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TODORELATOS » LÉSBICOS » LA HISTORIA DE LA CANTANTE UNA DAMA Y SU POETA 13
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Fecha: 02-Sep-16 « Anterior | Siguiente » en Lésbicos

La historia de la cantante una dama y su poeta 13

Rc Adrii Torres
Accesos: 2.133
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Tiempo estimado de lectura: [ 13 min. ]
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Sé que el dinero no le devolverá a ese hombre que durante tanto tiempo ha amado, pero debe seguir, cada cosa mala de la vida viene acompañada de un grato momento. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

CAPITULO XIII

 

  

  • Necesito que me ayudes y lleves a tu mama fuera de casa por un momento, necesito revisarlo mejor. – El chico solo dijo que si con la cabeza e hizo lo que le dije. Revisé el pulso en su cuello y no detecté circulación, luego tomé mi estetoscopio y revisé el pecho, pero no había ningún sonido. El señor Segovia había muerto antes de que pudiéramos hacer algo.  – Hora del deceso, las tres y cuarenta de la tarde.- Dije mientras tomaba el radio. – George. 
  • Acá George, Estefanía?  
  • El paciente esta muerto, aun no tengo pista de la causa, aun no hay rigor mortis, por tanto presumo que fue reciente. – Dije con algo de consternación. Si tan solo no hubiera tenido el pie lastimado quizá hubiera podido llegar a tiempo. Mi vista se dirigió hacia Alexandra, la periodista, que parecía estar entrevistando a uno de los habitantes del pueblito.  
  • Iré en un momento. -  Ese dialogo finalizó rápidamente.

...

Había escuchado de parte de uno de los pequeños con los que estuve jugado que un señor no tan mayor estaba bastante enfermo, quise saber donde se encontraba quería entrevistar a la familia, y quizás si era posible hablar un poco con el señor, pero no me fue posible al documentar en mi grabadora las palabras llenas de dolor y llanto de la que supe era la señora De Segovia! Una vida perdida y no sabia cuantas mas se perderían. Debía hablar pronto con Rodrigo, él tenía que hacer algo.

...

Luego de un par de minutos George estaba a mi lado confirmando el deceso.

  • Efectivamente, no tenemos nada que hacer acá, si no le molesta permita me darle la noticia a la familia. – George salió del humilde cuarto. De pronto escuché un llanto desde afuera y entendí que ya había comunicado la noticia. 
  • Señor Segovia, espero nos perdone desde donde esté por no haber podido llegar a tiempo. – Me levanté, me puse de pié y cubrí respetuosamente su cara con el resto de la frazada. 
  • Vamos Estefanía, es hora de irnos. – Esa era una grandiosa noticia, sin embargo, que pasaría con el cadáver del señor Segovia? 
  • Y el paciente? 
  • Ellos se encargarán. – De nuevo encontré en mi mente un punto de contradicción. No podíamos ayudarles al menos con los tramites, o que se yo, un funeral decente? En ese momento me encontré con la disyuntiva de quedarme, ayudar como lo pensaba o irme a casa para lograr descansar y darle descanso a mi pie adolorido. – Estefanía, no había nada que hacer, y lo que hagamos, no cambiará esta realidad en particular. - George de alguna manera logró meterse en mi mente. 

...

George y Estefanía ya se habían alejado de la casita pequeña y humilde del señor. Escuche la conversación que mantenían y me lleno de irá y coraje saber que George siendo el jefe no hacía nada. Me sentí herida, no era mi familia, pero el llanto tan desconsolado de la señora y su hijo logro remover algún cimiento en mi rudo y helado corazón. Aunque quisiera hacer algo él era el jefe, más no mi jefe, así que corrí hasta donde con anterioridad había dejado mi bolso -el consultorio de Martha- tome mi monedero y note que Estefanía estaba sentada en la parte delantera del camión siendo revisada por George que no tenía muy buena cara. Ignore ese hecho ya que imaginaria que le cuestionaría el haber mentido sobre su pie, llegue de nuevo a la casa. Correr no me hacía nada bien pero ellos lo merecían, estaba mareada casi sin poder respirar, me recosté sobre la pared de tierra que formaba la pequeña morada de esa pobre familia y la señora ahora viuda salió aun con lagrimas en sus ojos. Saque algo del efectivo que tenía en mi monedero lo que considere suficiente para costear gran parte del funeral. Tome la mano de la señora doble en dinero y se lo entregue.

  • No puedo aceptar esto -me dijo con voz calmada mientras intentaba devolverme el dinero-
  • Vos y su hijo lo necesitáis mucho más que yo, así que tomadlo. Por lo menos podréis costear una fosa para su esposo. Sé que el dinero no le devolverá a ese hombre que durante tanto tiempo ha amado, pero debe seguir, cada cosa mala de la vida viene acompañada de un grato momento. –quise sostener una especie de sonrisa-
  • Usted es ese grato momento, muchas gracias señorita -me abrazo tan fuerte que me faltaba oxigeno
  • No os preocupéis, quiero ayudaros y lo haré. Ahora cuidaros vos y su pequeño.
  • -Me di la vuelta ya me estaba alejando cuando un chaval me abraza por la espalda y decía con vergüenza- Gracias, muchas gracias, Dios la bendiga fotógrafa estrella.
  • -Tome sus débiles brazos y me di la vuelta para abrazarlo.- Soy estrella porque quiero iluminar su camino.

...

Que hacia esa mujer corriendo de lado a lado como una loca? Estaba segura que estaba tramando o haciendo algo. Tan solo esperaba que dentro de esa estúpida actitud hubiera algo de generosidad. Vi que habló con la viuda del señor Segovia y le entregó algo. En verdad estaba haciendo lo que yo creía que estaba haciendo? No me importaba bien quien era ella o que quería hacer con nosotros, pero si esta era su manera de ayudar, bienvenida era.

La escena que vi me conmovió profundamente. Después de todo si había algo de corazón en esa mujer. Ese chico necesitaba consuelo y ella se lo estaba dando. Justo en ese momento intenté caminar y el pié hizo que me quejara de dolor olvidándome de Alexandra.

  • Que te sucede, estas bien? – Preguntó George mirando mi pie. – Ese fue el que te lastimaste hace rato, verdad? – No tenia caso ocultarlo ya, asentí.- Con su apoyo, logré caminar hasta el campero, que ya estaba estacionado esperándonos. Luego de tomar asiento en la parte del pasajero, el mismo George se encargó de retirarme el zapato y el calcetín. Cuando vio el vendaje hizo una mueca de disgusto y lo retiró. – Esto está muy mal Estefanía, deberíamos haberte llevado de nuevo a casa. 
  • Lo siento George, estábamos mas cerca del pueblo que del carro, por lo que decidí continuar. – Expliqué viendo los moretones extendidos por el pie. La hinchazón era aun mas evidente. 
  • Eres capaz de matarte, verdad? – Dijo con disgusto. – Menos mal es nuestro ultimo día en este pueblo, ya tendrás tiempo de recuperarte. – George cerro la puerta. – Te quedarás acá. 

Cuando pude relajarme en el asiento comencé a sentir dolor desde la rodilla hacia abajo. Era insoportable, era hierro caliente en todo el pie. Cerré los ojos y era como si todo el cuerpo estuviera en estupor por el dolor. 

  • Estas bien? – La voz. Su voz cerca de mi oído susurró. Comenzaba a sentir que no escuchaba bien, tenia la vista nublada. 
  • No… - De algún modo extraño me fui apagando como si suspendieran el fluido eléctrico de mi cuerpo y no vi mas. 

De pronto volvió la luz de un modo extraño, alguien me tocaba la mejilla, de nuevo sentí ese tacto caliente.

  • Estas bien? - Sentía frio, y apenas si lograba ver con claridad. Ni siquiera sabía quién me hablaba. 
  • Si... - Apenas logré articular entendiendo lo que me había pasado. Me llevé la mano a la frente y sudaba demasiado, presión baja. El dolor en el pié me lo recordó todo. - Estoy bien... - Apreté los ojos con fuerza y los abrí como forzándome a ver mejor.  
  • Te dije que no debisteis. Para la próxima solo deja que el árbol me caiga encima. - Esa voz. El dolor no me permitió sentir enojo, solo sonreí, no dejaba de divertirme ese españolete barato aun cuando estaba casi delirando.-
  • Un dolor de cabeza menos para el mundo. Lo tendré en cuenta. - Ella soltó una pequeña risita. Justo en ese momento George subió a la parte trasera del campero y cerro la puerta.  
  • Vámonos!! - El conductor del auto comenzó la marcha y comenzamos a atravesar la ruta de vuelta por los caminos enlodados. 

Justo cuando entramos al pueblo, varias cuadras antes de llegar al parque Alexandra pidió que el carro hiciera una parada. 

  • Buena suerte a todos... Os daré noticia esta semana sobre el reportaje - Escuché luego que alguien abrió la puerta de atrás, de seguro ella bajó y luego escuché el sonido de la puerta al cerrarse. Cuando giré hacia atrás solo quedaban Andrés George y Oscar. Al parecer también Martha había salido del auto. Arrancamos de nuevo y en algunos minutos estuvimos ya en el parque. 
  • De seguro no necesitas ayuda Estefanía? -Preguntó George tratando de leer que tanto me costaba estar de pie.  
  • Tranquilo, sigan ustedes. - respondí dejando de apoyar disimuladamente el pie lesionado. 
  • Perfecto, entonces te contactaremos en un mes, vale? Descansa. - Dijo George mientras que los otros hacían un gesto de despedida desde adentro del auto. 
  • Éxitos.- Respondí imitando el gesto de despedida. Desde luego esperé a que el auto arrancara para comenzar a caminar, que digo caminar, intentar caminar.- Como duele...!!! - Brincando en un solo pié salté hasta la banca mas próxima y casi me lancé en ella dejando descansar mi cuerpo. 

De pronto, mientras intentaba recuperar fuerzas vi que sobre piso comenzaron a caer gotas de agua. Llovía nuevamente, estaba en medio de un parque, con el pié medio partido y sin muchas energía para levantarme de ahí. Esta era la manera en que este pueblito me decía que no era bienvenida, al menos hoy.

Martha, una de las doctoras se había bajado conmigo, quise esta vez no aceptar la cola de Misael hasta la casa de Rodrigo quería caminar, conocer, y en la mañana había visto una pequeña plazoleta algo descuidada llena de vegetación mal atendida así que definitivamente debía fotografiar eso sin importar la lluvia, de hecho mi lente lo consideraba mas espectacular así

  • Mucho gusto, no nos han presentado formalmente, Soy Martha -me dijo caminando a mi lado y extendiéndome su mano-
  • Un placer Martha soy...-quise presentarme pero ella volvió a hablar.
  • Alexandra Medina. Leí un poco sobre ti mientras estuve en argentina. -ya estábamos en la plazoleta-
  • Oh vaya que alago, y que te pareció lo que leíste? -pregunte mientras capturaba imágenes de la hermosa costa, este lugar era diferente a la plazoleta del tamal, así que por ende me gustaba mucho mas. Había mas vegetación aunque parecía abandona, de esas que solo usan para drogarse y claro por eso había menos personas, este sin duda alguna podría ser mi lugar favorito, pero no dejaba de notar la fuente en su centro con una hermosa escultura que ya no emanaba agua, o las 5 bancas a su alrededor en forma de circulo que estaban bastante deterioradas, en algunas se veían remaches de meros intento por arreglarlas en otras las madera le colgaba o la pintura se cuarteaba, el comentario de Martha me hizo salir de mi análisis mental.
  • Susana fue una completa...
  • Si, si lo fue -dije volteando la cámara y tomándole una foto a ella desprevenida.-
  • Hey, basta no me tomes fotos
  • Por qué no? Mi lente os adora tía, a parte os veis hermosa bajo la lluvia. -dije graciosa- Joder, observad la hora -5:01 PM- Oh esta temprano, ostias como hoy no he comido tengo hambre -hable para mi misma. Ella no paraba de reír con mis ocurrencias
  • Te invito a comer. -me dijo por fin cuando su risa calmo, viéndome de una manera dulce.
  • Oh no! Como creéis.? –dije en una especie de alucinación por el mareo que sentí, y luche para ocultar de la doctora.
  • Por qué no? –me desafío ella- A ver, El código damallaresco no te lo permite?
  • -le sonreí por su comentario- Vos debéis aceptar mi invitación. Hoy a las 8, que decís?
  • Mi madre me enseño a no salir con desconocidos -dijo ella colocando sus codos sobre el muro que nos separaba de la costa.
  • Os pasare buscando. No os preocupes, aparte estoy segura que de este pequeño pueblo no conocéis a nadie, excepto vuestros colegas y adivina qué? Vuestros colegas os han dado un mes libre. Ah, y por si fuese poco ya sabéis quien soy, debería ser yo quien este asustada.
  • Vale acepto, logras ser muy persuasiva cuando te lo propones.
  • No habéis visto nada, nos vemos rubia. -dije caminando de espalda mientras capturaba una última foto y salía corriendo bajo la lluvia.
  • Donde? -la escuche gritar mientras me alejaba mas y mas-
  • Sabré donde buscaros.

Comencé a caminar lentamente bajo la lluvia, paso tras paso, tratando de que no me doliera mas el pié, pero igual dolía, tan solo esperaba que no hubiera algún despavorido que arrasara con lo que quedaba de mi humanidad luego de ese día.

Una vez dentro de mi cuarto, revisé mi pié con cuidado, ya la hinchazón iba casi hasta la rodilla y no se venia nada bien. En ese momento supe que tenia que ir al hospital, no sabia si el compromiso interno había llegado a nivel óseo o si quizá había rotura parcial o total de tendones. No había manera de valorarlo mas que con una toma de rayos X sobre mi pie.

Pero quien iba a salir con esta lluvia? Con ayuda de quien?

El dolor parecía aumentar y yo sabia perfectamente que sin inmovilizar adecuadamente este pie, lo único que lograría es empeorar la situación cualesquiera que fuera.

Me asomé a la ventana y parecía que la lluvia había mermado un poco. Mi madre solía decir que cuando llovía mas fuerte la tempestad duraba menos, y de hecho se le cumplía, en Tailandia durante los monzones solía llover durante dos o tres horas seguida y eso era todo para los días de la temporada de lluvias.

Reparé en mis ropas y sabia que no podía salir así, mi estado era deplorable. El pié me dolía mucho como para tomar una ducha así que opté por limpiarme lo mejor que pude con la ropa húmeda y me puse la ropa seca. Mientras me cambiaba finalmente dejó de llover y cuando me asomé por la ventana, un hermoso cielo estrellado se veía por la ventana.

Ahora el asunto era cómo ir hasta el hospital, había pasado un buen rato y aunque aun había gente por ahí caminando la verdad es que no conocía a nadie que pudiera llevarme, adicionalmente a esa hora de la noche difícilmente lograría atención para mi pié lastimado, de seguro me dirían que volviera en la mañana. Conocía perfectamente el sistema de salud de este país, y si era bastante difícil el tratamiento para algunas dolencias en las grandes urbes, no quería ni imaginar como seria en un humilde pueblito como este. Ya me Imaginaba a la gente esperando a la intemperie fuera de la puerta de entrada a urgencias, un lugar precario con algunas camillas adentro y algunos enfermos con fluidos y medicinas básicas.

Comencé a pensar que yo debía tratar esta lesión por mi propia cuenta, finalmente yo misma era médico de trauma, tan solo debía comprobar la naturaleza de la lesión y prescribir mi propio tratamiento. Necesitaba urgentemente unas radiografías en mi pierna para ultimar los detalles.

PERO COMO DOLÍA!!

Estaba agotada, mareada, incluso sentía la boca seca, de seguro tenia algún grado menor de deshidratación. En que momento de ese día había comido algo? Sentía que el pantalón estaba un poco mas holgado. Era posible que después de toda esta faena hubiera adelgazado un poco? Sonreí. Uno no pensaba esas tonterías es un estado como ese, pero yo lo hacia. - Buenas noches Sofía... - Susurré y cerré los ojos. La cama estaba dura, hacía de nuevo muchísimo calor.

Corrí por las calles sin perdonar ningún pozo de agua que no salió bien librado ante mis brincos sobre él. Después de una hora llegue a casa de Rodrigo. Por suerte esta vez ya esta allí.

  • Coño gracias por aparecer. -Dije pasando por su frente mientras daba palmadas a su hombro derecho y seguía mi camino hacia la habitación.
  • Alexandra déjame explicarte. -quiso darme explicaciones que por un orgullo y frialdad firme ignore por completo.
  • -Iba llegando a puerta de la habitación y frene en seco me di media vuelta y allí lo tenia a él frente a mi- Rodrigo, vamos a dejar las cosas claras. Y echaos para allá -dije en un gesto con mis manos buscando marcar territorio- 1ero sos bien grandecito para hacer con vuestra vida lo que os venga en gana, 2do si os fuisteis a coger a Georgina o no, tened los suficientes cojones para admitirlo y no involucrar a la pobre Carlota, que ella no tiene la culpa de tener un hijo tan poco hombre -dije mirándolo con asco, estaba realmente cabreada- y 3ero se también hombre para asumir vuestro puesto como el puto alcalde y salvar las vidas de estas personas que un día por ignorancia o quizás fanatismo confiaron en ti creyendo que eras bueno y ahora tú te ahogas en los malditos lujos, en esta casa extraordinaria mientras en los lugares remotos que esconde este hermoso sitio hay personas que mueren, mueren por no ser atendidas a tiempo, mueren porque malditos como vos -grite señalándole el pecho con furia- prefieren pensar en sus propias concupiscencias, eres igual a todos los hijos de perra que una vez juraste meter presos!
  • Alex baja la voz, hablemos en mi estudio! -decía tomándome del brazo e intentando encaminarme al estudio.
  • No eres un falso, una basura! -Le gritaba aun mas fuerte llena de cólera-
  • De donde sacas todo eso? -pregunto asustado-

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