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Fecha: 20-Ago-14 « Anterior | Siguiente » en Lésbicos

Me niego a ser Lesbiana (16)

Nokomi
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Tiempo estimado de lectura: [ 99 min. ]
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Una gran fiesta de cumpleaños. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Juventud, divino tesoro.

Contra todo pronóstico, llegué al día de mi cumpleaños número veintidós sin pareja, estuve cerca de celebrarlo teniendo una novia. Si en este momento pudiera hablar con aquella distante Lucrecia que hace un año estaba cumpliendo veintiuno le preguntaría si me creería que en poco tiempo comenzaría a mantener relaciones sexuales y sentimentales con mujeres. Probablemente me hubiera tratado de loca y hubiéramos terminado discutiendo… o tal vez esa Lucrecia hubiera sentido un gran alivio al no tener que reprimir más un sentimiento que estaba guardado en lo más profundo de su ser. De seguir retrocediendo en el tiempo me toparía con aquella inocente Lucrecia de diecinueve o veinte años, con ella si hubiera tenido un fuerte encontronazo, con sólo escuchar mencionar la palabra “masturbación” o “lesbiana” hubiera iniciado una discusión interminable, por más que supiera que hablaba con una versión de ella misma con más años.

Aún podía recordar mis primeros vestigios de aceptación al ver aquel llamativo video de Lara masturbándose, hoy podía decir que la había visto masturbándose cientos de veces y haciendo cosas mucho peores en las cuales yo misma había participado. ¿Había madurado de pronto? Tal vez el dejar atrás a esa pequeña muchacha que se negaba a aceptar su sexualidad, había dado el primer paso para definir mi personalidad y salir del ingenuo estanque en el que vivía, donde el sexo era tabú. Ahora todo eso estaba tan atrás que me costaba creer que hubiera pasado tan poco tiempo.

La tarde anterior al día de mi cumpleaños la pasé sola disfrutando de mi nuevo departamento y quise expresar la increíble libertad que sentía al estar en un sitio propio, por eso anduve desnuda casi todo el tiempo y me masturbé dos veces en el medio de la sala de estar, no porque estuviera realmente excitada, sólo quería demostrarme que allí yo mandaba y podía hacer lo que quisiera cuando quisiera. Al actuar de esa forma no pude evitar reírme de la vieja Lucrecia que se escondía en el baño para poder tocarse, que reprimía todos sus gemidos y que hasta temía abrir las piernas. A veces la culpa se me hacía tan grande que ni siquiera llegaba al orgasmo y suspendía toda actividad de autosatisfacción durante semanas. Ahora había llegado a un punto en el que no podía estar sin masturbarme o sin mantener relaciones sexuales con alguien por más de tres días. El cuerpo y la mente me lo pedían a gritos.

El día veintisiete de julio inició como un domingo aparentemente normal, era el segundo fin de semana que pasaba en mi departamento pero ya lo sentía mi hogar, aunque continuara prácticamente vacío y mi dormitorio seguía siendo poco más que un colchón en el piso, amaba este lugar. Más de una vez me quedé mirando el contrato que demostraba que me pertenecía, no podía creer que tuviera una propiedad a mi nombre. Hablando de nombres, el mío continuaba ocasionándome molestias, Anabella continuó con su jueguito y cada vez que se le ocurría un nombre femenino que comenzara con la letra R, me lo enviaba en un mensaje de texto. Propuso nombres como Rafaela, Roberta, Roxana, Rosa, Rosalía o Rocío y siempre se llevó un “No” como respuesta, hasta me causó gracia que sugiriera el nombre Rosaura, el cual ni siquiera conocía.

Nunca di mucha importancia a mi cumpleaños, para mí siempre fue un día más en el calendario que sólo me recordaba que me volvía vieja, pero Lara opinaba algo totalmente diferente, primero se quejó conmigo al decirme que tener veintidós años es disfrutar de plena juventud, luego me dijo que de alguna forma debía celebrarlo pero yo le recordé que no tenía mucho dinero, me las estaba arreglando con algo que había conseguido arrebatarle a mi madre y con dinero que mi hermanita me prestó de sus propios ahorros. Le juré devolvérselos en cuanto pudiera aunque ella insistió que eran un regalo por mi cumpleaños.

-Yo te ayudo Lucre, tengo algo de plata guardada, te prometo que no vas a gastar ni un centavo, pero algún festejo tiene que haber, aunque sea algo chiquito, con algunas amigas y listo –insistió, tal como venía haciendo desde el día en que dejamos de ser pareja.

                                                                          

Como solía ocurrir en estos casos, logró convencerme y comenzó a llamar a las pocas buenas amigas que aún tenía. Localizó a Lara Edith, quien fue la primera en llegar y tuve que pedirle disculpas por no haberla llamado en tanto tiempo pero ella comprendió los problemas que tuve que atravesar durante las últimas semanas y también entendió que, como mi Smartphone había quedado reducido a pedacitos, su número telefónico había quedado perdido allí dentro. La única forma de contactarla fue a través de Tatiana, con quien mantenían una pequeña amistad que básicamente consistía en enviarse mensajes de texto o chatear alguna que otra vez.

La pequeña Edith estaba preciosa, aún mantenía su pelo alisado y un conjunto de ropa sobrio pero femenino, que en nada se parecía a aquellos horribles vestidos que usaba cuando nos conocimos. Volví a insistir en que sus nuevos anteojos favorecían mucho sus facciones y ella se alegró de oírlo. Pocos minutos más tarde el departamento comenzó a llenarse de mujeres, estaban algunas de mis amigas heterosexuales de la universidad y por supuesto la mencionada Tatiana había hecho acto de presencia. No me sorprendió ver llegar a Samantha con un radiante conjunto blanco que hacía resaltar el verde de sus ojos y el rojo de su cabello como si fueran luces navideñas. Tuve la sospecha de que ya había llegado a sus oídos el rumor de mi separación con Lara y que pretendía impresionarla. No hice comentario alguno al respecto, me limité a sonreír y a dejarles la vía libre. Me sorprendió ver a tantas invitadas y me apenó mucho tener que recibirlas en un departamento tan vacío, pero a ninguna pareció importarle este detalle, todas sabían por qué no había más que dos sillas y también comprendían que la mayoría debía sentarse en almohadones en el piso, ya que estos eran considerablemente más económicos que las sillas. Una de mis amigas comentó que todo esto se parecía a un picnic en un museo, aunque no hubiera ni un solo cuadro colgando de las paredes, no estaba tan equivocada, las amplias salas tenían todo el aspecto de un museo. Me alegró saber que tampoco les molestaba compartir los vasos a la hora de tomar algún refresco ya que había logrado comprar solamente cuatro y no habían sido nada baratos. Ahora era mucho más consciente del verdadero valor de las cosas. Si en mi antigua casa se me hubiera roto un vaso me hubiera importado muy poco pero ahora temía que alguno quedara hecho añicos ya que supondría perder la cuarta parta de las existencias.  

La mayor alegría de la tarde la tuve cuando vi llegar a Anabella. No creí que fuera a presentarse ya que no era amante de las reuniones sociales y también porque supuse que se sentiría sumamente incómoda rodeada de lesbianas, aunque no todas lo fueran. Por suerte esto no era más que producto de mi paranoia, la monjita se comportó como si fuera una chica más de un gran grupo de amigas. Nadie podía afirmar cuál era su profesión ya que no había ni el menor vestigio de un hábito religioso. Estaba usando el conjunto de ropa que yo misma le había regalado tiempo atrás, cuando se sentó en uno de los sillones pude ver asomarse una bombachita rosa por detrás, eso me despertó una enorme ternura. Al venir vestida de esa forma realmente me demostraba lo mucho que me apreciaba y que valoraba lo que yo había hecho por ella. Ni tengo que decir que en más de una ocasión fantaseé con tomarla de la manos, abrazarla, besarla en frente de todas, pero no podía hacer ninguna de esas cosas por lo que preferí mantener la mayor distancia posible entre ella y yo.

-¿No viene ningún chico? –preguntó Jorgelina.

Ella tenía fama de promiscua y algunas de las presentes se molestaron un poco con su comentario por creer que estaba planeando acostarse con un hombre mientras intentábamos disfrutar de una inocente reunión de amigas pero Jorgelina se explicó mejor y dijo que le parecía un tanto extraño que todas las invitadas sean mujeres.

-Es que tengo pocos amigos varones –le dije- nunca me llevé bien con los hombres, en ningún sentido –en ese momento recordé a Alejandro- hace poco conocí a un chico que me cayó muy bien, no lo invité porque le tengo poca confianza todavía.

La verdad es que no lo había invitado porque no quería que su prometida iniciara una batalla campal al ver a su amado rodeado por tantas mujeres, de las cuales muchas eran hermosas. Me hubiera encantado que vea a Samantha, especialmente como estaba vestida ahora, Lorena podía competir conmigo ya que era mucho más bonita que yo, pero a pesar de eso, la pelirroja la superaba, al menos en mi humilde opinión. ¿Y quién superaba a Samantha en belleza? Creo que sería un tanto imparcial si respondo a esa pregunta, porque en ese momento yo sólo tenía ojos para Anabella.

-Bueno, pero nadie puede decir que no sabés hacer amigas –acotó Daniela, una de mis ex compañeras de facultad- hay algunas que ni las conozco, a ella la vi una vez –señaló a Edith- el día… bueno ya saben qué día –se puso roja al recordar lo que sucedió aquella tarde en los vestuarios con Cintia- pero ni me acuerdo de cómo se llama.

-Se llama Edith –le respondí.

-Me llamo Lara –se quejó la pequeña.

-Pero ya hay otra Lara y prefiero decirte Edith, para evitar confusiones.

-Ya te dije que no me gusta ese nombre –frunció el ceño- además toda la vida me dijeron Lara.

-No me importa, igual te voy a seguir diciendo Edith.

-Que injusta que sos Lucrecia –habló la monjita- a vos tampoco te gusta que te llamen por tu segundo nombre –la quería matar por sacar a la luz ese tema- si la vas a llamar Edith al menos deberías decirle cuál es tu segundo nombre, así estarían en igualdad de condiciones –escuché la risa de Lara, mi ex novia y la miré con una ira asesina.

-Me cae bien la monjita –aseguró la morena.

-¿Es monja? –preguntó Daniela boquiabierta y supe que no era la única sorprendida.

-Sí, y vivo en el convento de la Universidad, siempre me cruzo con ustedes… hasta me saludan y todo ¿ya se olvidaron? –las que recién se enteraban de esto se quedaron mudas admirándola.

-Es que –comenzó diciendo Jorgelina- con esa ropa… no parecés monja.

-Eso también es culpa de Lucrecia, ella insiste en que tengo que vestirme así… hoy le di el gusto sólo por ser su cumpleaños.

-A mí no me importa si es monja o cura –dijo Edith- yo ahora quiero saber el nombre de Lucrecia.

-No te lo voy a decir –contesté molesta- y si yo no lo digo, no lo van a saber.

-Hay alguien más que lo sabe –aseguró Anabella, me sorprendía la facilidad que tenía para hacerse la ingenua, pero sin embargo, miró directamente a mi ex novia.

-A mí no me miren –se atajó ella- si yo lo digo, me mata. Una vez la llamé cariñosamente por ese nombre y estuvo dos horas sin hablarme –eso era totalmente cierto.

-Que exagerada Lucre –dijo Edith riéndose- ¿tan feo es?

-No es que sea feo, es que a ella no le gusta y la conozco muy bien, puede ser la persona más testaruda del mundo cuando algo se le mete en la cabeza. Si no te quiere decir el nombre, no te lo va a decir.

-Yo también lo sé –giré la cabeza y descubrí que era Samantha la que había hablado.

-¿Y vos cómo lo sabés?

-Porque lo leí en tu archivo de la Universidad. Te entiendo Lucrecia, a mí tampoco me gustaría llamarme así. Mi segundo nombre es María, tampoco me gusta, pero es un nombre normal, que mucha gente tiene. No es como el tuyo.

-Si lo decís, te mato.

-¿Tanto problema hay con que lo digan? –preguntó Edith.

-Es que después lo usarían para burlarse de mí, además, ese nombre no me representa para nada. Si fuera por mí me lo hubiera cambiado hace tiempo, a Lucrecia también. Me sorprende ver al punto que llegaste Anabella, ¿ahora vas a sobornar a Samantha para que te lo diga?

-No hace falta, sé que tarde o temprano lo voy a averiguar. Por descarte.

-Ahí la que está en ventaja sos vos, que ni siquiera tenés segundo nombre y… no sé cuál es tu apellido –me quedé con la mente en blanco, luego de tantas charlas íntimas con esta mujer, a la que adoraba, me daba cuenta de que nunca le había preguntado por su apellido.

-Si hubieras preguntado te lo hubiera dicho. ¿Hacemos un intercambio?

-No, lo voy a averiguar.

-Serkin.

-¿Qué?

-Mi apellido es Serkin. Es de origen ruso, como mi papá.

-¿Y por qué me lo decís? Yo no te voy a decir mi nombre.

-No importa, prefiero que lo sepas y ya. Ahora volvés a estar en desventaja, porque no tenés nada que averiguar sobre mí –me sonrió.

-Eso no se vale, yo te quería demostrar que podía averiguarlo antes de que vos sepas mi segundo nombre.

-Lo que pasa es que yo soy más inteligente que vos –se jactó.

-No es cierto ¿qué querés apostar? –Me estaba atacando el orgullo y se lo haría pagar- y si es para extorsionarte… tengo con qué hacerlo y lo sabés muy bien –pensé que se enojaría porque era una obvia amenaza sexual.

-Nada que no pueda controlar. Lo admitas o no, te llevo ocho años de ventaja, por más que sea monja, algo aprendí de la vida.

-No se nota.

-¿No? Yo creo que te lo dejé bien en claro más de una vez que adiviné tus “intenciones”.

-¿Y qué intenciones tengo? –tenía un nudo en el estómago y el corazón me repiqueteaba ¿a qué estaba jugando?

-Unas no muy buenas, impropias de una chica normal de tu edad.

-Puede que hayas aprendido muchas cosas de la vida, pero aprendiste más de mí. Tampoco estés tan segura… puede que no puedas contra mis “intenciones”, ya lo dijo Lara, puedo ser la persona más testaruda del mundo y cuando algo se me mete en la cabeza, no paro hasta conseguirlo.

-Pero hay cosas que están fuera de tu alcance, Lucrecia.

-¿Por qué no se van a un hotel y ya? –Preguntó Edith- parecen marido y mujer.

Allí recordamos que no estábamos solas, ambas nos sonrojamos. Anabella se puso tan incómoda que volcó un vaso que tenía cerca, por suerte no se rompió. De pronto me carcomió la pena, la había hecho quedar mal en frente de todas mis amigas. Ella también había olvidado a las presentes y habló más de la cuenta, yo podía limitarme a reír ya que todas sabían de mis preferencias sexuales pero para Anabella no era así, recibir burlas con respecto a ese tema podía afectarla mucho.

-¿Qué era todo eso de las “intenciones”? –preguntó Tatiana con interés; la monjita estaba pálida y desorientada.

-¿Lucrecia te insinuó algo? –esta vez la pregunta vino por boca de Daniela, siempre dirigidas a la pobre Anabella.

Sabía que debía hacer algo para desviar la atención, de lo contrario a ella le daría un ataque o saldría corriendo para esconderse a llorar en un rincón, yo la conocía bien, sabía que todo ese jueguito de “niña madura y segura” era una coraza que armaba para defenderse, al igual que sus hábitos, pero que en el fondo era frágil, insegura y temerosa. La culpa era mía por presionarla tanto y ahora no había nada en el mundo que deseara más que protegerla.

-Redenta –dije de forma automática; el efecto causado fue el esperado, todas voltearon a mirarme, inclusive aquellas que ya lo sabían- mi segundo nombre es Redenta.

-Dios mío, es horrible –dijo Edith llevándose una mano a la boca.

Mientras todas murmuraban al respecto miré directamente a los ojos de miel de Anabella, al instante me mostró una perfecta fila de blancos dientes, con esa sonrisa me indicaba que había comprendido  perfectamente lo que yo había hecho.

-Ni siquiera se me hubiese ocurrido –aseguró la monjita- no es feo. Es raro, pero no es feo.

Por suerte el sacrificio valió la pena, olvidaron por completo todo ese asunto entre Anabella y yo, el nuevo debate se centró en los nombres, lindos y feos, pero sobre todo, en los nombres raros. La más pequeña de todas aseguró que me llamaría Redenta cada vez que yo la llamara Edith. A varias de mis amigas se les ocurrieron formas de extorsionarme ahora que conocían algo que yo detestaba y que me veía obligada a llevar conmigo a donde fuera. Solamente Lara se impuso ante ellas y les aseguró que si algún día escuchaba que se burlaban de mi nombre, las iba a moler a palos. Esta chiquita iba a ser siempre mi protectora, por más que no fuera mi novia.

Minutos más tarde acompañé a Anabella hasta la puerta, ella supuso que era mejor retirarse antes de que alguna quiera retomar la conversación que había quedado pendiente. Como la puerta de entrada estaba considerablemente lejos de la sala, tuvimos varios minutos para charlar a solas.

-Gracias Lucrecia. Sé que para vos no debe ser nada fácil el que todas sepan tu nombre, si vamos al caso es solo un nombre, pero si a vos no te gusta… no te gusta y yo respeto eso. Te prometo que nunca me voy a burlar de vos sobre eso. Te pido disculpas, sé que todo fue por mi culpa.

-No Anabella, no lo fue. La culpa es mía por ponerme tan infantil, al fin y al cabo es sólo un nombre, debería empezar a aceptarlo, como hice con Lucrecia. Lo que te pido es que la próxima vez seas más cuidadosa con tu lengua. No creas que no me di cuenta a qué te referías… y si bien me molesta que me “histeriquees” de esa forma, la que puede tener problemas sos vos. Imaginate si alguien sospecha lo que pasó… porque pasaron cosas que no pueden salir a la luz, por tu propio bien.

-Sí, lo sé. Pero qué se yo… quería sentirme una chica normal por un ratito. Me gustó que me hayas incluido en tu grupo de amigas. Nunca tuve amigas.

-Eso es algo que tenés que cambiar, eso sí que no te lo impiden tus votos. Podés tener miles de amigos.

-Estoy intentando cambiar eso, de verdad.

-Me parece bien, vos sos una chica muy buena, Anabella. No merecés estar tan sola. ¿De verdad no te querés quedar a cenar? Te prometo que nadie va a hablar de lo que pasó, Lara se puede encargar de eso fácilmente.

-Esa chica puede ser muy persuasiva cuando se lo propone.

-Totalmente, sino preguntale a mi mamá –ambas nos reímos- dale Anabella, quedate. No quiero que pases el resto del domingo, encerrada y sola en una habitación.

-Me voy porque tengo planes. Creeme que no voy a tener tiempo de sentirme sola.

-¿Estás segura?

-Sí. No te preocupes. Después te cuento bien, porque es medio largo para contar y tus amigas te están esperando.

-Está bien –no me interesaban mucho sus actividades religiosas, pero a veces debía escucharlas simulando interés porque era lo único que ella podía contarme de su vida- otro día me contás. Gracias por haber venido –la abracé con más fuerza de lo que era prudente y le di un largo beso en la mejilla deseando que esa fuera su boca.

-Gracias a vos por haberme invitado –me susurró al oído, supe que mi abrazo la estaba afectando de alguna forma- de verdad me agrada saber que me consideras una persona importante en tu vida.

-Ya te lo dije… y te lo repito: sos una de las personas más importantes para mí y sólo quiero verte bien –acaricié su espalda y la miré fijamente a los ojos, otra vez mi corazón me delató, ella seguramente podía escuchar el tamborileo.

-Y creeme que yo escucho atentamente tus palabras, sé que tengo que cambiar ciertas “actitudes”, ver las cosas con otros ojos –el repiqueteo de mi corazón se detuvo en seco.

-Sí Anabella. No podés ser tan cerrada mentalmente –quería que ella supiera que había comprendido a qué se refería- lo que está bien o mal en la vida lo decidís vos, por eso tenés libre albedrío –mi aliento chocaba contra el suyo; su espalda chocó contra la pared y allí supe que la estaba haciendo retroceder inconscientemente.

-Todavía pienso en lo que vimos en ese cuarto… las dos Hermanas… eso me abrió mucho los ojos, sé que la vida no debe ser tan estricta.

-Totalmente –me estaba volviendo loca y no sabía qué decir, en lugar de eso deslicé mi mano derecha hacia abajo hasta que logré atrapar una de sus nalgas- en la vida hay que disfrutar y amar. El amor no puede tener nada de malo.

-Eso depende de hacia qué o quién esté orientado el amor –presté poca atención a sus palabras.

-¿Sabes una cosa? Todavía no me diste mi regalo de cumpleaños –acerqué mi cara a la suya todo lo que pude, nuestras frentes y narices se tocaron.

-Es cierto, perdón pero no pude comprarte nada…

-¿Quién habló de comprar? Un regalo no tiene por qué ser algo material –aproveché para acariciar en círculos su firme nalga, sentir esa rigidez esférica bajo mis dedos me llenaba el estómago de mariposas y quién sabe qué otro bicho revoltoso.

-En eso tenés razón, pero no sé qué puedo regalarte yo. ¿Querés que rece alguna oración por vos?

-Eso es algo que puedo hacer sola, pero te agradezco la intención. De hecho yo pensaba en algún regalo que no tuviera nada que ver con Dios, es más, si podríamos olvidarnos de él por un ratito, sería perfecto.

-Yo nunca puedo olvidarme de Dios –miré sus labios carnosos que brillaban tan cerca de mi boca.

-¿Nunca te podés olvidar de Él?

-No…

-Veremos…

Sus reflejos seguían siendo pésimos. Si quiso esquivarme no llegó a hacerlo a tiempo, mis labios tocaron los suyos y titubeé por un corto instante, cuando supe que no se movería, apliqué más presión y me apoderé de su labio inferior. La exaltación me llevo a apretar con más fuerza su cola, ella dio un pequeño salto pero no se apartó de mí, aunque de haber querido hacerlo, no hubiera podido. No fue un beso muy largo pero sí intenso. Le puse fin sólo por temor a que alguien apareciera y nos viera. Corroboré que seguíamos tan solas como antes y fui soltándola de a poco.

-¿En quién pensabas?

-¿Eh? –ella estaba evidentemente confundida y atontada.

-Recién. ¿En quién pensabas?

-Prefiero no responder… ¿por qué hiciste eso Lucrecia? ¿No habíamos acordado que ya no me molestarías con estas cosas?

-¿Te molestó que te haya besado?

-La verdad es que sí, me molesta mucho que me presiones de esa forma y me hacés las cosas mucho más difíciles.

-Perdón, solamente buscaba mi regalito de cumpleaños.

-¿Si? Entonces que ese regalito te dure hasta que cumplas cien años, porque no te lo voy a dar otra vez.

-No podés asegurar eso.

-Basta Lucrecia, te lo digo de verdad. A veces me hablás de una forma totalmente comprensiva, me apoyás y me das buenos consejos, después están los momentos como éste, donde me forzás a hacer cosas que yo no quiero. Lo hablamos el otro día… ya te expliqué los por qué… ya lo dimos por concluido… ¿por qué tenés que salir otra vez con esto?

-¿Tanto te molesta que te besen? Al fin y al cabo un beso no es gran cosa Anabella.

-Si fueras hombre no me molestaría… pero esto es antinatural y no me gusta.

-Mentira… si fuera hombre te molestaría igual, lo que a vos te molesta es el contacto físico, porque te hace perder el control.

-Si quiero perder o mantener el control con un hombre es tema mío, pero con una mujer… no. No hay manera. Te lo expliqué mil veces y espero que lo entiendas. Somos amigas Lucrecia, no quiero perder tu amistad una vez más… allá tenés muchas chicas con las que hacer las cosas que te gustan… no entiendo por qué me buscás a mí. Tal vez ni vos sabés el por qué… sos tan impulsiva que no me extrañaría.

-Sí sé el motivo –respondí desafiante.

-¿Ah sí? Estaría bueno que me lo expliques, porque yo no lo entiendo.

-Porque ninguna de esas chicas me hace sentir lo que siento cuando estoy con vos –se quedó muda mirándome con los ojos titilantes- además… si no te gustara me hubieras frenado desde el principio, pero vos dejaste que eso pase… no me eches toda la culpa a mí.

-Es que… no sabés lo difícil que es controlarse… y no es porque me gusten las mujeres o porque me gustes vos… ya te lo expliqué Lucrecia. No quiero hablar más de esto… si fueras…

-Sí, ya sé… si fuera hombre sería diferente. Esa es una mentira que ni vos te crees Anabella. Lo que a vos te jode es que se despierten pensamientos y deseos impropios de una monja.

-¿Y está mal eso? Es mi vocación Lucrecia y creeme que no soy tan estúpida como vos pensás, yo sé hasta dónde puedo llegar con los pensamientos y deseos impropios y puede que esté buscando establecerme nuevos límites… pero no quiere decir que me agrade que me avances de esa forma.

-Está bien Anabella, pensá como quieras –estaba ofuscada.

-Por supuesto… las cosas que yo haga van a ser porque yo quiero hacerlas y no porque alguien me las impone o me fuerza a hacerlas.

-Y eso significa que vas a vivir una vida vacía, sin emociones.

-Mi vida no está vacía… no sos la única persona que forma parte de mi vida Lucrecia. No te creas el centro del mundo.

-¿Cuándo dije yo semejante cosa? Yo no soy el centro del mundo de nadie… ni siquiera del mío –le iba a decir que ella era el centro de mi mundo pero supuse que sería exponerme demasiado- ya mejor andate Anabella, gracias por haber venido pero no quiero interrumpir tus “planes” –lo dije de forma despectiva porque sabía que sus planes no eran para nada interesantes pero inmediatamente me sentí mal por haberle dicho eso.

-Sí, mejor me voy. Tengo cosas que hacer –abrió la puerta que daba al hall con los ascensores, salió del departamento con los puños apretados en un gesto de furia pero allí fue cuando se detuvo y giró para verme- ¿por qué siempre tenemos que terminar peleando? A veces me sacás de mis casillas –pude ver de nuevo aquella Anabella dulce y cariñosa que me derretía el corazón.

-No sé… te pido perdón… soy una boluda, a veces digo cosas que no quiero decir y soy muy cobarde como para admitirlo.

-Lo estás admitiendo ahora… es un avance. No quiero que peleemos… yo te… te quiero mucho Lucrecia –al decir esto se lanzó sobre mí con la velocidad de una serpiente y me dio un corto beso en la boca- feliz cumpleaños.

-¿A qué se debió eso? –pregunté más confundida que nunca.

-Dejalo ahí Lucrecia, no le busques la quinta pata al gato. Chau, que pases una linda velada.

-Gracias… vos también.

-Eso espero… si todo sale bien… -volvió a sonreírme cariñosamente y se dirigió hacia uno de los ascensores.

Instantes más tarde Lara me encontró aún de pie bajo el marco de la puerta del departamento con la mirada perdida en el infinito.

-¿Estás bien Lucrecia? –me preguntó tomándome de un brazo con suavidad.

-No, para nada –pasé una mano por mis ojos de forma automática y me sorprendí al sentirla húmeda.

-¿Por qué lloras? ¿Pasó algo?

-Me está volviendo loca… no sé qué hacer. No sé qué quiere… no sé qué quiero yo… ya no entiendo nada.

-Tenés que contarme qué pasó para que pueda ayudarte.

-La besé.

-¿Ahora?

-Ahora y antes… no es el primer beso que nos damos.

-Entonces… ¿a ella también le gustan las mujeres?

-No le gustan. Ya me lo dejó muy claro, me lo repitió tantas veces que ya tengo que asumirlo.

-¿Por qué te besó entonces?

-Eso fue por mi culpa… fui yo quien la besó a ella.

-Ay Lucrecia… disculpame que te lo diga, pero tengo que serte franca. Ella no te está volviendo loca a vos, vos la estás volviendo loca a ella –la miré a los ojos pidiendo una mejor explicación- imaginate Lucre, ¿qué pensará ella ahora? Es una monja, no es una chica de la facultad… cualquier chica heterosexual se sentiría súper confundida si una mujer la besa repetidas veces… bueno, a ella tenés que sumarle el hecho de que tiene votos de castidad y de quién sabe cuántas cosas más.

-Lo sé… la culpa es mía, te juro que intento resistirme pero no puedo. La veo y me muero de ganas de besarla… perdón que te lo diga así, espero que no te pongas celosa.

-¿Celosa? Si yo estoy igual que vos… esa colorada me está volando la cabeza. No puedo dejar de mirarla… vine a buscarte para no tenerla sentada frente a mí más tiempo.

-Pero hay una gran diferencia Lara… vos ya te acostaste con Samantha, sabés que tenés chances… en cambio yo…

-En cambio vos estás apuntando hacia donde no se debe. No sé si te enamoraste de ella o sólo es calentura, pero olvídate Lucre, te lo digo por tu bien y por el de ella. Está lleno de lesbianas… y vos podrías conseguir la que te guste con gran facilidad. Ahí está Tatiana, por ejemplo. ¿No te parece que es linda?

-Es hermosa… y la quiero un montón, pero como amiga. No me despierta otros sentimientos más que amistad y algún que otro deseo sexual. Ninguna de esas chicas me despierta algo especial, por la única que lo sentía era por vos… y todavía lo siento, pero prefiero que nuestra relación sea de compañeras, más que amigas, pero sin llegar a ser pareja.

-Sí, eso mismo te iba a decir. Creo que nuestro problema fue querer ponerle una palabra a nuestra relación… somos lo que somos y punto. No hace falta poner un contrato social de por medio. Pero ¿sabés por qué podemos hacerlo? Porque nos entendemos, nos tenemos confianza y compartimos muchos puntos de vista, cosa que no pasa con Anabella y con vos. No te lo digo por ser cruel, pero vos lo sabés mejor que nadie, ella no piensa como vos ni quiere hacerlo.

-Tenés razón. Tengo que sacármela de la cabeza ¿volvemos a la sala?

-Sí, porque si no volvemos rápido las chicas van a pensar que te estás violando a la monja y que yo me uní a la fiestita.

-No pongas esas ideas en mi cabeza o la violada vas a ser vos –le sonreí limpiando las últimas lágrimas que rodaban por mis mejillas. 

 

*****

Luego de la partida de Anabella el número de invitados se fue reduciendo hasta que quedamos solamente seis. Lara, Edith, Tatiana, Samantha y Jorgelina decidieron quedarse al “festejo nocturno” que consistía en tomar algunas cervezas y comer algo rápido. No pude dejar de sorprenderme al ver mi refrigerador, que antes había estado completamente vacío, repleto de botellas de cerveza y algunas de gaseosas. Habíamos acordado que a todas nos agradaba la cerveza y eso hizo mucho más fácil la elección de la bebida, pero el número de botellas me parecía demasiado elevado.

-Si sobran podés guardarlas para otro día –me dijo Jorgelina, quien se había quitado el saquito de lana que llevaba y ahora exhibía una blusa exageradamente escotada-  Tati dice que tomás mucho, por eso trajimos tantas.

-¿Cómo es eso? –Me quejé- no tomo tanto. Hace días que no pruebo una gota de alcohol.

-Pero cuando empezás a tomar no hay quién te pare –acotó Tatiana, estuve a punto de responderle pero sabía que no tenía muchos argumentos a mi favor.

Debo admitir que la idea de Lara resultó ser mejor de lo que imaginaba. La estaba pasando muy bien y hacía mucho tiempo que no me divertía de forma tan despreocupada, por unas horas pude olvidarme de todos mis problemas. También me di cuenta que no me dolía tener mi ex novia cerca sabiendo que ya no éramos pareja. Al contrario, habíamos desarrollado una confianza mutua que me agradaba mucho.

-¿Cómo va la relación entre Lara y vos? –me preguntó Jorgelina, me di cuenta de que hacer esa pregunta le incomodaba un poco pero a la vez quería demostrar que estaba de acuerdo con nuestra orientación sexual.

-Ya no estamos juntas –le respondí e inmediatamente miré la cara de Samantha, fue la primera vez que noté una reacción de sorpresa por su parte pero como estábamos sentadas en círculo y todas nos veíamos a la cara, no tuvo forma de disimular aunque yo seguía con la idea de que ella ya sabía de nuestra ruptura.

-¿Por qué, se pelearon? –la pobre Jorgelina parecía estar todavía más incómoda.

-No, simplemente decidimos que ya había terminado esa etapa –la que contestó fue Lara.

-O sea… ¿no son más lesbianas?

-No Jor –le dije riéndome- una no deja de ser lesbiana de un día para el otro -la chica estaba hablando de un tema totalmente ajeno a ella y al parecer mis comentarios la confundían más- esto era como cualquier relación de pareja, vos sabés muy bien que a veces no funcionan como uno lo esperaba y justamente decidimos ponerle fin antes de terminar peleando por alguna estupidez.

-Que raras que son, si yo me peleo con un chico con el que estaba saliendo, no lo quiero ver ni en fotos… y ustedes están acá hablando lo más tranquilas como si nada pasara.

-Eso es porque las dos estuvimos de acuerdo en terminar con la relación –Lara hablaba con su característica tranquilidad y seguridad- pero si hubiera sido diferente tal vez nos hubiéramos dejado de hablar, algo que ya ha pasado… pero prefiero no acordarme de eso.

Volví a centrar mi atención en Samantha, la pelirroja parecía estar esforzándose por no sonreír, eso me llevo a pensar que de verdad sentía algo por la pequeña morochita. Algunos minutos más tarde aproveché que ella quiso que le indicara dónde estaba el baño y en lugar de señalarlo, la acompañé. Justo antes de que entrara la tomé por el brazo y le dije que tenía que hablar con ella.

-Te estucho –me dijo con cierto temor en el rostro.

-Es sobre Lara, ella me habló de vos. Me contó lo bien que se están llevando últimamente.

-Perdón Lucrecia, yo no quería…

-Esperá –la interrumpí- escuchame primero. No me molesta que se lleven bien, al contrario, me alegra mucho por las dos, yo quiero que Lara sea feliz y yo sé que no puedo dedicarle la atención que se merece. Antes de que digas otra cosa te digo que conozco tu situación, para vos esto del sexo con mujeres es algo nuevo y ni siquiera sé si te sentís cómoda haciéndolo –tragó saliva y me miró fijamente con sus grandes ojos verdes- no te puedo pedir que te pongas de novia con Lara o algo parecido porque tal vez no estás preparada para dar semejante paso, creeme que yo tampoco lo estuve y hoy preferiría haber pensado mejor las cosas, no es porque la haya pasado mal con ella, sino que el noviazgo viene con muchas responsabilidades y las cosas se complican mucho más si la otra persona es de tu mismo sexo –asintió con la cabeza demostrándome que había captado su atención- por eso lo único que te quiero pedir es que no la ilusiones. No sé cómo vas a hacerlo pero intentá aclarar tus ideas primero y si vos pensás de que existe al menos una mínima posibilidad de que estén juntas, entonces metele para adelante porque Lara es una chica increíble, pero si no querés involucrarte en una relación seria con una mujer, al menos decíselo de entrada. No la tengas a las vueltas porque sé que ella siente algo por vos, la conozco muy bien y también sé que se merece lo mejor y creo que vos podrías dárselo.

-Gracias Lucrecia –me sonrió con gran simpatía- tus palabras me sirven mucho para aclararme los pensamientos. ¿De verdad creés que ella siente algo por mí?

-Sí Sami, de verdad lo creo, por la forma en la que me habla de vos. Está maravillada con todo lo que hacés, yo creo que es un típico caso de amor a primera vista, desde el primer día que te vio supe que habías causado un gran impacto en ella.

-Y ella en mí.

-¿De verdad?

-Bueno, nunca se lo quise contar a nadie pero sí me pasó y es algo que nunca me había pasado con una mujer, pero todo esto es gracias a vos Lucrecia, si vos no me hubieras hecho “debutar” con una chica yo jamás hubiera “salido del closet”. Aquella noche del trío me sentí un poco… ¿cómo puedo decirlo?

-¿Puta?

-Eso me gusta de vos, siempre sos directa. Sí, esa es la palabra. Me sentí una puta por estar acostándome con dos mujeres a la vez pero fue la mejor noche de mi vida.

-Porque lo hiciste con Lara. No me mires con esa cara, yo me di cuenta de que algo pasaba entre ustedes, no lo tomo como un engaño, yo estaba ahí y fui yo quien las llevé a hacerlo, asumo la responsabilidad. Me dolió un poco en su momento, pero son cosas que pasan, al menos sé que Lara se fija en una chica muy buena, de esas que valen la pena.

-No soy tan buena como vos pensás.

-Todos tenemos nuestro lado oscuro… Lara también lo tiene, pero es mejor que lo descubras vos solita. Volviendo a lo que decías… yo también me sentí como una “puta” varias veces. Hice cosas q ni te imaginás, lo que pasó con vos y Lara no fue la primera vez que estuve con más de una persona en una cama –por la forma en que abrió sus ojos supe que la había sorprendido- pero después pensé en que no tengo por qué tomármelo todo tan a pecho, soy joven y me pasé mucho tiempo alejada del mundo del sexo, ahora que lo descubrí pienso disfrutarlo a mi modo, vos también deberías hacerlo. ¿Nunca te pusiste a pensar que los años pasan rápido y que uno no sabe cuánto tiempo lo queda? No es que sea una loca trágica, pero es la verdad, por eso yo no quiero privarme de los momentos buenos cuando estos se me presentan.

-Comparto tu opinión Lucre, para mí también todo esto es nuevo. Sí lo hice con hombres, pero con mujeres nunca lo había hecho.

-¿Hablás del sexo en general o de un trío? –sonrió con picardía.

-Eso lo dejo a tu criterio.

-¡Serás cochina! Está bien, no voy a preguntar de más. Si algún día me querés contar, podés hacerlo, al fin y al cabo vamos a seguir siendo amigas… y si algún día llegás a estar con Lara y quieren invitarme, estoy dispuesta.

-Me sorprende lo bien que te estás tomando todo esto, Lucrecia.

-Eso tiene una respuesta muy sencilla. No le cuentes a nadie pero a mí me pasa lo mismo con otra chica.

-¿Con quién?

-Eso no te lo puedo decir –contesté seriamente.

-¿Es una de las que vino hoy?

-Eso tampoco te lo puedo decir.

-¿Es la monjita?

-La puta madre ¿Tanto se me nota? –comenzamos a reírnos.

-Vos tenés una virtud y un defecto al mismo tiempo. Sos muy transparente.

-¿Por qué todo el mundo me dice eso?

-Porque es la verdad, vos no podés ocultar lo que sentís ni lo que pensás. A la monjita la mirás con un amor que da ternura y te lo dice alguien que no es buena para leer a la gente. A mí me sonríen durante diez segundos y pienso que es la persona más simpática del mundo y tal vez me esté insultando por dentro, pero justamente fue eso lo que me animó a hacerlo con vos. El que seas tan transparente me sirvió para entrar en confianza mucho más rápido de lo que hubiera creído. Pero bueno, con la monjita te juega en contra, deberías intentar disimularlo Lucre. Se te nota mucho.

-Lara también lo notó y me lo dijo, pero también sé que es una causa perdida.

-Y sí, la chica es monja Lucrecia. Es como si yo me quisiera meter con un Cura.

-Prometo que voy a hacer todo lo posible por sacármela de la cabeza.

-Me parece bien… y yo te prometo que voy a hacer todo lo posible para las cosas con Lara marchen bien, así sea como amigas al menos.

-Eso es lo que quería escuchar. Bueno, te dejo… tengo que volver con las chicas porque van a pensar que estamos haciendo alguna chanchada.

Antes de regresar con mis amigas pasé por la cocina a buscar alguna cerveza fría y más bocadillos. Me crucé con Jorgelina, ella se me acercó como si quisiera hablarme en secreto.

-Che Lucre, creo que mejor me voy –me dijo en voz baja.

-¿Por qué, te sentís mal?

-No, no es por eso. Es que me da la impresión de que estoy interrumpiendo algo.

-¿Interrumpiendo qué?

-O sea… creo que la coloradita también es lesbiana ¿me equivoco?

-Aunque lo fuera no entiendo a qué te referís.

-Bueno, es que me parece mucha casualidad que justo hayan quedado las chicas que son lesbianas y Lara habló de “festejar a lo grande”, creo que ustedes tienen planeada una fiestita más… privada –al escuchar esto comencé a reírme como una estúpida.

-Te pasás Jor, la verdad que todo esto de las lesbianas te afectó bastante. ¿Vos pensás que nosotras organizamos una orgía o algo parecido? –me miró con ojos de huevo tibio- el que a todas nos gusten las mujeres no quiere decir que vayamos a terminar en una orgía Jor. No estás interrumpiendo nada.

-¿Segura? Porque Tatiana me mira raro, como si quisiera que me vaya de una vez.

-No, te mira así porque cada vez que te agachás se te ven todas las tetas. ¿Vos no mirarías a un chico al que se le vea…? No sé… ¿qué es lo que más te gusta de los chicos? –por lo libidinosa de su sonrisa adiviné qué estaba pensado- bueno… eso, que se le vea el pajarito… vos estarías mirándolo a cada rato.

-Obvio.

-Bueno, esto es lo mismo… a vos se te ven las tetas y son lindas, si yo estuviera con escote tal vez me mirarían a mí también, pero eso no quiere decir que tengan ganas de violarte o que quieran que te vayas para dar inicio a una fiesta lésbica. Si te molesta que Tati, u otra, te mire las gomas, entonces te recomiendo que te tapes con algo –mientras decía esto aproveché para dar una mirada a su prominente escote, sus senos redondos y bronceados parecían estar a punto de reventar.

-No me molesta que me las miren, ya estoy acostumbrada.

-Bueno, entonces no hay nada más que hablar, vuelva para allá y muéstrele un rato las tetas a mis amigas, nadie le va a decir nada malo.

Con ese comentario la dejé un poco más tranquila, me ayudó a llevar las cosas y regresamos a la sala donde nos aguardaban Tati y Lara quienes estaban hablando sobre el nuevo empleo de Tatiana.

-La verdad es que es mucho más divertido de lo que yo imaginaba –decía la voluptuosa morocha- tampoco es una fiesta constante pero al menos no tengo tiempo para aburrirme y lo mejor de todo es que pagan bien y respetan mis horarios de estudio, de momento no tuve problemas con eso. No les puedo explicar lo bien que me viene tener un ingreso extra, siento que con eso se me solucionaron la mitad de los problemas de mi vida. Hasta pensé en alquilar algún departamento chiquito para poder estar más tranquila.

-¿Por qué, no te llevas bien con tus padres? –preguntó Edith. En ese momento regresó Samantha y se sentó a mi derecha guardando silencio para escuchar la conversación.

-Con ellos me llevo muy bien, no me puedo quejar, pero mi casa es muy chiquita, no tiene espacio para tres personas y siento que yo les estoy robando la intimidad.

-Tengo una idea –le dije a Tati mientras servía cerveza en un vaso- ¿por qué no venís a vivir acá? Si hay algo que me sobra es espacio. Tendrías un cuarto para vos sola y hasta podríamos poner un lugarcito para que puedas estudiar tranquila –vi como su rostro se iluminaba.

-¿Me estás hablando en serio Lucre?

-Claro que sí, sé muy bien lo que se siente eso de no tener hogar propio, por suerte lo viví por poco tiempo, pero no es algo que quiera repetir. Además te ahorrarías el alquiler.

-De eso ni hablar. Si yo vengo a vivir acá, te voy a pagar.

-No Tatiana, de verdad. Podés venir cuando quieras y quedarte el tiempo que quieras, yo no te voy a cobrar nada.

-Lucre, perdoná que me meta –la que habló fue Lara- si bien entiendo que no quieras cobrarle porque es tu amiga, ponete a pensar un ratito, vos ahora no tenés ningún ingreso. Una pequeña renta te puede dar para tus gastos básicos, al menos hasta que consigas un trabajo.

-Lara tiene razón –afirmó Tati- además yo ya estuve sacando cuentas y puedo pagar un alquiler accesible y me sentiría mucho más cómoda, de lo contrario todos los días sentiría que te estoy invadiendo la casa. Otro punto a favor es que mi trabajo no queda muy lejos de acá, por lo que no gastaría en movilidad y eso me ahorraría dinero. Así que no se dice más, si puedo venir, te voy a pagar –no podía discutirles, sus argumentos eran lógicos y de verdad me haría bien tener un pequeño ingreso.

-Está bien, podés mudarte cuando quieras, después acordamos el precio. Quiero la plata el primer día de cada mes o vas a tener que pagarlo de otra forma –le guiñé un ojo.

-Si me lo ponés de esa forma creo que me voy a transformar en una morosa llena de deudas a pagar “de otra forma”.

-¡Ay! –exclamó la Jor- que cochinas, no sé cómo pueden pensar en hacer esas cosas.

-¿Pensar? No lo pensamos, ya lo hicimos –no sé si mi comentario la sorprendió o solamente la asqueó.

-Está todo bien con eso de que les gusten las mujeres… pero ¿entre ustedes también?

-Especialmente entre nosotras –aseguró Lara y todas sonreímos- sino preguntale a Lucre, que se acostó con todas.

-Hey, tampoco digas esas cosas –me quejé- ¿qué va a pensar la chica?

-¿Qué puede pensar, si ella se acostó con media ciudad? –Atacó Lara otra vez- además es la verdad. Sos la única de nosotras que se acostó con las otras cuatro, obviamente no la estoy contando a Jor, porque si su orientación fuera diferente… ya lo habrías hecho.

-Lucre, me sorprendés –Jorgelina me miró como si yo fuera un bicho raro de otro planeta- ¿con las cuatro? ¿De verdad?

-Y con muchas otras que no están presentes –acotó Tati.

-Mirala vos a la Lucre, no te tenía tan putita. Siempre pensé que eras una mosquita muerta.

-Si lo ponemos de ese modo, ella más bien sería el matamoscas, lo sé por experiencia –dijo Edith y todas se rieron, yo no sabía cómo reaccionar, no llegaba a pensar una respuesta para un comentario que ya habían hecho otro.

-Yo era tan inocente antes de conocerla… -agregó mi ex novia.

-¿Inocente? –Esta vez alcancé a hablar- que hayas sido virgen no te hace inocente –no la estaba atacando de verdad, era todo parte de la diversión- estabas todo el día tocándote –se puso roja de la vergüenza y por un momento creí haber ido demasiado lejos.

-Es que… ¿cómo no lo iba a hacer si te tenía a vos como amiga? Te veía y me daban ganas…

-No agredas a la chica por estar tocándose –Jorgelina salió a defenderla- si tocarse fuera un crimen a mí tendrían que haberme dado cadena perpetua.

-Yo siempre creí que vos no hacías esas cosas –le dije- con eso de que siempre te acostás con alguien…

-Tampoco es que siempre tengo con quien hacerlo… y cuando no tengo, hay que descargar de alguna forma -por pura casualidad me fijé en Tatiana, ella tenía la mirada clavada en el escote de la chica y sus mejillas estaban sonrosadas, en ese momento me percaté de que a todas nos estaba afectando un poquito el tomar tanta cerveza –lo que a mí me sorprende –continuó diciendo Jor- es cómo pueden quedar satisfechas estando con otra chica… ¿ninguna extraña el…? –hizo una seña con sus manos que sólo podía estar simbolizando el aparato reproductor masculino.

-No sabría decirte, nunca probé uno –confesó Lara.

-Yo me acosté con un tipo que está re fuerte –se jactó Edith, seguramente se refería a Rodrigo.

-Es cierto, ese tipo es realmente hermoso –acoté para elevar un poquito el ego de la pequeña mujercita, algo que no le vendría nada mal, además decidí aclarar que era cierto porque Jorgelina hizo una mueca que me disgustó, como si no creyera en las palabras de Edith –si a mí no me gustaran tanto las mujeres, te juro que me gustaría estar con un hombre así.

-Sí, lástima que sea preferencialmente gay –agregó la muchachita- pero yo la pasé estupendo con él. No tengo una preferencia entre hombres o mujeres, siempre y cuando la pase bien.

-Mi experiencia con hombres –comencé diciendo- fue un tanto traumática y la verdad es que me da miedo repetirla.

-Bueno, pero el que haya sido traumático una vez, no quiere decir que vaya a serlo siempre –Jorgelina se mantuvo firme en su opinión- yo también tuve experiencias malas con hombres pero sin embargo me siguen gustando. Tal vez ese sea el problema de algunas de ustedes, nunca probaron una… digo de probarla en serio, con ganas.

-Yo sí probé –de pronto todas miramos a la pelirroja de la cual no escuchábamos palabra desde hacía rato- estuve en pareja durante mucho tiempo con un hombre, lo quise mucho pero al final de cuentas me cagó.

-¿Infidelidad? –preguntó Lara, supuse que a ella le interesaba el tema más que a ninguna de las presentes.

-Sí, se acostó con su mejor amigo.

-¿Amigo? –la pequeña morocha no podía creer lo que oía-¿dijiste… amigo?

-Sí, él dijo que fue la locura del momento, yo le dije que siempre me pareció un homosexual reprimido y ahí empezó la discusión, porque me dijo que yo era una lesbiana reprimida. Nos peleamos de muy mala manera y ya no quise volver a verlo.

-Pero…

-Pero al fin y al cabo los dos teníamos razón, a él le gustaban los hombres y a mí las mujeres. Nunca pensé que me acostaría con una… hasta que conocí a Lucrecia –me sonrió amistosamente- ella me ayudó a abrir un poco la mente y me demostró que una puede quedar sexualmente satisfecha al estar con una mujer.

-¿Y vos cómo te enteraste que tu novio se acostó con el amigo? –esta vez preguntó Jorgelina.

-Porque yo estaba ahí cuando ocurrió –allí recordé el comentario que me había hecho Sami minutos antes, en la puerta del baño.

-¿Ahí cómo? No entiendo –a la Jor le costaba un poco comprender las sutilezas.

-Me da mucha vergüenza decirlo.

-Hablá –insistió Jor- estamos entre amigas, una vez estuve con dos tipos a la vez… ¿a eso te referís?

-Sí –su piel se tornó del color de su cabello- él me convenció de hacerlo, supuestamente porque quería verme a mí con otro hombre… nunca pensé que fuera porque él quería aprovechar la ocasión…

-¿Así que se arruinó todo el lindo momento?

-No, en el momento todo parecía normal, no le di mayor importancia… que se yo… la calentura del momento. Pero después lo pensé mejor y comencé a analizar las señales y fue ahí cuando llegué a la conclusión de que él no era feliz conmigo.

-Esto me calienta mucho –aseguró Jorgelina- yo siempre quise ver a dos tipos haciéndolo… y estar en el medio… te envidio, colorada.

-No tenés por qué envidiarme, todavía me arrepiento de haberlo hecho. No sólo quedé como una puta sino también como una cornuda… -se tapó rápidamente la boca y me miró con el espanto ilustrado en sus ojos verdes.

-No te preocupes Sami –la tranquilicé- yo no me sentí de esa forma. Me jodió un poquito en el momento, pero después se me pasó.

-¿De qué hablan? –preguntó la curiosa muchacha de escote prominente; estuve a punto de no responderle pero en lugar de eso tomé un largo sorbo de cerveza para juntar coraje y hablé.

-Hablamos del trío que hicimos con ella y con Lara –Tatiana se limitó a sonreír, a Edith también le pareció divertido, pero a la Jor casi le da un ataque.

-¿¡Qué!? ¿Las tres? Pero vos recién me dijiste…

-Bueno… es que vos saliste con esa idea de una orgía… no es lo mismo un trío que una orgía.

-¿De qué orgía hablan? –noté cierto interés en el tono de voz de Tati.

-De la que no vamos a hacer –le respondí- lo que pasa es que es que la Jor creyó que planeábamos hacer eso y quería irse a su casa para no interrumpir –me reí- yo le expliqué que por más que a todas nos gusten las mujeres no quiere decir que vayamos a terminar en una orgía sólo por juntarnos a festejar –sonreí y miré a cada una de las presentes, ellas se miraban entre sí, confundidas- ¿qué pasa? ¿Me perdí de algo?

-¿Se lo digo? –le preguntó Lara a Tatiana.

-Yo diría que sí –le contestó ésta.

-Iba a ser una sorpresa… un regalito de cumpleaños… por todo lo que hiciste por nosotras. Sami, Edith y yo ni siquiera consideraríamos estar con mujeres si no fuera por vos y se podría decir que Tati es tu mentora, por eso mismo también debía participar.

-¿Participar en qué? –pregunté como una idiota.

-En la orgía. Tu regalo de cumpleaños.

-¿Me están cargando?

-No Lucre –habló Samantha- de verdad estábamos dispuestas a hacerlo… Lara nos preguntó ni bien llegamos y yo le dije que si era por vos hacía cualquier cosa. No te voy a mentir que me aterra la idea, pero a la vez me despierta una curiosidad inmensa.

-Yo si es por cualquier concha hago cualquier cosa –acotó Tati.

-Desde que estuve con Rodrigo no me acosté con nadie, estoy que exploto por las ganas de coger –dijo Edith apelando a su enorme honestidad, la chica parecía no tener ningún filtro ético o moral. Me recordaba a mí misma.

-Y bueno, yo ni siquiera tengo que decir por qué motivo quería hacerlo, sos mi mejor amiga y mi ex novia.

-¿Viste Lucrecia? Yo no estaba tan loca –Jorgelina parecía tan sorprendida como yo- te dije que me miraban raro, querían que me fuera.

-No queríamos que te fueras –dijo Tati- solamente queríamos avisarte que podía pasar eso, para que vos decidieras qué hacer.

-¿Qué hacer con qué?

-Si querías quedarte o irte.

-¿Quedarme… a…? ¿Ustedes están locas?

-Un poquito –dijo Lara sonriendo- pero cada una es libre de quedarse o marcharse.

-A mí no me gustan las mujeres…

-Tampoco dijimos que tenías que participar –continuó diciendo Lara- podías quedarte a mirar y nada más… todas sabemos lo mucho que te gusta el sexo, por ahí tenías ganas de espiar un ratito y después irte a tu casa o llamar a alguno de tus “amigotes” para que pase a buscarte. Acabás de confesar que te gustaría ver a dos hombres haciéndolo, tal vez ver a mujeres te da un poquito de morbo también.

-Lucrecia, ¿estás bien? –la voz me llegó de la derecha, supe que era Samantha- ¿Lucre? –Me dio un empujoncito en un brazo, yo estaba mirando fijamente el vaso vacío en mis manos- ¡Lucrecia, reaccioná! –me dio un buen golpe con la mano abierta en toda la nuca.

-¡Ay! Eso me dolió –la miré con el ceño fruncido, pero enseguida supe que la culpa era mía, por no contestar- perdón es que me quedé pensando en lo que dijeron. ¿De verdad planearon todo eso?

-Sí –la pelirroja asintió con su cabeza- pero también sabíamos que la última palabra la tenías vos. Si vos no querés hacerlo… no se hace.

-Es que me parece mucho.

-¿Cuatro te parece bien pero cinco es mucho? –preguntó Lara, seguramente se refería a aquella noche que pasamos con las mujeres swinger, aunque en realidad no había tenido sexo entre las cuatro al mismo tiempo ¿o sí? No recordaba todos los detalles de esa noche por culpa del alcohol.

-No somos cinco –señalé.

-A mí ni siquiera me cuenten –aseguró Jorgelina- eso es cosa de ustedes y si quieren hacerlo yo las dejo tranquilas y me voy a mi casa.

-Pero es que… -no sabía que argumento lógico elegir- no quiero que haya problemas, somos amigas… y creo que estaríamos mezclando mucho las cosas.

-No seas hipócrita Lucrecia –me reprochó Lara- nunca te importó que seamos amigas a la hora de acostarte con nosotras. Si te da miedo, decilo. Pero no andes con vueltas. No me hagas enojar –la pequeña tenía carácter- todo esto lo planeamos para que vos tengas un cumpleaños inolvidable.

-No es que me de miedo… pero preferiría no hacerlo… la estamos pasando bien así… les agradezco por todo pero para hacer algo semejante tendría que estar de muy buen humor para el sexo.

-Vos siempre estás de muy buen humor para el sexo, Lucrecia. Fui tu novia durante varios meses y lo sé muy bien. A veces me hacías pensar “¿otra vez quiere hacerlo?” y lo hacíamos porque vos querías… no pienses que me forzaste, yo también la pasé genial cada vez que lo hicimos, a lo que voy es que vos sos mucho más sexual que yo… o que cualquiera de nosotras.

-No creo ser más sexual que Jorgelina.

-En eso coincido –dijo Tati.

-Hey, no soy tan puta como creen –se quejó la aludida- yo no me acuesto con todos mis amigos… creo que todavía me falta alguno… -comenzó a sacar cuentas utilizando sus dedos- no… con ese ya pasó… y con el amigo también –comenzamos a reírnos.

-¿No sería más fácil contar con quién no te acostaste? –sugirió Lara.

-Bueno, puede que me haya acostado con muchos, pero nunca lo hice con una chica.

-¿Y eso es peor? –pregunté.

-Desde mi punto de vista, sí. No se ofendan –levantó las manos como Poncio Pilatos, desligándose de toda responsabilidad- es sólo mi opinión.

-Está bien, coincido con vos –dijo Sami- yo también llegué a pensar que hacerlo con alguien del mismo sexo era ir varios escalones más arriba en el ámbito sexual –se acercó un poco a Jorgelina y le habló al oído- pero creeme que se disfruta como la puta madre –todas nos reímos por la actitud de la colorada, era evidente que también estaba algo tomada.

-¿Al final lo del “regalo de cumpleaños” queda suspendido? –preguntó Tatiana.

-Sí, mejor dejémoslo así. Pero les agradezco enormemente la intención. Son mis grandes amigas y de eso no me voy a olvidar nunca.

-Pero algún regalito tiene que haber –dijo Lara- aunque sea algo chiquito.

-No hace falta, de verdad –aseguré.

-Lara tiene razón. Pedí algo que podamos darte ahora y lo hacemos –sugirió la colorada, no estaba segura si el alcohol era lo único que la afectaba.

-¿Algo como qué? No se me ocurre nada.

-Algo que te guste… de las mujeres –esta vez fue Edith la que aportó.

-De las mujeres me gusta todo –les dije.

-Bueno, de ese todo podés elegir una cosa –me sonrió mi ex novia.

-¿Una cosa? –Vi que alguien había llenado mi vaso con cerveza y tomé un trago- las tetas –ni bien dije la palabra comencé a reírme.

-Bueno… ya las viste, pero si eso es lo que querés.

Al decir esto Lara llevó las manos a su espalda, noté que se estaba desprendiendo el corpiño y comencé a entusiasmarme, la pequeña iba muy en serio. Se las había visto mil veces pero esta vez la situación era muy diferente. En cuestión de pocos segundos levantó su blusa negra y quedó con el torso desnudo, eso nos permitió ver sus pequeños pechos blancos con pezones bien definidos que apuntaban directamente hacia mí. Me sonrió con picardía y le hizo señas a Tatiana, indicándole que era su turno. La morocha ni siquiera titubeó, un sostén color violeta voló por los aires y antes de que pudiera verlo caer ya estaba admirando un buen par de grandes tetas color café con leche, supuse que serían un buen desayuno en una mañana fría. Hasta podía recordar la agradable sensación que me produjo el chuparlas aquella noche que pasamos juntas.

-¡Qué grandes! –dijo Sami mirándolas con deseo.

-¿Se van a poner en bolas acá mismo?

-No seas amargada Jorgelina, es el regalito de cumpleaños para Lucrecia –la retó Lara- ni que nunca hubieras visto un par de tetas.

-Un par sí, las mías… todas las mañanas, pero no le ando mirando las tetas a mis amigas.

-Si no querés mirar podés cerrar los ojos –le dijo Edith quien estaba tan entusiasmada como yo- nadie te obliga.

Sin hacernos esperar se despojó de una blusa mangas largas, quedando con otra más pequeña, sin mangas. Aumentó un poco el suspenso desprendiéndose primero el corpiño para que podamos apreciar sus pezones marcándose en la tela de la blusa y luego se la quitó con un rápido movimiento, sus pechos no eran mucho más grandes que los de la otra Lara, pero yo no tenía preferencias por tamaños, me gustaban, siempre y cuando los pezones fueran bonitos y éstos sí que lo eran.

A continuación todas las miradas se giraron hacia Samantha, la siguiente en la ronda. Ella sonrió de forma encantadora.

-Conste que esto me da un poquito de vergüenza y si no lo hubieran hecho todas, probablemente no lo haría y me alegra que hayan suspendido lo de la orgía, me daba terror… pero como dije, estaba dispuesta a hacer el gran esfuerzo, por Lucrecia.

Mientras hablaba se quitó la blusa blanca floreada que llevaba puesta y nos mostró su corpiño, también blanco. Un instante más tarde ya estábamos mirando sus pezones sonrosados y erectos. Daban ganas de morderlos pero me contuve.

-Son las mejores amigas que podría pedir, me encantó el regalito –las cuatro seguían con sus torsos desnudos y yo no hacía más que mirarle las tetas una y otra vez.

-Esperá que todavía falta una –dijo Lara mirando a Jorgelina.

-Yo no le voy a mostrar las tetas.

-Ay Jor –rezongó la pequeña- tenés las tetas más conocidas de la ciudad, hasta a mí me han llegado fotos de tus tetas al celular.

-¿Y quién te las mandó? –pregunté.

-Una amiga que no conocés… fue en la época en que estábamos separadas así que no te pongas celosa, de todas formas nunca pasó nada con ella.

-No me pongo celosa, solamente que a mí nadie me manda fotos de ese tipo.

-¿Nadie? –Preguntó Tati, sus grandes senos se bamboleaban cuando hablaba- ¿te olvidas de aquella chica que pasó una foto de la cotorrita? Esa que dijo ser tu admiradora. Me acuerdo porque yo misma te hice llegar la foto

-¡Es cierto! Me había olvidado de eso, pero ahora ya sé de quién era la foto –miré a Samantha y levanté las cejas, ella parecía confundida.

-¿Por qué me mirás a mí?

-Porque la foto era tuya.

-¿Mía? Imposible. Yo nunca me saco fotos de ese tipo… y no las voy a estar mandando por teléfono a alguien que no conozco.

-Pero venía con un mensaje –intenté recordarlo- decía algo así como que nunca te ibas a olvidar de lo que te dije aquella vez… supuse que era por lo que pasó en el baño. Además me acuerdo que la foto era de una chica que la tenía con pelitos y cuando estuve con vos me dijiste que te habías depilado ese mismo día…

-Sí, pero nunca me dejo los pelitos, te digo que no era yo Lucrecia.

-Eso quiere decir que…

-Que todavía tenés a alguna admiradora dando vueltas por la ciudad- las palabras de Tati me hicieron recapacitar, inmediatamente pensé en alguien pero la idea me parecía absurda y me esforcé por borrarla de mi mente.

-Lástima que tengo el teléfono roto, ya no puedo ver la foto.

-Lo que yo quiero ver es otra cosa –intervino Lara- Jorgelina se está haciendo mucho la sonsa y todavía no mostró nada.

-Hey, ¿para quién es el regalito al final? –se quejó Jor.

-Digamos que es un regalo compartido –sonrió la pequeña- es un ratito nomás, nadie te va a violar… además sólo pedimos ver medio centímetro más de lo que ya se ve.

Jorgelina sonrió y como ya no sabía que argumento utilizar, bajó la tela de su remera ampliando el escote hasta que vimos aparecer dos globos redondos y perfectos con pezones oscuros. Éstos quedaron colgando hacia afuera y por la presión que ejercía la tela desde abajo, las levantaba de una forma muy candente.

-Mamita… ¡qué tetas! –sólo lo dije para molestarla un poco pero era cierto que estaban muy lindas.

-Si alguna se hace una paja pensando en mis tetas, la mato.

-Entonces matame a mí primero… pero me vas a tener que matar la semana pasada… y la anterior también –todas nos reímos con el comentario de Tatiana.

-¿A vos también te llegaron mis fotos?

-Sí, pero me las mandó un amigo… uno que anduvo con vos. Yo creo que él quería trío porque sabe que me gustan las mujeres, por eso no le seguí mucho la corriente… pero agradecí las fotos… y lo de la paja es cierto. Si te incomoda, lo siento mucho, podrás ser mi amiga pero tetas son tetas.

-Tetas son tetas –acoté yo que estaba hipnotizada con todos esos pechos que se bamboleaban frente a mí.

-Hablando de eso –dijo Lara- ¿no te parece que falta algo?

-¿Más? –pregunté dando un nuevo sorbo al vaso de cerveza.

-Faltan las tuyas.

-¿Las mías por qué? Yo soy la del cumpleaños.

-Justamente por eso. Deberías unirte al festejo.

A pesar de que su argumento no me convenció, accedí. Todas estaban medio desnudas frente a mí y negarme a hacer lo mismo sólo empañaría la fiesta. Me despojé de mi blusa y luego Samantha me ayudó a desprender mi corpiño, al parecer no querían que me rehusara a mostrarlas a último momento.

-Nunca había visto tantas tetas en mi vida –aseguró Jorgelina cuando mis rosados pezones hicieron aparición.

-Y están todas muy lindas –agregué.

-¿Cuáles te gustan más? –preguntó la Jor sacudiendo un poco las suyas hacia los lados.

-No vamos a empezar un concurso de tetas porque salgo perdiendo –dijo Lara.

-Pero ganarías en el de la mejor cola –lo dije con total honestidad, es más, creo que todas deberían estar de acuerdo conmigo, la única que podía competir con las posaderas de esta muchachita era Jorgelina, pero así y todo me seguían pareciendo más lindas las de Lara- y bueno, si tengo que elegir el mejor par de tetas, creo que ese premio se lo lleva la Jor –la lujuriosa chica sonrió orgullosa.

-Eso es injusto, yo las tengo más grandes –se quejó Tatiana, pero lo hizo como si fuera parte de un juego.

-Puede ser, pero las de ella son perfectas –admiré otra vez esos inflados y redondos pechos.

-Lo decís porque se los está levantando con el escote –volvió a quejarse la morocha- que las saque si se anima.

-Sí me animo –diciendo esto se desnudó de la cintura para arriba demostrando que sus tetas eran firmes, con o sin sostén.

-Definitivamente, las de ella son las más lindas –esperaba que todas entendieran que era solamente un juego y que no debían ofenderse con el comentario.

-Qué triste –dijo Samantha- yo no ganaría ningún premio.

-¿Me estás cargando? –Pregunté incrédula- vos te llevas el de la carita más hermosa. Tus facciones son perfectas –luego de hablar tomé otro sorbo de cerveza.

-Decime que al menos yo al menos me llevo un premio, aunque no sea por las tetas –dijo Tatiana mientras yo seguía observando todos esos senos a mi alrededor.

-Bueno, vos te llevarías el premio de la… -me sonrojé y comencé a reírme- no me animo a decirlo.

-Dale Lucre, vivís diciendo barbaridades, ¿qué te cuesta decir una más? –Lara tenía razón, había dicho cosas mucho peores.

-Está bien, Tati se lleva el premio a la vagina más linda –vi sonreír a la morocha.

-Hey, yo fui tu novia –Lara se quejó bromeando- tu preferida debería ser la mía.

-Perdón mi reina, pero la de Tati es más rica.

-¡Dios! Qué asco me dan hablando así de conchas –dijo Jorgelina haciendo una evidente mueca de desagrado, todas nos reímos y entre carcajadas y exclamaciones pude escuchar una suave vocecita haciendo una pregunta.

-¿Y yo? ¿Gano alguno? –Edith, quien estaba sentada entre Tatiana y Samantha, parecía casi invisible.

Allí supe que el jueguito de las comparaciones había sido un error, las facciones de esta muchachita no eran las más bonitas, sus senos no estaban mal pero no tenían comparación con los de Jorgelina y ése “premio” ya lo había otorgado, medité unos instantes sin saber qué decirle pero sabía que tenía que responder pronto.

-Vos Edith te llevás el premio a la mejor personalidad –le dije siendo honesta.

-Ah ok. Bueno, supongo que es algo –dijo la muchachita agachando la cabeza- voy al baño, ya vuelvo.

Se puso de pie y abandonó la sala con el torso aún desnudo. Mis amigas me miraron como si me estuvieran leyendo la mente, habíamos herido los sentimientos de esa dulce jovencita. Lara me hizo un gesto con la cabeza indicándome que debía ir detrás de Edith, asentí y de inmediato me levanté.

Encontré a la apenada muchachita de pie dentro del baño, ni siquiera había cerrado la puerta, sólo estaba allí, parada frente al espejo y me di cuenta de que estaba al borde de las lágrimas.

-Hola linda –la saludé suavemente, apenas giró la cabeza para mirarme- ¿estás bien?

-No te puedo mentir Lucre… a vos no –vi una perlita cayendo desde su ojo derecho y rodar por su mejilla- me pone un poco incómoda estar delante de ustedes –estuve a punto de preguntarle si el problema era porque la obligaron a desnudarse pero sabía bien que se refería a otra cosa por lo que decidí guardar silencio- ustedes son chicas muy pero muy hermosas… y mirame a mí. ¿Qué hago yo acá con ustedes?

-Edith –decidí ser franca con ella y tratarla como una adulta- vos estás acá porque sos nuestra amiga y te invitamos. A nosotras nos encanta tenerte cerca, especialmente a mí. Sé que estuve desaparecida mucho tiempo, y que el haber tenido problemas tal vez no era excusa para no llamarte algún día, pero quiero que sepas que te extrañé mucho.

-¿Lo decís de corazón?

-Sí, totalmente. Te quiero mucho, nena.

-¿Aunque sea feíta?

-No sos nada fea Edith, creeme que no. Si no me agradaras, como mujer, no me hubiera acostado con vos… lo hicimos dos veces y creeme que lo haría otra vez –me acerqué a ella y acaricié sus ahora lacios cabellos, ella me sonrió cálidamente- sos divina y creeme que si te digo que tenés la mejor personalidad de todas, es cierto. Inspirás una ternura increíble, sólo que vos no sos consciente de eso. Es muy importante tener una personalidad agradable y vos la tenés en gran medida. Además, todo eso fue un jueguito, el que a alguna le guste más una cosa que a otra es sólo una cuestión de gustos. Mirame a mí, yo no me llevé ningún “premio”.

-Vos deberías tener el de la mejor personalidad, Lucrecia. Sos una chica alucinante, yo te… adoro –su voz sonaba entrecortada por las lágrimas que ya fluían.

-No llores chiquita, yo también te adoro. Sos muy dulce –tomé una toalla de mano y limpié su rostro- además, ya te dije, el premio a la mejor personalidad ya lo tenés vos… me tendré que quedar sin nada.

-Bueno, tenés el pelo más lindo. De eso no hay dudas.

-¿El pelo? ¿Y para qué quiero tener el pelo más lindo? Yo quería el mejor culo… pero ¿viste lo que es el de Lara?

-Es increíble, cuando se pone pantalón ajustado es imposible no mirarla. La verdad que me alegra saber que vos pudiste disfrutarlo.

-Pero también pude disfrutar de vos chiquita –volví a acariciar su cabello, allí me di cuenta que estábamos muy cerca una de la otra- y creeme que la pasé re bien.

-Y yo Lucre. Fuiste mi primera vez y no te voy a olvidar nunca. Me cambiaste la vida por completo, de no ser por vos yo seguiría estando sola, sin amigas y más virgen que tu amiga la monjita –no iba a aclararle que en realidad Anabella no era virgen ya que ese era un asunto muy traumático y personal, me limité a sonreír.

-Yo tampoco te voy a olvidar nunca, no fuiste mi primera vez pero si una de mis primeras experiencias sexuales con mujeres, vos fuiste una parte importante en mi definición como lesbiana.

-Te quiero confesar algo… -dijo acariciando mi brazo izquierdo.

-Te escucho, sin miedo.

-Yo... pienso en vos… cada vez que me masturbo… y ni siquiera me siento lesbiana.

-Wow ¿de verdad? Yo también pensé en vos más de una vez mientras me tocaba.

-Sí, de verdad. Cada vez que pienso en sexo vos estás ahí, me excita mucho tu cuerpo… y de verdad creeme que me morí de la alegría cuando supe que estaba invitada a tu cumple, porque te extrañaba un montón.

-Si me extrañabas tanto también podrías haber intentado localizarme, al menos decirle a Tatiana que querías verme.

-Es que yo… suelo esperar a que la gente haga todo… no me sale eso de dar el primer paso… eso es lo que tanto me aterra, me da miedo estar con una persona y tener que ser yo quien lleve las riendas –podía sentir su cálido aliento chocar contra mis labios.

-Estoy segura de que lo harías bien, chiquita. Es sólo una cuestión de actitud.

-Como dice la canción de Fito Páez.

-¿Eh? Sí, supongo… no la recuerdo –no solía escuchar ese tipo de música pero había escuchado la frase en alguna parte- simplemente tenés que creer en vos, creer en que lo que hacés le gusta a la otra persona.

-Lo voy a intentar. Si hago esto ¿te gusta? –acarició con delicadeza uno de mis pechos, delineando con su índice la areola que rodeaba mi pezón.

-Sí, me gusta mucho.

-¿Y esto te gusta? –sentí un leve cosquilleo en mi abdomen, eran los deditos de Edith que avanzaban como si se tratara de una araña de cinco patas.

-Sí, lo hacés muy bien –acaricié su mejilla con la yema de mi pulgar, nos mirábamos a los ojos fijamente, la pequeña debía tener su cabeza inclinada hacia atrás y yo debía inclinar la mía hacia adelante para equiparar la diferencia de altura.

-Esto es más difícil –dijo mientras comenzaba a luchar contra el botón de mi pantalón, mis pulsaciones aumentaron- espero hacerlo bien –el botoncito cedió y sentí que la presión que ejercía la tela disminuía considerablemente, tomé a la pequeña por la nuca y sin poder resistirlo más, la besé -¿lo hago bien? –apenas pude entender lo que dijo ya que nuestras bocas seguían prácticamente pegadas, sus dedos estaban viajando por mi velludo monte de venus y llegaron hasta el botoncito mágico que las nenas tenemos entre las piernas.

-Lo hacés perfecto –tampoco pude gesticular bien, descubrí que ya estaba húmeda y eso se debía en parte a la exhibición de tetas que habíamos iniciado en mi sala pero principalmente a las hábiles caricias a las que me sometía Edith.

Sin dejar de besarla recorrí su desnudo vientre e introduje la mano por su pantalón, el suyo no llevaba botones, sino elástico, esto me permitió entrar sin desprender nada. Me sorprendió mucho notar que había menos pelitos que la última vez que había tocado esta vagina, ahora parecían estar prolijamente recortados, tal como a mí me gustaba llevarlo, me alegró saber que la muchachita se estaba preocupando un poco más por su aspecto físico. También descubrí que estaba tan mojada como yo, sus tiernos labios rebosaban de jugos sexuales.

-Lucre –dijo con su vocecita de niña inocente casi sin dejar de besarme –¿Te gustaría que llegáramos más lejos? –ya podía sentir uno de sus deditos colándose en el orificio de mi vagina.

-Me encantaría, divina.

-Entonces…

-¡Hey! ¿Qué hacen? –La voz que vino desde afuera del baño nos sobresaltó tanto que nos obligó a separarnos, en cuanto nos volteamos vimos a Jorgelina de pie frente a nosotras- ¡Qué asco! No se las puede dejar solas ni un segundo que ya se están metiendo mano –comenzamos a reírnos pero ella seguía mirándonos confundida, aún tenía el torso desnudo y nuestros ojos se dirigieron hacia sus pezones -¡Che! No me miren así –se cubrió los senos cruzando las manos sobre ellos- desde que me saqué el corpiño tengo la sensación de que me van a violar en cualquier momento.

-Nadie te va a hacer nada que no quieras –le aseguré- ¿querías pasar al baño?

-¿Se puede o ya lo transformaron en el cuarto de un hotel?

-No, vos te encargaste de interrumpirnos en la mejor parte –se quejó Edith, pero no estaba enojada con la recién llegada- vamos a la sala Lucre, dejemos a la pobre en paz, creo que ver tantas lesbianas juntas le está afectando.

-He visto cosas peores –dijo la Jor encogiéndose de hombros cuando salíamos del baño.

-Querrás decir que has participado en cosas peores –la corregí; me respondió con su risa.

Volvimos a la sala y nos encontramos con que las chicas habían comenzado a narrar pequeñas anécdotas relacionadas los pechos femeninos, hablaban especialmente de aquellas veces en las que los pezones se traslucen más de lo que uno pretende, o cuando el escote deja poco a la imaginación y toda esta divertida charla hizo que nos sintiéramos muy cómodas y ninguna hizo el menor intento por cubrir sus tetas. Jorgelina regresó y se unió a la charla, ella tenía numerosas anécdotas relacionadas a sus propios pechos. Me tomé un minuto para ir a buscar otro par de botellas frías de cerveza y cuando regresé escuché a la muchacha de los grandes y perfectos pechos decir:

-La verdad que Lucrecia es un poco tonta.

-¿Por qué soy tonta? –pregunté alcanzándole una botella a la pelirroja antes de partírsela por la cabeza a la Jor; noté un leve bamboleo en la habitación y supuse que lo que se movía no era el departamento, sino yo.

-Porque si yo estuviera en tu situación no habría pedido verles las tetas como regalo de cumpleaños –por su jovial forma de hablar supe que ella también estaba sufriendo las consecuencias del alcohol- yo les hubiera pedido que se desnuden por completo, o al menos verles la conchita. Es decir, si fuera mi cumpleaños y tuviera algunos amigos que quieren hacerme un regalito de esa índole, me hubiera gustado ver lo que tienen entre las piernas, no en el pecho.

-Es que me pareció mucho –le contesté al mismo tiempo en que me sentaba.

-Yo pensé que ibas a pedirnos eso –dijo Lara- me sorprendió que hayas pedido solamente las tetas.

-Si lo hubiera pedido no lo hubieran hecho.

-Yo sí –aseguró mi ex novia.

-Yo también –Tatiana apoyó la moción.

-A mí no me hubiera quedado más remedio –la pelirroja parecía estar resignada ante los jueguitos sexuales de mis amigas.

-Me da igual, a Lucrecia le muestro lo que sea –aseguró Edith.

-A mí no me miren, suficiente que accedí con lo de las tetas –dijo Jorgelina- pero me pareció bueno que Lucrecia sepa que debería haber pedido otra cosa.

-Supongo que ahora ya es demasiado tarde para pedirlo –me lamenté; si bien ya había visto desnudas a las cuatro, verlas una vez más y todas al mismo tiempo hubiera tenido un condimento extra. Se miraron entre sí como si estuvieran evaluando mis palabras.

-Tal vez no sea tan tarde –Lara estaba tanteando el terreno, Samantha se encogió de hombros indicando que la decisión no dependía de ella.

-Yo digo que le mostremos, al fin y al cabo es su cumpleaños –Tatiana estaba decidida- solamente espero que cuando llegue el mío se esmeren de la misma forma, es el nueve de enero, tomen nota.

-Falta una eternidad, pero bueno ¿mostramos? –preguntó Edith.

Todas miramos a Jorgelina para conocer su opinión al respecto.

-Eso sí que no lo voy a hacer, pero si ustedes quieren, no me opongo.

-Está bien, no te vamos a insistir ¿quién empieza? –pregunté con una amplia sonrisa, todo esto me divertía y me excitaba mucho, me sentía como un tipo en un club nocturno. Sólo me faltaba el vaso de whisky en la mano pero podía reemplazarlo por uno con cerveza.

-Que empiece Samantha, ella fue la última en mostrar las tetas, ahora le toca empezar –la lógica de Lara no era mala, pero yo sabía que la pelirroja se quejaría.

-No, yo no. La última fue Jorgelina.

-Pero ella no se va a desnudar, ya lo dijo.

-En realidad, la última en mostrarlas fue Lucrecia –miré a Edith con cara de asesina, yo había pensado lo mismo pero pretendía que nadie se diera cuenta.

-Eso es, que empiece la cumpleañera –agregó Samantha sabiendo que de esa forma podía evitar ser la primera en desnudarse.

-Si ese es el precio que tengo que pagar para verlas sin ropa, está bien. Lo voy a hacer.

Me puse de pie y el departamento volvió a girar a mi alrededor pero esa vez no le di mucha importancia, por el contrario, hasta podía decir que me agradaba sentirme así. No quería convertirme en una bebedora empedernida pero ahora ya no podía hacer nada para revertir la situación y supuse que no tenía nada de malo disfrutarla un poco. Tomé abundante aire y lo exhalé. Desprendí el botón de mi pantalón de jean, el cual había vuelto a prender luego de los toqueteos con la pequeña inocente, y allí supe que exhibirme sin ropa ante mis amigas me calentaba. Seguía sin comprender por qué pero había algo extraño que se despertaba en mi interior cuando sabía que la gente me estaba mirando sin ropa, como aquella vez en la que permití que Cintia me la chupara dentro de los vestuarios. Sabía perfectamente que mi excitación no la produjo ella sino el que mis amigas nos vieran en esa situación. Bajé lentamente mi pantalón como si fuera una bailarina nudista profesional y luego hice lo mismo con mi bombachita, manteniendo siempre las piernas juntas, para que sólo pudieran adivinar la división de mi entrepierna y los pelitos que la coronaban. Cuatro de esas mujeres ya me habían visto completamente desnuda, si bien me agradaba que me vieran de nuevo así, esta vez estaba actuando para aquella mujercita que no me conocía tanto la intimidad y que sólo pudo haber dado un leve vistazo aquella tarde en los vestuarios. Me desilusioné un poco al ver que el interés de Jorgelina en mi desnudez era completamente nulo, si hubiera estado mirando una aburrida planta dentro de una maceta, tal vez se hubiera exaltado más. Las otras chicas aplaudían y vitoreaban mi atrevimiento, le tendí una mano a Samantha para ayudarla a levantarse, cuando estuvo de pie junto a mi miré de cerca sus ojos, estaban vidriosos y resaltaban más de lo normal debido a lo sonrosada que estaban sus mejillas, estaba más hermosa que nunca. Imaginé que debía estar tan borracha como yo, o tal vez más.

-Te lo quitas vos o lo hago yo –le dije aferrándome al botón de su pantalón negro.

-Deberías hacerlo vos –me dijo con una simpática sonrisa- al fin y al cabo sos la del cumpleaños.

La hice girar y apoyé mis tetas contra su espalda desnuda, lo cual me hizo estremecer, acaricié su vientre y desprendí el pantalón. Lara estaba a la expectativa y Tatiana estaba evidentemente emocionada por ver desnuda a semejante pelirroja por primera vez. Su pantalón cedió y comenzó a bajar suavemente, todas podían mirarla de frente, la única que parecía poco entusiasmada era Jorgelina. Cuando tuve a la colorada en bombacha comenzaron a alentarme para que la despojara de su última prenda de vestir. Me arrodillé detrás de ella y sus blancas nalgas quedaron a pocos centímetros de mi cara, le di un leve mordisco en una de ellas y mis amigas aplaudieron. Bajé lentamente su bombachita blanca y admiré la sonrosada almejita que apareció abultada ante mis ojos. El agradable olor a sexo me inundó, pude notar que estaba tan húmeda como yo. No me resistí, acerqué mi lengua y le di una rápida lamida justo entre sus labios, apoderándome del sabor de su vagina.

-¡Apa! –Exclamó ella- eso no estaba en los planes –se apartó de mí riéndose, sus mejillas estaban rojas por la vergüenza.

-¿Se la chupaste? –preguntó Jorgelina con los ojos a punto de salirse de sus orbitas.

-Fue sólo una pequeña lamida –dije poniéndome de pie- después de todo es mi cumpleaños.

-Colorada –dijo Jor- tengo que reconocer que tenés un cuerpo increíble. A mí no me gustan las mujeres pero sé apreciar la belleza de una cuando la veo y de verdad que vos me dejás asombrada.

-Muchas gracias –Sami respondió a los halagos con una leve reverencia, sabiendo que éstos eran honestos ya que provenían de una mujer heterosexual.

-¿Ahora quien sigue? –pregunté mientras admiraban la desnudez de la pelirroja.

-Me toca a mí –dijo Edith poniéndose de pie de un salto- a mí.

A todas nos divirtió mucho el entusiasmo de la pequeña y supe que debía darle el mismo trato que a Samantha, no sólo porque no quería hacer diferencias, sino porque de verdad quería hacerlo.

Una a una mis amigas fueron quedando desnudas ante mí y a cada una de ellas les di una rápida lamida en la vagina, las cuatro me mostraron que estaban excitadas. La de Edith me sorprendió bastante porque se veía hermosa desde atrás, ya libre de pelitos entre sus labios y con su huequito abierto, daban ganas de comérsela toda pero debía conformarme con una sola pasada de la lengua. Tatiana la tenía completamente mojada, aclaré a mis amigas que la de ella era mi preferida justamente por eso, lubricaba mucho y eso me excitaba demasiado, además su sabor era especialmente agradable. Cuando le tocó el turno a Lara quise dejar en claro que ella tenía trato preferencial, por haber sido mi novia y por ser la que más quería entre las presentes. No me limité a darle una simple lamida, ella se inclinó un poco hacia adelante y separó las piernas ofreciéndome su tierna almejita, me prendí a ella como una sanguijuela. Me esforcé en chuparla y que se escuchara el chasquido que producía mi boca para que quedara bien en claro lo que estaba haciendo.

-Bueno… bueno… a ver si se calman –se quejó Jorgelina y entre risas y aplausos, me separé de esa rica vagina- nunca había visto algo así, me cuesta creer que disfruten tanto lamiéndose las conchas.

-Creeme que es algo muy lindo –dijo Tatiana- no sólo el hacerlo, sino lo que significa. Saber que estás amando a una mujer… es una sensación inigualable, al menos para mí.

Lara y yo regresamos a nuestros respectivos lugares, miré a mi alrededor y no podía creer que estuviera viendo a cuatro conocidas mujeres completamente desnudas frente a mis ojos, más una quinta mujer con las tetas al aire. Una vez más había dado con la combinación perfecta para mí, sexo y alcohol.

-Está bien, te creo eso de que les gusten las mujeres –continuó Jorgelina- me voy a esforzar para creer que eso puede ser agradable, pero ¿dónde está el placer físico que genera una penetración? No se ofendan, pero meterse los dedos no es lo mismo.

-¿Y quién dijo que nos limitamos a meternos los dedos? –esta vez fue Lara la que habló.

-¿Entonces?

-Vamos Jor, si hay algo de lo que sabés, es de sexo. ¿Me vas a decir que no te imaginás cómo reemplazamos lo de la penetración? –Por la cara que puso la muchacha dio a entender que no se le ocurría como, tal vez sólo estaba viendo que tan lejos pretendíamos llegar con nuestras confesiones sexuales -¿no sabés? Entonces mostrale, Lucre.

-Está bien, vení que te muestro mamita –a esa altura de la noche, con la excitación y la embriaguez que tenía, todo me parecía divertido.

-¿Qué me vas a mostrar? No te pases conmigo o te golpeo.

-No va a ser necesario, seguime.

Me puse de pie y cuando vi que ella iba a seguirme, me dirigí hacia mi cuarto. Cuando llegamos a él busqué en el armario, que estaba empotrado a la pared, mi caja con juguetitos sexuales. La coloqué sobre el colchón que estaba en el piso y vi que no sólo Jorgelina me había acompañado, todas estaban allí, de pie y completamente desnudas. Abrí la caja enseñándoles su contenido, la reacción de todas fue de pura sorpresa, sólo Lara sabía lo había en esa caja y se limitó a sonreír.

-¡A la mierda! –Exclamó Jorgelina- tenés un arsenal de consoladores.

-¡Que viciosa! –Dijo Tatiana- ¡me encanta!

-Ay Lucre, me sorprendés. ¿Era necesario comprar tantos? –preguntó Samantha, quien fue la primera en sentarse en el colchón para admirar el contenido desde cerca, Edith la siguió.

-Yo tengo de estos –afirmó la jovencita.

-¿De verdad? –no podía creerlo.

-Sí, mi mamá me regaló uno cuando le dije que había perdido la virginidad.

-¿Tu mamá te lo regaló? –preguntó Lara llena de sorpresa.

-Mi mamá sabe que tengo uno –dijo la Jor- y no se escandaliza.

-Si tenés, ¿por qué preguntaste qué usábamos? –la pregunta de Lara fue casi una queja.

-Porque pensé que eran más ingenuas. Error mío, ahora sé que son bien putitas –la morocha sacó un strap-on del interior de la caja- ¿de verdad se dan con esto?

-Ese es el que usamos la última vez con Lucrecia –afirmó mi ex novia- y si te digo dónde lo usamos no lo estarías agarrando.

-¡Ay, qué asco! –Soltó el juguete que cayó en el piso- son unas degeneradas.

-¿Dónde lo usaron? –preguntó Edith con toda su ingenuidad al hombro, eso hacía que me sorprendiera aún más el que la pequeña tenga su propio dildo.

-Imaginate –le dije, la vi meditar mientras revolvía la caja en busca de algo que le llamara la atención, cuando encontró un cono de plástico negro supo la respuesta.

-¿En la cola? –Asentí con la cabeza y le sonreí- se siente rico por la cola –a veces no sabía si ella se hacía la ingenua o lo hacía a propósito.

-¿Vos usás ahí tu consolador? –le pregunté.

-No, nunca lo usé de esa forma.

-¿Entonces cómo sabés que se siente rico?

-Porque cuando lo hice con Rodrigo, él me dio por la cola –lo dijo con total naturalidad, como si fuera un comentario más, pero nosotras no cabíamos en nuestro asombro.

-¿Esta pendeja no era virgen? –preguntó Lara.

-Sí, lo era –le respondí- al parecer entró al mundo del sexo por la puerta grande.

-Mejor dicho, por la puerta de atrás –acotó Samantha y todas nos reímos.

-Vos colorada lo habrás hecho por la cola –dijo Jorgelina- aquella vez del trío.

-Sí, no es algo que me apasione, pero tiene su gustito.

-A vos Jor ni te pregunto si ya lo hiciste por atrás –le dije- pero eso quiere decir que de las presentes, la única que tiene la cola virgen es Lara.

-Y así se va a quedar –aseguró la pequeña- ya tengo suficiente con haber aguantado tus deditos. Duele como la puta madre.

-Nunca me dijiste que te dolía.

-Porque no quería que te sintieras mal.

-Me siento mal ahora. No quería lastimarte.

-No me lastimaste, pero yo aguanté por vos, porque me encantaba hacerlo con vos y sabía que eso te excitaba, pero si hablamos de sexo, a mí me basta y sobra con la conchita –dijo acariciándose sus partes íntimas.

-Yo también tengo la cola virgen –el comentario de Jorgelina nos llegó como cachetada de loco.

-¡¿Qué?! –Exclamó Tatiana- no seas mentirosa, si te habrás pasado más de una por el traste.

-No, de verdad que no. A mí esas cosas no me gustan. Como dijo Lara, a mí me basta y sobra con la concha.

-Pero vos me preguntaste a mí por lo del trío –dijo Sami- pensé que lo decías por experiencia.

-No, sólo lo dije para ver qué respondías, pero la vez que yo hice un trío no me lo hicieron por atrás. Tengo la boca también y no hace falta que sea por los dos agujeritos a la vez.

-La chica será puta pero tiene códigos –dijo Edith.

-Así es, no lo hago con mujeres, no lo hago por atrás y no me meto con tipos casados o que tengan novia. Tampoco me meto con los chicos que les gustan a mis amigas.

-Me parece muy bien –aseguré- eso te ahorra muchos problemas.

-¿Ustedes tienen alguna especie de código lésbico?

Me costaba seguir el hilo de la conversación, no sólo por el alcohol que corría por mis venas sino también por estar admirando tantas mujeres desnudas… y el estar yo también desnuda y excitada no era exactamente una ayuda. Todas se miraban entre sí meditando sobre la pregunta de Jorgelina.

-No sé –dijo Samantha- yo soy nueva en esto… no sabía que existiera un código.

-A ver, ustedes permiten el sexo entre amigas, eso ya me quedó más que claro –remarcó Jor- y también los tríos entre ustedes, aunque estén en pareja.

-Siempre y cuando la pareja esté presente y esté de acuerdo –puntualizó Lara.

-Bueno, eso ya es parte de un código –continuó- ¿y qué hacen en caso de que una se enamore de otra?

-¡Qué preguntas fuertes hace esta chica! –exclamó Sami mientras hacía girar con sus dedos un potecito de lubricante.

Al oír la pregunta no pude evitar pensar en Lara, Anabella y todas aquellas mujeres por las que había sentido algo, aunque sea un mínimo deseo, a lo largo de estos meses. Lo que más me dolía era no poder hablar claramente del tema con mi amiga la monjita, hablar de mis sentimientos, los cuales eran tan confusos.

-Pienso que sí deberíamos acordar algo en caso de que eso ocurra –cuando hablé todas voltearon a mirarme- porque somos amigas y no sé quién más se podría incluir a este grupo en el futuro, no hablo de vos Jor, sino de alguna otra chica que tenga nuestras mismas preferencias y como ya ha ocurrido, es posible que alguna quiera acostarse con ella –me di cuenta de que me estaba desviando del tema, la cabeza me daba vueltas- en fin, también podría pasar entre nosotras… que alguna comience a sentir algo especial por otra –me esforcé por no mirar a Lara y a Sami- pienso que en ese caso deberíamos tomarnos en serio los sentimientos de la otra persona, especialmente porque somos amigas.

-Así es, no lastimarla –acotó Edith.

-Tal cual –continué- lo importante es que lo hablemos con esa persona y que esa persona esté predispuesta a escucharnos y a hacer todo lo posible para que se encuentre una solución a la situación, si no siente lo mismo, decírselo de forma franca y si siente lo mismo, que intenten decidir qué rumbo van a tomar de allí en adelante, porque a mí no me gusta para nada que alguien juegue con los sentimientos de otra persona, con eso no se jode. Mucho menos entre amigas y entiendan que a veces el sexo puede estar ligado a sentimientos más fuertes.

-Entonces ¿acordamos eso? –Preguntó Tatiana- si alguna se enamora de otra, vamos a hablarlo e intentar solucionarlo.

-Sí, porque de lo contrario vamos a terminar todas peleadas y no quiero que eso pase –les dije mirándolas con ternura.

-Muy lindo el discursito de los sentimientos Lucre, la verdad que te admiro –me felicitó Edith- pero yo estoy desnuda, re caliente, con una caja llena de consoladores y un montón de chicas hermosas desnudas a mi alrededor –todas nos reímos por su franqueza, incluso a Jor le pareció divertido el comentario.

-Sí, creo que no es momento de estar hablando sobre los sentimientos, pero quería dejar todo eso en claro.

-Además, yo te quería preguntar como carajo se usa esto –Edith levantó en su mano un vibrador de forma particular.

-No es tan difícil –aseguré- ¿ves esa puntita? –Le señalé el pequeño apéndice que sobresalía de la parte media del dildo- eso vibra cuando lo prendés –la jovencita hizo girar el juguete sexual entre sus dedos mirándolo como si no comprendiera ni una palabra de lo que dije.

-¿Y dónde se pone este cosito? –se refería al apéndice vibrador.

-¡Ay! No están difícil nena –exclamó Tatiana- te metés la parte grande en la concha y el cosito chiquito queda sobre el clítoris o la cola. Donde más te guste… y yo no lo estaría toqueteando tanto, conociéndola a Lucrecia ya le debe haber dado su buen uso.

-No soy tan degenerada como piensan –dije riéndome- a ese sólo lo usé una vez, para probarlo. Está bastante bueno, pero prefiero los que se pueden usar de a dos, como éste, que todavía no probé –extraje de la caja un dildo largo que tenía la forma de la punta del pene en ambos extremos.

-Si no lo probaste, yo me ofrezco como voluntaria –aseguró Tati.

-Hasta yo me ofrecería como voluntaria –acotó Sami, me sorprendía ver tan osada a la pelirroja pero lo atribuí a que estaba algo tomada y bastante cachonda, miré su lampiña vagina y noté que brillaba por la humedad que la cubría.

En ese preciso instante nos sobresaltó un zumbido mecánico, todas miramos hacia donde se encontraba Edith, la muchachita estaba acostada boca arriba en el colchón, con las piernas tan separadas que una de ellas tocaba a Samanta en la espalda, nuestra sorpresa aumentó en cuanto nos dimos cuenta de que estaba hundiendo el dildo con vibrador dentro de su vagina, ésta se abrió para darle paso al instrumento plástico, el cual después de dos o tres intentos, consiguió introducirse lo suficiente como para que el apéndice quedara justo sobre el enrojecido clítoris de la pequeña. Ella cerró sus ojos y comenzó a suspirar de placer. Miré a mis amigas y todas estaban hipnotizadas con el constante meneo de las caderas de Edith, inclusive Jorgelina admiraba la escena como si nunca hubiera visto cosa semejante.

-¡Nena! ¿Qué hacés? –le grité pero ella no se detuvo.

-Quería probar cómo se sentía… tal vez busque la forma de conseguir uno –su voz sonaba entrecortada debido a sus jadeos, el incansable vibrador estaba besando su botoncito de placer como una amante celosa. La chica se estremecía de placer.

-A mí no me molesta verla –afirmó Tatiana- que siga tranquila, no me opongo –la voluptuosa morocha se sentó en un rincón del colchón desde donde podía ver perfectamente el juguetito entrando y saliendo de la vagina de Edith.

Lara era la única que aún permanecía de pie, observaba la escena en silencio, estaba tan cerca de mí que podría haberla tocado con tan solo levantar un poco el brazo, su tierna vagina libre de vellos estaba tan mojada que me costaba resistir la tentación de lamerla una vez más. Un fuerte gemido por parte de Edith me hizo volver a mirarla, esta vez me sorprendí todavía más, ya no tenía el vibrador introducido en su sexo, éste había sido reemplazado por la boca de Tati, quien comenzó a chupar esa almejita como si estuvieran las dos solas en la habitación de un hotel. Noté un leve movimiento en las manos de Sami y me di cuenta de que la pelirroja había comenzado a acariciar su vagina suavemente, manteniendo las piernas juntas, ella era la que estaba más cerca de la acción y seguramente podría ver mejor que yo la forma en que los labios exteriores de esa, ya no tan inocente, muchachita se hinchaban y separaban cuando la hábil lengua de Tati surcaba entre ellos. Nadie hablaba, hasta Jorgelina había quedado enmudecida por semejante manifestación de sexo lésbico. Alguien acarició mi cabeza, no tuve necesidad de mirar para darme cuenta de que se trataba de Lara, pero de todas formas giré mi cabeza hacia ella porque imaginé qué quería de mí. Su suculenta rajita ya estaba a pocos centímetros de mi boca y me bastó con tan sólo sacar la lengua para darle una lamida justo donde su clítoris se asomaba. Mientras me deleitaba con esa conchita que tanto me agradaba escuché a Jorgelina diciendo:

-No me mires con esa cara colorada, yo a eso no me sumo ni borracha… y mirá que ya tomé bastante.

-Yo no te insinué nada –dijo Sami con su voz suave.

-Pero me estás mirando las tetas de forma rara… y te estás metiendo los dedos.

-¿Te molesta que lo haga?

-Me incomoda… pero si te calienta… hacelo, solamente quiero que sepas que yo no me sumo a estas chanchadas. ¿Lucrecia, vos también? –Ni siquiera me molesté en responderle, seguí comiéndome la entrepierna de Lara- ustedes están locas, chicas.

-¿Te vas? –le preguntó Sami; por el movimiento del colchón supuse que la Jor se había puesto de pie.

-Me voy a buscar una cerveza, necesito tomar algo, ustedes hagan lo que quieran, no se preocupen por mí. Me quedaré mirándolas… a una distancia prudente.

-Vení Sami. No te quedes mirando –le dijo Lara.

No había más que hablar, ya todas sabíamos lo que esto significaba y lo que ocurriría de aquí en adelante, pero no me preocupaba demasiado, ya no. Estaba excitada y quería hacerlo, todas estábamos de acuerdo y al fin y al cabo, éramos chicas jóvenes diviritiéndose y disfrutando del sexo. No había por qué hacer un escándalo, hasta la chica heterosexual del grupo se lo tomó con más calma de lo esperado.

Samantha se unió a mí y juntas nos empecinamos en la tarea de brindarle placer a Lara utilizando nuestras lenguas, esto me recordó mucho a la vez que hicimos el trío y me alegraba ver que la pelirroja parecía cada vez más decidida a experimentar el sexo con mujeres. Luego de unos segundos deleitándome con Lara, decidí dejarle la vía libre a Sami, quería que ellas tuvieran al menos un breve momento juntas. Me giré hacia mis otras dos amigas, la más pequeña se sacudía enérgicamente mientras apretaba sus pechos, la lengua de Tati estaba taladrando el huequito de su vagina, siempre imaginé que la morocha veía a Edith de una forma especial y por el entusiasmo que ponía en el sexo oral, pude corroborar mis sospechas.

Me uní a ellas ya que nunca había tenido la oportunidad de disfrutar de las dos a la vez, me acerqué a los pechos de Edith y comencé a recorrerlos con mi lengua mientras acariciaba su estómago. Chupé uno de sus pezones y bajé mis dedos hasta que sentí el contacto húmedo con su clítoris y la masturbé mientras recibía lengüetazos por parte de Tati. Por el rabillo del ojo vi regresar a Jorgelina, traía consigo una botella de cerveza, un par de vasos y un almohadón. Se sentó colocando la espalda desnuda contra una pared y desde allí observó la escena. Sentí unos manotazos en mis piernas y me di cuenta de que Edith intentaba tocar mi vagina, le di mucho más que la posibilidad de sólo tocar. Me senté sobre su cara, mirando hacia donde se encontraba Tatiana, la pequeñita no me hizo esperar ni un segundo, se aferró a mis piernas, las cuales estaban a los lados de su cabeza y comenzó a chupar mi vagina con mucha intensidad, algo que nunca había notado en ella. En ese momento recordé la pequeña charla que tuvimos en el baño y supe que la chica intentaba demostrarme cuánta actitud tenía escondida detrás de su timidez, la cual se estaba disipando a pasos agigantados.

Lara y Samantha se acomodaron a nuestro lado formando este atenazado e intenso 69 que tan sólo a ellas les había visto hacer. La forma en la que succionaban la vagina de la otra no sólo indicaba deseo sexual, sino que también daba a entender que había sentimientos más intensos entre estas dos muchachitas. Esta vez no me puse celosa ya que tenía con quien disfrutar, Edith me estaba brindando una gran atención recorriendo mis labios con su lengua y apoderándose de mi clítoris, supuse que estaba imitando los movimientos de Tatiana porque cuando veía a la morocha chupar el clítoris de la pequeña, ésta hacía lo mismo conmigo, si Tati deslizaba su lengua por toda la línea que dividía la vagina en dos, Edith hacía justamente eso con mi almejita. De esta forma las dos podíamos sentir prácticamente lo mismo. La habitación comenzó a bambolearse una vez más y sentí una desagradable pesadez interior, pero la olvidé en pocos segundos, ya que la chupada que me estaba dando esta muchachita me hizo estremecer de placer. Hice girar mi cadera tomando como eje la lengua de Edith, la cual estaba clavada en mi cavidad vaginal. Comencé a gemir a todo pulmón mientras mis manos buscaban a tientas mis tetas.

- ¿No van a usar los juguetitos? -la voz de Jorgelina llegó desde detrás de mí.

-¿Vos de qué jugás en todo esto? –preguntó Tatiana soltando por un momento la vagina que estaba lamiendo.

-De espectadora. Me da curiosidad, nunca había visto algo así.

-Está bien, te voy a dar el gusto.

La morena se colocó el strap-on y lo sujetó firmemente a su cadera y luego lo apuntó hacia la almejita de Edith, quien aguardaba con las piernas abiertas sin dejar de lamerme. El dildo sujeto al arnés comenzó a clavarse limpiamente en la vagina de esa pequeñita, ella rezongó pero siguió chupándome. El pene plástico siguió hundiéndose lentamente.

-Ahora vas a ver lo que se siente, chiquita –dijo Tati con decisión y al instante clavó hasta el fondo el dildo en la tierna rajita de Edith, ella intentó gritar y tuve que apartarme rápidamente para permitírselo.

-¡Esperá, esperá! –Dijo atajándose con las manos y abriendo grande los ojos- ¡despacito, por favor! –comencé a reírme junto con Tati.

-Se suave con la chiquita, que es nuevita en todo esto del sexo.

-Está bien, pero me provoca tanta ternura que me dan ganas de partirla al medio –se tendió sobre ella y la beso en la boca.

Ambas quedaron entrelazadas, Edith rodeó con sus piernas a su nueva amante y ésta se movió con mucho cuidado sobre ella, supuse que el dildo apenas se movería dentro de esa cuevita rosada y húmeda. Me alegró mucho ver como ambas parecían estar disfrutando de un apasionado momento sexual, algo que también ocurría con Lara y Sami, a pocos centímetros de mí, giré mi cabeza y le sonreí a Jorgelina, ella observaba con las piernas separadas y un vaso de cerveza en la mano. No se había quitado el pantalón pero tampoco se había molestado en cubrir sus redondos pechos.

-¡Que colita tiene la colorada! -al escucharla decir eso supe que estaba totalmente de acuerdo con nuestras prácticas sexuales, siempre y cuando no le insistiéramos en participar.

Samantha estaba sobre Lara y su trasero apuntaba directamente a hacia donde estaba nuestra única espectadora, el saber que éramos tantas participando en el sexo y que además había ojos ajenos observándonos, me calentó muchísimo. Le demostré a Jorgelina lo que yo podía hacer con una linda colita como la de Sami. Me recosté en el colchón y separé esas blancas nalgas. Los ojitos de Lara me miraron desde abajo, podía ver su lengua jugueteando y abriendo los labios de la vagina de la pelirroja, se notaba que le gustaba mucho. Me sumé a la fiestita privada de estas dos muchachitas y acerqué mi boca hasta esa bella colita que había halagado Jorgelina. Comencé a lamerla dejando que el morbo se disparara en mi mente, tan sólo por recordar que ese no era un agujerito virgen. Luego de un par de lamidas busqué en la caja lo que yo llamaba “la pequeña oruga”, ese dildo formado por bolitas que iban aumentando progresivamente de tamaño. Lo coloqué en la entrada del culito de Sami y hundí las dos primeras bolitas, las cuales no llegaban a ser tan anchas como uno de mis dedos. La colorada ni siquiera se inmutó, al parecer no le molestaba que yo jugara con su retaguardia y seguía compenetrada en la conchita de Lara. Quité las bolitas, volví a lamer dos o tres veces más y las introduje nuevamente, pero ésta vez llegué hasta la tercera, la cual dilató un poquito el agujerito. Retrocedí y avancé, usando sólo las tres primeras, pero luego forcé la entrada de una cuarta, la cual fue tragada limpiamente por el culito de la pelirroja. En ese preciso momento miré a Jorgelina y me llevé una grata sorpresa. La morocha había desprendido el botón de su pantalón y tenía su mano izquierda dentro del mismo, se estaba masturbando, tal vez imaginando que ese juguetito entraba en su propia colita, la cual, según sus propias palabras, seguía siendo virgen. En ese momento mi calentura era tan grande que comencé a masturbarme mientras metía y sacaba la “oruga” de ese agujerito, ya podía escuchar los gemidos de Sami, los cuales se confundían con los de Lara.

-Más fuerte –pidió Edith a su amante, al parecer a la chiquilla le gustó la forma en que esa morocha la estaba penetrando- ¡dame más fuerte! –soltó un gemido, el cual me indicó que se la estaban metiendo con más fuerza.

Continué concentrada en mi tarea, me encantaba ver tanta predisposición en Samantha, yo venía sospechando desde hacía tiempo que esta chica tenía insatisfechas muchas de sus necesidades sexuales y que esta satisfacción sólo la podía encontrar en una mujer, pero no se lo diría, dejaría que ella sola lo descubriera. Estaba pensando en introducir la quinta bolita, recordando que hasta ahí había llegado yo en mis experimentos de autosatisfacción cuando volví a mirar a Jorgelina. Esta vez noté una gran expresión de placer en su rostro.

-Te veo un poquito incómoda, Jor –le dije sonriéndole- ¿por qué no te ponés un poquito más cómoda? Nadie te va a decir nada si lo hacés.

Me respondió con otra sonrisa. Dejó el vaso de cerveza en el piso y se puso de pie, admiré sus pronunciadas curvas mientras bajaba su pantalón, la morocha realmente era preciosa, al menos dentro de mis gustos por las mujeres y al mismo tiempo entendía por qué siempre conseguía algún amante nuevo, no se debía sólo a su promiscuidad, tenía mucho más para ofrecer. Luego comenzó a quitarse la bombachita de a poco y pude ver una abultada almejita aparecer ante mis ojos. Daban ganas de comérsela, pero yo sabía que era intocable y le respetaría eso. La chica volvió a sentarse en el almohadón, pero esta vez, al separar sus piernas, me enseñó la abertura que llevaba al mundo del placer femenino. Hundí de a poco el juguete sexual en la cola de Sami sin dejar de admirar como esa experimentada mujer separaba sus labios con dos dedos y luego los acariciaba de abajo hacia arriba. Un quejido me hizo volver la vista hacia lo que mis manos hacían y me percaté de que la quinta bolita de la “pequeña oruga” se encontraba rodeada en el centro por ese anillo que daba inicio al ano de la pelirroja. La dilatación era considerable y me excitaba admirarla, por lo que mantuve el objeto en ese mismo lugar durante unos segundos mientras Lara succionaba los jugos que manaban de esa deliciosa vagina. Luego terminé de hundir la bolita para darle lugar a la sexta, que era un poco más grande. Calculaba que debería tener entre tres centímetros de diámetro… y pensar que la chica del Sex Shop pretendía venderme un juguetito similar en el cual la cuenta más ancha tenía 2,5 cm de diámetro. Como loca y maniática sexual que soy, le dije que eso me parecía muy chico y ahora la pelirroja estaba pagando el precio de mis perversiones sexuales.

-¿Te gusta Sami? –le pregunté sin dejar se frotar mi clítoris.

-Sí, me gusta mucho –la lujuria se traslucía en su voz.

-¿Vamos por una más? –la sexta bolita aguardaba impaciente.

-Está bien, pero prometeme que vas a parar si me duele.

-Promesa.

Empujé hacia abajo aplicando la presión justa y necesaria para que esa cuenta brindadora de placer se introdujera por ese orificio que tanto morbo me causaba. Al comienzo parecía una tarea sencilla, la primera cuarta parte de la bolita se introdujo fácilmente pero mientras más presión ejercía, más desconcierto notaba en Samantha, dejó de lamer la vagina de Lara. Ésta podía ver desde abajo lo que ocurría por lo que se esmeró aún más en el sexo oral, chupó y lamió con ímpetu para mantener excitada a Sami. Llegando al centro de la bolita, la parte más difícil, tuve que aumentar la fuerza que estaba ejerciendo, no pretendía que fuera un tormento para la pelirroja, sólo quería darle placer… y dármelo a mí misma, de forma menos directa. La forma en la que Jorgelina se masturbaba me hacía ver que la chica tenía tanta expectativa como yo, me pregunté otra vez qué estaría pasando por su cabecita heterosexual. La sexta bolita desapareció. Fue absorbida y con un intenso gemido Samantha nos dio a entender que le había gustado. Extraje la “oruga” hasta la tercera bolilla y volví a hundirla hasta la sexta, una vez más la pelirroja gritó de puro placer. Detrás de mí la que gritaba era Edith, espié un instante esta escena y me encontré con Tatiana levantando las piernas de su amante y clavándola una y otra vez con mucha fuerza, la pequeña no dejaba de decir que le encantaba lo que recibía y que quería más. Se me llenó el corazón de alegría el poder verla disfrutar tanto luego de que ella pensó que no tenía posibilidades entre mis amigas, Tatiana no pensaba de esa forma con respecto a ella.

Volví a lo mío, metí y saqué… sólo para volver a meter y sacar. La colita de Sami se abría y se cerraba ante mis ojos y mis dedos me estaban llevando al clímax, pero no quería llegar masturbándome por lo que dejé el juguete sexual introducido hasta la sexta bolita y me senté sobre las piernas de Lara, la pelirroja comprendió de forma inmediata lo que debía hacer. Comenzó a chupármela con tanto gusto que me dio a entender que ella pasaría mucho más tiempo con mujeres que con hombres en lo que le quedara de vida por delante. Esto era un punto positivo para mi ex novia quien no se aburría de chupar esa vagina.

Me sentía totalmente privilegiada, llegué al orgasmo gracias a la boca de una pelirroja preciosa, sentada sobre las piernas de mi querida Lara, viendo como un par de mis mejores amigas se mataban en la cama, con strap-on de por medio y una morocha libidinosa, desnuda y en plena sesión de masturbación, frente a mí. No podía pedir nada mejor… a no ser que… Pero no… eso no tenía lógica. No había monjita en el mundo que quisiera sumarse a una orgía como esta.

Siguiendo con nuestro desenfreno sexual, luego de mi primer orgasmo, me acomodé boca arriba en el colchón esperando que alguna de las chicas decidiera unirse a mí, la que llegó sin que yo la llamara fue Tatiana quien ya se había quitado el arnés. Sus grandes senos cayeron sobre los míos y comenzamos a besarnos y tocarnos casi al instante. De a ratos espiaba a mis otras amigas, pude ver a Edith prendida a la conchita de Sami, al parecer nadie le daría respiro a la pelirroja en esa noche. La otra Lara se había posicionado detrás de su tocaya y ya estaba lamiéndole entre las nalgas. Miré más allá y Jorgelina permanecía muda, pero al parecer alguien le había alcanzado un dildo y ahora castigaba su almejita con él, recibiendo constantes miradas de todas las presentes, le estábamos brindando la atención que a ella tanto la excitaba, tenía la certeza de que allí estaba su morbo, en sentirse deseada, por quien fuera.

Luego de pocos minutos de estar metiéndole los dedos a Tati y recibiendo los suyos, me senté en la cama para estudiar una vez más la escena y seleccionar a mi próxima víctima sexual. Allí fue cuando noté que Edith miraba fijamente a Jorgelina.

-Me cansaste flaca, yo te voy a dar –le dijo la pequeña de forma amenazante.

-¿Qué me vas a dar? –preguntó la aludida con cierto espanto.

-Ya vas a ver… hacé lo que quieras, cerrá los ojos si querés, pensá en el tipo que más te guste… no sé, no me importa.

-¿Eh, por qué? –parecía que los roles se habían invertido, la salvaje y prepotente ahora era Edith y la ingenua pasó a ser la Jor.

-Que cierres los ojos te dije.

En ese preciso instante Edith se arrastró hasta donde estaba Jorgelina con las piernas abiertas, Lara y Samantha comprendieron las intenciones de la pequeña y se lanzaron sobre la morocha, Lara le cubrió los ojos con una mano y Sami sostuvo sus brazos en alto.

-¡No, esperen! ¿Qué hacen? -se quejó la invadida muchacha.

-Te va a gustar… si al fin y al cabo es lo mismo a  que lo haga un hombre –le aseguró la pelirroja.

-No me va a… -soltó un gemido de placer en el mismo momento en que la boca de la pequeña se posó sobre su sexo.

-Esto no me lo pierdo –dijo Tatiana poniéndose de pie, con una amplia sonrisa en su rostro; nos acercamos para poder ver mejor lo que ocurría.

Edith se llenaba la boca con la almejita que tenía sólo para ella. ¿Cuántas personas habrán pasado por ahí? No importaba, sin duda ésta era la primera mujer que lo hacía. ¿Se habrá imaginado alguna vez Jorgelina al ver a Edith que ella sería la primera mujer que le practicara sexo oral? Dudaba que así fuera ya que ninguna de las presentes pudo haberlo imaginado nunca. Lo importante es que la sometida estaba disfrutando, eso se le notaba en la cara.

-Pensá en un hombre –le dijo Lara.

-¡Ay, sí! Eso hago –sus gemidos y jadeos se hacían cada vez más intensos- la puta madre, no puedo.

-Pero te gusta… -dijo Tati.

-Qué no me va a gustar… si me la está chupando toda –era cierto, Edith no sólo succionaba ese apetitoso clítoris sino que además lamía toda la zona púbica- ¡pendeja puta! Después de esto te voy a matar –no lo decía con verdadero enojo, era más bien un grito de desesperación porque no sabía cómo reaccionar ante la idea de que una mujer le estuviera dando tanto placer sexual. Estas amenazas no inhibieron a la pequeña.

-¿Ves? El sexo con mujeres no es tan malo –acotó Sami.

-Callate colorada… a vos... ¡Ay! La puta que las parió a todas –me causaba mucha gracia y excitación a la vez verla en esa situación, pero ella no luchaba por liberarse.

-¿A mí qué? No dejaste de mirarme en toda la noche, ¿te crees que soy estúpida? –era cierto, incluso cuando Sami estuvo de espaldas, fue la que más recibió miradas por parte de Jor.

-¡Mentira! Basta pendeja, salí de ahí abajo –abrió sus piernas y luego las cerró atenazando entre ellas la cabeza de Edith.

-¿Estás segura de que querés que pare? –Le pregunté mientras me masturbaba- parece que te está gustando.

-Dejate llevar Jor, es más fácil –le dijo Samantha.

-Yo no soy lesbiana.

-Nadie dijo que lo fueras, pero te calienta el sexo –esta vez fue Lara la que habló con la verdad- la estás pasando bien desde que empezó todo esto. Acá nadie te va a juzgar por lo que hagan.

-Es cierto –dijo Tati- mañana hacemos como que nada pasó y listo.

-¿Lo prometen? –preguntó la Jor entre jadeos.

-Código de lesbianas –le dije yo- mañana nadie se acuerda de nada –pude verla respirar agitadamente, sus tetas subían y bajan al compás de sus jadeos.

-Entonces… -comenzó diciendo- colorada, ¡vení que te chupo la concha!

-¿Segura? –preguntó la aludida sonriendo.

-Sí… dale… ahora… ¡no hables!

Sami colocó una pierna a cada lado de Jorgelina, su esbelta figura se estilizó cuando arqueó la espalda, ofreciendo su tesoro femenino. Me coloqué a un costado para poder ver cómo la lengua de la chica heterosexual tocaba por primera vez una vagina. La primera lamida fue suave, casi con miedo, pero después de esto toda inhibición quedó de lado. Besó los labios vaginales y los estiró con su boca, yo sabía que al hacerlo se estaba acostumbrando al sabor de esa almejita, luego comenzó a succionar intensamente. El ver eso me llenó de excitación, no podía creer que Edith haya tenido la osadía de chupársela y mucho menos podía creer que a Jor le hubiera gustado tanto como para hacerla ceder y que terminara comiéndole la vagina a Sami.

Decidí recompensar a la pequeña tímida por dar plena muestra de lo que podía hacer si dejaba salir su encanto y se valía de su actitud. Lo había hecho todo más que bien, de no ser por ella la orgía nunca hubiera comenzado y Jorgelina nunca hubiera dado semejante paso en el mundo del sexo. Toqué su hombro y soltó la vagina que se estaba comiendo sólo para mirarme, le hice una seña con mi pulgar indicándole que me acompañe al colchón, ella se apartó rápidamente de su amante heterosexual y se unió a mí en la comodidad de lo que yo llamaba cama. No llegamos a darnos el primer beso que ya pude ver a Tatiana tomando su lugar, ahora ella disfrutaría de la vagina de Jor mientras ésta seguía deleitándose con la de esa hermosa pelirroja.

-Hoy me sorprendiste –le dije a Edith al oído.

-Sólo seguí tu consejo… actitud.

-Actitud –repetí justo antes de volver a besarla.

Esta vez transmití más pasión a mis labios indicándole que estaba realmente agradecida con ella. Rodamos en la cama unidas por un abrazo y luego de unos segundos ella giró sobre el eje imaginario que unía nuestros ombligos quedando su vagina frente a mi cara. Me aferré a sus nalgas y comencé a chupar con entusiasmo esa pequeña rajita, abrí mis piernas dándole total libertad y nos dimos placer mutuamente. Luego de un par de minutos espié a mis amigas y vi que ahora era Lara la que estaba de pie frente a Jorgelina, recibiendo intensos chupones por parte de ésta. Sami se había posicionado entre las piernas de Jor y acompañaba a Tati. Entre las intensas lamidas que recibía de Edith y esa escena transcurriendo ante mis ojos llegué a un nuevo orgasmo, pero en lugar de dedicarme a gemir, volví a comerle la entrepierna a la pequeña que me brindaba tanto placer.

La noche se extendió entre sexo desenfrenado, chupones a tetas, lamidas a vaginas, penetraciones de dedos por diversos orificios e intercambios de pareja. Prácticamente obligamos a Jorgelina a chupar cada una de las conchitas presentes, aunque la morocha no se quejó mucho, sólo nos hizo recordar nuestra promesa de no volver a hablarle sobre el tema ni bien todo esto terminara. Esperaba que no tuviera dudas respecto a su sexualidad, pero conociendo cuánto le gustaban los hombres llegué a la conclusión de que para ella esto era solo una experiencia sexual más en su vida, algo que no repetiría y que guardaría sólo para ella y continuaría con su vida de promiscuidad sin muchos cambios.

Poco a poco fuimos cayendo en un letargo, yo estaba especialmente agotada ya que, por ser la del cumpleaños, recibí más atención de la que podía tolerar. Me tendí en la cama y Edith se arrojó sobre mí con mucha ternura. Abracé a la pequeña con todas mis fuerzas. Me dijo que quería dormir usando mis tetas como almohada, me reí por su ocurrencia pero le dije que tenía permiso para hacerlo. Mis otras amigas se acomodaron como pudieron a nuestro alrededor y antes de que me diera cuenta, ya todas habían quedado dormidas.

 

******

A pesar del agotamiento físico no pude conciliar el sueño, sentía mi cuerpo pesado y mi cabeza obnubilada llena de pensamientos que no lograban seguir una línea coherente, todo me daba vueltas. Aparté cuidadosamente a Edith de mi pecho, para no despertarla y deposité su cabeza sobre la almohada que yo estaba usando. Caminé tambaleándome hasta el baño y luego de orinar me sentí un poco mejor, pero no como para estar saltando en una pata. Necesitaba aire fresco. Llegué a la sala donde aún estaba tirada en el piso toda la ropa que nos habíamos quitado, me acerqué a una ventana y abrí un poco las persianas, lo suficiente como para que entrara un poco de aire pero no tanto como para que la gente pudiera espiarme. Si bien estaba en un departamento,  había edificios alrededor y una chica desnuda en una ventana iluminada llamaría mucho la atención. Volví a mirar la ropa en el suelo y me encontré con el teléfono celular de Lara justo sobre el almohadón en el que ella se había sentado. Lo tomé y me quedé mirando la pantalla negra que me devolvía mi reflejo, pero no me vi a mí misma, vi el rostro de Anabella. Me preguntaba qué hubiera pasado si ella se quedaba hasta el final de la fiesta, ¿hubiera participado en la orgía? Lo dudaba mucho, posiblemente sólo se hubiera enfadado conmigo y se hubiera marchado. Supuse que lo mejor sería que nunca se entere de lo que había ocurrido aquí esta noche, no porque me diera miedo que se enojara conmigo, ya que eso siempre ocurría, de una u otra forma, sino para no atormentarla con imágenes mentales de orgías lésbicas. Con la mirada aún fija en el teléfono de Lara supe que extrañaba mucho a la monjita, las horas que habían pasado desde la última vez que la vi me parecían días. Encendí la pantalla y vi que eran las cinco y media de la madrugada, seguramente ella estaba durmiendo, pero tenía la desesperante necesidad de escuchar su voz. Me decidí a llamarla, prefería pedirle perdón por despertarla que irme a dormir sin escuchar al menos una palabra de su boca. Por suerte Lara había cargado a su agenda el número de teléfono de Anabella.

Caminé desnuda por la sala mirando las luces de la ciudad a través de la ventana mientras el teléfono sonaba contra mi oreja derecha.

-Hola –me dijo la conocida voz de mi querida monjita- ¿Lara?

-No Anita –sabía que no le agradaba que le dijeran de esa forma, pero quería ser un poquito más cariñosa con ella- soy Lucrecia. Perdón por llamar tan tarde ¿te desperté?

-No estaba durmiendo…

-¿Quién te llama a esta hora? –preguntó una voz masculina desde la distancia.

-Nadie, es una amiga –contestó Anabella a esa extraña voz.

-¿Con quién estás Anabella? –pregunté con una desagradable sensación en mi pecho, tal vez era mi instinto femenino activándose.

-Con un… amigo –me dijo bajando la voz.

-¿A esta hora? ¿Qué amigo? –se me hizo un nudo en la garganta.

-Seguí tu consejo, Lucrecia. Vos me dijiste que necesitaba alguien en mi vida… un hombre.

-¿Qué?

-Hoy quise hablarte sobre eso, pero no me diste tiempo… te pusiste… como siempre…

-¿Qué me querías contar? –las lágrimas se acumularon en mis ojos, mi pecho palpitaba violentamente y parecía estar intentando escapar de mi cuerpo a través de mi garganta.

-¿Volvés a la cama, hermosa? –preguntó otra vez esa voz masculina a lo lejos.

-¿Cama? –mi pregunta fue más un quejido que una palabra.

-Ya voy –le respondió la monjita a ese desconocido- no puedo hablar ahora Lucrecia, mañana te llamo y te cuento todo… si me dejás hablar, claro.

-Esperá Anabella… -las primeras lágrimas cayeron por mis mejillas, el cuerpo entero me temblaba. Miles de imágenes desagradables se agolparon en mi mente. Podía ver a esa hermosa mujer en la cama con un hombre, amándolo de una forma en la que jamás podría amarme a mí.

-Te quiero, Lucre. Gracias por todos tus consejos. Después hablamos.

-Anabella… -gemí- no me hagas esto… vos no Anita… -supe que ni siquiera había escuchado mis últimas palabras ya que la llamada había finalizado- no Anabella… por favor. No me hagas esto…

La mano con la que sostenía el teléfono perdió toda su fuerza, el aparato resbaló de mis dedos y se estrelló contra el piso. El golpe sonó como un leve eco en la distancia, sentía que mi cabeza estaba llena de algodón y éste secaba y apretaba mi cerebro, impidiéndome pensar claramente. Quería llorar, quería gritar, pero ningún sonido salía de mi boca. Caminé dos pasos hacia la ventana, trastabillé pero logré mantener el equilibrio. Fue una suerte que la persiana me impidiera seguir de largo hacia el vacío. El piso dentro de esa sala estaba girando y temblando bajo mis pies. Apoyé una mano contra la pared y me doblé en dos. Vomité todo lo que había tomado y comido en el transcurso de la noche. Con el cerebro hecho puré y el estómago vacío emití las últimas arcadas de desesperación. Toda la esperanza que tenía en el mundo se había derrumbado en tan solo segundos. Con mi alma partiéndose en mil pedazos me dirigí tambaleando hasta el rincón opuesto de la sala, me dejé caer en uno de los almohadones que utilizábamos como asientos y me coloqué en posición fetal. Lloré, gemí, intenté respirar y no pude, estaba en estado de shock. Allí supe que estaba verdaderamente enamorada y que todo se había terminado.

Continuará...


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