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Fecha: 30-Ago-14 « Anterior | Siguiente » en Hetero: General

Vacaciones en familia, ¡qué asco!

Delapluma
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Tiempo estimado de lectura: [ 23 min. ]
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Oli e Irina parten en vacaciones con sus primos Beto y Dulce; todo podría ser perfecto de no ser porque la madre de Beto no quiere consentir que él y Dulce duerman juntos al no estar casados, ¿cómo la esquivarán? Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.
-¿¡Que vienen QUÉ?! 
 
Debí haberlo supuesto. Tenía que habérmelo imaginado y prevenir a Irina que esto podía suceder, pero palabra de honor que no se me ocurrió ni por un instante. Mi hermana y yo nacimos solitos, pero mi padre y mi tío, son gemelos y esas cosas, se heredan… Dos por el precio de uno, que dijo el médico. Irina estaba embarazada de gemelos. Yo no sabía ni cómo tomármelo, pero mi mujer estalló en risas, encantada con la idea. 
 
-Ya no hace falta que discutamos por el nombre, ahora tú pones el nombre a uno, y yo al otro – bromeó aquella tarde, en casa, después de volver de la ecografía. Ahora, han pasado varios meses y a Irina ya se le nota que está en estado, a pesar que tiene el "embarazo boa constrictor" que lo llaman, porque sigue siendo delgada y tiene sólo mini tripa. Todo el mundo le dice que debe ser un bebé chiquitísimo, y cuando dice que está de gemelos, nadie la cree. Al principio yo tampoco, y tenía mucho miedo de que uno de los dos niños no llegase a nacer, pero el médico me tranquilizó, todo iba estupendamente. Nacerán para noviembre, cerca del cumpleaños de Irina y a mí a veces me parece que el tiempo no pasa nunca. 
 
En la universidad, todo el mundo me ha felicitado como veinticinco veces, lo mismo que a mi mujer, pero mientras que a ella le dan enhorabuenas y besitos y entre sus alumnos hicieron una colecta para comprarle dos pijamitas con muda completa realmente bonitos (y se los compraron en blanco, porque no sabían si Irina traía niñas, niños o niño y niña), a mí no falta quien me haga insinuaciones de lo picarón que soy o hasta lo macho, y aún no sé quién fue el gracioso que me dejó una tarjeta en el ordenador de la biblioteca con el dibujo de un torero que decía "eres único haciendo faenas… pero ahora, córtate la coleta, torero". La verdad es que me da un poco de corte, pero en el fondo, he de reconocer que a Oli el Perfecto le gusta tener esta nueva fama. Llegaron las vacaciones e Irina desveló a sus alumnos, además de un sentido agradecimiento por el regalo, que lo que traía eran dos varones. Según me enteré más tarde, los alumnos habían hecho una porra y la cosa estuvo bastante igualada. 
 
Ahora estamos de vacaciones, y en el mes de Agosto, mis tíos se empeñaron en que fuéramos a pasarlo a la casita de la playa, con ellos y mi primo Beto y su novia. Sinceramente, no es que el plan me sedujera demasiado, mi tío no es la persona a quien tengo más cariño del mundo, y la verdad que me escamaba seriamente el que invitase a Beto también, no soporta a su hijo y se ha pasado media vida diciendo que no es hijo suyo… pero mi primo se volvió loco de contento al enterarse de la invitación, porque a pesar del miedo que le tiene, sigue adorando a su padre, pero tampoco se atrevía a ir solo con Dulce, de modo que, por no dejarles solos, nos apuntamos también. 
 
-¿Vas bien, Irina? Si te mareas, dilo enseguida, ¿eh? – dijo Dulce, que era quien conducía en ese momento, íbamos los cuatro en su coche, que es más grande que los nuestros. 
 
-No te preocupes, voy de maravilla. 
 
-Y… y yo estoy casi bien… - musité, pero enseguida el estómago me dio un vuelco y metí la cabeza en la bolsa de plástico que me habían dado en la última gasolinera, mi cuerpo hizo un ruido de desagüe verdaderamente asqueroso mientras el desayuno deshacía el camino de entrada. – Urgl…. Bueno, ahí va lo que quedaba de las… tostadas… con… huevo, ¡bluaaarghh….! 
 
-Oli, cielo, ¿seguro que no quieres parar?
 
-No, no, estoy bien, en serio, estoy bien… - contesté, atando bien fuerte la bolsa – es psicológico, nada más, es este tramo del camino… en cuanto lo pasemos, estaré como nuevo, por favor, Dulce, pásalo pronto, ¿quieres? No te pares aquí…
 
Beto se reía cantando el tricentésimo quincuagésimo séptimo elefante que se balanceaba sobre la tela de la araña, porque él sabía de qué iba la cosa. Teniendo yo unos siete años y mi hermana doce, en ese mismo tramo de la carretera, todo lleno de curvas y revueltas, yo solía ponerme medio malo, pero no llegaba a marearme, me bastaba con cerrar los ojos durante como la media hora que duraba ese trayecto, y listos, la mayor parte de veces me quedaba dormido y no había suciedades que lamentar… pero en ese año fatídico, ahí estaba yo con los ojos cerrados, cuando noté un olor muy raro, y mi hermana que pegó un gritó y se puso a llorar. Abrí los ojos y lo que vi casi me mató del susto: mi hermana tenía la falda naranja toda de color rojo, los muslos y su trozo de asiento empapados en sangre. La visión y el olor fueron demasiado para mí y solté hasta la primera papilla sin poder contenerme. Mi madre me explicó que eso, era normal, que era algo que les pasaba a las chicas cuando dejaban de ser niñas y se hacían mujeres. A mi hermana siempre le ha gustado hacerlo todo a lo grande, y en lugar de manchar un poquito la ropa interior, soltó un señor coágulo que parecía que habíamos llevado un cadáver en el coche. Con el tiempo lo fui entendiendo, pero era pasar por ese punto del camino y… no podía evitarlo, el susto y el asco de aquél momento me volvían con la misma fuerza de entonces y todo para fuera. Pero al fin, llegamos a la casa de verano.
Cuando su suegro se murió, mi tío vendió la vieja casa del pueblo y con lo que sacó, mis tíos se compraron una casita cerca de la playa. No es que sea una mansión, pero está muy bien, dos plantas, tres habitaciones, y piscina. Para bajar a la playa hay que bajar una cuesta de doscientos quince escalones (no los he contado yo, los contó Beto, yo sólo tuve que preguntarle), y lo mismo para subir… cuando bajas, no hay problema, pero para subir, se hace eterno, pero en fin, no está mal a pesar de todo.
 
-¿Cómo está mi sobrino favorito? – me dijo mi tío apenas nos vio llegar, e hizo ademán de darme dos besos, pero yo había tenido buen cuidado de llevar la bolsa que había llenado en el tramo fatídico, y mi tío detuvo el gesto. 
 
-Muy bien, gracias, ¿dónde tiro esto? – le presenté la bolsa, y llamó a mi tía para que la tirara ella, y enseguida me apretó contra él, no había podido librarme… 
 
-¿Esta es tu chica? – dijo, mirando a Irina – Siempre digo que a las chicas os sienta bien el embarazo, ya sé que traes gemelos ahí dentro, ¡así se hace, Oliverio, si es que has sacado la chimenea de tu tío, maricón! 
 
-Tío Simón…. – susurré, apurado, pero mi tío me pegó una palmada en la espalda.
 
-¡Ah, sí, no te gusta que te llame maricón! Y es cierto, ya no puedo llamártelo, has demostrado que no lo eres… aunque de eso, la última palabra, la tiene tu chica, ¿Qué dices tú, es un maricón o no? – La pobre Irina no sabía ni qué cara poner, yo ya le había dicho que mi tío era un poco rudo, pero… desde luego, ella no se imaginaba que lo fuera tanto. – Bueno, ¿se te ha comido la lengua el gato? Qué encanto, otra tímida… pero qué tendrá esta familia, que no metemos más que tímidos en ella…
 
-Oli ya me había hablado de que usted era… algo expansivo. – sonrió Irina, y lo hacía sólo con la boca – Pero no, le garantizo que su sobrino, no es un maricón, no agraviando lo presente. – A mi tío se le cortó la risa de golpe y yo me quedé que en ese momento, me pinchan el corazón y de sangre, no me encuentran una gota, ¡la que le acababa de soltar! Simón se la quedó mirando, y mi mujer le sostuvo la mirada. Y entonces se echó a reír de nuevo. 
 
-¡Qué diplomática es tu chica, Oliverio! ¡Qué modo tan fino de decirle machote al dueño de la casa! ¡Has elegido bien con ella, cabroncete! ¡Vamos adentro!
 
Mientras mi tío se metía en la casa sin decir por ahí os pudráis, mi tía quiso ayudarnos con el equipaje, pero se lo quitamos de la cabeza, y entre Beto, Dulce y yo, lo entramos todo. Irina quiso ayudar, pero antes que se lo impidiera yo, la propia Dulce le dijo que ni hablar de coger pesos, y sólo la dejó llevar su neceser. 
 
-Papá… - ya dentro de la casa y con las maletas en nuestros cuartos, el bueno de mi primo intentó presentar a su novia. – Esta… es mi novia. Se llama Dulce. Vivimos juntos. – Beto estaba rígido, apretando a Dulce de los hombros. Simón miró a su hijo de arriba a abajo, y luego sonrió con falsedad. 
 
-Hola. – contestó y tendió la mano a la novia de su hijo, quien se la estrechó en una sonrisa vacilante – me alegro de conocerte. Me gustaría decirte que Humberto nos ha hablado de ti, pero mentiría. Éste no sabe decir nada, habla a veces, pero nunca dice nada. 
 
-Encantada, señor Simón. – contestó Dulce. Mi tío apenas la miró, se dio la vuelta y los ignoró. Beto respiró tranquilo y abrazó a su novia.
 
-Si no te ha insultado, es que todo va bien. – le dijo – A Cristina, la primera vez que la vio, le dijo que tenía la cara de la única puta que sería capaz de liarse con algo como yo. 
 
-Ah… qué… qué natural es tu padre. – sonrió Dulce con algo de apuro, y mi tía nos ayudó a hacer las camas. 
 
****************
 
A Dulce le había encantado la idea de conocer a la familia de su Beto. Al menos, en principio. Cuando empezó a oír hablar del padre de su novio a su propio novio y a Oli, primo de éste, pensó que siempre se exageraba, que ella no iba a asustarse por tratar con alguien un poco duro de carácter, a fin de cuentas, ella había tratado con el Zorro Carvallo, peor, no podía ser… Pero cuando tuvo a ese hombretón grandote y maleducado frente a ella, tuvo que admitir que SÍ podía ser. Carvallo podía ser duro, pero tenía un gran cariño por Beto y por ella, y eso se notaba. Aquél hombre no daba la impresión de sentir el mínimo afecto por su hijo, ni siquiera le saludó cuando le vio llegar, saludó sólo a su sobrino, de hecho… a Dulce no le pasó por alto que había evitado deliberadamente mirarle a la cara. Incluso cuando Beto le saludó, apenas le había mirado. Su madre parecía distinta, menos mal, pero esperó pacientemente hasta que Simón se hubo marchado para dar un gran abrazo a su hijo y llenarle la cara de besos. Beto sonreía feliz entre las manos de su madre, y Dulce sonrió. 
 
-Yo soy Marta, querida, ¿cómo estás? – le dijo la madre de Beto, dándole dos besos, mientras subían la escalera para hacer las camas. – Oh, Beto debió decirme que venías con él, habríamos preparado el sofá cama del salón para ti… no importa, las chicas dormiréis en un cuarto, y los chicos en otro. 
 
-¿Qué? – No fue sólo Dulce la que hizo esta pregunta. Marta se quedó mirando a las dos parejas como si hubieran hecho una pregunta muy tonta. 
 
-Hijos… Beto y Dulce no están casados. No pueden dormir juntos, no estaría bien, y menos con tus padres aquí, Beto, hijo, comprende que no sería correcto. Y tú, Oliverio, tu chica está demasiado delgada para llevar un embarazo sano, lo menos que conviene es forzarlo con tonterías, evitando la ocasión, evitaremos el peligro. Los chicos en un cuarto, las chicas en otro. No se hable más. 
 
-Hecho, no se hable más. Oli, vámonos a casa – dijo Irina, pero Oli la retuvo. 
 
-Tia Marta, por favor… no puedes pretender que… I-Irina y yo estamos casados, y dormimos juntos, no… no vamos a dormir separados porque… porque tú lo mandes. 
 
Marta miró a Oli con una tristeza infinita. 
 
-Oliverio… por Dios, pero si yo no te mando nada… sólo quiero que paséis aquí las vacaciones, unos cuantos días, nada más, y quiero que lo paséis bien, pero no seas egoísta, hijo… estás en casa de tus tíos, ellos te invitan de todo corazón, te dan alojamiento, playa, comida, gastos pagados, no piden nada a cambio, lo hacen porque les sale del cariño que te tienen, y lo único que tienes que hacer, es no dar escándalos y portarte correctamente, ¿te vas a marchar de mi casa si te pido que no hables con la boca llena o que no hagas pis en el pasillo….? Hijo, por favor, pues esto, es lo mismo. Cariño, no te enfades… que ya tengo bastante con tu tío.
 
Dulce vio que la cara de fastidio de Irina se podía cortar con un cuchillo, pero no había nada que hacer: Oli había cedido al chantaje sentimental, no podía evitarlo. A ella tampoco le gustaba la idea, pero no quería empezar la relación con su futura suegra con una discusión sobre porqué no estaba mal que una pareja durmiesen juntos sin estar casados antes… Si Beto se callaba, que eran su madre y su casa, ella no abriría la boca por más que le reventase el panorama. 
 
-¡Ay, me dejé la colcha abajo! – dijo Marta, ya en el que sería cuarto de las chicas. Oli e Irina se fueron a arreglar el otro, y de paso, aprovecharían para hablar. – Beto, hijo, ¿quieres bajar en un momentito a por ella?
 
Beto asintió y se marchó del cuarto. 
 
-¿Es adorable, verdad? – inquirió su madre, viéndole marchar.
 
-Sí. Es un encanto – convino Dulce.
 
-Te mataré si le haces daño. 
 
-¿Eh….? – Dulce miró a Marta. El semblante de ésta, antes el de una señora mayor encantadora, había cobrado una crueldad y una dureza que asustaron realmente a la joven. 
 
-Mi hijo es una criatura inocente y bondadosa, es un niño muy especial… una chica como tú, que va con esas ropas provocativas y esos sostenes que le marcan más de lo que tiene, no se lo merece. Si él te ha elegido, yo tengo que aguantarme… a no ser que consiga abrirle los ojos. Pero si se te ocurre hacerle daño, te mataré, te prevengo. Cristina se me escapó, pero tú no te me escaparás, haz sufrir a mi niño y te sacaré los ovarios por la garganta. 
 
-Pero… Marta, yo…
 
-SEÑORA Homobono. A diferencia de ti, yo soy una señora, y me vas a llamar por mi nombre, si quieres que mi niño te siga mirando a la cara. Te lo advierto, él sabe que yo soy la única que siempre le ha cuidado y defendido. Si le digo que te eche de aquí a patadas, lo hará. Así que ándate con mucho ojo. – Los ojos de Marta despedían chispas de furia, y cuando Beto cruzó la puerta, a Dulce le dieron ganas de abrazarse a él en busca de protección. 
 
-¿Ya sois amigas…? – preguntó el funcionario con su gran sonrisa de tontorrón, tendiendo la colcha a su madre. 
 
-Oh, sí, cariño… - contestó Marta – Acabo de explicarle las normas de la casa, y estoy segura que las ha entendido, ¿verdad que sí….?
 
Dulce asintió, incapaz de articular palabra, sólo capaz de pensar que, a sus ojos, Marta estaba tomando un sospechoso parecido con la madre de otro "maravilloso niño especial….". "Si alguien me dice que mi Beto se cayó a un lago durante un campamento de verano, me voy a preocupar…." Pensó. 
 
****************************
 
-Ya sé que te joroba, Irina, también a mí… pero ponte en mi piel, ¿qué hago? ¿Le tiramos la invitación a la cara? ¿Me pongo terco con una mujer de casi setenta años que, en presencia de su marido, apenas abre la boca y que se rompió la cadera hace cuatro…?
 
-Ya lo sé, es una anciana, es tu tía, y con soportar a tu tío, tiene ya bastante… pero esa, tampoco es excusa para que nos fastidie las vacaciones a nosotros… Quiero poder estar contigo. 
 
Me sentía mal, me sentía realmente furioso hacia mi tía por su estúpida manía de moralidad y sobre todo, de meterse donde nadie la llamaba, pero… siempre he tenido más paciencia con ella por el cariño que le tiene a mi primo y por aguantar años y años a mi tío, y sinceramente, con lo mayor que es, me da verdadero apuro enfrentarme a ella, me sentiría una especie de ogro ingrato si lo hiciera, pero por otro lado, me sentía un pusilánime por ceder. Pasé el brazo por los hombros de Irina y la apreté contra mí. 
 
-Irina… mis tíos son mayores, siempre se acuestan muy pronto, nosotros nos quedaremos hasta más tarde, y sin estar ellos, ¿quién nos va a impedir que durmamos juntos, eh? – Mi mujer me miró con una sonrisita que no acabó de gustarme, y contestó:
 
-Beto. 
 
Mier…. Tenía razón. Mi primo SIEMPRE hace lo que le dice su madre. Si ella había ordenado chicas y chicos separados, sería chicos y chicas separados, no había otra. 
 
Los días del veraneo empezaron a pasar. Todas las mañanas bajábamos a la playa los cuatro (mis tíos, rara vez bajaban. No sé porqué se compraron la casa en la playa, si casi ni pisan la playa) y lo pasábamos muy bien jugando en el agua y disfrutando de estar solos… casi era el único rato del día que lo pasábamos bien, porque podíamos estar juntos y besarnos sin que mi tía nos mirase mal, así que nunca teníamos ganas de volver arriba a comer. Intenté hablar con mi primo para que por una vez, una vez, se saltase el obedecer a su madre y cada quien pudiese dormir con su pareja, pero Beto puso cara de horror apenas empecé a proponérselo; para él, era una especie de herejía desobedecer a su madre. Tenía unas ganas locas de estar con Dulce, pero saltarse un mandato de mi tía, era algo impensable. Dulce no parecía muy contenta con esto… de hecho, esquivaba claramente a tía Marta, cuando ella le pedía que la ayudase a traer algo, miraba a Irina con cara de espanto, y últimamente ni tenía que mirarla, mi mujer directamente se levantaba de forma automática. Le pregunté, pero no supo decirme nada. 
 
-Sólo dice que la madre de Beto le impone mucho… - me contestó aquél día en la playa, los dos en el agua, llevábamos mucho rato nadando y estábamos simplemente dejándonos mecer, descansando. – Que desde aquél día que dijo que una pareja que no estaba casada no pueden dormir juntos, tiene miedo de que la regañe y no se quiere quedar a solas con ella… Yo creo que ella le da miedo, Oli. 
 
-¿Mi tía…? Pero si esa mujer no haría daño a una mosca… - contesté perezosamente, dejándome arrastrar de un lado a otro por el agua. El mar estaba transparente del todo, veía el cuerpo de mi Irina mecerse a mi lado, se había puesto muy morena y sus ojos azules destacaban mucho más, y su pancita hacía una curva preciosa en su cuerpo. Después de los días que llevábamos sin ni siquiera dormir juntos, el ver su cuerpo en bikini así, la verdad que me parecía muy erótico, pero como daba igual que me pusiera incluso cachondo, porque no había manera de consumar las ganas, más me valía aguantármelas. 
 
-No hará daño a una mosca, pero es muy posesiva con Beto, más aún que tú, y tú al principio, con ella, fuiste… algo brusco. Quizá le ha dicho algo que la ha hecho sentir incómoda, quizá no nos demos cuenta pero le esté haciendo desplantes y se siente mal… ¡Oh, mira, un ala delta! – Irina señaló al cielo para enseñarme el triángulo amarillo, verde y azul que surcaba el aire, pero yo vi… otros triángulos. Los de su bikini azul, concretamente, todo lleno de gotitas de agua, conteniendo a duras penas sus pechos, que han crecido mucho con el embarazo, y sus pezones, erectísimos por el agua y que a pesar del forro de la tela, se distinguían perfectamente. Instintivamente, me encogí bajo el agua. Los bermudas se me habían quedado pequeños de golpe. – Qué bonito… me gustaría intentar eso alguna vez, debe ser maravilloso… ¿Oli? ¿Qué pasa?
 
-Nada. – contesté demasiado rápido. Me llevé una mano a la cara y me di cuenta que tenía los mofletes muy calientes. Irina me sonrió con picardía. 
 
-¿Qué pasa….? ¿Algún accidente….? – Irina se agachó conmigo en el agua, yo intenté resistirme, pero me pellizcó las costillas y al moverme, se hizo visible mi estado. Mi mujer se rió y me besó - ¿En qué estaba pensando mi picarón?
 
-Irina, no me fastidies encima… ¡estate quieta! – protesté, porque no dejaba de hacerme cosquillas en la cintura y se acercaba peligrosamente a la "zona X" – Es que… no he podido evitarlo, hace varios días que cuando extiendo el brazo, lo único que toco es el culo de mi primo, y comprenderás que no sea lo más excitante del mundo, y ahora te veo a ti, poco menos que medio desnuda con ése bikini, y mojada, y… bueno, uno no es de piedra.
 
-Oli…. Pobrecito cielo mío… - murmuró mi mujer, y agachándonos más en el agua, me besó. Su boca sabía a sal, y su lengua sabía dulce, muy dulce y fresca, y mis manos pensaron solas y la apreté contra mí, rozando sus pechos con la mano libre, muy suavemente… hasta que mi Irina me tomó de ella y me invitó a apretárselos sin reparo. Un gemido ronco se escapó de mi pecho y sentí que perdía la cabeza, que mi pene pensaba por mí, quería a Irina y la quería ahora, ahora mismo. Mis manos empezaron a colarse por su bikini sin que yo pudiera contenerlas, y la risa de mi mujer me quemaba los oídos, no me frenaba, me animaba a seguir… - No te pares, Oli… casi no hay gente, nadie nos ve… agacha un poquito…
 
El agua nos cubría casi hasta el cuello, me agaché como me pedía y mi mujer tiró de mis bermudas azul oscuro sólo lo justo para descubrir mi terrible erección. Sentir el agua en las nalgas y el sexo me encantó, una infinita frescura me embriagó cuando las olas me acariciaron sitios tan sensibles… y cerré los ojos de gusto mientras se me escapaba un suspiro cuando las manos de Irina me acariciaron también. Me abracé a ella, los dos con el agua casi por la boca, mientras ella acariciaba de un modo increíblemente dulce mi pene… aah, tantos días sin sentir nada por ahí abajo, ni siquiera me había masturbado, y ahora me estaba haciendo caricias, de arriba a abajo, jugueteando con mis bolitas, y lo hacía con tanta suavidad… Los dedos de mis pies se encogían solos y tenía ganas de gritar su nombre hasta quedarme sin aire, qué dulce, qué dulcecito… 
 
Irina me beso y nuestras lenguas empezaron a juguetear, aleteando, mientras mis manos se habían colado en la braga de su bikini y le masajeaba las nalgas, bajando más cada vez, buscando tocar su intimidad… Moví la mano derecha al frente y le bajé un poco las bragas, retozando en la piel tan suave de su sexo, acariciando, tentando la entrada sin tocar… 
 
-Más… - susurró mi mujer, el vaho de sus palabras acariciaron mi rostro – Por dentro… tócame… - No me lo hice repetir, y mi dedo corazón se abrió paso entre sus labios vaginales para acariciar su perlita. Irina se estremeció entre mis brazos, con una sonrisa temblorosa, y me miró, con unos ojos llenos de cariño y picardía. Me iba a dar un ataque al corazón, pero seguí acariciando. Su sexo estaba ardiente, húmedo… era una humedad muy distinta a la del agua, más espesa y viscosa… más erótica, incluso obscena, y me encantaba sentirla. Metí un dedo en ella, e Irina tuvo que contenerse para no gritar. – No… no aguanto más… 
 
Me besó de nuevo y se volvió de espaldas, bajándose el bikini hasta las rodillas, y empezó a frotarse contra mí… Ay, Dios, esto ya iba mucho más allá de un simple jugueteo, íbamos a hacerlo, íbamos a hacerlo allí, en medio del agua, en una playa con gente… es cierto, no había mucha, apenas un par de familias y unos cuantos adolescentes, y ninguno nadaba cerca de nosotros, pero aún así podían vernos… Una parte de mí sintió verdadero horror, pánico por ser descubierto, pero otra recordó las infinitas frustraciones juveniles, la odiosa presunción de todos aquéllos que tenían más éxito con las chicas que Oli el Virgen, y me dieron ganas de agitar los brazos y gritar "¡Eeeh, que estoy follando, pringaooos!". 
 
Irina tenía el coñito caliente, muy caliente, y se dejó caer muy despacio sobre mí. Se me escapó todo el aire del pecho un poco más alto de lo que hubiera sido prudente, pero nadie nos miró siquiera. Mmmh… así dentro del agua, parecía más estrecho aún. "Estoy dentro" pensé confusamente "Estoy dentro de Irina, en medio de una playa pública, a plena luz del día, y encima ella está embarazada… ¿qué clase de pervertido soy yo…?", pero mientras me lo preguntaba, mis manos estaban bajo su sostén, apretándole los pechos y pegándola más a mí. 
 
-Haaah… Oli… cuánto te deseo… qué ganas tenía de esto…. – musitó mi Irina, el tono agudo de su voz delataba los esfuerzos que hacía para no gritar. Me agarró de las nalgas y tiró de mí, y empecé a moverme, ¡Dios…! Todo mi bajo vientre pareció cantar de alegría cuando la cálida estrechez se frotó sin piedad sobre mí. Llevaba muchos días en ayunas, supe que no aguantaría mucho y no quería deja a Irina a media función, quería que terminase conmigo dentro, así que bajé una mano a su perlita y comencé a acariciarla mientras no paraba de empujar, qué bueno era… 
 
-I-Irina… te adoro… - sólo pude decir, y ya era bastante, teniendo toda la sangre en la cabeza de abajo. Mi pene estaba extasiado de gozo, envuelto en la calidez más acogedora que podía concebirse. Cada vez que me movía, sentía el fresquito del agua en la parte de mi miembro que quedaba fuera, y enseguida el calor tórrido y maravilloso de su sexo al entrar de nuevo en ella, la sal escocía un poquito, pero de un modo maravilloso. Irina gemía y parecía a punto de echarse a llorar por la pura frustración de no poder gritar, su clítoris resbalaba entre mis dedos, intentando escapar de las torturadoras caricias a las que lo sometía, pero lo tenía bien pescado, no iba a permitirle escapar… no sin darle a mi mujer un bien merecido orgasmo, que parecía que iba a llegar pronto. También ella estaba en ayunas como yo, y tenía las mismas desbocadas ganas. 
 
El agua tintineaba a nuestro alrededor, nuestro movimiento, por más que quisiéramos disimularlo, producía olitas y espuma en torno a nosotros, juraría que una mujer miró en nuestra dirección y volvió la cara con excesiva rapidez, pero ya era imposible parar, los dos estábamos a punto, a mí me temblaban las rodillas, podía sentir el picorcito gestándose dentro de mí, desde la base de mi pene, y mi Irina daba convulsiones y sus manos, agarradas aún a mi culo, me apretaban en estertores, mientras susurraba "sigue… sigue…" apenas audiblemente… el picor crecía, el placer aumentaba, me iba a derretir de gusto, y por fin Irina dio un golpe de caderas y me dejé ir casi a la vez que ella, un calambrazo delicioso cerró mis nalgas con fuerza y golpeó en un latigazo mi columna vertebral en un segundo mientras mi miembro se vaciaba en las entrañas de mi Irina, podía sentir la descarga tironeando de mi pene, deliciosamente exprimido en medio de las contracciones orgiásticas de mi mujer, que se tapaba la boca con una mano, y mi cuerpo entero parecía mantequilla fundida… abracé plenamente a mi mujer mientras mi pene, por efecto de los empujones, se salía de ella… noté unas últimas gotas de mi esperma quedando dentro del agua… 
 
Con esfuerzo, Irina se volvió. Tenía la expresión de felicidad más absoluta que nunca he visto. Ronroneó como una gatita y se abrazó a mi cuello, besándome y metiéndome la lengua hasta la garganta, con infinita ternura… le acaricié la espalda y me agaché en el agua para subirle las bragas, acariciando su sexo por última vez. Mi mujer, sin soltarme la boca, me arregló también a mí los bermudas, dando un par de palmaditas amistosas en mi miembro. Acaricié la tripa de mi Irina. 
 
-¿No se habrán molestado, verdad? – dije, refiriéndome a los dos marcapáginas – Quiero decir… ¿no habrán sufrido por esto, no? – Mi mujer me miró con dulzura. 
 
-¿Estás de broma…? Están contentos porque Papá quiera tanto a Mamá. No te creas lo que dice tu tía, el médico dijo que estoy bien de peso y que no hay motivos para que nos privemos de estar juntos… Mi cielo. – me besó la nariz y decidimos salir del agua. 
 
Dulce estaba medio amodorrada tomando el sol, Beto nos contó que le había dado crema en la espalda y le había puesto el sombrerito de paja, así que no había que preocuparse porque se quemara, pero que de todos modos, la llamaría en un rato. Irina se tumbó también al sol un ratito cerca de ella y mi primo y yo nos quedamos solos bajo la sombrilla. Me sentía literalmente en la gloria. No me gustaba estar con mi tío Simón, que no tiene una palabra amable para su único hijo, que todo lo que sale de su boca son tacos y groserías y pretende vacilarle a mi mujer, o darle azotes en el trasero a poco que se descuida… sé que no lo hace con esa intención, porque trata así a todo el mundo, a mí también intenta sacudirme en el mismo sitio, pero me parece desagradable que lo haga… No me gustaba que mi tía nos hubiese impedido dormir juntos y no me gustaba su forma de ser tan posesiva con mi primo, como si éste fuese todavía un bebé… Pero ratitos como el que acababa de pasar, hacían del conjunto, unas buenas vacaciones. 
 
-¡Ay…! – ahogué un quejido de pronto.
 
-¿Qué pasa? – preguntó Beto. 
 
-No es nada, me… me escuecen un poco mis partes. Debe ser la sal. – Beto se quedó pensativo. Me miró. Miró a Irina. Miró al mar. Y de pronto, se echó a reír, muy colorado. 
 
-¿Qué? – sonreí. 
 
-Nada… ¡jijijijiji….! Es que… a mí también me escocían una vez… después de bañarme en un jacuzzi con mucha espuma… ¡y con Dulce, jijiijiji!
 
Si mi tía hubiera acercado la sartén de la paella en ese momento a mi cara, se hubiese ahorrado una locura de gas.
 
(Entérate de la segunda parte antes que nadie, en mi blog: http://sexoyfantasiasmil.blogspot.com.es/2013/07/vacaciones-en-familia-que-bien.html )

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