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Fecha: 12-Abr-14 « Anterior | Siguiente » en Textos de risa

Son solo dos cortecillos.

javiet
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Mi operación de Vasectomia, totalmente real. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

   ¡Solo son dos cortecillos!

   Hola amigos, los que me seguís ya sabéis que estoy pasando por una fase difícil, sin curro y con un año más recién cumplido, ya puse en mi anterior relato que debían hacerme la vasectomía, esta es la esperpéntica historia de aquella operación.

La noche anterior cené tarde y abundante, pues me avisaron que debía ir en ayunas, me había costado coger el sueño, cada vez que cerraba los ojos veía a un tío vestido de verde hurgándome las pelotas con un bisturí, supongo que dormí unas tres horas cuando sonó el despertador, tras tomar una ducha me puse en camino, voy un ratito en el bus y otro en el metro, como siempre me acompañan un montón de chavales y gentes oriundas de medio mundo que se dirigen a sus trabajos, aún es pronto para los yayos que van al centro caminan un ratito y vuelven a casa, el medico les manda andar uno o dos kilómetros ¡Andar caramba! un poquito de ejercicio cardiovascular, no ir en bus o en metro, decidí que el viaje de vuelta lo haría en taxi, si me demoraba un poco tendría que apretujarme en esta caja metálica con varias decenas de abuelos tosiéndose mutuamente, ¡Joer! creo que la última vez había más ojos que dientes en todo el bus.

El metro no mejora mi ánimo, consigo sentarme pero se me planta al lado la típica tía gritona, está es gruesa y literalmente aúlla al teléfono, su piel morena y su extraño vocabulario, salpicado de “si mi amol” y “ya tu sabes” me sugiere un origen centro/sud americano, generalmente leo mientras viajo pero así no hay manera, por suerte al otro lado de la gorda hay un tío al que también le molestan sus volúmenes, así que va y dice:

-      O bajas la voz o le das saludos a tu amiga de mis partes.

-      ¿Qué dices? ¡maleducado, racista! Hablo como me da la gana.

-      Que si tía pera que ya no necesitas el tam-tam, baja un poquito la voz.

-      ¡¡NO ME DA LA GANA!! Tengo mis derechos.

-      ¡Me molestas, vaca culona, que ocupas dos asientos!

Paso de líos, me levanto y me alejo de la pareja, pues hoy ya tengo cita para que me toquen los huevos, en pocos minutos llego a mi parada y salgo a la calle, enciendo un cigarrillo intentando disfrutarlo a tope en lo que tardó en llegar al hospital, arrojo la toba y entro.

Las recepcionistas, una señora mayor de cuarenta y una veinteañera regordeta, están hablando de sus planes para semana santa, les informo de mi visita y propósitos, la mas joven me pregunta:

-      ¿Es usted… Javiet?

-      Si señorita.

-      ¿Viene solo? vale siéntese ahí que ahora le llamamos.

Pasan cinco minutos, me llaman:

-      Si le están esperando, suba por el ascensor de la derecha, 7ª planta y coja el pasillo según sale gire a la derecha y al final del pasillo.

Subo y encuentro la sala, sale una enfermera castaña y de mediana edad, me da un pijama con patucos incluidos indicándome donde cambiarme, me indica que debo quitarme todo incluidas las gafas, cuando salgo minutos después luciendo mi nuevo modelito de espalda abierta me pregunta la enfermera:

-      ¿Viene solo? ¿es alérgico?

-      No señorita no soy alérgico a la gente, vengo solo y punto.

-      ¡Digo a los medicamentos! si es  alérgico a…

-      No soy alérgico.

-      Bien siéntese aquí… firme aquí… vale, ahora vendrá un celador espere un momento.

Viene un celador y me baja a la planta quinta, seguimos a la tercera y segunda, por fin llegamos a la primera, el celador dice:

-      Algún crio tocando botones, disculpe.

-      Es normal, no se preocupe.

Me meten en una sala con camas, dejándome al fondo en compañía de un abuelito con una pierna vendada, charlamos un poco y me cuenta que en semana santa se ira con sus hijos, le sigo el rollo hasta que viene una chavala vestida de verde, su pelo moreno se intuye bajo el gorro de quirófano, es guapilla y delgada, me sonríe diciendo:

-      ¿El señor… Javiet?

-      Si señorita, soy yo.

-      ¿esta solo? ¿es alérgico?

¡Joer! Todas preguntan lo mismo, esto debe ser una costumbre en la seguridad social, dado que me van a andar trasteando en las pelotas decido no hacerme el gracioso, están en juego las joyas de la familia, respondo:

-      Si a la primera y no a la segunda pregunta, ya se lo dije a su compañera.

-      Bien repasemos el historial.

Ella habla y yo miro sus labios moviéndose –céntrate tío, no te puedes empalmar ahora- repasamos algunas cosas y me informa de otras, finalmente me da un gorrito verde para el pelo y se va, me lo pongo inclinándolo a la izquierda de forma maquinal como una boina, minutos después me llaman haciéndome sentar en una silla de ruedas, el celador me empuja por un pasillo, entramos en la zona de quirófanos.

Pared a la izquierda y quirófanos a la derecha, - pienso- en este hospital está todo a la derecha, será cosa del gobierno, me consuelo pensando que a la vuelta me pillara todo a la izquierda, varias enfermeras están paradas en el pasillo haciendo planes para la semana santa, llevan ropas verdes pero se distinguen las siluetas de sus cuerpos, imagino que solo llevaran las bragas y el sujetados bajo esos pijamas, me meten en un quirófano, en el centro una mesa de operaciones larga y estrecha, maquinas que hacen “piiiiiing” y perchas de bolsas de goteo, me hacen tumbar y solo veo el gran foco del techo, montan una especie de tenderete sobre mi pecho, siento que me quitan los pantalones y levantan el camisón, me despido mentalmente de mis hijos nonatos.

La gente trastea a mi alrededor, se escuchan tantas voces que me parece estar en el camarote de los hermanos Marx, espero que las chicas no critiquen en el tamaño de mi hermanito el calvo, pues estoy tan acojonado que debe parecer un percebe, una auxiliar me pincha un goteo en la mano izquierda y otra un pulsímetro en la derecha, la maquinita se anima marcando números y líneas de picos, noto como me ponen una tela allá abajo, el medico dice:

-      Tranquilo Javiet, ahora pasaremos tus bolas por el agujero para ver bien la zona, si quieres despedirte este es el momento.

Vaya por dios, me tocan dos médicos de cachondeo, puede que en sus horas libres vayan al club de la comedia, pero a mí no me hacen demasiada gracia dado mi acojonamiento pre operatorio, les noto trastear allí y mojarme la zona con algo, digo:

-      Quitarme el Betadine frotando con un estropajo va a ser la hostia, sobre todo con puntos recientes.

-      Puedes hacerlo con cuidado – responde uno de ellos- o con un estropajo de aluminio, ¡eso va en gustos!

-      Supongo que todo es empezar, ya veremos.

-      Bueno vamos, ¡tranquilo ahora! Notaras un par de cortecillos y en seguida estarás listo.

Silencio, pinchazo para anestesia, ignoro lo que hacen pero los noto trastearme, uno de ellos dice:

-      Sentirás un corte, tranquilo.

Lo siento, corte y tirón en mi huevo izquierdo, dolor suave pero persistente, cierro los ojos y aprieto los dientes, me pica la nariz, el dolor aumenta paulatinamente, un rato después pasan al derecho y repiten la operación, esta vez duele más, el medico cachondo dice:

-      Espero que no se nos haya ido la mano y cortemos de más.

Estoy acojonado y dolorido, me están trasteando allí pero debo seguir la broma por pundonor, respondo:

-      Si sobra algo me lo ponen en un taper, así cenare criadillas frescas.

-      ¡Muy bueno! eso es buena señal, por cierto ¿te han hablado de los efectos secundarios?

El dolor ha cedido, ahora siento el movimiento rítmico de alguien cosiéndome, respondo:

-      ¡No fastidiemos! ¿Qué efectos secundarios?

-      Se te afinara la voz y empezaras a mirar el culo de tu cuñado con otros ojos. –escucho risitas.

-      ¡No jodas! a la vejez viruelas, ¡parad!

-      Ya es tarde amigo, ¡que no hombre, que es cachondeo para que te relajes!

La operación acaba, me quitan el goteo poniéndome en la silla de ruedas, agradezco a todos su actuación y una celadora bajita y cincuentona se me lleva de vuelta al ascensor, no sé si será por la anestesia, pero veo menos que un pez por el culo, la cabeza se me va un poco, de vuelta a la planta séptima los críos nos paran en otras dos plantas, cuando llegamos tengo la boca seca se lo comunicó a la celadora, esta negocia entre darme un vaso de agua o un zumito, tras algunas negociaciones consigo un café templado, mientras me lo tomo la cabeza se me va aclarando, escucho a la celadora y a la enfermera cambiándose unos días para salir en semana santa, la cosa mejora cuando me dicen que me vista y por fin me pongo las gafas, ¡Albricias! Por fin el mundo deja de oscilar.

Me dan el informe de alta, alucino al leer el texto, cito: Motivo de alta: Curacion/Mejoria. Me acaban de rajar las pelotas y me voy a casa con dos costurones, pero estoy curado 20 minutos después de abandonar el quirófano, ¡toma ya!

Salgo a la calle y enciendo un cigarrillo, me acerco al bar más cercano para tomarme un buen café con churros, un rato después paro un taxi dandole mi dirección, el taxista ve un gesto de dolor en mi cara cuando me siento y dice:

-      ¡Está usted bien?

-      Es que vengo del hospital, de una operación leve, ya sabe.

-      ¿El hospital? Que…

-      Es un gran edificio, lleno de médicos y a veces no hay camas, vámonos.

                                           FIN.    


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