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Fecha: 06-Nov-16 « Anterior | Siguiente » en Trios

La invitada ( i parte )

olivenza
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La llegada de una amiga de mi mujer a casa, hizo que nuestra manera de vivir cambiara por completo al igual que nuestra forma de ver la vida. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Hola, me llamo Juan Carlos. Soy un jóven de 38 años, casado desde hace unos años con una mujer estupenda, la cual ha sido

mi compañera desde que era muy jovencito.

Debido a nuestra situación actual, hemos decidido de momento no tener hijos ya que los dos trabajamos y además el piso en el

que vivimos actualmente es muy pequeño. Tiene tan sólo una habitación, salón comedor, baño completo, un pequeño balcón y

poco más que contar. Todo esto de momento está muy bien para los dos, pero si decidiéramos incorporar otra persona más,

sería ya para pensárselo un poco y así lo hicimos en su momento.

Nuestra vida es muy normal en todo, rozando quizás la monotonía. Pero la verdad es que estamos muy bien juntos y así hemos

ido pasando los dos nuestros días. En uno de ellos, al volver de trabajar encontré a mi mujer algo preocupada, y aunque no me

dijo nada, como yo la conozco muy bien, sabía que algo había pasado. No obstante dejé que fuese ella la que tratase de

contármelo. Y así fué. Al cabo de un rato me preguntó si yo me recordaba de cuando éramos jóvenes y salíamos juntos con

otras parejas más. Yo le contesté que sí. Que aunque habían pasado muchos años, aún me acordaba de algo, aunque no tanto

de las caras concretas de aquellas personas. Entonces ella siguió preguntándome si recordaba a cierta amiga suya, la cual se vé

que en aquellos tiempos ya era muy ligera de cascos y aunque siempre iba de pareja con otros chicos, parece ser que yo le

gustaba un montón. Me dijo que se llamaba Teresa. Entonces intenté hacer memoria y la verdad es que sí que la recordaba,

aunque durante ese tiempo yo solo tenía ojos para la que hoy es mi mujer. Luego llegó a confesarme que de  todas aquellas

personas, con el paso de los años, tan sólo se había seguido viendo con ella. se vé que de vez en cuando solían reunirse en

algún bar para comer y poder así contarse su vida una a la otra. Según pude saber también, Teresa se había casado ya en dos

ocasiones, aunque no tenía hijos. Su primera relación no le había ido muy bien y ésta segunda al parecer tampoco, ya que había

pasado por varios altibajos. En ése momento se vé que estaban en uno de ellos. Según dijo Ana, que así se llama mi esposa,

su actual marido al igual que el anterior era todo un mujeriego y le ponía los cuernos cada dos por tres, llegando ya a una

situación casi insostenible. Se vé que pasaba ya de ella olímpicamente en todos los sentidos. por éso, tras la conversación

telefónica de mi esposa con ella, su preocupación en ése momento era ésa. Al parecer hacía un rato que la había llamado para

contárselo todo, pidiéndole que la aconsejase bien, como buena amiga suya que era. Mi esposa entonces se vé que así lo hizo

y yo la felicité por ello. Luego le comenté, que tampoco podía hacer mucho más por ella ya que eso era una cosa que tenían que

solucionar entre ellos dos. A continuación parecía que todo había quedado zanjado tras las explicaciones de ambos, pero

enseguida me dí cuenta (porque la conozco bien ) de que había algo más. De que no me lo había contado todo.

Pero no quise forzarla, aunque me quedé con aquella incertidumbre. Después nos estuvimos arreglando y decidimos los dos

salir a dar una vuelta. Durante el recorrido mientras paseábamos, notaba que ella estaba algo nerviosa y que no sabía como

poder contármelo de la mejor manera posible. Así que decidí ayudarla un poco preguntándole si se encontraba ya más tranquila

por aquello de su amiga. Entonces mirándome a los ojos me dijo con voz entrecortada, que no me enfadase por lo que me iba

a contar, ya que ella sabía ya que había metido la pata hasta el fondo, pero ahora ya no podía dar marcha atrás.

Resulta que cuando la llamó Teresa lo hizo llorando y le estuvo contando que hacía unos días que había cortado con su marido,

y que los dos se habían dado un tiempo para reflexionar. Entonces sin dejar de llorar le dijo también que no quería verlo más,

pero que no tenía ningún sitio a donde ir. Así que mi esposa sin pensar en las consecuencias, le dijo que si quería se podía venir

a nuestra casa por unos días, para así tratar de tranquilizarse y olvidarse un poco de la situación hasta que encontrase otro sitio

mejor. Entonces yo, aunque ella me había pedido que no me enfadase, me puse muy exaltado y traté por todos los medios de

exponerle nuestra situación actual, aunque ella bien que la sabía. Cariño, le dije...tenemos un piso muy pequeño. Con tan solo

una cama y una habitación. Lo único que podemos ofrecerle es el sofá del salón que además como ya sabes, no es ni sofá cama

y no podremos estar por ella puesto que los dos trabajamos fuera de casa. Entonces volvió a mirarme con cara de resignación y

me pidió perdón, a la vez que comentò que con buena voluntad por parte de los dos, saldíamos adelante de aquella inesperada

situación. Entonces traté de calmarla dándole un beso en la boca y con un abrazo sellamos nuestro mútuo acuerdo.

Seguidamente le pregunté cuando vendría la invitada, a lo que ella me contestó que al día siguiente por la mañana.

Así que durante el resto del día nos pusimos a arreglar toda la casa como pudimos, aunque no había mucho que arreglar,

sintiéndonos los dos algo nerviosos ya que desde que nos habíamos casado, nunca habíamos tenido a nadie a dormir y mucho

menos durante varios días.

A la mañana siguiente, una vez nos preparamos fuimos a buscar a Teresa a la estación de autobuses. Al llegar, comprobamos si ya

había venido y efectivamente así era ya que mi esposa enseguida la vió y fué corriendo hacia ella. Después se fundieron las dos en

un fuerte abrazo quedándome yo en un segundo plano hasta que mi esposa me cojió de la mano y me presentó. Entonces le dí dos

besos en las mejillas y me ofrecí a llevarle su maleta. ana por su parte le cojió también una bolsa que llevaba y así los tres nos

dirigimos hacia nuestro coche. Durante el trayecto, Teresa no paraba de hablar con mi esposa pero yo no intervenía mucho en la

conversación al ir pendiente de conducir. No obstante en una de las frases que le escuché decir a Teresa,le comentaba a Ana que yo

seguía estando casi igual a lo que ella recordaba de aquellos tiempos, a lo que mi esposa en plan de guasa le contestó si también

se acordaba de que yo en aquel entonces le gustaba un montón. Ella le contestó que sí, pero que como podía ver, el destino había

querido que no hubiese sido para ella y que todo se hubiese quedado tan sólo en una buena amistad entre ambas.

Éso me encantó escucharlo, ya que no todos los días le echan a uno piropos de ésa forma, pero aún así no dije nada y seguí

conduciendo como si no lo hubiese oído.

Al llegar, subimos al piso y una vez allí dejamos su equipaje y descansamos todos un poco. Luego le estuvimos enseñando nuestra

humilde morada. Yo creo que ella no se esperaba ver lo que estaba viendo, aunque fué prudente y no dijo nada. Pero su cara en ése

momento hablaba por sí sola. Por éso mi esposa trató de quitarle importancia a la situación diciéndole que aunque viese que el piso

realmente era muy pequeño para convivir tres personas, al ser tan solo por unos pocos días trataríamos de arreglarnos como fuese.

A continuación le comentó que como podía haber visto, tan sólo había una cama y un sofá para dormir, pero que éso al llegar la

noche ya harían las distribuciones oportunas. A continuación le ofrecimos un pequeño refrigerio y decidimos salir después a dar una

vuelta una vez que se diese una buena ducha relajante y se arreglase un poco.

Luego salimos durante unas horas y le estuvimos enseñando lo más importante de por allí. Al acercarse la hora de comer volvimos

a casa y tras tomar el vermut, pasamos a comer los buenos manjares que había dejado preparados mi esposa, la cual es una buena

cocinera. Luego tras los postres y los cafés oportunos, estuvimos hablando los tres un rato aunque ahora ya en plan más serio.

Teresa nos estuvo contando la situación con su marido, al cual no podía soportar por más tiempo. Eran ya muchas las infidelidades

que le había tenido que aguantar y su vida de pareja hacía mucho tiempo que se había quedado aparcada en el recuerdo de ambos.

Nos dijo también que ella aún se sentía jóven y que tal vez podría volver a rehacer de nuevo su vida junto a cualquier otro hombre.

Por éso se habían dado un tiempo los dos hasta decidir si se separaban o no. Y así, entre hablar...hablar y escucharla, fueron

pasando las horas. Luego por la noche estuvimos viendo una película en la tele y al acabarse decidí junto a mi mujer que sería yo

quien durmiese en el sofá, mientras ellas lo harían en la cama. Así que una vez todo decidido, mi esposa me preparó una almohada

y una buena manta en el sofá y ellas se fueron a la habitación. Yo traté de acloparme como pude, pero por mucho que lo intentaba,

me sobraba cuerpo por todas partes. Aunque no os lo había dicho antes, soy bastante corpulento y me salían los pies por toda la

parte de abajo. Por éso decidí adoptar la posición fetal y así traté de dormir como pude toda la noche.

A la mañana siguiente mi esposa y yo nos fuimos a trabajar temprano como siempre, dejando una nota con el desayuno ya preparado

a Teresa. dicha nota decía que le dejábamos las llaves del piso por si quería salir a dar una vuelta mientras estábamos fuera.

También le decíamos que podía disponer de todo como si estuviese en su casa y que volveríamos los dos después de comer.

Ana además le había dejado preparada también la comida, o sea que por lo menos no se podría quejar del servicio de su nuevo hotel.

Al regresar de nuestros respectivos trabajos, Teresa nos estuvo contando que había salido un rato a pasear para que le diese el sol y

que después había vuelto a casa y había estado escuchando música. Nos contó también que había llamado a su marido para aclarar

mejor las cosas y que él le había ofrecido dinero para que pudiese ir pasando de momento durante el tiempo que durase dicha

separación, cosa que ella aceptó y se lo agradeció. Nosotros no obstante le dijimos que no se preocupase por nada y que se lo pensara

todo muy bien. Luego le comentamos que tenía que ver los pros y los contras de su vida con él y si realmente valía la pena volver a

intentarlo, ya que ella todavía era jóven y además etaba de muy bien ver para cualquier hombre. entonces nos contestó que lo estaba

meditando todo muy bien y nos dió las gracias por haberla acogido en nuestra casa y por el interés que habíamos puesto para que

todo acabase de la mejor manera posible para ella. Después una vez descansamos un poco salimos los tres a tomar unas cañas a un

bar de por aquí y al acabar volvimos a casa y nos pusimos a ver un rato la tele. Mientras lo hacíamos, Teresa comentó a Ana que al día

siguiente sería ella quien preparara el desayuno y también la comida. Así nosotros podríamos venir directamente del trabajo y

comeríamos todos juntos, siempre y cuando a ella no le pareciera mal. Pero a Ana le pareció estupendo ya que pensó que así ella se

sentiría más útil y a la vez no pensaría tanto en su situación actual. Seguidamente nos pusimos a cenar y fué entonces cuando me

preguntaron como había pasado la noche anterior en el sofá. Yo la verdad nunca hesabido fingir mucho y aunque les dije que muy bien,

a mi mujer no pude engañarla, así que les tuve que contar todo lo que me había ocurrido. Les comenté que o yo era demasiado grande

o el sofá demasiado pequeño, ya que me salían los pies por abajo y con la posición final que adopté, a la mañana siguiente me dolía

todo el cuerpo. No obstante les dije que no se preocupasen por mí ya que por unos días así tampoco me iba a morir. Entonces se

pusieron a reir y dijeron que habría que pensar en otra solución. Después me fuí a dar una ducha y ellas se quedaron viendo la película

que empezaba en la tele. al acabar de ducharme volví con ellas y allí sentados los tres en el sofá, me comunicaron la decisión que

habían tomado para los próximos días. Dijeron que como la cama era lo suficiente grande no tenía porqué seguir durmiendo en el sofá

ya que allí cabíamos los tres perfectamente. Eso sí, guardando las distancias para que no hubieran malos entendidos.Para ello mi mujer

se acostaría en medio de los dos. Así nadie se podría sentir incómodo ante aquella situación. Yo por mi parte si ellas estaban de acuerdo

no tenía ningún inconveniente, ya que los tres éramos ya mayorcitos para saber como comportarnos y así se lo hice saber. Además

había acabado del sofá hasta las mismas narices, así que una vez dicho todo y puesta en claro la situación, seguimos viendo la película.

En una de las secuencias se podía ver a una pareja haciendo el amor y Teresa entonces nos comentó que le sabía muy mal el habernos

quitado nuestros momentos de intimidad, a lo que Ana le contestó que por éso no se preocupase ya que el día era muy largo y había

tiempo para todo. Yo en ése momento recordé que realmente su amiga tenía razón ya que aunque nosotros estuviésemos rozando la

monotonía, sí que solíamos hacerlo con bastante asiduidad y ahora habían pasado ya unos días que por una cosa o por otra no habíamos

tenido la ocasión de hacerlo, pero aún así me callé y no dije nada y seguí viendo la película con ellas. Al cabo de un rato la peli tocó

a su fin y entonces decidimos irnos a dormir. La primera en dirigirse al baño y luego cambiarse fué mi esposa, la cual después de

despedirse de nosotros se fué a la cama. A continuación brindé a Teresa la oportunidad de ser la siguiente. Entonces cojiendo su camisón

y dándome las gracias, se metió en el baño. cuando salió me dejó asombrado pues aquél camisón era muy corto, casi transparente y

con un buen escote, y aunque trataba de taparse todo con su ropa, lo que le quedaba a la vista era impresionante. Por la parte de

arriba se véian dos estupendas tetas con su canalillo incluído, y por abajo unos muslosy unas piernas de ensueño para cualquier

hombre. Yo hasta ése momento no me la había imaginado así pero desde entonces mi entrepierna que a su vez estaba hambrienta

empezó a crecer, haciéndome sentir algo nuevo y muy especial por todo el cuerpo.

A continuación después de darme las buenas noches, se metió en la habitación y yo aproveché el momento para refrescarme la polla

con un poco de agua fría para ver si se me bajaba la calentura. Después con mi pijama de verano ya puesto, me adentré también en

la habitación y me acosté junto a mi esposa sin hacer mucho ruido. Yo aunque trataba de pensar en otra cosa no podía quitarme de la

mente aquél cuerpazo que acababa de ver y que además estaba también conmigo en la misma cama y mi entrepierna tampoco, por

lo que tras esperar un poco a que Teresa supuestamente se durmiera, empecé a pegarme por detrás a Ana y poco a poco fuí

acercándole mi polla a sus nalgas. Ella se dió cuenta enseguida y al ver que estaba empalmado trató de evitarme por si su amiga se

despertaba, pero tras mi insistencia y al ver que aquello no se bajaba, me dejó que siguiera adelante. Entonces para facilitarme la

faena se puso en posición lateral arqueando un poco su culo haci atrás. Ella además tenía frente a sí la cara de Teresa, lo que le debía

de estar dando su buen punto de morbo. Entonces me bajé como pude el pantalón y el slip y ya con la polla al aire traté de ponérsela

en el canalillo de sus nalgas, empezando así con un restregamiento de arriba a abajo que me estaba poniendo de lo más cachondo.

Ella tan sólo se dedicó a separar su tanga hacia un lado y yo seguí con aquél vaivén a la vez que le iba sobeteando también las

nalgas. Al final disparé toda la leche que llevaba dentro entre aquél gran desfiladero y así fué como pude bajar toda la erección

propiciada por el cuerpo de Teresa aunque sin saberlo mi esposa. Luego Ana con cuidado se bajó por los pies de la cama sin hacer

mucho ruido para no despertarla y se fué al baño a asearse. Al cabo de un rato volvió e intentó ahora sí, conciliar el sueño.

A la mañana siguiente nos levantamos los dos con una sonrisa de oreja a oreja y con una mirada de complicidad que hacía tiempo

que no habíamos vuelto a tener. Por su parte Teresa nos preparó el desayuno ajena tal vez a todo lo ocurrido allí esa noche, y nos

despidió en la puerta hasta la hora de comer. Al volver de trabajar nos estuvo contando todo lo que había estado haciendo y la verdad

es que esas horas a solas le habían cundido bastante, ya que además de todo lo que había hecho, la comida que nos preparó estaba

estupenda. Así que después de tomar los cafés tranquilamente y sin prisas como hasta entonces, decidimos irnos a descansar para

luego salir los tres a dar una vuelta por los alrededores y tomar alguna cosa esperando que pasasen los días y llegase por fin el fin

de semana. Durante el paseo estuvimos hablando de como habíamos dormido cada uno. Teresa nos comentó que muy bien. Ana dijo

que no había estado mal en general y yo, tan sólo les dije que vaya diferencia con lo del sofá en todos los sentidos. Y así fué pasando

el tiempo poco a poco hasta llegar otra vez la hora de dormir, aunque ahora ya sabíamos cada uno cual era nuestro sitio y nuestro

momento. Así que una vez que mi esposa se fué a la habitación con su camisón puesto, muy sexi por cierto y Teresa con el suyo, yo

me quedé en el sofá para darles tiempo a las dos de acostarse y después de ir al cuarto de baño, me fuí también con ellas a la cama.

Cuando entré estaban las dos tapadas con la sábana hasta el cuello y sin casi mirarlas les dí las buenas noches y traté de dormirme

lo antes posible para que mi entrepierna no se despertara otra vez como la noche anterior. Al poco rato lo conseguí y así habría

seguido de no ser por el calorcito que estaba sintiendo en mis partes bajas, junto a la presión de unas nalgas una y otra vez contra

mi polla. No obstante esta vez notaba algo especial, puesto que las nalgas de mi esposa aunque bien proporcionadas, no eran tan

grandes ni tan respingonas como las que estaba sintiendo en ése momento. Entonces me puse a pensar en lo que podía haber

pasado. Resulta que Ana se levanta a veces por la noche para ir al baño y se vé que en una de esas veces al volver, vería que Teresa

en uno de sus movimientos se habría quedado en el centro de la cama y tal vez por no querer despertarla se quedó ella en su sitio.

Por éso lo que yo estaba notando en ése momento junto a mi polla no eran las nalgas de Ana si no las de Teresa, la cual tal vez sin

darse cuenta por etar dormida, no paraba de restregarse contra mí. yo no sabía qué hacer ya que darme la vuelta hacia el otro lado

y dejarme perder aquella experiencia tan buena era como un sacrilegio. Así que me dejé llevar por la situación y haciendome el

dormido me pegué a ella todo lo que pude, aunque sin intentar ir más allá. si Teresa estaba dormida o no, éso no lo sabré nunca,

pero lo que sí sé es que yo tenía la polla más dura y grande que nunca y éso es muy difícil que no llegase a notarlo entre sus nalgas.

A continuación fuí yo el que tuvo que ir en esta ocasión al baño, pero a masturbarme como un colegial pensando en ella y en todo lo

que me estaba ocurriendo últimamente.

FIN      

CONTINUARA EN EL RELATO: LA INVITADA (II PARTE)


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