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Fecha: 13-Ago-16 « Anterior | Siguiente » en Parodias

Harry Potter y la ruta de Eros VIII

Stonentaller
Accesos: 12.190
Valoración media:
Tiempo estimado de lectura: [ 18 min. ]
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Hermione está muy preocupada por todo lo que ocurre alrededor de Harry, pero ella misma también lo está sufriendo. ¿Merece la pena dejarse llevar o debería llegar al fondo de todo este asunto con el apoyo de Ron? Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

¡Bienvenid@ a la octava parte de Harry Potter y la ruta de Eros! Ojalá el relato de hoy te atrape.

 

El capítulo que presento hoy es uno que tenía muchas ganas de publicar. Me ha dado bastante trabajo conseguir que quedase como yo esperaba, con continuas relecturas y reescrituras, pero espero que haya merecido la pena, porque me parece muy importante en el desarrollo de esta historia.

Xsy y mario han estado ahí de nuevo para opinar sobre el desarrollo de esta historia y para apoyarla con sus comentarios. Estoy muy agradecido a ellos, a los que cada día siguen puntuando estos relatos y a todos los que ya he mentado en anteriores partes. Es un placer escribir para vosotros y para todos los lectores, ¡y por suerte cada nueva parte para gustar todavía más!

 

Espero que el esfuerzo haya merecido la pena y puedas pasar otro rato agradable leyendo esta nueva entrada de la serie.

¡Gracias por seguir ahí!

 

         13. Intuición

Se enjabonó todo el cuerpo rápidamente, resistiéndose al impulso de detenerse en algunas zonas. Seguía pensando en el día anterior y eso no ayudaba a concentrarse en el día que tenía por delante. Tocaba empezar ya a visitar la biblioteca, antes de que se le acumulase el trabajo y fuese demasiado tarde. Disfrutó del agua caliente recorriendo cada rincón de su figura y salió rápidamente para dejar el baño libre. Se tapó con la toalla como pudo, no sin dificultad a pesar de estar ya acostumbrada, y volvió a la habitación, donde Parvati Patil esperaba su turno para asearse.

 

  • Ese pelirrojo tiene mucha suerte -dijo la chica india cuando vio a Hermione deshacerse de la toalla, mostrando sus exuberantes formas todavía húmedas tras la ducha.

  • ¿Tú te miras al espejo, Parvati? -respondió Hermione risueña.

  • Intento no hacerlo tras verte a ti. No quiero empezar mal el día -rio Parvati, mostrando una sonrisa perfecta que la hacía realmente atractiva.

  • ¿Te gusta lo que ves? -dijo Hermione poniendo cara de pato y posando como una modelo, exponiéndose completamente desnuda.

 

Hermione y Parvati no podían parar de reír mientras la primera seguía haciendo el tonto, aunque dando un espectáculo muy digno por la forma en que mostraba sus curvas.

 

  • No sabría decir quién tiene más suerte, Parvati -escucharon decir a Lavender desde detrás de la cortina de su cama, la más cercana a la puerta-. Lo que Ron tiene grande es útil, a diferencia de lo que tienen otras -lanzó una mirada despectiva en la dirección de Hermione.

 

A Lavender le encantaba recordar que Hermione no era la única de esa habitación que se había tirado al pelirrojo. No había superado la idea de que Ron estuviese realmente enamorado de Hermione, y desde que comenzaron a salir el año anterior parecía empeñada en molestar a la morena.

 

Hermione hizo caso omiso al comentario y empezó a vestirse poniéndose un cómodo conjunto de ropa interior azul, consistente en un sujetador de copa amplia y asas gruesas y unas bragas que encajaban en su culo perfectamente, realzándolo todavía más. Estaba abrochándose el sujetador antes de empezar con el clásico problema de encerrar en él sus pechos cuando Lavender se acercó por su espalda y le agarró uno de ellos.

 

  • ¿De verdad no ahogas a los tíos cuando te pones encima? -dijo mientras levantaba el pecho como si lo pesase.

 

Hermione notó el aliento de la chica rubia en su cuello. Era tan cálido como la mano con la que la sujetaba.

 

  • Mira, Lavender, no tengo tiempo para tus idioteces -dijo intentando liberarse-. Suéltame de una vez.

 

La rubia no la soltó. En cambio, siguió moviendo su teta de un lado a otro y comenzó a pellizcar su pezón hasta que se puso bien duro. En ese momento, Hermione le dio un empujón y siguió vistiéndose.

 

  • Vaya, Hermione. Ahora entiendo lo que se comenta de ti en la escuela. Espero que Ron no se entere...

  • Déjame en paz, me dan igual tus inventos -repuso Hermione, aunque preocupada por lo que había dicho su compañera de habitación. ¿Era posible que alguien se hubiese enterado de lo que había pasado con Harry o Lavender sólo intentaba meterle miedo?

  • Vamos, Lav, deja de hacer el tonto -escuchó decir a Parvati, que había estado contemplando el espectáculo sin moverse-. ¿Por qué no podemos volver a llevarnos bien, como siempre?

 

Lavender no le hizo caso, y tras echar un último vistazo a sus compañeras, abrió la puerta y se fue.

 

Hermione esperó unos minutos y luego salió de la habitación. Se preparó para soportar los problemas de un nuevo día, y el primero llegó antes de lo previsto, cuando Seamus la saludó en la Sala Común. El muy idiota todavía no era capaz de hacerlo viéndola a los ojos. Estaba acostumbrada ya a las miradas indiscretas que le lanzaban los hombres, pero realmente su compañero de Gryffindor le daba escalofríos.

 

Se había despertado tarde y llegó justo a tiempo a la clase de Encantamientos. Para su desgracia, el único sitio libre estaba en una de las mesas de atrás, con Draco Malfoy y Pansy Parkinson ya ocupándola. Era demasiado tarde para irse así que se sentó con desgana.

 

Draco pasó sus ojos por todo el cuerpo de Hermione antes de poner una mueca de desagrado, frunciendo las cejas y encogiendo la nariz, que Hermione dejó pasar con absoluta indiferencia. Sabía cómo actuaba el mago de cara a los demás, pero Hermione había aprendido ya perfectamente a leer los impulsos internos de los hombres. Había pillado a Malfoy observándola en varias ocasiones, y no precisamente con esa mueca asquerosa en la cara. La hipocresía era el día a día de aquel individuo.

 

Sabía por qué Draco y Pansy elegían la parte trasera de las clases siempre que podían. Trataban al mismo tiempo de demostrarse su amor y de pasar lo máximo posible de las explicaciones. Por eso no se sorprendió cuando, mientras el profesor se afanaba en tratar de enseñar a sus alumnos cómo hacer que un tren de juguete siguiera una vía imaginaria en el aire, se daban algún beso o jugaban con sus manos bajo la mesa.

 

Lo que Hermione no esperaba en ningún caso es que Pansy desabrochara los pantalones de su novio en medio de la clase y con ella a su lado. "¿Qué está pasando aquí?", pensó mientras veía a Pansy acariciar a Draco por encima de la ropa interior.

 

Hermione se prometió a sí misma no mirar, pero poco duró su atención a las lecciones de Flitwick cuando se dio cuenta de lo que Draco tenía entre las piernas. Miró de reojo cómo lo que Pansy tenía en su mano era un pene delgado pero realmente largo. Mucho más de lo que esperaba de la persona más odiosa de Hogwarts. Los dos alumnos de Slytherin parecían atender al profesor, pero Hermione podía ver perfectamente la mano izquierda de Pansy trasladándose despacio por el pálido miembro de Draco.

 

A la mente de Hermione sólo acudían imágenes patéticas. Se decepcionó a sí misma imaginando lo que podría hacer con Draco. No, no podía pensar en eso, pero era inevitable. Siguió viendo cómo la chica de Slytherin masturbaba a ese idiota, guardando muy a su pesar esas imágenes en su mente.

 

Unos minutos después, Draco se quedó mirando a Hermione de reojo. Sus ojos se encontraron y la clásica expresión de superioridad del rubio pareció acentuarse. Draco no dejó de ver a Hermione a los ojos con una media sonrisa asquerosa en la cara, hasta que un espasmo le hizo acercarse a la mesa. Hermione bajó la mirada de nuevo al aparato de Draco para ver cómo se corría en la mano de Pansy. Acto seguido la pareja se dio un morreo sin disimulo, mientras Pansy volvía a guardar el rabo de Draco en los pantalones.

 

Hermione aguantó como pudo el resto de la clase, acalorada y con gotas de sudor cayendo por su espalda y entre sus pechos. Tan pronto Flitwick dio por terminada la lección, Hermione se dirigió a la mesa donde sus amigos se sentaban. Ignoró el saludo de Harry y Ron, demasiado preocupada por sus impulsos, y se llevó de la mano al sorprendido pelirrojo, dirigiéndolo hacia los baños del segundo piso.

 

 

Le dio igual que Myrtle se quedase viendo cómo Ron se la follaba brutalmente por detrás. Tenía la cara y las tetas pegadas a la fría pared y disfrutaba de cada embestida del rabo de su novio, que no entendía nada pero que no se iba a negar ante el ofrecimiento de un coño tan apetecible. Sin embargo, Hermione no podía evitar imaginarse que la enorme polla que entraba y salía de su interior sin pedir permiso era la de Draco Malfoy. Se corrió pensando en que era ese imbécil quien le estaba dando tan duro en ese momento.

 

Aguantó unos minutos más los jadeos de Ron. Seguía penetrándola con todas sus fuerzas, agarrándole alternativamente las caderas y los pechos para darle cada vez con mayor potencia. Recibió una y otra vez los azotes de Ron sin queja alguna hasta que el pelirrojo perdió el control, empezó a follársela lo más rápido de lo que fue capaz y se corrió al fin, derramando toda la leche en su interior. Acto seguido, Hermione se subió las bragas, se arregló el uniforme viéndose al espejo y salió del baño sin ni siquiera mirar a su novio a los ojos.

 

 

Las clases de ese día se le hicieron eternas. Sólo podía pensar en adelantar todo el trabajo posible. Era necesario si quería tener tiempo libre y tratar de averiguar qué ocurría con Harry. Tenía que practicar las últimas transformaciones que le había enseñado McGonagall, terminar el trabajo de Tonks sobre la protección contra las maldiciones imperdonables y lo que se le ocurriera a Snape a última hora.

 

En la clase de pociones, Snape estaba actuando de forma todavía más repelente de lo que recordaba. No le valía ni una parte de las respuestas que le iba dando durante la clase. Hermione ya se había resignado a no recibir muestras de aprobación del profesor, pero sin embargo no podía resistir el impulso de levantar la mano cada vez que el profesor hacía alguna pregunta. Aquel día parecía desmejorado, y en su voz se adivinaba un cansancio que ya debía venir de tiempo atrás, pero Hermione no le dio mayor importancia, tenía asuntos propios de los que preocuparse.

 

  • ¿Qué os parecería volver a practicar en la Sala de los Menesteres con todo el que quiera venir del Ejército de Dumbledore? -preguntó Harry mientras almorzaban en el Gran Comedor-. Cho parece muy interesada. Puede que vayamos esta tarde a arreglar un poco el cuartel.

  • ¡Sí! Todavía tengo ganas de devolverle al idiota de Justin la maldición que me echó el año pasado -respondió Ron, agarrándose un brazo como si la acabara de recibir en ese momento.

 

Hermione se quedó pensativa. ¿Por qué iba a querer Cho estar a solas con Harry después de todo lo que había pasado entre ellos? No tenía sentido.

 

  • ¿No te apetece Hermione? -escuchó decir a Harry, sacándole de su ensimismamiento.

  • ¿Perdón? -respondió ella-. Oh, sí, claro. Estaría muy bien seguir mejorando nuestras habilidades.

 

Harry no pareció muy convencido con la respuesta de su amiga, pero por suerte decidió no insistir. Acabaron de comer y los tres se dirigieron a la biblioteca. Ron se quejaba una y otra vez de haber sido convencido para aquello, argumentando que el curso acababa de empezar, que no era justo o que era demasiado joven para aquello, entre otras excusas. Hermione sintió algo de remordimientos cuando se sentaron en la misma mesa en la que el año pasado Ginny y Harry habían tenido su fiesta particular.

 

El resto de la tarde Hermione terminó todos los trabajos que tenía para la semana siguiente y estaba empezando a traducir unas runas, agotada, cuando Harry empezó a recoger los libros. Cuando su amigo se despidió, Hermione esperó unos minutos y puso una excusa improvisada a Ron para irse. No le dio tiempo a replicar nada, y cuando el pelirrojo quiso darse cuenta, su novia ya había salido de la sala.

 

Hermione ntentó apresurarse para alcanzar a Harry, y se alegró cuando lo vio a lo lejos por uno de los pasillos del séptimo piso. No sólo iba acompañado de Cho, sino que la chica de intercambio, Noshi, también iba con ellos, con un uniforme muy corto que debía pertenecer a su escuela de origen. Los siguió de lejos hasta que llegaron a una pared que conocía muy bien, pasaron tres veces de un lado al otro de la misma y los tres se metieron por la puerta que habían hecho aparecer.

 

Hermione no sabía qué hacer en ese momento. No podía entrar en la Sala como si nada ocurriese, no tenía ninguna razón para hacerlo, por lo que decidió esperar fuera, sentada con un libro encima de las piernas. La tensión no le permitía leer nada, pero cualquiera que pasase por allí no se extrañaría de verla estudiar.

 

Empezó a desesperarse conforme pasaba el tiempo, y ya llevaba casi dos horas allí cuando decidió volver a la Sala Común. ¿Qué podían estar haciendo ahí dentro tanto tiempo? El cuartel del ED no tenía mucho que arreglar. La Sala de los Menesteres se encargaba de darles todo lo que podían necesitar. Hermione tenía un extraño presentimiento.

 

  • Ron, tienes que venir conmigo. Creo que está pasando algo raro con Harry -le dijo a su novio nada más verlo.

  • ¿Qué dices, Herm? Seguro que se está divirtiendo con Cho -respondió él con una sonrisa malévola, acercándose a ella-. Quizá deberíamos hacer lo mismo -dijo Ron con una sonrisa pretendidamente seductora, posando una mano juguetona en el culo de Hermione.

  • No seas idiota. ¿Qué iba a hacer que Cho cambiase de opinión de forma tan repentina? -dijo ella separándose-. Además no estaba sólo con ella, entraron en la Sala de los Menesteres con la chica de Mahoutokoro.

  • ¿Cómo sabes...?

  • ¡Da igual, Ron! Tenemos que ir a ver qué pasa.

 

El chico, vista la urgencia que parecía tener Hermione, no se hizo más de rogar y la siguió rápidamente. Los dos bajaron de la Torre de Gryffindor y recorrieron los pasillos del séptimo piso hasta llegar a la misma pared por la que habían pasado Harry y las chicas unas horas antes. Sabía a dónde habían ido, y pensó en el cuartel del ED mientras recorría la pared. Cuando apareció la puerta, Hermione se apresuró a abrirla.

 

La conocida sala que tenían ante sus ojos era muy amplia. Vieron las estantería repletas de libros que la circundaban, los espejos que tanto les ayudaban a mejorar su movimiento con la varita y la gran zona libre donde se reunían a practicar los hechizos. Para su sorpresa, no había rastro de Harry. Lo que sí pudieron comprobar es que las chicas efectivamente estaban allí.

 

Cho estaba sentada en la zona reservada para relajarse, con pufs y mesas en los que descansar. Tenía los ojos cerrados y la boca entreabierta, dejando entrever su lengua, que se asomaba entre los gruesos labios de la chica asiática, naturalmente humedecidos. Debajo, la camisa azul desabrochada permitía ver el vientre plano de la chica, coronado por unos pechos pequeños todavía guardados en un sujetador rosa sin asas. Dos pequeñas montañas en aquel cuerpo tan atractivo.

 

Todavía más abajo, la falda de Cho estaba recogida contra sus caderas, obligada por la posición de sus piernas, que estaban bien abiertas para permitir a Noshi meter la cabeza entre ellas.

 

El tanga rosa de Cho estaba tirado en el suelo, enrrollado y a un metro del lugar donde estaban las chicas. Otro tanga rosa, el de Noshi, podía verse perfectamente adherido a su culo. La pequeña falda de su uniforme era incapaz de tapar el magnífico trasero de la japonesa, que estaba a cuatro patas con la cabeza moviéndose en la entrepierna de Cho, que le agarraba el pelo con fuerza.

 

Noshi estaba utilizando su lengua para lamer alternativamente los labios vaginales y el clítoris de su amiga, mientras metía y sacaba lentamente del interior de Cho dos de sus dedos, todo ello sin dejar de masturbarse a sí misma con la otra mano.

 

  • ¡CHO! ¿Qué hacéis? ¿Dónde está Harry?

 

Cho pareció darse cuenta de que no estaban solas en ese instante. Abrió los ojos y Hermione pudo notar lo salida que debía estar la chica de Ravenclaw en ese momento por su expresión.

 

  • ¿Hermione? Mmm. Harry es un... ohhh.. idiota. Mmm. No sabe lo que se pierde -respondió ella sin dejar por un momento de disfrutar del sexo oral que le estaban proporcionando.

  • ¡CHO, JODER! ¡¿Podéis parar un momento?! Vi a Harry entrar con vosotras, ¿dónde está?

 

Noshi se incorporó un poco y giró la cabeza para ver a los inesperados visitantes. Estaba roja por el esfuerzo, y su boca estaba empapada con los fluidos de Cho. Volvió a girarse y sonrió a Cho, que le devolvió la sonrisa y la atrajo hacia sí para posar sus labios en los suyos. Los dedos de Noshi siguieron penetrando a Cho, que gemía cada vez más mientras su lengua y la de Noshi jugaban. Noshi le mordió el labio en el mismo instante en que Cho indiscutiblemente se corría, a juzgar por sus gritos.

 

Siguieron besándose unos segundos hasta que Cho envió de nuevo a Noshi a su lugar de partida. La japonesa no formuló ninguna oposición y volvió a comer el coño de Cho con todas sus ganas

 

  • ¡Cho, por favor! -dijo de nuevo Hermione, desesperada y con lágrimas en los ojos-. Os vi entrar con él. ¡¿Dónde está Harry?!

  • Hermione. Ufff. Estás como una cabra -respondió al fin Cho-. Ha-Harry no apareció a la hora que habíamos quedado, así que nos vinimos solas. Allá él. ¡Ahhh! -Noshi había empezado a meterle los dedos más rápido que antes.

  • Ron... Te juro... -dijo Hermione, confundida, mirando a su novio.

  • Vámonos Herm, aquí no tenemos nada más que hacer -respondió el chico lanzando una mirada extraña a las chicas, que no tenían ninguna intención de parar.

 

Salieron en el preciso instante en que Noshi se levantaba de nuevo y posaba sus labios en los de Cho, que respondió al beso con ganas mientras le acariciaba el culo a su amiga y comenzaba a bajarle el tanga. Parecía que iban a devorarse entre ellas aquella noche.

 

  • ¡Tenemos que hablar con McGonagall, con Dumbledore, con...!

  • Hermione, ¿estás segura de lo que viste? -respondió Ron, muy preocupado por lo que estaba pasando-. Estás trabajando mucho y durmiendo poco. Puede que sólo necesites echarte un rato.

 

Hermione entendía perfectamente las dudas de su novio, pero no podía explicárselo todo.

 

  • Ron, por favor, confía en mí. Algo extraño está ocurriendo. ¿No te parece raro que Cho ni se inmute cuando la vemos semidesnuda y con una chica entre las piernas? Vamos a hablar con Dumbledore, por favor.

 

Ron accedió, y empezaron a descender por las escaleras para dirigirse al despacho del director. Cuando pasaban por el cuarto piso, Ron se detuvo un instante para decirle algo sobre un tapiz que Harry había visto, pero Hermione no le hizo caso, tenían que llegar rápido al despacho del director. Sin embargo, no les hizo falta llegar a la estatua del despacho para encontrarse con el anciano mago. Cuando llegaron al primer piso vieron cómo Filch intentaba dispersar una aglomeración en uno de los pasillos. Un instante después observaron cómo Dumbledore se levantaba con expresión apesadumbrada.

 

Se acercaron corriendo, empujando a los alumnos de cursos inferiores que no les abrían paso, hasta que llegaron a la puerta del aula de Historia de la Magia. Dumbledore no intentó detenerlos, y cuando su vista se encontró con lo que todos observaban, Hermione no pudo evitar un grito ahogado.

 

 

En el suelo, junto al director de Hogwarts, se encontraba el cuerpo inmóvil de Harry.

 

 


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