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Fecha: 24-Ago-16 « Anterior | Siguiente » en Sexo con maduras

De tímida y vergonzosa a toda una LUJURIOSA.

CARTUZ
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Descubriendo gratamente, como una mujer muy tímida, muy vergonzosa se convierte en una mujer FOGOSA, CALIENTE y MUY ARDIENTE Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

La belleza de una mujer debe medirse en la sensualidad que irradia su naturaleza más no de la estética que su cuerpo representa

 

 

Estando en mi casa, después de la gran comida en casa de los vecinos. Me senté y me relajé, pensaba sobre todo en lo sucedido con Lexa, era de esas mujeres que a uno le atraen fatalmente, sin saber el motivo. Pensaba en que podría estar pensando ella en esos momentos, pero me di cuenta que era totalmente irracional tratar de averiguarlo, porque la conocía muy superficialmente. Todo sería cuestión de ella y de ver que sucedía cuando nos cruzáramos. Me estaba quedando ya muy relajado, por no decir dormido, cuando sin esperármelo, me vino la imagen de la madre, cuando estábamos solos.

 

            Empecé a analizar con detalle lo sucedido. Desde la posición en la que se sentó, a sus miradas, al jueguecito con el colgante… de la posición mantenida le quite la importancia, aunque se le veía todo, porque cuando entro Milenko en el salón, vi que él no le dio importancia y ella tampoco modifico su postura, por lo que no debía ser nada anormal. Sobre sus miradas, que note como si fueran especiales, pero más que especiales eran llamativas, pero por los ojazos que se gastaba la mujer. Y por fin llegamos al enigma del colgante y sus palabras de que yo era inteligente y un golfo redomado, que quiso decir con todo eso. Me gustaba algo el juego y la carta de la dama de picas, no me decía absolutamente nada de nada.  

 

            Después de devanarme mucho los sesos, me fui por un refresco y directo al ordenador. Me dispuse a buscar lo que fuera sobre la dama de picas. Me salía todo tipo de respuestas en la pantalla, desde obras de teatro a operas. Busque referencias sobre esas obras y el contenido no era nada llamativo para lo que yo pensaba. Después de un buen rato, decidí suspender la búsqueda y ver qué haría esa noche. Porque estaba ya cansado de polvos de aquí te pillo aquí te mato, me apetecía algo más relajado y sin prisas.

 

            Pensé a quien podía llamar y la verdad que la cosa estaba muy complicada, eran todas casadas. Con las hermanitas quería esperar a que estuvieran a punto, sin prisas. También estaba Carmencita, pero ese día no era de salida, muy cuesta arriba todo. Lo ideal sería Fabiola, pero no tenía ni idea de cómo entrarla y luego estaba lo de los cuatro hijos, que ella había dicho que nunca salía si no se quedaba alguien de la familia con ellos, algo que era comprensible, lógico y normal. Desde que la vi me dije que tenía que ser una mujer interesante, no solo en el terreno sexual, la noche del trabajo se veía agradable y con alguien que también se podía conversar, aunque se le notaba tímida.

 

            Solo tenía el teléfono de Noemí, en un principio mi intención era llamarla para tratar de conseguir el teléfono de Fabiola, recapacite y me pareció excesivo, era casada y podría complicarle la vida, así que desistí de hacer eso. La solución sería hacer una salida nocturna en solitario y ver como salía, aunque no conocía en absoluto Barcelona, pero eso no me asustaba, regrese al ordenador y me puse a tratar de ver que sitios se adaptaban más a lo que yo quería. Seleccione tres sitios, dos de salsa y un local swinger. Ahora era cuestión de esperar, relajándome esta vez del todo.

 

            El sonido del teléfono me saco de mi sopor, no mire ni quien llamaba, conteste directamente y era Noemí. Mis ojos se abrieron de golpe y mi mente empezó a funcionar al máximo, no podía desaprovechar esa oportunidad. Tampoco quise resultar impaciente y sobre todo mucho tacto, mucha prudencia, no se fuera a sentir ofendida. Ella me llamaba por un tema del proyecto, enseguida me di cuenta que era una tontería, ella se decido de dar cuenta porque corto la conversación del proyecto y me dijo… “No somos críos, mi marido tiene su noche de hombres, que se van a jugar al póker. Tengo toda la noche liiiiiiiiiibre. ¿Tengo que seguir explicándotelo?” mi alegrón era indescriptible. Le dije que no hacía falta que me dijera más, que quedábamos donde ella dijese. Entonces como siempre llego un, pero… “Mira, para poder salir tranquilamente, he dicho que salía con Fabiola y que como beberíamos, luego me quedaría en su casa. La cosa está en que tenemos que salir los tres y luego ya veremos. ¿Qué te parece?” por mi fantástico le conteste yo. No sé qué percibió ella en mi tono que me dijo… “Oye, que no te estoy proponiendo hacer un trio” yo con mucha sorna, pero sabiendo lo que decía le dije… “Pues una pena, a mí no me importaría, que se pasa mejor siendo impares” se produjo un intenso silencio, si no fuese por el ruido de fondo de la televisión, pensaría que se había cortado la llamada.

 

            “¿De verdad serias capaz de hacer un trio?” se oyó de forma llamativa. Ni sería el primero y seguro que tampoco sería el último. Dos mujeres que están muy bien, simpáticas… pues sí, si sería capaz. Esta vez ella con mucha curiosidad me pregunto… “¿Y si fuera una mujer y dos hombres?” todo dependería si el tío me cae bien, pero eso sí, yo solo interactuó con la mujer. Otro prologando silencio para luego oír un escueto… “AH” y a continuación me pregunto, “¿Me estas proponiendo algo?” con voz de intriga, preocupación… el tema lo has sacado tú, le dije, yo me he limitado a continuar. Pero por tus preguntas y no hace falta que me contestes, seguro que tu marido te lo ha propuesto muchas veces. La falta de contestación o algún comentario, me confirmo sin querer ella lo afirmado por mí. Al final termino la conversación, diciéndome donde cenarían, para hacer un encuentro casual y ahí se terminó la conversación. Me hubiera gustado continuarla, porque seguro que hubiera sido muy interesante. Pero esa conversación había sido muy clarificadora para mí. Y esa noche para mí sería una noche abierta.

 

            No quise pensar en más. Con Noemí esta todo más claro, pero Fabiola era una incógnita. Llegue al lugar de la cena, después de la hora que Noemí me dijo que ellas estarían. Una vez que entre, hasta la barra estaba llena de gente. Me hice un hueco como pude y pedí una cerveza. Cuando vi como desde el lugar donde estaban las mesas, dos personas me hacían seña, eran Fabiola y Noemí, yo me hice el sorprendido y una vez que me acerqué a saludar, ellas al saber que estaba solo, me invitaron a compartir su mesa. Iban las dos con faldas, Noemí con una más corta. Las dos llevaban jersey de manga larga, Noemí uno con pico que dejaba ver un bonito escote y Fabiola llevaba uno más discreto, tratando de tapar como siempre sus voluminosas tetas. Pidieron que pusieran un servicio más en la mesa y me senté. Fabiola intrigada me pregunto cómo es que estaba por ahí, yo que ya lo había previsto casi todo, saque un trozo de papel donde tenía apuntado dos sitios para cenar y el nombre de varios sitios para tomar algo después de cenar. Debí de interpretar muy bien mi papel, porque noté que se lo creyó totalmente.

 

            Durante la cena hablamos de todo, desde el trabajo a temas personales, pero estos últimos muy por encima. Pero según cenábamos y bebíamos vino, algo que probé yo también, la lengua se fue haciendo más ligera. Y los temas personales aparecieron con más frecuencia y con menos filtros. De esa manera me entre que ya hacía casi 5 años que Fabiola enviudo. Que fue por un accidente de moto y porque le gustaba correr demasiado, siendo la culpa de su marido. Lo contaba como si le estuviera haciendo un reproche. La verdad que a mí me había llegado todo tipo de información, desde que llevaba viuda dos años hasta siete. Que fue desde una enfermedad hasta que le atropellaron. En este punto de la conversación Noemí, por relajar el momento supongo y por hacer un poco de gracia…

 

NOEMI-Y desde entonces se ha vuelto casta, pura y yo diría que hasta virgen… JAJAJA.

FABIOLA-Siempre lo mismo, como os gusta meteros conmigo. Pero con cuatro hijos ya me contaras.

YO-Discúlpame, que creo que me he perdido… ¿Qué tienen que ver los cuatro hijos en ese tema?

FABIOLA-Que… ¿Que tiene que ver? Otro igual. Sales con las amigas o vas a una fiesta, boda, comunión… lo que sea. Se te acerca alguno, empiezas a coger confianza y en el momento que oyen “CUATRO HIJOS” empiezan las disculpas, las buenas palabras, pero si te he visto no me acuerdo y se “pierden”

YO-Pues que quieres que te diga no lo entiendo y tampoco se puede generalizar, por un par de imbéciles que te hayas encontrado.

FABIOLA-Jajaja… ya me daría yo con un canto en los dientes porque hubieran sido nada más un par.

NOEMI-Carlos si te pasa como a mí, que no lo llegas a comprender.

YO-Sin querer pasarme, pero con lo bien que estas no lo entiendo, me resulta raro que nadie te haya tirado la caña.

FABIOLA-No, si eso no ha faltado, pero luego cuando se enteran…

YO-Si una mujer con ese cuerpazo, te tienen que haber entrado hasta mujeres. (Esto no lo dije por casualidad. Poniéndose ella coloradísima, por lo que supe sin necesidad de contestarme que no me había equivocado)

NOEMI-Uy, uy, uy… si te has puesto roja como un tomate. Que calladito te lo tenías, ¿Alguna conocida?

FABIOLA. ¡Bah! Dejemos el tema.

NOEMI-Oye que siempre nos lo contamos todo, que somos amigas. Seguro que Mónica la directora y Sandrita la de Innovación…

FABIOLA-Si no lo digo es porque podría equivocarme y haber entendido mal lo que yo creo que fueron insinuaciones.

 

            Fabiola algo apurada se levantó y dijo que iba al aseo. Yo le dije que se veía gente esperando, pero ella dijo que daba igual. Que haría un poco de cola. Una vez que se fue, estuvimos unos segundos de silencio.

 

-Noemí, como vas a hacer para…

-Perdona que te interrumpa, pero eso ya lo tengo pensado, cuando estemos tomando una copa y yo te haga una señal, te vas al aseo y me das 10 minutos.

-Si quieres cuando ella llegue me levanto sin necesidad de hacer señas.

-No aquí no, ahora vamos a tomar una copa a otro sitio y allí sí.

-Oye, pero que, si te atreves, podemos ir a tomar la ultima los tres a mi casa.

-QUE MORRO QUE TIENES… si quieres montártelo con las dos.

-Que quieres que te diga, por mi sí.

-Ni lo sueñes, sobre todo porque Fabiola nos mandaría a la mierda.

-El mundo no se hizo para cobardes. Por intentarlo no pasa nada.

-Que no, que no…

-Tu marido y tú, ya os habéis planteado hacer un trio o un intercambio ¿Verdad?

-Eso antes se pregunta si se puede hacer una pregunta muy personal.

-Para que, yo te la hago libremente y luego tú de la misma manera, me la contestas o no me la contestas.

-Pues no te la contesto.

-Pues ya se la respuesta, ahora sería interesante saber de quien partió la idea. Pero deja, no hace falta que contestes porque ya se la respuesta.

-Vamos, vamos… con el adivino. Pero por curiosidad cuéntame…

-La idea a partido de él, probablemente la propuesta inicial era un trio con una mujer. Como eso no suele cuadrar a la primera, luego vino con otro hombre. Pero entonces después de mucho estar insistiendo, la idea, aunque al principio te daba como miedo, fuiste pensando en que podía ser buena idea. Pero vino el ¿con quién? Nada de conocidos y cuidado con los desconocidos. Así que imagino que estaréis en esa fase, incluso puede que hayáis tenido alguna intentona que no llego a buen puerto.

-Me has dejado sin palabras (Con cara de estupefacción)

- ¿He acertado en mucho?

-Que quede entre tú y yo, pero digamos que en más del 90%

 

            Dejamos la conversación porque le avise de que venía Fabiola. Una vez tomado los postres y el café, ellas querían ir a un pub que conocían y yo pensando en lo que pensaba, saque mi hoja y les pregunte por los dos sitios de salsa que yo tenía seleccionado, he de decir que no conocía ninguno y no tenía ni idea de donde estaban. Ellas descartaron uno de inmediato. Les pregunte si es que ya habían estado en ellos. Me respondieron que, en ninguno, pero que había uno ubicado en una zona poco recomendable y otro en una zona mucho mejor, por lo que por descartes accedieron a ir al otro sitio, pero siempre con la condición de que, si no les gustaban, nos daríamos la media vuelta e iríamos al pub que ellas querían. Por supuesto acepte la condición.

 

            Una vez que llegamos al lugar, vimos que tenía muy buena pinta. Estaba muy bien montado. Nada más entrar una chica joven de origen cubano por el habla, nos llevó hasta una mesa no muy lejos de la pista, pero en una zona sin mucho trasiego de gente, que eso se lo pedí yo. Nada más sentarnos, enseguida vinieron a tomarnos nota de lo que queríamos tomar, tenían desde las típicas bebidas españolas, hasta muchas bebidas exóticas o de estilo caribeño. Ellas a la vez pidieron unos mojitos y yo una bebida que, aunque llevaba algo de alcohol, me gustaba de haberla tomado otras veces. Que principalmente era a base de coco y canela. Les llamo la atención que la mayoría de las personas no eran de origen español. Les dije de salir a bailar, pero de momento ninguna quiso salir. Pero me animaron a que yo lo hiciera. Sin pensármelo estaba en la pista bailando salsa, me jalearon, me aplaudieron y lo pase muy bien, sobre todo con una venezolana guapísima. Seguro que volvería a ese sitio. Al cuarto de hora regrese a la mesa. Las dos me dijeron que nunca se hubieran imaginado que bailaba tan bien y tampoco con lo grande que era, que tuviera esa flexibilidad. Y riéndose me confesaron que no salieron a bailar conmigo, pensando que sería un patoso.

 

            Al rato fueron ellas las que me propusieron salir a bailar. Una vez estábamos los tres bailando, yo aprovechaba para tener un mayor “acercamiento” con ellas, pero sobretodo con Fabiola. Que al principio ella tenía cuidado y estaba más comedida, pero al final se soltó y todo iba mejor. Se nos acercó un joven mulato que por el acento debía de ser cubano y se puso a bailar con Noemí, eso me vino muy bien para estar más tiempo con Fabiola. El que bailaba con Noemí era muy descarado y se rozaba bien con ella y ella no le hacía ascos. Yo empecé a hacer lo mismo con Fabiola que estaba entregada y se dejaba sin poner reparos. Debió notar mi completa erección en su culazo y como me apretaba bien a ella.

 

            Después de bastante rato bailando regresamos Fabiola y yo a la mesa, Noemí cuando nos vio dejo de bailar y aunque el joven insistía, ella lo despacho muy diplomáticamente. Una vez sentado los tres, yo estaba esperando la señal de Noemí para ir al aseo y que lo arreglara con Fabiola, para poder irnos ella y yo a mi casa a follar con tranquilidad. Pero por más que miraba y estaba atento a cualquier detalle no veía la señal. Sería que no estaría tan desesperada como yo y no tendría prisa. Pero ya me cansé y mirándola con intensidad dije que iba al aseo, esperando que lo aprovechase para decirle a Fabiola que nosotros nos íbamos.

 

            En el aseo mientras esperaba me di cuenta de que no había manera de bajar mi erección, estaba a tope y me dolía. Salí confiado en que todo hubiera ido bien y en que nos marcháramos de allí. Me quedé a cuadros cuando las vi bailando nuevamente, rodeadas de muchos moscones. La erección se me bajo en el acto, me parecía que la noche se me había torcido completamente. Me acerqué al borde de la pista y las vi bailando a tope, Noemí me miraba con cara encendida, mientras el joven de antes se apretaba bien contra su culo. Me fui a la mesa, ya que desde allí también podía verlas bien.

 

            Cuando pararon de bailar, venían las dos riéndose y cuchicheando. Se sentaron y decían que hacía mucho calor allí. Pero más que el calor era la bebida y el calentón que se habían pillado bailando con unos y otros. Me hacían gracia. Fabiola se fue al aseo lo que aproveche para preguntarle a Noemí, me dijo que no le había dado tiempo, que nada más irme yo al aseo Fabiola se empeñó en salir a bailar. Quedamos nuevamente en que me haría una señal. Esta vez Fabiola tardo poco en regresar. Yo estaba expectante. Fabiola nos dijo, que, si íbamos a tomar algo a un sitio más tranquilo, quería ir al pub al que solían ir. Y mirándome Noemí y encogiendo sus hombros dijo un simple… “Pues vale” disimule, pero me dio un pinchazo el estómago.

 

            Una vez en la calle y esperando que pasara un taxi. Noemí dijo… “Se me ha ocurrido una idea mejor, ¿Por qué no vamos a casa de Carlos?” Yo como no podía ser de otra manera dije que me parecía muy buena idea y Fabiola después de poner un poco de morritos, de notarse su indecisión dijo que bueno, pero no se le noto nada convencida. Como Noemí sin que pudiésemos evitarlo pago la cena y yo pague las copas, Fabiola dijo que ella pagaba por lo menos el taxi. Nada más llegar nos bajamos Noemí y yo mientras Fabiola pagaba. Noemí acercándose a mí y en voz baja me dijo… “Debo estar loca, no sé cómo he sido capaz, pero ahora eres tú el que llevas la partida, si sale mal yo no quiero saber nada…” cuando Fabiola salió del taxi Noemí le puso una sonrisa totalmente fingida.

 

            Subimos a mi casa, nos dirigimos al salón que ellas ya conocían, todavía no me había dado tiempo a instalar el tipo de luces que a mí me gustan, como en Alicante. Pero como tenía un interruptor con regulación de intensidad, me apañaría con eso, poniendo la luz muy suave. Fui por hielo, vasos y las bebidas. Después de servirles la bebida que querían, puse una música tranquila, para en un momento dado poder bailar. En un despiste de Fabiola le hice señas a Noemí para salir a bailar y ella con una sonrisa malévola, me dijo que no muy discretamente. Por lo que estaba viendo no obtendría ninguna cooperación por parte de Noemí.

 

            Noemí que estaba un poco revoltosa, con sus comentarios y sus miradas, me dijo… “Por lo menos, podías haber puesto unos frutos secos…” menudo corte, pero tenía toda la razón. Me levanté y me fui a la cocina. Saque y prepare adecuadamente frutos secos y unas aceitunas. Yo no soy de los que me rindo y aunque estaba ante un complicado reto, estaba dispuesto a intentar algo. Pensé que si Fabiola iba otra vez al baño aprovecharía para “atacar” a Noemí y así tratar de que no estuviera en guardia, que se relajase. Puse todo lo que tenía que llevar en una bandeja y fui al salón. Por lo que vi si tenían algo de hambre, porque rápidamente comieron de lo que llevé. Noemí mientras estaba bebiendo Fabiola me miro y pregunto…

 

NOEMI-Carlos por curiosidad, ¿Cuánto te mide? (Ella actuaba como si no lo supiera, Fabiola fue como si se atragantara y puso todo perdido con el líquido que salió de golpe por su boca, una vez que se recuperó)

FABIOLA-Como puedes preguntar eso, que bruta que eres.

NOEMI-Mira tú con la fina… si lo hemos hablado, porque bailando la hemos notado y nos ha llamado mucho la atención. (Yo me aguantaba la risa, porque de momento todo se ponía mejor con la puerta que había abierto Noemí)

YO-Nunca me la he medido, lo siento.

FABIOLA-Eres una “cabrita” lo que se habla en privado no se comenta.

NOEMI-Jajaja… no creo que nadie se escandalice. Pero Carlos, aunque no sea con exactitud más o menos… ¿Cuánto?

YO-Ni idea. Pero por lo que dicen he sido afortunado.

NOEMI-Fabiola y di la verdad que te conozco, ¿No tienes curiosidad, no te gustaría verla?

FABIOLA-Noe ya está bien, que me estoy quedando muy cortada. (Era verdad se la notaba nerviosa)

NOEMI-Vale, vale, no te pongas así reprimida. Aunque recuerdo bien como contabas con detalle todo lo que hacías con tu marido y que detalles. Pero vale, no insisto más.

YO-Venga tranquilas que no pasa nada, no os enfadéis, además las palabras no deben de hacer daño. Ni las preguntas tampoco.

FABIOLA-Tienes razón, si me he pasado perdonarme.

NOEMI-Yo estoy con lo que has dicho Carlos. Y por eso… ¿Nos la enseñarías?

FABIOLA-¡¡NOEEEEEE!!

YO-Jajaja… voy a playas nudistas, duermo desnudo… a mí no me importaría, pero no creo que a Fabiola le hiciera nada de gracia.

NOEMI-Fabiola ya estás diciendo que, si te haría gracia, que no te molesta.

 

            Fabiola no decía nada, estaba sentada como congelada, no se movía, su expresión era de escepticismo y con los labios apretados de una manera que no era normal, se palpaba la tensión. Yo tampoco me había esperado la reacción de Noemí, pero había que aprovecharla de alguna manera, pero no sabía cómo, sobre todo por la pasividad y el silencio de Fabiola. Pero vi que Noemí ya que había empezado no se daría por vencida, su expresión era completamente distinta a la de Fabiola, su expresión era de excitación total. Se levantó de su sitio, se acercó a mí y abriendo sus piernas, se sentó a horcajadas de las mías. Y sin cortarse un pelo y como si hablara ella sola, llevo sus manos a mi paquete, diciendo vamos a ver que hay por aquí, Fabiola vaya lo que he encontrado, madre mía. Yo miraba a Fabiola y la veía como trataba de mirar hacia donde estábamos nosotros, aunque no podría ver nada, ya que lo que vería ella sería la espalda de Noemí y tenía sus dos manos agarradas, no parando de moverlas.

 

            Mientras yo no perdía detalle de Fabiola, Noemí tarareaba y cantaba en inglés, por cierto, con una buena pronunciación la canción de nueve semanas y media, en concreto la de Joe Cocker, “You can leave your hat on” mientras lo hacía me desnuda la parte de arriba de mi cuerpo, tirando la ropa hacia donde estaba Fabiola, que por instinto la cogió. Luego me fue desabrochando el cinturón, estirando del hasta que me lo quito del todo. Poniéndose de pie y dando un par de correazos al sillón, para luego acercarse a Fabiola y acariciando su cara le dejo el cinturón. En ese momento la cara de Fabiola paso a ser una cara de fascinación, pero no decía nada.

 

            Noemí siguió con la canción, moviendo sus caderas de forma sexual, sensual y provocativa. Me estaba dejando sorprendido, pero a la vez me estaba excitando como nunca. Llego a donde estaba yo y jugando con sus labios, con su lengua y sobre todo con su mirada, se quitó el jersey que llevaba, quedándose en un sujetador de encaje, muy sugestivo y que realzaban sus tetas. Fabiola abrió la boca, sus cejas se levantaron y sus ojos se abrieron al máximo, no creyendo lo que veían. Sin doblar las rodillas, se agacho y lamio mis pezones, que note como se me ponían duros, para luego desabrochar el pantalón. Ya no sabía que podría ver Fabiola, lo que, si era seguro, que el culo de Noemí lo vería bastante bien. Una vez que desabrocho el botón y bajo la cremallera, giro su cabeza y le dijo a Fabiola, “Menudo premio hemos encontrado, ni te lo imaginas, ven acércate, que pocas veces se ve algo así” en un principio vi un amago de Fabiola por levantarse, pero al final se contuvo y se quedó en el sitio. Ya estábamos en un punto en el que todo me daba igual y ya era hora de participar, lo único malo que podía suceder es que Fabiola saliera corriendo, cosa que creo que a Noemí y a mí ya nos daba igual.

 

            Tiré de su brazo y la atraje hacia mí. Quedando sentada sobre mis piernas y sin apenas darse cuenta, ya le había desabrochado el sujetador y volva por el salón. Nos besábamos acaricie sus piernas y luego la metí por debajo de su falda. Seguí acariciándola y ahora fui yo el que se puso de pie. Cuando lo hice mire a Fabiola que nos miraba muy atentamente, con mucho interés y eso era bueno. Me gire y quede de espaldas a ella y de frente a Noemí. Me desnude del todo. Mi polla estaba pegada a mi tripa, durísima como una roca.  Acerco y empezó a lamerla, empezando por mis huevos depilados, pasaba una y otra vez la lengua, de vez en cuando se metía uno en la boca y lo hacía con mucha delicadeza. No miraba a Fabiola y ella solo podía ver mi culo e imaginarse lo que estaba pasando. La mamada que me hacía Noemí era de película porno, era increíble.

 

            Cuando menos lo esperábamos por lo menos yo, Fabiola se sentó junto a Noemí, pero no pegada a ella. Noemí se paró y la miro, ella con voz sensual le dijo… “Sigue comiéndosela, quiero ver hasta dónde eres capaz de metértela” sonrió Noemí y empezó a metérsela en la boca, algo que le costaba hacer, pero no desidia de ello. Ver la mirada de Fabiola, que ahora era totalmente distinta, me ponía a mil. Noemí estaba muy entregada mamándomela y yo encantado de la vida.

 

            Fabiola se levantó, en otro momento me hubiera preocupado, pero estaba tan a gusto que ni me inmute. Pero de pronto la note detrás de mí, pasando las manos desde atrás para acariciarme mi pecho, mientras me besaba y lamia el cuello. Que caricias más buenas y que lengua tan jugosa, sabia lamer y acariciar. Era una situación inimaginable. Cuando note que dejaba de acariciarme, besarme y lamerme, me quede un poco mal. Pero me duro poco, ya que note en mi espalda las fabulosas tetas de Fabiola desnudas, notándose perfectamente dos pezones duros, restregándose sobre mi espalda. ¡QUE PLACER! Estaba deseando verla, me la había imaginado de mil maneras.

 

            Me agarro la cara haciéndome girarla y más que besarme me comió la boca. Que exageración de beso, pero que maravilla. Logré que se pusiera a mi costado y por fin pude verla bien. Los pechos estaban algo caídos, pero eran extraordinarios, solo vi otros del mismo tamaño, la diferencia los pezones, que los otros eran como una galleta, estos tenían los pezones duros y puntiagudos, muy oscuros, pero vuelvo al tamaño, eran como de tres centímetros mínimo y con un grosor muy grande. Me atraían un montón, deseaba tenerlos en mi boca.

 

            Ahora Noemí dejo de mamarme y le dijo, ponte tú, ella se sentó, lo hizo tan rápido que no pude ver bien el resto del cuerpo. No se anduvo con tonterías y ante el asombro de Noemí y el mío propio, vimos cómo se metía la polla como si nada dentro de su boca. El comentario de Noemí ante eso fue muy significativo… “Que ganas tenía la jodía, si es que su marido le hacía de todo y todos los días, por todos los sitios, de todas formas, si tú supieras lo que nos contaba” estaba tan cachondo, que las cogí y me las llevé a mi habitación, ahora si pude ver mejor a Fabiola, era grandota, brazos y piernas fuertes, con un culo duro, a pesar de la edad y de los cuatro embarazos, estaba riquísima.

 

            Pero yo quería ahora verlas a ellas interactuar, me tumbe en la cama y Fabiola se tiró sobre mi polla a continuar con su mamada, mientras Noemí se quitaba la ropa que le quedaba. Se vino hacia la cama y se puso a besarme, pero yo quería otra cosa, era que me comiera la polla con su amiga, así al rozarse sus lenguas, se iniciaría una nueva experiencia para ellas. Lo digo, porque vi a las dos muy remisas de tan siquiera rozarse y como ese tipo de situaciones ya las había vivido, sabía que ese era un buen paso. Se bajó tímidamente y se puso a lamerme los huevos mientras Fabiola mamaba, pero luego vi como agarraba la base de mi polla y trataba de quitarla de la boca de su amiga, al final Fabiola cedió, Noemí medio limpio con su mano la polla de la saliva de Fabiola y se puso a comérmela. Mientras Fabiola ya muy lanzada, metía su mano por detrás de mi culo, masajeándome del borde de los testículos hasta casi llegar el ano, lo hacía con la yema de sus dedos y muy suavemente. Qué manera de ponerme cachondo. Les dije que me la chuparan las dos a la vez y ellas empezaron a hacer lo que les dije, pero con mucho cuidado de rozarse. Al final me dejé de sutilezas y agarrando sus cabezas las apreté contra mi polla. Siendo su reacción mejor de lo que se podía pensar. Porque se dejaron de tonterías y notaba sus lenguas, sus dientes, haciéndome una mamada dándoles igual todo.

 

            Luego hice que se subieran y bese a una y luego a la otra, así varias veces, hasta que hice lo que ellas esperaban y esperaban un pequeño empujoncito, porque las acerque a mi boca, besándonos los tres y enseguida yo me quite, comiéndose ellas la boca con ansiedad, ganas y de una forma espectacular. Aunque Fabiola estaba ya muy lanzada, se le notaba algo preocupada por algo, nos enteramos de que era porque no tenía muy arreglados los vellos de su coñito. Y con risa dijo que ella había salido con la sola intención de tomar una copa y cenar. Estando tumbado no quise decir nada y si hacer, para que se le pasase la cortedad que tenía en esos momentos. Hice que se sentara sobre mi boca. Fue la decisión más acertada, porque al segundo estaba gimiendo como una alucinada, solo se le oía… “Cuanto tiempo sin probarlo, como lo echaba de menos, sigue mi niño, siiiiiigue…” y Noemí que seguía regalándome una increíble mamada, paro y se empezó a sentar sobre mi polla y decía… “Si es una calentorra, si le gusta follar, más que comer con los dedos, hoy te va a secar, ya veras, con la cantidad de guarradas que decía que hacía antes” y luego le pidió a Fabiola que se diera la vuelta, decía que quería ver esas tetas. Fabiola se dio la vuelta quedando de cara a ella.

 

                Piropeaba y alababa los pezones que tenía, decía que le daban envidia. Nada más podía oír y sentir, porque con Fabiola sentada sobre mi cara poco más podía hacer. Pero podía imaginar y notar como se tenían que estar tocando. Las dudas se me quitaron cuando Fabiola con voz muy cachonda le dijo… “No te gustaría comértelos… pues a que esperas” note como se inclinaba un poco Noemí y como de manera abrupta empezó a gemir Fabiola, que se movía más rápido y me aplastaba más al restregarse sobre mi boca y con la voz encendida le decía… “No paréis cabrones, seguir los dos, no paréis que me corro, vamos, vamos… ME COOOOOORRO…” su corrida fue algo sobresaliente, me lleno la boca de sus jugos y el resto de la cara, pero no se quitaba y le decía a su amiga… “Vamos zorra córrete tú ahora, vamos, uuuhhhmmmmmm, que durito lo tienes…” estaba claro por lo que oía y notaba que le estaba haciendo una paja a Noemí, que no tardo nada en correrse, pero lo debieron amortiguar besándose. Que cambio había dado Fabiola, tanto en su hacer como en su hablar.

 

            Hizo que se quitara Noemí de encima y pensé que ella me follaria ahora, pero que va, se giró dejándome a mano su coño y su culo, se puso a chupármela y Noemí hizo lo mismo. Me miro mientras Noemí la tenía en su boca y me dijo… “Cuando te vayas a correr avisa” entendí que no le gustaba que se corrieran en su boca, en ese momento me importaba poco, porque sabía que Noemí no despreciaría mi corrida. Poco me faltaba ya, estaba tan caliente que ya mismo me correría. Cuando vi que estaba bastante cerca lo dije y entonces Fabiola le pidió a Noemí que le dejara a ella que ya ni se acordaba, riéndose le dijo que vale pero que le dejara un poco. Poniéndose Fabiola a comer la polla de una forma inusitada y salvaje. Me recorrió como un calambre por todo mi cuerpo y tuve una corrida inusual en mí, más larga de lo habitual y varias descargas seguidas, notando como chupaba, lamia y absorbía Fabiola todo. Cuando acabo se levantó y beso de una forma muy caliente a Noemí, compartiendo la corrida, que tampoco se quedó atrás en la forma de besar. 

 

                Nos quedamos un poco relajados y Noemí después de mirar la hora dijo que ya era hora de marcharse, que iba a ser difícil explicar a su marido tanta tardanza. Se levantó y fue al aseo, mientras Fabiola estaba jugando con mi pelo, haciéndome circulitos y me decía que le había llamado mucho la atención el que llevara eso, refiriéndose a mi polla, depilada. La notaba tranquila y relajada, pero cachonda perdida y mientras ella me hacía eso, yo acariciaba su clítoris, que notaba como se endurecía con mis caricias. Salió Noemí del aseo y dirigiéndose a Fabiola le dijo que a que esperaba para vestirse, contestándole ella, que si a mí no me importaba iba a aprovechar un poco más la noche.  

 

                Noemí con sonrisa malvada me dijo… “Cuidado que es muy puta y está muy salida por el tiempo de abstinencia… que envidia me dais, pero me tengo que marchar” Fabiola se limitó a mandarle un beso con la mano y decirle adiós de forma picante. Le acompañe a la puerta, nos morreamos bien antes de irnos y me dijo que otro día con más calma me quería decir algo. 

 

                Cuando llegue a la habitación otra vez, Fabiola se tocaba y me miraba, que diferencia a la mujer de hacía unos días o unas horas. Me tumbe a su lado y con mucha calma nos empezamos a meter mano. Al principio con mucha suavidad. Inicie una conversación caliente con ella. Sobre lo que había dicho Noemí de como era antes y ella que estaba cachonda perdida, me decía que era verdad, que siempre había sido muy fogosa. Logre sonsacarle que tenía muchas fantasías con su marido, que habían puesto anuncios para hacer un trio con otro hombre. Que a su marido le gustaba que ella fuera provocativa, sobre todo cuando salían por la noche y que a ella le ponía cachonda saber que la deseaban.

 

            También me confeso a mis preguntas, que habían buscado a un hombre como yo, fuerte y bien dotado. Ya que su marido follaba muy bien, pero no estaba muy dotado, normalito. Mientras ella hablaba mis dedos follaban su coño sin contemplaciones y ella me hacia una paja con mucha suavidad. Hasta que estando los dos de lado, ella levanto una pierna y me la paso por encima, hasta colocar su coño a ña altura de mi polla, colocándosela en la entrada y metiéndosela. Sus suspiros eran impresionantes, ante el temor de que no estuviese tomando nada, me ofrecía a ponerme un condón y ella con la voz cachonda de antes me dijo… “Tengo la ligadura y esta hermosura es mejor notarla liiiiibre…” y diciendo esta última palabra se la metió todo lo que pudo. Pero no conforme, se medió levanto sin sacársela y se quedó sentada sobre mí. Había entrado de lujo, sin ningún problema. Se movía o más bien se contoneaba muy suavemente, mirándome fijamente, provocándome tocándose lascivamente sus tetas y jugando con sus pezones. Llevaría mucho tiempo “inactiva” pero como se movía tan rítmicamente, era algo maravilloso y cuando se echaba para adelante cara, era como si me hechizara, sobre todo cuando acercaba uno de sus pezones hasta que rozaba mis labios, que ávidos trataban de chuparlos, pero ella se retiraba, una y otra vez hasta que se quedaba quieta para que mis labios lo atraparan, dejando oír un estremecedor gemido que salía de esa boca.

 

            Se quedó agachada para que mi boca no parara de comerse sus pezones, pasando de uno a otro. Pero mis manos no se quedaron quietas y fueron en busca de su culo, fuerte y duro, encontrando lo que buscaba su ano, que mis dedos empezaron a masajear sin meterse dentro. Con mucha suavidad, pero poco a poco y cuando notaba que ella estaba más excitada, empecé a penetrar ese culito con mi dedo, escapándosele nuevamente gemidos profundos. Mi dedo ya entraba perfectamente y ella lo admitía. Luego fueron dos dedos y ella ya se agitaba, estaba próximo su orgasmo, lo podía notar. Se apartó y nos dimos un beso muy húmedo, mientras lo hacíamos ella empezó a correrse, gritando, gimiendo y mordiéndome el labio inferior hasta tener que apartar mi boca del daño que me hizo.    

 

            Una vez se corrió que fue algo largo e intenso, me garro la cara con sus dos manos y me besaba por toda ella, estaba fuera de sí y totalmente pletórica. Ella seguía moviéndose y volvía a mirarme obscenamente, tocándose ella misma a la vez, algo que me ponía muy cachondo y ver el movimiento que hacían sus tetas, era algo espectacular. De una manera impúdica me preguntaba que quería hacer ahora, que me daría lo que le pidiese. Yo sabía por dónde iba de sobra o eso creía. Pero quería oírselo a ella. Como me hacia el tonto, ella se iba poniendo más nerviosa, entonces se agacho, aplastando mi pecho con sus tetas y al oído me dijo… “Te mereces lo que quieras, así que pídeme y yo te daré” lo decía con voz sensual y me lamia la oreja.  Yo seguía como si no supiera y le contestaba que lo que ella quisiese. Al final logre lo que quería, me pregunto si me gustaba el sexo anal, estuvo demasiado fina. Como yo seguía en mis trece, ella ya con voz más pasional me dijo… “Sé que deseas follarme el culo y yo también lo deseo, ¿Eso es lo que querías oírme decir? Cabronazo” me encantaba, ya había dejado de ser la vergonzosa, la tímida. Le dije que como postura le gustaba más y ella ni corta ni perezosa me dijo… “Pues como lo que soy, como una perra” se quitó de encima mío y se puso de rodillas sobre la cama, yo me levanté y me puse de pies en el suelo, la hice colocarse junto al borde de la cama, porque quedaba en la altura ideal.

 

            Fui a ponerme lubricante y ella me dijo que lo intentara sin nada, que ya la tenía bien mojada. Pues ya estaba todo dicho, se la metí nuevamente en su coño que estaba empapado y luego la saque, llevándola directamente a su culo, la vi muy decidida y noté que no me pasa como con otras, que se ponían en tensión, ella estaba muy relajada, era evidente que no era su primera vez. Pero, aun así, empecé con mucho cuidado, no quería ser brusco y mucho menos hacerla daño. Además, ella fue indicándome cuando parar, todo iba bien más deprisa de lo que yo esperaba, porque ella de pronto me decía párate, pero acto seguido me decía sigue. Hasta que estuvo toda dentro. Aunque pueda parecer que fue coser y cantar, no fue así costo lo suyo. Pero una vez toda dentro, deje que ella hiciera los primeros movimientos. Se fue moviendo de una manera distinta, no se movía para metérsela y sacársela, se movía como en círculos. Moviendo muy voluptuosamente ese culazo que tenía. Lo que hacía que se pudieran ver las tetas por los lados, con ese movimiento tan extraordinario. Ya empezó con movimientos de todo tipo, lo que entendí que ya era mi momento, agarre bien sus caderas y empecé con movimientos lentos pero profundos, sacaba casi toda la polla, para volver a meterla hasta el fondo sin parar, pero muy lentamente, logrando sacarle suspiros profundos. Y poco a poco fui aumentando la intensidad y la fuerza, ahora además de esos gemidos profundos, ella no se podía contener y me decía… “Cabrón… como me entiendes, como sabes lo que necesitaba, lo que necesito… cuanto tiempo sin… Aaaahhhhhhhh…. Mas fuerte no pares…” No lograba decir una frase completa, estaba en todo esplendor de una anunciada corrida.   

 

            Lo que más cachondo me ponía a mí, lo que más me excitaba, era ver, sentir y notar como estaba gozando ella, eso era algo imposible de describir. Y todo culmino cuando note que ella empezaba a correrse y yo lo hacía detrás. Fue una corrida simultánea, que ni puestos de acuerdo hubiera salido mejor. Gritamos los dos y nos dijimos de todo de una forma desmesurada, pero muy caliente y excitante. Nos dejamos caer los dos sobre la cama sin desacoplarnos. Caímos extasiados. 

 

            Nos movimos un poco, pero nos quedamos tumbados uno al lado del otro, ya era prácticamente de día, poco quedaría para que despuntara el sol. Entramos como en trance, ella apoyo la cabeza sobre mi pecho y nos quedamos dormidos. Cuando desperté me encontré solo en la cama, me levanté y después de mirar toda la casa vi que estaba solo. Fabiola se había marchado sin decir nada. Me duche tranquilamente, pero pensando en la mujer que había conocido de verdad esa noche, una mujer tímida y vergonzosa, pero que cuando se trasforma es la mujer más lujuriosa.

 

            Cuando fui a desayunar, nada más entrar en la cocina vi una nota que decía…

 

“NO TE HE DESPERTADO PORQUE ME DABA PENA HACERLO. HABIA PENSADO PONER MUCHAS COSAS, PERO AHORA ME DA UN POCO DE VERGÜENZA, YA SE VERA LO QUE PASA MAS ADELANTE. PERO GRACIAS POR LA NOCHE TAN INOLVIDABLE QUE ME HICISTE PASAR. UN BESO” 


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