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Fecha: 05-Jul-13 « Anterior | Siguiente » en Gays

Endless: Cuando Sea… Donde Sea (10) [Final].

Mebarak
Accesos: 1.901
Valoración media:
Tiempo estimado de lectura: [ 31 min. ]
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Ángel y Alejandro… el amor ha resurgido entre ellos y están dispuestos a escapar de sus respectivos mundos para amarse plenamente, por fin pueden ser felices juntos. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

¡Hola a todos y todas! ¿Cómo están? Jejeje espero que muy bien. Acá está ya listo el décimo capítulo de esta saga… bueno, aunque si lo vemos desde otra perspectiva e incluimos los “Delirios de Soledad” es el décimo quinto jejeje.

 

Primero que nada quiero agradecerles a quienes valoraron y comentaron esta historia a lo largo de cada capítulo y a quienes por Facebook y correo electrónico me hicieron llegar sus opiniones. También agradezco a dos grandes escritores amigos: a zerosubzero por la enorme contribución que hizo a este relato y a rodvzla que de igual manera me ayudó mucho y me estuvo asesorando en estas cuestiones. Finalmente les quiero agradecer a TODOS los que han leído esta saga, no tienen la más mínima idea de cómo me alegra que les haya gustado :3

 

Mis sinceras disculpas a quienes no querían aún que esto terminase, pero ni modo acá está ya el capítulo final. Antes de dejarlos con la acción, aclaro que lo que en este ocurrirá ya lo tenía en mente desde hace mucho tiempo… por favor les pido valorarlo y comentarlo porque es deprimente que hayan pocos comentarios jajaja :P

 

Ya saben mi correo es angredstar@gmail.com y me pueden encontrar en Facebook como Ángelo Mebarak dándole click al link acá en mi cuenta de escritor.

 

Los dejo ya con las acciones de este capítulo, espero que les guste y no me odien jejeje.

Saludos con mucho cariño desde El Salvador.

***

Capítulo 10: El Final del Mundo de los Sueños.

- … Ok, entonces… – le decía – nos iremos a tu país y viviremos juntos… ¿Te parece?

- Sí jejeje – respondió riendo por lo que le dije – me parece perfecto amor.

Así es, él y yo aún estábamos tumbados en mi cama, desnudos y abrazados, nuestras piernas estaban entrelazadas y Ángel recostado sobre mi pecho; ambos estábamos exhaustos luego de haber hecho el amor. Había sido tan especial para mí, a pesar que no era mi primera vez y mucho menos la suya, había sido nuestra primera vez juntos… jamás olvidaríamos ese día. Llevábamos mucho rato abrazados de la forma en que estábamos y conversando animadamente de cualquier tontería que se nos viniera en mente, Angelito sonreía a cada instante y nos dábamos cortos besos en los labios; habíamos estado conversando sobre nuestras vidas en todos estos años, ya le había explicado que Tatiana y yo solo éramos amigos y que le habían dicho eso para que se pusiese celoso, también hacíamos planes de lo que haríamos con nuestro amor que sabíamos que ambos lo sentíamos.

- Ah, se me olvidaba – dije – adoptaremos un niño.

- ¿Un niño? – sonriendo extrañado me preguntaba Ángel.

- ¡Sí! – Alegre respondí – ¿No te gustaría ser padre?

- Pues… jejeje – sonreía tímido – nunca lo había pensado.

- Yo sí – lo abrazaba más fuerte – es uno de mis sueños más grandes, ser padre.

- ¿En serio?

- Sí – le besaba la frente.

- No es mala idea bobito – me dijo ronroneando como un gato.

- Por eso te amo Angelito – alcé su rostro y le di un beso en la boca.

Era un sueño hecho realidad, Ángel y yo juntos, abrazados y en mi cama luego de haber hecho el amor, haciendo planes para nuestro futuro… esto no tenía precio. Podría pasar toda mi vida así con él y no me aburriría nunca. Nuestros labios que se rozaban tiernamente en ese beso pero de pronto se detuvieron secamente, él había parado de besarme y cambiado su rostro de alegría por uno de preocupación, tenía su ceño fruncido y la sonrisa de sus labios se había borrado. Lo conocía a la perfección, algo no estaba del todo bien en esa cabecita suya, algo le acababa de opacar su felicidad y esto implicaba que la mía también, porque él era eso para mí, mi felicidad más grande.

- ¿Qué pasa amor? – Le pregunté mirándolo a los ojos – ¿Por qué de pronto te has quedado serio?

- Alejandro… – espetó y se quedó pensativo y callado.

- Dime qué pasa…

- Carlos…

Ángel acababa de recordar que tenía una pareja de casi seis años de relación a la cual le acababa de ser infiel. Esto se iba a complicar mucho para nosotros…

- Pues… – le dije dudando si decirle o no – te tengo que decir algo… pero… creo que no es el momento ni la circunstancia indicada para decírtelo.

- ¿Qué es? – preguntó intrigado.

- Es que… – me volví a frenar dudando si decirle o no lo que en mi mente rondaba, no hallaba la manera de decírselo, tenía que planear mejor esta jugada para quedarme con él – mejor la hablamos mañana ¿Vale?

- No – se negaba, Ángel era muy curioso e impaciente – dime ya…

Suspiré profundamente para tomar valor y jugar quizás una de mis últimas cartas para poder ganar. Solo esperaba a que él creyese lo que le iba a decir.

- Ángel… – me detuve aun dudando si decirle o no – Carlos te es infiel.

***

Mi mente se había vuelto un desastre en el momento que caí en cuenta de lo que acababa de hacer, había sido infiel a mi novio… ¡INFIEL! Le había hecho algo muy bajo y ruin al chico que durante casi seis años se había encargado de hacerme feliz, de amarme y ser mi compañía en las buenas y en las malas; y lo que más me estaba atormentando la conciencia era que ya no sentía por él lo mismo que antes, sentía que aún lo amaba pero con menor intensidad.

Me acababa de dar cuenta que nunca dejé de amar a Alejandro, mis sentimientos por él se habían mantenido guardados por todos estos años y habían salido a la luz ahora que él había aparecido nuevamente en mi vida, no de forma virtual sino de forma real y tangible. ¿Amaba a Alejandro?... Sí, ¿Debía corresponderle a su amor?... No, lo nuestro no era posible porque yo tenía un novio de hace cinco años el cual me amaba y debía mejor esforzarme ahora por volverlo a amar con la misma intensidad de antes, porque aún sentía muchas cosas por Carlos, pero ya no como antes, gracias a ese beso con Alejandro, que había sido la tormenta que quitó la calma a las aguas tranquilas del mar.

Ahora Alejandro había arruinado nuestro momento diciéndome la cosa más estúpida del mundo, la patraña más vil que me podría decir… ¿De dónde demonios había sacado eso que Carlos me era infiel?

- ¿De dónde sacas semejante estupidez? – separándome muy molesto le pregunté – si tú apenas lo conoces, solo lo viste la noche de la fiesta.

- Sí, lo sé – respondía nervioso porque no le había creído su grandísima mentira – pero te tengo que explicar muchas cosas ¿Te parece si nos ponemos nuestra ropa, preparo café y hablamos?

- ¡No! – Enojado lo rechacé – no me parece, es más, ya me voy. ¿Me prestas tu baño?

El único pendejo infiel aquí era yo, me había empezado a sentir fatal por esto, pero me había sentido tan bien estando entre los brazos de mi Alejandro y de haber hecho el amor con él… pero no había sido correcto. Alejandro mirando al piso solo asintió con la cabeza y me señaló la puerta blanca al fondo de su habitación, no dije nada más, me levanté de la cama, recogí mi ropa y me dirigí hacia este con la intención de bañarme.

------------

Luego de bañarnos, claro, por separado, mientras yo me bañaba en su baño y él en el que estaba al fondo del pasillo, salimos de su apartamento; ya habíamos cruzado toda la ciudad de ese lado donde él vivía y estábamos a solo un par de minutos para llegar a casa de mi Tía Liz. Alejandro se ofreció en llevarme pero yo me negué, fue tanto lo que insistió que terminé aceptando con la condición que no me dijese ni una sola palabra por el camino; y así había sido, había cumplido con la condición, no hubo ninguna palabra de ninguno de nosotros por el camino, él se había dedicado solo a conducir y yo solo a acompañarlo en el asiento de copiloto de su vehículo.

Detuvo el auto justo frente a la mansión, apagó el motor de este y sin dirigirme la mirada soltó el volante y cruzó sus brazos a la altura de pecho, esperando de seguro a que yo saliese. Desabroché el cinturón de seguridad de mi asiento y abrí la puerta para hacerlo pero me detuve…

- Adiós Alejandro – suave y pacíficamente le dije.

Él no inmutó su rostro ni siquiera un poco, tenía la mirada ida al frente y no respondió a mi despedida, fue como si no me hubiese oído, como una leve brisa que pasa por su cuerpo sin generar ningún efecto en él fueron mis palabras. Me sentí mal por él y salí del vehículo caminando a paso rápido. No quise volverme a ver hacia atrás, quería entrar ya a casa y poner en orden mis ideas, esperaba que él encendiese su auto y se fuese, pero no, él no se iba, por un momento me puso nervioso pero logré disiparlos en menos de lo que un gallo canta.

Entré a casa apresurado, al cerrar la puerta pegué mi espalda a esta recostándome y emitiendo un suspiro profundo… aún estaba incrédulo de todo lo vivido ese día, primero las atenciones tan lindas de mi novio, luego el raro llamado de Tatiana para que hablásemos, después Alejandro y su beso, luego su declaración de amor, mi autodescubrimiento que también lo amaba y la follada que me dio la cual fue… sin palabras… ¿Qué faltaba para que este día se ganase el título de mi cumpleaños más raro? ¿Qué Carlos me dijese que me vio con Alejandro? No, además de ser eso imposible este día ya no podía ser más extraño, creí que todo lo raramente humano y posible ya había ocurrido. Fijé mi vista al frente y noté que todo estaba en relativa calma, parecía que nadie estaba, se suponía que mi novio y Maura estarían ahí pero de seguro habían salido por ahí a la ciudad.

Salí de mis cavilaciones y con la mirada baja me dirigí a nuestra habitación, subí las escaleras y caminé por el pequeño tramo del pasillo donde esta estaba, decidí no darle tanta importancia al asunto y no dejarme afectar tanto, aunque me dolía tener que decirle a mi novio que le había fallado, porque se lo debía decir, y a la vez corría el riesgo que me dejase… de ser así me lo tenía merecido por pendejo; alcé ahora mi mirada, di otro profundo suspiro, abrí la puerta y lo que vi hizo que mi corazón se paralizase y perdiese el color de la cara… entre las sábanas en la cama estaban dos cuerpos desnudos abrazados uno sobre otro, comiéndose a besos y arraigándose sus cuerpos con caricias llenas de lujuria, estaban revolcándose brutal y salvajemente teniendo sexo en mi cama.

- ¡Carlos! – grité admirado.

Él, que estaba sobre la otra persona, se levantó rápidamente y se volvió a verme con cara de pánico, esto me permitió ver con quien estaba… era una mujer, ¡Sí, una mujer! De cabello rubio y piel blanca… un momento… yo… yo la conocía… esto era lo peor… ¡Era Maura! ¡Carlos y Maura! ¡Mi novio y nuestra mejor amiga estaban revolcándose en mi cama! Esto no podía estarme pasando ¡No a mí!… aunque me lo tenía bien merecido por ser tan canalla… ¡ME SENTÍA FATAL! El universo se estaba equilibrando, le había sido infiel a mi novio y ahora él me hacía lo mismo y con nuestra mejor amiga.

- Adri, mi amor – dijo el tomando sus bóxers y poniéndoselos contra su erección – ¿Qué haces aquí?

No pude responder nada, solo bajé mi mirada y las lágrimas brotaron poco a poco de mis ojos. Estaba pagando en menos tiempo de lo que me imaginé esa infidelidad y lo estaba pagando de la misma forma y eso me dolía mucho, saber que nuestra hermosa relación se estaba desmoronando por mi culpa. Era como si me acababan de incrustar una daga en el corazón y me quitaba la vida lente y dolorosamente. Quería morirme en ese momento, que la tierra me tragase o que me partiese un rayo.

- Adri, cariño… mi amor… mi vida… – desesperado Carlos ya se ponía su pantalón – te juro que te lo puedo explicar… es que Mau… ¡Puta! ¡La cagué! – se lamentaba.

Desesperado gritó Carlos y se tapó la cara llorando igual que yo, ambos habíamos fallado en nuestra relación y el mismo día. Si él estaba llorando porque lo había descubierto en lo suyo, se pondría peor cuando le dijese que yo había hecho lo mismo. Ambos nos dedicábamos solo a llorar en silencio.

- ¡JA! ¡JA! ¡JA! – Maura aplaudía y reía airosa y descarada aún desde la cama luego de ponerse su ropa – que buen actor eres Carlos… ¡Eres genial!

Me quedé desconcertado por lo que Maura estaba diciendo, no entendía porque le estaba diciendo eso, ella continuó:

- Ya no es necesario que sigas fingiendo mi amor – le decía – ya obtuvimos lo que necesitábamos.

No entendí eso, pero al parecer Carlos sí y se quitó las manos de su cara, ya no estaba llorando, solo tenía los ojos un poco rojos y se volvió a verla.

- ¿Ya? – le preguntó.

- Sí – afirmó ella.

- ¿O sea que ya no tengo que estar fingiendo que amo a este adefesio? – me señaló a mí viéndome de una manera asqueada.

- Nop – respondió ella – todo está ya en nuestra cuenta en Tahití.

- Muy bien jajaja – rió malévolo.

¡¿Qué estaba pasando acá?! ¿Por qué Carlos me miraba de esa manera tan denigrante y me había llamado adefesio y reía con maldad?

- ¿De qué están hablando ustedes dos? – les pregunté.

- Eso a ti no te importa… – me dijo Carlos siendo completamente distinto al chico que había vivido conmigo todos estos años, sus ojos ya no me expresaban esa ternura y amor de siempre sino que eran llenos de odio – solo te diré que ya NO SEGUIRÉ más contigo, NUNCA me has gustado ni me gustarás y mucho menos te he amado. ¡Eres patético!

- ¡¿Qué?! – asombrado inquirí. Esto no podía ser posible ¡No! – pero…

- Lo que oíste inepto – dijo ahora Maura interrumpiéndome – ¿Acaso creíste que Carlos te amaba?... pfff… ¡Por favor! Él te enamoró solo para poder él y yo obtener un buen puesto dentro de la empresa de la vieja Liz y robarle algunos de sus miles.

- Me das asco Adrián – dijo él.

Esto era increíble… todo el tiempo había vivido engañado, había vivido con un vividor de quinta que no me amaba y me tenía solo como un objeto que le serviría para alcanzar sus planes ruines y malvados. Carlos era un lobo vestido de oveja. No podía creer que Alejandro me había dicho la verdad y yo no le había creído, no me explicaba como él lo sabía, si apenas se habían visto una vez y fue un simple saludo de cortesía. Me llenó de ira el saber que ese par de escorias me habían hecho tanto mal silenciosamente durante todos estos años.

- ¡Eres una mierda Carlos! – Le grité abalanzándome a él para golpearlo – ¡Te odio! ¡Te odio! ¡Te odio! ¡Te odio! – pero se apartó ágilmente, esquivando mi agresión.

- ¡La mierda eres tú Adrián! – me gritó y golpeó en el abdomen.

El golpe fue muy fuerte por lo que caí al suelo…

***

Esto era el colmo, le había dicho a Angelito que su pendejo novio le era infiel y no me creyó, es más, se enojó conmigo… bueno, era de esperarse.

La noche de la fiesta de cumpleaños de Janina, Tatiana y yo notamos que Ángel y Carlos, que aún era un desconocido para mí, se alejaban de la fiesta, no le dimos importancia y seguimos sentados en nuestra mesa, luego de unos minutos vimos regresar solo a Carlos y que cuando se dirigía para el interior de la casa, una mujer se le acercó, lo trató de besar pero él lo esquivó, le dijo algo al oído, vio a los lados como asegurándose que nadie los viese, la tomó de la mano y se fueron a un lado de la casa. Tatiana y yo solo nos miramos con desconcierto y nos levantamos para seguirlos, fue algo entrometido de nosotros el hacerlo, con cautela nos acercamos y los hallamos comiéndose a besos y toqueteándose. Tiempo después supe que esa mujer se llamaba Maura y era la mejor amiga de Ángel y Carlos. Luego de verlos, me entró la valentía de ir a buscar a Ángel aprovechando que Carlos lo había dejado solo. Nuestra sorpresa fue mayor cuando nos presentaron formalmente y nos dijeron que Ángel y el tipo al que habíamos visto besuqueándose con Maura, eran novios.

Había una leve lluvia empezado a caer, yo seguía dentro de mi vehículo, pensativo y analizando lo que había pasado ese día, veía como las gotas caían sobre el parabrisas y resbalaban hasta caer; de pronto escuché unos gritos al interior de la casa eran gritos de dolor… de ira… de pelea… eran gritos de… de Ángel y Carlos ¡Joder! ¡Estaban peleando! Escuchaba que Carlos llamaba mierda a Ángel y este le respondía con otros insultos… Pensé que de seguro le había dicho lo que había hecho conmigo y esa era la causa de la discusión. El idiota de seguro lo estaba haciendo sentir mal por eso siendo él mucho peor, además de ser un infiel, Tatiana me había dicho que junto con Janina tenían la sospecha que él y Maura estaban robando a la empresa… era una sabandija.

No me aguanté más de pensar en la injusticia que estaba cometiendo Carlos juzgando a Ángel y salí de mi vehículo bajo la lluvia que a cada instante parecía volverse más intensa y algunos relámpagos iluminaban el sombrío ambiente que contrastaba el lugar. Corrí velozmente hacia la entrada de la casa, para mi mala suerte la puerta estaba. No sabía exactamente lo que ahí adentro pasaba, solo sabía que estaban pelando. El nerviosismo se había apoderado de mí, quería entrar y ver de frente a ese pendejo, romperle la cara por ser tan mentiroso y ruin y luego abrazar a mi chico para no dejarlo escapar nunca más de mis brazos.

***

Arrojado en el suelo me encontraba, ese golpe que me dio Carlos me dejó sin aire y me dolió mucho… pero me dolía mucho más el haberme dado cuenta que siempre había vivido con una falso amor, una felicidad de humo y papel que se consumía en un abrir y cerrar de ojos. Quería llorar por la impotencia de saber lo que el que yo llamaba el amor de mi vida, mi hombre perfecto, había resultado ser la mierda más mierda del retrete público más sucio de la ciudad más podrida.

- Pobre ingenuo – decía haciendo un puchero la que consideraba mi mejor amiga que en verdad era mi peor enemiga – no sé cómo es que te va tan bien en la universidad si eres lo más tonto del mundo.

Escuchar eso hizo que me hirviera la sangre de cólera y enojo, no le daría el gusto a esa zorra el gusto de verme humillado, no, este golpe que la vida me estaba dando lo debía aprovechar para volverme más fuerte, debía convertir ese error en un acierto. Sabía que podría levantarme de esta caída porque ahora, aunque me costaba admitirlo, tendría una mano sincera para dirigirme, un hombro donde podría recostarme y un corazón que me amaba de verdad… ese hombre que me hacía erizar la piel con cada una de sus caricias y olvidar hasta mi nombre… tendría a mi Alejandro.

La pareja de malévolos se reía vencedora de mí, me quedé ahí tirado y recuperándome de ese golpe en el abdomen. Vi que cerca de mí estaba uno de los tacones de Maura… eso me dio una idea, pero debía ser rápido con mi manos y ocupar mis piernas para correr.

Cuando me sentí recuperado del golpe, tomé con mi mano derecha el tacón, me levanté de rodillas de una vez y le arrojé a Carlos el tacón a su cara de idiota. Él tuvo buenos reflejos y se hizo a su izquierda, esquivando recibir el taconazo, pero quien no se salvó de recibirlo fue Maura, ya que estaba atrás de él; el tacón su mismo zapato le impactó justo en el ojo derecho, introduciéndosele a este y produciéndole gran dolor y sangramiento.

- ¡Mierdaaaa! – Gritó adolorida tapándose la cara – mi ojo… mi ojo… aaah… ay… me dueleeeeeee…

- Mi amor – le dijo Carlos dándose la vuelta y prestándole atención – que…

Aproveché ese momento para parame y disponerme a salir de esa habitación pero noté que a mis espaldas mi ahora ex novio abría uno de los cajones del mueble de noche donde estaba una lámpara y sacaba algo, no le presté atención y continué mi camino descendiendo las escaleras a toda mi velocidad. De pronto escuché la voz de Carlos gritarme tras de mí.

- Hoy sí te mato porque te mato maldito hijo de perra – me volví a verlo y vi que en sus manos llevaba un revólver.

El miedo me invadió por completo, no pensé que lo que sacó del cajón era un arma de fuego, corrí con mayor velocidad, ahora más que nunca debía escaparme de ese lugar o si no ese tipo me mataría por haberle agredido a su zorra… quise decir, su novia. Me parecía increíble su capacidad para mentir y aún más su osadía de perseguirme con una pistola. Me fijé que afuera el ambiente era gris y frío, estaba cayendo una fuerte y torrencial lluvia, este no sería impedimento para que yo saliese de ahí, no, era mojarme todo o perder mi vida.

- Detente pedazo de mierda – gritaba furioso – ¡¡¡Hoy te vas a morir!!! Te haré comer plomo y te mandaré directo al infierno.

Terminé de bajar las escaleras y corrí hacia el jardín trasero de la casa, pensaba de ahí dirigirme a la cochera, tomar una camioneta e irme a la mierda a buscar a mi Alejandro, pedirle una disculpa por no haberle creído y una explicación de cómo lo sabía, luego iríamos al departamento de policías para que pusiesen tras las rejas a ese par de ratas de alcantarilla. Mientras me dirigía a esta, mi pie se introdujo levemente en un bache que estaba en el sendero de piedras, el cual estaba resbaladizo por la lluvia, produciendo que me cayese al suelo y Carlos aprovechase para alcanzarme.

- JAJAJA – rió al verme arrojado de espaldas y sosteniéndome solo con los codos – mira que eres pendejo para caerte – caminaba hacia a mí más relajado y poniendo su arma en mi frente y quitándole el seguro – hoy si te mueres… 

***

Miraba por una ventanita de cristal al lado de la puerta hacia todos lados para detectar si ellos estaban a la vista, no sabía exactamente lo que haría al verlos, solo quería alejar a Carlos de mi Angelito, dejarle en claro que la única mierda aquí era él y que su novio le gustase o no se vendría conmigo, porque yo si lo amaba de verdad. Minutos después, a pasos apresurados alguien bajaba del segundo piso por las escaleras, parecía asustado y miraba a cada instante para atrás como huyendo de alguien que le perseguía. Era Ángel. No levantó la mirada en un solo instante, y corrió directamente hacia afuera de la casa, al jardín trasero.

Me pareció extraño esto, ¿Por qué corría? Me preguntaba a mí mismo, pero mi pregunta se resolvió al ver que detrás de él iba Carlos siguiéndolo con una pistola en sus manos ¡una pistola! Me quedé helado al ver lo que pasaba… ¡Carlos seguía a Ángel con una pistola y gritándole mil insultos y amenazas!

Reaccioné de inmediato. Este no era momento de cortesías, me separé una distancia prudencial de la puerta y le lancé una patada para que se abriese, no me importaba si la botaba, lo que me importaba era poner a salvo a mi Angelito de ese hijo de puta. Esta no se abrió, así que tuve que darle un par de patadas más para que por fin se abriese. Corrí hacia adentro, resbalándome un poco en el piso porque yo iba empapado por la lluvia; pasé por la sala de estar tropezándome con los muebles de esta porque iba hecho una cascada de nervios. Finalmente salí por la puerta trasera que daba justo a la alberca y posterior a esta el jardín donde había sido la fiesta de Janina hace casi un mes.

Alcancé a ver que estaban en un sendero de piedras rodeado por un jardín de rosas rojas, Angelito estaba en el suelo y sosteniéndose solo con los codos, Carlos estaba frente a él y le apuntaba con su revólver mientras le quitaba el seguro… ¡Mierda! Le dispararía a mi Ángel…

- ¡¡¡Ángeeeeeel!!! – fue lo único que grité al correr hacia el lugar donde estaban.

No me importaba nada, solo quería salvarlo de que le disparase. Ángel me miró sorprendido con los ojos abiertos como platos al verme ahí y mayor fue la sorpresa del pendejo de Carlos, al cual sin mediar palabras le di un fuerte puñetazo en su cara de imbécil que lo hizo perder el equilibrio. Él cayó a un lado sobre el césped con la boca sangrando, su arma cayó a sus pies y le di un puntapié enviándola lejos, al verlo caído le di un par de potentes patadas en el culo y en la cara, dejándolo tosiendo y escupiendo sangre para luego quedar inconsciente; yo siempre he sido tranquilo, no soy agresivo ni me gusta irme a los golpes pero ese día me enojó tanto ver que quería hacerle daño a mi chico, que desaté toda mi ira contra él. Me dirigí a mi Angelito que me miraba desde el suelo en shock aún.

- Amor… – le dije agachándome y envolviéndolo entre mis brazos.

Su mojado y frío cuerpo temblaba constantemente, sentía su corazón palpitar precipitado, su respiración rápida, estaba muy asustado como un pequeño ciervo ante la mirada cruel de un cazador. Lo solté un instante y le di mi mano para que se ponerlo de pie, cuando lo hice, lo volvía a abrazar más fuerte que pude para que se sintiese confiado y que no dejaría que nada le pasase, quería que sintiera en mi abrazo todo mi apoyo, pasión y amor incondicional que sentía yo por él, que se sintiese seguro que tenía conmigo a alguien que no dejaría que nada la sucediese…

- ¿Estás bien Angelito? – Dije tomándolo con mis manos de ambos lados de su cara y viéndolo de pies a cabeza mientras la fría lluvia caía sobre nuestros cuerpos – ¿Sí?

- Sí… – dijo asintiendo con la cabeza y unas cuantas lágrimas surcaban de sus ojitos negros – Alejandro yo… – al verlo así lo interrumpí volviéndolo a abrazar de igual forma. Esto era mi culpa.

- Perdóname amor – con un nudo en la garganta – fui un tonto… no debimos haberlo hecho estando tú aún con Carlos, perdóname, perdóname… por favor… perdóname…

- No Alejandro, no… – negaba con la cabeza – perdóname tú a mí por no creerte que Carlos me era infiel.

- ¿Qué? – extrañado lo miré, pensé que peleaban porque le había contado sobre su infidelidad conmigo pero al parecer no.

- Sí, lo encontré en mi propia cama con Maura y sé la clase de alimaña que es él, me había tenido engañado todos estos años.

- Tranquilo amor – lo tomé de la cara nuevamente para mirarlo a los ojos y colocando mi frente contra la suya – ya nada te pasará, yo estoy aquí para ti… te amo Angelito.

Él me miró aún asustado y mis labios se dirigieron a los suyos para besarlos con ternura, un beso para que encontrase la paz y se tranquilizase, un beso para que supiese que lo amaba y era yo capaz de dar hasta mi propia vida por él. Mis manos acariciaban su espalda cariñosa y detenidamente, palpando su firmeza y percibiendo que la tenía calientica a pesar de estar húmeda. Nuestros cuerpos estaban fusionados en uno en ese instante, en ese abrazo que se estaba prolongando por mucho rato, no nos importaba que la lluvia cayera sin cesar sobre nosotros.

De pronto un ruido fuerte y seco se escuchó en el lugar, por un momento pensé que se trataba de un rayo que caía en las cercanías del lugar pero caí en cuenta que no se trataba de eso… ya era demasiado tarde. Lo único que hice fue abrazar con más fuerza a mi Angelito. El dolor se adueñaba de mi cuerpo luego de percibir tres piquetazos, una corriente fría recorrió desde mi cabeza pasando por mi espina dorsal hasta llegar a mis pies, me sentí extraño, la boca con un raro sabor, mi respiración era entrecortada, un leve mareo y la visión borrosa me hicieron perder el equilibrio hasta caer al suelo…

***

- ¡¡¡ALEJANDRO!!! ¡¡¡MI AMOR!!! NOOOOOO…

Eso fue lo único que grité luego que repentinamente me abrazase más fuerte y recibiese tres disparos por la espalda…

Sus rodillas se doblaron y cayó al suelo como una hoja cae de un árbol en el último día de otoño, traté de sostenerlo con mis brazos pero era muy pesado y no pude hacerlo, cayó bocabajo sobre ese pequeño húmedo sendero en que estábamos. Me quedé petrificado al verlo así, sentí una fuerte presión en mí pecho, mi corazón se estrujaba poco a poco de preocupación por ver a mi Alejandro con su camiseta azul ensangrentada, herido de bala por protegerme de no ser yo el herido. Alcé mi mirada para ver quién era que había disparado y me encontré con la cara sonriente sañosa y sangrada de Carlos, se había recuperado luego e ido por su arma.

Logré reaccionar y me arrodillé para auxiliarlo, lo tomé de ambos lados de los hombros y lo coloqué bocarriba, con su cabeza sobre mis piernas, un enorme charco de sangre se empezaba a formar bajo él. Lo miré bien, Alejandro tenía un raspón en su cara por el golpe al caer, respiraba cansado y tenía los ojos entreabiertos… no se veía nada bien.

- Amor… amor… amor – le decía yo desesperadamente palmeándole la cara para que reaccionase – reacciona… ¡Alejandro! ¡Despiertaaaa!

De mis ojos las lágrimas que se estaban borrando estaban volviendo a aparecer. Escuché la risa burlona de Carlos tal cual buen chiste le hubiesen contado, alcé mi mirada y lo vi tan cínico como solo él podía ser. Me sentí indagando por lo que ese idiota acababa de hacer pero me importaba más Alejandro que estaba arrojado en el suelo sangrando y adolorido por los putos tres balazos que le habían dado. Su piel comenzaba a ponerse pálida, lo tomé de sus manos y las tenía frías, su respiración lenta y pausada…

- ¡ALEJANDRO! – decía yo sacudiendo su cuerpo esperando a que reaccionase, pero era inútil, seguía ido – ¡ALEJANDRO! ¡ALEJANDRO!

Luego de un rato sin reaccionar, poco a poco abrió sus ojos para verme, su expresión facial era como nunca había visto una antes, tenía los ojos rojos, se miraba el dolor que estaba sintiendo, con sus pocas fuerzas apretó mi mano:

- An… Angel… Angelito – balbuceaba con dificultad – ¿Dónde estás?

- Aquí… – lloriqueaba – aquí estoy amor… llamaré a una ambulancia – dije buscando mi celular en mi bolsillo.

- No me dejes solito – me apretó un poco más fuerte la mano – no te alejes de mí…

- No, no te dejaré solo.

No encontraba mi celular por ninguno de mis bolsillos, quizás lo había dejado en su apartamento o se me cayó en su vehículo ¡Mierda! ¡Esto no me podía estar pasando!

- Alejandro – dije – perdóname pero tengo que ir a la casa a llamar a la ambulancia mi celu…

- ¿Me perdonas por… – tosió – por ha… haberte… hecho tanto daño? – dijo interrumpiéndome.

- No es tiempo para esas cosas ¡Por Dios! Estás herido… – le recriminé.

- ¿Me perdonas?

- Yo ya te perdoné – con un nudo en la garganta – y no digas eso que pareciera que fueras a mo… mejor ni lo digo… iré por ayuda, no te ves nada bien.

Me aterraba el simple hecho de imaginarme perderlo a menos de cuatro horas desde que habíamos estado juntos haciendo el amor. Traté de levantarme para ir a llamar la ambulancia pero, él me detuvo:

- No, no te vayas – me dijo desconcertándome – da… dame un beso…

- ¿Qué?

- Que me des u… un beso – alzando la voz – por favor.

Eso último me lo dijo viéndome fija y suplicantemente, con lágrimas en sus ojos, las cuales empezaban a caer por sus mejillas… estaba llorando. Me partía el alma verlo llorar, me destrozaba por dentro; hubiese deseado tener poderes mágicos en ese momento para poder sanarlo con solo tocarlo. Me preocupaba que estuviese hablando así, como si se estuviese despidiendo de mí pero… no pude resistirme a su petición con su tierna mirada. Acerqué un tanto inseguro y lento mi rostro hacia el suyo hasta que nuestras respiraciones se entremezclaron y mis labios se posaron tímidamente en los suyos.

Alejandro empezó a mover lentamente sus labios contra los míos en un beso tierno e inocente de amor a pesar de tenerlos fríos como el hielo y resecos como las arenas de un desierto. Como lo había sido desde un principio, el contacto de nuestras bocas, la mezcolanza entre nuestras salivas y el roce de nuestras lenguas me embriagaba, me hacía erizar la piel y desataba una avalancha de sentimientos por él. Su mano derecha se posó sobre mi cabeza y me sostenía contra su rostro acariciándome el cabello con suavidad.

Paulatinamente el movimiento de nuestros labios perdía velocidad, el beso se frenaba. Al término de este, separé mi rostro del suyo, lo miré a los ojos, él lloraba pero tenía una afable sonrisa dibujada, era como de satisfacción, de alegría y melancolía. Esto me desconcertaba, no entendía por qué sonreía estando baleado, debía estar preocupado por su vida que estaba en riesgo. De nuevo comenzó a balbucear con dificultad algunas palabras tomándome de la mano y acariciándola suavemente con sus dedos:

- Nunca lo olvi… des… olvides Angelito – decía con un nudo en la garganta – te sigo amando… has… hasta la mu… muerte… te amo Angelito…

La fuerza con que apretaba mi mano se fue desvaneciendo y sus movimientos cesaron, sus ojos se cerraron, su cansada respiración se detuvo luego de dar un profundo suspiro y su corazón dejó de latir para siempre… para siempre…

- Alejandro… amor… ¡No! – Lo sacudía tomándolo del pecho, sentía que mi mundo se venía abajo, el corazón me dolía – ¡No me dejes! ¡No me dejes solito! ¡Alejandro! ¡ALEJANDROOOOOOO! – grité angustiado y despavorido.

No… no… no… no… ¡No! ¡ESTO NO PODÍA SER POSIBLE! ¡ESTABA MUERTO! ¡ALEJANDRO ESTABA MUERTO! ¡MUERTO!

(Por favor escuchar esta canción mientras leen la siguiente parte: http://www.youtube.com/watch?v=mRgzvZHhj5w )

El nudo que se había atado en mi garganta se soltaba en un torrencial llanto de amargura y dolor a causa de haber perdido al amor de mi vida; me abalancé sobre su inerte cuerpo para abrazarlo, su pecho aún estaba cálido y reconfortante como lo había sido siempre…

Había encontrado en él la nueva razón para vivir mi vida, a alguien bueno para despertar a su lado cada mañana, a alguien que me llevase a bailar los viernes por la noche y después a la iglesia las mañanas de domingo, para plantar muchos más sueños que realizar en nuestras vidas, y un día pensar en hijos, una familia… o solo tal vez para economizar un poco en nuestros gastos…

- Eres el único que necesito – le susurré llorando viéndolo a su tierna cara que estaba inexpresiva, se veía tan apacible, como si estuviese simplemente durmiendo y soñando inocente como un bebé… pero en verdad estaba muerto… ¡Muerto! – Eres el único que necesito – repetí abrazándolo más fuerte y rogándole al cielo que me lo devolviese para volvernos amar como solo nosotros podíamos, para que sus ojos me volviesen a ver, su boca volviese a besarme y su corazón a amarme tanto – en este mundo lleno de extraños… eres el único que conozco… Alejandro…

La lluvia fría e incesante solo caía sobre nuestros cuerpos arrojados en el suelo, no me importaba si moría de hipotermia pero no me quería separar él… mejor hubiese sido de ser así, para que estuviésemos juntos en el más allá si es que en verdad lo existe.

Por él aprendería a cocinar y perdería finalmente mi cocina-fobia, él sería los brazos a los que recurriría cuando tuviese miedo o necesitase de un apoyo, los brazos que me arrullarían cada noche de frío. El sería la razón para comprar figuras de sus amados pokémons y escuchar más canciones felices… para todo esto necesitaría una pequeña ayuda de alguien… solo de él… de mi amado Alejandro… pero ya no estaba.

Era el único que necesitaba pero se había ido… me había dejado solito… se había ido… no volvería nunca… Dolor era lo único que sentía en ese momento, mi corazón se destrozaba a cada instante tal cual vaso de cristal al caer al suelo; el pecho me dolía como si me hubiesen arrancado en el corazón, sentía un enorme hueco en este, un agujero que no podría ser ocupado nunca, un daño irreparable hasta para mil años de curación.

A mi mente venía el recuerdo de cuando esa misma tarde me había encerrado en su apartamento y confesado que aún me amaba… la discusión y mi paranoia porque abriese la puerta y me dejase ir… ese beso robado… su declaración de amor… sus caricias… y nuestros cuerpos juntados en uno solo amándonos… todo era hermoso pero… ya no pasaría nada igual, todo se convertiría en el más bello recuerdo con el amor de mi vida, con el chico que a pesar de todas las circunstancias, discusiones y tonterías éramos el uno para el otro y ahora estaba muerto…

- Tú eres el único que necesito Alejandro… – susurré casi inaudiblemente – el camino a casa siempre es largo, pero si tú hubieses estado conmigo hubiese esperado – lloriqueaba – tú eres el único que necesito – repetí sollozando otra vez.

El amor se había ido de mi vida, su cuerpo sin vida yacía sobre ese sendero y su alma ahora divagaba en orbes desconocidos. El frío había comenzado a invadir mi cuerpo, frío por fuera y frío por dentro que me estaba destrozando a cada segundo. Él único que necesitaba, mi Alejandro… mi amor… estaba muerto… no lo podía creer… estaba atónito… se había ido de mi lado mi amor… estaba desesperado.

- Contigo mi vida solo había empezado – sollocé – solo había empezado mi amor…

Cerré mis ojos asiéndome con más fuerza a su cuerpo y pegando mi rostro a su pecho, el dolor era incesante, insoportable, me quemaba por dentro cruelmente.

- Nada como tu sonrisa hecha de sol… nada… nada como tu amor… nada como tu amor… te amaré por siempre Alejandro… nada sería jamás como tu amor.

Nuestros cuerpos seguían juntos… la pena y la angustia eran los únicos sentimientos que me invadían en ese momento, no había nada más dentro de mí, solo ese dolor inmenso que parecía que cada vez se hacía más fuerte que la tormenta.

Unos pasos lentos chapoteaban sobre los riachuelos de agua, alguien se acercaba… pero no me importó ver quien era, al fin y al cabo sin él nada más importaba ahora. Percibí que esa persona se detenía justo a nuestro lado, se quedó inmóvil por un rato, solo viéndonos, y suspirando profundamente, sentí que ponía algo sobre mi cabeza, era algo frío y de consistencia rígida, era metal… era una pistola…

- Au revoir mon amour… Adrián.

Carlos jaló el gatillo de su revólver y de esta una bala fue expulsada… mi cuerpo sucumbió a su propia pesadez haciéndome caer, mis pulmones dejaron de recibir aire y mi corazón ahora también dejaba de latir. Todo lo que estaba frente a mí se inundó por el fuerte resplandor de una luz blanca como la nieve y brillante como el sol, era tan fuerte que mis ojos cansados se cerraron y recibí solamente el abrazo imperdonable de la muerte que me llevaría ahora hacia un lugar desconocido que sería mi morada por la eternidad… cuando sea y donde sea seguiríamos amándonos él y yo porque esto era una historia sin fin… porque dar la vida por amor es vivir para amar.

                                                                                                                                                                            FIN. 



© Mebarak

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