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Fecha: 02-Nov-16 « Anterior | Siguiente » en Trios

Mi viaje a zaragoza (ii parte)

olivenza
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Tiempo estimado de lectura: [ 19 min. ]
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Como después de tratarnos de lesbianas sin serlo a mi amiga y a mí, hicimos ver a mi novio que por esa regla de tres,él podía ser ahora el mayor gay del mundo. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

NOTA DEL AUTOR: Como podéis comprobar en mis relatos, la informática ha llegado ya un poco tarde para mí, aunque dicen que nunca es tarde para

 

aprender. Espero que no me tengáis en cuenta los fallos que cometo con el ordenador. No obstante creo que lo más importante es el contenido de las

cosas y que vosotros al igual que yo, disfrutemos lo máximo posible de ellas. Muchas gracias.

CONTINUACION DE: MI VIAJE A ZARAGOZA (I PARTE)

Tras desayunar Roberto, salimos otra vez de excursión por la ciudad. En esta ocasión vimos cosas muy interesantes y bonitas, al igual que otras que

no lo eran tanto, como el barrio más marginado de la ciudad, que según nos dijo era donde estaban todas las prostitutas y los macarras, o sea como

nuestro barrio chino de Barcelona. Según su criterio eso también formaba parte de la ciudad y había que tratar de verlo todo. Luego estuvimos

paseando junto al río y nos sentamos en una terraza de un bar para tomar algo. Tras pedir unas bebidas y algo para picar, nuestra conversación no

fué otra que hablar de nuestro posible lesbianismo o bisexsualismo, ya que por un lado, a ninguna nos atraían las mujeres, pero en cambio nos había

gustado la experiencia que habíamos vivido las dos. Al final, después de mucho meditarlo y de darle vueltas al asunto llegamos a la conclusión de

que todo aquello había sido tan sólo éso, una experiencia más sin ninguna consecuencia.

No obstante, Roberto estaba en total desacuerdo con nosotras ya que según él, si no nos gustasen las mujeres no habríamos hecho todo lo que

hicimos y además disfrutando de ello. Así que para él, nosotras éramos lesbianas y punto.

También argumentaba que a él no le gustaban los hombres y que sería incapaz de besar a uno, chuparle la polla o darle por el culo, y mucho menos

que se lo hicieran a él. Alegaba que desde siempre había sido muy macho y que así seguiría. Luego nos dijo que a lo máximo que él podría llegar era

a hacer un trío conmigo y con otra chica que no fuese Ana. Entonces yo le dije, que de acuerdo. Que le cogía la palabra para alguna otra ocasión.

La verdad es que a las dos nos sentó muy mal aquella faceta de machito ibérico de mi novio que hasta entonces yo desconocía. Nos quería hacer

sentir culpables de lo que realmente no éramos. Por éso decidimos las dos darle una buena lección.

Tras acabar todo lo que habíamos pedido, a Ana se le ocurrió que podíamos volver al barrio marginado para dar otra vuelta por allí, aunque esta

vez para verlo todo mucho mejor. Nosotras habíamos pensado ya en nuestra venganza, así que en cuanto llegamos nos metimos en el primer

garito que encontramos y miramos todo lo que había en su interior: en la barra, un camarero. Frente a él, un jóven bien parecido, y al fondo en un

reservado, una impresionante rubia sentada, sola, que a los tres nos llamó mucho la atención. Ana se fué hacia la barra y pidió al camarero tres

cervezas, a la vez que hablaba con él y no paraba de reirse. Después regresó con las bebidas y acercándose hasta nosotros nos indicó una mesa.

El jóven de la barra ya se había fijado en ella y no paraba de mirarla, así que al poco rato se acercó con su vaso en la mano y empezó a querer

ligar con ella. Mi amiga al ver que el tío estaba muy bueno, le fué siguiendo el royo y seguidamente me dijo que la acompañase al baño.

Una vez allí me explicó que ya tenía la solución a nuestra venganza. Entonces me contó que a través del camarero se había enterado de que la

rubia del reservado era un travesti con una tranca descmunal. Le explicó también que solía ir por allí en busca de clientes, ya fuesen solos o bien

para tríos. Así que quedamos con ella sin que Roberto se diese cuenta y a partir de ahí empezamos con nuestro maquiabélico plan.

Al regresar a la mesa alegamos las dos estar ya muy cansadas y decidimos irnos para casa. Entonces el ligue de mi amiga le preguntó si podía

acompañarla y ella sin pensárselo un momento aceptó. Seguidamente entré yo en acción y señalando a la rubia del reservado le comenté a

Roberto que si realmente quería hacer un trío conmigo como había dicho antes, tenía que ser con ella. Así que le dije que se las arreglase como

pudiera, pero que tenía que ser ya, antes de que cambiara de opinión. Entonces Roberto aceptó y con una cara de salido que nunca le había

visto, se fué hacia ella. Nosotras estábamos muy tranquilas ya que antes lo habíamos pactado todo con ella, así que enseguida aceptó y

cogiéndonos a los dos por el brazo, nos sacó de aquel antro para irnos hacia la casa de mi amiga.

l llegar estuvimos bebiendo unas copas para romper el hielo, aunque Ana no paraba de morrearse con su nuevo ligue. A nosotros en cambio nos

costaba más ya que Roberto al estar yo presente no se atrevía a dar el primer paso. Después mi amiga se llevó al jóven a su habitación y

nosotros pasamos con la rubia a la nuestra, cerrando después la puerta.

Entonces Lucrecia, que así se llamaba empezó ya a tomar la iniciativa. Se fué pegando poco a poco a mí y empezó a acariciarme el pelo y las

mejillas con sus manos, hasta que fué acercando sus labios a los míos, empezando a darme unos pequeños contactos que yo fuí correspondiendo,

y así con gran erotismo fuimos sacando nuestras lenguas y nos besamos hasta que nuestros labios se fueron poniendo suaves y carnosos.

Roberto no perdía detalle. Se había sentado al borde de la cama y se estaba todo el rato acariciando el paquete, que cada vez estaba

creciéndole más debajo de su pantalón debido a la excitación que tenía.

Para mí todo aquello era nuevo ya que hasta ahora el único contacto femenino que había tenido había sido sólo con mi amiga, pero el solo morbo

de saber lo que escondía Lucrecia entre sus piernas, me ponía a cien por hora. Ella continuó tocándome las tetas y yo hice lo mismo con las suyas

las cuáles debido a la silicona las noté muy duras aunque a la vez muy suaves. Así estuvimos magreándonos las dos durante un rato, mirando

a Roberto de vez en cuando que no paraba de apretarse la polla con la mano y que ya se le había puesto de un tamaño considerable.

Entonces lucrecia le preguntó si le apetecía besarla y él, se levantó como si tuviese dentro un resorte y empezó a hacerlo con mucho ímpetu.

entonces ella le dijo que...!!tranquilo!!... que fuera poco a poco y que le dejase hacer. Pero él continuó besándola y tocándole las tetas y el culo

como un poseso, por lo que las dos entendimos que ya era hora de dar el siguiente paso.

Entonces empecé a quitarme la ropa, quedándome tan sólo en braguitas y sujetador. Y acercándome a él desde atrás, empecé a desabrocharle

la camisa y a sacársela, dejando su peco y sus abdominales de "toblerone" a merced de Lucrecia.

a continuación sin dejarlo reaccionar mucho, empezó a besarle y a acariciarle los pezones, a la vez que con una mano iba bajando hata su miembro

y empezaba a sobárselo suavemente por encima de la ropa. Entonces yo, tras una señal previa, le fuí desabrochando y quitando los pantalones

a la vez que ella se quitaba también la blusa y el sujetador, dejando al aire aquellas preciosas tetas con unos pezones enormes apuntando hacia

el cielo. Roberto estaba ya solo con el slip y su polla empezaba a aparecerle por la parte de arriba, lo que nos puso a las dos aún más cachondas.

Él tenía una buena herramienta aunque según me había enterado no superable para nada con la de ucrecia. Entonces lo empujamos hacia la cama

y así, tumbado boca arriba le quitamos el slip. ella continuaba llevando puesta su diminuta minifalda la cuál al agacharse, dejaba ver su precioso

tanga. Tenía unas nalgas muy redondas y apretadas así que pensé que allí debajo entre ellas y sus muslos escondería su gran sorpresa,

quedando oculta ante cualquier mirada indiscreta. La polla de Roberto estaba ya muy tiesa y dura así que decidimos las dos darnos un buen festín

con ella. Primero por cortesía, deje que fuera Lucrecia la que empezara y así lo hizo. Comenzó a chupar y a subcionar con su boca de mamona

aquél pedazo de carne y después me lo ofrecio a mí. Así estuvimos las dos durante un rato. Cuando un chupaba, la otra le acariciaba los huevos y

así indistintamente. Al verlo allí tumbado, extasiado y con los ojos cerrados decidimos seguir adelante con nuestro plan.

Roberto estaba ya muy caliente y con su polla a punto de estallar. Nosotras de momento habíamos conseguido ya, que se la chupase un tío

después de inflarse de besarlo. Ahora faltaba todavía lo siguiente. Para ello me desnudé por completo y le ofrecí mis tetas y mi coño. Él empezó

a chuparme y a lamerme como un loco, a la vez que buscaba también el orificio de mi culo, al que tantas veces había querido poseer sin

conseguirlo por no haberme dejado nunca. Seguidamente se fué hacia Lucrecia la cual, al ver que llegaba l momento, se quitó su diminuta falda

y de espaldas a él, le ofreció aquel precioso culo formado por dos nalgas redonditas, separadas tan sólo por la diminuta tira del tanga.

Él empezó a tocárselas y a masajeárselas durante un rato y luego hasta se atrevió a besárselas. Yo desde mi sitio privilegiado no perdía detalle

viendo como poco a poco iba llevando su mano a su entrepierna. Entonces notó y encontró el gran secreto de Lucrecia, la cual dándose la vuelta,

se sacó aquella gran polla por un lado de su tanga. En ése momento a Roberto le cambió la cara, y mirándome a mí dijo: Emi...!! que ésto es un tío !!...

Entonces Lucrecia le dijo: !!sí cariño!! soy un tío, pero antes de saberlo, bien que no te importaba y me dejabas que te la chupase, a la vez que me

comías a besos. Éso todo como ves es sicológico, así que tú mismo. Tu novia está de acuerdo en todo y de tí depende que disfrutes de estas tetas,

de ésta gran polla y de éste culo que Dios me ha dado o que tan sólo seas un simple espectador que va a ver como se follan a su novia, porque

yo ante todo soy una profesional y me gusta terminar bien mi faena.

Roberto no daba crédito y al no verlo muy convencido, decidí ayudarle a seguir. Así que ccgí una de sus manos junto a la mía y se la llevé hasta

aquella descomunal polla. Él me miró extrañado pero a la vez me iba dejando hacer. Yo le conocía muy bien. Sabía lo salido que era. Entendía que

deseaba hacerlo, pero su fachada de macho ibérico lo frenaba ante mí. Luego noé como se la iba ya apretando para comprobar su dureza y

después se atrevió a bajarle la piel del glande, empezando así a hacerle un leve movimiento de arriba a abajo. Ante nuestros ojos iba quedando

libre aquella gran cabeza de carne palpitante que yo no quería dejar de probar y acercando mi lengua a ella, empecé a lamerla por todo su contorno,

viendo como me regalaba por su pequeño orificio, las primeras gotas de líquido preseminal. Luego mirando a Roberto pensé en dar ya el siguiente

paso. Le pregunté si quería probar a qué sabía y aunqu al principio fué muy reacio, al final aceptó y acercando su lengua emezó a lamérsela,

animándose incluso a hacerlo a lo largo de todo el miembro. Entonces lo animé preguntándole: ¿ te gusta amor mío ?... a lo que él contestó: !! me

encanta!! . Y así ya más decidido y cada vez más caliente se la metió toda en la boca y empezó a chuparla como un poseso.

Lucrecia empezó a bombear hasta hacerle tragar casi toda su verga, a la vez que yo le iba tocando los huevos y de vez en cuando a ella le iba

metiendo un dedo en el culo. Poco a poco ví que se le iba dilatando bien, así que intenté meterle dos. Al conseguirlo pensé que había llegado ya la

hora de dar el siguiente paso. Ella también se dió cuenta, así que le quitó su polla de la boca y dándole con ell unos pequeños golpecitos en las

mejillas, se dió la vuelta y poniéndose a cuatro patas encima de la cama, le ofreció aquellas impresionantes nalgas, que al separárselas con las

manos dejaban ver el dilatado orificio por el que tantas veces había querido entrar en mí Roberto. Así que mirándole a la cara le dije: cariño, est

es tu oportunidad de probar un buen culo. Yo, pensé que después de todo lo que nos había dicho a nosotras, se lo iba a pensar un poco, pero me

equivoqué, ya que se cogió la polla con una mano, mientras que con la otra aguantaba una de las nalgas de Lucrecia y sin miramiento, se la metió

hasta el fondo empezando a bombear como un loco. Lucrecia aunque estaba acostumbrada a que le dieran por allí, de vez en cuando soltaba

unos pequeños gritos de dolor que poco a poco fué convirtiendo en gemidos de placer. Yo miraba a mi novio y no daba crédito a lo que estaba

viendo. Él, un machito renombrado dando por el culo a un tío y además disfrutando de lo lindo con los movimientos de nalgas que le hacía Lucrecia.

Así estuvieron un buen rato, mientras él a su vez le iba tocando las tetas. Yo más caliente que una estufa empecé sola a masturbarme otra vez.

Tras unas embestidas más, ví que Roberto llegaba a su final y tras unos fuertes temblores, descargó toda su leche caliente debntro de aquel

prodigioso culo. Después abrazado a ella por detrás, le besó en la nuca y se la sacó ya un poco flácida de su culo. Lucrecia y yo nos miramos con

cara de complicidad mientras se iba limpiando y decidimos poner en marcha la traca final, algo que con unos espectadores de lujo, podría quedar

para la posteridad. Así que entre las dos intentamos calentarlo de nuevo con unas caricias y juegos. Después al seguir los tres desnudos, hicimos

que se tumbara en la cama boca a bajo y yo empecé a hacerle hasta la cintura un sensual masaje con mis manos y mis tetas. Mientras Lucrecia

se encargaba de sus pies, piernas, muslos y glúteos Y así, poco a poco fuimos profundizando más en nuestros movimientos hasta que por los

gemidos que emitía vimos que ya estaba otra vez a punto de caramelo. Así que Lucrecia con una gran maestría, cogió un cojín de la cama y se lo

puso bajo sus caderas. Entonces a Roberto le quedaba el culo un poco más levantado que el resto del cuerpo, de ése modo pudo empezar a

besárselo y a lamérselo. Al principio él se lo apartaba, pero entre mis contínuos masajes y su gran calentura, su resistencia duró poco, ya que

al final hasta él mismo se separaba las nalgas para que Lucrecia pudiese profundizar más con la lengua en su orificio. Entonces al ver que estaba

ya entregado por completo se atrevió a meterle un dedo en el culo y empezó a moverlo con un suave mete y saca que le volvía loco.

Después ví como se fué poniendo más saliba y así, poco a poco pudo ir metiéndole hasta dos de sus dedos. Una vez lo consiguió pensamos en

taparle los ojos, argumentando que era para darle más morbo a la cosa, y a la vez para que disfrutase más. Él no desconfió de nada y enseguida

aceptó. Entonces Lucrecia siguió jugando con su culo mientras que él no paraba de mover sus nalgas peludas para facilitarle la faena.

Llegado el momento, yo me retiré de la habitación sin que él se diera cuenta y fuí a buscar a mi amiga, la cual había acabado ya de follarse a su

ligue de aquél momento y estaba muy contenta porque había disfrutado de lo lindo e incluso se había dejado dar por el culo, cosa que hasta

entonces no había dejado hacer a nadie. Me dijo también que le había encantado y que si yo todavía no lo había probado, que lo hiciera cuanto

antes porque era estupendo lo que se llegaba a sentir.

Entonces vovimos a la habitación y lo que pudimos ver fué a Roberto a cuatro patas al borde de la cama y a Lucrecia comiénole el culo y

metiéndole los dedos en él. A partir de ahí nos quedamos observando en silencio a que Lucrecia diese el siguiente y definitivo paso.

Tras unas miradas de complicidad por parte de las tres, empezó a perforar con más fuerza el culo de Roberto. Los dos dedos que le iba metiendo

entraban ya muy olgados por su orificio, por lo que pensó que había llegado el momento de la penetración real. Nosotras no perdíamos detalle

de la situación y a la vez nos íbamos tocando nuestros calientes coños. Entonces Lucrecia, demostrando una gran maestría, en uno de los mete

y saca que le hacía con sus dedos, se los retiró de golpe y con una rapidez increíble le puso la punta de su polla en la entrada de su culo.

Roberto no sé si no se dió cuenta o no quiso darse, lo cierto es que no dijo nada y Lucrecia entonces empezó a  perforar su orificio. al principio

conseguía que entrase ya que no era igual meterle los dedos que meterle aquel cacho de barra con su cabeza incluída. Pero siguió presionando

y más aún cuando notó que mi novio sin decir nada, le ayudaba a conseguirlo con sus movimientos.

Yo, para que él no desconfiara le dije que tratase de separarse las nalgas con sus manos para que sí Lucrecia pudiera meterle los dedos mejor, y así

lo hizo. Fué entonces cuando ella de una embestida consiguió meterle toda la cabeza de golpe, por lo que Roberto no pudiendo seguir disimulando

lanzó un grito de dolor y exclamó: !! por favor, Emi !!... dile que no me la siga metiendo, que mi culo aún es vírgen y no podrá recibir toda esa polla

tan grande. Entonces Lucrecia le dijo: tranquilo mi amor, tú déjame a mí, que ya verás como consigo metértela toda centímetro a centímetro

hasta los huevos y te haré sentir el mayor placer que hayas vivido nunca. Y dicho esto, empezó a empujar de nuevo haciendo que fuera

desapareciendo poco a poco aquél trozo de carne palpitante y caliente ante mis ojos, ayudado como no, por las manos de Roberto que las tenía

puestas por detrás de las nalgas de ella para así ir dirigiendo mejor la penetración.

Al final parecía que ya no le dolía y aquél grito anterior se fué convirtiendo en gemidos de placer. Fué entonces cuando Roberto sin cortarse ni un

pelo empeó a pedir en voz alta a Lucrecia: !! métemela !!...!!métemela toda!!...!! por favor, quiero más !!... quiero sentir como tus huevos chocan

contra mis nalgas. Entonces en ése momento, al ver que iban a llegar los dos al clímax total, le quité el pañuelo de los ojos para que pudiera ver

como por detrás, Lucrecia que en realidad era un tío, le estaba dando por el culo y mi amiga y yo estábamos allí presenciando toda la escena.

Seguidamente ella, sin poder aguantarse más decargó toda su leche caliente dentro de su culo, el cuál al estar ya lleno, no paraba de chorrearle

leche por los muslos cuando le sacó la polla. Y así, con ésa estampa que a todos nos iba a quedar grabada en la memoria, le dijimos a Roberto

que según sus creencias hacia nosotras, con todo lo que él había hecho hoy, debía de ser el mayor gay de todos los tiempos, ya que en muy poco

rato, aunque sin saberlo, se había besado y magreado con un hombre. Se la había dejado mamar y luego a sabiendas él se la había chupado y

también había querido darle por el culo, a la vez que se dejó dar por él y disfrutando de lo lindo además.

Entonces nos miró con cara de arrepentimiento y tras pedirnos perdón a las dos, nos hizo prometer que todo lo que allí había ocurrido se quedase

entre nosotros y que ése fuera nuestro secreto para siempre. Entonces viendo las dos que nuestro escarmiento había tenido éxito, aceptamos

sus disculpas.

Una vez pagamos a Lucrecia por su buen trabajo y despedimos al ligue de mi amiga, que se había quedado en su habitación al márgen de toda

nuestra movida, nos dimos los tres un fuerte abrazo y nos dispusimos a asearnos y a vestirnos para irnos después a comer.

El resto del día lo pasamos visitando otrs partes de la ciudad. Despés de haber hablado de todo lo ocurrido entre nosotros, nos sentíamos como

más relajados y tranquilos. Luego al llegar la noche nos fuimos a dormir.

De todo lo acontecido esos días, sacamos una conclusión muy clara y es que una cosa hecha tras un calentón en un caso puntual, no puede jamás

cambiar la inclinación sexual de una persona y mucho menos marcarla para toda la vida.

Al día siguiente nos levantamos pronto para aprovechar el frescor de la mañana y con todo preparado, nos despedimos de mi amiga, emprendiendo

el camino de regreso a Barcelona.

A partir de entonces noté que Roberto me miraba diferente y se había vuelto más comprensible en todo, por lo que en general nuestro viaje a

zaragoza nos había ido muy bien a los dos, por éso ya habíamos acordado volver a repetirlo en alguna otra ocasión.

Yo por mi parte, seguía guardando en mi memoria aquél sitio de la ida, donde paramos para que hicera "pipí" por si al regresar otro día volvía a

tener ganas otra vez... !! pero de hacer "pipi" !!.... no seáis mal pensados.

También en alguna ocasión dejaré a Roberto que me la meta por el culo, ya que si le gusta a tanta gente que lo ha probado, creo que no tiene que

ser nada malo. Pero bueno, éso será ya.... !! otra historia !!  .

FIN


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