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Fecha: 17-Ago-16 « Anterior | Siguiente » en Parodias

Harry Potter y la ruta de Eros X

Stonentaller
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Tiempo estimado de lectura: [ 22 min. ]
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Harry ha vuelto en sí, y con él los instintos. Pero las aguas no están tranquilas en Hogwarts. Una amenaza se cierne sobre el mundo mágico mientras Hermione, Ron y los demás alumnos siguen disfrutando de su juventud. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

¡Bienvenid@ ya a la décima parte de Harry Potter y la ruta de Eros!

Estoy encantado con la recepción que están teniendo los relatos. ¡Cada uno parece gustar más! No sólo he recibido un gran apoyo respecto a la forma de relatar las partes más eróticas, sino que los misterios que se van desvelando parecen intrigar a muchos.

Cómo no, que esta parte haya llegado a existir tiene mucho que ver con las personas que me han apoyado puntuando los relatos y comentándolos o escribiéndome mensajes. Estoy trementamente agradecido por ello a Shannara, Xsy, a quienes me han escrito al email, Leo F, Sir, lalo, Camilo, Raul y draycko. Un placer seguir contando con vuestras opiniones, que son tan valiosas.

 

¡Disfruta de esta nueva entrega, y prepárate, porque esto no ha hecho más que empezar!

 

       15. Consecuencias

Cuando despertó de nuevo, Harry se vio rodeado de personas. Su mente estaba totalmente revuelta, y ante sus ojos todo parecía. Tenía una expresión estúpida en la cara y sonrió a sus acompañantes, sin saber lo que había ocurrido.

 

  • ¡Hola! ¿Qué hacéis todos aquí? ¿Por qué...? -se detuvo al ver a la señora Pomfrey entre las personas que le observaban.

 

Junto a la enfermera, los ojos sabios del director de Hogwarts escrutaban el cuerpo de Harry en busca de cualquier marca que pudiese dar una pista de lo que había ocurrido. También Ginny, Hermione y Ron estaban allí, junto el enorme guardabosques del colegio. Fue este último el primero en adelantarse para abrazarlo, con una expresión de profunda tristeza, como a punto de llorar.

 

  • Hagrid, ¿qué te pasa? Estoy bien -dijo el mago mientras su giganesco amigo lo apretaba.

  • Harry, ¿recuerdas algo de lo que te ha ocurrido? -preguntó, con voz solemne, Albus Dumbledore.

  • Señor. Recuerdo que estaba en la biblioteca con Ron y Hermione. Estudiamos durante unas horas. Creo que me levanté y... -hizo un esfuerzo por recordar, pero la cabeza le dolía y le aterrorizó ver que no lo conseguía.

  • Lo imaginaba -contestó el director-. Harry, te han hechizado para hacerte olvidar algo que no debías saber. Me pregunto por qué se han limitado a borrar los recuerdos de esta última semana.

  • ¡¿Una semana?! -gritó Harry escandalizado-. ¿Cómo es posible? Yo... yo estoy bien. No me duele nada.

  • Harry, no te preocupes. Tenemos a la persona indicada para ayudar en estos casos. Ahora descansa. Ya hablaremos.

 

Dicho eso, Dumbledore se dirigió hacia la puerta arrastrando su larga capa, seguido de la señora Pomfrey, que no parecía recordar nada tampoco de esa madrugada.

 

  • Quien haya hecho esto se va a enterar, Harry. Dumbledore sabe perfectamente cómo actuar en estos casos -dijo el semigigante sollozando.

  • Lo sé, Hagrid. Muchas gracias por cuidar de mí. Muchas gracias a todos -acabó, sonriéndoles de nuevo.

 

Las siguientes horas las pasaron hablando de cosas insulsas que habían pasado en las clases. Un nuevo ataque en una de sus lecciones de Cuidado de Criaturas Mágicas tenía preocupado a Hagrid, a pesar de que el denunciante en este caso no sería Draco. Todos consiguieron reírse y evitar hablar de lo extraño que era lo que estaba ocurriendo conforme iban contándose las excentricidades de sus ya viejos profesores.

 

 

Al día siguiente, con Harry todavía en observación, se organizaba la primera visita a Hogsmeade del curso, y Harry tuvo que echar a sus amigos de la enfermería para convencerles de que debían irse a disfrutar del pueblo, en lugar de quedarse con él allí. No sin quejas, al final Hermione, Ron y Ginny accedieron a dejarle solo, prometiendo volver a la enfermería tan pronto llegasen.

 

El castillo se quedaba muy tranquilo durante esas excursiones. Todo el que podía se iba, por lo que Harry aprovechó el silencio para pensar en lo que había podido ocurrir.

 

No lograba poner en orden sus pensamientos. Se fue de la biblioteca porque alguien lo esperaba. Era Cho. Iban a ir a la Sala de los Menesteres. ¿Llegó a recogerla o había cambiado de idea? ¿Quién lo había dejado inconsciente? No se le ocurría nadie en la escuela, al margen de la obvia idea de que Malfoy estuviera detrás de todo, pero no tenía sentido.

 

Le dio pena perderse la primera visita a Hogsmeade. Era uno de sus lugares favoritos del mundo mágico, pero sabía que no tenía fuerzas para escaparse por uno de los antiguos pasadizos que mostraba el Mapa del Merodeador, y se resignó a pasear por la sala.

 

Estaba viendo por una de las grandes ventanas de la enfermería cómo unas lechuzas cruzaban los jardines de Hogwarts a una velocidad de vértigo, pensando en sus amigos y en lo mucho que le gustaría estar con ellos en ese momento, cuando su vista se nubló y se fue oscureciendo hasta no poder ver nada. Retrocedió asustado y empezó a tocarse la cara, pero unos momentos después perdió el control de su cuerpo también.

 

 

Lo siguiente que se mostró ante sus ojos fueron unas jarras de cerveza de mantequilla colocadas en fila sobre la barra de un bar. No tardó en distinguir el local en el que se encontraba: Las Tres Escobas. Los ojos, que no podía controlar, se dirigieron unos segundos después al exagerado escote de Madame Rosmerta, que mostraba unos pechos generosos y muy apretados mientras cobraba a su cliente. Cuando la camarera se giró, los ojos bajaron para fijarse en sus amplias caderas, cubiertas por una falda larga que apenas permitía percibir el culo de la mujer, a pesar de su gran tamaño.

 

Harry, o la persona en cuya cabeza se había metido Harry, cogió las jarras y las llevó hacia la mesa, donde vio cómo Hermione esperaba sonriente.

 

  • Así que no se van a ver en meses. Pobre Fleur, yo no sé qué haría.

  • Lo sé, pero Bill no puede hacer otra cosa si quiere seguir trabajando en Gringotts -se escuchó decir a sí mismo Harry, asustado al ver que lo hacía con la voz de Ron.

  • Lo sé, lo sé. Pero yo no podría resistirlo. Tanto tiempo sin... ti -acabó Hermione, guiñando un ojo a Ron, de forma que Harry sintió que se lo guiñaba a él.

  • Imagino que recuperar el tiempo perdido también puede ser una experiencia placentera -dijo Ron con voz picarona, antes de dar un sorbo a su cerveza.

  • Uf, y que lo digas -respondió Hermione, pasando su pie por la pierna de Ron y acariciando uno de sus pechos sobre la blusa amarilla, que transparentaba lo suficiente para distraer a cualquier persona.

  • Esta noche te vas a enterar como te sigas portando así. Te recuerdo que Harry no está en la habitación.

 

Por la expresión de Hermione, imaginárselo le había gustado. Se reflejó la lujuria en sus ojos, y su pie, ahora descalzo, estaba frotando la entrepierna del pelirrojo, que no tardó en tener una buena erección, que Harry pudo sentir como propia.

 

De repente, de la mesa que Hermione tenía detrás se levantó Ginny para dirigirse hacia la barra. Harry se sorprendió cuando Ron pasó sus ojos por todo el cuerpo de su hermana y se quedó parado en su culo. Lo cierto es que Ginny gozaba de un trasero envidiable, y los vaqueros ajustados que llevaba ese día lo demostraban a todo el que quisiera verlo. El pie de Hermione seguía frotando el duro pene de su novio, que todavía miraba el trasero de su hermana fijamente. Unos instantes después, Ron se dio cuenta de lo que hacía y bajó la mirada, avergonzado.

 

Harry pudo ver entonces cómo sus ojos volvían a Hermione, que se mordía el labio acalorada y se pasaba después la lengua por él, sin parar de masturbarle con el pie. Se sorprendió cuando Ron bajó la mirada para ver cómo Hermione se apretaba ambas tetas mirándole a los ojos con expresión desafiante y procurando que no la vieran.

 

La blusa permitía ver los enormes pechos de la estudiosa alumna luchando por escapar ante la presión de un sujetador blanco y las manos de su dueña. Junto al roce de sus pies, esa imagen provocó una explosión en los pantalones de Ron, que se echó hacia delante por impulso. Lo último que Harry vio fue la expresión triunfante en los ojos de Hermione, con la mirada fija en él.

 

Un nuevo remolino de imágenes, la oscuridad y el techo de la enfermería. Harry volvió en sí y se tiró en el suelo, con el estómago revuelto. En sus pantalones todavía palpitaba su miembro, que a juzgar por lo que podía notar, había soltado su semen en sus calzoncillos a la vez que su mejor amigo.

 

Harry se levantó con más dudas todavía que antes. ¿Qué había sido eso? No podía ser un sueño, era todo demasiado real. ¿Se lo contaría a Dumbledore o se guardaría el secreto por el momento? Empezaba a sentir miedo del mundo en el que vivía. Cualquier cosa parecía posible.

 

 

        16. Soledad

Al día siguiente por fin podría dejar la solitaria enfermería y recuperar su vida habitual. Lo estaba deseando, no aguantaba más allí encerrado. Además, lo que le había dicho Dumbledore le dio esperanzas de encontrar una respuesta a lo que estaba ocurriendo.

 

No se atrevió a contarle a su mentor lo que había pasado cuando se metió en la mente de Ron, por lo que esa mañana sólo hablaron de las especulaciones del director.

 

  • He hablado con Nymphadora, Harry, y está encantada de poder ayudarnos con esto. Tratará de hacerte recordar

  • ¿Por qué no lo hace usted, profesor? No puede haber nadie mejor.

  • Te equivocas, Harry -respondió Dumbledore con una sonrisa-. Me halaga la visión que tienes de mí, pero yo también tengo debilidades. La profesora Tonks ha trabajado durante años luchando contra las artes oscuras, y te aseguro que es la mejor en ello.

  • ¿Artes oscuras, profesor? ¿Qué le hace pensar eso?

  • Oh, muchas cosas Harry, muchas cosas. Esa es otra de las razones por las que no quiero involucrarme. Tengo ciertas sospechas sobre lo que ha pasado, por lo que es mejor que quien lo interprete no sepa nada todavía.

 

La ex-auror empezaría a trabajar con él unos días más tarde, para enseñar a Harry los secretos de la mente y poder ayudarle a recordar incluso lo que el hechizo Obliviate parecía haber borrado de ella.

 

 

Ya había cenado, y estaba pensando en lo que le esperaba cuando escuchó unos pasos por la vacía enfermería. A esa hora no podía recibir visitas, por lo que se preparó mentalmente para otra de las asquerosas pociones que le hacía tomar la señora Pomfrey. Pero no fue ella quien apareció tras la cortina. Fue una chica negra muy alta quien la abrió, con una amplia sonrisa en la boca.

 

  • ¡Angelina! ¿Qué haces aquí? -dijo el mago, tapándose un poco más y tratando de arreglarse inútilmente el pelo

 

La ex-capitana del equipo de quidditch se encontraba ante él, con su atuendo de profesora, en el que destacaba una falda de tubo gris que marcaba sus amplias caderas.

 

  • Hola Harry, he venido a ver cómo estabas, y te he traído algo -dijo, mientras ponía un viejo libro sobre la mesilla de noche.

  • ¿Cómo te han dejado pasar a estas horas?

  • No había nadie, Harry. Además, me parecía urgente.

 

Al mago le extrañó lo que decía, pero se fijó en la portada del libro, que simplemente decía "Eros et tanatos". No se veía autor alguno y lo único que acompañaba al título era una representación en una vasija de una pareja haciendo el amor y de otra (quizá la misma) tumbada y con los ojos cerrados. Harry miró a los ojos oscuros de Angelina, que estaban fijos en él, buscando respuestas.

 

  • El día que te desmayaste, este libro estaba fuera de su sitio en la clase de Historia de la Magia. Supuse que habías estado leyéndolo y quizá te ayude a recordar lo que hacías allí -explicó su excapitana.

  • Gracias, Angelina. Le echaré un ojo -dijo Harry, pensando en por qué Dumbledore no le había dicho nada de esto.

 

Angelina no se fue todavía, sino que se acercó más a la cama y siguió hablando. Harry se preguntó dónde estaría la señora Pomfrey, pero se le olvidó al pasar los ojos por el esbelto cuerpo de Angelina. La erección comenzó a manifestarse sólo con ver a su amiga.

 

  • Eso no era lo único que quería decirte. Como me pediste ayuda con el equipo de quidditch, he convocado las pruebas para el sábado. No podemos retrasarlo más.

  • ¡El equipo! Es cierto. Muchas gracias por todo, con el lío de estos días se me había olvidado completamente.

  • No es nada -dijo ella bajando la mirada-. ¿Sabes? Hecho de menos jugar contigo, Harry. Éramos un gran equipo. Y me gustaba cómo me mirabas –dijo la morena, con la vista fija en los ojos del mago para comprobar su reacción.

  • ¿Có-cómo te miraba? -dijo Harry intentando sonreír para aparentar normalidad-. Como a la gran capitana que eras. Sentía admiración.

  • ¿Ah, sí? -dijo Angelina arqueando las cejas en una mueca escéptica-. No sabía que te habían hecho olvidar tus recuerdos selectivamente. Deja que te refresque la memoria.

 

Harry vio cómo Angelina se agarraba su larga cabellera y la pasaba por delante del hombro, de forma que no estorbase la imagen que iba a ofrecerle. La chica negra se dio la vuelta lentamente y cuando estuvo de espaldas al mago se inclinó un poco hacia delante para permitirle apreciar mejor cómo la camisa roja que la cubría acababa dentro de la falda, y cómo la curva de su espalda se acentuaba al acercarse a las caderas y acababa por fin dando paso a un culo antológico.

 

El trasero de Angelina era realmente grande, pero muy firme, como pudo comprobar Harry mientras observaba sus nalgas, apretadas bajo la falda de tubo, que permitía intuir también un pequeño tanga como única cobertura.

 

Por supuesto que lo recordaba. La adolescencia había llegado a su vida años atrás, y Angelina era la mujer que se había convertido en su musa en la soledad de su cama. Era dos años mayor que él y eso, unido a su atractivo y a que era una de las personas con las que más convivía, le había hecho imaginarla una y otra vez entregándole el culo que ahora tenía tan cercano en sus fantasías sexuales. Había perdido muchas horas de sueño por ella.

 

Siguió contemplando esa maravilla de la naturaleza hasta que la chica se dio la vuelta.

 

  • Me lo imaginaba -dijo la bruja con una mueca irónica-. Eras un pequeño pervertido.

  • ¿Por qué no me decías nada? Creía que nadie lo sabía, que no te hacía daño -Harry estaba rojo de vergüenza.

  • Oh, y no me molestaba, ni mucho menos -replicó ella con voz misteriosa-. Era una cría estúpida, y tengo que reconocer que me gustaba la idea de que el famoso Harry Potter se pajeara su pequeña cola una y otra vez pensando en mí -siguió, echando un vistazo a lo que tenía delante-. Sin embargo, parece que estaba equivocada en dos cosas.

 

Angelina se acercó más a Harry, dirigiendo la mirada al bulto que sobresalía de las sábanas.

 

  • Por una parte, me equivocaba en el tamaño de tu cola -dijo, pasando la mano por encima del duro rabo de Harry-. Por otra, en la forma de llevar las cosas.

 

Empezó a pajear a Harry agarrando su polla por encima de la sábana a la vez que le acercaba el culo a la cara, indicándole con los ojos que lo agarrara. Harry apenas dudó un segundo antes de posar su mano en una de las nalgas de Angelina. Disfrutó amasando su enorme trasero mientras ella jugaba con su erección. Era una delicia. Era tan grande que Harry no entendía su tremenda firmeza, casi antinatural.

 

  • Actué mal dejándote solo con este problema tantas veces, Harry. Yo era la culpable de tus erecciones y supongo que debía haberte compensado -decía a la vez que aumentaba el ritmo de sus sacudidas, y Harry veía cómo se acercaba a su límite-. Aunque sólo soy una joven inexperta, puede que esté equivocada.

 

Tras decir eso, Angelina soltó el durísimo aparato de Harry y separó su culo de él.

 

  • Buenas noches, Harry -dijo con una sonrisa lujuriosa.

 

Tras darle un beso en la comisura de la boca con sus labios grandes y carnosos, la chica se dio la vuelta y se fue. Harry no se podía creer que lo fuese a dejar así, pero aprovechó la situación y ya tenía su polla en la mano antes de que Angelina acabase de girarse. Unas sacudidas más y Harry se corrió por fin, con la vista fija en el trasero de su amiga, que lo contoneaba mientras salía lentamente de la enfermería, rodeada por un aura espectral.

 

 

 

Hermione sintió un escalofrío recorriéndole toda la espalda. Se le erizó el vello y, con la piel de gallina, le pareció que el mundo se detenía unos instantes. Contempló el cabecero de la cama con el escudo de Gryffindor, que había dejado de moverse, y se extrañó.

 

No tuvo tiempo para pensar demasiado en ello, y lo olvidó en el preciso instante en que notó como su culo se estrellaba de nuevo contra las piernas y el bajo vientre de Ron, provocando un sonido de choque que la provocaba muchísimo.

 

Todo volvió a la normalidad. El pelirrojo seguía a su espalda percutiéndola incansablemente. Oía los sonidos guturales que emitía su novio, que actuaba como un animal cuando follaban. A Hermione le encantaba que se la tirase por detrás, sintiéndose dominada por la bestia en que se convertía su chico. Además, lo hacía todo menos previsible. Lo único que ella veía en esos momentos era el cabecero de la cama acercándose y alejándose a voluntad de Ron, y la almohada donde apoyaba Harry su cabeza cada noche.

 

Se preguntó por un momento cómo sería hacerlo con alguien que la tratase de forma más delicada. Sexo apasionado pero donde se notase el cariño, más allá de las embestidas salvajes que le habían proporcionado en exclusiva hasta entonces. Esos pensamientos se alejaron cuando el enorme pollón de Ron la volvió a penetrar con toda su extensión, llenándola por dentro como un recordatorio de lo mucho que disfrutaba cuando la trataban así.

 

La idea de hacerlo en la cama de Harry la había tenido Ron, y Hermione no tuvo ninguna queja. Estaban aprovechando la última noche a solas con todas sus ganas, y poder follar sin miedo al ruido de los sexos chocando o de sus gritos era una experiencia espectacular.

 

Se preguntó si su novio seguiría queriendo hacerlo en esa cama si supiese que Hermione le había hecho una mamada y una cubana a su mejor amigo ahí mismo, recibiendo a cambio dos abundantes descargas de semen que se había ganado a pulso. La idea pasó rápidamente por su cabeza y provocó que se corriese de nuevo, poniendo a prueba sus cuerdas vocales y arqueando la espalda para notar la polla de Ron todavía más adentro.

 

Agotada por el esfuerzo, Hermione giró la cabeza y vio la expresión de un Ron descontrolado. El chico le agarró su larga melena rizada y la obligó a ver hacia delante de nuevo.

 

Con los ojos fijos en el cabecero de la cama y entregada a su novio a cuatro patas, Hermione sabía lo que venía a continuación. Por el rabillo del ojo sintió el movimiento del pelirrojo, que se colocó lo mejor posible a su espalda. Las manos de Ron recorrieron sus caderas, le azotaron un par de veces y se dirigieron por fin a sus tetas.

 

Hermione disfrutaba con lo loco que volvían a sus novio sus grandes mamas. Gimió cuando se las agarró firmemente con ambas manos. Notó a su espalda cómo la gran polla de Ron se metía un poco en su interior, y después llegó el clímax. Ambos gemían como locos. Hermione le pedía leche a su novio con voz inocente, entrecortada por los jadeos. El pelirrojo recorría todo su coño, estrecho a pesar de la costumbre, a una velocidad cada vez mayor, ayudado del impulso que le daba la sujeción a sus enormes melones.

 

Hermione disfrutó cada embestida como si fuera la última, cachondísima ante la presión que su novio ejercía sobre sus pechos, y trató de acompañar el movimiento con su cadera sin dejar de gemir hasta que cerró los ojos y se concentró en la leche ardiendo que empezó a disparar el descomunal aparato de Ron para llenarla todavía más por dentro.

 

  • Herm... No... No puedo -dijo Ron, agotado, cuando la bruja comenzó a chupar la polla que acababa de descargar.

 

Hermione seguia muy caliente. Parecía que la semana sin sexo había provocado en ella todavía más necesidad. Ahora mamaba a su novio a pesar de que acababa de correrse desesperadamente. Pidió a Ron que le metiese los dedos, y así lo hizo el pelirrojo, pero el coño de Hermione no se conformaba con ser penetrado por tres dedos después del pollón que la había estado follando hasta entonces.

 

Siguió metiéndose ese enorme rabo entre los labios, dando gracias a Merlín por su exagerado tamaño. Lamía sus laterales, sus huevos y volvía a tragarse el hinchado glande, loca por mantener la erección que lo mantenía rígido. Hermione adoraba practicar mamadas a los hombres con los que intimaba, pero hasta entonces sólo tres rabos habían tenido la suerte de introducirse en su boca.

 

Supo que Ron volvía a estar listo cuando le agarró la melena castaña tratando de ayudarla a chupar su grandisimo falo. Dio unos cuantos lametones más y se la sacó de la boca.

 

Aprovechó que Ron estaba tumbado para subirse encima suya, con las rodillas clavadas en el colchón alrededor del mago. Hermione agarró la polla de su novio y la llevó a su agujero, bien abierto. Volvió a sentir el calor de su hombre introduciéndose en ella rápidamente. Lo adoraba, y se apoyó en su pecho con ambas manos para comenzar a montarlo.

 

Hermione botaba con movimientos rápidos, gozando de su joven e insaciable cuerpo. Se fijó en Ron, que parecía agotado pero que la miraba con un deseo tremendo. Hermione no pudo evitar sonreírle y besarlo, entre exagerados gemidos, y decidió darle uno de sus espectáculos favoritos.

 

Aumentó el ritmo de sus caderas, follándose a Ron tan duro como él lo había hecho unos minutos antes. Hermione levantó los brazos y se puso las manos detrás de la cabeza, enloqueciendo entre gritos de placer y espasmos. Con los brazos completamente abiertos y en esa posición, las enormes tetas de Hermione estaban liberadas y acompañaban las cabalgadas de su dueña saltando con ella.

 

Notó que el pollón de Ron crecía todavía más tras ver sus pechos desplazándose descontrolados de arriba abajo y de un lado a otro. Se puso todavía más cachonda al ver la reacción de su novio, que tan bien conocía.

 

Cuando Ron decidió aferrarse a los inmensos melones de Hermione, la bruja aumentó el ritmo a todo el que fue capaz, y el pelirrojo la ayudó a cabalgar metiendo él mismo su miembro lo más profundo posible. Las manos de Ron estaban sobre los magníficos pechos de su novia, y pronto se llevó uno de los erectos pezones a la boca.

 

Hermione tenía los pezones tremendamente sensibles, y tener a Ron lamiéndoselos mientras follaban tuvo el efecto esperado en ella. Sus gritos de placer llenaron la habitación junto a los golpes de sus cabalgadas contra Ron. El orgasmo provocó temblores en todo su cuerpo, y sintió todavía con más claridad cómo su novio volvía a correrse en su interior, sorprendido por la tremenda reacción de Hermione.

 

Cayeron rendidos y abrazados en la cama, respirando con dificultad. Hermione había empapado la sábana de Harry, y ahora un pequeño hilo de semen le recorría la pierna hasta acabar en ella también.

 

  • Tenemos que encontrar una manera de seguir haciendo esto sin peligro -le dijo Ron al oído, susurrando.

  • Lo sé. Es demasiado bueno para dejarlo ahora -respondió extasiada Hermione.

 


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