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Fecha: 07-Nov-16 « Anterior | Siguiente » en Sexo con maduras

Mexico lindo y querido

CARTUZ
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Tiempo estimado de lectura: [ 47 min. ]
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No hay nada mejor que conocer nueva gente y que “HABLEN” tú misma “LENGUA” Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

 

Me levante muy temprano para ir al aeropuerto, mi tía seguía dormida, no la quise despertar, pero si le di un beso y me marche. Llegue a mi destino y nuevamente el cielo estaba encapotado, pero por lo menos no llovía. Me pasé por mi apartamento a dejar mis cosas y luego me dirigí a la central. Una de las personas que trabajaba conmigo y que nos entendíamos por gestos, porque siempre que queríamos entendernos nos ayuda alguna persona que supiera algo de inglés o con alguna que supiera español. Sus gestos eran de mucho nerviosismo. Me señalaba su reloj de forma compulsiva y yo le indicaba que tranquilidad, ya que creía que se refería a que había llegado tarde.

            Veía que yo no le entendía y entonces se fue y volvió con una persona que chapurreaba algo de español. Quien me dijo que llegaba con una semana de retraso, yo le dije que no, que estaba equivocado. Me llamaron de la dirección y efectivamente, se suponía que el día veintiséis tenía que haberme incorporado. Les expliqué que tuvo que haber un error o un mal entendido, que estuve en la fecha indicada trabajando en la delegación de Barcelona.

            De momento la cosa quedo así y parecía que no iría a más. Estaba visto que no era un buen día para mí. Revise mi cuenta corriente y observe en el saldo del banco, que me habían pagado menos de lo que yo creía que me correspondía, es más, contaba con dietas por estar donde estaba. Para no meter la pata llame a Barcelona hable con Mónica y me dijo que lo miraría, que me llamaría a lo largo de la mañana. Ella creía que había un error y que la diferencia se me pagaría aquí. Me tranquilizo las explicaciones.

            En el momento que pude llame a Dacio, que al oírme se mostró muy contento y en cuanto se enteró de que ya estaba aquí, me dijo de comer un día juntos. Que teníamos que celebrar el año nuevo, aunque fuera con retraso. Me mostré totalmente conforme y quedamos en llamarnos por la tarde.

Cuando iba a salir a comer, me comunicaron que me llamaban de Barcelona. Era Mónica y me dijo… “Lo lamento, no hay ningún error. Acláralo ahí porque yo también creo que está mal” le di las gracias y como siempre digo, no hay que discutir ni negociar con el estómago vacío. Nada más terminar de comer y con mucha tranquilidad subí a dirección. Explique mi contrariedad por el tema de la nómina y muy amablemente, pero de forma seria, me dijeron que me llamarían, que lo iban a consultar. Llego la hora de irse y nadie me llamo para decirme nada, algo enfadado me marche.

El enfado se me paso cuando al llegar a mi apartamento, me encontré a Dacio esperándome. Se empeñó en que fuera a cenar a su casa y que no admitía un no, porque Larisa le había ordenado que me llevara o que no volviera. Riéndome le dije… “No quiero que, por mi culpa, no te dejen entrar en casa” y nos fuimos hacia su casa. Mientras íbamos en el coche, yo ya iba pensando en Larisa, en cómo me recibiría, que pasaría. Dacio me saco del trance y me aviso de que Larisa me había preparado una fiesta sorpresa, que lo había conseguido en tiempo record y nos tuvimos que parar a mitad de camino, porque llegábamos con bastante antelación a la hora acordada. Hicimos un poco de tiempo y ya nos encaminamos para su casa. Intente sonsacar a Dacio donde estaba la sorpresa y lo único que logre sacarle fue… “Da igual, tu llévate la sorpresa, muestra mucha alegría y no seas boludo. Que lleva muchas horas preparándola” cuanto secretismo, pensé.

Desde el exterior la casa se veía de lo más normal, solo había una luz en un extremo de la casa. Empezaba a chispear. Entramos por la puerta de entrada al jardín, que abrió con su llave Dacio, pero sin embargo la puerta de la casa no la abrió. Llamo al timbre. Abriendo la puerta Larisa. Atontado me quede al verla. Iba vestida de fiesta, con un vestido negro corto, con un escote pronunciado y con una sonrisa hipnotizadora. Entramos y me dio dos besos muy sugestivos, ganas me entraron de darle un morreo en condiciones.

Me pareció ver una sombra y cuando me fije, salió mucha gente felicitándome el año, gritando, una algarabía. Lo que me pareció mucha gente, luego eran cinco parejas. A cuatro las conocía del día de la parrillada y la quinta era nueva, él era un hombre más bajo que yo, con algo de panza y cejijunto. Con pelo largo y me llamo la atención su dentadura, toda blanca, muy bien cuidada. La mujer era un poquito más baja que Larisa, pero se hacían competencia. Era una mujer muy morena de piel, pelo negro y sus ojos a juego, mirada deliciosa, llevaba un vestido rojo, llevando un escote también de vértigo, que contenían dos auténticas “montañas” coronadas por dos protuberancias que se marcaban en el vestido. Ellas dos eclipsaban al resto. Larisa muy sonriente me dijo al oído… “Cambia de cara que se te noto mucho” y luego me los presento, él se llamaba Pedro, nos dimos la mano y pase ansioso a saludar a su mujer, que se llamaba Renata, eran de México. Era una ventaja, todos hablamos español.

Se alejaron las dos bellezas de la fiesta y menudo contoneo llevaban las dos. Larisa giro su cabeza me miro, sonrió y murmuro algo al oído de Renata. Por lo que veía todos estaban ya bastante animados. Se acercó Dacio que llevaba dos copas en la mano y me ofreció una. Me dijo que no me preocupara que la mía no tenía alcohol.

-Te ha gustado la Renata, ¿Eh?

-Esta de vértigo.

-Yo llevo desde que la conocí detrás, pero no hay manera. Imposible.

-Hombre, en esta vida no hay nada imposible. Seguro que tiene un lado débil y tú tienes ventaja en eso.

- ¿Yo?

-Se ve que se lleva muy bien con Larisa, seguro que se han contado muchas cosas.

-Poca cosa. A excepción de que ella tiene 40 y el 43, que el marido tiene en vez de chota, chotillita.

-Eso que quiere decir.

-Chota es lo que llamáis pene, polla, verga…

-Ah, vale. Pero tan pequeña es…

-Según Larisa, Renata así se lo dijo. Y yo trate… pero nada. Me da mucho chance, pero poco más.

-Mira tu mujer, tampoco podías convencerla y…

-Todos estos son parejas muy liberales, no sé hasta qué punto, pero siempre me dijeron que eran mucho. Y Pedro es como yo, que quería ver a su mujer “divertirse” pero ella dice que no. Lo que nunca me ha contado que la tuviera muy pequeña.

-Es que lo mismo la mujer está exagerando, o según con que la compare. Y ya que lo dices… ¿Es que vamos a tener “fiesta” todos, esta noche?

-Mi intención era esa, pero de momento no lo sé, ahora iré viendo cómo está el terreno.

-Pues ya me dirás algo.

-Seguro que lo hay, aunque solo seamos nosotros tres.

Después de decirme eso, nos reímos y ya me quedé mucho más tranquilo. Hable con unos y otras, hasta que podía ver a las dos bellezas preparando cosas. No paraban de cuchichear entre ellas y estaban en unas risas permanentes. Se dieron cuenta de que las observaba, más bien fue Larisa, que cuando lo hizo me saco la lengua, como haciéndome burla y algo le dijo a su amiga Renata, que miro hacia donde yo estaba y me hizo tambalear con la mirada.

Me acerqué a la cocina y me puse a hablar con ellas, Renata me pregunto por mi viaje a España y por las fiestas de navidad. Les conté lo típico que se dice de esas fiestas, cena, familia y poco más. A lo que Larisa añadió que seguro que habría estado volviendo loco a más de una mina. Que me aclaro que significaba mujeres. Las dos siguieron tirándome puyitas picantes y yo les seguí la corriente, en uno de esos piques les dije… “Vosotras dos seguro que habéis arrasado en estas fiestas, aunque lo mismo con esa cara de “sosas” que tenéis… quien sabe”

Renata se revolico y me contesto… “Es que no encontramos hombres a nuestra medida, ¿Verdad Larisa?” Larisa me miro con complicidad y se limitó a reírse. Pero yo si replique… “Eso es que no sabes buscar o que no sabes atraer” y sin esperármelo me dio un pellizco en un costado. Que me hizo echarme a un lado porque note bien sus uñas, Larisa me dijo que tuviera mucho cuidado con la mexicanita que era muy fiera. Hacia como Larisa, me mantenía la mirada y eso me ponía mucho.

Larisa le pidió el favor a Renata de que llevara una bandeja que ya estaba preparada y se fue con ella. Larisa me cogió de una mano y me llevo a la despensa, donde nos fundimos en un beso totalmente lujurioso y me llevo una mano debajo de su vestido, no llevaba braguitas ni nada parecido y estaba totalmente húmeda. Me dijo que era por mí. Volvimos a besarnos y yo mientras metía mis dedos dentro de su coñito. Estábamos tan concentrados en nosotros que no oímos llegar a nadie, hasta que alguien tosió en la misma puerta de la despensa, era Renata que sin cortarse nos dijo… “Ustedes no pueden esperar a fajar hasta que los de ahí fuera estén fumigados, que ya están pedos” pegamos un bote del susto. Larisa se rio y no dijo nada, salimos a la cocina y me di cuenta de que Renata miraba mi paquete. Que, con ese pantalón, se notaba mucho más, de forma más escandalosa.

Se fue a llevar otra bandeja y Larisa me pregunto si me gustaba Renata, no quise mentirla porque de todas maneras se hubiera dado cuenta y le dije que mucho. Ella me pregunto qué cuanto era mucho y le dije que tanto como a ella. Larisa me entendió mal, porque yo me refería a que me gustaba igual que lo que me gustaba ella, sin embrago ella entendió que yo me refería que a ella le gustaba Renata. Iba a tratar de explicarme bien, cuando me pregunto si se le notaba tanto que le atraía. Di marcha atrás y le dije que no pasaba nada. Ella atribulada me dijo… “Nunca he tenido una relación con una mujer, pero Renata me pone muy perra, no lo puedo evitar” yo no desaproveche la oportunidad…

- ¿Tú crees que a ella le pasa lo mismo?

-Unas veces pienso que puede que sí y otra que no (Lo dijo con muchas dudas)

- ¿Quieres que lo intentemos los tres? Siempre que lo veas factible.

-No me importaría por lo menos intentarlo y puede ser factible, por lo menos tú y ella, porque el marido la tiene muy pequeña. Pero no lo vayas a contar que no lo sabe nadie. (No dije que Dacio me lo había contado)

No pudimos seguir con la conversación porque oímos pasos y nos pusimos a disimular colocando cosas en las bandejas. Era Dacio, venia pasadita por la bebida y Larisa puso mala cara, él se dio cuenta enseguida. “No te enfades que estoy bien (se le trababa la lengua) estos son unos pelotudos, mucho hablar de que son liberales, pero ya están buscando escusas para marcharse” Larisa muy seria le dijo… “Mejor, así quedamos solo los tres, aunque a ti no te veo que estés para nada” y Dacio como con cierto temor añadió… “Haya un problema, Pedro dice que él se queda, que mañana no tiene que madrugar”, Larisa lo mando al salón de malas maneras, con disgusto y ante mi pregunta de qué pasaba, ella me dijo… “Porque Pedro es muy conservador, ha venido por compromiso, cuando llame a una pareja para invitarles estaba el allí y no me quedo más remedio. Lo de Renata era para quedar otro día e intentar algo” la consolé porque se la veía muy disgustada, le dije que luego se escapara y viniera a mi habitación. La respuesta de ella fue que nos tocaría no hacer mucho ruido, con lo escandalosa que era ella.

Los asistentes empezaron a desfilar hacia la calle, todos se lo habían pasado muy bien, pero por ser entre semana se tenían que marchar. Una vez que nos habíamos despedidos de todos, volvimos al salón, a Dacio lo veía muy pasado, poco aguantaría de pie, a mí no me importaba esa era la realidad, Pedro en cambio estaba un poquito “alegre” pero sabiendo lo que hacía y decía perfectamente. Renata, Larisa y yo estábamos perfectos, el que más yo que no había bebido nada.

Dacio le decía cosas subidas de tono a Larisa, empezaba a sobrepasar ciertos límites, sobre todo cuando empezó a contar ciertas intimidades de los gustos de su mujer. Pedro le seguía animando a que no parase de contar y Renta, se metía con Larisa por sus gustos. Todo acabo cuando Larisa se puso de pie y dijo… “¡BASTA YA! ¡YA ESTA BIEN!... ahora mismo te vas a ir a dormir…” tal fue su rotundidad, que sumada al tono alto de voz, que Dacio dando un traspiés se levantó y se fue sin decir nada y ella detrás.

 Pedro dijo que se había quedado sobrecogido con Larisa, que siempre la había visto candorosa y que le había dejado sin palabras. Se sorprendió tanto que le dijo a su mujer que lo mismo era mejor marcharse. Quise calmar un poco la situación, no porque se quedarán, que prefería que se fueran, así Larisa y yo estaríamos mucho mejor, lo que pretendía era que se esperasen por lo menos un rato, hasta tratar de conseguir el teléfono de su mujer. Porque si hubiera estado bebido como Dacio, entonces todo sería distinto. Pero me daba cuenta que él, de la copa que tenía daba los sorbos muy pequeños.

Renta me miro y luego le dijo a su marido… “Carlos tiene razón, amorcito. Esperemos a que vuelva Larisa, tomamos una copa más y luego nos vamos” el marido ante la insistencia de su mujer y la mía, se avino a quedarse, pero le aviso a su mujer, que, si volvía con el mismo tono, él se marchaba en el acto y no esperaba a terminar la copa.

Mientras nosotros hablábamos y Pedro hizo una pregunta complicada de contestar. Que como conocía yo a Larisa y Dacio, que como éramos amigos, por la diferencia de edad. Estaba claro que la bebida le había soltado un poco la lengua o que era muy directo. Les conté parcialmente la verdad, solo como nos conocimos, el resto como no podía ser de otra manera lo obvié. Larisa regreso con su habitual tono de voz, suave con ese acento gracioso y particular, pidiendo disculpas por el estado de su marido. En las caras del matrimonio se notó alivio. Luego Larisa y Renata se fueron a la cocina por más hielo, supongo que una disculpa para ir a cotillear algo.

Pedro no paraba de preguntarme cosas sobre mí. No muy personales, pero si rozando la barrera de la intimidad. Se le notaba mucha naturalidad, como no dando importancia a lo que preguntaba, por eso no me sentí tampoco muy incómodo. Renta se sentó sola en un sillón porque yo estaba sentado con su marido, Larisa relleno las copas y luego cambio la música aburrida que sonaba. Puso una música algo más melódica y sensual. En vez de venir a sentarse con nosotros se puso a bailar sola de una manera muy sugestiva y procaz. Con las manos invito a Renata a bailar y poco a poco, Renata fue adquiriendo las mismas formas obscenas de Larisa.

Parecía una competición de dos mujeres a ver quién es la más sensual y puta de las dos. Entre ellas no se tocaban, pero no hizo falta para que mi polla respondiera con un endurecimiento violento. Tenía que tener cuidado de que no se me notara o mejor dicho que no me lo notara Pedro, algo que se antojaba difícil porque babeaba mirando a las dos. Acerco su cara preocupantemente a la mía, pero fue solo para decirme…

-Que lindas mamacitas… ¿No te parece?

-Si bailan muy bien y la poca luz les ayuda. (Trataba de ser comedido)

-No me refería a eso. Me refería a que deben coger riquísimo.

-Yo no lo sé. Tú lo sabrás mejor, por lo menos de Renata. (Lo dije suavemente y con tranquilidad)

-Renata, si yo te contara… pero no crees que Larisa tiene mucho fuego dentro.

-Por lo que se ve lo parece, pero sin que te ofendas a Renata se la ve más… buenas noches os habéis de pasar.

-No te creas, que para un hombre atender debidamente a una mujer así puede ser complicado.

-Hombre, hay cosas para ayudar.

-Para lo mío poca ayuda. (Lo dijo muy sereno y se le escapo más bien)

-Todo tiene alguna solución.

-Sí, pero si una de las dos partes no quiere… (Aquí fue más serio y tajante)  

- ¿Te importa que te deje solo y que me vaya a bailar con ellas?

-No que va, ves… ves… que eres joven.

 No dude y me fui a bailar con ellas. Cuando me puse con ellas, Renta paro y se fue a sentar con su marido, me quedé un poco apenado, no me lo esperaba. Larisa se dio cuenta y se puso a bailar conmigo, en voz baja me decía que estaba chorreando por todos los lados, que notaba hasta sus muslos mojados. Cada vez que podíamos, de forma “casual” nos rozábamos y cada vez más descarados. Mire hacia la parejita y los dos nos miraban encandilados. Larisa se puso a bailar pegada conmigo y me susurraba al oído… “Que rabia tengo, si ese boludo no estuviera, haríamos de Renata lo que quisiéramos, esta impresionada contigo, le pasa como me paso a mi” los roces y oír eso me pusieron como un toro de lidia. Quería arremeter sin parar y ya era difícil que me contuviera más y se lo avise a Larisa.

Ella se reía y me provocaba más, con contoneos más provocadores. Mire entonces hacia donde estaban Renata y Pedro. Él le decía algo con mucha intensidad y la empujaba para que se levantara, pero ella no quería. Creí saber lo que pasaba, podía equivocarme, pero quise comprobarlo, mi olfato no me engañaba nunca. Indique a Larisa que se sentara un rato y que estuviera atenta, me sonrió y me dijo al oído… “Vamos mi torito… demuestra lo que vales” se sentó a refrescar un poco su garganta.

Me acerqué con determinación a donde estaban Pedro y Renata. Mirando fijamente a Pedro le dije… “Pedro… ¿Te importa que baile, con esa preciosidad de mujer que tienes? Que es una pena que este sentada, aquí sin bailar y no poder disfrutar de ella” ninguno de los tres se esperó que yo hiciera eso. Larisa miro incrédula, Renta abrió los ojos todo lo que pudo, se había llevado una sorpresa. Mi interés estaba en la cara de Pedro y en lo que dijera. Su cara en un principio fue de estar acobardado, se recuperó rápido y me dijo… “Si eso se lo estaba diciendo yo a mi mamacita, que saliera a bailar, que ustedes lo hacían muy bien, sobre todo tu” no me había equivocado, el tío quería que se “aprovechasen” de su mujer, pero no sabía cuál era el límite. Saldríamos de dudas pronto. Renata se levantó, miro con despecho a su marido, se aliso el vestido y antes de venirse a bailar le dijo a su marido… “Luego no te pongas encabronado, que lo has querido tu”

La cara de Larisa era de alegría contenida y se puso a hablar con Pedro, como tratando de distraerlo. Ella no se daba cuenta, de que, si yo no me equivocaba, lo que él quería era VER. Desde el primer momento me cogí bien a Renata, además de notar su olor a hembra deseosa, sentí su cuerpo caliente. Renata me trajo buenos recuerdos, cuando ponía sus codos muy diplomáticamente sobre mi pecho, para tratar de impedir que la abrazara bien. Pero no desistí. Todo cambio cuando la pregunté si me tenía miedo, ella un poco cortada me dijo que no y entonces le dije lo de sus codos. Me pidió disculpas haciendo ver que no se había dado cuenta y los cruzo sobre mi cuello.

Ya la tenía bien agarrada y bien pegada a mí, mi polla empezó a crecer nuevamente y ella no podía decir que no la notaba. Es más, cuando empecé a empalmarme se quedó un poco parada, sin reaccionar, luego hacia como si no le diera importancia. Acerque mi boca a su oído…

-Eres una mujer endiabladamente hermosa, pero también muy mala.

-Gracias por lo de hermosa, pero lo de mala… ¿Por qué?

-Porque salvo que me equivoque, tengo la sensación que a tú marido le gustaría verte más “pegada” a mí y a mí me gustaría que te dejases llevar, seguro que lo disfrutábamos todos.

- ¿Pedro ha hablado algo de mí o de nosotros?

-Te juro que salvo decir que estabas muy bien, no ha dicho nada más. ¿Por?

-Por nada, nada.

-Pero no me has dicho si me he equivocado.

Ella paso de contestarme, no quise insistir en la pregunta, me limite a apretar mi cuerpo contra el suyo y moverme suavemente. Mi polla estaba literalmente ardiendo. Cuando bailando quedo de espaladas a su marido y Larisa, yo podía ver a Pedro que miraba intensamente. De nuevo acerqué mi boca al oído de Renata y le dije… “Tu marido esta triste que lo veo, tampoco me extraña, viendo a su mujer con ese culo tan fabuloso que tienes, sin moverse, una pena para el seguro, ¿No te parece? Tu que le conoces mejor.

Renata se quedó clavada en esa posición, no se movió con la inercia propia del baile, pero lo que si se movió fueron sus caderas y su culo. Llevaba un rato notando su respiración contenida, pero ahora al preguntarme ella al oído, se notó que estaba alterada, excitada… “Y ahorita como está el pendejo de mi marido, porque tú ya sé cómo estas” yo mordisqueando muy suavemente su lóbulo de la oreja le dije… “Se le ve más animado, y como sabes tú como estoy, me pregunto” su respuesta fue pegar bien su pelvis contra mi polla y moverse, ahora ya nos rozábamos con más descaro y por fin le hice mi pregunta…

-Y ahora dime… ¿Hasta dónde queréis llegar cada uno?

-Mi marido está loco porque ser un buen venado y yo no quería, pero quiero sentir algo más que el pobre pajarito de mi marido.

- ¿Qué es muy pequeño?

-Insignificante.

-Lo importante es si tu estas, decidida.

-Tu ponme a prueba ahora y veras, porque otro día, no sé yo.

No quise esperarme más, la besé sin contemplaciones y ella respondió con fiereza. Menuda forma de comerme la boca, de absorber mi lengua. Larisa cuando lo vio, vino lanzada y se puso a bailar con nosotros, digo bailar por decir algo. Estábamos los tres, medio abrazados, yo me besaba una vez con una y luego con la otra. Mis brazos se fueron para abajo, de tal manera que mis manos se metieron por debajo de sus faldas y tocándolas el culo. Larisa abría las piernas y podía tocar todo su coñito mojado. Renata tenía un culo durísimo y creía que no llevaba ropa interior, porque podía tocar sus nalgas sin nada, pero pronto comprobé que entre sus nalgas había una minúscula cinta como de seda.

Le dije a Larisa de ir a otro sitio mejor y ella nos dijo que la siguiéramos. Fuimos detrás de ella y de pronto Renata se paró y volvió la vista a donde estaba Pedro, que el hombre ni se movió… “Ahora que vas a conseguir lo que quieres… ¿Te vas a quedar quieto?” se volvió y siguió andando, yo le dije… “Mujer, lo mismo está un poco cortado por la situación” ella se rio, nos dijo a Paula y a mi… “Es todo vicio y perversión, no lo conocéis. Lo lleva buscando desde que éramos niños, ya veréis…”

Paula nos llevó a una habitación que había dos camas pegadas, lo que hacía que fuera como una grande. Las dos empezaron entre ellas y por lo que decían era su primera vez con otra mujer, pero se desenvolvían muy bien y me excitaba mucho como se iban desnudando. Mientras yo hice lo mismo. Una vez desnudo me acerque a ellas y la primera que agarro mi polla fue Larisa, que le dijo a Renata que la agarrara que estaba ardiendo, que eso le encantaba. Renta se besaba con Larisa y palpo con su mano hasta llegar a mi polla. Una vez que la toco, dejo de besar a Larisa, agacho la cabeza y miro, diciendo que era una belleza, que era imponente. Fue cuando nos dijo que era la segunda que tenía, que nunca estuvo con otro hombre.

Entonces Larisa se agacho y ante la atenta mirada de Renata empezó a lamer todo el largo de mi polla. Luego se la metió en la boca e hizo un sonido y dijo mirando a Renata… “Uuuhhhmmm… que rica, ven agáchate” tendiendo su mano. Renata se agacho y con esos ojazos nos miró tanto a Larisa como a mí, para luego decir… “Ven Pedro, ven cabrón. Mira que vergón me voy a mamar” ella cuando Pedro estuvo a nuestra altura y mirándole se la metió en la boca. Me dio hasta un escalofrió el ver con las ganas que la mamaba y en cómo se miraban ellos dos, había mucha complicidad. Eso me gusto y acaricie su cabeza, lo que hizo que ella me mirara ahora a mí, el brillo de sus ojos, me puso más cachondo. La avidez como la mamaba me tenía derretido del gusto.

Sin esperarlo Larisa que estaba de rodillas al lado de Renta, acariciándola por detrás, exclamo… “ES VERDAD… ¡¡ES ENANA!! ¡¡NO MENTIAS!! Para desgracia mía Renata paro, se la saco de la boca y le dijo… “Ya te dije que tenía un pajarito muy chiquito” instintivamente mire y directamente alucine, no sé cómo definir esa polla, pero la palabra que me vino en ese momento y ahora, era insignificante y eso que estaba en erección, nunca había visto nada igual y hasta estos momentos tampoco. Nos tumbamos en la cama los tres, Pedro se quedó sentado en una silla. Renata con voz muy dulce y suave, bordeando el susurro, miro a Larisa y le dijo… “Amiga, tengo un poco de miedo, solo me ha entrado un vibra pequeño, no esa cosota…” Larisa le dio un morreo y le dijo… “Ya te lo he dicho, a mí me ha entrado y se siente muy bien, yo te ayudare”

Ahora nos pusimos cada uno a comer una de sus tetas, notando dos pezones muy grandes, ella contoneaba todo su cuerpo, mientras nuestras manos tocaban su coñito y estaba muy mojado. Yo me agaché y empecé a comer la cara interna de sus muslos, pasaba mi lengua por todos los sitios, saboreando su deseo porque fuera a donde ella quería. Estaba ya loco por follármela, me costaba contenerme y más cuando le oía que le pedía a Larisa, que me dijera que se lo comiera de una vez. O me la follaba ya o se lo comía. Hice lo último y cuando noto la punta de mi lengua recorriendo desde abajo todo su coñito, hasta llegar a su duro clítoris, dio un bote y se pegó a mi cara, como grito, corriéndose al momento no me dio tiempo a nada más.

Me incorpore y ya no me iba a esperar más, estaba decidido a metérsela hasta el fondo. Me disponía a ello, cuando ella se puso una mano en su coñito, no dejando que se la metiera, Larisa, acaricio su cara y le dijo que no se preocupara que sería muy fácil, pero ella estaba insegura, se había echado atrás por lo que fuera, me dijo que me pusiera mejor yo tumbado y que le dejara a ella ir metiéndola, para parar si no podía. Respire aliviado y me tumbe, quedando mi polla a su completa disposición. Esta vez Pedro se levantó y se sentó en el borde de la cama, junto a la cabecera, sin quitar el ojo a lo que iba a hacer su mujer.

Todos estábamos expectantes, esa morbosa mujer, colocándose a horcajadas con sus dos grandes tetas con sus pezones hinchados mirando para mí, solo eso ya me tenía cardiaco. Como agarro mi polla y como hizo al principio cuando me la mamo, miraba a su marido y se la coloco en la entrada de su coño. Se dejó caer solo unos milímetros y la cabeza de mi polla, se acoplo perfectamente en la entrada de su coñito. Su respiración se aceleró considerablemente, sus tetas, era como si aumentaran, se mordió el labio y se empezó a sentar. A pesar de su edad, estaba muy apretadito, se notaba mucho el roce, aunque entraba bastante bien, era todo un gustazo y llego el momento esperado, cuando se quedó pegada a mí, había entrado todo, ella toco y me miro con ojos de asombro, para luego sonreír a Larisa.

Yo empecé a moverme y ella cerro los ojos, abriendo su boca, como si diera una bocanada de aire. Miro a su marido y le dijo algo así como… “Ay, guampudo, ya lo conseguiste, Carlos te hizo de chivo los tamales y que bien lo hace… ay mi amor, que placer” y se movía como una autentica diosa. Larisa no se pudo aguantar y vi cómo se ponía sobre mi boca, nada más hacerlo sus jugos llenaban mi boca. Por los movimientos y los ruidos, sabía que ellas se estaban besando además de meterse mano mutuamente. Larisa se estiro notaba como movía su coñito para que la lengua diera donde a ella le gustaba más. Se entremezclaban los suspiros y gemidos de las dos, pero lo que más me puso cachondo fue cuando empecé a oír hablar a Renata.

Renata era toda una ZORRA con mayúsculas, se volvió a correr y lo hizo de forma bronca, pidiendo a Larisa que le comiera las tetas y diciéndole a su marido… “Ahora si… ahora si… amorcito ya eres todo un venado, te hemos adornado bien la frente… mi amor…” entendía que llamaba al marido cornudo y aunque no podía verle a él, suponía que estaba feliz, por el tono que usaba Renata. Larisa quería ponerse en el lugar de Renata, pero esta con voz muy dulce y melosa le decía… “Amiga, espera un poquito más que me vengo otra vez, déjame… que nunca había sentido tanto como hoy, lo que me he perdido…” y Larisa siguió en su sitio apretándose más a mí, hasta que sentí como se volvían a besar y como se corrían las dos a la vez, mi boca se llenó de jugos de Larisa, menuda corrida que se dio.

 Esta vez Larisa no se anduvo por las ramas y le dijo a Renata… “Aprende y mira, como me folla la colita, es fantástico, parece que te la rompe…” se colocó como una autentica perrita, con ese culo tan divino llamándome a gritos, me puse de pie, una vez que estuve detrás y a petición de ella, no me puse nada de lubricante, me dijo que lubricara mi verga con su mojadura. Se la metí en el coño un par de veces y una vez bien empapada, me puse de cuclillas y fui follándome ese culito. Ella contenía el quejarse y entonces le dijo a Renata… “Vamos putita, cómeme bien la concha que así me entrara mejor” Renata se colocó de bajo y note como devoraba el coño de Larisa, que entonces empezó a pedir más fuerza en mis embestidas.

Mis embestidas ahora eran hasta el fondo de su culo, lo que hizo que Larisa quedara prácticamente tumbada sobre Renata, que no paraba de comerse su coño. Pero al tener esa posición, Larisa se comió el coño de Renta también. Solo se oía nuestras respiraciones agitadas, que pronto se cambiaron por nuestros gritos y algún chillido cuando nos corrimos los tres. Cuando se la saqué a Larisa tuve que ir al baño a asearme. Cuando regrese vi a Pedro sentado en la silla, mirando como descansaba su mujer y Larisa. Renata le dijo algo al oído a Larisa y esta le dijo… “Disfrútalo… todo para ti, pero solo esta vez” Larisa se levantó de la cama y nos dijo que hasta mañana, Renta le dijo a su marido… “Anda amor, déjame sola con Carlos, que nos conozcamos un poco mejor” el marido la miro y Larisa le dijo que la acompañara a tomar una copa.

Una vez que se fueron, Larisa cerró la puerta y la mirada de Renata daba “miedo” me sonrió y con una voz cambiada me dijo… “Vamos a aprovechar, trátame como a una puta, nalguéame, hazme lo que quieras…” mirándola fijamente le pregunte… “¿Es verdad que nuca le has puesto los cuernos a Pedro?” ella me lo juro de muchas maneras, que nunca y que yo era su segundo hombre. Acaricie su pelo y sin esperárselo ella jale de él, hasta llevar su boca a mi polla, ella no se quejó, abrió la boca y empezó de nuevo a mamarla, tardo poco en conseguir otra erección de mi polla, lo que hizo que le costase mamarla. Estaba como follándome su boca, se la metía hasta la garganta.

Me daban igual sus arcadas, lo que me gustaba era con la pasión que ella lo hacía. Luego le di la vuelta y quedo tumbada boca abajo, azote su culo y lo único que me dijo fue… “Así, fuerte no como el guampudo de mi marido, tu sí que sabes nalguear” cuando sus nalgas estaban al rojo vivo, se la metí por su coño sin contemplaciones y ella pedía más. Me tumbe sobre su espalda, mientras me la follaba le decía lo puta que era y ella me contestaba que sí, que mucho. Estaba muy cachonda se lo notaba en como meneaba su culo y sus caderas. Le encantaba cuando la sacaba casi del todo para luego hundírsela de golpe, eso la sacaba unos gemidos y gritos fabulosos. Pegué mi boca a su hombro, mordisqueándolo con fuerza y también chupando fuertemente su cuello, luego le dije al oído, que pensaba reventarle el culo y se tensiono, para decirme… “Eso no, a lo mejor otro día” jalé de su pelo con fuerza, tuvo que levantar un poco la cabeza y entonces le dije… “No te he preguntado, has dicho que haga contigo lo que quiera y lo voy a hacer, además… ¿Ahora no eres mi puta? Mientras a tu marido lo tienes fuera” ella con voz dócil, me contesto… “Ahora si soy tu puta, que era lo que quería mi marido. Haz lo que quieras” “No quiero que hagas lo que quiere el cornudo de tu marido, le dije yo. Quiero que me pidas lo que tú quieres PUTA”

Dio un gran suspiro y me dijo… “Si quiero que me chiquitees, aunque me duela… pero si lo vas a hacer hazlo ya, que no me dé tiempo a pensar” hice como con Larisa, saque mi polla toda mojada, la coloque en la entrada de su culo, yo sabía o intuía por lo que había dicho, que su marido había utilizado algún tipo de vibrador en su culito. Pero podía ver como sus manos cuando notaron la cabeza de mi polla entrar en su culo, agarraron con fuerza la almohada y por el sonido la debía de estar mordiendo también. Lo que me hizo que aflojara, para no hacerle un daño innecesario, cuando note como ella echaba su culo para atrás, era una mujer decidida y valiente, no me hice de rogar y fui metiendo y sacando con suavidad, hasta que la tuve toda dentro y nos quedamos parados. Notaba latidos en mi polla, pero no sabía si eran de su culo apretado o de mi polla al estar tan apretada.

Me fije como sus manos se relajaban y como ya nos movíamos con mucha suavidad los dos. También vi cómo se llevaba una mano a su coñito y como su respiración ya se oía tranquilamente. Se oyó unos dedos golpear suavemente la puerta. Apenas se oían. Yo desde el primer momento sabía que Larisa no era, porque ella hubiera entrado directamente, por lo que tenía que ser Pedro y como ninguno decía nada, se oyó la vocecita de Pedro llamando a Renata. Decía algo que no se entendía, con mal humor Renata, sin parar de tocarse y de moverse, le dijo que pasase. Era que se había dejado el tabaco en su ropa, que estaba tirada allí. Renata le dijo que lo cogiera y se fuera, pero una vez que cogió su cajetilla, se acercó y miro a Renata.

Renata le devolvió la mirada y con voz dominante le dijo… “Vete ya, si… es lo que piensas, me está haciendo el chiquito y de una manera increíble, ya te lo contare luego” él se fue y nosotros seguimos, pero con más fuerza. Como yo ya me había corrido, sabía que tardaría mucho en correrme otra vez. Ella me aviso de que se corría y quería que lo hiciéramos juntos. Fue algo espectacular. Se corrió varias veces seguidas, la última corrida, parecía que la estaban matando, que manera de gritar. Fue tan escandalosa, que entraron sin llamar Larisa y Pedro. Y Larisa riendo le dijo a Pedro… “Has venido con una santurrona y te vas a llevar a una gran puta, enhorabuena” y se volvieron a marchar. Estuvimos así un rato hasta que llene su culo de leche. Me fui a quitar y Renata me pidió que no la sacase, que me quedase quieto. Estuvimos en esa posición hasta que se me bajo la erección y luego nos quedamos hablando un poco.

-No me lo imaginaba así, vaya noche, quien me lo iba a decir esta tarde, no me lo hubiera creído. Ha sido fabuloso.

-Me alegro. Lo único que no entiendo que no te haya pasado antes.

-No ha sido por falta de ganas. Al principio por respeto a mi esposo. Luego porque ya me acostumbré y cuando Pedro me lo proponía, me sentía sucia, temerosa.

- ¿Y ahora?

-He comprendido mejor a mi marido y por eso te tengo que pedir una cosa.

-Si esta de mi mano… tú dirás.

-Esto no ha sucedido como mi esposo quería. Él quería un hombre y nosotros dos. Él tiene una mente muy viva. Quería participar más. Con esto te quiero decir, que, si él no se ha arrepentido, otro día probemos los tres solos.

-Por mi ningún problema. Pero tengo dos curiosidades. Cuando dices que tiene una mente muy viva, ¿Te refieres a lo de antes?

-Si es a lo de vicioso y pervertido, si y mucho. Ve demasiado porno. Cuál es la segunda curiosidad.

-Que, si al final se ha arrepentido, eso quiere decir que tú y yo… ¿No volveremos a “vernos”?

-Yo no he dicho eso. Como no vamos a vernos, lo único que sería más difícil. Pero no imposible.

            Nos arreglamos y salimos. Pedro que había aprovechado para coger su ropa cuando entro por el tabaco estaba también vestido. Yo sabía por lo que dijeron que ellos se podían quedar, que al día siguiente no tenían prisa. Pero Pedro decidió irse. Lo que aproveche para decirles que, si me dejaban en mi apartamento, porque yo sí que trabajaba temprano y la hora que era ya, llegaría me cambiaria de ropa y a trabajar. No hubo ningún problema, me llevaron en el coche. Yo iba detrás, pero fuimos todo el camino en silencio. Cuando llegamos a mi destino, les di las gracias y me despedí. Cuando ya estaba abajo del coche, Pedro bajo su ventanilla y me dijo… “Espero que otro día nos podamos ver” yo le dije que sí y entonces el, ante el asombro de su mujer, porque lo vi en su cara, me dijo… “¿Te apetecería venir este viernes a cenar a nuestra casa?” le conteste que encantado y quedamos en llamarnos.

 


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