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Fecha: 23-Oct-16 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Mi cuñada – 8

Sorprenderme
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De celosa a concubina Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Los siguientes días mi cuñada y yo no parábamos de meternos mano por cualquier sitio, sin mi hermano darse cuenta de nada. Una de esas veces, la más excitante ocurrió cuando llegamos mi hermano y yo a casa. Él se fue a dar una ducha y mientras yo me follaba a Paula en la misma puerta de su habitación, oyendo como caía el agua de la ducha. Mi cuñada se agarraba como podía al marco de la puerta, mientras yo la agarraba con fuerza y la follaba desde atrás. Oímos que mi hermano iba a salir y yo me retire rápido a mi habitación, mientras mi cuñada justificaba su sofocón, diciendo que había subido las escaleras corriendo. Por la noche después de cenar como siempre, nos pusimos con una serie de ejercicios de sus oposiciones. Esta vez estaba mi hermano en el salón, como hacia últimamente. No me la podía follar, pero si meterle mano. Mi hermano se levantó un momento a llamar por teléfono, aproveche ese momento para dejar las cosas claras con mi cuñada.

Yo – Estoy esperando que me contestes a lo del trio.

Paula – Ya veo que no se te ha olvidado y sigues con lo mismo.

Yo – ¿Pero piensas contestarme?

Paula – Es que sois al final iguales, tu hermano lo mismo, pero con otro hombre y tú con una mujer. Me da corte cualquiera de las dos situaciones, pero que quieres que te diga, mucho más con otra mujer. Nunca se me ha pasado por la cabeza y nunca me han atraído las mujeres, no siento curiosidad.

Yo – Mi hermano es mi hermano y yo soy yo. Tampoco se te había pasado por la cabeza hacer algo con otro hombre y mira como estamos.

Paula – Seguro que tú has pensado en alguien, porque si no, no me lo preguntarías.

Yo – No he pensado en nadie, pero solo hay dos opciones, con una desconocida o con una conocida.

Paula – En que desconocida has pensado, porque seguro que tu si la conoces. Y ya puesto dime también en la conocida.

Yo – La desconocida podíamos ir a un club liberal y la conocida tú conoces mejor a tus amigas y sabrás con quien no te importaría.

Paula – Tu estas borracho. Voy a ir a un club de esos, para que me vean entrar y luego se lo cuenten a Ignacio. Y de mis amigas, si se lo propongo a alguna me dejan de hablar. Eso sin contar con Rosalía, que esa seguro que diría que sí, pero estoy segura de que lo contaría a su marido.

Yo – También esta Olalla.

Paula – Ni loco. Está embarazada y me siento incapaz de entrar a nadie y menos a una mujer. Que locura. Además, estamos bien como estamos. Puedes visitar a Olalla, que lleva ya varias llamadas pidiendo ayuda para muchas tonterías, que se ve que quiere que la des otro repaso. Y yo ya no me enfadare.

Termino mi hermano de hablar y se puso de nuevo a ver la televisión. Nosotros seguimos con nuestros ejercicios y no toque a mi cuñada, a pesar de que ella me buscaba para que la tocara. Me hice el duro. Ella siempre quería controlar todo y ya era hora de que yo me pusiera en mi sitio. Su enfado se hizo latente, pero me dio lo mismo. A la siguiente tarde Olalla llamo por un problema de una tubería o un grifo, no se exactamente lo que fue, porque mi cuñada me lo dijo a mí y no a mi hermano. Fui a su casa, pero no muy decidido porque su marido esos días no trabajaba y no quería problemas. Ella aprovecho que su marido se iba a jugar a las cartas a un bar de una aldea cercana, donde estaban sus amigos. Pero a poca distancia.

No tuve ni que tocar el timbre, abriola puerta antes de yo poder hacerlo y una vez que pase y cerró la puerta, me pego contra la misma puerta y se puso a tocarme por todos los lados.  Estaba desaforada, tuve que tranquilizarla, quería que la follase allí mismo y me tuve que contener para no hacerlo.

Yo – No podemos, tu marido sabes que puede aparecer en cualquier momento y tonto no es.

Olalla – Yo necesito hacer algo. No me contengo más.

Yo – Pero aquí no puede ser y si lo piensas con tranquilidad me darás la razón.

Olalla - ¿Y cómo lo hacemos? Porque desde que estoy embarazada ni me deja conducir. Yo no puedo aguantar así todo lo que me queda.

Yo – Si es mucha la necesidad y si tienes tantas ganas como yo, se me ocurre una idea de cómo poder hacerlo.

Olalla – Lo que tú digas, ya te digo que sí.

Yo – Espera a escuchar mi idea y luego me dices. La solución está en hacerlo en casa de mi hermano.

Olalla – Y te quedas tan ancho. Que hacemos con ellos los echamos de su casa, los sedamos o que. Vaya idea.

Yo – No hace falta hacer nada de eso, es mucho más simple, metemos a Paula en medio.

Olalla – No sé si te he entendido bien, me estás diciendo ¿hacer un trio?

Yo – Si, ya lo has entendido.

Olalla – Tú no estás bien de la cabeza. Mi necesidad no llega a tanto y es que no lo has pensado bien. Tú me ves a mi diciéndole a tu cuñada, Paula necesito follar con tu cuñado desesperadamente, no le digas nada ni a tu marido ni al mío y montémonos un trio.

Yo – Tu míralo de la siguiente manera, tú lo deseas y necesitas, Paula, aunque no está embarazada está en la misma situación que tú, que yo los oigo y me doy cuenta de todo y yo lo deseo también, me gustáis las dos. No creo que con esto te descubra nada nuevo, porque seguro que os lo contáis todo.

Paula – Que listo que eres y como todos los hombres, deseando hacer un trio con dos mujeres.

Yo – No es ser listo ni nada parecido. Es saber si uno puede con dos mujeres. Porque de lo contrario es hacer el ridículo, la pregunta es ¿podre con vosotras dos? La respuesta la tienes tú.

La semilla de lo prohibido ya estaba plantada, ahora solo había que esperar. Lo que tuviera que suceder, sucedería en los próximos días. Por eso el resto de la semana me fumaria la uni. Cuando esa noche mi cuñada oyó que le contaba a mi hermano que esos días me quedaría en casa. Se puso más contenta. Seguro que ya estaba pensando en follar todos los días. Esa mañana me vino a despertar y venía con un camisón distinto al de la noche anterior y venía con medias. Traía una bandeja con un café. Se había hasta maquillado y sus pezones estaban en punta. Me recosté sobre la almohada y me tomaba el café, ella estaba sentada en el borde de la cama. Acaricie su muslo y ella se ponía contenta. Todo cambio cundo le dije, que me daría una ducha y me iría a casa de Olalla, se fue irritando poco a poco y tuve que recordarle que me dijo que no se volvería a enfadar. Se contuvo y lo disimulaba mal.

Me hice el enfadado diciéndole que me quedaría a estudiar, que no iría con ninguna, que sería mejor llamar a Rosalía que no tan melindrosa como ellas dos. Paula me pregunto, que a que me refería con lo de las dos. Le conté lo que hablé con Olalla el día anterior, con la diferencia de que añadí que Olalla había dicho, que mi cuñada era demasiado conservadora, muy anticuada. Después de un silencio mi cuñada ante mi sorpresa, me dijo que no creía que su amiga hubiera dicho eso de ella. Para cubrirme las espaldas le avise de que se lo había contado en confianza y Paula me dijo que no iba a decir nada.

Estando en mi habitación haciendo que estudiaba, lo que hacía en realidad era estar pendiente de lo que, hacia mi cuñada, que se la notaba rebotada. Sonaba el teléfono y yo no quise cogerlo, al final lo hizo Paula, era Olalla, porque mi cuñada se ofreció a ir a su casa, ya que yo estaba en casa y me podía quedar con el niño, pero no es el motivo, al final quedaron en que venía ella. Esperaba que Paula me dijera algo, pero no lo hizo. Empecé a oler a café y llego Olalla y se metieron en la cocina. Yo baje media escalera, mas no podía porque me podrían ver. Olalla le contaba que su marido no se movería esa mañana de casa y era un poco pesado, que ya lo conocía. Su conversación era fluida por parte de las dos, pero poco interesante. Se puso interesante gracias a mi cuñada.

Paula – Tu marido ya se anima o sigue sin atreverse.

Olalla – Que va, sigue igual, pero no es que no se atreva, es una disculpa para no hacer nada.

Paula – Que mala que eres, seguro que es por preocupación. Nada, pero ya sabes, deditos.

Olalla – Muy graciosa eres tú.

Paula – Fíjate que cuando has entrado, te he notado como más aliviada. Por eso pensé que ya se le había pasado a tu marido.

Olalla – Ha habido algo tienes razón, pero no con mi marido.

Paula – No me digas. ¿El carpintero? Que guarra que eres. Al final te lo has pasado por la piedra.

Olalla – Te equivocas. No ha sido el carpintero.

Paula – Quien fue la víctima o el afortunado.

Olalla – No te puedo decir quien, pero un fuera de serie.

Paula – Dame detalles. Qué edad, como es, que tal lo hace, etc.

Olalla – Más joven que nosotras, bastante más. Con una buena polla, con aguante.

Paula – Cuéntame mas. Como de grande y cuanto aguante.

Olalla – Pues bastante más grande que la de mi marido y también más gorda. Tuve varios orgasmos y porque le dije que paráramos, creía que me destrozaría, me dio miedo poder perjudicar el embarazo. Si hay otra vez le propondré por otro sitio.

Paula – No me digas que le vas a decir que te lo haga por detrás. Que guarrona, pues si la tiene como dices te lo va a dejar destrozadito. ¿Cuándo lo vas a volver a ver?

Olalla – A mí me gustaría que ya mismo, pero mi marido estará todavía un tiempo sin viajar. Sabes lo mejor es cuando sus pelotas me dan por detrás, notarlas me erizan la piel.

Paula – ¿Tan grande las tiene?

Olalla – Tu mira las corridas de toros y fíjate en el toro, con eso está todo dicho.

La conversación se había puesto muy interesante, mi cuñada picándola, sonsacándole todo, pero Olalla se quedaba sin decir nada más. Seguro que las dos estaban esperando que fuera la otra la que rompiera el hielo, pero era como un partido de ping-pong, se pasaban la pelota, pero ninguna daba el mate.

Paula – Pues Rober también tiene que estar muy bien dotado. Aparenta tener más que su hermano. Por lo menos en pijama o pantalón corto lo parece.

Olalla - ¿No me digas? ¿Es que te gusta tu cuñado?

Paula – Reconozco que está muy bien, tiene muy buen cuerpo. Esta fuerte. Pero es mi cuñado.

Olalla – Y si no fuese tu cuñado, ¿qué pensarías?

Paula – Pues que estaba para hacerle un favorcito.

Olalla – Siempre hemos tenido mucha confianza y me he acostado con tu cuñado.

Paula – Mira que me lo imaginaba. Por lo que tardo el otro día en volver de tu casa. Mira que lo sabía.

Olalla – No te enfades.

Paula – No me enfado. ¿Y ahora qué?

Olalla – Te seré muy sincera. Yo creo que le gustas mucho y te desea.

Paula – Eso lo dices para tratar de contentarme.

Olalla – Te cuento. Ayer quise hacerlo de nuevo con él en mi casa. No quiso por estar mi marido cerca, no nos fuera a descubrir. El me propuso hacerlo aquí, en tu casa.

Paula – Me parece muy fuerte, tener que irme de mi casa para que vosotros os acostéis aquí. Muy fuerte.

Olalla – Rober quiere que tu estés presente.

Paula - ¿Y tú que has dicho?

Olalla – Dije que no, por supuesto. Luego lo he pensado mejor y cuando has dicho que si no fuera tu cuñado que le harías un favorcito, como que ya no me ha parecido tan mala idea.

Paula – ¿Es que te gustan las mujeres?

Olalla – No es eso tampoco. Podemos estar los tres sin nosotras tocarnos. Yo estaría dispuesta a por lo menos intentarlo.

Paula – Es muy fuerte, muy fuerte.

Olalla cuando vio a mi cuñada tan compungida, decidió retirarse e irse. Oí como se cerraba la puerta. Baje al momento y no pregunte a mi cuñada, al verla de pie, la empuje contra la mesa de la cocina, la tumbe encima y levante sus piernas que se quedaron apoyadas en mi pecho. Ni le quiete las bragas, se las separe y sacando mi rabo se lo metí de un solo viaje. Estaba chorreando, estaba caliente y me reclamaba que fuera más rápido, rompí los botones de su blusa y sus tetas quedaron al aire. Me decía que era un salvaje y les tocaron ahora a sus bragas, que después de varios tirones se las rompí también. Dejo caer sus piernas y me atrapo con ellas mi cuerpo. Ahora la salvaje era ella.

Me quite de como estábamos y le dije que se apoyara mejor en la mesa. Una vez que se colocó, vio que cualquiera que se asomase por la ventana la vería con las tetas moviéndose mientras yo la follaba. Me pidió, me suplico que fuéramos a una habitación, pero yo seguí folla que te folla y ella gritando y me insultaba. Una vez que tuvo el orgasmo se quedó tumbada y con los brazos estirados sobre la mesa. Se extrañó de que yo no me corriera y pregunto. Mi contestación fue que ya me correría. Por la noche una vez que llego mi hermano y una vez que se cambió, bajo y se puso a ver las noticias, que no se las perdía ninguna noche. Yo me quede apoyado en la pared de la puerta que daba al salón donde estaba sentado mi hermano y que desde allí se veía la cocina. Mi cuñada se movía de un lado para otro de la cocina, preparando la cena. Esperaba que en algún momento mirara, cuando lo hizo, la llame con mi mano y se extrañó, se secó las manos y se acercó, viendo como yo me bajaba la cremallera del pantalón y sacaba mi rabo, algo me decía gesticulando, pero no la entendía. Nada más llegar la hice agacharse y se metió mi rabo en la boca. No paro ni protesto me la chupo hasta que me corrí en su boca. Estuvo un rato relamiendo mi rabo y cuando se levantó para volver a la cocina le dije que ahora se fuese a donde estaba Ignacio y le besase, ella no quería y le dije que entonces sería la última vez. Que solo en los labios.

De una manera conformista fue hacia Ignacio y de manera normal le pregunto si quería patatas fritas en la cena, él dijo que si y ella le beso. Yo esperaba un beso en los labios y punto, le dio un beso en condiciones, con lengua. Mi hermano cuando ella acabo le decía que le gustaba cuando estaba tan efusiva. Siguió viendo la televisión y Paula venia hacia mí con cara de maldad, me agarro mi rabo por encima de mi pantalón y me susurro que ella también sabia jugar fuerte.


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