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Fecha: 16-Oct-16 « Anterior | Siguiente » en Sexo con maduras

Mi cuñada – 5

Sorprenderme
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Rompiendo el pacto con mi cuñada. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

La despedida con Rosalía y Seve fue sugestiva y prometedora. Ya vestidos me despedí también de Marcelo y Rexina. Que su estado de humor lo veía totalmente cambiado. Me hubiera quedado a intentar algo con Rexina, pero a la mañana siguiente me tocaba ir al aeropuerto a por mi hermano y no quería fallarle. Me marche encantado de la vida. Todo había salido perfecto y seguro que habría más, me lo decía la cara de los dos, pero sobre todo la de Rosalía. Cuando llegue a la casa no hice nada de ruido, no por mi cuñada que no me importaría encontrarla despierta, lo hice por el niño. Fui al cuarto de baño y luego a mi habitación. Cerré la puerta y encendí la luz. Encima de la cama había un folio con algo escrito en rotulador negro. Era una nota de mi cuñada avisándome de que no tenía que ir a recoger a Ignacio que su regreso se retrasaba 24 horas por culpa del trabajo. La maldije porque me podía haber llamado por teléfono y no me hubiera vuelta tan rápido. Mañana me vengaría de alguna manera. Todo el día para tenerla a tiro.

No me puse ninguna alarma y ya me levantaría. Lo hice bien entrada la mañana y una vez me bajé a desayunar a la cocina, no se oía ni un ruido, comprobando que no había nadie en casa, ni el cochecito del niño. Di por sentado que mi cuñada había ido a comprar el pan. Estaba terminando de desayunar cuando oí la llegada de un coche y que pitaban. Me asome y era una pareja, que no conocía de nada. Me acerqué a la verja de entrada, preguntaron por Paula y les dije que no estaba. Se bajó la mujer que iba de acompañante y me dijo que era Sarita la prima de Paula, para mí no quería decir nada porque no la conocía y porque nadie me había dicho que iba a venir. Se abrió otra puerta del coche y bajo una señora más mayor, a la que si reconocí era la madre de Paula. Ahora si abrí la cancela para que pudieran meter el coche. El día ya no iba a ser como yo creía. Mientras hablábamos vimos llegar a Paula, que venía empujando el cochecito del niño y con varias bolsas. Estaba muy guapa esa mañana y vestía muy provocativa. A la hora de comer apareció una amiga que vivía cerquita y venía a comer también. Esta mujer si me llamo la atención y mucho. Se la veía un poco mayor que mi cuñada, pero físicamente estaba mejor que ella. Tal vez un poco rellenita, aunque lo disimulaba muy bien con un jersey que le quedaba grande, lo que no evitaba que se notara que tenía un buen pecho, bastante más grande que el de Paula. Vino y no hizo falta que me la presentaran, ella misma me dijo que había oído hablar mucho de mí y que ya era hora de conocernos, que ella se llamaba Olalla. No podía negar que era gallega su acento no se podía ocultar. Pero lo más importante es que era una mujer divertida, de esas que su presencia alegran desde el primer momento. Provocadora, bromista. Era alta y de momento dos cosas llamaban la atención de su físico, porque el resto con esa ropa ancha era difícil poder estar seguro. Eran sus labios que eran muy prominentes y su mirada que era potente.

La comida era abundante, yo comí hasta no poder más. Y la madre de Paula le insistía a Olalla para que comiera más, pero ella le contesto que no, que tenía que ponerse a dieta, que con lo del embarazo ya estaba como un globo. Ahora entendía porque estaba rellenita. Sonó el móvil de Paula y como yo estaba más cerca lo cogí y se lo pasé, pude ver que era Rosalía. Hablaron pocos segundos y mi cuñada le dijo que estaba con mucha gente que por la noche la llamaría. A mitad de tarde se marcharon la madre de mi cuñada, con su prima y su marido. Quedándonos solos Paula, Olalla y yo. Era el momento de perderme y dejarlas solas, dije que me iba a estudiar. Mi vocación de espía me decía que no me fuera muy lejos. Y me quede en la parte de arriba de las escaleras donde podía oírlas estupendamente.

La conversación tiraba más al aburrimiento que a otra cosa. Todo cambio cuando hablaron del marido de ella, que como decía que era muy bruto, llevaban más de un mes sin hacer nada completo por temor a hacerla daño. Paula riéndose le decía que, si es que la tenía tan grande, Olalla le contesto que muy normalita, las dos hablaban entre risas. Le preguntaba a Paula si ella cuando estuvo embarazada le paso lo mismo. Paula ante mi asombro le dijo, que su único problema fue que estuvo muy salida todo el embarazo y con ganas de marcha a todas horas, pero que Ignacio tampoco era de fuegos artificiales. No paraban las risas de las dos. Para mas asombro mío Olalla le dijo a mi cuñada, que no se podía quejar porque ahora tenía a un bomboncito en casa, que no se parecía a Ignacio y ahora viene lo más asombroso, cuando le dijo y amiga, menudo paquetón se gasta. Como mi cuñada se quedó callada, Olalla le dijo, te das cuenta como estoy, me paso todo el día igual. Nada más pienso en lo mismo. Fíjate que para convencerle le he dicho que si tanto miedo tenia de hacerme daño, lo podíamos intentar por detrás, pero ni con esas. Pues si en su día le llego a decir eso yo a Ignacio, ya no lo haría por otro sitio, que mira que está empeñado. Por la siguiente parte de la conversación me di cuenta de que eran muy amigas, porque Olalla sabía demasiado de mi cuñada. Pero Ignacio sigue empeñado en lo mismo. Mi cuñada sin dudarlo le dijo que cada vez más, que estaba empeñado en verla con otro. Y que le compro una cosa que no sabe cómo se llama exactamente, que es para el culito, para que me imagine que me lo hacen dos. Pues dale el capricho, líate con uno. Ya quisiera yo que el mío me lo propusiese. Que ya se yo lo que buscaría. Entre risas mi cuñada le pregunto que cual era su tipo. Olalla le dijo uno bastante más joven, que tenga mucho aguante y con una buena polla.

La respuesta de Paula fue que si son muy jóvenes les falta experiencia y muy graciosamente Olalla le dijo, que eso era mejor que así ella lo enseñaría a su gusto. Partiéndose las dos de risa. Paula le dijo que todo eso lo decía por decir y ahora Olalla le dijo que, si se acordaba del carpintero, mi cuñada dijo si y ella le contesto, si ahora estuviera haciéndome la obra, ya me lo hubiera trajinado, que no veas como estoy. Paula en broma le decía que le estaba empezando a preocupar, que al final le tendría que dejar su vibrador y Olalla le decía que ella necesitaba algo más que una cosa tan fría. Ya se marchaba y mi cuñada dijo que me iba a visar, me metí rápido en la habitación y llego mi cuñada para decirme que Olalla se marchaba, dije que bajaba ahora mismo. Me toque un poco el rabo por encima del pantalón para que se me notara más y baje a despedirme. Olalla miro varias veces con disimulo, me ofrecí a ir con ella hasta su casa porque estaba ya muy oscuro y ella dijo que no me preocupara que allí nunca pasaba nada.

Cenamos prácticamente en silencio. Había mucha tensión. Estuvimos luego viendo un poco la televisión y no quise estropear la noche. Me fui a dormir. Yo sabía que una vez que el niño estuviera acostado ella se subiría a su habitación, por si pasaba algo poder oírlo. Yo para irme a dormir tan pronto, había puesto la excusa de que había dormido poco y que al día siguiente tenía que madrugar para ir por Ignacio. Estuve muy pendiente de todos los ruidos, según los oía sabía todo lo que estaba haciendo Paula. Los últimos sonidos ya fueron arriba, cundo iba a su baño, luego iba a la habitación del niño y de seguido se metía en la cama. Abrí la puerta y se oía una música muy suave, música instrumental. Yo esperaba que ella sacara su vibrador, o simplemente que se hiciera algo. Escuchaba sin salir de la habitación, no quería ser pillado, lo haría si oyera que estaba utilizando algo. Oía como si pasaran páginas, me acorde de que tenía un libro en la mesilla de noche. Desistí y me metí en la cama, hasta que oí el sonido de un móvil, salte de la cama y fui a la puerta.

Era su amiga Rosalía, ahora si me puse donde siempre, la puerta estaba más abierta que de costumbre. Tenía por medio del espejo una visión perfecta de mi cuñada, estaba tapada. Deduje que Rosalía le estaba contando todo lo de la noche anterior. Mi cuñada le preguntaba detalles, por lo que decía mi cuñada suponía lo que la otra le contaba. Le debió decir que mi rabo era muy grande, porque Paula le decía que ya sería menos. Luego con una sonrisa nerviosa Paula le decía como los iba a tener como un miura, que no viera tanto los toros, que luego mira lo que pasa. Paula le preguntaba la edad del chaval y Rosalía le debía de decir que muy joven. Paula con cierta gracia le decía que por lo menos que sea mayor de edad. Mi cuñada soltaba algunos no con interrogante, como poniendo en duda algo. Para luego añadir que barbaridad. La situación se estaba poniendo bien, porque mi cuñada dio unas patadas a la ropa y se la quitó de encima. Empezó a tocarse de una forma lenta, escuchando y apenas hablaba. Paula le pregunto si a Seve eso le había gustado. Después de escuchar un rato y tocándose con más ganas, oí a mi cuñada decir, quien lo diría, pero si le gusto, pues aprovechar. Ese momento tan glorioso se cortó cuando sonó el teléfono fijo, mi cuñada dijo será Ignacio, ahora te llamo yo. Me cabree con mi hermano.

Paula decía, si es que estaba hablando con Rosalía. Se quedaba callada y quien más hablaba era mi hermano, ella decía que no, que yo podía levantarme, que no fuera pesado, para acabar diciendo que con ese teléfono no se podía, que recordara que altavoz solo tenía el móvil y que estaban con el fijo. Paula al final cedió en lo que fuera, le dijo, pero solo un ratito. Me quedé despistado cuando oí como colgaba el teléfono. Empecé a recular para irme a mi habitación cuando sonó el móvil. Me pare y volví a mi sitio. Ella puso el altavoz del móvil y note como bajaba el volumen, pero se podía oír. Mi hermano empezó más fuerte que otras noches, le contaba situaciones con Seve y Marcelo, pero también en otras que me metía a mí. Mi cuñada al final entro en su juego. Cuando mi hermano oyó que ella le decía que no parase, le dijo que se levantara y cogiera sus cosas. Ella rápido se levantó y cogió dos cosas. Al momento se oía una pequeña vibración. Él iba indicándole con todo lujo de detalles lo que tenía que hacer y lo que se suponía que le hacían a ella sus ficticios amantes. Mi rabo me dolía ya del empalme que tenía. Estaba decidido a follarme a mi cuñada hoy, ahora, en ese justo momento.

Me levante de la posición en la que estaba, me desnude completamente dejando mi pijama en el suelo, mientras seguía oyendo a mi hermano y a mi cuñada. Estuve un momento parado sin saber qué hacer, me entro indecisión, pero me llene de atrevimiento y entre en la habitación con paso decidido. Paula cuando me vio se quedó retraída, la mano que tenía tocándose el clítoris se paró automáticamente. Lo único que no cambio fue mi hermano que seguía hablando ignorando lo que sucedía. Yo lleve mi mano a la mano de mi cuñada, que tenía metido el vibrador, un trozo, dentro de su coño, cuando toque su mano la moví dándole a entender de que siguiera y así paso ella continuo con cierta timidez y sin dejar de mirarme. Tenía los pezones marrón oscuros y totalmente duros, pase mi lengua por uno de ellos y ella apretó mi cabeza contra él, metiéndomelo en la boca. Ahora gemía mas. Mi hermano le decía que se imaginase que la estaban penetrando y mientras ella se comía otra polla, ella decía que sí, que sería fabuloso y mi hermano le dijo que chupara un consolador mientras tenía otro en el coño. Me levante y como estaba puse mi rabo a la altura de la boca de mi cuñada, que se veía que tenía ganas, pero por lo que sea no se atrevía a dar el paso, yo sabía que si la ponía en sus labios lo haría, pero quería que esa decisión la tomara solo ella.

Mi hermano le decía que no le oía chuparla y le dijo vamos puta comete esa polla mientras te follo, que lo estas deseando. Ya no hubo más problema, mi cuñada la agarro bien con una mano y se la llevo a la boca, haciendo todo tipo de ruidos y mie hermano diciéndole lo bien que lo hacía. Mientras yo acariciaba esos pezones tan duros sintiendo como ella se movía. Paula se la metía en la boca y con sus manos acariciaba mis testículos, era como si los sopesara, pero eran unas caricias que me hacia estremecerme. Ella ahora abrió los ojos, porque hasta entonces los tuvo cerrados y me miraba, oímos como mi hermano se corría llamándola puta. Mi hermano le pregunto si se había corrido y ella le dijo que sí. Ignacio le decía que había sido de los mejores polvos que habían tenido por teléfono y ella le daba la razón sin dejar de hacerme una paja. Fue cuando le dijo que tenía muchas ganas de que fuese realidad, porque mientras ella se comía otra polla él le estrenaría el culo y ella enseguida le dijo que eso era más difícil que no se ilusionase. Mi hermano que es algunas veces pesadito, le decía que era cuestión de que se pusiese más a menudo el aparatito dilatador que la compro y ella le dijo que era muy incómodo, que si él se ponía otro lo mismo se lo pensaba. Luego le dijo que era muy tarde y que se iba a dormir, que el niño él ya sabía que era muy madrugador.

Yo creía que se había terminado todo, pero colgó y se aseguró de que estuviera bien colgado. Me miro y me dijo que ya la tenía harta. Me tumbe junto a ella y nos besamos, como sabía cuál era su posición porque lo había visto otras noches, la hice tumbarse boca abajo y luego me tumbe encima de ella. Poco tardo mi rabo en encontrar el camino y empezar a entrar, Paula decía que Rosalía tenía razón, que notaba como ensanchaba, que era un placer. Que fuera más fuerte que le gustaba sentir los cojones dándole, que la ponía muy marrana. Se metió una mano por debajo de ella y se tocaba mientras yo me la follaba, era como una lagartija moviendo todo su cuerpo. Menudo pedazo de polla tienes cuñadito. Lo decía muy sugerente, excitada. Me di cuenta que, en vez de llamarme por mi nombre, le debía excitar llamarme cuñadito, porque no paraba de decirlo. Cuñadito chúpate bien un dedo y yo me pregunte que tenia de excitante eso. Paula volvió a insistir y me dijo que una vez que lo tuviera bien mojado que se lo metiera en su culito, pero con suavidad. Cuando empecé a meter mi dedito, lo hacía con mucho cuidado y muy despacito, ella me dijo cuñadito más deprisa, te queda mucho por aprender. Se lo metí con más decisión y entonces exploto en un orgasmo tan fuerte, que el niño se despertó. Me quise quitar y ella me dijo que no me preocupase que se dormiría. Me dijo que me levantase y yo seguía con mi rabo empalmado, ella me agarro de un carrillo de la cara y me dijo que tenía mucha potencia y que no era egoísta como Ignacio. Me dijo que me tumbara, ella me dio como un consolador finito, me dio la espalda y se sentó sobre mi rabo. Se movía con rapidez para luego bajar el ritmo y así una y otra vez, me dijo ahora métemelo por el culo, y no utilizo la palabra culito, estaba demasiado eufórica, lo metía y ella se movía más lento hasta que llego al tope, estaba desenfrenada, tanto lo vi que le dije cuñadita eres muy puta, tendré que follarte todos los días, ella en vez de disgustarse o algo parecido, se limitó a decir con mucho énfasis que sí, que todos los días follaríamos. Que era verdad que era una puta reprimida, pero que ya no sería reprimida y que su cuñadito la haría cada día más puta.

Esto también provoco en mí una excitación suprema. Ya entramos en una espiral de insultos, procacidades, habíamos perdido todo el respeto o decoro. Pero no me hacía sentir mal, todo lo contrario, y por lo que veía a ella tampoco. Le dije con total decisión que ese culazo de puta que tenía lo iba a desvirgar mi rabo, se empezó a correr y a decir un si intenso. No sabía si era que si a lo de desvirgar su culo o a él orgasmo que estaba teniendo, en ese momento tampoco me preocupo mucho porque empecé a correrme antes de que ella hubiera acabado. El niño volvió a despertar, ella se levantó y fue a la habitación, le dijo unas tonterías y se calló. Cuando estaba de vuelta, se paró en la puerta de la habitación y miraba muy seria.

Paula - ¿Sabes lo que hemos hecho?

Yo – Claro que lo sé.

Paula – No, no lo sabes, no lo has pensado bien.

Yo – Si lo que quieres preguntarme es si tengo algún remordimiento, no, no tengo ninguno.

Ella se vino a la cama, se tumbó a mi lado y cuando iba a hablar me tapo la boca, me miraba con demasiada intensidad. Me miraba de tal manera que me intrigaba, no sabía que estaría pensando.

Paula – Pues si tú no tienes remordimientos y yo después de pensarlo tampoco los tengo. ¿Ahora qué?

Yo – Pues lo que te he dicho antes en plena faena. Que te voy a follar a todas horas y por todos los sitios.

Paula – Te veo capaz. Pero hay que guardar las formas, no quiero historias con tu hermano. Que, si se enterase, no sé qué pasaría.

Yo – Paula os he estado espiando mucho tiempo. Sé cómo le pone a mi hermano que seas una puta, que sus amigos se exciten contigo. Que, aunque diga solo que es por excitaros y aunque no quiera reconocerlo está loco por verte follar con otro. Tu sabes que no me equivoco.

Paula – Me tendría que enfadar por habernos espiado, pero a estas alturas sería una tontería. Te pregunto, ¿tanto se le nota a tu hermano que quiere eso?

Yo – Por lo poco que he visto y oído sí, pero quien lo tiene que tener más claro eres tú.

Paula – Si, yo lo tengo clarísimo.

Yo – Y como le ha dado por ahí.

Paula – Primero por no poder tener hijos. Tenía el esperma vago y hubo que ponerse a tratamiento, por eso el niño vino tan tarde. Luego tuvo varios gatillazos. En fin, todo eso le llevo a sentir que ya no era como antes y una cosa llevo a la otra. El caso que con esas cosas se excita más y el resto ya lo sabes, si has estado espiando.

Yo – Y lo del empeño de hacértelo por detrás.

Paula – Un paso más hacia lo que él quiere, porque en el momento que lo consiga no parara hasta verme con otro mientras él me lo hace por ahí.

Yo – Pero entonces tu no quieres por eso o por otras cosas.

Paula – Eres muy preguntón. Pero curiosidad tengo. Casi todas mis amigas lo hacen por detrás y no les disgusta, bueno a tu amiga Rosalía le encanta que le hagan una doble penetración.

Yo – Pues si quieres yo sacio tu curiosidad. ¿Te apetece?

Paula – Eres un geta, descarado, un granuja. No te basta con haberle puesto los cuernos a tu hermano. Ahora pretendes que yo te entregue mi culito para que lo desvirgues y te quedas tan tranquilo.

Yo – Todo muy bonito, pero eso no es una contestación.

Paula – Pues que sepas, que sí, que tu serás el primero, pero cuando yo esté preparada, con tiempo y que nadie nos moleste, pero ya te lo aviso, marcando yo los tiempos, que con esa polla la cosa puede ser dura. Y ahora a dormir, que tu mañana tienes que madrugar para recoger a tu hermano y yo para ventilar y arreglar la habitación.

Hice el amago de levantarme para irme a mi habitación y mi cuñada me dijo que, aunque no fuéramos a hacer nada que me quedara, que no le gusta dormir sola. Me volví a tumbar y apago la luz. Hizo como veía que, hacia otras noches, se puso de costado. Yo dude un poco, pero me acerque a ella y la abrace. Me dijo buenas noches y nos quedamos así abrazados. Sentí como mi rabo con ese calorcito de estar pegada a ella, volvía a empalmarse. No me moví y entonces ella, me dijo cuñadito, enséñala bien el camino que se va para otro sitio y todavía no es el día, la coloqué mejor y se la fui metiendo en su coño. Vamos cuñadito ahora que no te den reparos, sin nada de piedad. Perdimos la noción del tiempo y de las corridas. Ella me despertó muy alterada, nos habíamos dormido, yo me había dejado mi móvil con las alarmas en mi habitación. Tuve que salir lanzado sin desayunar para no llegar tarde al aeropuerto.


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