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Fecha: 07-Mar-16 « Anterior | Siguiente » en Textos educativos

Causa y Efecto

Darek Defens
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La Causa es la sociedad actual y el efecto, son las consecuencias de lo que nos va a llevar la situacion actual... Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

                Yo soy María, tengo veintiséis años y en este momento de mi vida me dado cuenta de lo que busco en la vida, todas mis relaciones pasadas han sido una pérdida de tiempo y es ahora, cuando me doy cuenta. Trabajo en una tienda de ropa y tengo muchas amigas, con las que me dedico a salir de fiesta hasta decir basta, no tengo amigos, porque estoy tan buena que todos mis amigos se enamoran de mí.

Causa:

 

                En un determinado momento de mi vida, tuve dos citas importantes, una fue con Carlos un chico gordito, que estaba en paro, que me trato muy bien y otra fue con Ramón un chico de gimnasio, que trabajaba en una discoteca y que me trato a su manera.

Cita con Carlos:

                Estaba un poco nerviosa, pues Carlos fue amigo mío y se había enamorado perdidamente de mí, a pesar de ser gordito, buena persona y bajito, era bastante guapo, aunque le faltaba un poco de confianza porque últimamente la vida no le iba muy bien. Había estado cerca de un mes insistiendo día si, día también, para que en mi día libre tuviéramos una cita, había aceptado por pesado, porque realmente no sentía nada por él, solo un estupendo cariño.

Quedamos a las siete, en plaza España, me sorprendió al llegar que estuviera puntual, aunque el era un chico puntual, siempre llegaba tarde por las circunstancias de su casa, me baje del autobús y le di dos besos.

-¿Cómo has?-

-¿Cómo lo he hecho? Sencillo, he merendado fuera de casa- Interrumpió mi frase para terminarla y explicármelo

En ese momento pensé que podría haberme avisado, aunque a las seis estaba demasiado ocupada poniéndome guapa para él, como para estar con él. Me sorprendió aun mas que me ofreciera su brazo, lo acepte para no hacerle el feo de rechazarlo y pasar el resto de la cita incomoda, aunque debía admitir que se había arreglado muy bien y que olía bien, además su tacto siempre te hacía sentir confortable.

-¿adónde vamos?- pregunte

-es una sorpresa- respondió con una sonrisa

Carlos no sonreía mucho y la verdad es que estaba guapo vestido con ella, me deje guiar a ciegas por mi propia ciudad y me llevo a la plaza San Antonio donde había una pista de hielo

-¿y esto?- volví a preguntar, yo soy muy curiosa

-He pensado que estaría bien, para romper el hielo- no solo rio él también me hizo reír a mí

Nos subimos a la pista, yo era muy torpe sin embargo, el estuvo a mi lado todo el rato, estuve a punto de caerme dos o tres veces, pero nunca me caí, porque allí estaba él, fue divertido, aunque creo que él, podría haber patinado y por mí, no lo hizo. Luego paseamos cogidos de la mano por la alameda, fue romántico, incluso debo admitir, que empecé a sentir un cosquilleo estúpido en el vientre, cuando tuve frio el me dejo la chaqueta y se pego mas a mí, haciendo que el frio desapareciera y provocando, que aun me sintiera más cómoda.

Nuestra cita siguió por el parque genovés, vimos la cascada, los patitos, pasamos por encima del puente, mostrándonos unas vistas al mar y a la ciudad increíbles, pero lo que más valoraba en ese instante no era el sitio, aunque ayudaba, era la compañía. Pasamos por debajo de la cueva, hubiera sido un buen lugar para besarnos, en realidad estuvimos a punto, pero cuando nos empezamos a mirar a los ojos, escuchamos un gemido de una pareja que estaba haciendo otra cosa en esa misma instancia de la cueva, salimos corriendo, riéndonos sin parar, abrazados el uno al otro.

Paseamos por la caleta y nos sentamos a ver el anochecer, el acaricio mis piernas una y otra vez, provocando sin quererlo que yo me excitara, pero sin subir demasiado nunca, ese chico no me miraba con deseo, en su mirada había otra cosa, que no conseguía descifrar, aunque me puse a tiro alguna vez mirándolo a él, mientras que el sol, se ocultaba por los bordes del mar, nunca me beso, entonces supe, que en el parque, tampoco me hubiera besado.

-Tengo hambre…- dije un poco apesadumbrada de cortar el momento

-No importa, ya tendremos tiempo de verlo, otra vez- respondió con una sonrisa

Buscamos nuestras manos y fuimos a comer al bella Italia, donde nos saludo su tía y nos invito a comer, ya que él, no llevaba dinero y entonces, llegando al final de nuestra cita, le pregunte:

-¿Qué planes de futuro, tienes?-

-eh… no sé, pienso dedicarme a algo, pero aun no lo tengo decidido- respondió el sorprendido

-tienes ya una edad… ¿estás haciendo algo?- volví a preguntar insatisfecha

-sí, estoy estudiando- respondió el preocupado

-¿el qué?- respondí, sabiendo que no me iba a gustar la respuesta

-una carrera de informática- dijo el mirando al suelo

¿Un informático? ¿Yo con un informático? La cita se había acabado, los informáticos se mueren de hambre y yo había decidido estar con un tipo importante, un abogado, un médico, un político, un arquitecto, alguien que ganara mucho dinero, para mejorarme la vida, comí con él, habiendo cortado todo el buen rollo de la cita y me despedí de él, aunque a pesar de todo, era un caballero, pues me acompaño hasta el taxi.

 

 

Cita con Ramón

                Estaba bastante tranquila, Sabia que Ramón me gustaba, lo veía cada día en el gimnasio y sabia que le gustaba a él, pues veía como me miraba el culo, cada vez que pasaba. Habíamos quedado a las diez de la noche para ir a un garito de moda a bailar, pero hacer antes un poco de botellón, aunque me dijo que invitaba él y que cenaríamos allí.

Cumpliendo su palabra había comprado alcohol y refresco del bueno, además me invito a cenar en el veinticuatro horas que había al lado del garito. Estuve preguntándole a que se dedicaba y su vida me pareció fascinante, era abogado pero su vida estaba llena de hobbies, el gimnasio, esquiar, turismo, boxeo. Ya me imaginaba una vida a su lado, iba a ser feliz, bastante feliz, así que, sin dudarlo mucho más, me puse a tiro y Ramón no fue como Carlos, Ramón me beso, aunque no era muy romántico, era pasional, así lo compensaba.

Estuvimos bebiendo arriba y conociéndonos, aunque de vez en cuando me tocaba el culo y nos besábamos, a mi no me importaba, me gustaba nada mas mirarlo, no como Carlos. Luego en la discoteca, estando mas borrachos que normales, llevamos el juego mucho mas allá, nos besábamos, nos acariciábamos, teníamos que parar si no íbamos a hacer otra cosa, se lo dije y él se rio, solo me dijo déjate llevar, al final acabamos en su casa, follando.

Con el paso de los años

                No es que me arrepienta, llevo diez años con Ramón, la vida no fue tan apasionante como esperaba, pero no he sido infeliz, ahora ha engordado un poco, tenemos una hija pequeña y bueno gran parte de lo que gana se lo queda.

Tenemos muchas peleas, pero, bueno, vamos viviendo, aunque muchas veces pienso como hubiera sido mi vida con Carlos, seguro que muy diferente…

Encuentro con Carlos

                Una mañana salgo de mi tienda y veo que están poniendo delante de mi tienda otra tienda, al fijarme en ella me doy cuenta de que es otra tienda de informática, pero de ella sale Carlos, junto con una chica, al verme, me saluda, yo le saludo y decidimos ir a tomar un café juntos.

El me cuenta que tardo mucho en olvidarme pues llevaba toda la vida enamorado de mí, yo le cuento que estoy casada, que tengo una hija y que soy muy feliz, el me cuenta que tiene catorce tiendas de informática, que tiene novia, pero que es muy feliz, aunque yo lo de feliz lo digo con boca pequeña, el lo dice con boca grande y se le nota.

Efecto

                Tras un par de años, tengo un accidente, quedo parapléjica, no tengo familia, solo a mi marido y a mi hija, al principio mi marido me cuida, pero cuando el médico le dice que no volveré a andar, poco a poco siento como se va alejando de mí. Hasta que ya no viene por las noches, me siento sola, solo dejo su dinero, su dinero al mes, pero tanto a su hija como a mí, nos ha dejado desvalidas, pues ya no dependo de mi sola, necesito ayuda, llamo a Carlos, muerta de vergüenza no tengo a nadie más, no me queda más opción.

Carlos empieza a venir a cuidarnos, yo siempre le digo que quiero agradecérselo de alguna manera pero él no se deja, no falta ni una mañana, ni una tarde, ni una noche, está allí para todo lo que necesita mi hija un padre, está ahí, para todo lo que necesita una invalida, pero no está allí como marido, a pesar de tener tantos locales de los que ocuparse, no nos falta de nada en ningún momento. Pero poco a poco va metiendo a su novia en casa, poco a poco, pasamos de ser tres a ser cuatro y entonces me doy cuenta, toda la culpa es mía, Carlos ahora está en forma, es rico, pero eso son cosas que pueden cambiar en cualquier momento.

Lo que nunca cambia son las cosas que tanto Ramón y Carlos han mantenido, Carlos sigue siendo buena persona y Ramón solo se quiere así mismo, dándome cuenta de eso y recibiendo los papeles de la custodia de la niña y de mi divorcio, le digo a Carlos un día a solas:

-¿podemos tener otra cita?-

-¿otra,  no te basto, con una?- Pregunto él, con una sonrisa

-quiero otra- suplique otra cita con el

Dejamos a la niña con su novia, y me llevo hasta la plaza España, lo que me hizo sonreír, porque recordé la cita que tuvimos hace unos diez o doce años, luego me llevo justo por el mismo camino hasta San Antonio, donde allí estaba la pista de patinaje.

-¿te importa si monto?- pregunto el

-no, no, monta- permití porque aunque yo no pudiera hacerlo, sería un buen recuerdo verlo montar.

El monto tras dejarme la chaqueta para que no pasara frio, como sospeche hace tantos años, el era bueno patinando, corría a la misma velocidad que los que trabajaban allí, patinaba de espaldas como ellos y giraba rápido sin caerse, yo aplaudía con sus florituras y aunque no pude participar, lo pase bien. Luego paseamos por la alameda y aunque no pudimos subir el puente, paseamos bajo la cueva, donde vimos a Ramón con una chica.

-¡Ramón!- Me sorprendió verlo con otra

-Hola, María, te presento a Laura, mi mujer – Contesto él con una sonrisa

-Con ella estuviste hace doce años, aquí, ¿verdad?- Pregunto Carlos

-sí, estábamos ahí, haciendo el amor- Señalo Ramón adonde habíamos escuchado el gemido

Mis lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos, pero Carlos, dijo:

-vámonos, cariño, dejémosles intimidad, como ese día- me guiño el ojo

-sí, vámonos- asentí, mientras lloraba, pero fingía ser feliz

En silencio, me llevo hasta la caleta donde paramos para ver el anochecer, la otra vez. Le pedí que fuera el padre de mi hija, que se casara conmigo, el lloro de emoción, pero se disculpo diciendo que ya era tarde, su novia le había pedido matrimonio y era una buena chica, no se merecía una traición por su parte, siempre lo había valorado, lo había esperado y siempre estuvo a su lado, me dejo claro que nunca nos faltaría nada ni a mí ni a mi hija, pero que él no podía ser ya mi marido, iba a ser el marido de su novia.

Ahora que recuerdo todo esto, tiene razón, solo me falto una cosa a mi lado Carlos, mi hija ya es mayor y yo me muero en la cama de un hospital, el siempre ha sido un padre para ella, yo recibí lo que merecía y quería, dinero.


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