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Fecha: 22-Oct-16 « Anterior | Siguiente » en Gays

03.2 Visitando Oxford II

Albany
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Ha resultado una cópula de ensueño que me deja relajado y satisfecho. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Llegamos al hotel abrazados, gastándonos bromas y subimos corriendo a la habitación.

Nicolás se lavó con rapidez la boca y yo esperaba a que finalizara, miraba mi reflejo en el espejo y se ralentizaba a propósito, cruzamos nuestras miradas y vio el desasosiego en la mía, me dirigió una pícara sonrisa que me hizo temblar.

-Ya te dejo solo, me voy a la cama, no tardes que igual me caigo dormido y luego no me despiertas ni con Música de Cámara.  –me soltó un cariñoso azote en el culo y salió del baño. Se había quitado la ropa e iba totalmente desnudo, consiguiendo que me excitara.

-¿Hay algo novedoso sobre tu trabajo, que no me hayas contado ya?  -su voz me llegaba confusa por el ruido del agua, prefería no contestar, no nos íbamos a entender con aquel ruido.

Cuando salí del baño, ya sin vergüenza alguna, fui desnudo a la cama, lo mismo que hizo él, me esperaba tumbado, tapado con la sábana y una colcha, todo ello blanco como la nieve y, sin poderlo evitar, tirité de la impresión de frialdad. Tenía los brazos extendidos hacía mí, como quien llama a un niño para que vaya a sus brazos y obedecí. Me introduje entre las sábanas corriendo y me abracé a él como un mono se abraza a sus progenitores y no se separa, ni se cae aunque corran, aunque salten de rama en rama en la cúspide de los árboles.

Estuve así un rato tiritando de frio y calentándome con la estufa que era él. Acariciaba mi espalda, bajando hasta mis pompas que oprimía con su mano, con suavidad, como si se tratara de globos que no quiere reventar.

-Vamos a hablar, cuéntame algo Daniel.  –me separé un poco de él, deposité mi mano en su pecho, acaricie su tetilla y jugué con el vello que la circundaba.

-¿De qué quieres que hablemos?, ¿no tienes ganas?  -al decir esto coloqué mi mano en su sexo que estaba con sí, con sa, muy caliente y palpitando, eso sí.

-Claro que tengo ganas, muchas ganas, muchísimas,  no me cansaría de hacer el amor contigo, a todas horas y en cualquier momento.   –se calla como para pensar.

- También me encanta escucharte, que me hables, que me cuentas cosas de ti, de antes, de ahora. Me interesas en todos los sentidos Daniel, no te quiero solamente para pasar el tiempo en la cama contigo y follar, aunque sea delicioso, me encante y no me canse de este aspecto. 

-Te quiero Daniel y decir te quiero expresa poco lo que siento. Cada día mi amor por ti es más grande, por eso, sin querer privarte de tu intimidad, deseo, quiero que cuentes para todo conmigo, para compartir tus sueños que me parece son más bonitos y ambiciosos que los míos y, sobre todo, rogarte que me dejes vivir tu vida íntima y tus pensamientos, si tu quieres claro está, que en resumen, me des lo que desees entregarme, eso lo debes valorar tu.

Nos quedamos un momento en silencio, se ha puesto tan serio, tan profundo sin dejar de besarme el cuello. Si tiene veinticuatro años, si los dos somos aún muy jóvenes y me parece mayor que yo.

-Vale, ¿de qué quieres que te hable?, no tengo secretos, mi vida ha sido muy simple, muy sencilla, estudiar, hacer lo que mis padres me pedían, lo que todos esperaban de mi y nada más. No he tenido amantes, ni novios, ni aventuras salvo lo que ya conoces y algún pequeño secretillo sin importancia.

-Quiero que me hables de cosas sencillas que te hayan sucedido, lo más tonto que se te pueda ocurrir. Debo descubrir tu secreto.  –le miro un poco asustado, habla de mi secreto, si no tengo secreto alguno o yo mismo soy desconocedor del mismo.

-No te asustes, no me mires así,  me refiero a que tiene que haber algo en ti que te hace especial, hoy, ahora mismo ha pasado, igual que otras veces y cada día me sorprendes más. A ver si me explico: Tu amigo David, tu amiga Maira, tus amigos Ál y Gonzalo, ¿por qué te quieren de esa forma, exagerando diría, incondicional? Aunque creo que lo voy entendiendo quiero que me proporciones las claves, o mejor, deseo contrastarlas con las que yo creo que son. Entonces háblame de tonterías, por ejemplo, de cuando eras niño, cuando ibas al colegio, a la guardería, de lo que quieras.

-Vale, si así lo quiere le voy a llenar de bobadas la cabeza-

-Te voy a contar una anécdota tonta que le sucedió a una amiga mía compañera de pupitre: Era muy despistada y todo le llamaba la atención, en plena clase de Inglés, estaba el profesor pidiendo un voluntario para que explicara no se que, tampoco yo me estaba enterando mucho, ella me continuaba hablando. Señalaba con su dedo hacia el techo, a una fluorescente que se encendía y apagaba.

 –Mira, mira Daniel, se va a fundir y a apagarse de un momento a otro.  –el profesor la miraba intrigado y la dijo…

-Vale, de acuerdo, puede usted explicarlo, pero deje de levantar la mano, hable.

Se dio cuenta en ese momento de que toda la clase la estaba mirando y se quedó, la pobre, anonadada sin saber que decir.

-Profesor, solamente estaba diciéndole a Daniel que la fluorescente se iba a fundir.

La clase entera soltó la carcajada, yo también y entonces vi que lloraba, las lágrimas corrían por su rostro.

-Profesor, la culpa es mía, yo la estaba entreteniendo y no ha escuchado la pregunta.

-Vale Daniel, si usted lo quiere así, ahora ha finalizado la clase, mañana nos explica usted lo que queremos saber.

Abracé a mi compañera, pero a pesar de sus lágrimas, en mi interior, seguía con la risa, por la cara que puso cuando se vio sorprendida levantando su mano hacía el techo.

Me encantó que Nicolás se riera también de la anécdota pero me estaba calentando demasiado, con sus caricias en mi culo que no dejaba de repetir.

-Por hacerme reír te voy a dar  el premio que te mereces.  –comenzó a lamerme la cara y me hacía unas cosquillas terribles que me hacía reír como un loco hasta que calló mi risa cerrando mi boca con la suya y entre besos, caricias, abrazos y jadeos, de vez en cuando se le escapaba de sus labios: 

-Te quiero, te quiero, te quiero, Daniel, te quiero y así cada cierto tiempo.

Mamé de nuevo su polla con unas ganas locas, no me cansaba y tenía vicio de él y de sus sabores, chupaba con fuerza y movía mi lengua por todo su tronco y sobre todo en su oloroso y sabroso glande, intenté alargar el momento para no perder mi chupete pero estaba muy caliente y no duro mucho antes de correrse y llenarme la boca con su semen, no podía tragarlo todo, su abundancia regaba mi paladar en continuos chorros y caía por mi barbilla, seguí mamando envolviendo su verga en su propia leche que sacaba de mi boca loco de placer, era todo de una suavidad divina, lo tragué todo y estaba muy rico, me sentía dichoso limpiando su pene con mi lengua y mis labios, y luego quedé tendido con la cabeza sobre la almohada de los vellos de su abdomen, con una paz infinita pero con mi polla a mil.

Acariciaba mi pelo y jugaba con mi oreja metiendo sus dedos en ella causándome cosquillas.

-Déjame Nico, estoy muy bien así, muy a gusto.  -tiró de mi para que me colocara paralelo a él. Besó mis labios y me miraba sonriente.

-¿Sabes que eres un vicioso de mi leche?  -le miré un poco avergonzado, pero sonreía con tanta ternura que le contesté.

-De otras cosas también.  –llevé mi mano a su entrepierna para señalarle las otras cosas y quedé asombrado, volvía a tener su pene tieso y preparado para un nuevo ataque.

-Mira quien fue a hablar de vicio, el que no puede dominar a su hermano.  –nos reímos los dos y nos besamos, mi  miembro comenzaba a despertar.

-Es que mi hermanito sabe que no te has quedado satisfecho y te quiere mucho, no quiere ir a dormir hasta ponerte contento.  -y volvió la guerra de besos y caricias y de risa sofocadas por tener los labios ocupados.

Esta vez me tumbó de espaldas en la cama y elevó mis piernas para que las recogiera en mi pecho, con calma y paciencia me preparó aunque mi culo no se había cerrado aún del todo. Me hizo el amor como más me gusta, mirándonos a los ojos, viendo como le corre el sudor por el esfuerzo, como se pone tremendamente rojo, estirando mis brazos para que baje a besarme cuando no puedo aguantar mis ansias de sus besos, acariciando su abdomen con la punta de mis dedos, rozando mi polla con sus vellos, degustando su saliva cuando se le escapa del esfuerzo supremo que hace para llenarme todo.

Aguantó más de treinta minutos dándome verga, suave, rápido y de todas las maneras imaginables que esa postura permite, y el mayor de los placeres es escuchar sus gruñidos de búfalo cuando me llenó de su esencia, vació sus testículos que yo apretaba con una mano contra la entrada de mi culo y con su última gota de semen que me dejó, me corrí violentamente, abrazando mis piernas a sus caderas para que no se me fuera a escapar.

            ———————————-

¡Ayyy! Desperté entre sus brazos, bueno, con uno de sus brazos encima de mi cintura.

Lo retiré con cuidado y me levanté, estaba todo él desnudo, boca abajo en la cama, con la ropa revuelta y cubriendo su cintura únicamente con la sábana. No quise taparle para no sacarle de su sueño, habíamos dormido muy pocas horas.

Conecté mi ordenador para realizar mi rutina de inspección, vi algún correo que leí, y como todo funcionaba según lo previsto volví a la cama, me puse de espaldas a él arrimé mi cuerpo al suyo hasta que se giró. En su sueño me abrazó, se pegó a mi espalda, notaba los vellos de su cuerpo calentándome y me volví a dormir.

Cuando desperté de nuevo Nicolás seguía durmiendo, la vez anterior había mucha luz en la habitación y ahora estaba como a oscuras, con cuidado de no despertarle me levanté otra vez, me acerqué a la ventana, lo que se anunciaba como un día maravilloso de sol se había transformado, estaba lloviendo, fui al baño para asearme un poco. Cuando volví, con el propósito de despertar a Nicolás de su sueño, ya estaba despierto, sentado en la cama, apoyado en el cabecero, sujetando sus manos en él, con una amplia sonrisa y sin decir una palabra, bajó sus brazos para tapar el vello de sus sobacos, -me encanta el vello de sus axilas-, y extendió sus manos como la noche pasada, en una clara invitación para que me cobijara en ellos.

¿Qué iba a hacer yo ante semejante invitación?, pues tirarme sobre él y comérmelo a besos, él no me besaba menos y repetía con voz queda, con un ansia contenida.

-Te quiero, te quiero, Daniel, te adoro, te amo…

Y a mí me emocionaba y le besaba mas fuerte hasta que me fui calmando y quedamos abrazados, jugando con mis dedos en su pecho, hundiendo mi dedo índice en su ombligo, como era ya mi costumbre.

-Se va a casar una amiga mía del colegio, están en Palma celebrando su despedida de soltera y también otro amigo, a este le conocí en el Bachiller, es de la cuadrilla, más cercano a mí, ella no lo está tanto, tiene otro grupo y casi no nos hablamos, mi amigo parece que se casa de penalti, ha dejado en estado a su novia,  me lo ha contado otro compañero que está en Madrid y no confío mucho, le gusta gastar bromas en todo momento, pero no me extrañaría. Si éste se casa tendré boda,  -le miré- tendremos boda.

-Parece que la gente que conoces es muy activa y adelantada, ¿sientes envidia?

Me levanto un poco para mirarle con intensidad, en sus labios baila una ligera risa que no termina de salirle.

-No, no tengo envidia de esas cosas, en realidad no me van mucho, ¿qué adelantaría yo, o que ganaría por llamarte marido en lugar de por tu nombre?, ¿te querría más de lo que te quiero?, ¿cambiaría mi percepción de pertenencia o propiedad?, ¿me aportaría algo que no pueda tener en mi actual estado civil? No creo que ese estado sustanciara más mi vida.

-¿Entonces no te gustaría casarte, no lo ves bien?

Noté algo en él, como un tono de duda, que me obligó a explicarle mejor mis ideas.

-Yo se que a algunos les gusta ese estado y mira, para ellos me parece correcto, si así se sienten más realizados o que les aporta algo especial que magnifique sus vidas o su relación, pues vale. Si tú, algún día lo desearas, lo haríamos, pero para mí no es necesario, en absoluto. Yo te quiero, te quiero mucho y me gustas en todos los estados en los que pudiéramos estar.

-Vuelve a repetirlo.  -su cara irradia felicidad.

-Que me quieres, que me quiere mucho, lo que acabas de decir hace unos segundos.

Me pongo un poco rojo, lo noto por el calor de mi cara.

-Te quiero, te quiero, te quiero Nico, te quiero más que a mí mismo y siempre te querré, ahora estoy seguro.

-Me encanta que me lo digas y como me lo dices, te prodigas poco y me sabe a postre delicioso, ¿por qué eres así, tan recatado, tan pudoroso?

Suena el timbre de mi móvil, es David, han desayunado y se han marchado a pasear. Nicolás me mira interrogativo.

-Era David, han salido a visitar la ciudad, que no nos preocupemos, nos llamarán para comer y…, es terrible…, que nosotros…, a lo nuestro.

Nicolás suelta la carcajada.

-Correcto, ven aquí, esos son amigos diligentes e inteligentes, te habías interrumpido cuando ibas a contestar a mi pregunta.

-Vale, te contestaré aunque no estoy muy seguro, yo creo que es por los genes, en mi tierra, por lo general, no somos muy dados a expresiones afectuosas, a abrazos y besos. En mi misma casa, por ejemplo, es muy raro que mis padres me besen o me abracen, ni de niño lo hacían. Es como una cosa muy rara, como un cariño sin manifestaciones externas pero que existe, que se nota, se palpa. De pequeño notaba, sentía que me querían, como si fueran mis ángeles de la guarda, cuidando de mi y eso sí, sus miradas, jugaba y notaba sus miradas que no me perdían de vista y, hoy en día, les sorprendo mirándome y si les devuelvo la mirada la desvían, como si les hubiera cogido en falta, como si estuvieran ofendidos de que les haya descubierto sus sentimientos más íntimos. 

-Comenzaron a proyectar en televisión una serie de dibujos animados, Heidi se llamaba, yo veía la serie, sentado en un gigantesco sofá donde me perdía, mis piernas no llegaban al borde del asiento para poderlas doblar, las tenía estiradas y como una estatua no dejaba de mirar cada detalle de lo que pasaba en la pantalla.

 Papá se sentaba en una butaca más pequeña a mi derecha, siempre leyendo el periódico o un libro. En uno de los primeros capítulos, cuando Heidi es llevada a la montaña por su tía Dete, para dejarla con el abuelo, hay una escena terrible, para mí era terrorífico ver al abuelo enfadado y señalando, con un dedo que se salía de la pantalla, le gritaba a la tía con furia. ¡Vete, Dete, vete de aquí, de mi casa!

Cerraba con fuerza mis ojos y me ponía a temblar. Mi padre parecía que leía el periódico pero no, me estaba mirando a mí, viendo mis reacciones y esa es una de las pocas veces que me abrazó, abandonó su periódico y se sentó a mi lado, solo pasó su brazo por mis hombros y fue bastante para conseguir mi paz.

Nicolás me mira embobado, con los ojos un poco húmedos.

-Es precioso lo que me cuentas, que infancia más bonita la tuya y recuerdas todas las cosas.

-No tenía con quien jugar y de esa forma era fácil quedarse con lo cotidiano, con lo de todos los días que se repetía sin parar.

-Me tienes que contar más cosas, y yo te contaré las mías que veo tan diferentes a las tuyas. Seguíamos desnudos, me envuelve su calor, nos miramos y nos lo decimos todo con la mirada, comienza a besarme con suavidad, como si yo fuera una porcelana, mis ojos le han pedido que me haga el amor y los suyos han respondido que estaban esperando que los míos se lo solicitaran.

Volvemos a nuestros juegos y hacemos de nuevo el amor, mi querido Nico puede de sobra y quiere regalarme el cielo de lo que me ama. Tengo un hombre que responde a todos mis deseos y expectativas, amable, delicado, muy viril y en toda su pujanza, un macho que me sabe satisfacer y no se cansa.

Siento su verga en mi vientre cuando me llena en un apareamiento sublime donde me fecunda y me riega con su simiente. Ha resultado una cópula de ensueño que me deja relajado y satisfecho.

Nos encontramos con David y Juan en el lugar que nos han indicado, nos ha dado tiempo de dar un pequeño paseo, en la recepción del hotel nos han regalado una especie de impermeables de plástico transparente, de usar y tirar, para librarnos de la lluvia. Si no hubiera llovido hubiéramos cogido las bicicletas que dispone el ayuntamiento y desde ellas ver y disfrutar de la ciudad.

No nos importa, así caminamos más próximos, agarrados de la mano y a veces sintiendo su brazo en mi cintura, mojándonos como bobos, tampoco importa, no pasa nada, continúo aún flotando en las algodonosas nubes de los recuerdos, de lo sucedido hace poco tiempo y me estremezco apretándome a él.

No hemos desayunado y nos morimos de hambre, al entrar al restaurante Nicolás se adelanta con Juan a su lado, al mío va David, parece un pollo mojado y paso mi brazo por su cintura de alambre, de acero mas bien, no tiene donde puedas agarrarte, causa miedo su extremada delgadez.

-Gracias David.   –me mira y sonríe con sus finos labios.

-¡Venga ya!, si os hemos fastidiado el fin de semana, a vosotros que necesitáis todo el tiempo del mundo. Sabes Daniel, igual es la última vez que nos vemos, y yo que me he cambiado de casa para que estuvieras más a gusto cuando nos visitaras, es por eso que quería estar contigo, porque quizá… -se queda en suspenso.

-Y que tal os ha ido, lo habréis pasado bien.  –me sujeto de su brazo y río quedo.

-¡Buff! Ha sido extraordinario, no sabes como hace el amor.  –nos miramos y soltamos la risa ambos a la vez.

-No, claro que no, eso lo sabrás tú.  –no podemos contener la risa y Juan y Nico, nos miran sorprendidos pero con una sonrisa en sus bocas.

Nos interrumpe el encargado del comedor que habla con Nicolás y nos dirige a una mesa, piden algunas cosas para todos, no hemos desayunado, tenía un hambre de lobos y ahora se me ha pasado, lo que me acaba de decir David me ha dejado triste, otra cosa de la que me había distraído, no había pensado en que era muy posible que me alejara de todos mis amigos, ¿hasta cuándo?

Me alejé de los de España hace tres años cuando fuimos a Cranfield, ahora de los de Inglaterra, tendría que hacerme nuevos amigos, nuevas amistades, es posible que fuera bueno o malo, ¿quién lo sabe ahora? Menos mal que tendría a Nicolás, que no me abandonaría y permanecería a mi lado.

La conversación se anima, Nicolás y Juan hablan de los últimos partidos del mundial, David me mira, me hubiera gustado sujetar su huesuda mano, infundirle ánimos y sentí un conato de ganas de llorar, al pensar en la soledad en que nos quedamos a veces los humanos.

Cuando salimos de comer había parado, al menos temporalmente, de llover, la gente se había animado, no hace frío y empezamos a pasear por las calles. Nicolás desea dar una vuelta por el río pero se mete en la conversación y se distrae, me sujeta de la mano y me hace cosquillas en la palma de la mía, al final logra hacerme reír, David me mira cómplice, pasa su brazo por los hombros de Juan y se adelantan unos pasos, para que podamos decirnos tonterías y estamparnos algún beso en las mejillas sin sentirnos contemplados.

Casi no veo ni siento nada de lo que me rodea, a la pareja que camina delante de nosotros, tan desproporcionados en altura, a mi izquierda el chico de mi vida que aprovecha cualquier cosa para apretar mi cintura, mi cadera y señalarme los lugares que debo mirar y mi vista los contempla y no veo, porque la calidez de su mano entretiene mi pensamiento.

¡Ayy!, Nico, como me recuerdas a papá, él también quería que viera cosas, que me fijara. Una vez en Salamanca, creo que fue en la Catedral Vieja, me mostraba las huellas que había en una estatua yacente, de algún cardenal u obispo, y me decía que habían sido motivadas por los pies de los estudiantes, que pasaban allí la noche anterior a sus exámenes, pidiendo entendimiento y sabiduría. Yo le decía que si y no entendía nada pero él se ponía contento, lo mismo que tu, y no te das cuenta de que en estos momentos, solo tú me interesas.

Cenamos en un pub, al entrar en él me sentí encantado, estaban dos músicos tocando sus instrumentos, una especie de teclado que sonaba como un piano y el del saxofón, la música sonaba maravillosa, las voces se oían bajas, respetando los momentos de interpretación y luego se elevaban hasta que comenzaban otra pieza.

Nicolás y yo nos retirábamos para irnos al hotel y David y Juan deseaban seguir investigando la vida nocturna de la ciudad. Tenía ilusión por visitar el museo Ashmolean a la mañana siguiente, y quedamos en que nos hablaríamos para quedar.

Cuando entré en la habitación caí desfallecido sobre la cama, Nicolás se me tiró encima jugando, haciéndome cosquillas, él subido encima de mí y yo pataleando al aire con mis pies, con mis manos, con todo lo que podía, en unos minutos el cansancio me venció, también él que con sus manos sostenía las mías por encima de mi cabeza y es más fuerte que yo y tiene más peso y me apretaba con fiereza las muñecas hasta hacerme algo de daño.

-Te voy a comer, se te ve riquísimo, dulce como un pastel.

Y comienza a darme chupetones en la cara, en el cuello, a morderme todo lo que encuentra su ansiosa boca, a llenarme de babas todo el rostro. Mañana todo serán marcas.  Cuando se calma un poco le pido algo de tranquilidad, quiero conectarme unos minutos con mi trabajo, luego nos duchamos jugando, él pone en funcionamiento la televisión y se entretiene hasta que llego yo y la apaga con el mando a distancia cuando aparezco por la puerta del baño, quiere tener las manos ocupadas en otras cosas.

No deseo ser reiterativo, pero lo volvemos a hacer una vez más, esta vez jugamos menos porque estamos realmente cansados y disfrutamos un montón a pesar del cansancio. Vuelvo a ser poseído por él y realiza una monta magnifica de mi cuerpo que se entrega a su voluntad de macho que quiere y necesita placer, el apareamiento resulta excelso y soberbio, desbordando mi lujuria y placer.

No hemos dormido muchas horas pero nos levantamos para complacerme a mí, soy yo el que quiere hacer esa visita al museo, llamo a David y me contesta con voz de haberse metido en la cama en ese mismo momento.

Van a seguir durmiendo y me anima a que vayamos nosotros a realizar la visita que tanto deseo. Otra vez me aplico en mi obligación profesional, no hay novedades, cierro el ordenador y lo empaqueto. 

Tengo ganas de meterme en la ducha, noto toda la piel de mis muslos tensa, tirante, Nicolás está ya debajo del chorro de microscópicas gotas de agua y me recibe encantado.

Un taxi nos deja en St. Giles, estoy asombrado, todo es maravilloso, jardines, colegio, los edificios de la universidad, museos por todas partes. Esto es divino, para pasar un mes aquí. 

Han inaugurado recientemente varias salas para exponer objetos de colecciones de arte egipcio, las horas se pasan rápidas, es imposible verlo todo, ni siquiera de pasada, llega un momento en que soy una carga para Nicolás que me soporta apoyado en su cintura y salimos a la calle, deslumbrados de tanta belleza acumulada.

El cielo está nuboso pero también con algunos claros y a veces el sol se asoma con timidez entre las nubes.

-Te brillan los ojos, pareces deslumbrado.

-Sí, vengo deslumbrado por tanto tesoro, tanta cosa maravillosa que nos han regalado los ingleses y a ellos los faraones del antiguo Egipto.

Le llamo a David, están en la calle, dice que cerca del museo, viendo los alrededores y al rato nos encontramos, todos hemos dejado recogidas las maletas en recepción para buscarlas más tarde.

Vamos a comer algo, como ahora no llueve lo hacemos en una terraza al aire libre que hace buena temperatura, para estar en Gran Bretaña claro está.

Me comienzo a poner nostálgico, tristón. Después de comer sostenemos una tertulia, no tan larga, quiero coger un tren a hora temprana, para llegar antes de las diez a Leeds y son más de tres horas de viaje. El trayecto de Nicolás es más corto y el de los muchachos a Derby también, o sea que el que tiene que pasar más horas en el tren soy yo.

Me despido, soy el primero en partir, ellos saldrán un poco más tarde. Abrazo a Juan y a David, nos hablaremos, para todos se nos echan encima la fechas. A Nicolás le beso para dejarle mi alma y llevarme la suya conmigo de viaje, y aguanto sin mirar atrás, y soporto hasta estar sentado en mi asiento y, como soy llorón por naturaleza, las lágrimas se deslizan con mansedumbre por mis mejillas, miro por la ventanilla para ocultarlas.

Tengo que pasar casi cuatro horas de viaje, debo entretenerme en algo, en lo que me gusta hacer, leer, escribir, recordar, soñar despierto y ver mi día a día, mañana tendré que ir de compras.  Mirar cómo preparar mi despedida de la depuradora, los que trabajan allí, de otras empresas y que nos vemos todos los días en las reuniones de trabajo, quieren hacerme una despedida y pienso en lo absurdo de la vida, en mi empresa no me han propuesto despedirme y lo hacen gente de otras empresas, que solo me conocen desde que empecé a trabajar allí.

Continuará…



© Albany

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