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Fecha: 02-Nov-16 « Anterior | Siguiente » en Sexo con maduras

Mi cuñada – 11

Sorprenderme
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Al final las culpas las paga mi cuñada. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Todo cambio al día siguiente. Paula se levantó y nos fue despertando y se fue a preparar el café. Mientras el olor a café impregnaba todo, Paula se ocupaba del niño. Una vez que habíamos desayunado, nos fuimos a vestir, teníamos todos cara de cansados. Estaba dándome una ducha y apareció Olalla, que se quitó la camiseta que llevaba y se metió conmigo. No hablamos para nada, empecé a enjabonar su espalda y cuando llegue a su culo, se arqueo para que la enjabonara bien, toque su coño y gimió, luego introduje dos dedos en su culo y se inclinó más. Mi rabo se puso duro y se lo coloque en su culo, metiéndolo con mucha facilidad. Casi resbalamos de la furia que estábamos poniendo los dos, por miedo a una caída y por estar ella embarazada, nos salimos de la ducha, me senté en el váter y ella coloco su culo sobre mi polla y se sentó. Con una mano tocaba su coño y su clítoris y con otra agarraba uno de sus hinchados pezones. Más que subir y bajar movía su culo de un lado a otro, mi cuñada entro y nos vio, solo nos dijo que éramos unos cerdos que ella haciendo todo lo de la casa y el niño y nosotros ahí, jodiendo sin parar, lo decía mosqueada y Olalla que estaba cachonda a tope la animo a que le comiera el coño, que es lo que necesitaba, yo creía que mi cuñada se enfadaría mas, pero dejo en la repisa del lavabo la ropa que llevaba y se agacho a comerle el coño y Olalla poco tardo, tuvo un orgasmo desenfrenado.

Se levantó como pudo y como si le hubiéremos hecho un favor nos dio las gracias. Me entraron ganas de reír, pero yo quería correrme y quise follarme a mi cuñada, pero esta no quiso, tenía al niño a medio vestir. Al final me toco solucionármelo a mí solo. Durante la comida llamo mi hermano Ignacio, la cara de mi cuñada era de sorpresa, cuando acabo de hablar con mi hermano, me conto lo que le había dicho. Llegaba hoy a casa, algo imprevisto y Paula me conto que se iban a otra localidad un mínimo de 6 meses, a mí me dio mucha pena, pero me daba más pena el tener que abandonar la casa, al no estar ellos. Hasta la hora de ir a por mi hermano estuvimos callados, ella pensando en sus cosas y yo en las mías. Mi cuñada quiso ir ella sola a recogerlo y cuando se iba aparecía Olalla, que venía a hacer una visita. Paula le dijo algo sin poder yo enterarme. Olalla entro y mostro su disgusto, porque pensó lo mismo que yo, que me tocaría irme de allí. Olalla tuvo una idea, que me quedaría ese tiempo indeterminado en su casa, que lo hablaría con su marido. Que no podría estar en mejor sitio y el pago del alquiler, seria en metálico y en carne, así de bruta fue. Que pondría una cantidad simbólica, que luego ella me devolvería sin que su marido se enterase. La idea no me pareció mala del todo.

Mi hermano y mi cuñada llegaron y Olalla dijo que ya se tenía que ir. Mi hermano me explico todo, se le veía muy ilusionado y cuando termino de contármelo todo le felicite. Se puso serio y hablo conmigo, para decirme que les gustaría que yo siguiese en la casa, que una casa vacía se estropea. Que no montara muchas juergas y que, si lo hacía siempre con tacto, que no me preocupara por los gastos. El agobio que tenia se me paso, aunque la casa era grande para uno solo. Acepte encantado de la vida. Mi hermano se fue a cambiarse y apareció mi cuñada diciéndome lo bien que lo iba a pasar la calentorra de Olalla.

Mi hermano durante los días que preparaban todo para irse, no se movió de casa. Lo que hizo imposible que tuviéramos algo entre Paula y yo, salvo algún beso fugaz o un tocamiento discreto. Esos días estuve con mis contactos y me centré en uno en concreto. Me pareció intrigante, pero sobre todo presagiaba algo que podía ser muy intenso. Todos los contactos que había seleccionado eran de maridos que deseaban ver a sus mujeres con otros, etc. Este que me llamo la atención era de una mujer madura, no había foto ni nada, solo una breve descripción. El anuncio en su parte más enigmática decía que buscaba un hombre de verdad, que luego no saliera corriendo ante una mujer de verdad, una mujer que sabía lo que quería. Que si quien lo leía era un hombre de verdad entonces podía escribirla.

Tuve dudas en escribir, porque después de probar con mujeres mayores que yo, lo que deseaba era una mujer para que pasáramos buenos ratos sin más compromisos. Al final conteste su anuncio y recibí ese mismo día una contestación. Yo tenía muchas reservas, no sabía quién era en verdad, pero decidí entablar una conversación con ella. Aunque me pedía el numero para poder contactar por WhatsApp, eso suponía dar mi número de móvil y no me hacia ninguna gracia. Al final acordamos chatear. Lo hicimos durante un tiempo. Ella era casada, decía que quería a su marido, pero que necesitaba algo más en su vida. Aunque en la nueva vida que había tomado siempre con el consentimiento de su marido, tampoco había llenado ese hueco que tenía, esa necesidad que no sabía explicar muy bien. Aunque yo no tenía mucha experiencia en club de parejas, hablamos de ellos y se veía que ella tenía mucha más experiencia.

Había algo que yo no entendía y era que si frecuentaba tanto los clubs de parejas, donde estaba el problema. Mi conclusión era que era un coco de mujer o que era muy sosa a la hora del sexo, que también podía ser y a mí me gustaban decididas, lanzadas y que fueran muy claras, como Rosalía, que cuando la veías con más gente, era muy agradable, muy tranquila, pero en el sexo era muy puta, se desataba, era irreconocible. Como no quería seguir con dudas. La siguiente vez que chateamos fui directo y le pregunté para salir de mis dudas, que como era posible que, frecuentando tantos clubs de parejas no hubiera encontrado lo que deseaba, tardó en responder y lo que me dijo fue que ella quería un hombre decidido que no se anduviera con miramientos cuando estuvieran follando, que no se echara atrás por estar su marido, que eso no le cohibiera y sobre todo quería hacer cómplice a su marido, que lograra entrar en el momento, que no se aburriera, porque si no ella no se sentía plena del todo. Yo no sabía que contestar a todo eso, porque no la entendía bien del todo, supongo que por mi poca experiencia. Fui a hacer otra pregunta cuando se disculpó que había llegado visita y que luego u otro día seguiríamos, me vino hasta bien, para poder descifrar mejor lo que me quiso decir.

Busque como confidente a Paula y deformando un poco la situación le conté lo que había hablado con esta mujer, como si la hubiera conocido en una cafetería cercana a la uni. Paula me dio una charla que casi me estalla la cabeza para no decirme nada interesante y acabar diciéndome que lo mejor llamara a Rosalía que seguro que ella podía aclárame mejor las cosas. Llamé a Rosalía, con ella fui más clara y después de escucharme atentamente.

Rosalía - ¿Qué quieres saber exactamente?

Yo – Pues que es lo que ha querido decir y que es lo que busca concretamente.

Rosalía – Está muy claro, porque, aunque no la conozco es como si fuera gemela mía. Como no la conozco te explicare como empecé yo en todo esto. Mi matrimonio estaba muy bien, Seve es un hombre fantástico en todo, pero el matrimonio es como todo, se va haciendo monótono, se entra en rutina y se folla al final mal. A mí, a mi cuerpo le hacía falta algo más, necesitaba algo más. Y se lo dije a Seve.

Yo - ¿El que le dijiste?

Rosalía – Pues que nuestra vida sexual tenía que tomar otro rumbo. Participando el o participando yo sola. Que se lo fuese pensando. Se quedó conmocionado cuando se lo dije y no me hablo durante varios días. Luego me vino un día diciéndome que lo podíamos intentar pero que no me prometía nada.

Yo - ¿Cómo fuiste capaz de decirle eso?

Rosalía – Hay cosas que se notan, cuando yo vestía mas provocativa de la cuenta y sus amigos y otros hombres me miraban se le notaba en su cara, que no le disgustaba era como si estuviera muy orgulloso. Empezamos a visitar clubs de parejas y las primeras veces a él le gusto, pero luego le fue entrando la apatía, le daba ya igual, poco intervenía. Pusimos contactos especificando mucho lo que quería, lo que se suele decir un MACHO que me diera lo mío y que hiciera participar a Seve. Pero hay mucho que de palabra todo y luego se achantan.

Yo – ¿Pero que es lo que buscabas?

Rosalía – Lo mismo que busca tu amiga. Lo que hiciste el día que estuvimos juntos. Me dominaste a mí, dominaste la situación y lograste que Seve participara en todo y bien participado. Es como cuando alguien sale del armario y siente el alivio de haberlo hecho. Pues a Seve le paso igual, salió del armario de los cornudos consentidos. Y cualquier día te llama. Que no creas que no te tengo presente, lo que pasa es que estoy esperando que sea el, el que te llame y cada día lo veo más decidido, le esta constando llamarte, pero es necesario que sea el quien dé el paso. Pero sobre todo como te comportaste una vez acabado, muy respetuoso con los dos.

Yo – Entonces esa mujer busca lo mismo que buscabais vosotros.

Rosalía – Seguro. Si te pregunta se sincero, acuérdate de lo que paso entre nosotros. Que se escandaliza, no hablara más contigo, que no se escandaliza, es lo que está buscando. Alguien como tú, muy bien dotado, fuerte en hechos y palabras. Y que tienes un don especial, haces participar al marido de una forma natural, que sale de ti sin necesidad de esforzarte. Y solo te digo una cosa, domina tú la situación, que hay pocos hombres de verdad que lo sepan hacer y tú con lo joven que eres lo haces de fábula.

Yo – Muchas gracias Rosalía me has ayudado mucho.

Recordé lo que me dijo la otra vez Rosalía, sobre los maridos que gustan de ver a sus mujeres con otros. Estuve horas leyendo todo tipo de cosas en internet, había todo tipo de artículos unos más serios que otros, pero bastante orientativo. Me avisaron de que en un rato estaría la cena que fuera acabando y en ese momento apareció mi amiga, se acababa de conectar. Después de los saludos, fue ella la que me pregunto y lo hizo sobre mi mejor relación con una pareja. Fue fácil contestarla, lo hice detallándole lo que hice con Rosalía y Seve. Estuvo más interesada en los detalles con el marido, palabras que le dije, etc. Una vez que yo le conté todo, ella me decía que no creía que su marido aguantase todo eso, que no sabía si era eso lo que buscaban y me expreso más dudas. Visto lo que me ponía, le puse que no pasaba nada y que tuviera suerte en su búsqueda. La pantalla se quedó muda y al rato me puso adiós. Lo mismo me había precipitado siguiendo los consejos de Rosalía.

En cuanto acabe de cenar me subí a terminar parte del trabajo que tenía pendiente. Vi en la pantalla un nuevo mensaje de mi amiga que me preguntaba si seguía en línea. Ya había pasado bastante tiempo desde ese mensaje y le puse que ahora sí. Me pregunto si yo era un charlatán o en verdad era tan decidido como había dicho durante tanto tiempo chateando. Mi respuesta fue que eso solo se podía saber conociéndose en vivo y en directo. Ella quiso que quedásemos el próximo sábado por la noche y yo estuve de acuerdo. Yo quería quedar en alguna cafetería para conocernos, ella prefería quedar en un club conocido por ella y que le mandara una foto antes. Le hice saber que no me gustaba quedar directamente en un club y que fotos no le iba a mandar. Se volvió a quedar sin escribir nada, lo mismo estaba consultando. Me pregunto qué entonces cual era mi propuesta para quedar. Tratando de ceder un poco le puse, que podíamos quedar en una cafetería cercana al club que ella quería ir y conocernos allí y si nos caíamos bien pues íbamos donde ella quisiese. Me pidió un momento y me quede a la espera. Mandándome a continuación la dirección de una cafetería. Le dije como iría vestido, porque la descripción física ya la sabia, ya que la había puesto en mis contactos. Quedamos a las 11 de la noche.

El sábado cuando llegue a la cafetería estaba prácticamente vacía. Dos camareros detrás de la barra, en una mesa dos hombres y yo que me senté al fondo de la cafetería. Dieron las 11 y los únicos que entraron fueron dos hombres con traje de la limpieza. Que entablaron conversación con los camareros, bromeando entre ellos. Yo estaba tomándome una cerveza. Entro una pareja, debían de ser ellos. Era una pareja que, aunque lo acertar las edades lo llevo mal, calcule que el seguro que tenía los 50 y ella no podía asegurar la edad. Él tenía un poco de tripa y ella estaba con algún kilo de más, aunque se veía que sacaba partido a su cuerpo y su forma de vestir, sin ser escandalosa, pero si sugerente. La cara de él no era d buen presagio, seguro que era por mi edad, que, aunque aparentaba dos más, la edad que tengo ahora, entonces eran 18 años. Yo actué como si no pasara nada. Se acercaron y me saludaron, la más decidida ella, eso era buena señal, yo enseguida les di la mano y les dije que me llamaba Rober, porque hasta ese momento nos conocíamos por los apodos de internet. Ella dijo llamarse Macuca y el Manolo.

Todo iba bien, por lo menos entre Macuca y yo. Que en cuanto pude empecé a rozar mi pierna con la de ella y ella además de no rechazarla continuo con mi juego. Cada vez nos compenetrábamos más. Yo ya acariciaba su muslo, pero sin llegar a más, por estar donde estábamos y ella hizo lo mismo, la diferencia que llego a tocar mi rabo empalmado y lo palpo bien. A él se le notaba cada vez más incómodo y apenas articulaba palabra. Manolo corto la conversación en seco y me pregunto la edad. Yo podía haber dicho 23 por ejemplo que hubiera colado, pero dije la verdad que tenía 18. Fue como si se indignara y me pidió si no me importaba dejarles solos. No me gustó nada el tono que utilizo para pedírmelo. Mi contestación lo dejo a cuadros, ya que le dije que, si me importaba, que no pensaba moverme y que si tenía algo que decir que lo dijera tranquilamente. Sin mirarme a mí y guardo la compostura le decía a su mujer que tenía un año menos que su hijo mayor, que podía ser nuestro hijo. Que era una locura. Macuca se le notaba que pensaba que decir, pero antes de que lo hiciera, me eche hacia adelante, acercándome más a Manolo, sobre todo, para decirle de una forma discreta y que nada más nos enteramos nosotros, mira Manolo, no seas tonto ni reprimido, tu mujer va a disfrutar conmigo, pero lo que es mejor que tú vas a disfrutar también y me pedirás que me la folle. Si dejas follar a tu mujer con otros, porque no mejor con un buen rabo fuerte y joven.

Me eche para atrás y ahora a esperar. Macuca se acercó a él y le dijo algo al oído que no pude oír. El resignado se levantó a pagar a la barra. Le pregunte que le había dicho y ella con mucha complicidad me dijo que le había dicho que con él o sin él, pensaba probar mi polla. Lo siguiente se desarrolló muy rápido. Llegamos al local y nada más entrar estaba claro que eran clientes habituales. Me presentaron a la encargada, que era una mujer muy guapa. Manolo pidió copas para todos y Macuca ya estaba impaciente, mientras Manolo pedía las copas ella me dijo, que ahora estaba todo en mis manos, que ella sería como siempre, que como me había dicho era lanzada y no se cortaba. Macuca le pidió a su marido que buscara un reservado que estuviera libre. Como tardaba Macuca me dijo que fuéramos que eso quería decir que ya tenía uno.

Pasamos una puerta y vimos a Manolo en la entrada de un reservado. Cuando nos metimos dentro él se iba a marchar y dejarnos solos, Macuca torció el gesto y yo actué rápido diciéndole que, de eso nada, que él se quedaba. Ahora no se le notaba tan arrogante como en la cafetería y añadí que cerrara bien la puerta y lo hizo. Agarre a su mujer desde atrás y agarre sus pechos, que no llevaba sujetador eran bien hermosos de tamaño y algo caídos. Mientras los magreaba le decía a Manolo, menuda puta tienes, que me ha estado tocando el rabo en la cafetería, dile como me lo tocabas. Yo no veía la cara de ella, pero la de Manolo si y ella echo una mano hacia atrás y me masajeaba mi rabo. Dile a tu marido si te gusta y ella le decía que se notaba muy grande. Cada vez me tocaba el rabo con más ganas y yo empecé a bajar la cremallera de su vestido y ella lo sujeto para que no se callera, se lo quito y se lo lanzó al marido y vi que tampoco llevaba bragas. Lo que aproveche para decirle a su marido, Manolo no tienes una puta tienes un putón en casa, fíjate como sale de casa.

Le di un azote muy suave pero que sonó y le dije que me ayudara a desnudarme. Se dio la vuelta y buenos pezones tenia, color café. Le dije que se encargara de mi pantalón que del resto ya me ocupaba yo. El rabo me salía por arriba de mi slip. Macuca mordisqueo parte de mi rabo por encima del slip y luego paso toda su lengua por el resto que sobresalía. Me saco el slip y ahora sí, me comía el rabo sin dejar nada por recorrer y me comía los cojones, Manolo no era capaz de evitar disimular su empalme, como tampoco podía evitar su cara de vicio. Yo le decía a Macuca, vamos puta cómeme bien el rabo, enséñale a tu marido como lo haces, que está poniéndose muy cerdo. A Macuca oírme le hacía comerme mejor el rabo. Me tumbe en la cama y le dije que siguiera, ella se puso tumbada y le dije que, de eso nada, que se pusiera de rodillas como la perra que era. Manolo desnúdate y como supongo que a esta zorra el culo ya se lo habrán reventado más de una vez, cómeselo bien para luego darle por culo yo. Manolo se desnudó, estaba empalmado y no estaba mal dotado, Macuca cuando noto a su marido lamiéndola el culo, me miraba a los ojos, se la notaba contenta y muy cachonda. Macuca quería que la follara y así me lo dijo. Yo le conteste mirándola a los ojos y haciéndole una señal, que no era ella quien lo tenía que pedir, ella insistía, lo hizo varias veces hasta que le dijo a Manolo que yo no quería follarla, Manolo me pidió que me la follara, que la muy zorra lo estaba pidiendo a gritos.

Llego el momento de saber dónde estaba cada uno y ante la sorpresa que se llevó Macuca, le dije tu cornudo ven y chúpame bien el rabo para poder follarla sin problemas. Macuca estaba muy sorprendida, pero con cara de viciosa y su marido vino sin rechistar y me empezó a comer el rabo. No era igual que su mujer, pero el hombre ponía interés, Macuca me beso fogosamente y le decía a su marido, ves como este hombre sabe lo que necesitamos. Lo decía con una voz de puta que ni a mi cuñada había oído yo así. Hice a Manolo quitarse, le dije que ya estaba bien, ahora hice a Macuca que se sentase encima mía, se metió el rabo de un golpe, no se anduvo con miramientos y le dije a Manolo que siguiera con su culo. Él le metía a su mujer los dedos en el culo, se notaba perfectamente, sobre todo mi rabo y con la otra mano me sobaba los cojones. Quise poner más cachonda a su mujer, Macuca menudo cornudo maricón que tienes, no para de sobarme los cojones y ella con mucho desparpajo me decía, si ya sospechaba yo que le gustaba la carne y el pescado, menudo maridito que tengo. Macuca me miraba y se mordía los labios, le dije que se diera la vuelta para ver a su marido. Cambio de posición y se iba a sentar metiéndose el rabo en el coño, pero le dije que no, que su culo era ahora mío, esta vez si se lo tomo con más calma, se metió el rabo más lentamente, aunque entro muy bien.

Ordene a Manolo que ahora se follara a su mujer y Macuca decía que no esperase más que lo hiciera de una puta vez. El metió su rabo y Macuca grito, decía que era el momento más feliz, ver a su marido así, Manolo le decía a su mujer que no se aguantaba más, que se iba a venir ya y ella le decía que se esperase un poco más y lo hicieron a la vez, Manolo le decía que la quería, que la amaba y ella le decía que ella también. Una vez que Manolo se quitó de encima, se quedó como muy tímido, avergonzado yo me empecé a correr cuando él se puso así y Macuca se quitó de golpe, dejando que mi corrida fuera media corrida porque me la corto. Hasta ese momento todo estuvo bien, pero le vi hecho polvo y ahora si me retiré y me fui a remojar. Vi que no estaban en la barra y acudí de nuevo al reservado, que estaba cerrado, golpeé la puerta suavemente y abrió Macuca. Me dijo que ahora salía.

Cuando salió me explico lo que le pasaba a su marido, le había desbordado todo, pero reconocía que se lo había pasado mejor que nunca. Que dejara que lo asimilara. Y Macuca me dijo que, si no me importaba, otro día lo hablábamos. Quedamos así y me dijo que me debía una buena corrida. Me pude quedar allí a tratar de enrollarme con alguien, pero preferí dejar ese día las cosas así. Sabía que habría más oportunidades con esa pareja y me gustaba ese rol de hacer participar al marido, como con Rosalía y con Macuca, me ponía palote, tanto que todo el camino fui empalmado. Abrí la puerta sin hacer mucho ruido no quería molestar despertando a nadie. No sabía la hora que era, pero era bien tarde. Vi un poco de luz en la cocina, no está encendida del todo, era mi cuñada que estaba preparando un biberón, eso quería decir que el peque tenía hambre. La vi de espaldas con ese camisón pequeño, seguro que había estado de juerga con mi hermano. Me oyó y me saludo con una mano. Me acerque y me pegue a ella, que noto muy bien como llegaba. Iba sin nada debajo. Ella en voz bajita me decía que no, que el niño los había despertado y mi hermano lo mismo estaba despierto.

Estaba tan mal, que me dio igual todo lo que me decía, me desabroche el pantalón y ella se movía para no dejarme, hasta que noto mi rabo entre las piernas. Paula me decía que lo dejase, que había estado con Ignacio y se había corrido dentro, que me pringaría. Le avise que me fallaría el culo, ella decía que no, pero ante mi insistencia que no fue tampoco tanta, se mojó su mano con aceite me lo paso por mi rabo y se colocó mejor. Fui follandomela por el culo hasta que mis cojones dieron en ella, lo que hizo que diera un suave grito. En el silencio de la casa mi hermano pregunto desde arriba a mi cuñada que, porque tardaba y ella mientras yo la empujaba, la muy muta le dijo que se durmiera, que ella iba a aprovechar y tomar un poco de leche caliente. Era como un polvo callejero, a toda prisa para que nadie te pille y mi cuñada me agarro una de las manos que tenía en su cadera, la apretó con fuerza y le vino un delicioso orgasmo. Yo seguí hasta ahora si, correrme con gusto, llenándole su delicado culo. Cuando terminamos, cogió el biberón y antes de subirse me dio un buen beso diciéndome que estos momentos los echaría mucho de menos.


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