Utilizamos cookies propias y de terceros para prestar nuestros servicios y mostrar publicidad relacionada con sus preferencias.
Si continua navegando, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies.
Usuario:
 Contraseña:
 CREAR CUENTA  Recordar Clave  Ayuda
 7.764 Usuarios Conectados [ Contactos ] [ Comunidad de Cams ] [ Twitter TodoRelatos ]  1.451.435 Miembros | 19.177 Autores | 97.184 Relatos 
Fecha: 29-Sep-16 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Siete madres desesperadas (2)

Zorro Blanco
Accesos: 33.228
Valoración media:
Tiempo estimado de lectura: [ 12 min. ]
 -   + 
Estarán dispuestas a todos por sus hijos... Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Jones, Bárbara

Ralph no fue muy brillante, desde pequeño le costó aprender a hablar, pero yo me esforcé porque fuese aprendiendo cada palabra en su épico de infantil.

Cuando por fin cumplió los cinco años me llamó el director del colegio donde Ralph tenía que cursar sus estudios. Soy viuda desde hace uno diez años, allí tuve que enfrentarme a un cincuentón estirado que trataba de decirme que Ralph no era normal.

— Si pretende usted decirme que Ralph no es un niño normal, ¡no se lo voy a consentir! —exclamé yo muy enojada con el director.

— ¡Claro que es normal señora! Nadie lo pone en duda, sólo decimos que tal vez este centro no sea el más adecuado para que su hijo se desarrolle y estudie.

— ¡Y qué demonios pretende decir con eso! Mi Raph no va a ir a un centro de educación especial para acabar montando neumáticos en un taller sucio, ¡lleno de grasa!

— No es lo que pretendo señora. Mire déjeme que se lo esplique, normalmente un niño tiene un coeficiente intelectual entre los 90 y 100 para que digamos entre dentro de la media, pues bien, Ralph está en un 85.

Quedé muy contrariada por su explicación y no supe qué decir en aquel momento, estaba tan enojada que le hubiese dado un puñetazo allí mismo.

— Bueno y esos 5 insignificantes puntos, ¿no se puede hacer nada para que alguien los sume y se convierta en un 90?

Entonces vi brillar los ojos de aquel director, lascivo me miró de arriba abajo, yo vestía muy recatada y me sentí incómoda, pero supe lo que debía darle.

— Bueno señora, son cinco puntos, tal vez podamos tomar té con pastas en su casa alguna tarde de aquí al comienzo de las clases y quien sabe, a lo mejor una evaluación mía muy cercana del chico rectifica ese 85 y lo deja en un noventa.

— Ya parece que empezamos a entendernos —le dije sonriendo—, y no cree que una tarde bien se merece cinco puntos, ¿señor director?

— No sé señora, tal vez deba volver a examinarlo para asegurarme, en una tarde no se puede saber mucho sabe.

Me sentía ultrajada, pero ya que el sistema estaba montado de aquella forma, si quería que mi hijo estudiase en un buen colegio tenía que complacer a aquel odioso director.

— Está bien, digamos que tres es un buen número, un número cabalístico —propuse yo.

— Pero señora, una madre como usted no podrá consentir que por dos tardes su hijo se quede fuera, ¿verdad?

— ¡Ya lo he entendido! Pero usted no sabe que una madre hace con tres tardes lo que una esposa no consigue en cinco años, así que usted verá lo que se pierde —dije yo acercándome y palpando su cremallera por encima del pantalón.

— ¡Oh pues, tal vez podamos empezar aquí mismo! ¿No le parece? —dijo él poniéndose nervioso.

— Si, me parece perfecto.

— ¿Doris? —dijo comunicándose con su secretaria a través de un interfono—. Será mejor que nadie me moleste voy a estar muy concentrado evaluando los test del hijo de la señora…

— Jones —intervine—, Catherine Jones.

 

1

La entrevista terminó conmigo arrodillada ante aquel director lleno de canas chupando su polla mientras este se aferraba a los brazos de su sillón de madera.

— ¡Oh señora Jones! ¿Qué boca tiene usted? —se permitió decirme el hijo de puta.

Seguí chupando con fuerza aquella polla y contuve mi asco por él y por lo que tenía entre los labios. De repente me detuvo, estuvo a punto de correrse —¡Mierda, tenía que habérsela meneado para provocar su corrida y no tener que seguir hoy!—, me dije entre lamentos.

— Vamos señora échese sobre mi mesa, es de roble americano de primera calidad, verá que suave.

Así lo hice, y mientras esperaba sentí como se aflojaba el cinturón y se bajaba los pantalones detrás de mi, para luego aproximarse, subirme el vestido hasta los hombros, bajar mis bragas y frotarme la raja con la punta de su glande.

En aquellos momentos me sorprendió la sensación, hacía ya años que nadie se aproximaba a esa parte de mi y cuando el gordo director me empujó su polla entró en mi raja con suma facilidad.

Ahogué un quejido, temerosa de que la secretaria entrase, y aguanté las embestidas del director mientras se aferraba con fuerza a mis caderas y me clavaba las uñas en mi piel.

La follada no duró mucho, fue instintiva, visceral y rápida, lo cual agradecí cuando por fin sentí sus gruñidos a mi espalda y aminoró la marcha de las embestidas.

Mientras salía del despacho sentí con cierto horror como me caía algo por las piernas y manchaba mis bragas —¡maldito hijo de puta!—, pensé mientras aceleraba el paso para meterme en un servicio.

Allí me limpié mi sexo y descubrí con horror como mis bragas se había manchado de leche así que las dejé allí mismo, en la papelera y me fui a casa con el coño al aire, teniendo la sensación de que todo el mundo podía oler mi sexo y saber que me habían follado apenas hacía media hora mientras iba en el tranvía de vuelta.

 

2

La tarde era cálida, el director fue muy puntual, de manera que me aseguré de que aquella tarde Ralph estuviese con Rachel para estar yo sola en casa.

El director tenía canas y vestía de un modo distinguido para ser un hijo de puta que me iba a follar por segunda vez. Encima tuve que aguantar que insistiera en tomar té con pastas.

— Y dígame señora, ¿no busca un marido desde que enviudó? —se atrevió a preguntarme.

— No necesito nada de los hombres a dios gracias —dije yo malhumorada.

— Vamos no sea así, su concha está jugosa aún, se lo puedo asegurar, hoy me gustaría degustarla, si no le importa —se quedó pensativo—, o bueno si le importa me da igual, porque usted ante todo es una madre entregada verdad —rió el hijo de puta.

Mientras lo tenía entre mis piernas lamiéndome el coño, tumbada en la mesa del salón, con los muslos abiertos, sólo podía pensar en mi Ralph, en que iría a un buen colegio, eso me ayudó a pasar el trance.

Pero lo cierto es que el hijo de puta tenía bigote, y sus pelillos comenzaron a rozarse con mi sexo mientras lo comía y las cosquillas que me provocó me desconcertaron. Al tiempo que empecé a tener un gran placer. Si ayer quería que todo acabase cuando lo sentí penetrarme, hoy quería que acabase para no correrme en su cara y a punto estuve.

Por suerte para mi se hartó antes justo de que me entregase al frenesí largo tiempo olvidado y levantándose empuñó su gruesa polla y me la metió tras frotar la punta con mis lubricados labios.

Hoy me tomaba boca arriba en la mesa, el cabrón se permitió descubrirme los pechos y acariciarme los pezones mientras me follaba, además me los chupó y esto de nuevo me desarmó, me sentí excitada mientras me follaba. Diez años son muchos años para que una no sienta nada al follar, y aunque yo me daba placer cuando estaba muy desesperada, ya no recordaba lo que se sentía cuando la follan a una, aunque fuese por obligación.

¡Sentí placer de nuevo! Me di asco de mi misma, pero me gustó que me follara aquel viejo director y sentí su corrida dentro de mí, ansiando tener mi orgasmo en aquel momento, pero por suerte para mi me pude contener, ¡no había mayor vergüenza que correrme y darle el gusto de sentir que me había satisfecho!

Cuando se marchó corrí a al ducha y tras limpiarme me entregué a mi goce particular y me corrí temblando bajo el agua que caía y refrescaba mi calentura.

 

3

Cuando la señorita que hacía las veces de secretaria llamó a mi puerta aquella tarde no sabía lo que quería, ella entró tímida en mi salón y la invité a un té para que me explicara el motivo de su visita.

—Bueno señora Jones, ante todo quiero tranquilizarla ante el motivo de mi visita. He sabido que el director la ha chantajeado a cambio de sexo para meter a su hijo en el colegio y le he amenazado con denunciarlo ante la junta central, por lo que ya no volverá a molestarla.

Aquello me sorprendió, sentí cierto alivio de no tener que retraerme de mis instintos sexuales ante las provocaciones del director, pero también me inquietó que aquella secretaria supiera lo ocurrido, pues al final las cosas acaba sabiéndose en una comunidad pequeña como la nuestra.

— ¿Está bien señorita…?

— Agnes —respondió ella.

—Agnes, le agradezco ante todo que me haya quitado de encima al director, pero me preocupa que lo ocurrido trascienda, ¿me comprende?

— ¡Oh si claro, puede estar usted tranquila! —exclamó la secretaria—. Soy una tumba —añadió con una risita nerviosa.

— Si, ya estoy más tranquila —dije yo mintiendo, pues lo que saben dos, lo pueden saber tres y luego todo un pueblo.

Agnes siguió dándome conversación y a medida que pasaban los minutos empecé a preguntarme qué quería ella de mi.

— Verá señora Jones, he de confesarle que el director está liado conmigo, algunas veces lo hacemos en su despacho, como usted el otro día.

Por fin descubrió sus cartas, la muy pécora pensaba que yo era una competidora.

— Sabe, cuando la vi salir el otro día sentí celos, ¡celos del director por poder tener a una madre tan amante como usted entre sus zarpas! —dijo Agnes.

Aquello me desconcertó y me sacó de todas mis cábalas.

— Señorita Taylor, yo no pretendía interponerme entre ustedes —aseguré nerviosa.

— ¡Oh no, no se preocupe, mi relación con el director es abierta y esporádica, no nos reprochamos nada mutuamente, yo voy con quien quiero y él lo mismo.

Lo único cierto es que no sabía donde me había metido al tener relaciones en el despacho de aquel mal nacido, su secretaria seguía desconcertándome.

— Bueno Agnes, ¿y qué quiere usted? —le pregunté abiertamente.

— Bueno Jane, yo la verdad es que… —dijo acercándose a mi y pasándome su brazo por encima—, la quiero también a usted. Ya se que le parecerá raro, pero me pone muy cachonda saber que se ha follado por el coraje de meter a su hijo en el colegio.

Y dicho esto me besó al tiempo que me acarició un pecho. Sentí sus labios, unos labios de mujer y quedé aún más desconcertada, después aquella chica joven, se arrodilló ante mí.

— ¡Vamos Jane, bájate las bragas! Te prometo que no tendrás que hacer nada más.

Obedecí entre curiosa y asustada ante lo que aquella chica más joven que yo se disponía a hacer.

Besó mis muslos y poco a poco se acercó a mi sexo, lo había recortado ante las visitas del director así que estaba pulcro y cuidado, ante todo una señora debe saber cuidarse, pienso yo. El caso es que aquella chica me chupó las ingles y jugueteó con su lengua sobre mis pelillos y el inicio de mi raja, incluso sentí como me raspaba el ano con su lengua y esto me produjo cosquillas.

Finalmente me atacó con toda su intensidad y frenesí comiéndose mi raja con sus labios, su lengua y su boca entera. Tuve que admitir que aquella muchacha sabía cómo excitar a una mujer y sucumbí a sus caricias llegando a correrme cuando ya no pude aguantar más.

Ella se limitó a reírse mientras se limpiaba la boca con una servilleta de la mesa. Luego me besó de nuevo en los labios y desnudándose me dijo que la imitase y decidí obedecer, más que nada porque en el fondo ella también tenía poder sobre mí ahora que conocía mi pacto con el director.

A continuación se puso en el sofá, encajando sus muslos con los míos mientras me pedía que chupase sus pechos. Así lo hice y sentí como su coño babeaba sobre mi piel mientras se frotaba contra mi muslo y a su vez el suyo contra mi sexo.

Aquel cariñoso abrazo me enceló de nuevo y disfruté de más placer, aquella chica era tan tierna y agradable, que todo cuanto me hizo me gustó mucho. Tanto fue así que quise compensar su dedicación a satisfacerme y por primera vez en mi vida lamí un coño, chupé un clítoris y penetré una raja que no fuese la mía.

La chica se corrió por todo lo alto, gritó y gimió hasta sonrojare, mientras nuestro sexos se chocaban en lo que llamó las tijeras y me hizo gozar con este arte que ella dominaba a la perfección.

Cuando se fue añoré volver a verla y pensé en invitarla otra tarde para tomar café, charlar y si surgía la ocasión, volver a darnos placer mutuamente.

 

Nota del Autor: Espero que esta nueva serie de relatos de mi última novela les esté gustando, aún no está publicada al completo pero lo haré en breve. Mientras pueden leer mi novela Memorias, de la cual tengo publicados en esta web sus 7 primeros capítulos (http://www.todorelatos.com/perfil/6632/) y si les gusta adquirirla en amazon:

- https://www.amazon.es/dp/B01JX1S9FE

- https://www.amazon.com/dp/B01JX1S9FE

- https://www.amazon.com.mx/dp/B01JX1S9FE

También les invito a visitar mi blog para saber más de mi y de mis novelas: http://zorro-blanco2003.blogspot.com.es/

¡Saludos y gracias por comentar o valorar!


Comunidad de Autores y Lectores de TodoRelatos
Chatea online con webcams!

comunidad.todorelatos.com

© Zorro Blanco

Valore y Comente los relatos que lee, los autores lo agradecerán y supondrá una mejora en la calidad general de la web.
 Comentarios sobre este Relato (3)
\"Ver  Perfil y más Relatos de Zorro Blanco
 Añadir a Lista de Favoritos
 Reportar Relato
 Excelente
 Bueno
 Normal
 Malo
 Terrible
« VOLVER A LA PAGINA ANTERIOR IR ARRIBA  ▲
 
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.
LWNET 1999-2017 | TodoRelatos.com v3.80
Info Legal / Privacidad / Cookies · Ayuda · Stats · Enlaces · Contacto · Webmasters (Sponsors Favoritos)