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Fecha: 07-Sep-16 « Anterior | Siguiente » en Parodias

Harry Potter y la ruta de Eros XVI

Stonentaller
Accesos: 11.198
Valoración media:
Tiempo estimado de lectura: [ 25 min. ]
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Tras el ridículo de Harry en la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, Ron y Hermione proyectan su nuevo día. Los sucesos de Hogwarts no les son indiferentes y algo que no comprenden se cierne sobre ellos, dando un vuelco a sus vidas. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

¡Bienvenid@ a la decimosexta parte de la ruta de Eros!

AVISO: En esta parte se presentan dos capítulos desde el punto de vista de dos personajes. Es importante que avise ya, aunque espero que el texto lo deje claro, de que estos dos capítulos comienzan tras la clase de Defensa del capítulo 21 (que nos daba la perspectiva de Harry). De forma que los capítulos 21, 22 y 23 empiezan el mismo día y casi a la misma hora, pero desde puntos de vista distintos.

 

Tras leerlos creo que no habrá dudas al respecto, pero responderé a todas las que podáis guardar. Espero que os guste la forma de relatarlo y la elección del mismo plano temporal.

 

Como viene siendo habitual, tengo que agradecer a Gargallu, Camilo, teto, lalo, Pierre y Sir por sus comentarios apoyando la serie y opinando sobre su futuro. Todas esas aportaciones, valoraciones y e-mails son las que me hacen seguir escribiendo.

¡Adelante!

 

       22. Irresponsabilidad

 

Acababan de salir de la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, dejando a Harry atrás, y su novia estaba encantada con lo bien que le había salido el hechizo Cave Inimicum. Ron no había destacado tanto, pero al menos consiguió no quedar tan mal como Harry, cuyo boggart se había convertido en Tonks y después había lanzado el hechizo Riddikulus a la profesora.

 

Bajaron por las escaleras y el pelirrojo no paraba de preguntarse por qué Tonks había pedido a su amigo que se quedase después de clase. Por su calenturienta mente pasaron muchas situaciones en las que él también agradecería unas actividades extraescolares con su atractiva profesora. Las fantasías con ella en el Nº12 de Grimmauld Place no habían sido exclusivas de Harry, y no fueron pocas las noches en las que los chicos, especialmente Fred y George, hablaban de las posibilidades de la joven auror, aunque las contaban de forma mucho más suave que en su mente.

 

Ron aprovechó el buen momento que pasaba con Hermione y se despidió de ella en uno de los vestíbulos con un beso lleno de pasión, mientras su novia le acariciaba disimuladamente el paquete y el hacía lo mismo con una de sus grandes tetas. Se separaron y se fue cada uno por su lado, a cada cual más caliente.

 

La noche anterior con Ginny había sido una de las mejores de su vida, y para su sorpresa no se sentía extraño, como había esperado. Las chicas no le contaron la razón por la que su hermana había aparecido llorando en su habitación, pero a la mañana siguiente parecía muy contenta y le dio un fuerte abrazo y un beso en la mejilla antes de irse a clase, por lo que dejó de preocuparse.

 

No sabía dónde ponían los sucesos de aquella noche a su relación con Hermione, pero desde luego esa mañana todo parecía estar en el mejor momento. Los dos se demostraban su amor sin ninguna vergüenza y parecían más felices que nunca. En cualquier caso, ni siquiera la clase de Cuidado de Criaturas Mágicas conseguiría fastidiarle el día.

 

Llegó al jardín antes que el resto de alumnos, y pudo ver a Hagrid en una actitud muy cariñosa con la directora de Beauxbatons.

 

  • ...y ahogga voy a la lechuceggía, pequeñajo. Cgeo que me han enviado noticias desde Fgancia -decía Maxime, que se despidió del guardabosques y le dedicó a Ron una intensa mirada tras recorrer todo su cuerpo con los ojos.

 

Ron se sentó en su lugar habitual y le decepcionó saber que volverían a cuidar de los estúpidos kneazle cuando Catho se le acercó por la espalda. Casi todo el mundo había llegado ya cuando por fin apareció su compañera.

 

Parvati se sentó mucho más cerca de lo habitual, tocando la pierna de Ron con la suya; y le dio un beso cerca de la boca que sorprendió al pelirrojo. La chica india parecía tener ganas de continuar con el juego de la clase anterior, y su falda se subió mucho más de lo necesario, mostrando buena parte de sus morenos muslos a Ron, que trataba de apartar la mirada.

 

La actividad de aquel día consistía en buscar más objetos, esta vez en los alrededores del Bosque Prohibido. "Apasionante", pensó Ron irónicamente.

 

Lo único entretenido de todo aquello fue estar junto a Parvati, que parecía empeñada en volver a sentir a Ron cerca. Le llamaba pidiendo ayuda constantemente desde lugares apartados y se pegaba a él pidiendo cariño, pero él se negaba educadamente, pensando en la noche que le esperaba con Hermione.

 

La clase estaba a punto de acabar, y su kneazle, que parecía el más vago de todos, no había encontrado todavía ni uno de los escondites cuando Parvati gritó:

 

  • ¡Ronald! ¡Creo que ha descubierto algo!

 

El pelirrojo se aventuró a entrar en un lugar solitario cerca del lago, donde los árboles crecían a montones y muy pegados entre sí. En medio de un claro se encontró con Parvati, echada en el suelo de espaldas a él, sonriendo con la cabeza girada. No había ni rastro de Catho.

 

  • ¿Otra vez, Parvati? Vamos, se va a terminar la clase -dijo Ron, fastidiado.

  • ¡No! Esta vez ha encontrado algo de verdad -respondió la chica india de inmediato-. Ven a verlo.

 

De repente, escuchó cómo escarbaba el kneazle, pero no logró verlo hasta que su peluda cola apareció bajo la falda de su amiga. La india lo miró a los ojos, invitándole a acercarse. Ron aceptó esta vez, y se adelantó lentamente hacia la chica, que estaba a cuatro patas delante suya.

 

Efectivamente, el kneazle estaba escarbando, y no paró hasta encontrar un extraño objeto brillante de color dorado con pequeñas inscripciones, como pudo comprobar Ron cuando levantó la falda de la chica. Sin embargo, apenas prestó atención al pequeño monstruo, que parecía un gato, ni a su descubrimiento, sino que siguió subiendo la falda de Parvati bajo su atenta mirada.

 

Bajó tan escasa tela, Ron descubrió el gran culo de piel morena de esa muchacha india, que lo cubría con un tanga de hilo rojo. Tapando su pubis parecía estar el león dorado de Gryffindor, bordado en la ropa interior, y Ron lo sintió como una invitación a apoderarse de ella, pero trató de contenerse a pesar de estar realmente cachondo.

 

  • ¿Esto es lo que buscabais Harry y tú en el baile del cuarto año, Ron? Mi hermana y yo estábamos dispuestos a dároslo, pero erais unos niñatos -dijo Parvati apenada-. Eso sí, el otro día me hiciste comprobar lo mucho que habías... crecido.

 

Ron no lo tenía fácil para evitar los impulsos de tocar aquel culazo, y pasó los ojos por él mientras respondía:

 

  • Parvati, ¿por qué haces esto? Hermione es una de tus mejores amigas, y sabes perfectamente que estamos juntos.

  • Ron, Ron, Ron. Somos jóvenes, y estas cosas se perdonan, pero en el futuro nos arrepentiremos de no haber aprovechado estas oportunidades. Azótame si quieres -dijo la morena agachándose para mostrar mejor su culo-. Castígame, Ron. Soy una mala amiga, y pronto sabrás que también me porto muy pero que muy mal con los hombres.

 

Su fuerza de voluntad se iba conforme la sangre se acumulaba en su entrepierna. No pudo evitarlo y azotó el tremendo trasero de Parvati, que soltó un gritito de placer mientras sus tersas nalgas recuperaban la posición inicial. Ron notó que su miembro estaba ya muy duro y lo sacó de los pantalones mientras su otra mano tocaba la tela del tanga de la india.

 

Ron se encargaba de masturbarse a sí mismo y a Parvati a la vez, dejando los dos sexos con muchas ganas de más. Pronto, los gemidos de la morena y su propia erección le hicieron dar el siguiente paso.

 

Arrepentido de lo que hacía, pero incapaz de detenerse, Ron metió la cabeza entre las piernas de Parvati y lamió sus húmedos labios vaginales tras apartar un poco la tela del tanga. La india gemía sin parar cuando el pelirrojo chupaba su clítoris.

 

La tenía lista, y Ron se vio a sí mismo apuntando su grueso pene hacia la chica. No tardó en introducirlo en su interior, tremendamente cálido y estrecho, mientras escuchaba cómo Parvati gritaba dando gracias a Merlín por permitir que se la follase un hombre con una polla inmensa.

 

El mago se abrió paso una y otra vez, chocando contra aquel atractivo culo moreno mientras su dueña gritaba cosas realmente sucias para provocarle. No podía parar de agarrar esas firmes caderas, de azotar sus nalgas y de penetrarla gozando del continuo roce del coño de Parvati.

 

Pero Ron no estaba cómodo. Follarse a la india a cuatro patas le recordó estúpidamente a Hermione, que adoraba esa posición. No se merecía eso. Los remordimientos consiguieron actuar sobre la mente de Ron, deteniendo poco a poco sus embestidas, que tanto agradecía Parvati. Decidió poner fin a todo aquello, no sin antes meterla unas cuantas veces más en el interior de aquella lujuriosa joven.

 

Parvati se quedó mirándole mientras se iba, y empezó a tocarse, para sorpresa de Ron.

 

  • Sé que volverás, Ronald. No es tan fácil olvidarme -fue lo último que fue capaz de decir antes de empezar a meterse los dedos frenéticamente.

 

Ron salió del bosque rápidamente, y sólo a medio camino se acordó del kneazle, que había desaparecido. La clase ya había terminado, de modo que decidió ir a hablar con Hagrid a su cabaña. Estaba cerca de ella cuando vio salir a Harry de su interior, tan ensimismado que ni siquiera giró la cabeza hacia donde él se encontraba. "Qué raro", pensó Ron, antes de abrir la puerta de la cabaña del guardabosques.

 

  • Hagrid, perdona, pero creo que hemos perdi... do... -acabó Ron, con los ojos como platos.

 

Delante de él estaba Catho, el kneazle, apoyado en la almohada. Nada más verlo escapó por la ventana, dejando libre la cama en la que se encontraba la directora de Beauxbatons, con la túnica abierta. Debajo se veían unas tremendas tetas y un coño sin depilar en el que la francesa había metido sus dedos. Maxime dio un grito y se intentó tapar rápidamente, dejando uno de sus pezones perfectamente visible entre los pliegues de su túnica.

 

  • ¡L-lo siento muchísimo! -dijo Ron, apresurándose hacia la salida.

 

La puerta se cerró al momento con un fuerte golpe. Ron se giró y vio a Maxime con su varita en la mano.

 

  • No tengas tanta pgisa, jovencito. ¿Quién te cgees que egges pagga entgag sin pegmiso en casas ajenas?

  • Perdone, de verdad. Creía que estaba Hagrid, he visto a Harry salir y...

  • Oh, así que tú egges ese amigo de Potteg. Vaya, vaya. Acégcate, has visto mucho más de lo que debeggías. Es mi tugno.

 

"¿Qué hacía Harry aquí?", se preguntó Ron mientras se acercaba a la cama. Cuando se puso al lado de Maxime, la directora hizo un movimiento de varita y le bajó los pantalones y la ropa interior. A unos centímetros de la cara de la directora quedó colgando el largo pene de Ron, aún flácido.

 

  • ¡Jodeg! ¿Es que todos los jóvenes de Howgagts tenéis los apaggatos así de ggandes? -preguntó la directora, que volvió a abrirse la túnica y a acariciarse la entrepierna-. Dile a Dumbledogge de mi pagte que es un cabgón.

 

Ron había conseguido resistirse a Parvati, pero esto fue demasiado para él. La directora de Beauxbatons era una de sus mujeres fetiche en secreto, y ver sus famosas tetas en toda su magnitud ante él le provocó una erección que la francesa no pudo evitar tocar. Maxime gemía sin parar de acariciarse a sí misma con una mano y el rabo de Ron con la otra.

 

  • Es una lástima, jovencito, peggo hoy me espegga una larga tagde con tu pgofesog. Tendgé que confogmagme con pgobagte.

 

Dicho esto, la directora se incorporó y se tragó la polla hinchada del pelirrojo con facilidad. Ron se tuvo que apoyar en la pared mientras aquella mujer le hacía la mamada más bestia de su vida. Tenía la polla empapada con su saliva y escuchaba los eróticos sonidos de vacío que Maxime creaba al comerse el rabo en toda su extensión.

 

Mientras temblaba para soportar la bestial felación de aquella mujer madura, Ron se fijó en que Maxime tenía una mancha blanquecina en la mejilla sobre la que se hacía notar su rabo cada vez que lo tragaba. Supuso que había sido obra de Harry apenas unos minutos antes, y saber lo promiscua que era la directora ayudó todavía más a su líbido.

 

Cuando se acostumbró un poco a la velocidad con la que la francesa recorría su falo y a los gemidos que no paraba de soltar decidió cumplir uno de sus sueños y agarró con fuerza el lateral de uno de los tetones de esa mujer. Se alegró de que no se lo impidiese, y amasó aquel grandísimo pecho con ganas mientras ella se atragantaba con su aparato.

 

Pronto escucharon unos pasos acercándose por el camino, y Maxime empezó a pajearle la parte inferior de la polla con tanta fuerza como la que usaba para mamar la superior, hasta que consiguió que Ron, ahora agarrado a ambos pechos, se corriese en su boca con varios espasmos.

 

Se recompusieron rápidamente. Ron se sentó en la mesa y fingió beber de una taza. Hagrid abrió la puerta con una gran sonrisa, mostrando una bolsa pequeña, justo en el instante en que Maxime escupía en el fregadero el semen de Ron.

 

  • ¡Ron! ¿Q-qué haces aquí? -preguntó Hagrid al verle.

 

El pelirrojo explicó a duras penas el problema con el kneazle al guardabosques, que parecía sorprendido pero lo despachó con prisas, diciéndole que no se preocupara. Ron salió entonces de la cabaña, acompañado por la francesa, y vio cómo Maxime le guiñaba un ojo y le mostraba su cuerpo desnudo de nuevo antes de cerrar la puerta tras él.

 

Todo lo que estaba ocurriendo era una locura. ¿Por qué Harry estaba con aquella mujer, y por qué él mismo no lograba resistirse a sus encantos? Ron se preguntó a qué se refería Maxime al nombrar a Dumbledore, pero dada la situación, preguntar al honorable director no parecía una gran opción.

 

Antes de que pudiera pensar en nada más, y mientras subía por la colina que daba acceso a un patio lateral, un brillo muy intenso salió de una de las ventanas del castillo y le obligó a cerrar los ojos asustado. Sin embargo, a pesar de la impresión que el haz de luz le provocó, lo que más miedo le dio fue el grito desgarrador que llegó después.

 

 

        23. Justicia

Empezó a pasear sin rumbo fijo, todavía contenta por la exhibición que acababa de dar con el hechizo Cave Inimicum en la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras. Cierto atisbo de vanidad se había apoderado de ella al ver que de nuevo había sido la mejor de la clase con diferencia, sobre todo teniendo en cuenta el error de Seamus y el boggart convertido en Tonks de Harry.

 

A pesar de la alegría que le había proporcionado su nueva hazaña, su cuerpo no le ayudaba a concentrarse en ella. La despedida con su novio no había ayudado precisamente a reducir su calor corporal. Pensó con una sonrisa en los labios en cómo la tocaba, en el gran aparato tenía y en cuánto la hacía disfrutar.

 

Intentó, sin embargo, pensar en otra cosa. Si no podía hacer nada por mitigar su deseo, al menos debía ser capaz de controlarlo. Por ello decidió ir a buscar a Harry a los jardines, para hablar con él sobre ese extraño libro del que le había hablado.

 

Iba pensando en la frase que Luna había resaltado para Harry del libro de Eros et tanatos, que tanto le sonaba, cuando por fin vio al mago. Sin embargo, cuando pensó en ir a saludarle vio que iba acompañado por la alta directora de Beauxbatons, por lo que se limitó a observar cómo se dirigían a la cabaña de Hagrid, que en ese momento estaba dando clase, y se metían en su interior cerrando firmemente la puerta tras ellos.

 

Había demasiada gente en los jardines como para intentar comprobar qué podían estar haciendo allí dentro, por lo que se resignó y volvió al castillo, cavilando sobre ello. Pronto abandonó por desesperación su intento de darle una explicación y la noche anterior pasó a ser el tema principal de sus pensamientos, mientras cruzaba el cuadro de la Señora Gorda.

 

 

Ginny había confesado todo cuando volvieron a la ya desierta Sala Común. Junto a la cálida chimenea que se encontraba al lado de los sofás, la hermana de su novio le contó entre lágrimas cómo se había inventado todo lo que había hecho con los magos brasileños, sin parar de pedirle perdón.

 

Las disculpas y los remordimientos habían vuelto a dar paso a los besos y caricias de las dos amigas, que parecían necesitarlo a pesar de lo que habían hecho con Ron. Sus lenguas jugaron y sus manos recorrieron sus cuerpos de forma tan natural que nada pareció cambiar en su relación al día siguiente.

 

Sin embargo, la revelación más impactante no llegó hasta altas horas de la madrugada, cuando Ginny, exhausta tras tanta lujuria, comenzó a contarle cómo acababa de perder la virginidad con Harry. Hermione, sorprendida, escuchó a su amiga con la boca entreabierta, mientras ella le daba los detalles.

 

 

Ahora estaba de vuelta en su habitación, en la que no había nadie, y tenía casi dos horas libres. Recordar a Ginny contando cómo Harry se la había follado hizo que olvidase su propósito de controlar su deseo.

 

  • ... entonces me besó, tía -le había dicho Ginny-. Ese idiota me besó, y yo no pude separarme, y poco a poco empecé a jugar con su lengua.

 

Hermione estaba ahora tirada en la cama, sin el jersey que tanto calor le daba y con la corbata del uniforme sobre el pecho izquierdo, mientras acariciaba el derecho a través de su ropa. Adoraba sus enormes tetas y la sensibilidad de sus pezones.

 

  • Cómo me agarraba el culo. Estaba salidísimo -había seguido la pelirroja-. Y cuando me subió encima suya y pude notar lo duro que estaba casi me corro, Herm. Te lo juro.

 

La camisa estaba ya desabrochada por la parte de arriba y sus tetas fuera del grandísimo sujetador, apretadas todavía por la goma. Hermione se frotaba con una mano por encima de las bragas, terriblemente cachonda.

 

  • Y su polla, tía. Ni te imaginas el pedazo de polla que tiene, joder. No me lo podía creer cuando se la saqué de los calzoncillos. Parecía más grande que en la biblioteca.

 

Hermione sabía bien lo grande que era, pero no se había atrevido a decírselo a su mejor amiga. Era una cobarde, pero guardar ese secreto era una de las cosas que más caliente le ponía. Comenzó a meterse los dedos con la mano bajo las bragas y a gemir recordando cómo había pajeado y mamado a su mejor amigo con su sucias manos, su boca y sus tremendas tetas.

 

  • Tenerle dentro nunca se me va a olvidar, Hermione. Me mordía el cuello y me besaba mientras me la metía con delicadeza, hasta que los dos estuvimos tan cachondos que nada nos importó y me folló como un animal hasta que se corrió dentro de mí...

 

La leche de Harry no era precisamente desconocida para Hermione, que se apretaba ahora las tetas con fuerza mientras sus dedos se la follaban simulando ser el exagerado aparato de su mejor amigo. Se dejó ir sin dejar de masturbarse hasta que comenzaron los gemidos que indicaban que se estaba corriendo.

 

Hermione dio rienda suelta a su orgasmo en el preciso instante en que Parvati entró en la habitación. La chica india se detuvo y contempló los espasmos de Hermione, abierta de piernas en la cama, con sus grandes tetas al aire, una mano dentro de las bragas y la cara colorada por el placer y la vergüenza.

 

  • L-lo siento, Parvati. No entiendo qué me pasa -dijo Hermione intentando meter de nuevo los pechos en el sujetador.

  • No pasa nada, Herm. Todas tenemos necesidades. Aunque creía que las tuyas estarían bien cubiertas por el enor... por el rabo de Ron -respondió Parvati, tirando un pequeño objeto brillante encima de la cama.

 

Hermione reconoció inmediatamente lo que su amiga había lanzado sobre la cama, y todavía con una de las tetas expuesta a través de la camisa, se acercó a la cama.

 

  • Parvati, ¿de dónde has sacado esto?

  • Oh, lo encontramos en la clase de Cuidado de Criaturas Mágicas. Parece que Hagrid lo escondió y Catho lo encontró. ¡Ah! No conoces a Catho, ¿verdad? Es un kneazle. ¿Sabes? Se parece a Crookshanks. ¿Tú crees que Crookshanks...?

 

Parvati seguía hablando pero Hermione ya no la escuchaba. ¿Cómo era posible que Hagrid tuviese aquello? Hacía siglos que nadie sabía de él. Al verlo, todo había quedado claro en la mente de Hermione, que ya sabía dónde había leído sobre Eros et tanatos.

 

  • ... entonces Ron se acercó y lo vio, pero no le importaba...

  • Parvati, ¿puedo llevarme eso? -la cortó Hermione señalando el brillo dorado.

  • ¿Eh...? ¿Ese cachibache? Vale, pero devuélveselo a Hagrid mañana o puede que nos haga buscarlo de nuevo durante horas.

 

Hermione cogió el extraño objeto, acabó de vestirse y salió rápidamente de camino a la biblioteca. Se fijó en las inscripciones sobre el metal, ilegibles ahora. Ese pequeño tesoro tenía forma alargada y terminaba en una punta redonda de un color más claro que el resto. Ahora sólo tenía que pensar en una forma de entrar en la Sección Prohibida de la biblioteca, que guardaba el libro que buscaba.

 

Bajó las escaleras a toda velocidad, ignorando los saludos de las personas conocidas y las miradas de los salidos alumnos que gozaban con los botes de sus tetas mientras se apresuraba bajando las escaleras.

 

Al llegar al cuarto piso se metió en el pasillo de la biblioteca y entró en una de las puertas, donde no parecía haber ningún alumno. Se paró a tomar aire y de repente vio que nadie vigilaba las puertas de la Sección Prohibida. Asustada, abrió una de ellas y escuchó unos murmullos desde el fondo de los pasillos.

 

Dando pasos cortos, intentó acercarse al lugar del que procedían los ruidos sin llamar la atención de nadie. Como era habitual, en esa sala apenas disfrutaba de la iluminación de los rayos de sol que pasaban por las escasas ventanas oscuras. Pronto pudo escuchar con mayor claridad lo que decían los murmullos.

 

  • ... y eres una idiota si no lo sabes. ¿De verdad creías que ibas a engañarme? -escuchó decir a Draco Malfoy a través de una de las estanterías-. ¿Vas a hacerlo de una vez o tengo que avisar a los demás? ¡Vamos, vamos!

 

Hermione llegó al fin al lugar desde el que todo provenía y vio a la hermana de Fleur, Gabrielle, de rodillas en el suelo, con la falda rota mostrando parte de su cadera y las tetas colgando sobre la camisa. Parecía impasible a pesar de la actitud de Draco.

 

  • Muy bien, tú lo has querido -dijo Draco, desabrochándose el pantalón.

 

Hermione vio salir de él el largo aparato del rubio, todavía flácido, y contempló durante un segundo cómo lo endurecía con la mano, justo antes de acercarlo a Gabrielle mientras le agarraba el pelo y ella se resistía.

 

  • ¡Déjala en paz, Malfoy! -gritó Hermione, apuntándole con la varita al pecho.

 

Draco se giró y la miró de arriba abajo antes de dedicarle una sonrisa de superioridad, centrando sus ojos en sus pechos.

 

  • ¿Qué te parece, Gabrielle? Esta mujer no quiere que disfrutes tú sola -dijo el mago riendo, antes de dirigirse a Hermione-. Adelante, Granger. Sé que estás deseando comerte una buena polla de sangre limpia. Te haré el favor, llevo un tiempo con ganas de correrme sobre esas indignas tetazas.

 

Hermione vio cómo crecía la erección rápidamente mientras el mago decía todo aquello.

 

  • Estás como una cabra, Malfoy. Acabarás en Azkaban después de esto -respondió la bruja, hiperventilando.

  • ¿Por qué exactamente? ¿Por "esto"?

 

Draco agarró con fuerza la cabeza de Gabrielle y fue acercando su duro rabo a su boca mientras la francesa trataba de resistirse. Hermione no podía permitir a aquel degenerado que siguiera, por lo que al fin se decidió, y giró con un movimiento veloz su varita.

 

  • ¡Desmaius!

 

El conocido hechizo aturdidor tuvo el efecto deseado y Malfoy acabó en el suelo retorciéndose tras soltar un grito terrorífico, pero no fue el único. La luz que salió de la varita de la bruja fue muchísimo más fuerte de lo habitual, y la onda expansiva alcanzó a Hermione y a Gabrielle, que salieron despedidas junto a cientos de libros y cayeron a la vez al suelo.

 

Hermione se levantó unos segundos despues, dolorida y aterrorizada ante los efectos de su supuestamente inofensivo hechizo. Gabrielle había desaparecido y ante ella sólo se encontraba Draco, con los pantalones bajados y totalmente inconsciente. Intentó despertarlo una y otra vez sin suerte, hasta que escuchó cómo se abría la puerta y aparecían por ella la profesora McGonagall y la bibliotecaria Pince, que se quedaron con la boca abierta ante los destrozos.

 

  • ¿Qué ha ocurrido aquí, señorita Gra...? -se cortó McGonagall tras ver a Draco en el suelo-. ¡Oh, no! ¡Por Merlín, no!

 

 

En el despacho de Dumbledore, Hermione temblaba por miedo a las consecuencias. Había explicado todo lo ocurrido al anciano director, que se marchó después en busca de Gabrielle para preguntarle sobre lo ocurrido.

 

Todos los magos y brujas se encontraban ahora en sus respectivos cuadros, en las paredes del amplio despacho. Parecían muy interesados en conocer qué ocurría con aquella magnífica bruja que ahora se encontraba en problemas. Dirigieron los ojos hacia la puerta para ver a Albus Dumbledore entrar, apesadumbrado.

 

  • ¿Q-qué ha dicho Gabrielle, profesor? -preguntó Hermione cuando el director se acercó.

  • Hermione. He de ser sincero. Esto me resulta realmente doloroso -respondió Dumbledore sosegadamente-. Gabrielle ha negado todas y cada una de las afirmaciones que has hecho. Y no hay nada más que pueda sostener tu posición.

  • ¡P-pero ella estaba allí! Se lo juro. Y Draco... Draco intentaba abusar de ella. Sólo intenté repelerlo con un hechizo Desmaius. No entiendo qué ocurrió, por qué tuvo tanta potencia.

 

Dumbledore la miró con ojos tristes, como incapaz de encontrar una explicación convincente para lo que una de sus alumnas predilectas le contaba. A continuación, dijo lo que Hermione más temía.

 

  • El estado de Draco no es nada bueno, y será difícil explicar cómo ha podido ocurrir esto ante el Wizengamot. Podrás estar con tus amigos esta semana, y preparar todo lo que necesites. Sin embargo -continuó Dumbledore-, me temo que no puedo hacer nada más. Hermione, has sido expulsada de Hogwarts.


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