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Fecha: 20-Ago-16 « Anterior | Siguiente » en Sexo con maduras

Saber esperar…

CARTUZ
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El que puede tener paciencia con las mujeres, puede tener lo que quiera de ellas. Y hay épocas de tener mucha paciencia. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

La vida es paciencia… Este proceso me hace pensar en un granjero: planta la semilla, riega los campos y fertiliza la tierra. Y no parece que pase nada. Pero el granjero no se rinde. No sale corriendo al campo a cavar buscando verduras... El granjero tiene paciencia y confía en el proceso natural. Tiene fe y comprende que gracias a su esfuerzo diario cosechará. Y un día, casi de repente, ahí está.

Llego el viernes, por la mañana todo fue de lo más normal. Si no tenemos en cuenta las risas y las bromas pesadas por parte de Roser y Carmina, sobre todo por esta última. Incluso en un momento dado hubo palabras subidas de tonos entre ellas y Noemí. Al final intermediamos algunas personas y la sangre no llego al rio. Cuando nos quedamos solos tanto Joana como Fabiola censuraron su actitud, ella riéndose les dijo… “Si lo hice a propósito, mirar a ese par de putas, como disfrutan pensando que estamos asustadas, mirarlas” nos quedamos sin saber que decir, pero era verdad, se las veía relamiéndose de pensar que estábamos en fuera de juego.

            Joana se volvió hacia mí y me dijo… “Carlos, espero que lo tengas todo bien atado, que luego no hagamos el ridículo, que yo estoy muy ilusionada” tranquilice a las tres y como los viernes nos íbamos al mediodía salvo excepciones, les di la dirección de mi casa. El comentario de las tres fue, buen barrio y Joana me pregunto… “Que es una casa vieja” y como era antigua le dije que sí. Quedaron entre ellas para venir a mi casa juntas y a mí me dijeron que a las seis estarían allí.

            Ese día me fui nada más salir de trabajar a unos grandes almacenes, compré varias cosas en el supermercado y como en el restaurante del mismo centro. Luego tranquilamente me fui para mi casa. Cuando llegué y nada más abrir la puerta del portal, oí una voz inconfundible maldiciendo. Era Laureano el portero. Estaba en la zona de mis escaleras, junto al ascensor. Nada más verme empezó de nuevo el solo a maldecir, olía fatal. Por lo que se ve algún perro había ensuciado de una barbaridad, ahora no me extrañaba su enfado. Iba a subir por las escaleras por no esperar, pero como no paraba de hablarme no quise dejarle plantado, así que deje las bolsas del supermercado en un lado y me dedique a escucharle atentamente, aunque mis pensamientos estaban en otro sitio, tan absorto estaba que no me entere de que habían llegado unas personas. Me giré y vi a un hombre alto y muy corpulento, con el pelo entre rubio y grisáceo. Con un mostacho inmenso. Era todo cuello y brazos, sus brazos eran el doble de los míos. Luego estaba una mujer que supuse que era la suya, tal como se dirigió el portero con ellos. Pasaba los 40, era rubia, no me atreví a ser muy descarado mirando, pero lo poco que vi me dejo impresionado, como hacía tiempo que ninguna mujer me dejaba. Mujer grandota, pero nada de gorda. Se notaba que iba mucho al gimnasio. Un escote bestial, con un canalillo de infarto, aquí no hacía falta ponerle imaginación, eran unas tetas muy exuberantes. Iba muy maquillada y me di cuenta de que llevaba falda, pero no quise mirar más.

            Cuando de pronto llega Milada y dijo solo una palabra, pero en su idioma, supuse que sería papa, mama o algo similar. Se acercó a ellos y les beso. Ella nada más verme me sonrió y me los presento. Milenko el padre y Zuza la madre. Ahora cuando les di la mano, me fijé más en la madre, las piernas y los muslos eran como su canalillo de infarto. A los padres, aunque hablaban el español muy bien, algún acento si se les notaba. Entonces el padre se dirigió a mí para decirme… “Así que tú eres Carlos. Lo que le explicaste a Sergi no hizo nada, el problema sigue y no hay manera de arreglarlo” me di cuenta que se refería a lo que hablamos del ordenador. Yo le dije… “Lo mismo yo no me explique bien o él no me entendió, porque si hizo todo lo que le dije tendría que funcionar”

            El padre como si nos conociéramos de toda la vida me dijo que me podía pasar ahora por su casa y lo veíamos sobre la marcha, pero muy a mi pesar tuve que decirle que me era imposible, porque en breve me llegaría visita y nos quedaríamos a medias, que en otro momento sin problema lo veríamos. La cosa quedo así, aunque la cara de Milada fue de disgusto. Al final todos decidimos subir andando, yo les dejé pasar a ellos primero, además de por cortesía lo hice por ver a esa mujer desde otra posición. Su culo era portentoso, sus piernas para perderse entre ellas y todo en movimiento era para sudar. Ahora entendía lo que me habían dicho de que cuando la viera, no se me olvidaría.

            Estando ya en mi casa, metí bebida en el frigorífico para que estuviera fría, mire que en el congelador hubiera bastante hielo y termine de revisar todo. Me quité el traje y la corbata y me puse bastante cómodo. Un pantalón de lino de color azul con una camiseta azul y blanca de una universidad americana que me regalo una gran amiga. Ya solo era cuestión de esperar. Me puse a leer un libro que ya había empezado un par de días antes.

            El tiempo se me paso rápido, ni me di cuenta. Sonó el timbre, mire la hora y eran las seis en punto. Miré por la mirilla y las vi a las tres, mi desilusión fue automática, venían en chándal, cuando les dije que vinieran cómodas, había pensado en otra cosa. Una vez que abrí la puerta, entraron y fueron en dirección a donde les indicaba, mi desilusión fue a menos, porque la parte de bajo no eran pantalones de chándal eran mallas y se veía muy bien. Eso si en la parte de arriba traían chaquetilla de chándal.

            Les ofrecí algo para tomar, pero de momento no querían nada, venían con muchas ganas de trabajar. Pero si les dio tiempo para hacer comentarios sobre la casa, les había gustado y les entro la curiosidad de como vivía allí, pero como tampoco me gusta mucho que indaguen así de pronto en mi vida, les dije que era muy largo de contar. En el salón estaba dispuesto todo para trabajar allí. Estuve un buen raro dando explicaciones de cómo iba todo, ellas preguntaban sus dudas yo contestaba y así estuvimos enfrascados un buen rato. Yo notaba algo de tensión sobre todo en Joana y en Fabiola. Así que pregunte y me dijeron que si se podía fumar. Yo creía que no fumaban ninguna de las tres, pero me equivocaba ellas dos si fumaban. Fui por unos ceniceros y les dije que, sin problema, su cara fue de alivio total.

            Estábamos todos trabajando, pero nuestro trato era mucho más desenfadado que en otras ocasiones. Ahora si me aceptaban el tomar algo. Todas pidieron bebidas con alcohol. Les dije lo que había y me fui a ponerles lo que me pidieron. Podía oírlas, aunque hablaban en voz baja. Las más peligrosas eran Joana y Noemí, que hablaban de mi culo, mis brazos, si tendría tableta o no, que estaba para hacerme un “favor” … y también podía oír como Fabiola les decía que bajaran la voz, que al final las oiría, que se cortaran. Y ellas se reían de su amiga diciéndole que seguro que alguna parte de su cuerpo decía otra cosa y ella les decía que eran unas guarras y se reía.

            Llegue con una bandeja con todo preparado ellas me dieron las gracias y observe como Noemí se había quitado la chaquetilla del chándal, quedándose con una camiseta blanca ajustada. Ahora sí que se la veía espectacular. Y apoyada en la mesa como estaba, con el culo en pompa ya no digo, estaba para darle unos buenos azotes. Después de dar los primeros sorbos y estar hablando distendidamente del trabajo, Joana se quitó también la parte de arriba quedándose con una camiseta más o menos del mismo estilo que la de Noemí, pero de distinto color. Se la veía muy hermosa también, pero siendo justo mejor estaba Noemí. Invitaron a Fabiola a que se pusiese más cómoda, pero a pesar de la insistencia ella se negó.

            Gracias a las aportaciones de ellas, que fueron muchas y buenas, adelantamos el trabajo un montón. Lo que yo había pensado que nos llevaría más tiempo, por el buen hacer de ellas prácticamente estaba finiquitado. Eran buenas en su trabajo, en esas horas aprendí mucho de ellas. Luego ya siendo muy tarde decidimos parar a cenar algo. Ellas habían traído de todo. Mientras cenábamos intimamos más. Yo veía a las más lanzadas y más decididas a Joana y Noemí, creía que con ellas había alguna posibilidad. Con Fabiola era imposible saber algo, conmigo por lo menos era bastante hermética. Ya tenía pensado pasar de ella y ni intentar nada, hasta que se quitó la chaquetilla. Quedándose con una camiseta que en vez de ser de manga corta como la de sus amigas, era de tirantes y con algo de escote. Se le veían unos potentes brazos, fuertes y tripa plana. Como Noemí que se notaba que, hacia ejercicio, pero Fabiola se debía de machacar mucho en el gym. Y para remate ese par de tetas, que se notaban que debían de pesar lo suyo, porque nunca vi unas tiras de sujetador tan anchas. Era imposible no mirar.

            Entre broma y broma, trataban de sonsacarme muchas cosas y muchas preguntas con doble sentido. Yo les respondía de la misma manera. La conversación al final derivo en un pique, ellas que los jóvenes ahora no aguantábamos un “asalto” y yo les decía que era fácil de comprobar, pero que claro las de su generación eran muy cortadas. Fabiola que vio a sus dos amigas muy envalentonadas y decididas a dar un paso más, recobro algo de cordura, por desgracia y puso orden, quedándose las cosas tranquilas, pero yo elucubrando como volver a “alterar” la situación. Estaba claro que si no hubiera estado Fabiola la situación en esos momentos hubiera sido otra.

            Yo recogí todo en una bandeja para despejada la mesa y seguir trabajando, como no me podía llevar todo de una vez dije que ahora recogía el resto. Vi que mientras se ponían ellas con la documentación con la que trabajábamos. Estando colocando todo en la cocina, llego Noemí con el resto de las cosas que quedaban. Muy decidida se abrió el friegaplatos y se agacho para meter las cosas. Yo no había bebido nada de alcohol, pero ese culo que se notaba así agachada me embriago. Me acerque con “malas” intenciones, pero justo ene se momento se levantó y se giró. Yo me quede parado, pero ella también, yo sabía que lo mío era por haberse levantado así de pronto e imagine que ella por encontrarme tan cerca.

            Nos miramos por unos segundos a los ojos y note que iba a decir algo, cuando sin dudarlo bese sus labios. Creía que me montaría el dos de mayo, pero nada más mis labios tocar los suyos, se abrieron nuestras bocas a la vez, dando rienda suelta a nuestras lenguas. Era un beso muy ardiente y pasional por ambas partes, era imposible estar más pegados, igual que ra imposible que ella no notara como crecía mi polla hasta alcanzar su máxima expresión. Nos empezamos a acariciar sin dejar de besarnos, ella toco mi polla por encima de mi pantalón y parecía que le gustaba lo que había descubierto, porque además de agarrarla bien y apretarla, emitía un sonido mientras me besaba de… “Uuuuuhhhmmm…” Y yo acariciaba ese culo durito y delicioso.

            Ella paro de besarme, me puso las manos a la altura de mi pecho y me retiro un poco, me miro a los ojos y sin decir nada se zafo marchándose al salón. No me quedaba más remedio que hacer un poco de tiempo para que mi polla se relajara y no se me notara. Cuando llegue al salón y aunque la idea en un principio era quedarnos toda la noche trabajando, Fabiola dijo que ya era innecesario, porque prácticamente estaba todo bien. Fue oír eso y coger una manía tremenda a Fabiola. Pero ella misma dijo, que por ella nos quedábamos de charla, que por un día que había podido salir al encontrar quien se quedara con sus hijos, otra vez me dio un cambio, que rápido ya me había metido con Fabiola. Joana rápidamente se apuntó y la más indecisa resulto ser Noemí, que decía que no sabía qué hacer.

            Yo dije que por mí no había problema, diciéndoles también que tenía sitio para que cuando quisieran si se encontraban cansadas, pudieran echarse un rato. Joana inicio el cachondeo otra vez y le dijo a Fabiola, que si no había sitio para todas, como era la única que no tenía pareja, que seguro que yo podría dejarla compartir mi cama y se reía, Noemí le acompañaba con una sonrisa nerviosa y Fabiola sofocada le decía que dejara de decir tonterías. Adelantándome a lo que podía suceder, les dije que me acompañaran y les enseñe las habitaciones, una con dos camas que ya se las asigne como quien no quiere la cosa a Joana y a Fabiola, diciendo en broma que así se vigilarían la una a la otra. Luego fuimos a otra habitación la más próxima a la mía y le dije a Noemí que en esa podía dormir ella.

            Joana se empeñó en ver mi habitación, se la enseñe a las tres y coincidieron en que la cama era muy grande, que si parecía un campo de futbol, que si cabíamos los cuatro y más… volvimos al salón y estuvimos planeando como llevar a cabo nuestra presentación sorpresa del proyecto llegando a un acuerdo. Mientras hacíamos esto la bebida seguía corriendo. Pero Noemí dejo de tomar nada de alcohol. No se debía de fiar mucho de ella si tomaba una copa de más. Yo empecé a hablar poco y dejé sobre todo a Joana, que nos siguiera contando sus anécdotas, que me daba cuenta de que sus amigas debían haberlas oído ya bastantes veces, para que como suponía, al final empezaron a llegar los bostezos. Llegando todos a la conclusión de que ya era muy tarde, eran más de las cuatro de la mañana, para descansar, aunque solo fuera un poco.  

            Como no tenía otra cosa, les dejé unas camisetas mías, que les quedarían como minifaldas seguro, por si las querían usar y les di las buenas noches. Cuando me retiraba aproveche para decirle a Noemí al oído que ya sabía dónde estaba mi habitación. No dijo nada, ni si, ni no, ni hizo un gesto, era como una esfinge, no pude vislumbrar nada. Me metí en mi habitación, me aseé y me acosté desnudo como hago siempre. Dejé una luz tenue encendida y estuve atento a todos los ruidos. Oí como iban al aseo, como cuchicheaban sin llegar a entender nada. Para poco después quedar la casa en un completo y absoluto silencio.

            Estaba dudando si ir a su habitación si ella no venía. En otras circunstancias no me lo hubiera pensado, pero al ser una compañera de trabajo y al tener otras dos allí, había que sopesar un poco más las decisiones. En un principio tenía muy claro que lo dejaría en manos de ella, pero más o menos a los 15 o 20 minutos, ya me estaba levantando de la cama y me puse un pantalón corto. Abrí con cuidado la puerta, lo hice solo un poco y escuché si se oía algo. Salí y cerré la puerta de la misma manera. Ande con mucho cuidado para no hacer ruido. Las puertas de las habitaciones tenían cierre, si lo tenía puesto quería decir que todo se había terminado antes de empezar.

            Cogí la manilla de la puerta y la bajé hasta abajo, ahora llegaba el momento de la verdad, hice un leve movimiento empujando la puerta con mucha suavidad y se abrió. Mi pecho se hincho de satisfacción porque no hubiera puesto el cierre de la puerta. Entre y cerré. Fui muy despacio hasta la cama, solo se oía la respiración de ella y yo podía sentir mis pulsaciones, parecía que el corazón se me saldría del cuerpo. Me senté en el borde de la cama y con suavidad la destape, su cuerpo estaba boca abajo y completamente desnudo. Sospechaba que estaba despierta, pero no lo podía asegurar. Pero pronto saldría de dudas. Con dos de mis dedos, empecé a acariciar su espalda, iba desde su nuca hasta el inicio de ese culo que me traía loco.

            Ella prácticamente no se movía, ni su respiración cambiaba de ritmo. Eso me llevo a acariciar sus piernas. Después de acariciarlas un rato, empecé a acariciar el interior de sus muslos. Hasta que me decidí a pasar el dedo por sus labios vaginales, donde pude comprobar la gran humedad que tenían. Me levante de la cama y en ese momento si note como un respingo en el cuerpo de ella, como si se hubiera puesto en tensión, cuando pare de acariciar su cuerpo y me levante. Lo que hice fue quitarme el pantalón y quedarme desnudo yo también. Volví a la cama y se relajó, me quedo claro que estaba despierta. Puse mis rodillas a la altura de sus pies y me agaché, con mis manos abrí lentamente sus nalgas y con mi lengua, empecé a lamer su coñito por detrás, sin olvidarme de su culito. Ella seguía como si estuviese dormida, pero no hacía falta que dijese nada, porque elevo un poco su culito, para que mi lengua pudiera lamerla mejor.

            Se colocó de tal forma, que ahora podía acariciar sus clítoris y mi lengua entrar perfectamente dentro de su mojado coño. Su respiración se iba acelerando, hasta que se empezó a convertir en gemidos, ella pego su boca a la cama, para amortiguarlos. No se pudo aguantar mucho más y fue totalmente cachondo, oír cómo se corría de una forma tremenda y como lograba amortiguarlo con la almohada. A solas tenía que ser la leche, tenía que ser una mujer de esas que se corre con total libertad, sin cortarse. Una vez que se había corrido se relajó, quedándose otra vez en la misma posición. Ahora me tumbé a su lado y empecé a lamer, mordisquear, su cuello, sus hombros, la nuca. Mientras no paraba de acariciar, tocar su coño, follándoselo con mis dedos también. Otra vez su respiración se aceleraba, eso me gustaba. Ella que tenía los brazos extendidos a lo largo de su cuerpo, se empezaron a mover, cuando mi polla rozo una de sus manos. Lo que no dudo ni un segundo, en agarrarla e iniciar un movimiento de sube y baja.

            Yo, decía a sus oídos todo tipo de cosas, suaves y subidas de tono. Ella no decía absolutamente nada, se limitaba a gozar y a hacerme una paja. Se le notaba muy excitada, por fin se movió y se medió revolvió, de tal manera que logro llevarse la polla a la boca. Pero no se la metió, se dedicó a mordisquearla, a lamer sin parar todo el tronco. Mientras no paraba de acariciar mis huevos, lo hacía con maestría. No paraba de decirle lo bien que lo hacía y lo cachondo que me estaba poniendo. Pero ella seguía sin decir nada. Ahora, con mucha tranquilidad empezó a lamer el capullo y después de tenerme a mil, se lo empezó a meter dentro de su boca, con mucha suavidad, se la metió hasta donde pudo, pero una vez lo hizo, empezó a moverse con “rabia” sus labios apretaban bien y su lengua no paraba, pero no acababa todo ahí, metió una mano entre mis piernas, me apretaba con sus dedos desde el final de mis testículos hasta la entrada de mi ano, también acariciaba y estimulaba con uno de sus dedos mi ano, pero sin llegar a hacer nada más, hasta que sin esperármelo, metió un dedo dentro de mi culo y se volvió salvaje. Como la mamaba, estaba frenética.

            Paro de pronto y me dijo en voz muy baja, pero con un estado de calentura fenomenal… “date prisa, túmbate, túmbate, vamos…” así lo hice y agarro mi polla, se puso a horcajadas sobre ella y se la fue metiendo poco a poco, mientras lo hacía, se le fue escapando, más de un suspiro y algún resoplido. Una vez la tenía toda dentro y sentada sobre ella, se irguió para empezar a mover su cintura muy suavemente, moviéndose también de adelante hacia atrás. Se veía poco, pero lo suficiente para ver como su cara estaba desencajada. Lleve mis manos hasta sus tetas, eran de un tamaño normal y unos pezones, pequeños, pero estaban bien duros.

            Se tumbó prácticamente en mi pecho y nos empezamos a morrear con más pasión que en la cocina. Yo estire mis manos y con mis dedos llegue a su culito. Quería probar y sin pensarlo empecé a introducir uno de sus dedos, ella no es que no protestara, se notó que le gustaba. Ahora mientras no parábamos de movernos, ella con voz baja pero totalmente fuera de si me decía… “Hacía mucho que no me ponía tan cerda nadie, me vas a hacer que me corra otra vez si no bajas el ritmo, que rabia no poder hacerlo como a mí me gusta sin cortarme…” ella me decía todo eso, pero ella tampoco bajaba el ritmo todo lo contrario y fue cuando le dije… “Me encanta lo zorra que eres, sabias que iba a venir a follarte y lo deseabas, pero lo que más me gusta es el culo que tienes, en la cocina quería follármelo…” y mientras empezó a correrse solo decía… “SI, SI, SI, SI, SIIIIIIIII… NO PARES, NO PARES…” mordiéndome el hombro y el pecho de una manera brutal. Se veía y sobre todo se notaba que era una mujer muy pero que muy caliente. Una vez se corrió y sin dejar pasar nada de tiempo, se incorporó sin dejar de contonearse sobre mi polla. Ahora mientras hacía eso, se masturbaba con una mano y cogiendo una postura un poco complicada llevo un dedo a mi culo. Así estábamos los dos, con una postura forzada, pero dándonos placer mutuamente los dos. Hasta que nos pusimos a corrernos los dos de forma excitante. Dejamos quietos nuestros culitos y nos morreamos mientras nos corríamos.

            Al rato ella se quitó y se tumbó a mi lado. Y muy seria me dijo… “No creas que me llevo mal con mi marido o que me follamos poco, ni ninguna tontería de esas que se ponen para buscar una excusa. Simplemente ha sido algo carnal, por variar, que una se cansa siempre de lo mismo… ¿Me has entendido?” y yo le conteste… “No me creo nada raro ni extraño y lo que, si he comprendido, es que me estás diciendo, que, por haber follado una vez, no quieres que esté dando el coñazo para repetir, ni nada parecido. Solo te digo que no hace falta que me digas nada, que no es la primera vez que estoy en esta situación, nunca he dado ningún problema y que no se me olvide, la relación que tengáis tu marido y tú, o los acuerdos que tengáis es problema nada más que vuestros” después de mi respuesta hubo un silencio que ella rompió… “veo que eres más listo de lo que yo pensaba, es un gran alivio” por no quedar como estúpido no quise preguntar, pero no sabía con total exactitud a que se refería cuando dijo eso último.

            Me levante me puse el pantalón corto y sin decir nada más me marche de la misma forma en la que había ido, con mucho silencio y sigilo. En mi habitación pensé que hubiera estado mejor si hubiéramos estado solos, pero todo se andaría. Era mi máxima, si había disfrutado y gozado ella volvería a pasar, tarde o temprano.

            Por la mañana cuando yo me levante, estaba ya en la cocina Fabiola, que un poco cortada me dio los buenos días y de forma apresurada, me dijo que Joana ya estaba levantada pero que estaba en el baño. Me puse a tomar un café cuando apareció Noemí, que iba al baño, pero rápidamente Joana le dijo que tendría que esperar que estaba Joana y yo le dije que no era necesario indicándole donde había otro baño. No le invite a ir al de mi habitación porque hubiera parecido un poco excesivo para Fabiola.

            Al final estábamos todos en la cocina sentados y Noemí estaba a mi lado. Hablamos de la noche, todos muy contentos y pensando en si reunirnos otro viernes, yo le mostré mi disposición. Mientras Noemí decía que por ella tampoco habría ningún problema, me acariciaba con su pierna pegándola a la mía, eso era muy buena señal. Quedando en ver en los próximos días lo que decidíamos. Porque Fabiola, que era la que más problemas tenia para poder hacerlo, decía que ella lo mismo si podía pero que lo de dormir sería mucho más difícil. Acabaron de desayunar y se fueron. Como era muy temprano, me puse la ropa de correr y salí a la calle a hacerlo. En ese momento me encontré con los padres de Milada que iban a hacer lo mismo. Y ellos muy amables me dijeron que si quería ir a un buen sitio para correr que les acompañase. Acepté la invitación y fui con ellos. Me puse como siempre a calentar antes de empezar y ellos hicieron lo mismo, no pare de mirar a la madre de Milada, bufff, como estaba y lo que no sabía cómo podría correr con semejantes tetas. Estuvimos corriendo de una forma muy suave por la ciudad, hasta que llegamos al Parque Natural de la Sierra de Collserola, era la primera vez que estaba allí y la primera vez que oía hablar de él.

            Era un sitio estupendo para correr o pasear, había bastante gente que hacia una de las dos cosas. Ya sabía dónde acudiría a partir de ahora para correr. Por lo que me pude dar cuenta, tanto Zuza como Milenko, tenían un aguante importante, porque mantenían muy bien el ritmo. Yo siempre que salía a correr, llevaba una mochila en la que llevaba de todo, desde agua hasta alguna barrita energética. Porque siempre solía pasarme un poco en mis carreras. Milenko se quitó una camiseta de manga larga que llevaba y se quedó en una de tirantes. Donde se podían apreciar bien la musculación exagerada de sus brazos. Y también un tatuaje que le cogía prácticamente desde el codo izquierdo y le subía hasta la espalda, lo que se podía ver del tatuaje era muy belicoso.

            Yo iba bien al ritmo que llevábamos, que era más bajo del que yo solía llevar habitualmente, ya estábamos empezando a notar el cansancio, pero se notaba más en ellos y también era algo normal. Íbamos hablando él y yo, sin darnos cuenta de que su mujer se había quedado un poco rezagada, cuando nos dimos cuenta nos paramos y ella subía el último tramo de cuesta que tenía hasta llegar a donde estábamos esperando, cuando dio como un pequeño salto y se quedó clavada en el sitio, echándose mano a uno de sus gemelos. Nos acercamos corriendo y sin pensarlo un momento, volqué en la arena todo el contenido de mi mochila, cogiendo un gel que llevaba para ese tipo de situaciones. Sin preguntar hice que se tumbara, le remangue la pernera del pantalón de chándal y le puse el gel, estirando la pierna sobre mi hombro y dándole un masaje. Mientras se lo daba ella miraba a su marido como de una forma extraña y a mí también me miraba de una forma muy peculiar, pero sin poder asegurar nada. Cuando termine, le ayude a levantarse y dije que ahora con tranquilidad volviéramos.

            Cuando metía las cosas en la mochila, al coger la botella de agua, les ofrecí, dijeron que no y yo le di un pequeño trago. Entonces ella cambio de opinión y me pidió agua, más que beber, mamo la botella, porque una de dos o yo estaba muy salido (que lo estaba) y ella estaba provocando o mi calentura me hacía ver cosas donde no había nada.

            De camino a casa como íbamos andando, hablábamos con tranquilidad y ellos sabían mucho de mí, sus hijas les habían contado cosas. Me entere que con mis tíos tenían la relación típica de vecinos, hola, adiós y poco más. Luego hablamos de mi trabajo como ellos hablaron del suyo. Se interesaron por donde había aprendido a dar masajes y les conté como. Luego salió el tema de los gimnasios y cuando les dije dónde iba yo, empezaron a tratar de convencerme de ir a uno de los dos que tenían. Me contaban que el ultimo que lo habían inaugurado antes del verano, tenia de todo y era lo último en gimnasios, me comprometí a visitarlo alguna vez. Pero con poca convicción, hasta que ella me dijo que era el que gestionaba ella, que el otro lo gestiona el marido, cuando oí eso, supe que no tardaría en visitarlo.

            Estando cerca de nuestro portal, Milenko me pregunto si tenía algún compromiso para comer, como le dije que no, me invito a comer a su casa, yo encantado de la vida, dije un si rápido. Me dijo entonces que a la una me esperaban. Yo me cambié y fui a casa de mi tía, quería saber dónde había una pastelería y ya le conté lo de la invitación, indicándome ella donde podía comprar unos buenos pasteles. La vi otra vez cabizbaja, pero mi tío estaba rondando por lo que la cosa quedó ahí.

            A la una estaba ya tocando el timbre de la casa de mis anfitriones. Me abrió la puerta Tomik el hermano, que se veía un chico muy simpático y detrás justo llego Lexa con cara de mala leche diciéndome que pasara. Pase al salón y oía de fondo al padre que debía de estar hablando por teléfono. Tomik se quedó conmigo y me hacía mil y una pregunta, llego Lexa con una bandeja y una cerveza que no había visto nunca, acompañadas de un plato con una cosa que parecían como unas tortas. La cerveza por lo que se ve era una de importación de su país y el aperitivo también era típico de su país. Las tortas eran como de queso y estaban de puro vicio de lo buenas que estaban.

            Me extrañaba que Milada no hubiera aparecido todavía. Pero en eso hizo su entrada majestuosa la madre. Camisa de seda abierta, que dejaba ver sus “poderes” y una falda ajustada por encima de las rodillas, casi minifalda, pero sin llegar a serlo, explosiva total. Se acercó y me plantifico dos besos que me derritieron, además por lo bien que olía. Se disculpó por su marido y me dijo que estaba hablando por teléfono, que en cuanto acabara estaría con nosotros. Nos sentamos en unos sillones y ella se puso frente a mí, la visión era inmejorable pero también preocupante para mí, no quería ponerme “brutote” que se me notaria.

            Se oyó que abrían la puerta y era Milada que venía de comprar el pan. Nada más verme me sonrió y sus ojos tenían el brillo de estar caliente. La comida era la familia al completo, Sergi y yo. Fue una comida típica de ellos. Una sopa de verduras, que se distinguían bien la patata, la zanahoria y los champiñones. Luego un plato de ternera con un guisado de distintos tipos de pimientos, que destacaba por la cantidad de especias que llevaba. Muy bueno, pero llenaba muchísimo. No recuerdo como se llamaban los platos, pero lo que si recuerdo era la bebida, que me dijeron que era muy digestivo, que me ayudaría a hacer la digestión.

            La puñetera de Lexa, cogiendo su vaso se lo tomo de un solo trago y mirándome me dijo… “Ves, así se toma” yo hice lo mismo, cogí el vaso de becherovka y me lo tomé de un trago. Al no estar acostumbrado al alcohol, casi se me salen los ojos de las orbitas. Estaba muy frio, pero me rascaba según bajaba. Era fuerte, me quedo un regusto a hierbas y canela, pero con algo de amargura. Lexa y su madre se partían de risa, sobre todo la hija. Milenko me dijo que era totalmente casero, que por eso tenía más grados que el que se comercializa. Y me dijo también que era afrodisiaco, que te tomabas dos de esos y te ponías como un toro.

            Milenko nos llevó a su despacho a Sergi y a mí, Sergi se puso a hacer cosas en el ordenador y le explicaba a Milenko algunas cosas. Llego Milada y me dijo que si podía mirarle una cosa en su ordenador mientras y dije que sí. Me llevo a su habitación y cerró la puerta. Se sentó en el sillón de su ordenador y cuando yo me acerque, ella acababa de encenderlo y se giró. Como yo estaba de pie, su cabeza quedaba justo a la medida. Ella sin pensárselo intento desabrocharme el pantalón diciéndome… “Ahora veremos cómo te sentó la bebida” yo se lo impedí agarrándole las manos y le dije… “Esta tu casa llena de gente, cualquiera puede entrar en la habitación” ella sonriéndome me replico… “En mi casa nadie entra en la habitación de nadie, sin pedir permiso antes, bueno a excepción de mi hermana, que seguro que vendrá a cotillear” la vi tan segura, que solté sus manos. Ella hizo lo que esperaba, desabrocho mi cinturón, desabrocho mi pantalón y cuando saco mi polla, se la metió en la boca, no dejaba de mirarme mientras me la chupaba. Fue creciendo dentro de ella y yo cada vez me ponía peor, joder con la niña como lo hacía.

            Estaba logrando llevarme al éxtasis total. Cada vez se manejaba mejor con mi polla. La situación era peligrosa e incómoda, pero a la vez morbosa, sobre todo por el peligro. Me quedé clavado cuando oí abrirse la puerta, no se había equivocado, allí estaba la hermana, que entro y cerró la puerta tras de sí, quedándose apoyada en la misma. Nos recrimino a los dos lo que estaba pasando. Cuando Milada se sacó la polla de la boca y le dijo… “No dirás que no es bonita, gorda y grande, mejor de lo que nos habíamos imaginado” Lexa se quedó mirando la polla, luego me miro a mi y salió de la habitación completamente congestionada.

            Milada quería que la follara por fin y le dije que todavía no era el momento, pero que siguiera haciendo lo que hacía. Ella no dijo nada y siguió, como no quería más sorpresas, le ayude haciéndome una paja y cuando estaba a punto le dije que siguiera ella ahora, así lo hizo y al rato llenaba completamente su boca. Me había sentado de lujo la corrida, pero me sabia a poco. Cuando terminamos y salimos de la habitación, la madre más que pedir, ordeno a sus hijas que fueran a comprar lo que les había dicho, cada una de ellas quería que fuera la otra y la madre que parecía tan tranquila, tan pacifica, fue firme y con voz alta mando a las dos a comprar y allí acabo la discusión.

                Mirándome a mí me dijo, que si una no se ponía seria de vez en cuando, la casa sería un caos, diciéndome también que ahora volvía. Me senté en un sillón de tres plazas y oía a Sergi y Milenko, que no paraban de hablar, más en concreto de llevarse la contraria. Vi como la madre les daba dinero a las hijas y estas se marchaban. Cuando se sentó a mi lado me dijo que tardarían poco. Entonces Zuza se puso de medio lado mirándome, con una pierna doblada y encima del sillón. Se le veía como se suele decir un buen muslamen, se le notaba duro, musculoso. Según avanzaba la conversación, dos cosas me llamaban la atención, la primera la posición de sus piernas, que me permitía ver más de lo que se supone que se debería ver. La segunda, el juego que se traía con un colgante, que antes no había visto, ya que, durante toda la comida, siempre que pude me fijé en ese esplendoroso escote, por lo que se lo había puesto en ese momento.

                Se lo llevaba a la boca, lo mordisqueaba y no paraba de tocarlo. Paro de toquetearlo y de jugar con él. Cuando lo dejo se le colocaba justo entre las dos tetazas que tenía. Ella que me pillo mirando varias veces su escote, muy picara me dijo… “¿Qué te gusta mi colgante?” yo ante semejante pillada, le dije que sí, que era muy bonito. Ella lo cogió y me lo enseño, acercándose más a mí para que lo pudiera coger y ver. Mientras lo tenía entre mis manos viéndolo, apareció Milenko, que venía moviendo la cabeza y diciendo… “Este chico me saca de mis casillas” y fue cuando se me quedo mirando, me dio que se contrario al verme así con su mujer, que no hacíamos nada malo, ni nada raro. Se miraron ellos y dijo… “Ahora volveré, espero que ya lo tenga solucionado” yo no entendía nada y solté su colgante. Era de plata y era la dama de picas, exactamente una Q dentro de una pica.

                Como no había mucho tema de conversación le pregunte si era algo típico de su país. Las carcajadas se oyeron por todos los sitios. Me pregunto si nuca había visto una igual, era verdad que había visto alguna en tobilleras de mujeres o en pulseras, pero al igual que había visto también símbolos egipcios… Ella mirándome muy intensamente a los ojos me dijo… “Tienes cara de ser inteligente, pero más cara de ser un golfo redomado, cuando lo descubras ya me contaras”

                La conversación finalizo porque se oyó abrir la puerta y eran sus dos hijas. Cuando algo me llamo mucho la atención. La madre con mucho disimulo se quitó el colgante y el resto del tiempo ya no lo llevaba, lo que me dejo muy intrigado. Milenko me dijo que ya que yo entendía de eso que me acercara un momento. El “eso” no sabía yo lo que era exactamente. Hasta que entre en su despacho y tenía un panel con varias pantallas. Eran grabaciones en directo. Lo que se veía en concreto eran las entradas de unos locales e imágenes de las cajas registradoras. Así controlaban y grababan lo que sucedía en sus negocios.

                Yo no sabía cuál era el problema, después de un montón de preguntas, le dije que lo bueno sería ver el funcionamiento con el personal, en vivo. Entonces él puso las grabaciones de la noche anterior. El problema estaba claro, pero la solución aún más. Me enseño el proyecto que le presentaron y por lo que puede ver, era más que aceptable. El fallo estaba en que el, para reducir costes, cambio la calidad de varios componentes, sobre todo el tipo de cámaras. Yo se lo dije, que creía que el fallo estaba allí, pero que estaba hablando sin haber visto la instalación de ningún local en vivo. Milenko no tardo nada en invitarme a alguno de los locales a verlo, estarían todos vistos, porque la instalación era la misma. Él quería que esa misma noche les pegara un vistazo. Pero quede mejor para otro día.

            Pensando que ya estaba todo solucionado, el padre me comento junto a Sergi, en un problema que tenían en los cinco ordenadores de la casa. En el despacho había dos y en cada habitación de los hijos uno. Tanto Milenko como Sergi, aportaban una teoría cada uno. Me senté en el ordenador que utilizaba Milenko. El fallo era de principiantes y era muy sencillo. Pero en vez de solucionarlo en ese mismo momento, aproveche para cotillear en los ordenadores, los que más me importaban eran el de la madre y en el de Lexa.

                Me puse primero en el de la madre y les avise de que me llevaría un rato, lo dije para no tenerlos pegados a mí. No descubrí nada de interés y con el poco tiempo del que disponía, no me arriesgue a más. Luego cuando quise ir al de Lexa, esta se oponía. El padre le dijo que me diera la clave de acceso y ella enfadada dijo, que no y no. Pero al final y con cara de disgusto, me acompaño a su ordenador y una vez lo encendió poniendo la clave. Ella me dijo que en concreto dos carpetas ni se me ocurriera abrirlas. Con eso que dijo ya no me hacía falta que me dijese más. Pero se sentó cerca de mí, controlando lo que hacía. La suerte me visito porque se acercó Sergi y ella se levantó, se fueron al pasillo y allí las pago todas con él. Lo que yo aproveche para abrir las dos carpetas, pero se necesitaba clave.  

                Revisando unos archivos del Word y ante mi incredulidad, pude ver un archivo que ponía CLAVES. Lo abrí y venían en total seis claves, las fui probando y se abrió una de las carpetas. Venían varias páginas y blog sobre iniciación al bondage suave o ligero. Copié todo y abrí mi correo copiándolo todo en el borrador. Luego la otra era sobre unos chats, concretamente 3 chats. Con los alias que utilizaba y las claves, copie los alias y el nombre de los chats de la misma forma que las páginas web que tenía. Iba a seguir mirando cosas cuando oí como con voz airada le decía al novio… “Vete a la mierda… flojo, que eres un flojo” y entro con aires altivos, cerrándole la puerta en las narices al pobre se Sergi. Que golpeaba muy suavemente la puerta y la llamaba, pero ella con cara de desprecio pasaba completamente de él. Eso me revolvió todo por dentro y como ya me daba igual. Mire a sus ojos y con voz firme le dije… “Vaya familia, tu madre una calienta pollas, tu hermana una zorrita de cuidado y tu… la más puta, no sé a quién me follare antes, pero lo que si se, es a quien le daré la primera zurra bien dada” me miraba fuera de sí, parecían que las venas de su cuello habían crecido, estaba como perturbada o como diría una gran amiga mía, parecía la niña del exorcista.

                Se puso de pie y se vino con furia hacia mí, pero antes de que pudiera hacer nada, la logré dominar, la puse apoyada en la mesa de estudio, dejando su culo a mi disposición, trato de escabullirse, pero se lo impedí, dándole seguidamente varios azotes en su culo. Perdí la cuenta de los que ya le había dado, pero lo que si note es como se relajó, hasta que incluso pude soltarla y ella se limitó a gemir. Hubo un momento que me dio la sensación que si seguía llegaría al orgasmo. Una vez más me contuve y la deje así, desde la puerta la miré y ahora su mirada era de deseo, pero también como de súplica para que siguiera.

           

                Ya estábamos en el salón y dije que ya estaba todo, que me tenía que ir. El padre me decía que le avisara cuando pudiera ir a ver lo de la instalación. Yo me comprometí que en el momento que tuviera un poco de tiempo. Estaba deseando llegar a casa para tratar de averiguar la intriga de la madre. Ya me estaba despidiendo cuando llego Lexa, totalmente recompuesta y se ofreció a acompañarme a la puerta. En la misma puerta le dije… “Cuando te atrevas y quieras que acabemos lo que hemos empezado, ya sabes dónde estoy, pero eso sí, que sepas que el que mando soy yo” ella no dijo nada, se limitó a agachar la cabeza, el cambio conmigo había sido de 180 grados.

 

P.D.: El relato anterior tarde en publicarlo más tiempo, porque la semana del 8 al 14 de agosto fue mi cumpleaños, celebrando como es debido y sin ninguna prisa de que acabara la celebración que por desgracia, solo duro tres días.


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