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Fecha: 17-Ago-16 « Anterior | Siguiente » en Hetero: Infidelidad

Un desconocido cambia mi vida

Sincahonda
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Como todos los viernes mi marido y su amigos juega a las cartas en el salon, pero algo inesperado ocurre que cambia mi vida Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Era un viernes de junio caluroso, cuando salía del trabajo con todo el fin de semana por delante y me dirigía a mi casa para comer y echarme una buena siesta, estaba rendida la verdad, había salido del cole y estaba harta de los niños, se ponen muy pesados cuando se acerca el verano y se hacía pesada toda la semana dando clases.

El viernes no solían ser muy prometedores, mi marido suele quedar con sus amigos en casa para jugar al póker con ellos, llena la casa de 6 o 7 personas, por lo que me suelo subir a mi habitación a leer, este no iba a ser distinto así que al menos esperaba que no hicieran mucho ruido.

La tarde pasó sin pena ni gloria, dimos una vuelta por el barrio, compramos bebida para su partida y nos recogimos pronto, yo me estaba poniendo mi pijama de tirantes cuando sonó el timbre, empezaban a llegar los amigos de mi marido, se iban acomodando en el salón mientras abría cervezas para ellos, escuché que iban a ser 7 al final, ya que uno de ellos había conseguido convencer a un compañero de su trabajo. Por lo visto si son pocos no pueden jugar, o al menos dicen que las partidas son más aburridas, cuando les fallan 2 o 3 amigos suelen traer algún desconocido.

Pasada la media hora de la hora en la que habían quedado, ya estaban todos y empezaron a jugar, así que yo les dije que me subía arriba a leer.

Me tumbé sobre la cama y abrí mi e-book y continué con mi lectura de “Deseo concedido”, es literatura romántica, y sufría de los encantos de “Duncan McRae”, ese gran guerrero que relataba el libro, tan prominente y poderoso en la guerra, y luego se enamora perdidamente perdiendo el control de sus actos, cada vez que me ponía a leer el libro “Duncan McRae” y yo hacíamos el amor en mi imaginación.

La partida llevaba poco rato pero ya se les escuchaba alto, por lo que deje el libro de lado encontrándome medio excitada, medio aburrida y me propuse llamar a mi amiga Marta, cuando el compañero del amigo de mi marido subía las escaleras para ir al otro cuarto de baño, era algo habitual en las partidas y no me importaba:

Cristina- ¡Hola!

Marta- ¡Hola Cris!, ¿Qué haces?

Cristina- Aquí aburrida en casa, Jorge esta con sus amigos jugando al póker y me he puesto a leer aquí en la cama, y había pensado en llamarte.

Marta- Seguro que estabas leyendo “Deseo concedido” y ahora estas que te subes por las paredes.

Cristina- Pues sí, Jorge últimamente pasa de mí, hace como 1 mes que no lo hacemos si no es más tiempo, y cada vez que me pongo a leer, me imagino al Duncan este desnudo ante mí y es que no puedo evitarlo.

Marta- Pues mastúrbate, yo lo suelo hacer y es un alivio, a menudo es mejor que el sexo.

Cristina- Me encantaría masturbarme, pero está la casa llena de hombre y me da un palo tremendo.

Me di cuenta que el a partir de ahora desconocido compañero del amigo de mi marido, me miraba a través de la puerta, estaba escuchando la conversación subida de tono con todo detalle, yo disimulé como pude y cambié de tema con Marta, hasta que una voz abajo le solicitaba para jugar y se marchó.

Cristina- ¡Que fuerte tía!, estaba espiándome uno de los de la partida.

Marta- ¿Pero estás desnuda o algo?

Cristina- No, estoy en pijama pero estaba escuchando nuestra conversación del principio.

Marta- Seguro que esta bueno.

Cristina- No digas tonterías.

La verdad es que el desconocido estaba bastante bien, era negro, pero de centro américa, de Cuba tal vez, con ojos claros, bastante alto y algo musculado, cualquier chica se fijaría en él la verdad, pero yo no pensaba en esas cosas.

Me despedí de Marta y bajé al salón para robarles un refresco, allí estaban todos moviendo sus fichas mientras dos de ellos parecían jugarse la vida, nunca entendí el juego la verdad, las bebidas estaban en la cocina así que les deje allí concentrados en el juego.

En la cocina cogí una fanta de la nevera y me puse de puntillas para alcanzar un vaso de del armario que se situaba encima del fregadero, cuando lo agarré y volví a mi posición natural note a alguien detrás de mí, pensé que era Jorge ya que notaba las caderas en mi culo, me di la vuelta y era el desconocido, yo me quede muda, él me sonrió, tenía la sonrisa blanca como la nieve que resaltaba más por el moreno de su piel, estaba enfrente mía pegado a mí, fue algo violento cuando me separé de él y noté el bulto de su pantalón.

Cristina- Bueno yo me subo arriba, espero que hoy tengas suerte- dije con la mayor amabilidad posible.

Desconocido- Seguro que sí.

Subí a mi habitación sin que nadie se percatase de mi paso por el salón, me metí en la cama con el corazón latiendo a mil por hora, estaba tan excitada o más que antes, pero esta vez no era por una fantasía por la lectura de un libro, era por ese desconocido, nunca antes me había pasado esto, pensé que lo mejor era hacer caso a Marta, si me masturbaba tendría la mente más despejada y sería un alivio como dijo ella.

Me metí la mano en el pantaloncito y empecé a acariciarme el clítoris, mientras que con la otra mano jugaba con uno de mis pechos, tengo unos pechos grandes, por lo que me suelo recrear con ellos bastante, al principio pensaba en mi guerrero escocés, pero cuando llevaba un rato, el guerrero escocés se cambió por el desconocido, miré hacia la puerta para recordar cómo me espió, cuando le vi otra vez ahí sonriendo, había subido al baño y no me había dado cuenta, pegué un grito que fue más un susurro y me quede de piedra sin moverme.

El me miraba tocándose en el pantalón, yo estaba tan excitada que volví con la masturbación, esta vez me levante la camisa para que me viera los pechos, me pellizcaba los pezones y movía mi cadera al son de mi mano, que no paraba de frotarme en el clítoris, gemía muy bajito mientras nos mirábamos.

Se escuchó una voz de abajo que le llamaba, yo le puse una carita de niña buena, mientras me mordía el labio, y con un gemido algo mayor y el arqueó de mi espalda le hice saber que acababa de tener un orgasmo.

Él estaba empalmado, gritó que le quedaba un rato ahí, mi marido le dijo que se iban a cenar fuera que dejaban la partida a medias, que si sabía llegar chino dela plaza, el desconocido les dijo que sí que ahora les alcanzaba, los chicos se fueron de la casa dejándome con el desconocido.

Yo no estaba aliviada, al contrario necesitaba más, mucho más, el desconocido entro en la habitación y se puso en el lado de mi cama.

Desconocido- Al final he tenido suerte.

Cristina- Eres el que más vas a ganar hoy.

Me senté en la cama mientras decía eso, y sin pensarlo le baje el pantalón, la tenía enorme, serían unos 24 cm y bastante ancha la verdad, la agarré con la mano y sin dilación me la metí en la boca, tenía bastante liquido pre-seminal que me tragué con bastante gusto, no lograba metérmela entera, ni siquiera llegaba a la mitad cuando con su capullo tocaba mi campanilla, yo subía y bajaba todo lo que podía mientras que con una mano le empecé a masturbar, el me agarró de la cabeza para asegurarse que en cada vaivén me la metía entera.

Agarraba sus pelotas y la estrujaba con la otra, decidí sacarme la polla de la boca, y mientras le seguía masturbando agache más la cabeza y se las empecé a lamer, me metía un testículo en la boca y tiraba hasta que se salía, y luego procedía hacer lo mismo con el otro, empezó a tambalearse, así que volví a meterme la polla en la boca, él me agarro de la cabeza y me la metió todo lo que pudo, se corrió directamente en mi garganta.

Cristina- Lástima que no tengamos más tiempo.

El desconocido me sonrió y se fue en busca del grupo al chino para cenar y me quedé sola en casa.

Al rato volvieron y siguieron jugando, yo bajé abajo al salón y me puse la tele, me puse un programa de esos de subastas, mientras ellos jugaban, fueron perdiendo hasta que al final ganó uno de los amigos de mi marido.

Estuvieron un rato hablando, recogieron y se fueron marchando mientras quedaban para el viernes siguiente, el desconocido dijo que había sido una noche perfecta y que quería repetir que si se podía apuntar la semana que viene, mi marido entusiasmado dijo que sí.

Nos fuimos a la cama y como era costumbre mi marido no quería saber nada de mí, así que nos dormimos.

Pasó una semana idéntica a la anterior, llego el viernes de la partida, pero esta vez había quedado antes de la partida con mi amiga Marta en un bar del barrio, ella era mi confidente y se lo tenía que contar, me sentía mal por lo que pasó y necesitaba contárselo.

Marta- ¡No me lo puedo creer!, ¿Y no le has dicho nada a Jorge?

Cristina- No, y no sé si lo haré, estamos en una situación delicada, llevamos un mes algo durillo ya sabes y no quiero que esto termine nuestra relación.

Marta- Ya bueno pero no es como cuando le das un golpe al coche y te lo callas.

Cristina- Lo peor es que hoy volverá a casa el desconocido, espero no tener ninguna situación incómoda.

Marta- Puedes echarte en la cama con el pestillo en la puerta, así te aseguras de que él no lo podrá intentar, y si no es cortito pillará la indirecta.

Cristina- Eso haré.

Era ya tarde, las 21:00, por lo que la partida habría empezado, salí para casa y cuando llegué al portal estaba allí en el portal, a punto de llamar cuando me vio.

Desconocido- Veo que hoy mi suerte no ha cambiado.

Cristina- ¿No llegas tarde?

Desconocido- Si, he tenido lio en el curro y han empezado sin mí.

Cristina- Pues venga sube.

Abrí el portal, y llamé el ascensor, lo dejé de espaldas mía, quería ser cortés, pero alejarme de él. Fue inútil, él se puso detrás de mí y me agarró el culo a través de la falda, yo pegué un respingo, me di la vuelta para dejarle las cosas claras, él sonreía con esa dentadura perfecta mientras me desnudaba con la mirada. Se me trabó la lengua, el cogió y me metió la mano por debajo de la falda, rozando mi coño a través de las bragas, yo no pude hacer otra cosa que gemir.

Llegó el ascensor y me metí dentro, el me siguió, y se puso de frente muy pegado a mí, volvió a meter la mano debajo de la falda, esta vez no pude evitarlo y levanté una pierna para facilitarle la entrada, mientras me abracé a él.

Me apretaba la mano fuertemente contra el coño a través de las bragas, que ya estaban empapadas, yo le mordía la oreja mientras gemía y gemía, no dio tiempo a mucho más, el ascensor llegó a nuestro piso y tuvimos que salir de él.

Llegue a la entrada de mi casa, me apoyé en la puerta con las dos manos y levanté todo lo que pude mi culito y le miré, el seguía sonriendo.

Cristina- ¡Fóllame!

El me levanto la falta, se bajó los pantalones y echando las braguitas a un lado me la empezó a meter despacio, era enorme y al principio me dolía, pero la necesitaba, poco a poco me la metió hasta que desapareció dentro de mí, me sujete bien con una mano en la puerta y la otra me la lleve a mi clítoris que empecé a frotar con fuerza, mientras el empezó a bombear dentro de mí.

Me sentía llena, el cada vez me daba más fuerte, y cada vez me gustaba más, no podía gemir, por lo que me mordía el brazo con el que estaba apoyada en la puerta mientras el desconocido me follaba cada vez con más violencia, me levantó más la falda para introducirme su pulgar en el ano.

Desconocido- Que estrechito, seguro que eres virgen.

Cristina- Si, pero no pares, lléname.

Yo no podía más, me empezaron a temblar las piernas, y cuando empecé a disfrutar el mejor orgasmo que había tenido, él se corrió dentro de mí, era curioso, había tenido el mejor orgasmo de mi vida y no podía ni gemir, me temblaban las piernas, él la sacó y el semen salió a borbotones, deslizándose por mi pierna, me coloqué las bragas y la falda y me giré.

Cristina- ¿Vas a venir siempre los viernes?

Desconocido- Me encantaría, todavía no he probado todo de ti. –Dijo mientras me dio un cachete en el culo.

Abrí la puerta y allí estaban jugando, mi desconocido llegó saludo a todos y les preguntó que donde se sentaba, yo por mi parte me fui a mi cuarto, estaba hecha un lio, se supone que no podía volver a ocurrir y había ocurrido, y lo que es peor, había tenido un orgasmo que Jorge en su vida me iba a dar, ¿Quería un amante?, necesitarlo lo necesitaba, Jorge ni me miraba, pero ¿lo quería de verdad?, era algo que me preguntaba, decidí llamar a Marta.

Cristina- ¡Hola!

Marta- ¿Qué tal?, ¿estas encerrada en tu cuarto?

Cristina- Si pero ha dado igual, me lo he encontrado en el portal, y sin decirnos ninguna palabra lo hemos acabado haciendo en el descansillo.

Marta- ¿¡Qué dices!?

Cristina- Ya lo sé, no he podido evitarlo, y lo peor es que estoy echa un lio, si te digo que he tenido con diferencia el mejor orgasmo de mi vida…

Marta- Joder, no sé tú verás, seguro que con Jorge lo puedes pasar igual de bien.

Cristina- Jorge ni me mira, seguro que cuando acabé la partida se sube y a dormir como un tronco, en cambio el chico este en 5 minutos, ha insinuado que quiere probar mi culo.

Marta- Bueno, si Jorge es parado lo que deberías es intentar llevar la iniciativa tú.

Cristina- Yo he llevado la iniciativa muchas veces con él, no sé qué pensar.

Marta- Piensa que solo lleváis uno o dos meses así, esta noche cuando suba espérale con algún conjunto mono, y haz algo provocativo, ya verás cómo se enciende.

Acabamos la conversación y me dispuse a hacerla caso, tenía razón yo estaba casada con Jorge, y lo del desconocido había sido una locura, me fui para el armario rebusque entre cosas que hacía mucho que no me ponía, y vi un disfraz de conejita, cogí la diadema de conejito del disfraz y me la puse, luego encontré un conjunto de lencería negro y transparente, con ligeros y me los puse también, me fui a la cama y me puse a leer.

Al cabo de media hora escuche como se iban todos, me puse a cuatro patas con mi culo en dirección a la puerta, así cuando Jorge abriese solo me vería el culo en pompa, con el conjuntito y la orejas de conejo por detrás, yo miraba hacia la cama, había pensado en lo que me dijo el desconocido, que y en lo que me había dicho Marta, así que pensé en darle mi culo.

Se abrió la puerta, puse mi culo en pompa todo lo que pude, con la cara casi aplastada contra la cama.

Cristina- Cariño, hemos pasado unos meses malos y creo que deben de acabar, he pensado en probar cosas nuevas, ¿Te gustaría follarme el culito?- dije con la voz más sensual que pude.

Él se acercó por detrás y escuché como caían los pantalones, yo no quería ni mirar, Marta me había contado que la primera vez dolía un montón, así que no quería que me viese la cara de dolor y le cortase el rollo, quería como vulgarmente se dice morder almohada.

Él se inclinó y me empezó a lamer el ano, noté que me metió la lengua, así que para intentar disminuir el mal trago que se supone iba a pasar, empecé a masturbarme, me metió un dedo, y luego dos, es verdad que dolía, pero solo al principio, luego me parecía algo incómodo, cuando le pareció que ya no me dolía sacó los dedos, noté como me escupió en el culo, y puso su capullo en la entrada de mi ano.

Cristina- Con cuidado por favor.

Desconocido- Siempre lo tengo.

¡No era Jorge!, ¿Cómo podía ser?, cuando procesé lo que pasaba el empezó a empujar, despacio, pero me dolía mucho, lo notaba mucho más que los dedos, él no se detuvo en ningún momento, fue introduciendo lo que me pareció una eternidad, cuando parecía que ya estaba entera dentro se quedó quieto, yo tenía los ojos con lágrimas, mordía la funda para no gritar e intentaba masturbarme, ¿Por qué hacía esto?.

Me agarró de las caderas y empezó el mete saca muy despacio, parecía que me dolía menos y podía concentrarme más en masturbarme, él fue aumentado el ritmo cada vez más rápido, lo hacía cada vez que yo aumentaba el ritmo de mi masturbación, después de un rato ya no me dolía, era incómodo, pero solo saber que a mi marido se le había puesto dura y me estaba follando era suficiente para que estuviera excitada, el me follaba el culo muy rápido, más rápido que nunca, para mi sorpresa tuve un gran orgasmo, lo que provocó que mi ano se contrajera más, apretando su polla en mi interior y un gran gemido por su parte, notaba los chorros de semen en mi interior, la sacó de mí y el semen salió de mi ano, resbalando por el coño y cayendo sobre la cama.

Desconocido- Ha sido increíble.

Cristina- Ha sido la última vez.

Desconocido- Como tú quieras, pero yo sé que tú disfrutas tanto como yo.

Cristina- Estoy confusa, ¿Podrías dejarme sola?

Desconocido- Claro.

Me sonrió y se fue, yo me quedé llorando tendida en la cama, un desconocido era capaz no ya de darme placer, llegado el momento era secundario, sino de hacerme el caso que debería hacerme mi marido, empezaba a plantearme que no era el problema de tener un amante, si no el de tener un marido como Jorge…


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