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Fecha: 19-Oct-16 « Anterior | Siguiente » en Sexo con maduras

Conociendo a Larisa.

CARTUZ
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Seduciendo a una mujer que sabe que la deseas y que ella se resiste. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

LARISA, es simplemente una mujer argentina deslumbrante, ese tipo de mujeres que por donde pasan caminado llaman poderosamente la atención de todo el mundo, sin excepciones, tanto de mujeres como de hombres. ¿Su poder…? tiene un encanto natural.

 

 

Regresé tarde del hotel y caí rendido en la cama. Oigo sonar mi móvil, pero como en la lejanía. Abro los ojos lo busco, pero no lo encuentro, hasta que me doy cuenta de que lo tengo en el pantalón, cuando lo cojo, para de sonar, me fijo en el número y no es de nadie conocido. Por lo que lo dejo y sin mirar más me vuelvo a tumbar, cuando estoy cerquita de volver a dormirme, vuelve a sonar. Una voz alta, hablándome rápido, no caigo quien puede ser, hasta que oigo unas expresiones típicas de argentina y es cuando me dice que es Dacio. Ahora si me despejo del todo, abro bien los ojos y veo que son nada más las 9,30 de la mañana. No sé ni que decir, pero poco me falto para mandarlo a la mierda. Le pregunto si es que ha pasado algo y el con voz alegre me dice que me invitan a una parrillada que hacen en su casa. Que van más paisanos, que me anime. Le digo que espere un momento y le pido que me deletree la dirección para poder escribirla, así lo hace y quedamos que estaría allí a las 12,00. Volví a tumbarme, pero ya no pude conciliar el sueño. Me levanté y me metí en la bañera, que tenía hidromasaje. Estuve cerca de una hora y me quedé como nuevo. Fue cuando me di cuenta de que no había preguntado si había que llevar algo.

            Estuve dando vueltas a la cabeza y no sabía el que podía llevar, además no sabía dónde podía comprar el domingo algo, yo no conocía la ciudad. Me vestí y baje a la recepción, con mi ingles me logre entender y me indicaron un sitio que estaría abierto. Como no estaba lejos fui andando, hice lo más socorrido si era una parrillada compré vino tinto español. Regresé a mi apartamento, me puse de sport y me puse ropa de abrigo, porque el día apuntaba frio, frio. No entendía como a alguien con esa temperatura y con el cielo amenazando lluvia, se le había ocurrido hacer una parrillada. A las 11,30 fui otra vez a la recepción y me llamaron a un taxi. Cuando llego le enseñe la dirección que tenía en el papel y arranco para llevarme. Vi que salíamos de la ciudad y fue cuando pensé que como no había mirado donde estaba el lugar que me habían dicho. Estaba bien a las afueras de la ciudad. Llegamos tres cuartos de hora después al sitio. Llegue tarde, pero había sido una torpeza mía por no preguntar. Era una casa de dos plantas, antigua, pero se veía que estaba reformada. Cuando llame salió Dacio a recibirme y me hizo pasar. Dentro de la casa hacía mucho calor. Me presentaron a cinco parejas más, tres mujeres solas y un hombre solo. Todos de habla española. Pero a excepción de los anfitriones, dos parejas más y una de las mujeres solas, el resto éramos españoles. Todos fueron muy amables en su recibimiento y era como si fuéramos amigos de toda la vida. Era una sensación rara, en España no me había ocurrido eso nunca, lo achaque al subconsciente, como si fuera una defensa en un país extraño.

            Como no podía ser de otra manera me fije en Larisa. Que estaba con un pantalón fino, muy ajustado en su culo. Que hacía que se pudiese ver una forma muy bonita. Distinguiéndose muy bien sus dos nalgas separadas por el pantalón tan prieto. Nuestras miradas se volvieron a cruzar y me di cuenta de que había química. La hubiera seducido allí mismo, por no decir que me la hubiera follado en ese mismo momento. Las edades eran diversas, a excepción de la mujer sola que no era española y yo, que seriamos de la misma edad, todos los demás eran mayores que nosotros. Pasamos a otra zona, que era un porche, pero que tenía cristaleras imagino que para ese tiempo. Donde había la típica barbacoa de toda la vida. Así que daba igual el frio y la lluvia. Se oía mucho ruido en un lado de la casa, fue cuando me dijeron que eran los hijos e hijas de varias de las parejas. Fue cuando me entere que Dacio y Larisa tenían dos hijos pequeños, que se habían quedado en Argentina, esperando si se quedaban allí definitivamente o que pasaba. Porque la intención de ellos era ir a Italia o España. Él era químico, ella era pediatra, pero no le reconocían la especialidad porque le faltaban algún documento o algo así. Por lo que no trabajaba y se aburría, no gustándole tampoco el clima.

            Al rato no sé cómo, pero estábamos Larisa y yo hablando apartado de los demás, que estaban en la barbacoa empezando a preparar todo. Rezumaba alegría, pasión, vitalidad y gesticulaba mucho al hablar, llegando a tocarme de manera desenfadada una rodilla, una mano, lo que producía en mí una descarga eléctrica, que recorría todo mi cuerpo. Tenía que controlarme mucho para no meter la pata, algo posible en esas circunstancias, quería asegurarme que las “señales” que recibía eran las correctas. Otra cosa que me llamaba la atención de ella, era el par de tetas que tenía, grandes y muy colocadas, no tenían pintan de estar caídas, a pesar de haber tenido dos hijos. Su manera de mirar era directa, aguantaba mi mirada como yo la suya. Para mí no existía en esos momentos nadie más, ni me fije en las otras mujeres, me tenía eclipsado.

            Nos avisaron para comer, apareciendo a la vez varios críos, que por lo que se ve estaban hambrientos. Durante la comida que prácticamente la hicimos de pie, estuvimos hablando de todo y fue hasta ese momento la vez que bebí más alcohol, ya que el vino entraba bien. Una vez que terminamos y como no llovía, los niños salieron al exterior a jugar y nosotros recogimos todo. Una vez sentados y algunos fumando, Dacio dijo que él había hecho la parrillada que a alguna le tocaba hacer el mate, refiriéndose a su mujer. Ella se levantó y con una amplia sonrisa miro hacia donde estaban dos mujeres y les dijo que ella lo hacía pero que necesitaba alguna voluntaria. Todas y todos contestaron que el nuevo, que así ve cono se hace. Yo haciéndome el resignado me levanté y gesticulando con mis manos que tranquilidad dije que ya iba. Pero la verdad que iba muy contento. Ella ya se había ido mientras se metían conmigo. Cuando llegue a la cocina, que era muy amplia, ella estaba de espaldas a la puerta. Me limite a mirar sin hacer ruido y sin decir nada, ella se agacho un poco abrió un armario y saco como unas tazas que parecían de plata, estaban personalizadas con sus nombres y luego como unas pajitas de aluminio de colores. Cuando se agacho, el culo se notó mucho mejor, era una forma perfecta. En ese momento ella se dio cuenta de mi presencia e imagino que se debió dar cuenta de la cara de tonto que yo tenía y muy dulcemente, con esa sonrisa que hipnotizaba me dijo… “No te quedes ahí mirándome, ayuda a una mujer necesitada” o algo así. Porque sé que no escuche bien lo que dijo, no puedo disculparme diciendo que fue el vino, no. Fui yo solito o mis instintos primarios equivocados. Me acerque por detrás de ella, que, al estar con todos esos objetos, su culo que do un poquito respingón y no me lo pensé, me pegue a ese culo como si fuera una lapa y con la erección que llevaba se debió notar perfectamente. Ella con tota la tranquilidad y parsimonia del mundo, se dio la vuelta y menudo guantazo, por no decir ostión, me soltó con la mano abierta.

                Debió de utilizar toda la fuerza de la que era capaz, la peor parte se la llevo mi oído, que lo pilló de lleno. Otras veces cuando me he equivocado, siempre me han dicho… te has pasado, que te has creído, me has decepcionado… pero ella no dijo absolutamente nada, después del guantazo y con una mirada de enfado, se dio la vuelta y siguió a lo suyo. Yo me fui al aseo y me quedé allí un rato, entre otras cosas porque se notaban en mi cara perfectamente los dedos. Eso sí, mi oído era un continuo zumbido. Me nudo cortazo, ahora solo pensaba que hacer. Porque en otras circunstancias me iría tranquilamente, pero allí no tenía ni idea donde pillar un taxi. Cuando regresé donde estaban todos, uno de los que estaban allí me dio un mate de esos, lo probé y estaba muy amargo, pero no dije nada. Larisa le dijo a su marido… “Parece que a tu compañero Carlos, no le gusta el mate” y Dacio con cara extraña le decía a su mujer… “Que ya te lo he dicho, que no somos compañeros, que nos conocimos ayer… QUE PESADA” yo ya estaba deseando irme y no aguante más dije si me podían pedir un taxi. Me dijeron todos que me costaría más que el de antes seguro, que me esperara que algunos de ellos me acercaban. Pero insistí en irme y Larisa se levantó, al rato vino y me dijo que en unos diez minutos el taxi estaría allí. Fui poniéndome la ropa de abrigo y despidiéndome de todos los presentes, que me animaron a ir al bar que me dijo el día anterior dacio. Uno me dio una tarjeta del famoso bar. Todas las mujeres me dieron dos besos. Dacio me dijo que no saliera todavía, que me esperase a que llegara el taxi, pero dije que así tomaba un poco el aire y le di la mano a él despidiéndome, de ella que me acompaño a la puerta me despedí de la misma manera, dándole la mano. Quiso decir algo, pero me di la vuelta y salí a esperar el taxi, que no tardo nada en llegar.

            Me supo mal, pero sabía que no nos volveríamos a ver, por eso me quede un poco más tranquilo. Pero la verdad que mereció la pena, menudo culo más duro que tenía. Mi cabeza ya estaba en Barcelona, disfrutando de la cena de navidad de la empresa y de la del departamento. Yo trabajaba a toda marcha para acabar cuanto antes y poder regresar a España. Era miércoles ya habían pasado varios días desde la parrillada. Fui a una cafetería que había próxima a la central. Necesitaba despejarme un poco, me encontraba bloqueado con un problema en el proyecto. Cuando iba a entrar en la cafetería me tocaron en el hombro, me giré y tuve que tragar saliva, era Larisa. Que con cara de extrañeza me pregunto…

- ¿Qué haces tú por aquí?

-Pues en un principio tratar de tomar un café.

-Lo decía porque estas lejos del trabajo, que pasa, que hoy… ¿Has decidido tomar vacaciones? (ahora el que puso cara de no entender nada fui yo)

- ¿Lejos del trabajo? Si mi trabajo está ahí. (Señalándole el edificio)

-Entonces… ¿Es verdad que no trabajas con Dacio?

-Pues no.

-Entonces… ¿Tampoco os conocíais?

-Pues otra vez NO. Nos conocimos el otro día. (Su cara fue de seriedad extrema)

-La he liado bien.

-Digo yo, porque no entramos a la cafetería que estaremos mejor que aquí en la calle y me explicas de que va todo esto. Porque no entiendo nada. (Entrando en la cafetería, nos sentamos en una mesa apartada) M has dejado intrigado, cuéntame.

-Antes, ¿Te puedo hacer una pregunta?

-Hazla.

-Lo que paso, ¿Por qué lo hiciste?

-Francamente, porque estas muy buena, tienes un culo para pecar y no me pude contener, pero es que pensaba que tu… vamos que no te importaría.

-Sí que eres claro y directo. Entonces… ¿Nadie te dijo que hicieras nada?

-Ahora soy yo quien te pregunta, ¿Quién se supone que me tenía que decir algo y que era lo que me tenía que decir que hiciera? (Ella se sonrojo mucho)

-Dacio que siempre esta con sus locuras, pero desde que está aquí y como nadie nos conoce, esas locuras han ido en aumento y pensé… que erais compañeros de trabajo, que os habías puesto de acuerdo y habíais tramado todo. (Lo dijo sin decir nada en concreto y algo nerviosa)

-De todo esto que me acabas de decir para no decirme nada, debo suponer que lo que me has querido decir es que, tu marido está empeñado o tiene la fantasía de verte follar con otro y… (Me corto)

-Psshhhh… habla más bajo que te pueden oír. (Ahora ya no estaba sonrojada, estaba roja como un tomate)

- Pero ¿Quién nos va a entender aquí?

-Bueno, da igual, habla más bajo y se un poco más discreto al decir ciertas cosas.

-Pero… ¿Me he equivocado en algo de lo que he dicho?

-NO, no te has equivocado y por lo que veo tampoco te ha extrañado o sorprendido.

-Si te refieres a que un marido quiera ver a su mujer… para que no te enfades ya sabes como la quiere ver. No me pilla de nuevas, es algo más normal de lo que crees, solo tienes que mirar en internet.

-Ya lo hice, pero siempre pensé que no era verdad. Es que no lo puedo llegar a entender, se escapa a mi comprensión.

-No me digas que nunca has tenido fantasías de estar con otro hombre o con una mujer. Y que tampoco cuando tu marido te ha tocado el tema, no me dirás que no te pusiste…

-Una cosa son las fantasías y otras la realidad. Pero tampoco entiendo al otro hombre, que no le de apuro ver al marido allí en el momento…

-No hay nada que entender, yo siempre me lo pase bien.

-Es que tu…

-Sí y más de una vez, es divertido y se pasa bien.

            Tanta conversación me puso cachondo y a ella no se la veía muy disgustada, por eso volví a la carga y puse una de mis manos en una de sus piernas, era una pena que llevara pantalón. Pero acariciaba su muslo y ella me quitaba la mano sin mucho convencimiento. Había pasado ya bastante tiempo y tenía que volver al trabajo. Cogí su abrigo y le ayude a ponérselo, aprovechando para disimuladamente tocar bien tocado su culo, diciéndole al oído… “Ojalá se te pasen todos los prejuicios y me dejes disfrutar de ese culito tan bonito que tienes, me gustaría que me llamaras” ella no se movió mientras se lo tocaba, no protesto, pero tampoco dijo nada ni al despedirnos, que lo hizo con un escueto ADIOS. Volví a mi trabajo más contento de lo que me había ido, aunque no sabía si ella llamaría o no.

            Al día siguiente estando en una reunión de equipo, me sonó el teléfono, vi que era el número de Dacio, pero corté la llamada porque en ese momento me era imposible atender la llamada. A los pocos minutos volvió a llamarme, por lo que al final tuve que apagar el móvil. Sobre la 1 se acabó la reunión de equipo y entonces encendí el teléfono, tenía varias llamadas pendientes de Dacio. Ahora fui yo quien le llamé y me cogió la llamada a la primera. Me invito a comer ese mismo día y quedamos en un sitio elegido por él, que conocía mejor la ciudad. Mientras me dirigía a donde habíamos quedado, fui pensando en que algo quería, sino porque tanta insistencia en la llamada. Supuse que algo hablarían él y su mujer. Como no tenía ni idea de lo que podían haber hablado iba con la idea de hablar lo menos posible y esperar a saber que decía él. Nos saludamos correctamente y nos sentamos a comer. La conversación durante la comida fue sobre temas profesionales y sobre la ciudad en sí, lo distinta que era la gente a la espontaneidad de los argentinos y de los españoles, que éramos como más alegres. Y con eso de que éramos más alegres y espontáneos, la conversación dio un giro de 180 grados.

-Carlos, ¿Tu qué opinas del matrimonio?

-Pues no opino nada en particular, como no estoy casado…

- ¿Y qué te parece Larisa? (No sabía si era una pregunta trampa, porque sabía lo que habíamos hablado ella y yo el día anterior)

-Me parece una mujer, graciosa, amable, simpática, buena anfitriona, no sé qué más decirte.

-Pero… ¿La ves guapa?

-Hombre… Si, si es muy guapa. (Conteste con falsa timidez)

-Solo eso, simplemente guapa.

-Que está muy bien, que quieres que te diga, pues eso que está muy bien. (Aunque yo me hacia el tonto, podía notar el nerviosismo de él)

-Seré claro. Tu… ¿Tendrías algo con mi mujer?

-No sé qué quieres decir. ¿A dónde quieres llegar?

-Yo tengo una fantasía y es ver a mi mujer con otro hombre. Hacer un trio. (Titubeo un poco al decirlo)

-(Carraspee) Pero y tu mujer… ¿Qué dice a eso?

-Ella dice que no, pero estoy convencido de que no le importaría si encontramos al hombre adecuado. Porque sus nos, cada vez son menos no.

- ¿Y yo que pinto en todo esto? (Nuevamente me hice el tonto)

-Que yo creo que tu das el perfil y si aceptas podríamos intentarlo. Hacer que bajara sus reticencias y…

-Pero lo mismo tú crees que yo soy el adecuado, pero eso no quiere decir que yo le guste a ella.

-Seguro que, si le gustas, porque cuando estuviste en la parrillada estuvimos hablando de ti y dijo que no estabas nada mal. Y ayer hablamos de ti, ella decía que no le importaría que tomáramos un día una copa. Que le caíste muy bien.

-Pero eso que me dices no quiere decir que quiera nada conmigo.

- ¿Pero a ti te gustaría estar con ella? Eso es lo primero que hay que saber.

-No te ofendas, pero quien no querría tener algo con ella si esta que rompe de buena.

-Pues ahora viene la gran pregunta. ¿Quieres que intentemos “convencerla”?

-Si tu estas seguro, por mi ningún problema. (Estaba claro o disimulaba muy bien, que no sabía lo que paso en su casa y que tampoco sabía lo del día anterior)

-Pues que te parece si quedamos el sábado por la noche en mi casa.

-El sábado me viene muy mal, porque no sé si ese día o el domingo vuelvo para España. Pero mañana viernes me viene perfecto, pero eso sí, mejor quedamos en mi apartamento, que, aunque es pequeño, es muy acogedor. Lo digo porque vosotros tenéis coche y vuestra casa queda lejos para mí. (Se quedó pensativo y de pronto sin decirme nada, cogió su teléfono y llamo)

-Hola Larisa, mira que me encontré con Carlos y hemos comido juntos. Nos ha invitado mañana a tomar algo en su apartamento, si te apetece. (No sabía que le estaría diciendo ella, porque su cara no me decía nada) Pero eso lo mismo es difícil de… Ok, ok, ya se lo digo. (Cuando corto la llamada me miro) El primer asalto ha salido bien, ha dicho que sí y que te diga que a ella le gusta tomar Fernet.

- ¿Qué es eso de Fernet?

-Es una bebida típica de nuestra tierra.

- ¿Dónde la encuentro? Bueno ya preguntare. Solo el Fernet.

-Bueno el Fernet se toma con coca cola.

- ¿Algo más que debiera saber? Sobre el Fernet.

-Tienes que tener hielo y una rodaja de limón.

-Eso es fácil de obtener. Pero ahora sin ser indiscreto… ¿Cuáles son los puntos débiles de tu mujer y que es lo que más le “gusta”? y ya me entiendes.

-Le gusta que la besen en la parte alta de la espalda y en el cuello. Es que es un poco difícil explicarte más, porque ella es imprevisible. Si la logras poner fuera de sí, hace lo que quieras y no dice no a nada. Pero si no lo logras, se queda más parada. No sé si me entiendes.

-Más o menos. Pero a algo dice que no.

- ¿A qué te refieres?

-Si le gusta el sexo anal, por ejemplo.

-Jajaja… te ha gustado su colita. La cola si esta como te he dicho antes fuera de sí, se deja hacerla, pero si no, no hay manera. Pero ya te aviso para eso tiene que estar muy pero que muy fuera de si

-Y del lenguaje que se utiliza… ¿Qué le gusta?

-Los halagos y cosas bonitas. Pero cosas sucias no le gusta oír. Se enfada.

- ¿Algo más que debiera saber?

-Lo más fundamental, que, si ella dice que no, pues no. Es la que decide al final.

-Eso ya lo tenía claro. Pues como quedamos entonces mañana.

-Pues si te parece a las 7 de la tarde. Que vemos que sale todo bien, pues seguimos, que vemos que no hay nada que hacer, pues nos vamos a cenar tranquilamente.

-Me parece perfecto.

            Le di mi dirección y que damos al día siguiente a las 7 en mi apartamento. Una vez que llegué a mi trabajo, lo primero que hice fue preguntar a los compañeros, donde poder buscar una bebida en concreto que no era típica de ese país. Me indicaron varios sitios y me decían que encontraría cualquier bebida en uno de esos sitios. Después de salir de trabajar fui a buscar la bebida dichosa. Fui a varios de los sitios que me recomendaron, pero una tras uno me fueron diciendo que no había, hasta que en uno me indicaron un sitio que me aseguraron que, si no lo encontraba allí, no lo encontraría en ningún sitio. Entre en el establecimiento y era como un supermercado, pero se veía bebida de muchos sitios, bebidas que nunca oí hablar de ellas. Vi mucho vino español, al igual que coñac y cava. También tenían una zona de tabacos de todo tipo. Hasta que por fin vi una zona de bebidas de México y en esa misma zona por fin encontré la bebida dichosa, que a simple vista parecía como un jarabe, la botella era un poco más pequeña de un litro. Cogí una botella, pero una vez que me di la vuelta, pensé que mejor sería llevarme otra botella, no fuera a ser que se rompiera una o que saliera mal. Al final me lleve dos, lo curioso de todo que no tenían coca cola, algo que me hizo gracia con todo el tipo de bebidas que había. Pero eso ya me preocupo menos porque en cualquier sitio la podría comprar.

            Ya era viernes y cuando estaba trabajando me llamaron de la dirección, por lo que me fue diciendo el traductor, me iba a quedar un poco más de tiempo del que me habían dicho. Algo que no me gusto y ya iba bastante disgustado, preparando lo que pensaba decir. Una vez que llegamos a dirección, antes de que pudiera decir nada, me explicaron que me tendría que quedar un poco más, pero que, debido a las fiestas navideñas, me iría a España y el día dos de enero volvería. Que al día siguiente me habían reservado un vuelo para España y que ya habían avisado ellos a mi delegación. Eso me tranquilizo más y ya no me pareció tan mal. Diciéndome también que cuando quisiera podía irme ya a preparar todo para el día siguiente. Me quedé hasta el mediodía y me despedí de mis compañeros hasta enero.

                Una vez en mi casa empecé a preparar todo. No era como en mi casa que tenía todo lo mejor para esas ocasiones. Había comprado varios tipos de velas para crear ambiente. Las coloque en sitios estratégicos y las encendí para probar como iluminaban, cambie varias de posición hasta encontrar la situación más cálida. La casa estaba muy fría, casi gélida, porque cuando me fui deje alguna ventana abierta, para que se ventilara bien el apartamento, no porque oliera mal, sino porque se despejara todo bien. Esperaba ahora con la calefacción, que la subí bastante, que se caldeara todo bien, para que nadie tuviera nada de frio, todo lo contrario. Yo mientras me duche y me arregle de forma informal. Ya solo faltaba media hora para la llegada, yo estaba en mangas de camisa, lo mismo me había pasado con la temperatura, pero también me dije que podía ser yo, ya que yo soy muy caluroso. Sonó el teléfono interior algo que me extraño, atendí la llamada y era de recepción, que como pudieron me dijeron que los señores… vamos Dacio y su mujer, preguntaban por mí. Les dije que sí, que les dejaran subir. Cuando llamaron a la puerta, en lo primero que me fije fue en Larisa, llevaba como una gabardina oscura que le llegaba prácticamente a los tobillos. Con un cuello de piel. Solo se le veía la nariz un poco roja y parte de su melena suelta. Dio un, buenas tardes, como algo cortada y con mirada retraída. Dacio venia en pantalones vaqueros y un plumífero rojo. El venía con aspecto nervioso. Yo creo que el único tranquilo era yo. Una vez que entraron ella dijo… “Que bien se está aquí, que hemos aparcado un poco más abajo y nos hemos pelado de frio hasta llegar aquí” y empezó a desabrocharse la gabardina, cuando termino de hacerlo se me hizo la boca agua. Traía botas con tacón largo. Falda negra de cuero, hasta un poco más arriba de la rodilla. Y un suéter ajustado de franjas blancas y negras, muy ajustado. Cuando recogí la gabardina para dejarla en otro sitio, la vi por detrás, como se realzaba su culo y la abertura de la falda por detrás me pedía a gritos que metiera la mano. Pero había que contenerse. No había que adelantarse a los acontecimientos.

                Ya estaba preparado para servir la bebida, cuando les ofrecí tomar algo y ella dijo que de momento no quería nada. Pensé para mí, que bien empezábamos. La conversación por parte de ellos era nula, así que tibe que ser yo el que la sacara y poco a poco, fuimos animándonos. Larisa me pregunto por el aseo y le indique donde estaba. Nada más meterse en él, en voz baja le dije a Dacio…

-No veo a tu mujer por la labor, la veo tensa y como si estuviese forzada. ¿Lo habéis hablado?

-Sí y no. Lo hemos hablado y ha estado de acuerdo en venir, pero no me ha asegurado nada. Más bien me da dicho que en principio no. Que no se ve preparada. Pero para eso estamos nosotros ¿No?

-Si tú lo dices.

-Ya verás cuando se tome una copa, se abre un poco más.

                Oímos que venía y como es de esperar cambiamos de conversación. Pero yo pensaba que estábamos abocados al fracaso, porque a ella no la veía nada predispuesta, es más se la notaba a la defensiva. El remate fue cuando llego Larisa y nos dijo… “Porque no nos vamos mejor a tomar una copa a la cueva…” fue una pregunta retórica, que no dio tiempo a decir nada porque ella empezó ya a ponerse su gabardina. Dacio se limitó a decir que le parecía buena idea y yo con cara de chiste, tuve que decir que sí. Apague las velas y nos fuimos en su coche. El local al que llegamos que no se llamaba la cueva, pero ella lo llamaba así porque eran tres plantas, en la planta semisótano, era como una cueva ya que las paredes eran de ladrillo visto y todo en forma de arcos, muy bonito y bien decorado. Con sillones de dos y de una persona, bajos, con una mesa ovalada. Daba la sensación de mobiliario antiguo, pero se notaba que eran buenos y nuevos, poca luz y una pequeña pista de baile, para pocas parejas, música tranquila y relajada. En la planta baja, mesas pequeñas redondas, con cuatro sillones de cuero color granate alrededor de la mesa, estilo pun antiguo, música más bulliciosa. Tercera planta, mobiliario más normal y además de beber, se podía comer. Teniendo una terraza exterior. En esa planta era el único sitio donde se podía fumar, por cierto. En esa época en España todavía se podía fumar en cualquier sitio, por lo que me llamo la atención que no se pudiera fumar en las otras dos plantas. Nos quedamos en esa planta y aprovechamos para cenar algo, más que cenar picoteamos. Una vez que terminamos y como había mucha gente allí, decidimos irnos abajo, yo creí que nos quedaríamos en la planta baja, pero a Larisa le gustaba la cueva. Decía que allí se podía hablar sin necesidad de andar gritando. Logramos encontrar sitio. Nos sentamos y pedimos la bebida. Ellos tanto en la cena como ahora abajo pidieron alcohol. Pero la verdad que ella arriba no se terminó la copa de vino, estaba muy cautelosa y cuando le fueron a poner el alcohol, rápidamente indico que solo muy poco y lo que le pusieron y nada fue lo mismo.

Esta vez la conversación estaba siendo más fluida, se notaba que la tensión que traían ellos había bajado, estaban como más tranquilos y estaba siendo un momento agradable. Pero yo como siempre y cuando merece la pena, no me rindo y Larisa merecía muy mucho intentar lo que fuese. Mi cabeza elucubraba como vencer esa resistencia, como hacer para seducir a semejante mujer. Lo primero fue irme al servicio, para dejarlos solos y luego ver sus reacciones porque seguro que hablarían algo. Cuando me fui de una parte de la escalera, pude ver como hablaban y gesticulaban. No me había equivocado. Hice tiempo y como a los diez minutos regrese, mientras lo hacía, sabía que si ella se disculpaba e iba al servicio es que casi seguro había dicho que sí y el me lo diría, pero si se quedaban los dos, es que poco o nada había que hacer.  Iniciamos nuevamente la conversación y nadie se movía de allí, pero no me rendí. Fue cuando me fije que en la mini pista de baile estaban bailando muy acarameladas varias parejas y la intensidad de la luz se había reducido. Ese fue mi momento. Muy decidido me levante extendí mi mano y le dije a Larisa de bailar, ella se quedó perpleja no se lo esperaba, pero Dacio tampoco. Ella miro a su marido, su marido se encogió de hombros y ella algo confundida me dijo que bueno, pero que solo una canción.

Nos pusimos a bailar y la pista era muy justita para las parejas que estábamos allí bailando o haciendo lo que fuese. Porque más de una pareja estaban muy amartelados besándose sin parar. En un principio ella se puso un poco separada de mí y no habíamos hecho más que agarrarnos cuando termino la canción, yo de forma graciosa le dije, que esa no valía, que teníamos que bailar una en condiciones. Me sonrió y seguimos bailando. Mientras lo hacíamos vi como dacio se levantaba y se iba. Cuando acabo la canción ella se quiso ir al sitio, pero le dije que dacio no estaba, imagino que estará en los servicios y le dije de esperar bailando a que volviera, ella no dijo nada y seguimos bailando. Ya estábamos bien pegados, notaba bien la forma de su cuerpo pegado al mío, pero solo de manera leve. Mis manos que estaban en su cintura, de vez en cuando se iban un poco más abajo, pero sin pasarme. Era muy estimulante notar su respiración. Empecé a acariciar su espalda muy suavemente y ella, se dejaba hacer. Hasta que mi mano llego a su cuello y nuca, mis dedos de forma suave acariciaron esa zona, notando como ella se relajaba dejando de estar a la defensiva. Aprovechando para con la mano que seguía en su cintura atraerla más a mí, quedando ahora algo más que pegados. Ella fue notando como mi polla se iba poniendo dura y como se movía de forma imperceptible para cualquiera, menos para mí polla. Ella aparto su cabeza de mi hombro girándola para donde se suponía que tenía que estar su marido sentado y dijo, seguro que está fumando.

Ahora le di la vuelta y la agarre desde atrás bailando sugestivamente y pegando bien mi polla en su culo. Ella se movía de forma cadenciosa, muy suavemente y miraba en dirección a la escalera. Ese sería el momento de no retorno ya fuera para seguir adelante o para que ella diera por finalizada la noche. Empecé a besar, su cuello, lo mordisqueaba y también lo lamia, su respuesta fue echar su culo para atrás y moverlo hasta que mi polla noté que quedaba entre sus nalgas. Ahora el movimiento era sugestivo y nada discreto. Yo tocaba con mis dedos pulgares, de forma muy suave y discreta, la parte inferior de sus tetas. Ella se giró y mirándome con ojos provocadores me dijo en voz baja y sugerente… “Vámonos a sentar que al final perderé los papeles” yo le iba a decir que eso era lo que quería, cuando se encamino para la mesa. Nos quedamos sin hablar solo nos mirábamos, por fin llego Dacio y nos dijo… “Yo creía que seguirías bailando…” su mujer se levantó diciendo que ahora le tocaba a ella ir al aseo. Dacio me miro con cara de entre pena y disgusto.

-Discúlpame Carlos, pero se ha cerrado en banda y no hay nada que se pueda hacer. Te lo hubiera dicho antes, pero le dije que cuando tu volvieras del aseo, se fuera ella y así poder decírtelo. Ella se enfadó y me dijo que no me moviera. Y que quien era yo para comprometerme a nada por ella y menos a “eso” (lo soltó todo sin respirar de forma acelerada)

-No pasa nada, está siendo una noche entretenida. (Yo le decía eso, pero con mi polla a 1000)

-Pero es que me sabe mal por ti, que me he equivocado, que ella todavía no está prepara y no sé si lo estará alguna vez. Vaya la que me espera cuando te dejemos en tu apartamento y vayamos en el coche, buffff…

-Seguro que se le pasara.

-Como se nota que no la conoces, que tiene mucho genio, lo que me falta a mi le sobra a ella. Y ahora se supone que cuando ella llegue te tengo que decir que es hora de irse, porque mañana temprano tenemos un compromiso y no podemos trasnochar mucho, así que por favor acéptalo y… ya veremos si otra vez se puede dar una nueva situación.

-Por mi parte estate tranquilo, que ni estoy disgustado ni nada parecido. Es to quedara entre nosotros. En enero cuando vuelva, que estaré el día dos, si quieres me llamas y nos tomamos algo tranquilamente. (Pero yo le decía esto y mi cabeza estaba pensando ya otra cosa)

            Le dije porque él no veía las escaleras que su mujer ya venía. Se puso a hablar del local, que era un lugar muy conocido… nada más sentarse ella, Dacio dijo… “Bueno Carlos, nosotros tenemos que irnos, que tenemos un compromiso mañana temprano y si no estaremos fatal. Te dejamos y nos vamos para casa” estaba convencido de que el esperaba mi asentimiento, que nos levantáramos y nos fuéramos, pero entonces les dije a los dos… “La noche no acaba más que empezar, además tengo preparado en mi apartamento dos botellas de “framet” que nos llaman a gritos” la cara de Dacio era de enfado, enojo, de un monumental cabreo, pero antes de que pudiese decir nada, Larisa se empezó a reír y me dijo… “Yo no me apetece tomar “framet” pero si tuvieras Fernet, eso sí me animaría y convencería para tomar una última copa” me di cuenta de que me había equivocado al nombrar la bebida, pero daba igual el resultado era lo que importaba. Ahora la cara de dacio cambio a la de que no entendía nada y entonces ella… “Es que Dacio es como las gallinas, que es cenar y se va dormir” nos levantamos y después de pagar nos fuimos hacia el coche, cuando llegamos a él, Larisa nos dijo… “Pero una sola copa y ya está, que luego hay que conducir. Que he aceptado por las molestias de haber buscado la bebida” parecía que lo decía muy en serio.

Llegamos a mi apartamento y mientras ellos se acomodaban yo fui poniendo el Fernet, en mi vaso puse bastante menos y ellos no me dijeron que cuanto les tenía que poner, por lo que les puse más que a mí. Mientras yo hacía eso, ella que ya se había quitado la gabardina, se puso a encender las velas, diciendo que así se estaba mejor. Una vez les pasé los vasos, puse la música que tenía preparada, que era del mismo estilo de la que habíamos bailado. Ella prácticamente se tomó la copa de un solo sorbo y se fue a poner más. La siguiente ya la bebía con mucha tranquilidad. No sé porque estábamos hablando en un tono bajo, como para que no nos oyeran, lo que hacía que, con la única iluminación de las velas, es como si fuera todo más íntimo. Hice lo mismo que antes, me levante y extendí mi mano para bailar, ella esta vez miro a su marido y le pregunto… “¿Te importa?” él dijo… “No, que va, bailar, ya sabes que a mí no me gusta” se terminó el trago y fue a por otro. Mientras nosotros nos pusimos a bailar. Yo sabía antes de ponernos a bailar que según como ella se pusiese a bailar delante de su marido, en la primera canción sabría si iba a pasar algo.

Nada más colocarnos nos pegamos bien pegados a la primera. Ella estaba de espaldas a su marido que podía ver su fabuloso culo y mis manos en la frontera de la cintura y su culo. Según fue notando el crecer nuevamente de mi polla, fue moviendo más descaradamente su culo, lo que tenía que ver Dacio. Llevábamos tres canciones y estábamos los dos muy entregados, sabíamos de sobra lo que iba a suceder, pero ella se limitaba a ver lo que yo hacía, para seguirme. Yo no quería perder más el tiempo y con una mano, puse su cara delante de la mía y la besé en la boca. Sentí al tocarse nuestras lenguas, fuego. Qué manera de besar. Era como si nuestras bocas se hubieran quedado pegadas. No parábamos de besarnos, mientras la acariciaba muy suavemente, notando cuando llegue a su entrepierna como ella me mordía los labios, como me succionaba la lengua y como se estremecía mientras lo hacía. Pero faltaba que ella se arrancase, seguro que si su marido no estuviera mirando la cosa iría de otra manera. Tenía que conseguir que ella se olvidara de la presencia de su marido o más sencillo, que le diera igual. Era el momento indicado, cogí una de sus manos y la lleve a mi paquete, sin dejar que la quitara, la fui subiendo y bajando, hasta que note que ella me apretaba, entonces la solté y ella siguió sola. Ya habíamos roto la barrera. Ahora se la oía hasta resoplar fuertemente sin contenerse, ante mis caricias. Cogí su mano y la empecé a llevar hacia la habitación, fue cuando se paró y con voz sensual se dirigió a su marido… “¿Estás seguro? Que una vez que empiece no hay solución. ¿Es lo que quieres?” él dijo si con la cabeza y ella tal vez un poco mandona le replico… “No me vale eso con la cabeza, te lo quiero oír, que lo tengamos claro” el nerviosos dijo… “Que sí, que si…” ella más dominante ahora le dijo… “Que no Dacio, que así no, quiero que me repitas lo que siempre me has pedido…” y el totalmente distinto a cuando hablo conmigo dijo… “Si quiero ver cómo te cogen” me miro y sonriéndome me dijo… “Ya has oído al putito, quiere que te entregue mi concha”

            Una vez en la habitación la fui desnudando mientras Dacio observaba todo desde la misma puerta. La lleve hacia la cama en brazos una vez desnuda, depositándola suavemente sobre la cama. Ella me miraba con ojos encendidos y brillantes. Se dejaba hacer. No quise ir con prisa, quería saborear bien semejante manjar. Empecé a besar sus pies y fui subiendo hasta la cabeza, sin dejar de besarla y lamer por donde pasaba. Lo único que ahora no tocaba era su coñito. Que estaba depilado completamente. Notándose perfectamente sus hinchados labios. Mi boca paso de largo varias veces y mis manos se apoderaban de esas dos fabulosas tetas, que estaban muy duras, pero lo mejor eran sus pezones, como garbanzos y bien duritos. Se notaba que cada vez que mis dedos los apretaban o mi lengua los lamia, su cuerpo era como si convulsionase. Temblaba sin parar, temblaba de deseo. Una de las veces que estaba besando su boca, ella me agarro con sus manos mi cabeza y después de mordisquearme la oreja me dijo con un tono subido… “Mi concha, mi concha…” yo la entendía perfectamente, pero seguí durante un rato haciendo lo que quería. Hasta que llevé mis dedos a su coñito e introduje dos de mis dedos dentro de ella muy suavemente, se l escapo un gran gemido. Pero no fue nada comparado a cuando mis dedos entraron del todo dentro de ella y con mi dedo pulgar empecé a acariciar su clítoris, que a esa altura estaba ya tiesecito y duro, no teniendo nada que envidiar al tamaño de sus pezones, ya estaba loco por sentirlo entre mis labios.

            En otro momento me hubiera esperado un poco más, pero ya digo la tentación era muy grande. Apoye mi cabeza entre sus piernas sin quitar los dos dedos de dentro, quitando mi dedo pulgar y sustituyéndolo por mi voraz lengua, que lamio con furor el clítoris, cuando lo atrape entre mis labios succionándolo con suavidad y mi lengua lamio con mucha excitación, ella empezó a correrse con acaloramiento y agitación, gritando sin parar, no se contuvo para nada. Cuando termine me desnude muy rápidamente y mientras lo hacía vi al marido que no se había movido de su sitio y me miraba como no entendiendo nada.

            No me apetecía ahora mismo nada más que follarla, ella me miraba tumbada boca arriba y debió de intuir mis intenciones porque abrió las piernas como haciéndome una invitación. Cuando ya iba a empezar a follarla, ella como con cierto temor me dijo que despacio que no sabía si… no quise oír mas, me agache bese su boca y empecé a follarla. Fui metiéndola lentamente, se notaba perfectamente el rozo, pero como estaba muy mojada entro muy bien. Una vez dentro del todo, dejé de besarla y le dije… “Ves como no había problema” ella con mirada de excitación y cachonda perdida me dijo… “Pues ahora no te pares” recordé lo que me dijo su marido que a ella le gustaba suave y nada de decir obscenidades. Mis movimientos eran pausados, con mucha tranquilidad. Ella se debió de acordar de Dacio, porque miro a la puerta y no le vio, fue como si se asustase, hasta que lo vio sentado mirando. No sé qué se dijeron con la mirada, pero ella volvió a poner su cabeza bien, me miro a los ojos muy intensamente, cerrándolos y a continuación, empezó a moverse con más ritmo, agarro mis caderas y me atraía hacia ella. Eso solo podía decir una cosa. Pasé de lo que me dijo el marido y empecé a follar como a mí me gusta. Fui aumentando el ritmo de mis penetraciones, bombeándola con fuerza. Cuando noto que estaba ya muy acelerada me pare en seco, abriendo ella los ojos y mirándome con incredulidad. Larisa casi con un hilo de voz y de forma muy suave, me pedía que no me parase. Pero yo quería que su marido la oyera, por lo que le dije… “Que pasa putita, necesitas más polla. Quieres que te dé más fuerte, pues pídelo como tienes que pedirlo” ella se quedó mirándome y movió un par de veces sus caderas como provocándome para que la follara, pero viendo que no había manera y con lo cachonda que estaba me dijo… “Si, si necesito tu polla, pero sigue no pares” díselo a tu marido y ella con furia y mientras empecé a follarla nuevamente dijo… “Putito esto es lo que querías, pues ya tienes unos buenos cuernos boludo más que boludo” y nos movíamos los dos con desenfreno hasta que ella tuvo un intenso y glorioso orgasmo. Pero no me pare hasta que me corrí de forma brutal y ella me engancho bien con sus piernas en mi cintura. Quedándonos así un rato más. Hasta que nos quedamos tumbados el uno al lado del otro.  Ella miro a Dacio y le pidió de por favor que le pusiera una buena copa con mucho hielo. Él se levantó y fue a poner la copa. Cuando se fue ella me dijo… “Menos mal que no se dio cuenta de que tengo toda la guasca (o algo así)” yo como no sabía a qué se refería se lo pregunte y ella riéndose se llevó un dedo a su coño, saco un poco de mi corrida y me la enseño y luego de forma provocativa se llevó el dedo a la boca.

Dacio trajo la copa y la mujer le dijo que se sentara al otro lado, quedando en el borde de la cama junto a mí. Decía que así nos podía ver a los dos mientras hablábamos. Y mientras lo hacia ella, empezó a acariciar mi polla. Mientras le decía al marido que no tenía palabras para describir lo bien que lo había pasado, que tenía razón, que había estado muy bien y entonces le pregunto… ¿Y tú como lo has visto, era lo que te esperabas? Él no tenía cara de disgusto yo creo que estaba feliz, pero no sabía que contestar a su mujer o le daba corte hacerlo delante de mí. Ella que no paraba de tocarme y yo empecé a hacer lo mismo con sus tetas, ella le decía a su marido… “Uuuhhhmmm… se ve que le gustan mis lolas. Pero ahora me va a hacer la colita, en el momento que esto esté preparado. ¿No te importara que nuestro amigo me la haga?” el con ojos abiertos al máximo le sonrió. Entonces ella cambio de sitio y se puso tumbada de lado, dándome el culo a mí, estilo cucharilla y mirando a su marido. Agarro mi polla y la puso entre sus piernas. Notando su coño empapado y como mi polla recorría su coñito sin meterse dentro. Ella miraba a su marido y le decía… “Fíjate que hermosura, mira como asoma por aquí” señalando a la zona de su clítoris y de forma muy sensual, provocando a su marido le preguntaba… “¿Crees que mi cola se la podrá comer?” y Dacio que debía estar a tope le dijo… “Seguro que te entra todo y más putita, pero si se la peteas (o algo similar) seguro que te entra mejor” ella sonriendo le dijo que le haría caso. Se volvió a mover y empezó a mamármela, de tal manera que Dacio pudiera verlo y a ratos le preguntaba si le gustaba como lo hacía. No pudiéndose aguantar más y quitándose la ropa. Tenía una erección importante y no me extrañaba. Después de un rato ella volvió a colocarse nuevamente de lado, pero esta vez la hice tumbarse boca abajo y le hice una comida de culo total, se lo preparé con los dedos con la lengua y con mucha saliva. Ella se colocó de lado otra vez y levanto un poco una pierna, me puse de lado y detrás de ella, puse mi polla en la entrada de su culo y le dijo a su marido que se acercase, le agarro de las manos fuertemente, fue entrando, ella de vez en cuando me decía que parase y así fuimos poco a poco hasta que estuvo bien dentro. En ese momento soltó las manos a su marido y con voz tomada le dijo… “Me han roto de nuevo el orto, pero que gusto” y ya empezamos a buen ritmo, hasta que la aúpe, quedándome yo boca arriba y ella sentada del todo en mi polla, quiso protestar un poco, porque me daba que estaba acostumbrada a la otra posición, pero entonces le dije a Dacio, ven cómele el coño al putón de tu mujer que ya verás cómo se pone. El al oír lo de putón, imagino se quedó como cortado y ella que estaba muy encendida, le dijo… “Vamos conchudo haz lo que te dicen y no mires así, que tiene razón desde hoy seré todo un putón, que es lo que querías” él se agacho y más que comer, devoraba. Y ella no paraba de gritar, de decir todos los improperios que se le ocurrían, gimiendo con exageración. Joder con la que no le gustaban las palabras soeces. Y se corrió más fuerte que las veces anteriores quedándose espatarrada encima de mí y sin moverse.

Se movió para quedar tumbada boca arriba y cuando yo creía que estaba agotada, cansada y que ya se había acabado todo, ella de forma salvaje nos dijo que nos pajeramos para ella y que lo quería todo en la boca. A los segundos dacio se pajeaba de forma compulsiva y cerca de su boca. Yo empecé a hacer los mismo. Dacio fue el primero en acabar dentro de su boca y ella lo relamió todo. Un poco después lo hice yo e hizo lo mismo, pero no se lo trago, hizo una seña a dacio que se acercó y se fundieron en un beso muy ardiente. Después de eso dacio dijo de ir vistiéndose para marcharse y ella decía que no tenía fuerzas para levantarse. Yo les dije que se quedaran y no solo por ella, ya que él había bebido bastante. Dacio asintió y después de taparla a ella nos fuimos a la salita los dos. El siguió bebiendo un rato y me daba las gracias, diciéndome que había sido mejor que en sus fantasías, que había que tratar de hacerlo otra vez, que ya estaríamos menos nerviosos. Yo le dije que ya lo hablaríamos, porque yo sabía que era mejor esperar a que lo vieran en frio. Me fui a duchar. Cuando regrese Dacio estaba en el sillón dormido a pierna suelta y ella igual en la cama. No lo dude me fui a la cama a dormir.

De pronto me llego un olor fuerte a café. Lo que me hizo abrir los ojos, estaba solo en la cama. Antes de levantarme escuche que es lo que hablaban los dos. Era una conversación de lo más normal. De cosas que ya que estaban en la ciudad pensaban hacer. Eso era buena señal por lo menos no había enfado. Cuando llegue a la salita la imagen me sorprendió. Ella estaba con una camisa mía puesta, que le hacía de minifalda también. El perfectamente vestido. Cuando me vieron me dieron los buenos días y ella además una palmada en mi culo. Desayunamos y mientras lo hacíamos. Los dos me decían que cuando volviera podíamos celebra el año nuevo a nuestra manera. Pero lo que nos hizo reír a Dacio y a mi hasta hartarnos fue cuando Larisa añadió… “Pero mejor en casa, que aquí por el temor a que te oigan una no se puede explayar a gusto” me quedé mirando a Dacio y pensé… como será sin temor a que la oigan, eso no me lo podía perder.

Comimos juntos y luego me acompañaron al aeropuerto. Cuando llego la hora de embarcar el me dio un fuerte apretón de manos y un abrazo. Ella me dio un par de beso muy decorosos. Pero cuando me iba a quitar me dio un buen muerdo, diciéndome… “Para que no te olvides” y la verdad que el viaje me sentó mejor.

           


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