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Fecha: 14-Nov-16 « Anterior | Siguiente » en Sadomaso

El día que cambió mi vida 3

perritademiamo
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Apenas han pasado 24 horas desde que lo conocí y vida se volvió un auténtico infierno. Ahora Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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No, no me ordenaron lamerlos, como me han preguntado por el correo. No saboree la mierda hasta que me rompieron el culo.

Y efectivamente, mandé la foto en parte porque estaba enfadada con mi padre, en parte porque estaba excitada. Estaba haciendo una locura insana, pero también estaba haciendo algo excitante y diferente a mi aburrida vida anterior. Había perdido completamente el control y a una parte de mi le encantaba.Tras acabar el espectáculo no pude hacer otra cosa que meterme en la cama y hacerme la dormida. Recuerdo bien que me metí en la cama con las medias puestas.

Soy hija única, mis padres se levantan mucho antes que yo y llegaban a casa mucho más tarde que yo, así que estaba más que acostumbrada a estar sola. En cuanto los oí marchar, me levante corriendo.

Quería bañarme para poder quitarme de encima la corrida del tendero y prepararme para un nuevo día en el instituto... Que tonta era en aquella época.

El móvil sonó antes incluso de que me metiera al baño. No necesité mirarlo para saber quien me podía estar llamando a estás horas, lo que no terminaba de entender era el porqué. Dejé que sonará hasta que se cansará mientras mi corazón se ponía a mil por hora porque sabía de sobra lo que me estaba jugando... No importaba, tenía que ser fuerte y terminar nuestra relación aquí y ahora. Por un momento, sólo por un único instante tenía que ser fuerte. Pero cuando el teléfono dejó de sonar, aporreó puerta. Claro que sabía donde vivía, estaba escrito en mi DNI. Tenía que coger el teléfono y llamar a la policía... y llamar a la policía. Me puse la bata y baje las escaleras.

Él estaba ahí delante, tan tranquilo fumando un cigarrillo mientras a mi el corazón se me iba a salir del pecho.

Recuerdo que le grite, que le insulte, que le aseguré que nunca jamas de los jamases, que se buscará a otra. Que se quedará con su maldita foto y sus vídeos y que si se atrevía a publicarlos le denunciaría a la policía.

-¿Sabes qué llevas puestos mis zapatos?

Aunque me torturaran, sería incapaz de especificar en que momento me puse los malditos zapatos.

El simplemente apartó mis manos con cuidado y deshizo con calma del pobre nudo que había hecho deprisa y corriendo. Todo suave y delicadamente. Y apagó el cigarrillo en mi pezón.

Aún no entiendo como no corrí, grité, o cualquier otra cosa. Era completamente irreal lo que me estaba pasando. No había sentido un dolor así en mi vida.

En cuanto la bata cayó al suelo, me encontré desnuda y arrodillada en la puerta de mi casa. Salvó por las medias. Y los malditos zapatos que me hacían sentir como una auténtica puta.

Me folló la boca. Agarrándome de la cabeza y utilizando mi boquita como si fuera un delicioso coño.

Yo había entrado en pánico. Intentaba controlar como podía las arcadas que subían a mi garganta al tiempo que intentaba ignorar el dolor que sentía en mi pecho izquierdo así como los pensamientos de que estaba en plena calle a la vista de todo el mundo.

Así que me concentré en su placer. Adopte una posición donde las embestidas pudieran ser mucho más profundas de lo que ya eran, donde me pudiera follar todavía mejor y más fácilmente. Ahora que lo recuerdo, sí, supongo que tenía que haberle mordido la polla, pero eso ni se me pasó por la cabeza.

Se corrió encima de sus zapatos.

-¿Es qué vas a permitir que tu amo y señor lleve los zapatos sucios?

Mire a la calle. Había por lo menos tres vecinos de toda la vida mirándome en ese momento.

-Son los próximos. Y contra más tardes más pollas tendrás que comer hoy.

Yo baje mi cabeza sumisamente.

Ese día, en lugar de ir al instituto, se la estuve chupando a 37 hombres y perdí la cuneta de cuantos se corrieron encima de mí. Sé que parecen muchos, pero el bar y la parada del autobús estaban llenos a esas horas y tuvimos toda la mañana para ello.

Al principio fueron los 3 que había visto todo, y dos más que se unieron después. Entraron despacio, intimidados. Mi amo y señor no me permitió ponerme en ningún momento de pie. Me colocó un collar de perra y un tapón anal. También me pinzó el pezón sano.

Les indicó que subieran a mi habitación, que todo lo haríamos allí. Subí las escaleras de mi propia casa como buenamente pude ante la risa de mis vecinos. Lo más suave que dijeron fue que la perra parecía que estaba ansiosa por hacerlo. Era eso o que me llevaran a rastras.

Cuando al fin vi al primero de ellos, sentado en mi cama con su polla dura, erecta y fea, sólo tenía ganas de llorar.

En cuanto sintió mis labios estalló. Nadie se rió. Para hacerse el macho, me agarró la cabeza y empezó a follarme con fuerza hasta que se corrió de nuevo. Para entonces, otro se corrió en mi culo y también me habían dejado un buen regalo en mi pelo. Ellos fueron los que avisaron al resto.

Vinieron en grupos y muchos con prisa. Se conformaron con correrse encima de mi cara, pechos, vientre o donde salpicará. Los otros fueron pasando de uno en uno por la cama. Empecé sobre las siete de la mañana y no terminé hasta bien entradas las dos.

-Te has portado muy bien.

-¿Puedo bañarme ahora?

Me amo se rió. Mi culo aún no estaba preparado para el tratamiento que iba a recibir, pero eso le dio igual. Mi amo y señor estaba más que decidido a romperme el culo en mi propia cama. Lo hizo sin vaselina, a lo seco. Luego me contó que era así como se hacía en el ejercito. Lo que ya no se hacía era chuparle la polla ensangrentada y llena de mierda. Está vez tuve que hacerlo como si me comiera un caramelo, chupada y bien retequerechupada.

Me agarré a mi osito de peluche como la cría idiota que era cuando todo terminó. No quería seguir, ni continuar. Quería acabar con todo. Él tenía otros planes para mí, por supuesto.

Subió consigo a John nieve, el perro de la familia. Jamas había estado dentro de mi cuarto. Por un momento pensé que iba a ordenar que me lo follará. Ya había estado con un perro antes, estaba segura de ello. Entonces caí en la cuenta de que ya me había follado a Jonh.

Dejé que me follara salvajemente como la maldita perra que era.

-Veo que tienes muchas más utilidades de que pensaba, perra.

-En el instituto otra cosa no, pero he aprendido a cocinar.

Llevaba puesto únicamente los zapatos de tacón y las medias. No me dejaba llevar nada más. Ni tampoco bañarme. Ni si quiera me había dejado ir al baño y me estaba aguantando como buenamente podía. Me senté a esperar. Tampoco me iba a dejar probar bocado y tenía hambre. Todo el día no comí, tampoco cene, y no desayune. Lo único que tenía en el estómago era semen. Miraba la comida relamiéndome. Él lo sabía, claro. Aún así me lo preguntó y yo asentí con la cabeza.

-¿Y qué me ofreces?

-Hacerlo como una perra -fue mi contundente respuesta.

Deje que me pusiera el collar de perra de nuevo y salimos al patio de mi casa. Allí comí en el suelo y mee delante de él. Fue mucho más fácil de que jamas había podido imaginar.

-Bien hecho comocoños, muy bien hecho.

Y ahora un secreto. Yo tenía experiencia comiendo coños. Sólo había comido dos, a mis supuestas mejores amigas. Se supone que era algo normal en un instituto femenino, que tú me lo comías a mi y yo te lo comía a ti. A mi nunca me lo comieron, pero no me importaba, me gustaba hacerlo. Y una de esas veces llegue a comerlo delante de una de ellas. Un acto que me excitó sobremanera. Luego me enteré de que me apodaban la comecoños.

Fue una de ellas la que se chivo a su abuelo de lo perra que era. Y este se chivo a mi amo y señor. No fue ninguna casualidad que él supiera donde encontrarme y que hacer para que cayera rendida a sus pies.

 

Por cierto, mi amo y señor está enormemente satisfecho por la cantidad de correos que ha recibido. También me dice que le encantaría recibir sugerencias y para mis amigas. Porque si conmigo fue duro, ellas descubrieron el auténtico infierno.


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