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TODORELATOS » LÉSBICOS » LA HISTORIA DE LA CANTANTE LA DAMA Y SU POETA 12
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Fecha: 01-Sep-16 « Anterior | Siguiente » en Lésbicos

La historia de la cantante la dama y su poeta 12

Rc Adrii Torres
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Tiempo estimado de lectura: [ 15 min. ]
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Buenos días.... - Cual era su nombre? Justo en ese momento lo había olvidado. Alexandra me llamo Alexandra- por algún motivo percibí no le había gustado que no recordará su nombre Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

CAPITULO XII

Sonó mi alarma, no había dormido nada! Me levante con cansancio, y me fui arreglar -un día mas- me repetía mientras volvía a vestirme. De nuevo short cortos, mis converses de botas cortas negras -había traído unos 3 pares de zapatos los formal, casual y cualquier ocasión- la playera azul que era clara con su frase aunque fuese en ingles “No acepto tu lastima!” (La compre mientras estaba en una convención de infantilidad en Estados Unidos con Susana ella no lo entendió hasta que le dije Adiós y no volví a buscarla.) Y mi chaqueta de cuero para apaciguar un poco el frío en mi cuerpo. Sentí el olor a tierra mojada, vi por la ventana, una fuerte tormenta. Escuche en medio de truenos el motor del camión abrí la puerta, ahí estaba el señor Misael.

  • hey venga un café para el frío.
  • No podría. –senti su pena-
  • Claro que puede, venga. -le dije haciéndole gestos con las manos para que pasara-

El señor Misael apenado, bajo del camión y entro a la casa de Rodrigo, prepare un poco de café y le di una taza lo deje en el comedor por un momento mientras fui al estudio a imprimir lo que Kelly me había mandado.

  • Esto esta perfecto! -había quedado hermoso el periódico de ese día-

Me dije a mi misma viendo en la primera pagina del periódico a la doctora Del Castillo llevando en brazos al pequeño junto con sus palabras. Se veía espectacular y rompe almas, las fotos que le había sacado al lugar a pesar de no tener todo mi equipo habían salido perfectas. Mostrando una realidad inigualable, luego de tener aquel material y guardarlo en mi maletín, me lo colgué y me devolví a la cocina. Estaba apagando la impresora cuando -COÑO!- Torpe! Rodrigo esto es tu culpa! -Calma! Calma!- Puto cenicero de mierda que hace allí al lado de la impresora? Toda la parte baja de mi playera llena de colillas y cenizas de cigarrillos! MIERDA! Ash! Busco la manera de calmarme y voy a la cocina para limpiarme.

  • Listo? -me pregunto el señor Misael -debemos salir ya. El Doctor George se molestara.
  • Esta bien vámonos, ya que coño.
  • Que le ha ocurrido? -pregunto viendo como intentaba quitar algo de mi playera-
  • Colillas de cigarro de un pequeño cenicero mal ubicado en mi vestimenta han parado, con la humedad mi olor será claramente a cigarrillo! Joder esto solo me ocurre a mí!
  • Calma las cosas pueden mejorar.! Todo momento malo siempre trae aliado un instante bueno!
  • -solo pude sonreír y colocarme la chaqueta de cuero-

Nos subimos en el camión que tan feliz me hacía y allí estaba yo, viendo la lluvia caer, mientras pedía a Dios que esta nueva información saliese a la luz y arrebatara la atención de los altos cargos políticos.

Pasamos por la plaza donde estaban todos los doctores excepto Estefanía -Seria magnifico que no me la encontrara hoy!- pensé mientras guardaba los papeles de nuevo en mi maletín, me sentía un poco fuera de lugar, era la única que llevaba short cortos y un pequeño bolso, todos los demás tenían sus enormes morrales que me dejaban atónita ver lo fuerte que debían ser. Me sentía estupendamente al saber que faltaba poco y Estefanía no aparecía, hasta que el camión se detuvo.

Al parecer la puerta de atrás y la lluvia se confabularon y para cuando logre entrar, ya me había dado la segunda ducha de la mañana en menos de dos horas. 

  • Mojados días. - Entre al interior mostrando una enorme sonrisa al menos en lo que mojadamente se podía. Todos respondieron mi saludo como en coro. De pronto en el lugar de la esquina vi a la periodista, que pareció divertida con mi apariencia de pollo mojado. 
  • Buenos días Doctora Del Castillo- Ahí estaba su acento curioso con esa voz tan confiada pero fuerte, ruda, cruel la cual no parecía dar tregua alguna-
  • Buenos días.... - Cual era su nombre? Justo en ese momento lo había olvidado.
  • Alexandra me llamo Alexandra- por algún motivo percibí no le había gustado que no recordará su nombre, lo vi en su cara, ahora resultaba que tenía que hacer ejercicio de memoria para acordarme del nombre de cuanto extraño aparecía? Para acabar de ajustar sólo había espacio para sentarme a su lado. No es que la detallara, no! Claro que no, era que su playera decía “No acepto tu lastima”, durante un segundo mi cabeza caviló sobre el significado de la frase. Acaso era algún tipo de mensaje subliminal?
  • Si, eso mismo. - Añadí sentándome en el lugar vacío. De pronto todos dejaron de hablar y nada mas se escuchaba el ruido ronco y debilitado del motor del campero en coro con la lluvia que caía mas fuerte aun. Se sentía un extraño ambiente, había un aroma a humedad y cigarrillo. Humm? Era una broma? El aroma provenía exactamente de Alexandra. Puse los ojos en blanco, adicionando mentalmente el tabaco como factor de riesgo probable para cualesquiera que fuera la causa de su desmayo, pero esta vez no quise pensar mas al respecto, ya había decidido que lo que le había pasado era asunto de ella. 
  • Bonito día hoy, eh? - George rompió el silencio desde el asiento de adelante. 
  • Y nos espera una buena caminata. - Me sorprendió escuchar a Oscar, apenas si le conocía la voz, parecía alguien un poco abstraído, pero parecía amable. 
  • Existe alguna manera de protegernos de la lluvia? - Preguntó Andrés, con quien  había intercambiado algunas palabras ayer. 
  • Claro que si, tenemos impermeables. - Dijo George lanzándole una bolsa. - Ahí están.-  Un poco mas tranquilos por esto, seguimos debatiendo sobre la lluvia y desde luego por la jornada que nos esperaba hasta que finalmente el carro paró. 

Por algún motivo me quedé de ultima en el carro, no estaba especialmente afanada de alistarme a caminar bajo la lluvia. Ajusté la mochila y las correas para asegurarla mejor y evitar filtraciones de agua, así me alisté para salir. 

  • Un momento Estefanía. - George me detuvo antes de bajar. -  Tu impermeable.- Todos se miraron entre ellos y luego a mi, yo era la única que no tenía algo con que cubrirse. 
  • Parece que falta uno entonces. - Dijo Martha, la otra colega, una desconocida para mi. 
  • No me importara mojarme con la lluvia, de hecho me vendrá muy bien. A fin de cuentas son los doctores quienes deben estar protegidos. - Replicó Alexandra comenzando a retirarse el impermeable. 
  • No, esta bien. - bajé del auto relajadamente sin ponerle atención a la lluvia. - Ya me había caído bastante agua hace un rato, además, tengo un sistema inmunológico fuerte.  - Aseguré la pesada mochila en mi espalda y cerré la puerta del carro. - Vamos, hay mucho que hacer.
  • Toma, ten el impermeable. Creedme lo necesitáis mas que yo - Y hay estaba de nuevo su acento raro, su frialdad absoluta, y esa sonrisa que la hacia lucir confiada tomándome del brazo, logrando detenerme - sos vos quien debéis protegeros no yo! Así que dejad vuestro orgullo y coged el impermeable y daos prisa que os dejan! - ella solo dejo el impermeable en mi mano, subió el cierre de su chaqueta hasta que llego a su cuello y se alejo de mi, sin permitirme decir una palabra. Vaya actitud!

Comenzamos a caminar entre el lodo y los charcos del camino hacia el pueblo. Era difícil seguir caminando, mi calzado comenzó a cargar tanto barro que me era difícil distinguir mis pies, y el pantalón apenas si lograba sobrevivir su azul. Apenas si se veía por el camino y el agua caía mas furiosamente. George y Alexandra caminaban delante de mí mientras que mis otros colegas intentaban avanzar siguiéndome. 

De pronto un estruendo cayó al lado, vi un reflejo brillante y luego un árbol se destrozó. 

  • CUIDADO!!!!! - George gritó con fuerza corriendo para protegerse, pero Alexandra tardó en reaccionar y una parte del tronco del árbol iba exactamente sobre ella. 

En una millonésima de segundo, aun con todo el peso de la mochila en mi espalda alcancé a correr y no supe si la empujé, si la lancé hacia un lado, o si el peso de mi cuerpo la logró mover fuera del alcance del tronco. Lo cierto es que ella cayo sobre el barro, lejos del tronco del árbol y no se había lastimado. 

Tardé en reaccionar unos segundos e intenté levantarme pero algo me lo impedía. Miré hacia abajo y una parte del tronco atenazaba mi pierna. 

  • Genial... - Dije mientras intentaba mover el tronco de mi pierna. Dolía muchísimo. Levanté la vista para ver como estaban todos. - Alexandra, estas bien? - Ella apenas comenzaba a levantarse. Todos corrieron a ayudarme. 
  • Por qué rayos no tuviste mas cuidado? - Protestó George intentando retirar el tronco de mi pie. 
  • No es momento para recriminaciones joder, hay que ayudarla rápido! Que estáis esperando tíos? La foto? Moveros, moveros, rápido!– Dijo Alexandra intentando mover el tronco también, pero estaba muy pesado para ella sola.- Todos ayudad!
  • Vamos, entre todos. - Todos pusieron sus manos para moverlo. - Uno.... dos... y....! - El tronco comenzó a moverse y de inmediato el dolor se intensificó. - Dios...........- Por un segundo quise gritar de dolor, pero al otro entendí que si mostraba que la pierna me estaba doliendo tendría que regresar y en ese pueblo había mucha gente enferma aun por atender. 

El tronco cayó hacia un lado y de inmediato George revisó mi pierna.  

  • Duele? - Dijo moviendo el tobillo para un lado y para el otro. Negué con la cabeza pero dolió como el infierno. - Y aquí? - Presionó varias partes de mi pierna, unas dolían mas que otras, pero lo soportaba. 
  • No George, estoy bien. - Respondí intentándome poner de pie. Una vez apoyé todo el peso dolió muchísimo, pero aguanté, debía aprovechar que la adrenalina hacia efecto para que mi cuerpo pudiera soportar. 
  • Puedes continuar? - Asentí ignorando las oleadas de dolor. - Es una suerte que no te hubieras lastimado, si sientes algún dolor avísanos. - Dijo George alistándose para retomar el camino, quizá por la lluvia no indagó mas. 
  • Si, vamos... - Dije con seguridad y pareció que mi cara bien fingida convenció a George. Todos comenzaron a caminar mientras Alexandra se quedó mirándome. 
  • A mi no me convences. Se que es que un tronco te lesione de esa manera! No debiste haberme salvado! El dolor seria para mí! Ahora por salvavidas debes sufrir tú – Dijo con ese tono petulante acercándose. Desde luego, no esperaba que me dijera un "gracias". - Te ha dolido! - Ya empezaba a entender su acento español. 
  • Sabes que? – Le dije tratando de respirar, el dolor crecía. - Sigamos adelante antes de que nos dejen. - Al apoyar el pié sentí miles de agujas en mi tobillo, literalmente me desplomé sobre el barro de nuevo. Ella intento sostenerme pero no pudo y casi cae al barro conmigo. Por un momento su mirada y la mía se cruzaron, sentí que me atravesaba. 
  • Deja de hacerte la heroína, no finjas! Necesitas ayuda. Para la próxima ten en cuenta que yo NO necesito ayuda y menos la tuya!- Dijo con ese tono dominante y lo que yo creía engreído que comenzaba a fastidiarme. 
  • Bien!!! Hay que seguir. - Me liberé de la pesadez de sus ojos y me puse de pié. Esta vez me las arreglé para apoyarlo de modo que no doliera tanto. Comencé a caminar dejándola allí e intenté alcanzar a los demás. 

Para cuando llegamos a pueblo, sentía tanto dolor que tuve que buscar donde sentarme mientras todos organizaban los consultorios bajo la protección de una vieja casita abandonada. Sin que nadie me viera lo primero que hice fue retirarme el calzado de un pié y luego, con mucho pero mucho cuidado, retiré el zapato lleno de lodo del otro pie. Sentí mareo con el dolor pero aun así, persistí en el objetivo de revisar la lesión. 

Tras lograr retirar el zapato y el calcetín, logré apreciar el estado del pie. Estaba tan inflamado que apenas si se lograba ver el tobillo y en la piel se notaban hematomas de color morado por la parte interna hasta la planta del pié, de seguro había rotura de pequeños vasos. Debía hacer algo o no aguantaría toda la jornada. Busqué en la mochila una botella con agua y un par de pastillas de diclofenac, que tome con afán. 

  • Porque me ayudaste? – De pronto estaba ella ahí, viendo lo que hacía. Me sentí un tanto frustrada de permitir que alguien me viera.
  • Soy doctora eso hago, es mi trabajo, no hay ningún misterio. – Respondí agitando el pote de anestésico en spray, luego rocié generosamente el contenido sobre el tobillo.
  • No fue por eso que me habeis ayudado. Vos me ayudasteis porque me negué a tu ayuda. Así que te lo pediré formalmente y de la mejor manera posible. No me ayudeis. Quiero evitar estas escenas absurdas.
  • Siempre serás así de petulante y engreída? Alguien intenta ofrecerte un poco de ayuda y ya te pones con esa actitud de “No quiero nada de nadie” -estaba colocando mi vendaje pero levante la mirada para observarla.
  • Yo no os estoy pidiendo ayuda! Ni a vos ni a nadie! Joder, que es mi vida tia y si he de morir moriré! Se consiente y aceptad que por una vez alguien no os quiere! No os necesita! Yo soy ese alguien y no quiero nada de vos! -ella se dio media vuelta y se marcho “Otra vez”
  • La próxima vez… juro que… AHHH!!! – De la rabia moví mal el pié y vi todos los infiernos de Dante. Todo por ella!!

Volvía a tener otra discusión con esa sujeta! Ya se me estaba haciendo un enorme dilema encontrármela, aceptaba la comprensión de Kelly y eso porque era Kelly! Pero ella era una completa desconocida que agrandaba su lista de personas salvadas solo para llenar Dios sabrá que vacíos! -Acaso no he sufrido bastante?- le preguntaba al universo en la soledad de un pequeño bosque donde me introduje un rato disfrutando de la lluvia. Mientras lograba otras tomas bastante favorables, en medio de un Angulo del cual casi me parto la cabeza -arriba de un árbol- observe de nuevo a Estefanía y se me hizo imposible volverme a preguntar -Porque me ayudais?- su mirada encontró la mía y enseguida cambie de rumbo a mi vista.

...

Caminando con cuidado para que ni George ni nadie se dieran cuenta de que tenía una probable luxación de segundo grado en mi tobillo, llegué hasta el pequeño refugio en donde ya grandes, chicos y ancianos,  esperaban por una atención. 

  • Donde estabas? – Replicó George de mala gana. 
  • Me limpiaba un poco los pies, tenia barro en el barro, además necesitaba secarme. – Respondí  tratando de fingir tranquilidad. El pié me dolía. 
  • Hoy atenderás pacientes con enfermedades respiratorias, quizá debas caminar un poco para ir a la casa de un paciente. – Dijo el confirmando mis peores temores. Tendría que forzar mi pié de mas y lo que es peor, arriesgarme a que el dolor y la lesión aumentaran. 

Levanté mi vista y vi que Alexandra me observaba montada sobre un árbol un poco alto -Esta loca!- solo que cuando se dio cuenta de que yo la miraba ella miró para otro lado. Esta mujer era extraña. Estaba de nuevo haciendo sus grabaciones y fotos? Esperaba no ser la protagonista de alguna anécdota de periódico, yo solo quería hacer mi trabajo bien hecho. 

De pronto vi que bajo del árbol, por poco se cayo, me di cuenta que tuvo un ataque de tos. Esta vez uno fuerte. Su cara se contrajo como si le doliera. De nuevo hice la sumatoria de los síntomas y dejé el diagnostico pendiente en mis pensamientos mientras continuaba observándola. Tuve la intención de ir hacia ella cuando noté que una vez pasada la tos, le había quedado cierta dificultad para respirar, sin embargo me contuve cuando vi que tomó una botella con agua y bebió vigorosamente. 

Me concentré de nuevo en los pacientes que tenia para ese día, y al mismo tiempo hice acopio de toda mi fuerza para resistir apoyando solo un pié. Ese día sería el doble o el triple de difícil que los otros días. 

Las horas pasaron y finalmente mi lista de pacientes terminó. No quería ni saber en que estado estaba mi pié lesionado, ya el otro pié dolía por el sobre esfuerzo, pero aun así, persistí. 

  • Ahora debes ir a la casa del señor Segovia. – Mencionó George mirando la hora en el reloj. – Hoy nos iremos mas temprano.Di gracias al cielo por su decisión. 
  • Ya hemos atendido a todos los enfermos? – Pregunté sin saber si esa pregunta me convenía o no. De seguro aun habían personas que no habíamos chequeado, pero de faltar pacientes esta tortura en mi pie continuaría. 
  • Si, la gran mayoría que habíamos planeado. – Respondió con satisfacción. 
  • Planeado? – No podía creerlo. Déjame entender esto George, antes de cada misión ustedes eligen un numero de pacientes? 
  • Así es, de esta manera podemos enfocarnos en los mas prioritarios. – Aquello me parecía cruel, pero de algún modo necesario, pero quien éramos nosotros para decir quien merecía mas la atención medica? 
  • Entiendo. – No quise refutar el argumento. – Donde está la casa del paciente? – Pregunté con interés, luego recordé mi pie y comencé a temer lo peor de este asunto. 
  • Ves ese árbol de naranjas allá al fondo? – Si, al fondo, estaba bastante lejos teniendo en cuenta mi pie. De haber estado bien hubiera podido ir dando saltitos.  Por cierto, esas eran naranjas? Como podía saberlo? 
  • Claro, puedo verlo – Contuve una risita, una risita desde luego adolorida. 
  • Esa casita al lado es la del señor Segovia.  
  • Muy bien, iré. – Mientras George se descuidó un segundo, tomé un camino alternativo fuera de su vista para poder ir hasta la casa del paciente.  

Me tomó cerca de 10 minutos entre paso y paso, trastabillando, haciendo pausas, evitando apoyar el pié del todo, pero logré llegar hasta el árbol de naranjas, que por cierto, no eran ningunas naranjas, eran limones. La familia del señor Segovia estaba esperándome, se trataba de un chico de quizá unos 15 años, y la que parecía ser su madre. 

  • Doctora, que bueno que está!! – La mujer me recibió con esa cara típica de ansiedad, yo sabia que eso significaba que la situación del paciente no era buena. 
  • Acá estoy para ayudarles… - Apoyé mi pié sin querer y sentí electricidad hasta la rodilla. Hice una pausa para no caer allí mismo. – Donde está mi paciente importante? – Pregunté disimulando el dolor.  
  • Por aquí… - Afortunadamente no había mucho que caminar y di gracias de nuevo al cielo por ello. Unos pasos hacia delante en una división humilde e improvisada cama encontré a mi paciente, que yacía inmóvil en la cama. 
  • Señor Segovia, como ha estado? Cuénteme que puedo hacer por usted. – El paciente no respondió. – Señor… - Una idea me traspasó la mente, la peor de todas. Toqué su brazo y estaba muy frio.  
  • Doctora como está? – El chico se acercó hacia mi con preocupación.

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