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Fecha: 03-Ago-16 « Anterior | Siguiente » en Interracial

Chocolate

Pasiones1
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Me agrada el chocolate, sobre todo la piel de chocolate. Eso me provoca querer comerlo completo. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Sus manos eran grandes, de esas que miras y piensas: ¡Creo que es capaz de agarrarme bien todo un seno!
Lo conocí por esas cosas de la vida, vas a un disco, aparece un chico que te saca a bailar, y porque esa noche tenía ganas de probar algo exótico, accedí a danzar con el tipo de 1.90, manos grandes, color chocolate y ojos verdes.
El hombre era un sueño, su acento tropical, su cuerpo que de lejos se veía bastante trabajado, me incito a querer tocarlo, y hay que decir que estos chicos se la traen y te dejan saborear un poco entre un bailecito bien apretadito.
Fui palpando levemente, sus bíceps, tríceps y lo que sea más que tengan, su six pack envolvente, no solo era chocolate su piel, sino también tenía una barra en su abdomen.
Conversamos de cosas superficiales, la típica charla de cortesía para saber algo del otro. Se sentía tan rico el tan alto, y yo pequeña con la altura perfecta para que su pene se pudiese internar entre mis senos, era solo cuestión de desabrochar el pantalón, y que saliera la alegría.
Con mi perfecto minivestido rojo, mis tacones aguja, mis labios rojos, el pelo de fuego me movía al ritmo del “Perreo” y el de a poco se agachaba para que pudiésemos hacer el bailecito simulando ser follada por atrás. De vez en cuando le pasaba mis manos cerca de sus musculosos brazos.
Me encontraba tan hot, el de a poco comenzó a pasar sus manos cerca de mis muslos, los apretaba, y luego subía sus manos a mi cintura.
Nos quedamos de frente, nos miramos, nos acercamos más al ritmo de una bachata en la que me deje llevar por él, y rozamos nuestros labios de vez en vez, hasta que no pudimos más con el jueguecito, y me comió la boca salvajemente. El beso, el baile, hicieron que mis pezones se endurecieran y me apreté más a su cuerpo, podía sentir que él también tenía un trabajo debajo de ese pantalón.
Me miro con cara de “Te invito”, y nos fuimos a sentar. En la mesa, bebimos unos cócteles, conversamos vagamente, porque solo su mirada me perturbaba, mi rostro estaba enrojecido, y no atine a decir más: ¡Que hacía mucho calor!
El paso su mano por mi cara, sus dedos en mis labios, y yo no encontré nada mejor que meterme el dedo en la boca, chupetearlo mientras lo miraba a los ojos, se lo mordí un poco, y no se dijo más.
Se bebió todo el contenido de la bebida, yo el mío, me tomó de la mano, y salimos a la noche juntos.
Subimos a su auto, nos miramos y besamos de manera descontrolada. Sus manos rozaron levemente mis senos, y sentía que iba a quemarme. Tenía un deseo tan fuerte por ser penetrada ahí mismo, derretir su pene en mi vagina, porque el fuego que sentía en mi entrepierna me estaba quemando.
Puso andar el coche. Yo observaba las luces que pasaban rápido por mi ventana, no paraba de cambiar de posición mis piernas, y en los semáforos en rojo, el posaba su mano en mi muslo y lo acariciaba ¿En qué momento internaría esos dedos grandes en mi zorrita?
Me arreglaba el pelo, y me lanzaba aire con las manos, el calor que sentía era perturbador, cuando de nuevo se detuvo el carro, y él acarició mi pierna, le tomé la mano y la metí debajo de mi vestido, el solo alcanzo a rozar un poco mis bragas. Finalmente, quito la mano.  
No podía entender porque el chico no me acariciaba, y no encontré nada mejor que quitarme la ropa interior, tirársela en su pantalón, él la miro y me sonrió.
Abrí un poco mis piernas, y comencé a tocarme. El miraba de reojo toda esta escena, y se movía incomodo en su asiento.
El coche se detuvo, se bajó, me abrió la puerta, y entramos a un edificio. Una vez en el ascensor, me agarro, y puso mis piernas a sus costados mientras besaba mi cuello, pasaba su larga lengua rosa por mi cara, penetraba mis oídos, me lamía la boca, y me balanceaba para adelante y atrás. Pude sentir algo bien grande que chocaba en mi sexo. El hombre estaba duro, y yo muy húmeda.
Entramos a su departamento, yo aun en sus brazos, y me dejo en el piso. Mientras veía como se alejaba y me dejaba tirada yo pensaba: Solo quiero saber si era mito u era verdad, y bajo esa perspectiva me lancé en este juego con un extraño de chocolate.
Al rato volvió con una sonrisa descarada, y en compañía de alguien más. Otro negro igual de grande que él, me levante asustada, aterrada y trate de salir, y el por fin hablo.
-Tranquila, es mi hermano ¿Queríamos saber si te parecía follar con los dos?
- ¿Con los dos? Abrí bien los ojos.
- ¡Sí, una doble experiencia chocolatada!
Lo pensé por unos minutos, ya estaba aquí, quería obviamente descifrar ese enigma, pero jamás se me había pasado por la cabeza que fuera con dos negros, y menos que ellos fueran familia. El otro tipo era igual de guapo, de hecho, eran idénticos. ¿Qué suerte la mía? ¿Gemelos? ¿Los dos solo para mí?
Sopese un poco las cosas, yo era bien pequeña, no sé si me la podría con dos negros al mismo tiempo, pero la idea de obtener una nueva experiencia para relatar a mis amigas, me llamaba mucho la atención.
El primer negro, saco mis bragas de su bolsillo, las olió, las tocó y me las tendió.
-Huelen muy rico, y aún siguen muy húmedas ¿Me imagino que no quieres desperdiciar esa cantidad de fluidos? Asumo que tu entrepierna chorrea.
¡Madre mía! Pensé.
Otra vez la libido se me estaba subiendo a la cabeza, y le dije:
-Mis bragas te las puedes quedar aun, no las necesito por ahora.
- ¿Eso es un sí?
- ¡Definitivamente!
Los dos me tomaron de la mano, me llevaron a una recamara, donde todo era blanco y rojo. Me dejaron entrar primero, y uno de ellos me detuvo un poco, puso su mano cerca de mi entrepierna, comenzó a masajear, mientras me besaba el oído, me pasaba la lengua descarada. Luego, sentí otras manos que me quitaban el vestido, y otra mano desabrochaba mi sostén.
-Ve tu primero a la cama, y quiero que te pongas en 4 para nosotros.
Como una niña obediente, me subí a la cama y tomé esa posición, ellos paseaban por alrededor, me observaban, asentían con la cabeza, y se miraban risueños.
Uno comenzó a quitarse la camisa, el otro hacía lo mismo, se quitaron los pantalones, y quedaron solo con sus bóxer. Yo contemplaba dentro de lo que podía esta escena, se podía ver lo excitados que estaban ambos, sus miembros se hacían notar bajo la ropa interior, y eran tremendos.
Me sentía un poco humillada en esa posición, ambos solo se pegaban miradas cómplices, hasta que uno me dice:
-¡Tócate para nosotros! En esa misma posición.
Pasé una de mis manos a mi vagina, comencé a masturbarme tímidamente, podía ver desde abajo el brillo en sus ojos, y que no paraban de tocar sus penes. Hasta que el segundo no se aguantó más, se acercó a mi entrepierna, saco su lengua grande y gruesa, comenzó a abrirle paso a mi clítoris y a presionar levemente en él. Presa de un calor que suponía le quemaba la boca al negro rico, comencé a chorrear como un grifo. El metió uno de sus gordos dedos en mi zorra. Yo comencé a gemir desesperada. Su lengua se internó en mi culo y me penetraba el agujero, su dedo aún me masturbaba la hendidura, y siento al tiempo que otra mano me agarra el pelo, me pide abrir la boca, escupe en ella y me mete toda la lengua. Agarra mis pechos y me pellizca los pezones. Yo no podía más del aturdimiento, solo sabía que estaba dispuesta a jugar a lo que ellos quisieran.
Me dieron vuelta, se acostaron a ambos lados, los miré con la boca entre abierta y solo pensé: ¡Deja vu!
Sus 4 manos manosearon todo mi cuerpo, me sentía en una posición tan ventajosa. Solo que aún no podía saber si era “Mito o verdad”. Pero claramente todo indicaba que era una “Realidad”.
Dos dedos se internaron en mi vagina, me penetraron rico, los quitaron, y los metieron de lleno en mi boca.
- ¿Te gusta como saben tus juguitos?
Asentí con la cabeza.
Luego me penetraron nuevamente los dos dedos, entre risitas cómplices, y uno de ellos metió un dedo más, sentí un poco de dolor, que al poco rato se sintió placentero.
 
- ¿Te duele?
Entre gemidos les indique que no.
-Entonces podrás aguantar nuestros penes.
Se quitaron la ropa interior, y ante mí se presentaron dos penes gordos, venosos, erectos, exquisitos, y me dio hambre, quería endulzarme la boca. Hice ademán de acercarme, pero uno de ellos me acostó nuevamente. Luego, el otro tomó varias almohadas y las puso bajo mi cabeza.
-¡Observa, golosa! Dijo uno.
-Te lo vamos a meter entero, putita.
Comenzaron a masturbarse lentamente, y veía brillar de sus puntas el líquido pre seminal (Todo el tiempo sonreían mientras se tocaban sus miembros) Yo por inercia no podía dejar de mirar con grandes ojos, y pasarme la lengua por mis labios, ansiosa por poder tocar esos dos cilindros de chocolate.
- ¡Vaya chica que te cazaste hoy, hermano!
- ¡Ves como chorrea! Paso su mano por mi agujero, y se lo metió a la boca.
-Está chorreando por montones.
Seguía observando al par, sin entender nada. ¿Qué clase de juego era este? Por otro lado, hacían como si yo no existiese, pero al mismo tiempo me generaban placer solo a mí.
Mientras me sentía confundida, uno de ellos me toma y me ofrece su miembro, empuja un poco mi cabeza. Yo muy nerviosa lo tomó en mis manos, lo voy saboreando lentamente con mi lengüita pequeña, lo lamo como una gatita que toma su leche, y va ingresando por mi boca poco a poco, debo abrir la boca grande, comienzo a bajar y subir mi cabeza, tratando de que llegue a mi garganta lo más posible, pero solo me entra la mitad en la boca. El otro chico me agarra de las caderas, y mete toda su lengua en mi vagina. Al que se la chupo, pasa por debajo de mi abdomen su mano y me estimula el clítoris. Con la boca llena, lamida y masturbada, suelto un poco el chocolate, pero él cálido me obliga a seguir comiéndole el pene. No dejo de mover mi pelvis, y a soltar de vez en vez el juguete para gemir un poco tranquila. Sus risitas hacen eco en la habitación. Mis piernas se van tensando, mis dedos se arquean, y suelto el pene para gemir como una loca.
-¡Por favor, métanmelo ya! Jadeo.
El hombre que tiene mi vulva toda en su boca y la chupetea incesante se quita los pantalones, y siento que algo me golpea el culo.
-Te la meto si prometes no dejar de chupársela a mi hermano.
-Lo prometo. Chille.
Sentí como poco a poco iba entrando, me rasgaba, me abría, me levanto un poco, puso mis piernas a sus costados, y comenzó a meterlo más. Me escupió en el trasero. Tomaron mi cabeza y me metieron de lleno el pene en la boca, el chico a que masturbaba con mi boquita, posó uno de sus dedos en mi trasero.
Sin poder expresar la satisfacción que sentía al ser penetrada, la boca a tope y ese dedo en mi culo, decidí seguir chupando mientras sentía que me partían la zorrita.
Seguí chupando, con los ojos llorosos miré al negro que gemía bajito. Su boca grande soltaba pequeños alaridos de placer, use mis manos y las transporte a la base para subir y bajar su cuerito, le pegue la lengua en el prepucio, saboree como de a poco iba follándome la boca, sus embestidas eran más violentas. Venía el jugo a mi boca, se puso más dura y soltó el primer chorro.
-Te lo tragas todo, puta.
Soltaba el segundo chorro, y no podía ya más tener tanto semen en mi boca, me chorreaba por donde podía escapar. Y como sintonizados, su hermano comenzó a darme más duro soltando chorros. Estaban llenos de semen, y todo era para mí.
Ambos se levantaron, quede con la boca empapada, chorreando líquido, me pase la mano por la boca para limpiar un poco.  
-Quédate con el culito así, no cambies esa posición.
Uno con una facilidad me dio vuelta, y quede con mi culo ante sus ojos.
-Mira qué maravilla como cae todo mi semen por sus muslos.
-Es un desperdicio, hermano. Creo que la chica aún tiene mucha sed.
Sentí algo en mis muslos, no me dejaron mirar, la cabeza me la pegaron bien en la cama, y de repente ponen un plato ante mí con un líquido transparente.
-¡Es todo! Cómetelo.
Yo los mire sin entender nada, y quede mirando extrañada el plato, uno me agarro del pelo fuerte y metió toda mi cara en el plato, y la restregó en él.
Yo comencé a pasar mi lengua y a beberme todo el líquido. Estaba más frío, pero su sabor era parecido.
-Debes pasarle la lengua.
Tome el plato, le pase la lengua y lo limpie todo.
- ¡Que buena niña! Ahora las sábanas.
- ¿Qué?
-Que chupes las sábanas, no queremos que se desperdicie el semen de mi hermano.
Me puse a chupar las sábanas, por todo el sitio donde había caído semen.
- ¡Bien!
Comenzaron a masturbarse nuevamente, y acercaron sus penes a mi boca, chupaba uno, después otro. Los miraba con los ojos brillosos.
-Me encanta que me mires así bien perra cuando me lo chupas. Dijo uno.
-¿Te das cuenta que aún podemos seguir dándote? Lo dura que nos las pones. Dijo el otro.
Uno de ellos me tomo en brazo, paso una mano por mi sexo y metió sus dedos. Me embadurno el agujero del culo. El otro escupió en su mano, y me echo un poco más. Se apoyó en la pared, y de golpe me lo metió en la zorrita. El otro por atrás, lentamente comenzó a meterlo por mi culo.
- ¡Que apretado esta!
Yo solo jadeaba, luego gritaba. El que me daba por la zorra me metió un dedo en la boca para que lo chupara. Se lo mordí fuertemente, me ardía tremendamente el ojete, y cada vez empujaba más fuerte en mi culo.
En perfecta sintonía estaba siendo follada por ambos agujeros. Los negros se sonreían, yo solté el dedo y comencé a gemir desesperada, cada vez más fuerte, sintiendo que me partían.
Mi cuerpo sudaba, sus cuerpos estaban empapados, se escuchaba el golpetear fuerte de sus sexos con el mío. Turbé los ojos, y le rogué que acabaran.
Sus risitas se hicieron notar otra vez.
-No esto termina cuando te llenemos de leche el culo y la zorra, puta.
Sus lenguas se metieron por mis oídos, me lamían el cuello de vez en cuando. Uno comenzó a juguetear con mi lengua, sus movimientos locos. Sentí otra vez una mano en mi clítoris, sentía que me iba a desmayar de tanto placer. Ambos me estaban dando duro, hasta que comenzaron a hacerlo más fuerte, más rápido y a gemir levemente, sentí como me llenaban los chorros violentos que salían de sus penes descomunales. Los quitaron en breve, y se escuchaba como caía uno que otro poco de semen al piso.
Me dejaron en el piso.
-Ya sabes.
Comencé a pasar mi lengua por todo el piso para no dejar ni una gota de semen. Mientras escuchaba sus ¡Muy bien! Eres una perra limpia. 

Me tendieron en la cama, se acostaron a ambos lados. Yo ya no podía más, me sentía cansada, repleta, con una leve sonrisa en mis labios, pude tener una doble experiencia de "Chocolate". 


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