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Fecha: 28-Sep-16 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Siete madres desesperadas (1)

Zorro Blanco
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Lo harán todo por sus hijos... Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

- Morris, Jane -

Dicen que una madre haría cualquier cosa por su hijo, yo digo que una madre efectivamente lo haría, a pesar de tener que pagar un alto precio por ello.

Hoy es sábado y ya estoy pensando en lo que pasará esta noche, pero no adelantemos acontecimientos, vayamos por partes.

Soy viuda desde hace ya cuatro años, cinco largos años en los que la vida me ha cambiado por completo. Mi marido era conductor de camión, iba y venía de viajes internacionales, a él le gustaba, pues le encantaba viajar. En los veranos nos íbamos con nuestra caravana por los países nórdicos y él nos hacía de guía para mi y para mi hijo, John.

Pero llegó aquél día, el día fatídico en el que me llamaron de su empresa para decirme que Mike había tenido un accidente fatal, su camión se había despeñado por una ladera a consecuencia de un choque con otro vehículo y no había sobrevivido.

En aquel momento no supe cómo reaccionar, me quedé allí de pie, al teléfono, mientras la secretaria al otro lado de la línea me preguntaba si estaba bien con la voz entrecortada, sin duda ella estaba también muy apurada, pero yo no reaccioné, tardé en hacerlo.

Pero bueno, tras aquello me quedé con mi hijo de dieciséis años por aquel entonces y tuvimos que rehacer nuestras vidas.

Yo tuve que comenzar a trabajar, pues aunque John cobró el dinero del seguro, su empresa acumuló muchas deudas, de modo que la indemnización se la llevaron los bancos que le habían prestado el dinero para su negocio.

Así que volví a ser secretaria de dirección, mientras mi hijo iba al instituto y se preparaba para la universidad.

John era un hijo magnífico, buen deportista y buen estudiante, lo que toda madre desea para su hijo, pero un buen día empezó a comportarse de una manera extraña. Tenía la mirada ausente, estaba como perdido y me llamaron del centro donde estudiaba, porque provocaban constantes peleas, ya no solo con los maestros, sino también con los profesores, a los que llegó a insultar y amenazó.

Conmigo su comportamiento también se había vuelto agresivo, si bien hasta entonces yo no le había la suficiente importancia.

Y también llegó el día de su ataque, me llamaron estando yo trabajando y salí a toda velocidad hacia el hospital donde lo había llevado la ambulancia. Estuvo semanas en ese hospital mientras los médicos le hacían toda clase de pruebas sin saber el porqué de su comportamiento agresivo.

Finalmente dieron con el diagnóstico, según me dijeron, era la primera vez que venían aquellos síntomas combinados en un paciente, por un lado tenía ataques de epilepsia y por otro tenía se sentía perseguido por la gente y oía voces, así que le diagnosticaron esquizofrenia.

Al principio empezó a tomar la medicación y parecía que funcionaba, pero a los pocos meses volvió a recaer y comenzó a mostrarse más y más agresivo, tanto conmigo como con sus amigas y profesoras, en especial con las mujeres, no se sabía bien porqué pero sus paranoias versaban en torno a conspiraciones de las mujeres contra él.

Le aumentaron la medicación y empezó a no querer levantarse de la cama. Yo lo veía mal, pero tenía que trabajar para pagar las facturas así que me iba a mi empresa y volvía ya tarde. Él dormía casi todo el tiempo por el día, por lo que por las noches se desvelaba y no me dejaba dormir, encendía las luces, y se asomaba a mi habitación. Discutíamos pues me ponía de los nervios y cuando perdía el control me pegaba.

Yo evitaba decir nada en el trabajo y me cubría los moratones con pañuelos y con ropa de cuello alto. ¿Qué otra cosa podía hacer?

Hasta que un sábado le pillé espiándome mientras me duchaba, lo vi simplemente mirándome mientras salía de la ducha desnuda. Rápidamente me tapé con la toalla y le sonreí, tratando de no darle importancia al incidente, entonces él me la arrancó y se quedó mirándome.

Yo le di una bofetada y entonces él me la devolvió y caí al suelo. Por suerte para mi, pareció tener un momento de lucidez y viéndome allí se marchó a su cuarto y se encerró.

Tras pasar un rato le llevé la cena a su cama y al entrar lo pillé viendo vídeos porno mientras se masturbaba, él se tapó rápidamente y bueno, yo hice como si tal cosa y entré a verlo.

Puse la bandeja sobre la cama y hablamos, por lo visto me confesó que ver porno le relajaba y masturbarse también. Aquella noche estuvo muy lúcido y me dijo que no quería seguir tomando las pastillas a lo que yo reaccioné asustándome, pero traté de que no se me notase.

Tras el incidente siguió con sus vídeos porno, los veía a todas horas en su cuarto y le daba igual si yo estaba como si no. Yo escuchaba aquellos gemidos, aquellas voces y la verdad, tras años de no tener sexo comencé a excitarme y secretamente me masturbaba algunas noches mientras oía los gemidos de fondo —aquello era de locos.

Recuerdo que otro sábado entré a su cuarto y también estaba masturbándose, salvo que ese día no paró de hacerlo.

— ¡Oh cariño, lo siento! Te traía la cena —dije muy avergonzada sin querer mirar su miembro erecto.

— No tengo hambre mamá, ¡sólo quiero follar! —exclamó mientras me miraba.

— ¡Pero hijo, por favor no seas grosero! —dije yo tratando de conservar la calma.

— ¡Tú podrías follar conmigo! —exclamó de repente.

— No hijo yo soy tu madre, ¿cómo voy a hacer tal cosa?

Seguí intentando no darle importancia a sus palabras, allí en la puerta con la bandeja donde le traía el refrigerio.

— Mira mi polla mamá, ¿es que no te gusta?

— ¡Oh John, no digas esas cosas!

Exclamé mientras no pude evitar ver su gran miembro erecto, lo cierto es que me pareció bonita, ¡pero por dios! ¡Aquello me superba!

Recuerdo que le dejé la bandeja en la mesilla de noche y entonces él me subió la falda y sentí su mano tocarme el culo, yo corrí despavorida y salí de la habitación.

— ¡Vamos puta, folla conmigo! —gritó mientras yo huía.

Ya de madrugada no podía dormir, estaba tensa pesando en su comportamiento y no sabía qué hacer, pasé toda la noche sin dormir. Al día siguiente en cambio pareció no acordarse de nada así que pensé que todo aquello había sido una pesadilla.

Su enfermedad era así, cuando discutía conmigo y me pegaba, luego no se acordaba de nada. Así que de alguna forma pudimos continuar con nuestra vida.

Pero en los días siguientes volvió a la carga, me metía mano y cuando lo rechazaba me llamaba puta, zorra, ramera y cosas así. Si le daba una bofetada me la devolvía y por las noches apenas dormía atemorizada pensando que podría entrar en mi cuarto y hacerme algo.

Esa semana en el trabajo estuve rara, apenas dormía por las noches y no rendía en la oficina, así que tenía que quedarme hasta tarde.

Recuerdo que aquel día estaba sola en la oficina, bueno sola no, estaba también el hombre de la limpieza. Un hombre negro de color y pensando en que tenía que volver a casa y escuchar los insultos de mi hijo me desesperé y empecé a llorar como una loca.

— Seña, ¿qué le pasa? —dijo el hombre acercándose a mi con buena voluntad.

— ¡Oh nada nada! —me excusé yo tratando de serenarme.

El chico siguió a mi lado y yo creo que me puse colorada pues no sabía ni qué decirle, así que me dispuse a marcharme. Entonces él me dijo que al menos me tomase un café con él en la máquina y así le acompañase. De modo que no pude rechazar su invitación después de haber interesado por mi.

En la máquina de café me estuvo contando que estaba estudiando medicina, pero que como necesitaba dinero trabajaba limpiando aquella oficina. Era muy joven y sonreía todo el rato, lo cierto es que me encantó su amabilidad y sus sonrisa.

— Geral, ¿y tienes novia por un casual?

— Novia, bueno si, tengo una amiga —explicó él sin dar más información.

— Tiene suerte de tener un hombre como tú sólo para ella.

No podía creer lo que estaba haciendo, estab flirteando con aquel chico a quien no conocía de nada.

Seguimos hablando, yo estaba allí de pie ya muy cerca de él y empecé a sentirme muy excitada.

— Bueno Geral, ¿y no se te hace larga la noche limpiando? —le pregunté muy de cerca, rozándolo con mis pechos.

— ¡Oh señora, verá yo…! —dijo él asustado retirándose de mi.

— ¡Lo siento Geral, no quería ofenderte! Claro me ves muy mayor para ti —asentí mirando al suelo, sintiéndome realmente ofendida.

El se acercó a mi y me cogió el brazo suavemente.

— No señora, no me malinterprete, usted es muy guapa, es solo que antes la vi llorando y ahora me hace esta proposición y la verdad, supongo que tiene problemas y no querría que se equivocase, ¿lo entiende?

Sin duda el muchacho era sincero, con aquella frase terminó por conquistarme.

— No me equivoco creeme, ahora sólo quiero chuparte la polla, ¿quieres que lo haga? —le pregunté como una perra rabiosa.

Su cara ya fue suficiente respuesta, eché mano a su cinturón y lo desabroché, luego bajé su vaquero y finalmente me arrodille para bajarle los calzoncillos. Allí se mostró su herramienta, una buena polla negra que admiré mientras la acariciaba con mis manos. Aún estaba flácida pero no tardó en reaccionar a mis caricias.

Cuando entró en mi boca la sentí suave y grande, muy grande, su capuchón me llenó toda la boca y casi no pude pasar de ahí. El chico cerró los ojos y yo me aparté las bragas para acariciar mi raja.

Me sentía tan caliente y tan puta como decía mi hijo, entonces me acordé de sus palabras y no supe qué pensar, el caso es que seguí manando aquella gorda polla negra hasta que él, decidió recompensarme comiéndome la raja con su larga lengua.

Me corrí en su boca apenas al poco de empezar, estaba tan tensa que no pude evitarlo, luego él pasó a follarme y allí mismo, de pie, me incliné hacia adelante aferrándome a la máquina del café y lo sentí entrar en mi desde atrás y follarme con ganas. Se ve que el chico estaba tan necesitado como yo.

Su corrida no tardó en llegar y sentí su leche entrar en mi coño mientras pensaba que no habíamos tomado ninguna medida, pero ya era demasiado tarde, se corrió dentro de mi y gocé de cada instante de aquellas últimas acometidas.

Luego la sensación fue algo tensa entre los dos, nos despedimos sin daber bien si besarnos, finalmente le di un beso en la mejilla, fui a mi mesa y salí corriendo de la oficina.

1

Me había follado al chico de la limpieza, iba pensando mientras conducía de vuelta a casa, —¿Acaso eres una puta?—, no lo sabía pero me había encantado el rápido polvo en la máquina del café y me mordía los labios sensualmente recordándolo.

Mientras conducía bajé mi mano y me acaricié mi coño, estaba aún muy lubricado y tal vez insatisfecho. Le hubiese gustado una segunda follada.

Paré de camino a casa y compré una píldora del día después y otra caja de anticonceptivas y me tomé la primera. Después de todo lo último que necesitaba es quedarme embarazada de aquel chico negro.

Aparqué frente a la puerta y entré decidida, sin miedo por una vez en los últimos meses. Allí en el sofá estaba John.

— ¡Qué pasa puta, por qué bienes tan tarde! ¿Te has follado a alguien de camino? —me dijo a modo de recibimiento.

— Si, me he follado al chico de la limpieza, ¡y me ha encantado sabes! —le espeté acercándome desafiante.

John se levantó y se acercó a mi intentando intimidarme.

— ¡Y te ha gustado puta! —exclamó mientras me soltaba una bofetada que por suerte pude parar con la mano.

— ¡Si John, me ha encantado ser una puta como tú me dices! —exclamé yo aún más desafiante.

John entonces me cogió del cuello, muy fuerte y me dejó sin poder respirar. Ahí me asusté y por unos momentos pensé que me estrangularía, pero no sé que me pasó entonces, cogí su paquete y lo apreté con fuerza. Esto hizo que me soltara, sorprendido por mi actitud.

— ¡Vamos hijo de puta! Sácate la polla que te la chupe, ¿no es eso lo que quieres? —pregunté empujándolo con violencia haciendo que tropezara al ir hacia atrás y callera en el sofá.

Me arrodillé y ante el atónito John le desabroché el baquero y le bajé la cremallera. Mi mano buscó su polla y la sacó del calzoncillo, flácida, ya era la segunda esta noche.

Se la chupé con fuerza, la hice crecer en mi boca y seguí chupándola con ganas mientras lo masturbaba. John se sujetaba al sofá con las manos y no se atrevía a tocarme. Chupé y chupé hasta que su corrida me sorprendió en la boca, me la comí toda, nunca lo había hecho pero estaba tan cabreada que lo hice sin pensar.

John se contrajo mientras se corría y yo seguía chupando su glande, terriblemente hinchado y rojo como un pimiento. Su polla era blanca, de un blanco nacarado muy en contraste con la polla negra que había chupado aquella misma noche.

Cuando terminé me incorporé y él se quedó allí sentad, con cara de éxtasis tras mi mamada con final feliz, pero decidí no dejarlo allí. Me quité las bragas y me eché encima suyo en el sofá, clavando mis rodillas a ambos lados de sus piernas.

— ¡Pienas que hemos terminado, no querías follar, pues vamos folla!

Cogí su polla aún dura y la calvé en mi coño, esta entró sin dificultad y sentí cómo me temblaban las piernas mientras lo hacía. John gruñó de dolor, pues sin duda la tenía muy sensible tras mi mamada, pero no me importó, le hice sufrir y lo obligué a follarme aunque le doliese.

Seguí cabalgándolo mientras me sacaba los pechos y le obligaba a chupármelos, terminé con el vestido por la cintura, cabalgándolo casi con fiereza mientras él se debatía entre dolores debajo de mi.

Decidí que ya era suficiente por lo dejé allí tumbado, con su extenuada polla fuera y me fui a ducharme. Allí, mientras caía el agua caliente me acaricié mi coño y me corrí dentro de la ducha, dando por concluida mi noche loca.

John no volvió a molestarme en unos días tras aquello.

 

2

Al día siguiente en la oficina llegué radiante, había dormido como un tronco, ¡la primera vez que dormía así en meses! Creo que hasta mis compañeros lo notaron.

A mi lado estaba Frank, su mujer le había dejado hacía unos meses aunque aparentemente no le había afectado. Frank siempre tenía buen humor y era muy servicial conmigo, prestándose a ayudarme en todo momento. Me caía bien, así que aquel día decidí que ya era hora de pagarle tantos favores.

— Frank, necesito ayuda en el archivo —le dije.

— ¿Y eso? —preguntó el sonriente como siempre.

— Es que hay unos archivadores que pesan mucho y me da miedo caerme de la escalera si los cojo.

— Bueno, entonces “super-Frank ayudar” —dijo golpeándose en el pecho como si fuese tarzán.

Ya en el archivo me aseguré de llevarlo a la zona más discreta del mismo, rodeados de carpetas y estanterías allí sólo había un pasillo de entrada que podíamos controlar para que nadie nos viese.

Subí a una escalera y le pedí que me la sujetara, con objeto de que me viese las bragas si guastaba de tal cosa, con la falda corta que llevaba eso no era difícil.

— Bueno Frank, ¿cómo llevas lo de Evelyn? —le dije.

— ¡Oh bueno, ya pasó! —respondió el risueño.

— Vamos Frank, puedes ser sincero conmigo, ¿cómo te sientes? —le pregunté terminado de subir lo más alto que pude para asegurarme que me veía las bragas.

Frank intentaba no mirar pero discretamente me echó un ojo, ningún hombre se hubiese resistido a algo así.

— Bueno, ya lo llevo mejor Jane, sinceramente. Gracias por preguntar.

— Ya sabes que puedes contar conmigo para lo que quieras —le dije bajando unos peldaños poniendo mi hermoso culo a la altura de su boca.

Mi compañero pareció sentirse molesto por mi acción y carraspeó nervioso.

— ¡Vamos Frank, no te pongas nervioso hombre! Aquí no nos puede ver nadie, ¿sabes? —le dije yo mientras me giraba y ponía mi coño a la altura de su boca, abriendo las piernas y subiéndome la falda para que me viese las bragas de encaja que llevaba puestas.

— ¡Oh Jane, yo no sé que decir! —exclamó él nervioso ajustándose las gafas en su fina nariz.

— Pues entonces no digas nada y cóme mi coño, ¿no te apetece, eh? —le dije mientras atraía su cabeza a mis bragas.

Sentí su lengua lamerme la tela delas bragas, Frank estaba muy nervioso, tanto que tuve que apartarlas para que me lamiera el clítoris en lugar de babearme más la tela. Entonces sentí su lengua ávida de jugos de mi sexo lamer y beber cuanto salía de mí y pasé un buen rato mientras me lo comía, allí subida en la escalera.

Cuando empezó a cansarse de comer mi rico coño bajé los peldaños que me quedaba y me puse de culo para que el me tomase por detrás.

Frank, algo torpemente se quitó el pantalón y se acercó a mi con su gruesa y corta polla, lo vi de reojo mientras lo hacía y con su gran panza pensé que tal vez no podría llegar hasta mi, pero finalmente lo consiguió y la sentí entrar en mi flor. Se aferró a mis caderas y me apretó con ganas follándome allí mismo mientras yo me sentía fuera de mi, la más puta de la oficina sin duda y descubrí que ya no me importaba…

 

3

Una tarde vino a visitar a John su amigo Kevin, juagaba a baloncesto con él y vino a interesarse por cómo le iba.

Les puse unos bocadillos y les di unos refrescos mientras hablaban de sus cosas. John estuvo muy lúcido aquella tarde para variar, fue unos tres días después de nuestro encuentro. Yo me limité a quedarme con ellos aunque pensé que se sentían un poco violentos por mi presencia así que les pregunté si querían que siguiese allí.

— ¡Oh no señora Morris! No molesta, puede quedarse con nosotros si quiere —dijo Kevin muy amable.

— Si no molestas mamá —se unió John a su ofrecimiento.

— Bueno chicos, entonces, ¿tienes novia Kevin?

— ¡Oh señora Morris! —dijo Kevin mientras se le derramaba la coca-cola por los labios de la sorpresa.

— ¡Lo siento Kevin! ¿He sido indiscreta? —dije yo con la voz de una inocente jovencita.

— ¡No, no importa! Bueno sí, Daisy es mi chica, salimos desde hace unos seis meses.

— ¿Y es guapa?

— ¡Ah, pues sí, es muy guapa! —exclamó Kevin muy solícito.

Crucé las piernas y me aseguré de que Kevin me viese las bragas al hacerlo dirigiendo mis rodillas hasta donde él estaba sentado.

— ¡Tú también eres muy guapo Kevin!

— ¡Gracias señor Morris! —respondió él poniéndose colorado.

La tensión fue acrecentándose con mis insinuaciones y mis preguntas a Kevin y John empezó a cabrearse por aquel flirteo mío con su amigo.

— Bueno Kevin, será mejor que te marches, mi madre creo que está indispuesta —dijo en un momento dado de la conversación.

— Pero John, ¡si lo estamos pasando muy bien hijo! —protesté yo, bueno voy a hacer un piss que veo que el ambiente está muy tenso por aquí.

Me levanté y sensualmente le guiñé un ojo a Kevin. Cuando volví la cosa no se había relajado, así que me senté al lado de Kevin en el sofá, a John, parecía que se le iban a salir los ojos de las cuencas.

Mientras conversaba animadamente con ellos me permití poner mi mano en los muslos de Kevin y los pellizqué haciendo que él no notase. Este se sintió incómodo ante la situación y mi hijo fue incrementando su cabreo.

— Ya está bien mamá, ¡Kevin márchate por favor! —estalló John, tal vez celoso ante mis insinuaciones con su amigo.

— Por qué John, ¡esto es sólo conversación! Si lo echas no tendrás ningún capricho el sábado por la noche —le dije mirándolo fijamente para asegurarme de que sabía lo que decía.

John siempre se ponía nervioso cuando llegaba el sábado y sabía que su ración de sexo llegaría para calmarlo, así que cuando le advertí de aquello su actitud cambió.

En cambio Kevin empezó a sentirse más incomodo a raíz de aquello.

— ¡Bueno señora Morris! Creo que será mejor que me marche —dijo él.

— Vamos Kevin, quédate un ratito más, verás cómo la cosa se calma y se alejan las tensiones —dije yo mientras le acariciaba su pecho barbilampiño pero muy definido.

Kevin se levantó ante mis insinuaciones y amenazó con irse.

— Vamos Kevin, si la puta de mi madre te quiere follar, ¡quédate y complácela! A ti también te gustará, te lo aseguro —gruño John desde su asiento.

— Venga John, vas a asustar a tu amigo, ¡mamá no es ninguna puta! ¿recuerdas? —dije levantándome y mirando a John con actitud severa, reprobando su comportamiento.

Pero Kevin, muy nervioso a estas alturas salió en dirección a la puerta, yo lo seguí y traté de convencerlo para que se quedase.

— Perdona a John Kevin, ¡aún no está bien! —exclamé antes de que la abriera.

— Vale señora Morris.

— Jane, ¡por favor Kevin! —dije yo acercándome a él—. Anda por favor quédate un rato más, sino ahora se pondrá de mal humor conmigo y me da miedo cuando se pone así.

Lo abracé y achuché mis pechos contra su hombro, poniendo cara de mujer desvalida.

— Está bien señora, ¡digo Jane! Lo haré.

Ya de vuelta en el salón, pusieron una película y apagaron las luces, yo me puse frente a al tele, sentada en medio de ambos. La película no me gustaba nada, algo sobre unos robots asesinos, pero a ellos parecía divertirles. Traje unas palomitas de la cocina y todos cogían del gran cuenco que guardaba entre mis muslos abiertos, este gesto pareció divertir a Kevin y yo me aseguraba de que cada vez que cogía palomitas soltar un pequeño suspiro.

El juego fue avanzando y me dejaba caer de vez en cuando una palomita en mi escote, —porque otra cosa no pero en tetas, ¡soy una mujer diez!

— ¡Oh Kevin, se me caen las palomitas aquí dentro y no las veo, me ayudas! —le decía yo divertida mientras el sonreía.

Harta ya de juegos decidí atacar y poniendo mis manos en cada paquete se los acaricié a ambos al mismo tiempo. Kevin se sobresaltó un poco pero no lo dejé escapar. Sujetándolo con mi antebrazo le desabroché el pantalón y le bajé la bragueta accediendo a su verga y meneándosela hasta que se le puso dura.

Luego me giré hacia John y hice lo mismo, de modo que la final tenía las dos pollas en mis manos mientras las masturbaba y los dos chicos se quedaban extasiados mirando al peli, más pendientes de mis caricias que de las escenas de acción.

— Bueno machotes, ¡a ver si podéis satifacer los dos a mamá!

Me arrodillé y les bajé los pantalones ambos, tras lo cual les pedí que se juntasen un poco y pasé a chuparles las pollas alternativamente, mientras a uno se la chupaba al otro se la meneaba y luego cambio.

Me desnudé por completo y me senté sobre la polla de Kevin mientras este me chupaba las tetas, lo follé despacio sin olvidarme de John a quien se la meneaba con la mano libre. Kevin comía muy bien mis pezones.

Luego cambié de caballo y me coloqué encima de John follándolo un rato mientras le comía la boca a Kevin, su lengua era deliciosa y a él la parecía gustar también la mía.

Les pedí que me diesen por detrás y se turnaran sin pelearse, para lo que me puse de rodillas en el sofá mientras ellos me cogían por detrás.

Kevin de nuevo fue el primero y me folló con ganas mientras me pellizcaba mis gordos pezones, creí desfallecer con su polla metida desde atrás, luego le tocó a John.

Cambiamos de tercio en la orgía que estábamos manteniendo y tumbándome ambos me cubrieron en la postura del misionero, mientras el otro me ofrecía su polla para chuparla.

Primero se corrió John y luego Kevin, mientras una hacía lo que podía para contentarlos a ambos, tanto fue así que me olvidé de mi misma y no pude correrme hasta después de tenerlos a ambos ya satisfechos, allí tumbada, me masturbé cuando Kevin ya se había marchado y John se había ido a la cama.

Para mi sorpresa esa misma noche, John vino a mi cama y volvió a follarme sin que yo pudiese negarme, lo recibí y esperé hasta que hizo lo que quiso con mi cuerpo.

Así que ya saben lo que una madre está dispuesta a hacer por un hijo, yo me di cuenta de que era ninfómana y decidí que ya era hora de dar rienda suelta a mis más oscuras fantasías, desde entonces John me lo hace principalmente los sábados, ahora mismo me está dando por detrás y me pregunto hasta cuando estaremos así, pero bueno, al menos está calmado y está bien conmigo. Ha vuelto al instituto y sigue con sus estudios dentro de los trastornos que padece.

 

Nota del Autor: Esta novela nació como las demás, una idea, una semilla que anidó en mi cabeza hace poco, tras publicar mi entrañable novela Memorias. Y en poco tiempo he ido plasmando estas siete historias, algo locas y como siempre irreverentes, pero fieles a mi estilo. Creo que después de tantos años es lo que tiene... Espero que disfrutéis de esta primera historia de las siete que tiene en total la novela y espero también verla publicada en próximas semanas en amazon para quien le pueda interesar seguir leyéndola.

Aprovecho para recordaros que si os gusta mi novela Memorias, podéis conseguirla ya en amazon apenas por lo que cuesta un desayuno:

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Un saludo y, ¡gracias!


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