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Fecha: 14-Nov-16 « Anterior | Siguiente » en Trios

Innovadora experiencia

olivenza
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Jennifer fué la persona que nos sacó de nuestra monotonía sexual, haciéndonos sentir nuevas y muy buenas sensaciones. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

INNOVADORA EXPERIENCIA:

Hola, somos Rafa y Sonia. Una pareja joven, casada desde hace diez años, que vivimos en Barcelona y cuya vida sexual aunque muy placentera ha llegado ya al punto de rozar la monotonía.

Desde nuestros comienzos como pareja siempre hemos sido muy innovadores, buscando que nuestras relaciones fueran siempre diferentes, y para ello jugábamos con nuestra imaginación. Bien aportando posturas nuevas o también con algunos juguetitos sexuales que solíamos comprarnos en los sex shop. Pero aun así, desde hace un tiempo, eso también se nos ha ido haciendo muy monótono, por lo que aunque seguimos queriéndonos igual o más que al principio, pensamos en buscar otras alternativas para nuestra plena satisfacción sexual.

Fue así como un día mirando en unas páginas de internet, pudimos ver que muchas parejas lograban salir de ese bache acudiendo a lugares de intercambios o haciendo tríos con otras personas. Pero para eso había que estar muy bien preparados mentalmente y de momento ese no era nuestro caso, ya que en alguna ocasión lo habíamos comentado en broma y nunca habíamos llegado a ningún acuerdo. En lo referente a los intercambios, ninguno nos veíamos capaces de vernos el uno al otro dándose el lote con otra persona y además existía la dificultad de que a los dos nos tenían que gustar los componentes de la otra pareja, cosa que no era nada fácil. Y cuando hablábamos de los tríos solía pasar casi lo mismo. Si acordábamos agregar una chica al juego, mi mujer decía que yo era el único que salía ganando, ya que a ella no le gustaban las mujeres y si lo hacíamos con un tío, el que protestaba era yo ya que así solo disfrutaba ella. Así que como lo veíamos todo tan complicado, siempre lo dejábamos correr. Y así fueron pasando los días, siguiendo con nuestra monotonía. Hasta que una vez, mirando otras páginas de internet vimos una de transexuales, y la verdad es que a los dos se nos pusieron los ojos como platos…! Qué bellezas de criaturas, Dios santo ¡…y ¡ Vaya cuerpazos ¡ …Entonces decidimos seguir viendo más y nos miramos sin decir nada, aunque en ese momento pensáramos los dos que esa podría ser la solución a nuestro problema, siempre y cuando estuviésemos los dos de acuerdo.

Así, dejamos pasar unos días sin atrevernos a hablar del tema, aunque todo el rato siguiera en nuestra mente. Entonces me di cuenta de que tenía que ser yo quien diese el primer paso y una vez me decidí, conecté de nuevo con esas páginas y como si de un juego se tratase, busqué otra vez a aquellas bellezas teniéndola a ella a mi lado. Entonces empezamos otra vez a ojearlas, aunque ahora con más detenimiento. La vez anterior el ver tantas preciosidades de esa manera nos había impactado un montón, pero lo que estábamos viendo ahora, no era para menos. Todas tenían unos cuerpos y unas tetas impresionantes, además de unas herramientas de tamaños más que considerables. Por lo que empecé a interrogar a mi esposa para ver como reaccionaba. Y tal como íbamos viendo algunas fotos, le preguntaba si le importaría que lo hiciésemos con alguna de ellas o de ellos, según se mire. A lo que con un punto de timidez me dijo que no le importaría por ser algo diferente, pero siempre y cuando yo estuviese también de acuerdo. Luego me confesó que todo aquello le daba mucho morbo y que se estaba poniendo muy cachonda.

Después me pasaba a mí la pregunta y yo le contestaba más o menos lo mismo. Luego seguimos analizando la situación y vimos que de esa forma los dos salíamos ganando. Por su parte, ella podía disfrutar de su lado masculino, el cual estaba compuesto por una estupenda polla, y yo por la mía de su lado femenino, con aquellas enormes tetas, aquellas estupendas nalgas y aquel precioso culo. Así, los dos deberíamos de quedar más que satisfechos. Eso era por lo tanto lo que estábamos buscando.

Entonces mi mujer tan solo me puso unas pequeñas condiciones que yo traté de grabar en mi mente. Una de ellas era que teníamos que hacerlo en nuestra casa, ya que le daría mucho corte ir a cualquier otro sitio para hacerlo. Otra, que a ser posible fuera con alguien de color, por aquello del morbo. Después, que tuviese un cuerpo escultural y una polla fuera de lo normal. Y por último, que si llegásemos a hacerlo fuese una cosa puntual y sin ningún tipo de ataduras para nadie. Entonces al estar de acuerdo con ella y llegado a este punto, le dije que intentaría satisfacerla en todas sus peticiones y que yo me encargaría de todo.

Así fueron pasando unos días y cada vez estábamos más nerviosos los dos. Al final encontré lo que estaba buscando y llamé para quedar con ella.

Tras llegar a un acuerdo tanto en el precio como en el día y la hora, nos despedimos hasta entonces. A mi esposa desde aquél día no le había comentado nada más para darle más intriga a la cosa, aunque notaba que estaba excitadísima y según me contaba, se le mojaban hasta las bragas tan solo de pensar en todo aquello, y aún más, por no haberle dado su ración diaria de sexo desde entonces, para que tuviese más ganas llegado el momento. Por eso cuando por fin le dije que ya estaba todo arreglado se puso muy contenta y empezó a besarme como hacía tiempo que no lo había hecho. A su vez me preguntaba nerviosa si yo aún quería seguir con esa aventura. Yo le contesté que sí. Que por mi parte no había ningún problema. Y dicho esto, esperamos hasta el día siguiente que debía de ser nuestro gran día del sexo.

Esa noche debido a los nervios, no pudimos pegar ojo ninguno de los dos, por eso nos levantamos temprano y después de ducharnos ,desayunamos. Luego nos arreglamos y salimos a dar una vuelta, la cual aprovechamos para hablar de lo que íbamos a hacer, volviendo a preguntarnos otra vez si realmente estábamos convencidos de querer probar esa nueva experiencia. Después nos fuimos a comer a un restaurante y tras los postres y los cafés, decidimos volver a casa para prepararlo todo.

Conforme se iba acercando la hora del encuentro los nervios se iban apoderando cada vez más de nosotros. Al cabo de un rato teníamos ya todo a punto. Música suave, una luz tenue, unas copas de cava y una botella en la cubitera. Vestimenta sexi por parte de mi esposa y sobre todo…! Morbo!...! Mucho morbo ¡ y muchas ganas de sexo en el ambiente.

Al poco tiempo y muy puntual por cierto, sonó el interfono y desde abajo pudimos escuchar una voz muy sensual que pedía que por favor, le abriésemos la puerta. Así lo hicimos y entonces esperamos a que subiera. Mi mujer y yo teníamos el corazón a cien por hora y nos temblaba todo el cuerpo. Para nosotros todo aquello era nuevo, pero estábamos decididos a seguir adelante y tras darnos un beso en la boca y cogernos fuertemente de la mano, esperamos que llegase. Por fin sonó el timbre de la puerta y al abrir, apareció ante nuestros ojos una diosa de ébano espectacular. Nos quedamos los dos con la boca abierta sin saber reaccionar ante tanta belleza, por lo que fue ella quien tuvo que romper el hielo diciendo: ¡ Hola, soy Jennifer ¡…! Encantada de conoceros ¡… ¿ Puedo pasar ¿… Sí, sí… Claro, le respondimos. Y dicho esto pasamos para adentro. Al ir caminando por el largo pasillo nos fuimos fijando mejor en la recién llegada. Era alta, muy guapa y… Negrita, como había pedido mi mujer. Llevaba unos zapatos de tacón, una faldita muy corta y una blusa con unos botones a punto de estallar debido al tamaño de sus tetas. Todo ello de color blanco. Además  de unos cuantos abalorios llevados con muy buen gusto.

Al llegar al salón le ofrecimos una copa de cava y nos sentamos en el sofá para seguir hablando con ella. La verdad es que desde que llegó se mostró muy simpática y en la primera ocasión que tuvo, nos preguntó si ya habíamos hecho eso en alguna ocasión. Al contestarle que no, nos dijo que sobre todo estuviésemos tranquilos. Que no nos preocupásemos por nada. Que todo acabaría en cuanto uno de los tres lo deseara, y que la dejásemos hacer a ella. También nos dijo que eso tenía que hacerse a gusto. Sin imposiciones. Y que teníamos que intentar  disfrutar de todo lo máximo posible. Dijo también que ella era toda una profesional y como tal se iba a comportar. Seguidamente nos aconsejó que para ir animándonos nos fuésemos besando como si ella no estuviese allí y que nos dejáramos llevar. Y así lo hicimos. Enseguida nos pusimos mu y cachondos. Ella mientras tanto nos iba mirando, a la vez que bailaba sola al compás de la música moviendo sus bonitas piernas de ébano. Nosotros seguíamos a lo nuestro y cada vez estábamos más calientes. Jamás habíamos hecho eso delante de nadie y nos estaba dando un morbo más que placentero. Así que seguimos hasta que mi esposa empezó ya a sentirse mojada y yo con la polla más tiesa que nunca. Entonces Jennifer quiso tomar posiciones en el sofá y se puso entre nosotros dos. Nos miró con aquellos ojos negros y acercó sus labios de carmín a los míos, dándome unos pequeños contactos a la vez que cogió la mano de mi esposa y junto a la suya, se la llevó a mi entrepierna comenzando las dos a darme un suave masaje para continuar después con unos movimientos más intensos. Yo a su vez me había apoderado de sus preciosas tetas y se las estaba acariciando. Se las notaba muy suaves y a la vez muy tiesas y duras, quizás debido a la silicona. Luego le dije a mi esposa que se las tocase también para comprobarlo. Entonces cuando aceptó enseguida sin pensárselo, fue cuando me di cuenta de lo calientes que estábamos ya los dos. Habíamos perdido la vergüenza inicial y éramos ya tan solo tres personas con ganas de pasárselo bien. Por lo que decidimos pasar a nuestra habitación. Allí con aquella música suave y la luz tenue, todo parecía más sensual.

Entonces nos fuimos despojando de algunas prendas. Jennifer y mi mujer se quitaron la blusa y a mí me quitaron la camisa y los pantalones, echándome de espaldas en la cama y poniéndose una a cada lado. Entonces Sonia empezó a besarme y a tocarme el paquete y al ver que  estaba a punto de reventar, me quitó el slip y lo dejó libre. Luego con una mano empezó con un movimiento de vaivén de arriba abajo que me estaba llevando al séptimo cielo. A continuación con su boca comenzó a chuparme el glande pasando la lengua sobre toda su superficie. A todo esto, Jennifer no dejaba de mirarla con cara de lujuria, por lo que mi esposa le ofreció participar de aquel delicioso manjar. Ella no se hizo de rogar y cogiéndolo con una mano, se lo llevó a su boca empezando a hacerme la mejor mamada que hasta entonces me habían hecho. Sonia a su vez con sus manos me iba tocando los huevos y así se fueron turnando las dos durante un rato. Yo había tenido ya mis primeros minutos de gloria, ahora le tocaba el turno a mi mujer. Para ello la tumbé en la cama y empecé a besarla. Primero en el cuello y después en los labios, para ir bajando hasta sus tetas en las cuales, tras haberle quitado el sujetador, me recreé un rato. A su vez Jennifer se había quitado también el suyo, dejando al descubierto aquellas dos grandes maravillas las cuales ofreció a mi esposa, que con la calentura que tenía no dudó en empezar a tocárselas y a chuparle aquellos abultados  pezones. Yo me decidí a ir hacia abajo y una vez le quité la falda y las braguitas, empecé a chuparle y a lamerle el coño. Primero por su contorno y los labios exteriores y después más profundamente, hasta sentir todos sus jugos en mi boca. Así estuvimos un buen rato. Jennifer se encargaba de la parte de arriba y yo de la de abajo. Hasta que vimos que estábamos todos preparados para dar ya el siguiente paso. Fue entonces cuando Jennifer bajándose de la cama nos hizo un striptease al son de la música y poco a poco se fue quitando la poca ropa que le quedaba.

Cuando le faltaban solo las braguitas, se dio la vuelta y así de espaldas, nos mostró sus lindas nalgas negras a la vez que las movía sensualmente siguiendo los acordes de la música. Mi mujer y yo estábamos alucinados y a la vez muy nerviosos por el morbo de imaginar lo que debía de tener entre sus piernas aquella preciosidad para ella. Y así, entre meneo y meneo, muy despacito, se fue bajando las braguitas y luego, mirándonos por encima del hombro las tiró hacia donde estábamos los dos. Después lentamente, fue dándose la vuelta  y dejó aparecer ante nuestros ojos la mayor polla que jamás hubiéramos pensado. ¡ Era inmensa ¡ como había pedido Sonia. Tanto en longitud como en grosor. Y al ir acercándose hacia nosotros con aquellos movimientos, le iba de un lado a otro como si fuese un badajo de campana. Mi mujer se quedó perpleja y no pudo mediar palabra, por lo que Jennifer tuvo que decirle que todo aquello que veía  era para ella. Que podía hacer con ella todo lo que quisiera. Pero debido a los nervios, tan solo se atrevió a tocársela con un poco de miedo. Después ya más confiada se la cogió y se la apretó para comprobar su dureza y lo tiesa que se le estaba poniendo.

A mí personalmente los hombres nunca me habían llamado la atención, pero al ver aquel gran instrumento, me dieron ganas de comprobar también como sería su tacto, por lo que mi mujer, viendo mi cara de curiosidad me ofreció compartir el momento con ella. Y así entre los dos empezamos casi sin querer a hacerle una fabulosa paja. Era increíble ver como con nuestras dos manos juntas aferradas a lo largo de su polla, aun le quedase un buen trozo fuera de ellas, y aquello iba aumentando por momentos, llegando a ser ya casi el doble que la mía. Jennifer estaba ya muy excitada al igual que Sonia, por eso le ofreció que se la chupase y ella no se hizo de rogar. Se amorró al pilón y empezó dándole unos suaves besos en la punta, para después ir metiéndosela en la boca todo lo que podía, que no era mucho debido a las dimensiones que tenía. Primero le lamió y chupó todo su negro glande y después recorrió cada centímetro de su longitud hasta llegar a sus huevos, los cuales eran también muy grandes y colgantes. Yo por mi parte iba masajeando sus nalgas y a veces le chupaba las tetas. Después se tumbó en la cama y mi esposa siguió chupándosela mientras yo le puse la mía en la boca a ella para que hiciera lo mismo conmigo. Así estuvimos un rato hasta que cambiamos de posición. Entonces mi mujer me la chupaba a mí y Jennifer le chupaba el coño a mi esposa. Así fuimos cambiando hasta que decidimos empezar con las penetraciones. Entonces Sonia se puso a cuatro patas y Jennifer desde atrás le iba metiendo su gran herramienta en el coño. Al principio le resultó doloroso debido a las dimensiones, pero después con la ayuda de un buen lubricante, fue todo más fácil.

Por mi parte yo le ofrecía mi polla y ella se encargaba de ir chupándomela con ganas. Cada embestida que le daba Jennifer para mí era muy placentero porque le podía meter un trozo más en su boca, pudiendo notar como llegaba casi hasta su garganta. Luego mi esposa tras tener varios orgasmos fue la que me ofreció que cumpliera por fin mi sueño de siempre que no era otro que el de poder meter mi polla en un buen culo, cosa que ella nunca me había permitido hacer. Entonces Jennifer se puso también a cuatro patas al lado de mi esposa y separando sus nalgas con las manos me ofreció aquel orificio negrito tan deseado por mí.

Los dos nos pusimos lubricante y así poco a poco empecé a pinchar en aquella negra diana. Al principio me costó entrar, pero una vez que conseguí meterle la cabeza lo demás fue mucho más fácil. Empecé a bombear una y otra vez y ella no paraba de moverse y de gemir como una loca. Mi mujer no paraba de mirarnos y como seguía muy caliente, no dejaba de tocarse el coño. Entonces Jennifer mirándola a los ojos le dijo que no sabía lo que se había estado perdiendo durante esos años por no dejarse dar nunca por el culo. Entonces Sonia con cara de viciosa cogió el lubricante  sin decir nada y sin parar de tocarse se fue poniendo gran cantidad en todo su orificio. Después me pidió que por favor la penetrase también a ella, aunque eso sí, con mucho cuidado. Yo alucinaba con lo que estaba oyendo. Mi esposa, después de tantos años de negativas me estaba pidiendo que por favor le diera por el culo. Entonces comprendí lo caliente que debía de estar y antes de que cambiara de opinión, dejé a Jennifer para que cambiara de posición y me fui hacia ella. Le puse la punta de mi polla en la entrada de su agujero y fui como dibujándole unos pequeños círculos con ella hasta que poco a poco y con mucho cuidado se la fui introduciendo hasta que conseguí meterle toda la cabeza. Después nos quedamos quietos y cuando vimos que ya se había ido dilatando más el esfínter, empecé a bombear cada vez con más energía. Sonia no paraba de jadear y de pedirme cada vez más, por lo que Jennifer le ofreció su miembro desde el otro lado y empezó a chupárselo como una loca. De esa forma tuvo varios orgasmos según pudimos comprobar.

Creíamos que ya había acabado todo y no pensábamos que se pudiese sentir más placer todavía, pero Jennifer como bien nos dijo, era toda una profesional y tenía algo más preparado para nosotros como regalo de despedida. Pero primero para relajarnos todos un poco, nos dijo que podíamos jugar al “trenecito”. Dicho juego según ella  consistía en ponernos de pie, agarrados uno detrás del otro y con el cuerpo un poco inclinado hacia delante. Entonces mi esposa pidió ser la locomotora y yo elegí ser el vagón de cola, por lo que a Jennifer le dejamos solo la opción de ser el vagón central. Así ya con todo preparado y entre risas y bromas empezamos con la maniobra de enganche. Jennifer cogió a mi esposa por detrás y le clavó toda su polla en el coño y yo por mi parte hice lo mismo en el culo de Jennifer, y así ya enganchados dimos varias vueltas a la habitación. Cuando a veces frenábamos era muy bueno ya que las penetraciones eran mucho más profundas. En una de las vueltas Jennifer nos propuso cambiar las posiciones y me preguntó a mí si quería probar lo que se sentía haciendo de locomotora, a lo que yo le contesté que no, que mis inclinaciones de momento no iban por ser maquinista y que prefería seguir en el vagón de cola como hasta entonces. Después al cabo de un rato, cuando más calientes estábamos los tres, desenganchamos los vagones y Jennifer se tumbó en la cama boca arriba. Luego le dijo a mi esposa que quería que probase una cosa que ella nunca había podido llegar a sentir pero que según decían todas las mujeres que sí lo habían hecho, era el mayor placer que jamás habían llegado a sentir en cuestión de sexo. Entonces le dijo que para realizarlo tan solo tenía que dejarse llevar. Y poniéndose al borde de la cama le indicó que se pusiera encima de ella. Después cuando lo hizo le fue metiendo poco a poco toda su larga polla en el coño hasta que sus huevos tocaron sus nalgas. Una vez así, empezó a bombear lentamente hasta que vio que estaba bien caliente y dilatada y empezaba a gozar y a pedir más de nuevo. Entonces me miró con cara de complicidad y me dijo que cogiera el lubricante y que me pusiera bastante cantidad en la polla y también en el culo de mi esposa. Entonces ella al escuchar aquello se escandalizó, pero Jennifer la convenció diciéndole que estuviese tranquila. Que pensase tan solo que iba a sentir un doble placer que hasta ahora no había sentido nunca y que valía la pena que lo intentase. Entonces me acerqué a ella y empecé a besarle las nalgas y a lamerle la aureola de su cerrado orificio para así ir dilatándoselo, a la vez que le iba ya introduciendo uno o dos dedos de mi mano. Al ver que ya no me costaba metérselos fui poco a poco acercando mi polla al igual que había hecho antes y se la fui metiendo poco a poco hasta conseguir que le entrase toda. Yo notaba la polla de Jennifer en el otro agujero y cómo se rozaban dentro de ella con nuestras embestidas. Mi mujer debía de estar alucinando en colores. Entonces, taladrada ya por los dos sitios, empezamos con el doble vaivén haciéndola gritar de placer como nunca la había escuchado.

Según ella era maravilloso lo que le estaba pasando y no nos podía ni explicar aquel doble placer que estaba sintiendo. Así estuvimos un buen rato con nuestro mete y saca al unísono, viendo cómo se corría una y otra vez como una loca. Entonces le saqué mi polla del culo y me fui hacia ella dejando que toda mi leche saliera disparada hacia su cara y sus tetas. Jennifer por su parte hizo lo mismo y entre ambos, dejamos a Sonia toda llena de aquella abundante y viscosa leche blanca y caliente que contrastaba con su cuerpo de ébano.

Después nos besamos los tres apasionadamente y descansamos un rato.

Ése día pudimos constatar que realmente era cierto lo que se decía de las personas de color. Que tienen la piel mucho más suave y además un olor diferente muy bueno y a la vez afrodisíaco.

Al final nuestra experiencia no pudo ser más buena. Jamás hubiésemos pensado disfrutar otra vez tanto del sexo, por lo que dimos las gracias a Jennifer por todo y tras ducharnos y arreglarnos, nos despedimos de ella.

Después al quedarnos los dos a solas empezamos a pensar que quizás podríamos volver a repetirlo en alguna otra ocasión, ya que había logrado volver a encender otra vez nuestra llama de la pasión y todo aquello nos había parecido… ¡ Maravilloso ¡

FIN.


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