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Fecha: 30-Sep-16 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Siete madres desesperadas (3)

Zorro Blanco
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Estarán dispuestas a todos por sus hijos... Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Brown, Elaine

 

Elaine nació en república dominicana, allí su tío la dejó embarazada y por temor a lo que dirían sus padres y parientes emigró a Estados Unidos donde comenzó a trabajar con ayuda de unas primas y desde entonces ha vivido allí.

Tuvo a su niño, Ricardo, que hoy es un joven alto y apuesto, quiere estudiar medicina, pero su madre no sabe de dónde va a sacar tanto dinero para pagar la matrícula.

Al principio pensaron en pedir becas a diversas organizaciones del país, pero todas se las fueron negando por uno u otro motivo, con lo que la moral del joven fue deteriorándose y a día de hoy piensa que sólo un milagro le dará la oportunidad de estudiar.

Una tarde se encontraba Elaine limpiando en la casa de los Clayton, donde trabajaba desde que comenzó a ser niñera de sus dos hijos, Nash y Amy. Por casualidades de la vida su hijo Ricardo estudió en el mismo colegio que Nash, por lo que desde su infancia son amigos y se llevan como hermanos, salvando las distancias económicas. Pues los Clayton tenían una posición verdaderamente desahogada en esos instantes, gracias al repunte del negocio del padre que vio como su fortuna crecía y crecía. Aunque él se sigue comportando como un padre más de la clase media norteamericana.

Aquella tarde Elaine limpiaba el despacho de Wayne, mientras este leía distraídamente el periódico.

— Señor Clayton, ¡hay que ver cuántos libros tiene usted aquí! —exclamó Elaine mientras pasaba el plumero por las estanterías.

— ¡Oh bueno si, me gusta leer! —dijo Wayne riendo.

— ¿Los ha leído todos?

— No, todos aún no, aunque los fui comprando porque quería leerlos, voy poco a poco —explicó el señor—. Pero por favor Elaine, te tengo dicho que me llames Wayne.

Elaine sonrió y siguió limpiando descuidadamente.

— Sabe qué, a Ricardo le han denegado la última beca que solicitó. El pobre está muy desolado porque quiere estudiar medicina y no vamos a poder pagarlos estudios.

— ¡Oh, cuanto lo siento Elaine, verdaderamente es una pena, porque Ricardo tiene talento! —se lamentó él.

— Claro que si Wayne, encima Nash ha conseguido ya que lo admitan en la facultad de medicina del Sacret Heart.

— Eso sin duda debe ser terrible Elaine, no me imagino lo triste que estará Ricardo.

En esos momentos Elaine estrujaba el trapo de la fregona y se disponía a pasarlo por el suelo para lo que se inclinó hacia adelante para hacer fuerza. Ahí fue cuando el padre de Nash se quedó admirando los preciosos muslos y el gran culo de Elaine, que si bien no tenía unos pechos generosos, como buena dominicana su culo era redondo, grande y muy bien proporcionado. Sin querer de su garganta salió un gruñido gutural.

— ¿Como dice Wayne? —preguntó Elaine girándose.

— ¡Oh no nada Elaine!

Esta le sonrió y siguió con sus tareas, pero el padre de Nash no cejó en sus observaciones.

— ¿Cuánto te pagamos Elaine?

— ¡Oh, pues unos mil! —balbuceó.

Elaine se sorprendió por la pregunta y pensó que le harían un aumento, a raíz de la conversación sobre los estudios de su hijo.

— ¡Oh claro, perdona mi ignorancia, pero esos temas los lleva mi mujer! —sonrió—. Estaba pensando que a lo mejor podíamos hacer algo con tu sueldo, ¿sabes?

— No se señor, le agradezco el detalle pero creo que si no me duplica el sueldo no me alcanzará y creo que eso sería mucho pedir, ¿no cree?

Wayne quedó pensativo y tras un momento habló.

— Verás, lo que te propongo no debe salir de este despacho, tanto si lo aceptas como si no, en ese caso haremos como si nada, ¿me comprendes?

— Oh, no sé qué quiere decir señor, si no me explica —dijo Elaine confundida, aunque en el fondo sí temía lo que le propondría Wayne.

Este esperó unos segundos, dio unos sorbos de su whisky con hielo y sólo entonces habló ante la tensa Elaine.

— Verás Elaine, ante todo soy un caballero y respetaré tu decisión. Pero yo te propongo pagarte otros mil al mes, siempre te los entregaré en mano y por adelantado.

Efectivamente, cuando Elaine escuchó la cifra tembló y supo por dónde iría su propuesta, por otro lado pensó que con mil más al mes sí que podría pagar la universidad de Ricardo.

— ¿A cambio de qué señor? —preguntó alargando la última palabra.

— Voy a ser franco contigo Elaine, tienes un culo precioso, algo decididamente esquisito, como te puedes imaginar sería muy feliz de probarlo de vez en cuando.

Un tenso silencio se hizo entre ambos, Elaine estaba en lo cierto, siempre que hay dinero de por medio con un hombre era para una proposición indecente como aquella.

— Tranquila Elaine, no tienes que responderme hoy —rió Wayne tratando de quitar hierro al asunto—. Para que no te asustes, pactaríamos un máximo de cuatro encuentros al mes, a veces creo que no podré cumplirlos, por ejemplo si estoy de viaje de negocios, aún así te pagaré lo estipulado.

Ella no podía creerlo, serían mil más al mes, a cambio de vender su cuerpo un máximo de cuatro veces al señor. También conocía las ausencias que solía tener debido a viajes y esto hizo que pensara que efectivamente no tendría que «cumplir siempre».

— Haremos una cosa más Elaine, para que veas que voy en serio te haré la primera entrega hoy mismo y mientras tú te lo piensas —le dijo mientras se levantaba y de una caja de madera cerrada con una combinación sacó un fajo de billetes y delante suyo los contó.

— ¡Y diez! —dijo extendiendo la mano y ofreciéndole un caro abanico de papel.

— ¡Oh señor, no puedo aceptarlo! —exclamó Elaine temerosa.

Wayne se puso detrás y la cogió por los hombros desnudos de su uniforme sin mangas.

— Vamos mujer, tú cógelos y piénsatelo, si mañana vienes y me dices que no, toma esto como una ayuda para los estudios de tu hijo, ¡sin compromiso! ¿Está claro?

Elaine recibió los billetes en la mano y notó como le temblaba todo el cuerpo. Sintió como la nariz de Wayne aspiraba su perfume y salía de detrás suyo, pero a modo de recuerdo se permitió pasear su mano por su culo desde atrás hacia adelante, rozando la tela de su falda.

Wayne se sentó detrás de la mesa de escritorio donde leía y tomó otro trago de whisky. Ella aguardó sin saber qué decir y él esperó paciente a que esta se decidiese a hablar.

— Solo cuatro veces —afirmó con voz temblorosa.

— Solo cuatro veces —se reafirmó con voz serena.

— Bueno, podemos probar por un mes y si no me convence, ¿lo podemos dejar?

— Por supuesto Elaine, pero quiero que te quede claro que serás mi amante y si mi mujer llegase a enterarse de lo nuestro tanto tú como yo lo perderíamos todo, ¿lo has entendido?

— ¡Oh si, claro!

Elaine se guardó el dinero dentro del sujetador, pues no quería dejarse aquellos billetes en el uniforme cuando se cambiase y se fuese a casa aquella noche.

— Bueno Elaine, puesto que parece que tenemos un acuerdo yo me preguntaba si podrías girarte y enseñarme sólo un poco ese culo exquisito tuyo.

— Pero señor, ha dicho que podía pensármelo —dijo Elaine nerviosa.

— ¡Claro claro, hoy no haremos nada sólo me gustaría que me enseñaras algo de ese cuerpo tuyo, tómalo como marketing de tu producto. Antes de terminar sí te pediría que empezaras a tomar la píldora esta misma noche, pues no sabemos cuándo tendremos oportunidad de hacerlo y no quiero que te quedes embarazada, ¿lo entiendes verdad?

— ¡Claro, claro!

Wayne se quedó mirándola con los codos apoyados en la mesa y las manos levantadas con los dedos entre cruzados mientras su barbilla se apoyaba sobre éstos.

La mujer dudó unos segundos, pero finalmente en la tensa situación pareció sentirse empujada a dar algo cambio del dinero que había recibido. Así que se giró y dándole la espalda cogió la fregona, se inclinó exagerando mucho la pose y levantó su trasero.

Wayne pudo ver sus muslos en todo su esplendor y una pequeña porción de sus bragas blancas, en contraste con el negro de su uniforme y su marrón como el azúcar.

— ¡Oh Elaine esto es maravilloso! ¿Ves como no pasa nada?

Elaine se giró y le sonrió, siguió pasando la fregona y ahora de frente se agachó y mostró su canalillo donde Wayne pudo apreciar la profundidad de este entre sus pechos morenos.

— ¿Te levantarías la falda para este viejo verde?

Cuando Wayne lo pidió, dudaba si ella obedecería pero efectivamente Elaine se subió tímidamente su uniforme y sus braguitas aparecieron curvándose hacia dentro de sus muslos. En el centro Wayne apreció un leve pliegue en la tela, que marcaba el inicio del surco de su vagina.

Extendiendo su mano, Wayne sacó un dedo y apuntando hacia abajo lo hizo girar trescientos sesenta grados. Ella entendió la señal y con la falda levantada se giró y dio una vuelta completa. Entonces él quedó complacido y sonrió.

— ¿No hay algo más para mi? —preguntó Wayne.

Elaine pensó unos segundos y entonces se desabrochó su uniforme y mostró sus senos a Wayne, cubiertos por el sujetador blanco que llevaba parecieron turgentes y de tamaño mediano, sin duda destacaba más por su culo que por sus pechos.

— ¡Espléndido! —aplaudió Wayne.

Entonces ella introdujo su mano y sacó uno de sus pechos y lo mostró desnudo ante Wayne, este quedó suspendido sobre el sujetador y ella se chupó los dedos índice y pulgar y se acarició el pezón hasta ponerlo duro.

— ¡Eres fantástica Elaine! —siéntate delante de mí y solamente permanece con una pierna levantada y ese pecho fuera, no tienes que hacer nada, sólo mostrarte para mi. Yo haré el resto debajo de mi mesa, como te prometí hoy no te tocaré, pero al menos tu dejarás que te vea mientras me toco, ¿de acuerdo?

— De acuerdo —contestó lánguidamente tras sopesarlo un instante.

Bajo la mesa Wayne ya empuñaba su miembro y frente a ella, Elaine estaba sentada en una silla cómoda con tapicería de cuero, su pierna estaba levantada y se apoyaba en la silla gemela a su lado, mientras ligeramente girada mostraba su pecho desnudo con su pezón puntiagudo y más negro y sus pequeña areóla que lo circundante de color más oscuro que su piel, pero algo más claro que su pezón.

Algo curiosa Elaine observaba cómo el brazo de Wayne se movía y de vez en cuando asomaba levemente la punta de su glande por encima de la mesa mientras este agitaba su verga con frenesí.

— Vamos Elaine, un poco más, sólo acaríciate encima de tus braguitas con un dedo, sólo eso —agregó a su petición el excitado señor que tenía en frente.

Una vez más Elaine obedeció y sensualmente se chupó un dedo, lo bajó y lo colocó encima de su raja, paseándolo por esta, haciendo que su surco se marcara más en sus bragas. Luego los subió y lo chupó de nuevo, para ahora simplemente con el índice acariciarse su pezón y dar pasadas circulares en torno a su areola.

La excitación era compartida, Elaine lo cierto es que se estaba poniendo cachonda, pasando del nerviosismo a la excitación del momento. Cuando llegase esta noche a casa tendría que aplicarse para calmar su sed de sexo.

 

1

— ¡Hola cariño! —exclamó Elaine nada más ver aparecer a Ricardo, que venía de jugar a baloncesto con sus amigos.

— Hola mamá —contestó un Ricardo apesadumbrado.

La madre olió el sudor de su hijo cuando se aproximaron para besarse, sin duda le hacía falta un baño al chico.

— Anda, ¡porqué no te duchas mientras preparo la cena! —exclamó sonriendo mientras se tapaba la nariz.

Ricardo obedeció cabizbajo.

Durante la cena ella estaba muy animada y no paraba de charlar y hablar de planes para su futuro en la facultad de medicina.

— ¡Pero mamá, basta ya! No ves que lo estoy pasando mal, sólo estudiaré medicina en un universo paralelo, no en este, te lo aseguro —afirmó tajante.

El silencio se hizo tenso entre ambos, por un lado Elaine sabía que podría conseguir los ingresos necesarios si el trato con el señor Wayne prosperaba, por otro no podía decir una palabra del origen de los mismos.

— Bueno hijo, tú confía en los milagros, y reza a San Judas, que es el santo de los milagros imposibles, ¡quién sabe! —le dijo mientras le pellizcaba la mejilla y se disponía a quitar la mesa.

Ricardo la ayudó a recoger, después de todo, vivían sólos y su madre trabajaba muchas horas para mantenerlos a ambos.

Ya en la cama, Elaine tuvo sueños húmedos, donde se vio haciéndolo con Wayne, se imaginó con él a su espalda, penetrándola mientras le arreaba palmadas en su hermoso culo dominicano. Desvelada se entregó a un goce solitario hasta que cansada se durmió.

Por la mañana se sorprendió al ver a Wayne en casa, normalmente aprovechaba para ir a las compras y poner lavadoras antes de que los chicos y los padres volviesen del instituto y sus respectivos trabajos, por eso le extrañó que Wayne estuviese allí.

— ¡Buenos días Elaine! —dijo al verla mientras se tomaba un café en el salón.

— ¡Buenos días Wayne! ¿Como usted por aquí hoy?

— Verás Elaine, soy el jefe, así que me he dicho, ¡demónios tómate el día libre!

— ¡Qué bien! —exclamó ella con una media sonrisa.

Entonces Wayne se levantó y se acercó a ella, Elaine tembló y se quedó muy quieta, cuando este la abrazó y le dio dos besos en las mejillas con un apretón de culo incluido.

— ¡Um Elaine qué rica estás! Supongo que estas cosas podemos acherlas, ¿no?

— Si señor, ¿quiere ahora?

Preguntó Elaine algo preocupada por esa primera vez.

— ¡Oh no, verás te noto tensa! No quiero forzarte a hacerlo hasta que no estés decidida. Si quieres puedo llevarte al mercado y haré la compra contigo, ¿te apetece?

— Si, está bien —dijo Elaine sin mucho entusiasmo.

En el mercado los puestos están a rebosar, muchas criadas se juntaban allí y al verla con su señor sintió como cuchicheaban a sus espaldas —mala idea—, pensó para si misma. Wayne también se dio cuenta así que la sacó del mercado y se fueron a unos grandes almacenes más alejados.

Ahora ya todo era más tranquilo, allí nadie les conocía por lo que en un país multicultural como aquel pasaban desapercibidos. Wayne empujaba el carro de la compra y Elaine iba echando lo que necesitaba de la lista semanal.

Entre aquellos pasillos Wayne se dedicó a manosearla con cualquier excusa, tocándole el hombro, arrimándose a su lado para hablarle, y también poniéndole la mano en el culo descaradamente, incluso pellizcándoselo suavemente con la palma de la mano.

Ella sonreía y ponía cara de circunstancias mientras se acostumbraba a aquellos tocamientos.

Al llegar a casa descargaron las bolsas y Elaine empezó a coger paquetes agachándose y a colocarlos en los estantes y la nevera, mientras el señor la miraba cómo lo hacía, para que esta le ofreciera la visión de su hermoso culo.

No llevaría colocados más de cinco paquetes cuando por sorpresa Wayne la abrazó desde atrás y tomó sus pechos con ambas manos, besándola en el cuello desesperadamente mientras le apretaba el culo con su pelvis y la estrujaba contra la encimera

— ¡Oh Elaine, qué cachondo estoy, ya no aguanto más! Tenemos que hacerlo ahora, vamos! —exclamó en su oreja echándole el aliento.

— ¡Oh señor! ¿Ahora?

— ¡Si ahora!

Y dicho esto Wayne se giró y con ella cogida la echó hacia delante en una meseta central de la cocina donde había un fregadero en un extremo y que usaban para preparar los alimentos para cocinar.

Elaine no tuvo tiempo de reaccionar, sintió como el señor Wayne le subía la falda y le tiraba del tanga partiéndole las finas tiras que lo ajustaban a sus caderas. Con el culo descubierto, este se mojó los dedos y los frotó por su raja mientras su mano la aprisionaba con fuerza por el cuello manteniéndola con la cabeza baja sobre la mesa. Ésta la giró y apoyó las mejillas sobre el frío granito mientras Wayne se sacaba la polla y terriblemente excitado la acercaba a su raja frotándole la punta contra ella.

En esos momentos Elaine dudó, intentó moverse pero el brazo izquierdo de Wayne la mantenía pegada a la mesa, pensó que ya era demasiado tarde para arrepentirse. Cuando sintió la ardiente vara entrar en su coño, abriéndola en dos, efectivamente supo que ya era demasiado tarde.

Wayne la folló con fuerza, fue brusco, bastante pensó Elaine, sintió como al empujarla chocaban contra sus nalgas con su pelvis y sonaban como palmadas que retumbaban en el silencio de la cocina.

Aguantó los envites como pudo, con cada uno soltaba un pequeños: ¡Oh! ¡Oh!; que se fundían con las palmadas de los choques de piel.

Lo bueno es que la follada fue corta, Wayne estaba tan necesitado que Elaine no tuvo que aguantar mucho en aquella forzada posición.

Cuando se corrió dentro de ella. Wayne se agarró a sus hombros y tiró con fuerza de ellos hacia atrás, al tiempo que daba una estocada lo más profunda que podía, Elaine sintió su verga bien adentro en su coño y este hecho fue lo que más recordó de ese primer encuentro.

Finalmente Wayne se retiró y Elain se incorporó poco a poco sintiendo cómo algo le caía «de dentro».

— ¡Uf, has estado fantástica Elaine! —dijo Wayne mientras se inclinaba para darle un beso y un mordisco en su culo.

Este segundo hecho también sería algo que recordaría especialmente. Pues Elaine no tenía mucho sexo, alguna vez cuando iba a su tierra en las fiestas, buscaba algún encuentro fortuito con algún hombre en los bailes, pero poco más el resto del año.

Tomó algo de papel de cocina y se limpió su sexo de abajo a arriba, lo miró y vio el líquido viscoso que salía de ahí, con cierto asco lo dobló y lo tiró al cubo de la cocina. Por su parte Wayne también hizo lo propio con su polla y cuando ella se giró la vio, larga y tan blanca como el resto de su piel, con el glande rojo como un pimiento. Sin duda era distinta a la de los dominicanos y se quedó admirándola por unos instantes.

— ¡Bueno Elaine, espero que no te haya violentado mucho! —le dijo Wayne sonriente mientras se acercaba al cubo de la basura para tirar el papel con el que se había limpiado.

Ella negó con la cabeza, sin querer pronunciar palabra mientras se alisaba la falda del vestido que llevaba.

Wayne le levantó la cabeza tirando de su barbilla hacia arriba para que lo mirase a los ojos y entonces este se acercó y la besó en los labios.

— ¡Tranquila, la próxima vez seré más delicado! Lo de hoy ha sido el momento, ¿entiendes?

Y sin esperar una respuesta Wayne se giró y le indicó que estaría en el despacho trabajando el resto de la mañana.

De modo que terminó de guardar la compra, puso la lavadora que tenía pendiente e hizo la comida. Mientras en su mente seguía recordando los minutos de aquel primer encuentro, después de todo no había sido para tanto, entonces pensó en el dinero y esto la reconfortó, —¡son mil menos para la matrícula!

Cuando llegó la señora como cada día y la saludó Elaine estaba nerviosa, sentía vergüenza y creía que se había puesto colorada, les sirvió la mesa y ella comió algo en la cocina como cada día, luego retiró los platos y siguió limpiando hasta completar su larga jornada de trabajo.

Aquella noche en su casa estuvo tan animada como la noche anterior, incluso contagió su ánimo a su hijo Ricardo, un día más había pasado y en sus proyectos de futuro: ¡había esperanza!

 

2

Como le había dicho, Wayne salió de viaje al día siguiente y tardó en volver, así Elaine tuvo tiempo de recuperar la normalidad, aunque cada uno de esos días, cuando se encontraba en la cocina sentía aquella sensación especial que le producía el recuerdo de cuando Wayne la folló sobre aquel mármol en el que ahora ella cortaba las verduras.

A la semana justa volvió y aquella tarde como la primer Elaine fue a limpiar su despacho, este la recibió de muy buen humor y hasta le dio dos besos en las mejillas con la excusa del reencuentro.

— Verás Elaine, he comprado algo, ¡un juguete!

Le dijo el señor mientras scaba de detrás de los libros una especie de bastón terminado en una protuberancia redondeada en la punta, unida por un fino vástago flexible al ver como Wayne lo doblaba para enseñárselo.

Vamos Elaine, bájate las bragas y échate sobre el escritorio.

— ¿Pero y la señora? —preguntó nerviosa.

— La señora ha ido a la peluquería y volverá tarde, y los chicos están en sus actividades tras las clases —le repitió a pesar de saber que ella también conocía aquellos detalles.

Obedeció a sus pretensiones y el señor enchufó aquel aparato, y se lo mostró en la mano, apenas se oía un leve zumbido y esta punta de suave goma vibraba al tacto.

— Con esto espero provocarte placer Elaine y hacerte gozar un poco para no ser tan brusco como la otra vez, ¿vale?

No muy convencida Elaine asintió. Entonces Wayne se sentó detrás suyo y empezó a masajear su trasero y su raja con aquel vibrador, haciéndole cosquillas que en un principio la incomodaron y la hicieron menear su culo esquivándolo, pero que finalmente, cuando Wayne la sujetó no tuvo más remedio que sentir y a fe que sentir sintió.

El placer empezó apenas a los pocos minutos de que Wayne se concentrara en su raja, le pasaba la punta de goma por ella, sin posibilidad de penetrarla, pues aquello no era un consolador al uso, demasiado grande y redondeado, pero las vibraciones que le transmitía su punta se propagaban por toda su vagina, incluso su ano y le llegaba hasta la parte alta del pubis, ¡incluso a su ombligo!

Elaine empezó a gemir, sintió que el placer le venía a raudales con aquel simple aparato y ya no pudo parar. Entonces Wayne lo apagó y con su polla erecta la apuntó a su raja y se la paseó de arriba abajo por toda ella pero sin penetrarla.

Se preguntó porqué no se la metía, ansiaba tenerla dentro después del martirio vibratorio al que había sometido a su sexo, se impacientó y comenzó a contonear sensualmente sus caderas.

— ¡Ves como te ha gustado Elaine! —se jactó Wayne—. ¿Quieres que te la meta, verdad? ¡Vamos dilo!

Wayne acompañó esta última orden con una presión de su brazo sobre su cuello que pegó su cara a la mesa de roble donde la había echado.

— ¡Oh si Wayne, méteme tu polla! —afirmó Elaine tratando de ser convincente.

Entonces Wayne cumplió su orden y la atravesó metiéndosela hasta la base en su coño, este se abrió y sus excitados labios besaron el pubis de Wayne con toda su herramienta dentro.

Un gemido escapó de la boca de Elaine, Wayne lo oyó y quedó reconfortado ante la cálida acogida de su polla en aquel coño abrasador. Entonces se aferró a sus caderas y la folló unos instantes con ganas.

Elaine estaba desatada, aquel aparato había encendido la mecha de la pasión, y se revolvió para sorprender a Wayne.

— ¡Sientate! ¡Ahora te quiero follar yo! —le dijo empujándolo.

Wayne obedeció, ella le pasó una pierna por encima levantándola exageradamente para mostrarle obscenamente su coño y consiguió llamar su atención con el simple gesto, entonces agarró su polla y colocándosela en la entrada de su raja se sentó sobre ella.

Wayne le desabrochó el uniforme y se lo sacó por la cabeza, quitándole tras esto el sujetador hasta desnudarla por completo, sus cuerpos se abrazaron entonces y sintieron el calor del contacto de su piel.

Ella comenzó a follarla como le había prometido, flexionando sus rodillas mientras o abrazaba y se sujetaba al respaldo de la silla. Mientras él se aferraba a su hermoso culo mientras le chupaba los pezones alternativamente, los tenía muy largos para lo que Wayne estaba acostumbrado en las mujeres blancas, lo que lo excitó aún más al chuparlos.

Sus cuerpos comenzaron a sudar por el esfuerzo y el calor generado al contacto piel contra piel y en perfecta sincronía al moverse llegó un momento en que se miraron a los ojos y se desearon.

Sus bocas se unieron en un cálido y húmedo beso mientras sus salivas se mezclaban como los jugos de sus sexos más abajo y el beso junto a los movimientos del coito multiplicaron su placer.

Elaine se corrió para sorpresa de Wayne, que al verla moverse convulsionarse encima suyo la aferró con fuerza de la cintura y comenzó a moverse a más velocidad aumentando el ritmo de las penetraciones.

Ella gimió al sentir las contracciones y él la inundó con su esperma desde abajo, finalmente quedaron abrazados, disfrutando de tan íntima unión, sudorosos y muy acaramelados, se dieron un último beso antes de que Elaine lo liberara levantándose.

Como la vez anterior, algo calló de su sexo, ella tomó rápidamente pauñelos de papel de encima de la mesa y tapó el escape a tiempo, luego le dio un puñado a Wayne para que este también se limpiara sin manchar la alfombra que había bajo la silla.

— ¡Ves Elaine, creo que nos vamos a entender bien! —exclamó Wayne dándole una palmada en su trasero desnudo.

— ¡Tal vez Wayne, tal vez! —le sonrió Elaine mientras recuperaba sus ropas y se vestía para salir del despacho.

 

3

Así, los encuentros sexuales entre Wayne y Elaine fueron frecuentes. Y la regla del «por semana» se fue relajando ante el gusto por los encuentros de ambos.

Aunque Wayne también tenía su lado oscuro en asuntos de sexo, todos lo tenemos y poco a poco fue mostrándolo a Elaine, que tuvo que aprender a aguantar una corrida en la boca, aunque luego escupiera el contenido, y también a que la sodomizara, aunque terminó encontrando cierto gusto por esta práctica, no le hacía especial gracia porque le hacía danó. Aún así, Elaine disfrutaba de algunos polvos más que de otros, según lo que le apetecieran a Wayne aquel día.

Pero aquella situación no podía durar para siempre, pues todo cambia, nada permanece en la vida, así que un buen día Wayne la llamó y le dijo que tenían que hablar, que había ocurrido algo. Así que quedaron para la mañana siguiente, cuando la esperaría en su despacho.

Elaine pensó que ya se habría cansado de ella, y casi se resignó a que la dejase, o peor la despidiese. La posibilidad de que la mujer se hubiese enterado también la alteró, pero bueno, fuese lo que fuese tenía que enfrentarse a ello, así que no le quedó más remedio que ir y ver lo que le contaba.

Cuando entró al despacho, tras tocar suavemente pues la puerta estaba cerrada, le sorprendió ver al padre y al hijo allí dentro.

— ¿Nash? —preguntó ella extrañada nada más verlo.

— Verás Elaine, siéntate por favor —le pidió Wayne mostrándole las sillas donde se habían amado más de una vez.

Nerviosa, la criada se sentó y observó a Nash sonriente, de pie junto a su padre, que al igual que ella estaba sentado al otro lado de la mesa.

Verás Elaine, la situación es un poco complicada, antes de nada quiero pedirte comprensión.

— ¿Comprensión porqué Wayne? ¿Y qué pinta Nash aquí hoy?

— Verás Elaine, de eso quería hablarte hoy. Verás Nash y yo hemos hablado sobre ti, él también está de acuerdo conmigo en que tu culo vale su peso en oro. Me ha confesado que se masturba pensando en ti, ya se que eres la madre de su amigo, pero a su edad, ¿te imaginas cuantas hormonas? —rió Wayne.

Mientras a ella no le hacía ninguna gracia su comentario y se preguntaba a donde quería llegar.

— Vamos Wayne, no juegues conmigo, ¡teníamos un acuerdo! —exigió.

— Lo sé Elaine, pero lo que te propongo hoy está fuera del acuerdo, ¿entiendes? Se de la excepcionalidad de lo que te voy a pedir por eso estoy dispuesto a subir tu «gratificación». Te ofrezco dos mil por una sola vez.

 

¡Por favor Waine, no me voy a tirar a tu hijo! —exclamó rotunda.

 

Él ha insistido mucho Elaine, y creo que 2000 por un polvo es más que aceptable, digamos que es mi regalo de graduación para él.

 

Elaine se giró y dejó de mirarlos, le irritaba la sonrisa estúpida del hijo que casi podía desnudarla con la vista.

 

Venga Elaine, si no aceptas, se habrá acabado todo, no podré seguir confiando en ti.

 

¡Wayne! ¿Lo dices en serio? Yo también podría hablar con tu mujer, ¿sabes?

 

Quien sabe —intervino Nash—, a lo mejor Ricardo se entera que te tiras a mi padre por dinero, no por mi claro, tengo amigos —afirmó.

 

 

Elaine tembló al oír aquellas palabras, ella estaba más cogida que aquellos dos hijos de puta. Ahora veía claramente su error, se había dejado cegar por el dinero, pero hoy su mente veía clara la respuesta, ¡no debía haber aceptado!

 

El hijo follaba como el padre, le gustaba hacerlo por detrás. Mientras Elaine aguantaba sus embestidas sobre la mesa, Wayne miraba complacido la escena, era el pacto al que habían llegado tras una tensa negociación, lo haría sólo una vez, por dos mil y si hijo nunca debía enterarse.

— Venga hijo ahora es mi turno —dijo Wayne tocándole en el hombro.

— ¡Cómo, también me lo vas a hacer tú! —exclamó Elaine girándose.

— ¡Claro que se Elaine, qué ha cambiado entre nosotros! Seguimos con nuestro acuerdo, ¿no? Me ha puesto muy cachondo verte follar con mi hijo y quiero probar tu trasero.

A Elaine no le quedó otra que transigir, el aceite corrió por su culo y el dedo de Waine hizo el resto, no le gustaba especialmente, pero tuvo que claudicar a sus pretensiones. Su ano se dilató ante las penetraciones de la polla de Waine, y mientras ella soportaba el martirio echada sobre la mesa, decidieron cambiar las tornas, y que ahora ella cabalgase a Nash encima suyo, para lo que él se tumbó en la mesa y esta se encaramó clavándose su polla.

Tuvo que fingir que lo follaba con gusto mientras este le chupaba las tetas y le pellizcaba los pezones torpemente haciéndole daño varias veces. Pero no dijo nada.

— Venga cariño, ahora sentiras toda la sangre de nuestra familia dentro de ti —le susuró al oído el padre colocándose detrás de ella mientras le apuntaba su verga en el culo.

— ¡No Wayne, eso no! —gritó Elaine.

Pero fue inútil, Wayne la agarró con fuerza del cuello y la echó hacia adelante, se colocó detrás suyo y metió su polla en su ya dilatado ano.

Tras esto ambos la follaron, cada uno por un lado y Elaine sintió lo que es que te den por el culo al tiempo que lo hacen por el coño.

Resignada deseó que todo aquello acabase cuanto antes, pero esta vez no fue rápido, primero se corrió el hijo, ella sintió su leche dentro, pero Waine tardó más, mientras tanto Nash siguió besándole las tetas y pellizcándole el culo.

Cuando llegó a casa esa noche se duchó y sus lágrimas se mezclaron con el agua mientras resbalaban hasta caer al sumidero para perderse por las cañerías.

En aquellos momentos, deseó ser como el agua, deslizarse por la cañería, ir a parar al río y terminar en el infinito mar. Sus decisiones la habían llevado hasta allí, ella era plenamente consciente de ello.

Pensó en dejar la casa de los Clayton, hasta pensó en volverse a su país y abandonarlo todo con su hijo, pero ¿qué le diría? En su país había miseria y no deseaba aquello para Ricardo, así que al menos pensó en quedarse en Estados Unidos, donde habría más oportunidades para ambos.

Tras aquel día no volvió a la casa de los Clayton, se marchó y se fue a otro estado donde vivía una prima suya y comenzó de nuevo. Volvió a trabajar y Ricardo también encontró trabajo.

Aquel amargo trago pasó, hasta que sólo fue un recuerdo a evitar en su memoria, y la fortuna le sonrió, conoció a un dominicano al que le iban bien los negocios un año después, y se casó. Éste ayudó a pagar los estudios de Ricardo y llegó el día en que se licenció en medicina.

Elaine, lloró, entonces se acordó de lo que había pasado hasta llegar allí, pero la alegría impidió que el recuerdo le afectase.

 

Para terminar: Queridos amigos, creo que la nueva serie está arrancando con fuerza, como ya no recordaba así que lo justo es decir: ¡Grácias!

Como siempre aprovecho para recordaros que la que probablemente haya sido mi mejor novela está publicada en amazon y sus primeros capítulos en mi perfil en todorelatos.com: Memorias - Entre el pasado y el presente - (http://www.todorelatos.com/perfil/6632/)

La novela consta de 25 capítulos y es la más larga y compleja que he escrito, como me decía una lectora: "No se qué hace especial a Memorias. Lo que a priori puedo decir es lo que me gusta de ella, que creo que es, en su conjunto, lo que hace especial a la novela.

Me gusta, en primer lugar esa relación de hermanos que, siendo normal en un principio, se vuelve más afectuosa y llena de complicidad. Junto a ello aprecio el vencimiento de los tabúes, especialmente por parte de los padres. Sin duda el estilo en que está escrito es notable y de calidad. Pero, ante todo, adoro la historia paralela de Adam en la que corre numerosas aventuras que, en momentos, llegan a abrumarle y que no ofrece una visión al pasado, además de su influencia en la trama de los hermanos."

La podéis encontrar en:

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También os invito a visitar mi blog para conocer más de mi y de mis historías, tanto las escritas como las personales: http://zorro-blanco2003.blogspot.com.es/


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