Mis labios comenzaron a moverse sobre los suyos, probando más su sabor, estos no se movían, solo se dejaban besar por los míos con toda la intensidad que estaban tomando, su boca se abrió mínimamente por lo que aproveché para introducir mi lengua. Ángel a cada instante suspiraba profundamente y se dejaba besar, él estaba… ¿Temblando? Sí, sus labios temblaban, quizás de los nervios. pensé que tarde o temprano me detendría y me daría una bofetada, que bien merecida me la tenía por atrevido, pero no, parecía disfrutar de igual manera que yo ese beso, mi lengua jugueteaba con la suya tímidamente, sentía el calor de su boca juntarse con la mía, era un sabor exquisito, sin igual. Sentí sus manos posarse en mi espalda y delicadamente empezar a acariciarme con la yema de sus dedos, no quería que esto terminase nunca, quería que el tiempo se detuviese y nos quedásemos así por siempre, besándonos.

Un sabor salado de pronto llegó a mi boca, era como agua pero salada, Ángel estaba llorando. Poco a poco bajé la intensidad del beso, creía que eso era suficiente para que él entendiese de una vez que era lo que sentía yo por él; aquel beso terminó cuando separé mis labios de los suyos, seguíamos abrazados sosteniéndolo por su cadera y sus manos en mi espalda se encontraban pegadas, abrí mis ojos y me encontré con la imagen de él aún con los ojos cerrados, en sus mejillas se notaba lo húmedo del rastro del recorrido de sus lágrimas que habían caído durante nuestro beso, sus párpados se movieron ágilmente como mariposas hasta abrirse sus ojitos.

Me miró fijamente con sus llorosos ojos por unos segundos, suspiró profundamente y bajó su mirada hacia el piso. Posé mi mano en su barbilla y la alcé para que me viese de frente de nuevo, nuestras miradas se volvieron a conjugar y mis labios le dieron un pico en los suyos, luego otro y otro y otro… él no se objetaba a ninguno, ni los esquivaba, era una buena señal para mí.

- Angelito… – le dije dejándole de besar pero sin alejar mi rostro del suyo, nos veíamos a los ojos fijamente – te quiero aún… me gustas… te… te… TE AMO…

***

Un beso… un beso robado… un beso tierno e intenso a la vez… un beso de dos amantes que sin querer nos habíamos esperado cinco años, once meses y un día para encontrarnos en un lugar y dar rienda suelta a lo que sentíamos el uno por el otro. Alejandro me había besado ¡Besado! Fue un beso fenomenal, como ninguno de los que Carlos me había dado, un beso que no hubiese querido que terminase jamás; fue tanta mi emoción que inevitablemente las lágrimas brotaron de mis ojos, bañándome las mejillas. Ahora, la declaración de Alejandro me tenía hecho un mar de sentimientos y emociones… me había dicho que me amaba ¡QUE ME AMABA! ¡A MÍ! No podía creer que después de tanto tiempo me siguiese amando.

Me acababa de dar cuenta que nunca dejé de amar a Alejandro, mis sentimientos por él se habían mantenido guardados por todos estos años y habían salido a la luz ahora que él había aparecido nuevamente en mi vida, no de forma virtual sino de forma real y tangible. ¡YO TAMBIÉN AMABA A ALEJANDRO! Estaba atónito por su declaración, quería decirle yo sentía lo mismo por él, pero mi mente era un caos y de mi boca no fluían palabras coherentes, solo tartamudeaba ridículamente.

- Shhhhhh… – Alejandro ponía su dedo índice y medio sobre mis labios, callándome la boca – déjame terminar – en un susurro murmuró, aclaró su garganta un poco y continuó – desde que te vi en la fiesta de tu prima, te reconocí, ¿Cómo olvidar tu rostro? ¿Tu voz?... no había forma de hacerlo. Mi corazón se estremeció de la emoción, en mí reavivaron viejos sentimientos hacia ti. Decía en mi mente: ¿Qué? ¿Cómo puede ser posible que me reencuentre con Angelito? ¿Cómo es posible que aún sienta amor por él? Y… ¡Wow! Como decías tú antes, ni yo sé por qué me pasaba esto, pero si algo es real, es el amor que por ti siento… porque te amo, te amo con todo el corazón mi Angelito.

- Alej… Alejandro… yo…

- Déjame terminar Ángel – me interrumpió – me duele mucho que estés con Carlos, sabes, me sorprendió mucho saber que estás con él porque tú siempre me decías antes “Carlos es un fanfarrón”, “Carlos un idiota”, “Antes muerto que con Carlos”; él no te merece y quizás yo tampoco por haberte hecho sufrir tanto, pero yo si te amo de verdad sin condiciones y sin excepciones a pesar que fui de lo peor contigo, fui un monstruo… pero… quiero curarte personalmente esa herida tan grande que te hice y que sé que ya está en el olvido, pero que aún a veces te duele; no te prometo un amor perfecto porque no soy perfecto pero si un amor verdadero – desesperadamente Alejandro argumentaba – quiero intentar algo contigo, quiero ser yo quien duerme a tu lado cada noche y despierte junto a ti todas las mañanas. Quiero ser yo con quien riñas al extremo por cualquier tontería para luego estar de nuevo abrazados y pidiéndonos perdón mutuamente, quiero ser quien te lleve los viernes por la noche a bailar y a la iglesia los domingos, quiero ser yo a quien tú esperes en casa para que cocine ya que tú no sabes hacerlo, quiero ser yo quien te corrija cuando llamas Lorna Paz a Lorna Cepeda, quiero ser yo quien con quien pases los momentos más bellos de tu vida, quien te acompañe a los conciertos de tu amada Shakira, quien te de un abrazo cuando estés triste, quiero ser quien llegue a viejito a tu lado y… ser quien te ame… porque te amo, te amo, te amo, te amo hasta la muerte, con todo mi se…

Esta vez fui yo quien lo tomó de la cara, por ser unos centímetros más alto que yo me paré de puntitas y le planté en su boca un beso, un beso intenso, un beso en el que le correspondía todas esas hermosas palabras que me había dicho; mi corazón retumbaba fuertemente de la emoción y en mi mente únicamente sonaba la frase “Te amo Alejandro”. Esta vez no era yo el sorprendido sino él, mis labios se rozaban con los suyos con fuerza, me gustaba sentirlos porque eran un poco más gruesos que los míos, eran suaves y cálidos; nuestras lenguas se saludaron eufóricas y se encontraron con algo de lascivia degustándose mutuamente. Él correspondía a mi beso animadamente, sus manos recorrían toda mi espalda mientras yo acariciaba con mis manos su corto cabello negro. Sentí el mordisco de sus dientes en mi labio inferior, me gustó tanto y evitó que parase de besarlo, cada vez lo hacía con mayor intensidad.

- Alejandro… – dije – yo también te amo.

Él me miró con ternura, una sonrisa que jamás olvidaría se dibujó en su rostro y volvió a besarme de la misma forma que lo había hecho antes, nuestras bocas se besaban con pasión mientras nos abrazábamos sintiendo el calor y la cercanía de nuestros cuerpos. En ese momento caí en cuenta que no estaba haciendo lo correcto ¿¡Qué me pasaba?! Esto no estaba bien, yo tenía un novio perfecto que me amaba y adoraba y al cual por lo tanto le debía respeto, no era justo para él que yo esté amando a otro y mucho menos que me estuviese abrazando y besando con ese otro.

De pronto empezamos a caminar por la sala de estar, no sabía hacia donde Alejandro me llevaba entre sus besos, abrazos y caricias, íbamos ambos sin ver por donde caminábamos, lo hacíamos torpemente, por lo que a nuestro paso fuimos botando algunos artículos decorativos que había en el pasillo donde nos habíamos internado, tales como jarrones de porcelana y unas estructuras metálicas que sostenían unas bolas del mismo material.

Mis manos comenzaron a recorrer el torso de Alejandro, acariciaban su cuerpo sobre su camisa, estaba bien formados los músculos pero sin exagerar; él acariciaba mi espalda con sus grandes manos, desde mi nuca hasta donde mi espalda dejaba de llamarse espalda, tocaba mis nalgas con total libertad y las estrujaba suavemente. Llegamos hasta la puerta que parecía ser la de su habitación, me puso espalda contra esta y me continuó besando desde la boca hasta el cuello, sentía la frialdad de la puerta en mi espalda y la calidez del cuerpo de mi Alejandro contra mí al frente, era tanta la exquisitez de sus besos, que me hacían erizar la piel y cerrar los ojos; sin dejar d besarme, me separó unos centímetros de la puerta, pasó su mano a un costado mío y la abrió en menos de dos segundos.

***

- Te… amo… mmm… Angelito –entre besos le dije.

- Y yo a ti Alejandro… te amo – dijo mientras yo lo empujaba delicadamente hacia el interior de mi habitación.

Me sentía… ¿Cómo decirlo?... ¿Feliz? ¡No! Era más que felicidad el saber que Ángel me amaba y que me estaba dando una oportunidad de amarlo. Me sorprendió cuando después de decirle todo lo que en mi corazón tenía guardado sobre mis sentimientos por él y me respondió con un beso más intenso que el que le había dado yo en un principio. Ahora nuestros besos y caricias y nuestro deseo nos habían transportado hasta mi habitación, ya estábamos en el centro de esta y parecía que nunca dejaríamos de besarnos; él acariciaba animadamente  mi torso, sus ágiles dedos recorrieron los botones de mi camisa y uno a uno los fue desabrochando, desde el de arriba hasta el de abajo, me la quitó completamente dejando al aire libre mi pecho para palparlo. Yo hice lo mismo con su camisa verde y bajé con mis besos de su boca, pasando por su cuello lentamente, alternando con pequeños mordiscos, hacia sus pezones.

Ángel parecía disfrutar del contacto de mi lengua con sus pezones, permanecía con los ojos cerrados y emitía leves gemidos, su respiración era entrecortada y aspiraba por momentos grandes bocanadas de aire. Mi boca empezó a bajar lentamente por su torso, lamiendo delicadamente cada centímetro de su pecho y su barriguita, hasta llegar a la bragueta de sus jeans negros, se notaba que ya le estaban estorbando a causa de la erección que tenía; con la misma facilidad con que sus manos desabotonaron mi camisa, con mis manos desabroché su cinturón y no quise esperar más, le bajé el pantalón de un solo tirón hasta debajo de las rodillas, ahora su erección era más notable. Acerqué mi cara a su paquete, la rocé en esta para sentir la rigidez y calidez de su animado pene.

Tomé sus bóxers por el elástico y los bajé como lo hice con sus jeans, dejando en libertad sus genitales, todos para mí. No lo pensé dos veces y me metí su pene en la boca, no era muy grande, pero era algo grueso, con un capullito rosa, lo tenía bien afeitadito como sus testículos. Su sabor era delicioso, sabor a hombre, mi lengua lo saboreaba con total devoción, haciéndolo entrar y salir de esta con el movimiento horizontal de mi cabeza. Ángel seguía gimoteando, sus ojos estaban cerrados a causa del mismo placer que mi boca le estaba dando a su polla; él solo había puesto mi mano sobre mi cabeza y acariciaba mi cabello suavemente, pasando sus dedos cerda por cerda e impulsándome hacia su pene para que no dejase mamarlo.

Me estaba gustando practicarle sexo oral a Ángel, tomaba su pene y le daba unas cuantas jaladas y me lo metía nuevamente a la boca, dándole lametones a su glande a cada instante. Luego de un rato de yo estarle mamando, este empezó a emanar el salado líquido pre seminal, el cual lo degusté y lo tragué sin pudor alguno, a este paso haría que Angelito se corriese rápido y yo quería hacer algo más, muchas cosas más con él, así que dejé de chupar su pene no sin antes pasar mi lengua por sus testículos y probar el sabor de su escroto.

- No quiero que te corras todavía – le dije cuando me detuve – ven, vamos a la cama amor.

- Ok amor – me respondió.

Me puse de pie, desabroché mis jeans y me los bajé por completo para quedar desnudo como Ángel, me quedé solo con mis bóxers azules que por cierto me estaban apretujando por la erección de mi verga. Noté como él me miraba detenidamente mi cuerpo que estaba casi desprovisto de casi toda la ropa que hace más de media hora tenía puesta. No le di mucha importancia, lo tomé de la mano, le di un inocente beso en sus labios y lo comencé a jalar lentamente hacia mí caminando hacia atrás, al llegar a la base de la cama, caí sobre esta y Ángel sobre mí.

- Te amo – me dijo.

- Te amo Angelito.

Me acomodé mejor en la cama y Ángel bajó mis bóxers. Él me miró pícaro y maravillado al ver mi pene, era de tamaño normal creo, 18 cm, grueso, capullo rosa oscuro, unas cuantas venas lo surcaban en su tronco y un poco velludito en el área del pubis. Con su mirada traviesa me preguntó si podía hacerlo, yo solo asentí con la cabeza pero tenía una mejor idea.

- Amor… – le dije – ubiquémonos como en 69, pero quiero probar tu culito.

- Mmm buena idea Alejandro – me sonrió otra vez pícaramente.

Ángel se subió a mi cuerpo en sentido contrario al mío, entendiendo bien mi idea, mi muy erecto pene quedó frente a su cara y frente a la mía quedó su culo. Sentí como él rozaba pausadamente el glande de mi pene en sus mejillas y lo pasaba por la comisura de su boca, el bobito lo hacía de seguro para desesperarme y excitarme más de lo que ya estaba y lo hacía tan bien que lo estaba logrando. Mientras tanto, yo acariciaba con mis manos sus nalgas, eran redondeadas y de suave textura, lo hacía con una mano en cada una; de esa manera empecé a abrirlas para poder dejar a mi vista su ano.

El placer se hizo presente en mí cuando Ángel metió mi pene en su boca y lo mamaba con mucho afán, sentía su lengua recorrer por toda mi verga y el calor del interior de su boca. Mi lengua empieza a abrirse espacio entre sus nalgas y hurgan cariñosamente su muy bien aseado anito rosa, del cual unos escasos vellos surcaban, él gimió de placer al sentir lo que le estaba haciendo, dejó de mamar mi miembro y volvió su mirada a mí, sonreía pícaro, ya no tenía esa cara de chico bueno que siempre llevaba, sino que era diferente, estaba transformado en un chico malo y sexual. Continué con mi lengua recorriendo su raja e internándola lo más profundo que podía en su ojete, sin dejar de acariciar sus nalgas, las cuales por ratos arañaba, a lo que Angelito solo crujía y su piel se erizaba.

Estaba yo experimentando el placer más grande de mi vida, el mejor sexo, lo estaba haciendo con el hombre que yo amaba.

***

Le mamaba el pene a mi Alejandro, lo amaba a morir y estaba disfrutando de hacer el amor con él al máximo; me estaba matando del placer por la forma en que me mamaba el anito, sus uñas arañaban mis nalgas entre caricias y su lengua traviesa hurgaba mi culito con tanta maestría que hacía que la piel se me pusiera de gallina. Yo movía mi cabeza de abajo para arriba, haciendo que su pene entrase y saliese de mi boca, lo tenía duro como roca y muy caliente, yo lo llenaba de mi saliva para que pronto cuando me penetrase estuviese bien lubricado y no doliese tanto, ya que lo tenía más grande y grueso que el de Carlos.

De pronto sentí como uno de sus dedos se abría paso entre mis nalgas y entraba en mi cerrado ano, buscando dilatarlo para que estuviese listo para lo que se vendría. Este llegaba hasta lo más profundo de mi cuerpo, lo alternaba con su lengua ensalivándome y facilitando la entrada de este; pronto sentí como un segundo dedo entró, causándome en un principio un leve dolor en mi interior. Yo por mi parte no paraba mi mamada y cada vez lo hacía más rápido a modo que Alejandro sufriera pero de placer, de su miembro ya salían gotas de líquido transparente, las cuales apenas salían las tragaba ansioso. Mi cuerpo estaba comenzando a transpirar, el sudor surcaba desde mi cabello hasta llegar a mi frente y caer en las piernas de mi Alejandro y algunas en las sábanas de su cama; el olor a sexo ya se estaba sintiendo con intensidad en su habitación.

Alejandro se detuvo en su labor en mi ano y me corrió cuidadosamente a un lado de la cama, dejando yo de mamarle su verga.

- Angelito… guapo… – cariñosamente y como un niño educado – ¿Puedo… puedo penetrarte?

- Claro que sí – le respondí – llevaba tiempo esperando a que esto ocurriese.

- Yo también – me dijo – te amo Ángel.

Nos pusimos de rodillas sobre la cama y nos besamos nuevamente por un instante, en ese momento nuestros penes se encontraron frente a frente, rozándose provocativamente, sintiendo nuestras erecciones de campeonato. Me miró a los ojos e hizo un gesto con su cara, indicándome que me acostase, no le hice esperar más y arrojé mi cuerpo sobre el colchón de su cama. Él al verme acostado siguió de rodillas, se acercó y puso una almohada en la parte baja de mi espalda para levantar un poco mi culo, luego me tomó de las piernas, alzándolas al aire y colocándolas cada una en sus hombros; su cadera se impulsó lentamente hacia adelante buscando introducir su mástil en mi ano. Él no quitaba su mirada de la mía, sonreía afablemente, se notaba en sus ojos la alegría del momento mezclada con la excitación, sentía que de ellos me transmitía su amor, ese amor real y que me podía hasta derretir.

El pene de Alejandro se colocó justo en la entrada de mi culito, su cadera se abalanzó de nuevo hacia adelante y su miembro comenzó a entrar poquito a poco, sentía la presión de este que tenía un considerable grosor y se adentraba campante en mí; no se dificultaba nada ya que él antes había dilatado bien mi ano y yo había dejado con mucha saliva cubierto su pene, se deslizaba dentro de mí, en un rato ya tenía la mitad de su caliente miembro reconociendo mis paredes anales. Un piquetazo de dolor percibí de pronto, lo que me hizo dar un pequeño salto, no estaba acostumbrado a un pene de dimensiones como el suyo.

- ¿Te lastimé? – deteniéndose preocupado me preguntó.

- Un poquito – respondí – métela suavecito…

Él sonrió de nuevo de esa manera que tanto me gustaba, soltó mis piernas y arrojó su torso sobre mí, alcanzando su rostro el nivel del mío para comenzar a besarme apasionadamente mientras terminaba de meter suavemente su pene en mi ano, haciéndome gozar de un placer delirante. Finalmente sus testículos chocaron con mis nalgas, indicando que tenía ya todo su pedazo de carne adentro, un suspiro que llenó mi aire mis pulmones nació en mí, él había parado de besarme y me miraba a la cara con picardía y deseo de ver mi reacción, cerré mis ojos y mis manos a su ancha espalda se adhirieron en un abrazo.

- Estás delicioso oh… sí… ¿Te gusta Angelito? – me susurró al oído para después morder el lóbulo de mi oreja. Yo solo asentí con la cabeza y exhalando el aire que había tomado – te amo… te amo… te amo.

Separó nuevamente su torso, erigiéndolo como lo tenía hace un rato, sus músculos se tensaron un poco y empezó de nuevo su cadera a moverse en un suave vaivén, que me empezó a transportar a la gloria de la excitación, lo hacía apacible pero de una forma que me estaba encantando. Su pene se movía dentro de mí con algo de torpeza en un principio, pero gradualmente fue tomando seguridad y a hacerlo con maestría. Abrí mis ojos y me encontré con la figura de Alejandro completamente desnudo y penetrándome, me sentí feliz por estar haciendo el amor con el chico que más había amado en mi vida y al cual aún amaba con locura, estaba siendo totalmente suyo; sus vellos púbicos generaban algo de cosquilleo en mis nalgas pero no importaba, todo era excitante.

Sus embestidas a cada segundo iban tomando mayor intensidad, su pene tomaba mayor fuerza con su mete y saca, y mis gemidos inevitablemente empezaron a salir de lo más profundo de mi alma por mi boca; mi ano se dilataba cada vez más, sentía su pene complacerse en este, sus bolas chocaban contra mis nalgas produciendo un ruido seco que cada vez se escuchaba más por la potencia de la follada. Nuestros cuerpos se estaban empapando en sudor, de su pecho brotaban gotitas de sudor y recorrían todo su torso, dejando su rastro húmedo en este. Llegamos luego a un momento en que sus embestidas eran brutales, parecía que quería partirme en dos, su verga completa entraba y salía de mi ano, y sentía que cada vez este llegaba más profundo, estimulando mi próstata a niveles de placer que nunca había sentido y a una excitación como ninguna que había tenido antes. Mis gemidos ya no eran gemidos, eran casi gritos de placer, que hacían eco en su habitación.

- No pares… ah… Alej… ahm… Alejandro… mmm… sí… dame más…

Cambio de posición y como hace un instante su torso arrojó sobre mí y comenzó a besarme con pasión, nuestras lenguas jugueteaban traviesas y se alternaban con mordiscos en nuestros labios. Su cuerpo ahora más que antes, habíamos llegado al punto en que no sabíamos de quien era qué parte de nuestros cuerpos, ya no éramos dos, éramos solo un cuerpo. Mis manos arañaban ahora su espalda y de vez en cuando, con algo de dificultad bajaban hasta sus nalgas para acariciarlas con pasión y amor. Sus embestidas no disminuían la intensidad, era muy placentera cada una de estas, y me hacían tocar el cielo con las manos.

Mi pene que estaba erectísimo y apresado entre su abdomen y el mío, sentía que con el mínimo toque me correría por la monumental excitación y así lo fue. De pronto comencé a sentir las contracciones en este, no aguantaría más y me correría sin siquiera haberme tocado en ese instante… era una sensación indescriptible la que estaba sintiendo. Alejandro notó que reventaría ya, paró de besarme y bajó mucho la fuerza en sus acometidas para ver que entre nosotros de mi verga saldría de seguro gran cantidad de semen.

- Bota todo Angelito – me dijo al oído – me voy a correr yo también ¿Estás listo? Te llenaré todo.

- Dale – respondí – soy todo tuyo.

Alejandro comenzó con sus fuertes embestidas otra vez, estaba decidido a correrse ya, no quería aguantar más ni él ni yo, queríamos alcanzar el máximo placer de una vez por todas, el sudor de nuestros cuerpos aumentó al igual que el olor a sexo de la habitación. Mis manos se aferraban a su espalda y sus labios besaban mi cuello ahora, era una sensación sin igual. En ese momento con un gritó de placer que fue ahogado con un beso de mi Alejandro, exploté en cinco trallazos de abundante leche que embadurnaron nuestros abdómenes equitativamente; él al ver que me había corrido aumentó increíblemente la follada, su miembro comenzó a contraerse dentro de mí, se correría ya… no me aguantaba para que eso sucediese.

- Ah… uffff… Te amo Angeeeeeeeeeeeeeeel – gritó – oooh… affff…

Gemía Alejandro mientras de su pene salían potentes trallazos de su delicioso néctar y se internaban en mi ano, lo introducía ahora con lentitud y lo más profundo que podía, incesantes fueron seis en total los disparos de ese caliente líquido los que me llenaron todo, el placer era inmenso el que me produjo al hacer esto. Los gritos de placer poco a poco se fueron apaciguando hasta volver a hacer gemidos casi inaudibles, nuestras respiraciones eran cansadas y nos encontrábamos bañados en sudor, cuerpo contra cuerpo, piel contra piel, nuestras miradas se encontraban fijas viéndose vencedoras por lo que acabábamos de hacer…

- Feliz cumpleaños Ángel – dijo – te amo.

- Te amo Alejandro…

Alejandro sonrió tierno y desplomó su cuerpo sobre el mío sin sacar aún su miembro, el cual poco a poco iba perdiendo la dureza de hace un instante, ambos estábamos exhaustos por el nivel de follada que habíamos tenido. Había sido todo delicioso, nunca había tenido sexo como tal, se sentía tan bien y me sentía lleno de todo su semen… ¡Era genial! No veía el momento en que me separase de sus brazos, no quería que esto acabase, era un sueño hecho realidad… nos amábamos a morir.

***

Comunicado Oficial del Autor:

 

Estimados amigos/as, conocidos/as y lectores en general… tengan cada uno de ustedes muy buenos días, buenas tardes o buenas noches dependiendo de la hora en que estén leyendo este comunicado; les saludo afectuosamente esperando se encuentren bien en toda la extensión de la palabra y agradeciéndoles la amabilidad de haber leído este capítulo de esta saga.

 

El motivo por el cual hago este pronunciamiento a todos ustedes, es para ponerles al tanto sobre mi labor como escritor en este sitio de internet y en específico sobre esta historia.

 

Quiero informarles que esta saga titulada “Endless: Cuando Sea… Donde Sea” llegará a su fin en el próximo capítulo. He decidido, con lágrimas en los ojos y mucha tristeza en el corazón, que esta historia no vaya más… ya no seguiré publicándola. Se preguntarán el motivo por el cual tomé esta decisión… pues la verdad, yo pienso que cuando se pierde el ánimo y ya no se tiene “aquello” que impulsa a seguir adelante con un proyecto, es más honesto hacerse a un lado y dejar que alguien que realmente esté interesado lo continúe en su proceso literario hasta llevarlo al éxito; en este caso, ya que no puede venir alguien más a continuarlo, he sido yo mismo quien me he propuesto darle un final “decente” a este relato, ya que no quería que quedase inconcluso hasta el capítulo anterior; yo no soy de las personas que dejo las cosas a medias, a mí me gusta terminar mis proyectos así sea de una manera digna cuando las circunstancias ya no son buenas y las adecuadas para su continuación.

 

Otra razón que me hizo tomar esta decisión, aunque fue en menor proporcionalidad que la anterior, fue la poca aceptación de la saga por parte del público en general (lectores), la historia no atrajo y por lo tanto no cumplió las expectativas sobre los resultados que se hubieron proyectado en un principio.

 

Pido las disculpas y la comprensión de todos ustedes respecto a mi decisión, no es nada fácil esto para mí, esto realmente no estaba en mis planes, tenía muchas ideas más para desarrollar esta saga y volverla mucho más interesante (si es que un día lo ha sido) y me duele crearle un final tan pronto. Amo escribir, me divierto mucho y siento que me transporto a hermosas realidades ajenas a la mía, pero como lo dije antes, el ánimo de continuarla no está ya, se fue desde hace mucho, podría afirmar que desde hace dos capítulos ya no me siento cómodo escribiéndola.

 

A la vez agradezco a cada uno de los lectores que mostraron su interés por las creaciones de este loco escritor de pacotilla, no hay palabras para demostrar mi gratitud y será por ustedes y para ustedes que escribiré con mucho cariño el próximo capítulo, el capítulo final.

 

Espero que este les haya gustado, creo que estarán en este momento odiando a Ángel por haberle sido infiel a Carlos y no se diga a Alejandro que desde hace mucho es odiado por varios, en especial por la estimada lectora Zoele jajaja. Les pido comentar y valorar este capítulo, como dice otro buen amigo mío y colega escritor: nada cuesta. Pueden escribirme a mi correo angredstar@gmail.com o agregarme a Facebook dando click al hipervínculo acá en mi cuenta de usuario.

 

Saludos con mucho cariño desde El Salvador.

 

Atte. ÁngeloMebarak.



© Mebarak

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