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Fecha: 27-Oct-16 « Anterior | Siguiente » en Hetero: General

Mi paciente favorito (parte i)

olivenza
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En unos días mi paciente favorito aún sin él saberlo, me dió la oportunidad de poder realizar todas mis fantasías sexuales que desde siempre había tenido. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Hola, me llamo Cristina. Soy una jóven de 23 años que hasta ahora he estado siempre estudiando y que por fin he tenido la suerte de encontrar trabajo

en un hospital. Hoy mismo empiezo a trabajar en él como enfermera. A partir de ahora, he pensado  escribir en un diario todo aquello que me vaya

sucediendo durante esta nueva etapa de mi vida. Así, cuando pasen los años podré recordar mejor todo lo que me haya ido sucediendo hasta entonces.

Como ya os dije, hoy empiezo en mi nueva tarea. Me han dado ya una bata blanca y una plaquita con mi nombre para llevarla en el pecho, y la verdad

es que todo éso me ha hecho mucha ilusión. He estado ya visitando toda mi planta y he podido comprobar que los pacientes son de lo más variados aunque 

predominan las personas mayores. Unos estan mejor que otros y pueden valerse por sí mismos, pero el resto no lo están tanto y hay que ayudarlos a

hacer algunas cosas. de momento la tarea que me han asignado por ser nueva y tener poca experiencia ha sido tan sólo la de repartir los medicamentos

y darles la comida, y así lo he ido haciendo todo el tiempo, siendo para mí una experiencia nueva y muy buena, ya que los pacientes por suerte, son de

lo más educados y amables conmigo.

Durante mi período de trabajo me han comentado que no siempre haré turnos de mañana, ya que a veces tendré que venir también por la tarde y alguna vez

hasta de noche, pero eso sólo cuando tenga guardia. De momento me ha tocado por la mañana y así, día a día ha ido pasando el tiempo en mi primera semana.

En la segunda que acaba de empezar me toca de tarde. A partir de ahora ya me han asignado tareas más importantes. Ahora además de lo que hacía, me

encargo también de tomarles la tensión y de ponerles las inyecciones. Para ello solo tengo que seguir al pié de la letra todo lo que ponen las hojas que me

dan de cada paciente, tanto para los medicamentos como para la comida. Así poco a poco van pasando los días, transcurriendo todo con gran normalidad.

Éste es un hospital muy tranquilo. Hoy como de costumbre voy pasando con mi carrito por las habitaciones para tomarles la tensión y poner alguna que

otra inyección. Por la hoja de ruta que me han dado, veo que en una de las habitaciones que hasta ahora estaba vacía, hay una persona nueva, la cuál se

vé que ingresó la noche pasada tras haber sufrido un accidente. Me dirijo hacia allá y al abrir la puerta, me encuentro con un jóven tendido en la cama

boca arriba, con toda la cabeza y la cara vendada y además con un gotero puesto. Veo que está solo en la habitación, aunque hay otra cama más , vacía.

Acto seguido cierro la puerta tras de mí y empiezo a trabajar con él. Primero le tomo la tensión. Al cogerle el brazo compruebo que aquél chico tiene unos

buenos bíceps. Veo que está sedado o dormido muy intensamente y le intento poner una inyección como puedo. Para ello, le bajo la sábana de la cama

hasta sus piernas y trato de girarlo un poco hacia un lado para acceder mejor a una de sus nalgas para poder pincharle. Entonces ví que llevaba puesto

el pijama que dan en el hospital. Esos que son abiertos por la bragueta, y al no llevar puesto el slip, al intentar ponerlo de lado se le salió sin querer

toda la polla por aquella gran raja. Una polla que aunque la tenía flácida, era de unas medidas muy considerables y además iba seguida de un par de

huevos enormes según pude comprobar. Yo presa del asombro me quedé un momento como petrificada. Ya os dije anteriormente que durante estos

años me he dedicado tan sólo a estudiar y no he podido ir a bares ni a discotecas a ligar, como lo haría cualquier otra chica de mi edad. Por éso a mis

23 años, aún no he tenido contacto físico con ningún hombre, salvo algún que otro beso ingénuo dado con algún compañero de clase en alguna ocasión.

No obstante y aún así, perdí mi virginidad un día en solitario jugando con mi consolador en mi habitación. Me decidí a comprarlo una vez a través de

internet ya que de no ser así, yo sería incapaz de ir a un sex-shop a buscarlo. También a través de la red es como he podido ver alguna que otra película

porno de vez en cuando, acabando casi siempre al final masturbándome, al ver aquellas tremendas pollas que suelen aparecer en ellas, como la de éste

jóven, la cuál todavía no me he atrevido a tocar y mucho menos a probar. Así que me quedé así un buen rato mirándosela como embobada, sin

atreverme a nada más, hasta que me armé de valor y me atreví a guardarle todo aquél arsenal dentro del pijama casi sin tocarlo. Después decidí ponerle

la inyección y luego ya me marché. Él seguía allí inmóvil y sedado sin saber qué pasaba a su alrededor, pero yo salí de aquella habitación muy nerviosa

por todo lo ocurrido y con las mejillas sonrosadas, además de llevarme en mi retina aquella polla grandísima difícil de olvidar para una chica como yo.

Así fué transcurriendo otro día más en el hospital, y al llegar a casa lo primero que hice fué buscar mi juguetito vibrador y ponerme a jugar con él,

pensando en aquél jóven mientras me masturbaba y conseguía un orgasmo fabuloso como jamás lo había logrado.

Ahora entraré ya en mi tercera semana y me han asignado además la tarea de lavar y asear a los pacientes que están incapacitados y no pueden

valerse por sí mismos. Para ello voy pasando por las habitaciones que me han asignado y les ayudo a hacerlo. Algunos, bien sean hombres o mujeres

tan sólo necesitan un poco de apoyo para no caerse mientras se duchan y yo se lo proporciono, tratando de mirarles lo menos posible, pero también 

hay los que estan postrados en sus camas y a esos o a esas sí que tengo que lavarlos yo y asearlos.

Al principio me daba mucho reparo hacerlo, pero ahora ya soy toda una profesional. Con las mujeres lo suelo llevar mejor que con los hombres.

Como ya os dije, predominan las personas mayores, así que sus carnes estan ya flácidas y caídas, y como podéis imaginar el panorama a primera vista

no es muy alentador. Esta semana me han dado solo una parte de mi planta y en ella no está asignado aquél jóven con el que tanto he pensado en mis

encuentros solitarios. Pero hoy, debido a la casualidad o tal vez al destino, la enfermera que hace la otra parte y a la cuál le tocaba hacer la guardia de

noche, no podrá hacerla, por lo que me han pedido a mí, si puedo hacerla por ella. Naturalmente les he dicho que sí, y aquí estoy mirando la lista

para ver qué tareas me han asignado y a quién. Como ya os dije, éste hospital es muy tranquilo de día y espero que por la noche lo sea mucho más.

Creo que todo debería transcurrir con normalidad. He visto que hay una enfermera de vigilancia en el mostrador del pasillo y otra conmigo, las cuales

somos las encargadas de realizar todo el trabajo. Cada una se encarga de un lado de la planta. Yo me he puesto muy nerviosa al comprobar que me

ha tocado a mí la habitación de aquél jóven. Antes de que de fueran durmiendo, les hemos dado a todos la cena, al igual que los medicamentos y

ahora ya tan sólo falta comprobar que los impedidos que lo deseén puedan hacer pipí y asearlos un poco para que descansen y duerman mejor.

Y así habitación tras habitación y sin haber podido quitarme esa idea fija de la cabeza desde hace unos días, llego a la habitación de aquél atlético

jóven. Él seguía allí, inmóvil y sedado en su cama, y yo como buena profesional que era, debía de hacerle una buena limpieza en toda su parte baja.

Sabía lo que me jugaba si me pillaban, pero estaba decidida a llevar a cabo aquella maquiabélica idea adelante. Así que dejé mi carrito al lado de su

cama, en el cual llevaba una palangana con agua caliente, una esponja muy suave, un gel neutro y una toalla blanca del hospital, además de un hule

transparente. A continuación cerré bien la puerta de la habitación tras de mí y seguidamente corrí la cortina que separaba las dos camas, aunque

estábamos solos, y me puse manos a la obra. Cogí la esponja con agua y gel y empecé a lavarle toda la parte de arriba. Después le puse como pude

el hule debajo de las nalgas y procedí a limpiarle bien sus partes íntimas. Para ello tuve que bajarle el pantalón del pijama, dejándole al aire todo aquél

panorama. Su polla seguía estando flácida y la tenía caída hacia el lado izquierdo, al igual que sus huevos. Entonces aún sin querer, quedé otra vez

presa de la emoción ante aquella visión durante un momento. Luego cogí la esponja y le lavé la parte del ombligo para así, poco a poco, ir bajando

hacia sus genitales. Una vez allí al ver que ya se lo había dejado todo bien limpio, empecé a maquinar mi idea. Al principio me dediqué tan sólo a

mirarle todo aquello con gran detenimiento ya que nunca había visto ninguna polla en vivo hasta entonces, pero después la curiosidad me llevó también

a querer tocársela más en serio. Primero empecé a hacerlo con la punta de los dedos y fuí pasándoselos por todos los sitios con gran admiración.

Después poco a poco me fuí animando y se la fuí cogiendo ya con toda la mano. Entonces  noté que la tenía blanda, al igual que sus huevos, pero

conforme iba apretándosela, ví como iba aumentando de tamaño entre mis dedos, por lo que me atreví a sobársela mejor, ahora ya con las dos manos.

En una de las veces, al bajarle la piel hacia abajo ví como aparecía una gran cabeza sonrosada que parecía estar invitándome a algo más.

Yo nunca había visto nada igual. El jóven no reaccionaba, pero su polla sí, así que con lo caliente que me estaba poniendo, decidí dar el siguiente paso,

tal y como había visto hacer a aquellas actrices del porno en sus películas. Entonces acerqué mis labios a aquella cosa tan llamativa y empecé con

recelo a darle tan sólo unos pequeños besos de contacto, hasta que pude comprobar que su textura era muy suave y que su sabor no era para nada

desagradable. Entonces me decidí a recorrerla toda con mi lengua desde la base de sus huevos hasta su glande. Así fuí lamiéndosela toda centímetro a

centímetro. A su vez, con mi otra mano le iba masajeando aquellos abultados huevos, empezando así casi sin saberlo a hacerle una verdadera paja

con su sube y baja incluído. Fué así como ya lanzada me atreví a metérmela toda ella en la boca y a hacerle también mi primera mamada. Por fin

estaba realizando aquello que había visto hacer tantas veces en las películas, cuando aquellas actrices se metían hasta la garganta aquellas grandes

pollas como estaba haciendo yo en ése momento. Así estuve durante un rato metiéndomela y sacándomela de la boca sin parar, como si me fuera la

vida en ello, y a la vez me fuí dando cuenta de que no lo debía de hacer nada mal, puesto que aquella polla no paraba de crecer y de engordar dentro

de mi boca. Ahora ya me costaba metérmela y me quedaba un buen trozo fuera cuando lo hacía, por mucho que intentaba comérmela toda.

Mi boca empezaba a llenarse por primera vez de aquél líquido preseminal, por lo que a pesar de mi inexperiencia comprendí que el final de todo aquello

ya debía de estar cerca. Al poco rato, aquél jóven descargó dentro de mi boca todo un arsenal de leche caliente, la cuál ya no podía retener más y me

salía hasta por la comisura de los labios, pero no me importó ya que aunque era mi primera experiencia, me había parecido estupenda.

Creo que en su subconsciente, aquél jóven también tuvo que agradecérmelo después de ver como se había vaciado por completo dentro de mí.

Luego acabé con lo que había venido a hacer y lo dejé otra vez bien limpito y aseado para que descansara mejor durante toda la noche.

Ahora solo faltaba esperar a tener otra oportunidad como ésta para seguir probando con él más cosas nuevas para mí, y ésa podría ser mi próxima

guardia dentro de dos días.

CONTINUARÁ EN: MI PACIENTE FAVORITO II


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