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Fecha: 18-Sep-16 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Intimacy 03: viene a verme

Clementine
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Tiempo estimado de lectura: [ 6 min. ]
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Una visita nocturna tras una tarde de deseo frustrado. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Llego tarde. Me he sentido idiota. No ha hecho nada por mí. Solo tocarme por que le gusta, hacer que se tocara. A mi también me gusta. Noto que me mojo y quiero correrme también, pero no parece darse cuenta. Es como si bastara...

Entro en casa en silencio. Cruzo el pasillo a oscuras y cierro con cuidado la puerta de mi cuarto. Hago pis mientras me desnudo deprisa. Tengo las bragas mojadas y me duelen los pezones.

Me pongo el camisón. Me acuesto. Tengo prisa. No me tapo. Meto la mano entre las piernas y empiezo a acariciarme. Estoy mojada. Me cuesta contenerme. Me aguanto las ganas de frotarme como una loca y correrme en un momento. Quiero que venga. Mis dedos resbalan despacio. Me acaricio despacio, sintiendo cómo mis pezones se contraen, cómo me dilato, me mojo más hasta que se deslizan solos dentro. Me muerdo los labios.

Y viene a verme. Escucho sus pasos sigilosos y veo la tenue luz del pasillo en la rendija de la puerta, su silueta, y gimo de saberlo. Viene a verme. Se acerca al borde de mi cama, se arrodilla en la alfombra. Me susurra al oído:

­ ¿Hoy tampoco?

­ Tampoco -casi gimo-.

­ Ese tonto...

Me besa en la boca. Siento sus labios calientes, su respiración profunda en la cara. Le respiro el aire. Apoyo las manos en la sábana esperándolo y gimo al sentir la suya deslizándose en mi vientre, avanzando tan despacio. Me desespero y le muerdo la boca.

­ ¿Le has tocado?

­ Gemía. Gemía y la tenía muy dura.

­ ¿Y se ha corrido?

­ Se ha corrido en mi mano. Escupía su leche caliente en mi mano. Me ha manchado el jersey.

Hablamos en voz baja, jadeando. Aparta un instante su boca de la mía y me pregunta. Yo respondo entre gemidos y su mano desciendo unos centímetros a cada frase. Me da ansia. Quiero que llegue por fin.

Alargo mi mano. Alargo mi mano buscándola. Siento un respingo cuando rozo su vientre velludo. Alargo mi mano buscando hasta encontrarla y la agarro. Me gime en la boca.

­ ¿Estabas muy caliente?

­ Me moría de caliente.

Desata el camisón con los dientes y busca mi pezón endurecido. Su boca está caliente y húmeda, y me muerdo el labio cuando lo besa. Lo succiona suave, muy suave. No me hace daño. Lame mis pezones y su mano está en mi pubis. Juega a enredar los dedos en el vello, a dar tironcitos minúsculos. Separo las piernas como llamándolo. Separo los muslos cuento que puedo y levanto mi pubis como buscándolo, pero me esquiva.

Su polla está dura en mi mano. Fluye, y mojo la mano en ello para hacerla resbalar, y me gime en el pecho y en la boca. La agarro a veces con fuerza, y cubro y descubro su glande con la piel. A veces solo resbalo sobre ella. Resbalo en su glande y giro la muñeca, y entonces casi chilla y tiembla.

Acaricia el interior de mis muslos. Lo aprieta a veces con su mano grande y fuerte. Jadeo, le suplico que lo haga ya. Se ríe en voz muy baja.

­ ¿Cómo la tiene de grande? ¿Como yo?

­ Es mas pequeña, y muy dura, pero él no aguanta tanto. Se pone tenso y se corre.

Lo acaricia. Por fin lo acaricia y quiero morirme en ese instante. Desliza un solo dedo suavemente entre los labios y busco su boca para morderla. Desliza su dedo que resbala en mi, que soy un lago ansiando engullirle, ahogarle en mi, y se desliza dentro. Me quedo como sin aire. Su dedo se entierra en mi y parece que me ahogo, y mi culo se mueve buscándolo. Gimo, y tapa mi boca con su boca para acallarme. Y gimo dentro de su boca.

Y tiro de él. Tiro de él hasta atraerle. Tiro de él, que lo desea, hasta tumbarle en mi cama, boca arriba, y me subo en su cuerpo grande y fuerte, y froto mi piel en su piel, y lo beso. Beso su boca. Beso su cuello, su pecho, su vientre. La siento rozándome, tan firme, y siento su deseo en el roce, en los mínimos gemidos ahogados que provoco, en la súbita tensión de cada músculo que rozo. Siento su deseo y el ansia contenida de tenerme.

­ ¿Quieres que sea tu puta esta noche?

­ …

Calla, y mi boca alcanza su pubis. Calla y sus dedos se ensortijan en mi pelo cuando hundo mis labios entre los pliegues poblados de su pubis. Calla crispándose, y sus muslos se separan invitándome, y cubro de besos sus muslos, la piel rugosa, y su polla parece buscarme en el aire y me roza las mejillas y la frente.

­ ¿Quieres que la meta en mi boca?

­ Métela.

­ ¿Te mueres por que lo haga?

­ Hazlo, métetela.

­ Dime quien soy.

­ Eres mi putita guapa, mi dulce putita guapa, y me muero por que metas mi polla en tu boca, ansío el calor y la humedad de tu interior, no puedo vivir sin que lo hagas. Necesito sentir el calor entre tus labios, que la cubras de pequeños besos dulces. Me muero por que lo hagas.

Y mis labios se deslizan alrededor de su extremo, y me responde gimiendo. Lo envuelvo entre mis labios y lo recorro despacio, haciéndolo entrar en mi boca, resbalando sobre él hasta alojarlo, y lo envuelvo con la lengua y tiemblo al escuchar su gemido ronco, ahogado, y veo la silueta de su mano entre los dientes, y sé que se muerde el índice para no gemir. Giro mi cabeza. Giro mi cabeza a izquierda y a derecha sin soltarla, presionándola, succionándola. Giro mi cabeza y hago fuerza como si pudiera tragármela, justo hasta el borde mismo de la garganta, y mis dedos juegan alrededor de su tronco grueso y venoso. Giro mi cabeza sintiéndola crecer, muriéndome al tiempo del deseo de sentir su esperma en la garganta, y el temor de que lo haga.

No quiero que termine y me detengo. La saco de mi boca y la sujeto con la mano, apretándola, mirando la silueta de su rostro, sabiendo que verá en mis ojos el reflejo de la tenue luz de la ventana. Me detengo mordiéndome el labio, presionándola con mis dedos delgados, y resbalo sobre él. Nado sobre él buscando su boca con mi boca hasta sentirla presionándome en el vientre. Bebo de su boca mientras busco, sujetándole las manos en la almohada mientras busca.

Me busca. Muy firme, se eleva buscándome. Resbala en mi vientre, roza mi vulva buscándome mientras siento su lengua entre los labios. Jadea en mi boca buscándome y, de pronto, cuando acierta, cuando eleva su pubis y me encuentra, me deshago en un gemido mimoso y me dejo caer sobre él. Me dejo caer envolviéndola y gimiendo, y me atraviesa, me dilata, se clava en mi lentamente, y me quedo un instante desmayada en su pecho, comprendiéndolo.

Me incorporo. Lentamente me incorporo. Apoyo las manos en su pecho, me incorporo, y mis caderas inician la lenta danza de tenerle. Muevo mis caderas bailando sobre él, dejo que el tiempo pase apenas moviendo mis caderas, casi quieta, y acaricia mis costados, juguetea en mis pezones con los dedos, roza mis muslos con las uñas, y me invade un desespero agónico, feroz, un ansia de galoparle que contengo, una angustia que voluntariamente prolongo, y se incorpora para alcanzarlos con los labios y los lame.

­ Hazme daño.

Y sus dientes se clavan como alfileres, y me muerdo para no gritar mientras un pulso eléctrico parece brotar de mi vulva y recorrerme entera.

Lame mis pómulos. Me besa los ojos y lame las lágrimas de mis pómulos y entonces, sentado, abrazado a mi, fundiéndome a besos hondos, comiéndome a besos hondos, gime sordamente y lo siento manar en mi interior. Mana templado, lento. Mana llenándome, y me derrito temblando entre sus brazos, dejándome llevar por el desmayo delicioso de tenerle. Mana, me inunda, y tirito de placer, casi llorando, ahogándome en su boca, los brazos recogidos en su pecho, convulsa a veces, la barbilla recogida en el hombro, dejándome envolver entre sus brazos, derritiéndome en su pecho, deshecha y tiritando.

Entreabro los ojos al sentir que se levanta. Casi despierta, sujeto sin fuerzas su mano inútilmente. Me besa los labios y murmuro:

­ Papá... Voy a dejarle mañana. No le quiero.

 


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