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Fecha: 15-Nov-16 « Anterior | Siguiente » en Gays

06.1 La despedida de una empresa

Albany
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-¿Tú crees que tendremos tiempo? -mi voz le susurra tentadora. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

El lunes a la mañana, la persona que iban a enviar de la empresa, para que le enseñara lo que yo hacía y le instruyera no se presentó. La mañana transcurrió realizando el trabajo ordinario de todos los días y esperando. 

Al medio día pasó por mi sección el director de las obras de la planta. 

En la reunión de la mañana se le había olvidado pedir mi opinión sobre lo que yo opinaba y creía, respecto de las pruebas que faltaban para completar todo el protocolo antes de entregar la instalación al cliente. 

Le dije que según mi parecer aun faltaban dos o tres meses de trabajo, si todo iba bien. Puso cara de enfadado y preguntó por mi sustituto. No pude darle razón alguna de su falta. Se molestó más aún y su enfado fue directo a golpear a mi persona. 

No le parecía correcto que, ante tanto trabajo pendiente, fuéramos a faltar unas horas por la comida que proyectábamos tener algunos compañeros y yo, como despedida por mi marcha. Lo hizo con palabras desabridas, estaba otro compañero presente, de los que iban a asistir a la comida, intentó contemporizar con él, persuadirle de que yo no tenía la culpa de lo que estaba sucediendo. Y no hubo manera de hacerlo razonar

A la tarde al llegar a la residencia, llamé a Nico, tenía que desahogarme con alguien. Le explique lo que había sucedido y me animó como siempre, ¡lo ve todo tan fácil!

-Cariñito, no te molestes, te queda muy poco tiempo, verás como estarás mejor en tu nuevo trabajo.  -y para entretenerme de mis problemas comenzó a contarme lo que había hecho.

Había estado acompañando a Jaime, arreglando la matrícula en  la escuela a la que debía ir y luego en su trabajo había pedido la liquidación y se había despedido.

Tenía la autorización de su padre y ahí no quise saber lo que problemas que tuvo que sortear para convencerle. Había estado ultimando algunas pesquisas y ya disponía del billete de avión para marchar a Francia el día siguiente martes, iría a Lille y Paris para ver y estudiar las posibilidades que tenía de estudiar en alguna de sus universidades.

Una vez admitido lo inevitable, su padre le insistía en que se quedara en París, donde tenían casa, amigos, y negocios en lo que participaba 

Sentía que la vista se me nublaba, ya estaba intentando solucionar el estar cerca de mí. Como siempre en estos casos, las lágrimas rodaban por mi cara, en silencio, con una angustia tremenda, no quería que él se diera cuenta de que estaba llorando. Lo notó en la primera palabra que dije.

-¡Daniel!, ¿te sucede algo?  -notaba la preocupación en su voz.

-No, nada, ¿qué me va a suceder?  -intentaba disimular y para ello emitía sonidos raros, como si estuviera aclarándome la garganta.

-Estas llorando.  –no era una pregunta la que formulaba, lo estaba asegurando.

-¡Qué no, es que estoy emocionado!  -la voz se me quebró.

-Suspendo el viaje a Francia y voy para ahí.  –tenía la voz alterada.

-No, no, por favor haz tu viaje, no me digas estas cosas o lograrás que llore de verdad.

-Vale pero cálmate, no pasa nada, estoy contigo, te amo Daniel, ¿me vas a hacer caso, vas a dejar de llorar?  -me hablaba como a un niño pequeño, haciendo ruido con sus labios, siseaba como cuando se les pide que dejen de llorar y se calmen, que se callen. 

-No te preocupes ya no lloraré.    -he atendido su deseo, en realidad ya no estoy llorando, prodigiosamente había suspendido el llanto.

-¡Hala!, pues venga, sonríe que yo lo note y dime que me quieres. –volvía mi congoja.

-Te adoro Nico, te quiero muchísimo y te necesito, pero vas a conseguir que llore si sigues atendiéndome de esta forma. –me fui calmando según me iba hablando.

Jaime estaba bien y todo se le estaba encarrilando, pensé que con la ayuda de su hermano, de Nicolás, todos funcionábamos mejor, me comentó la conversación que había mantenido con su padre y vi que, de alguna forma, tenía una confianza ciega en su hijo aunque hubieran discutido por su repentina decisión de marchar a Francia.  

No le dijo el motivo principal de que quisiera marchar a estudiar a Francia, de que el culpable era yo, un chico en cierto modo insignificante, el causante de que su hijo dejara su trabajo y cambiara su decisión.

Conseguí no llorar durante el resto de la charla, que luego consistió en decirme una y otra vez lo mucho que me quería, queriendo que yo se lo dijera a él, haciéndome proposiciones sexuales para cuando estuviéramos  juntos y logrando que riera con sus malévolas ocurrencias. Nos despedimos y prometió llamarme todos los días, pero que si alguna vez se retrasaba no debía preocuparme, y así, me hubiera pasado mucho tiempo hablando con él.

-He hablado con David, no puede desplazarse a Ámsterdam, tendrá de visita al hermano de su novia en Derby y debe atenderle, quiere ayudarme a recoger mis cosas, él tiene garaje cerrado en su nueva casa, me lo ofrece para dejar allí las cajas hasta que la agencia de transporte me las envíe.

Queda un breve momento en silencio.

-Ya estudiaremos las posibilidades que tienes, ahora no pienses en ello, tienes tiempo en toda la semana próxima.

-Personal de la fábrica en Francia se han puesto en contacto conmigo, también me han ofrecido su ayuda para localizar casas en alquiler y el martes quieren mantener una videoconferencia, para establecer un primer contacto, supongo.

Vuelve a quedarse callado.

-Duerme bien Daniel y descansa, te amo, te amo. -y lo repetía sin cesar.

-Yo también te quiero, eres el hombre más bueno del mundo.

-El hombre más bueno del mundo ya no existe, se murió, pero el que más te quiere sí, ése soy yo.  –corté la comunicación riendo, no puedo creerme que Nico sea así, le veo, le tengo delante y no me lo puedo creer. Cuando Maira le trajo la primera vez le miraba con disgusto y ahora quisiera tenerle siempre a mi lado.

El martes se presentó mi jefe en la planta, realmente me decepcionó, no entendía el significado de su visita, si no fuera porque deseara entretenerme y hacerme perder una hora de precioso tiempo para mí, para poder revisar las pruebas atrasadas del laboratorio y otros trabajos pendientes.

Delante de toda la sala comentó que era muy difícil el buscarme un sustituto en tan breve tiempo. ¡Virgen bendita!, si hacía un mes que sabía que me marchaba. Intervino una chica, dijo que tenía una amiga que estaba sin trabajo y que podría encargarse. Así, sin pena y sin gloria pasó el martes. 

Una cosa más, envié un mail a todos los que iban a participar indicándoles que la comida se suspendía atendiendo las demandas del Director de Obras. Nico me llamó tres veces, se estaba moviendo mucho y quizá tendría que quedarse en Francia hasta el jueves inclusive, debía hablar con mucha gente.

El miércoles, hacia las 12 de la mañana, llegó un graduate, venía de las oficinas principales y se presentó de malas maneras. 

Estuve enseñándole el laboratorio, presentándoles a las dos personas que hay realizando los análisis, y todo lo demás, no prestaba la más mínima atención, y la mía fue decayendo. Él vería lo que hacía a partir del viernes al medio día.

Nico estaba contento de las entrevistas mantenidas en Lille y ahora estaba en París, lo sentía por él, iba a volverle loco con mis cosas, me sentía deudor con él, en una deuda que no podría satisfacer nunca.

El graduate no volvió al trabajo al día siguiente, recibí una llamada de mi jefe, no me ofreció explicación alguna del motivo de su falta, me dijo que iba a llegar una chica a la que tenía que enseñar.

Llegó la chica, era guapa físicamente, me propuse enseñarles todo lo que pudiera en un día, había cursado estudios sobre derecho. Ella y una administrativa de la oficina iban a sustituirme hasta que Lee se incorporara. 

Nico había salido satisfecho de sus entrevistas, debe sopesar sus posibilidades y decidirse sobre la Universidad que prefiere, vuelve hoy jueves a la noche y el viernes tiene que coger el vuelo para Ámsterdam.

Las pobres muchachas no tienen ni idea de lo que les explico y se encogen de hombros ante mis indicaciones y al final les digo, que ante cualquier duda, le llamen a mi jefe para que se la resuelva.

La peor noticia me llega a las 01:30 de la madrugada, han tenido que hospitalizar, otra vez, a un amigo que está ahora en Nicaragua.

Al levantarme en la mañana del viernes, mi primera visita es a mi correo, esperando encontrar noticias sobre la evolución de su enfermedad pero no hay correo alguno. 

Me quedan cinco horas de trabajo, he dejado los bombones al lado de las máquinas de café como despedida. Mis dos amigas me esperan para que les siga enseñando, les pido que me sigan y vean lo yo hago, es imposible en un día que asimilen todo.

Nico está ya en Bristol, tiene que ir a Londres para coger su vuelo a Ámsterdam y lo hará a primera hora de la tarde, va a llevar a Jaime con él, llegará antes que yo y me esperarán en el hotel donde han reservado habitación. Se le nota en la voz el cansancio que tiene.

El director de la planta reúne al personal de la oficina, me agradece los servicios prestados, que han estado muy contentos con mi trabajo y, al menos, hay una despedida. En este centro hay compañeros a la que he llegado a apreciar y me emociono. Son las 14:00 horas y estoy en las oficinas principales en Leeds, en el departamento de R.H. me dicen que la nómina de Julio y resto de papeles me lo remitirán por mail a primeros de Agosto.

Mi jefe ha citado al personal, para hacer algo parecido a la despedida del centro de trabajo anterior. En está ocasión no me emociono, realiza su discurso y yo por mi parte le agradezco la oportunidad que me ha brindado al enviarme a trabajar fuera de las oficinas durante este último año.

Oficialmente estoy libre de responsabilidades con la empresa, solicito que me pidan un taxi y voy a la residencia para recoger mi maleta, el mismo taxi me traslada al aeropuerto, no dispongo de  tiempo para cambiarme de ropa.

Llego a Schiphol, el aeropuerto de Ámsterdam, un poco agotado; mi cansancio se diluye cuando recibo un correo de un familiar de mi amigo, el que está ingresado en un hospital en Nicaragua. Al parecer está fuera de peligro. Entiendo que el correo tiene el propósito de tranquilizarme.

En menos de media hora estoy en el hotel Citizen donde me esperan, avanzo hacia la recepción del hotel esperando encontrar a Nico, me ha extrañado no encontrarlo en la puerta. 

En el mostrador veo a Maira  y su novio, con ellos está Jaime. Mi amiga viene corriendo a abrazarme, a darme besos, el abrazo dura minutos, habla sin parar y llora, lo raro es que no sea yo el que lo haga,  mi mirada sigue buscando a Nico, el abrazo al novio de Maira es corto y luego los brazos de Jaime me acogen.

-¿Nico…, dónde está?  -Jaime me ha besado en la cara, continúa  aproximándose poco a poco.

-Está en la habitación, se ha levantado hace un momento, al recibir tu mensaje, ahora te llevo con él.

Hablo un momento con Maira, tengo que saludar a otros conocidos que van apareciendo, parece que el hotel está lleno de gente amiga próximos o lejanos. Hay una cena organizada para esta noche.

 Maira me dice que me vaya y Jaime me lleva consigo, arrastra mi maleta grande regalo de mis padres.

Mientras saludo a los conocidos que voy encontrando no se aparta de mi lado, hace la labor de su hermano, velando por mi seguridad, me resulta gracioso cómo se comporta.

-Esta es tu habitación.  -Jaime de detiene para mirarme. 

Llama a la puerta y Nico aparece al abrirla, lleva el pelo revuelto como si acabara de salir de la cama, me quedo parado, quieto, mirándole sonriendo. Coge mi mano y  tira de mí para meterme en la habitación, me abraza y siento la calidez de su cuerpo, me besa en los ojos, en la frente, los labios, me abrazo a él y respiro nervioso.  Jaime toca mi hombro con su mano.

-Aquí dejo tu maleta, os espero abajo, me voy.  –me vuelvo hacía él y le abrazo dándole un beso agradecido.

-¡Ayy! Qué chico más empalagoso siempre esta besando.  –se dirige hacia la puerta y haciendo aspavientos la cierra con un fuerte golpe.  Nicolás y yo rompemos a reír.

Cuando quedamos solos Nico me coge en sus brazos, me lleva hasta la cama y me deposita sentado en el borde de la misma. Estaba con el traje que me puse para ir al trabajo. Me quitó la chaqueta y los zapatos, sigue a mi lado de pie, abrazo sus piernas, noto a través de la tela el calor de su sexo pegado a mi rostro, y tiro de su mano hasta hacerle caer en la cama a mi lado.

-¿Tú crees que tendremos tiempo? -mi voz le susurra tentadora.

No espero una respuesta de su parte, abro mi maleta y busco mi bolsa de baño. Nico sigue tumbado en la cama, eleva su torso y apoyado en sus codos mira mis movimientos. Voy hasta él, apoyo mi dedo índice en su frente para hacerle caer sobre la cama.

-Que no se te ocurra moverte, me preparo en un instante.  –me deshago rápidamente de mis ropas y me meto bajo la ducha, lavo bien todo mi cuerpo, sobre todo mis partes viriles y mi ano, me aplico una crema que la introduzco con mis dedos. 

Vuelvo desnudo a la habitación y Nico no me ha obedecido, ahora reposa totalmente desnudo, esperándome mientras pasa su mano por su verga medio empalmada. Río al ver el espectáculo y me tiro en tromba sobre él.

-Desobediente vas a sufrir un castigo.  -me siento sobre su vientre, mi ano justo encima de su ombligo.  Paso mis testículos y mi culo sobre los pelos de sus abdominales, me gusta sentirlos como me cosquillean y me inclino para besarle.

-¡Qué ganas tenía de tenerte así, desnudo para mí y con este gran pene!  -no me deja continuar y atrapa mi boca, la cierra con la suya para que realice una labor que él desea, buscar mi lengua con la suya para que establezcan una lucha desigual, la suya es la que vence y entra en mi boca más profundamente.

En mis movimientos siento la punta de su polla como golpea en mi trasero y lo va llenando de precum, abandono su cara para ir besando sus pectorales, y morder sus irresistibles tetitas. Mi mano avanza por delante de mi boca y se encuentra con el mástil de su verga, noto la humedad que sale de su prepucio y desciendo hasta sus huevos.

La miro y está en su máximo esplendor, turgente y dura, me relamo los labios antes de que mi lengua recoja de su fuste las huellas del derrame de sus flujos,  tiene un sabor delicioso que adormece mis sentidos, abro su prepucio retrayéndolo del glande para recoger directamente su precum.

Me estremezco de placer al saber que en unos segundos tendré en mi boca ese glande tan rojo y brillante, alargo el momento y paso mi lengua por él. Tenía un aroma de muerte y no pude soportarlo más, lo abracé con mis labios. Era divino sentir mi boca llena de esa carne tan viva, caliente y olorosa.

Toqué sus testículos para sentir su suavidad y calor, sus enormes, cálidas, turgentes y velludas pelotas que acariciaban con sus pelos la palma de mi mano.

Seguía notando el aroma y calor que desprendía su capullo en mi boca, apreté ligeramente su escroto y se estremecieron sus testículos, y lanzó un gemido de gozo. Cogí  su enorme falo en mis dos manos mientras daba profundos chupetones a su glande sacando toda su sabia. Su fuste quemaba al tacto tan suave y majestuoso, continuaba escuchando sus hondos suspiros, a veces sonidos guturales de macho siendo satisfecho.

Su gordo glande llegó al fondo de mi garganta y abrazaba su suavidad en el fondo de mi boca. Me sobraba una mano que volví a llevar a sus pelotas para acariciárselas, las notaba tan grandes, tan pesadas, tan sabrosas y duras como las gónadas de un toro.

Quise meter más su verga en mi garganta y empezaron a darme arcada que poco a poco iba venciendo, hasta que llegó un momento en que su polla me ahogaba metida toda ella en mi garganta, tuve que sacarla y luego volver a meterla, le sentía temblar y ponerse más dura cuando resbalaba por la suavidad de mi boca.

Nico no hablaba pero comenzó a tirar de mis brazos para que dejara su verga. La saqué de mi boca pero mi mano la tenía sujeta. Me beso mordiéndome los labios y limpió con su lengua las babas que llenaban mi barbilla, suspiro mientras me besaba.

-Es increíble, te la has comido toda, ¿cómo has podido?  -su curiosidad podía más que su excitación pero no dejaba de besarme.

-Eres tú que me estás haciendo un mamón de primera. -mi risita y comentario debieron de excitarle y mordió de nuevo mi labio.

-Te la voy a meter por el culo, aunque te haya follado la boca hace un momento. –comenzó a mover sus dedos alrededor de mi ano, volaban sobre él y tiraba un poco de mis pelitos.

Lo tenía dilatado, la limpieza que me había hecho y la lubricación de mis dedos habían preparado su trabajo, para que él no se entretuviera tanto, cuando un momentos más tarde podía meter tres de sus dedos en mi hoyo y dar vueltas dentro de mi recto, le pedía susurrando en su oído que me la metiera.

Me tumbé y recogí mis piernas en una muda invitación pero él se me quedó mirando.

-¿A qué esperas?, métela de una vez, ya no aguanto.

Se colocó arrodillado y elevé mi pelvis para que pudiera embocar su polla en la entrada de mi ano. Apretó y a pesar de la preparación me produjo un intenso dolor cuando su glande penetró mi entrada, no pude evitar un gemido de dolor y mordí mi labio para ahogarlo.

-¿Quieres que pare?  -estaba nervioso, sujetando con su mano derecha su verga, sin decidirse a entrar mas y aunque sintiera dolor la quería tener toda dentro.

-Sigue, no pasa nada.  -continuó empujando hasta que pasó lo peor y llegó a estar dentro de mí, llevé mi mano a su polla y faltarían tres dedos para que la metiera del todo. Notaba que había llegado a su tope en mi interior y ahora volvería a causarme dolor.

Le retuve con mis manos apoyadas en sus muslos, podía hacer poca fuerza y a él solo le llegaban mis órdenes cuando aflojaba o apretaba mis manos, para decirle que empujara o lo contrario, todo menos sacarla.

Después de unos minutos comenzó a hacer el movimiento de entrar y salir de mí, a pesar de faltar tres dedos por meter, sentía sus testículos como golpeaban en mis nalgas, con el calor y su peso se le había bajado mucho y se escuchaba el golpeteo de carnes.

Hubo un momento en que sacó su verga peligrosamente y mi ano abrazó la cabeza antes de que saliera. Volvió a coger la marcha, sudábamos los dos del placer que apenas podíamos contener. Comencé a jugar con mis manos acariciando sus fuertes y marcados pectorales y amasándolos, pasando mis dedos por su pecho y abdomen, acariciando sus pelos.

Nico respiraba muy fuerte y aceleraba sus movimientos, y en uno de sus golpes de cadera entro toda la barra de su carne en mi vientre, realmente se clavó en mi culo, tuve un pequeño espasmo que hizo que me contrajera y provoqué su eyaculación, veía que aspiraba aire y no podía expulsarlo, abría su boca como loco hasta que salió el primer trallazo de su semen y comenzó a respirar con dificultad mientras seguía vaciándose en mi.

Mi ano se cerraba y se abría queriendo retener su falo en mi interior y solo tuvo que moverse un par de veces para que mi vientre se contrajera y sacara todo mi esperma.

Le hice que se diera la vuelta y ahora quedé yo arriba de él sin dejarle que me sacara la polla, salían pequeños hilos de su semen  que iban a parar al vello de sus huevos llenándolos de su crema.

Me movía lentamente cabalgándole, sacando un poco su falo para volver a enterrarlo en mi tripa mientras Nicolás gemía de manera placentera.

Mi semen resbalaba por mi pecho y mi abdomen hasta mis pelotas. Me abracé a su pecho y al mover el tapón que era su polla comenzaron a salir chorros de esperma.

-Nico ha sido genial, que forma de follarme tan buena.  –me beso en los labios mientras acariciaba mi nuca.

-Contigo es fácil hacerlo, te amo Daniel, cada día más.  –Y no parábamos de besarnos. Tenía que volver a la ducha. 

Yacemos en la cama abrazados. Me separo y me elevo para quedar sobre mis codos besando su pecho.

-No sé cómo voy a poderte pagar todo lo que estás haciendo por mí.

-Un pago me lo acabas de realizar hace un momento.  –le miro y esta sonriendo, avanzo reptando sobre mis codos y caigo encima de él, mi pecho sobre su pecho desnudos, y beso otra vez sus labios, peino su rebelde pelo.

-Esto no ha sido un pago, siempre me estas confundiendo.  –le beso una y otra vez, diez veces, veinte veces.

-Tienes que contarme tu viaje con detalle. –mi aliento se funde con el suyo.

-Primero  tendrás que decirme como ha sido tu despedida.  –mientras me habla me acaricia entre las piernas.

-Hagamos el amor otra vez.  –le miro con pena, acariciando su cara, tiene que afeitarse.

-Tenemos que bajar con los demás, lo siento, a mí también me gustaría pasar toda la noche así, siempre te niego lo que deseas, vas a terminar odiándome.

-No te preocupes, no pasa nada y además tienes razón, nos tenemos que terminar de preparar, lo dejaremos para luego.  -sujeta mis caderas con sus manos, las eleva y me aparta de él, luego me abraza y ágilmente salta de la cama al suelo.

-Venga, vamos, los dos juntos.  –tira de mi mano y a mi vez bajo de la cama al suelo, desnudos como estamos nos dirigimos al baño y fuimos alborozados entre risas. Fue una ducha rápida y precisa, había algunos que se preguntarían donde nos habíamos metido, Jaime y Maira estarían sonriendo imaginando la verdad de lo que estaba pasando.

-Mientras yo me ducho tu aféitate.  –Toco su cara para que vea como raspa el duro pelo de su barba.

-Pero si me afeité ayer.  –protesta, pasa su mano por su cara y me dirige una mirada divina, enarcando sus cejas que renueva mis ganas de besarle.

-Mira como tengo mi cara, roja de tu barba y mi pecho, mi piel no aguanta tu barba, es muy dura y me dejas raspado, la simple colonia me escuece.

Ahora, vestidos informales o casuales como se dice, salimos de la habitación, abrazo su cintura con mi brazo, está guapísimo con su chaqueta negra, entallada, y un poco corta y afeitado aunque le va a durar muy poco tiempo.

Están sentados en uno de los salones que tiene mostrador de cafetería, Jaime se levanta para acercar un asiento que falta, lo utilizó yo y quedo entre Jaime y Maira. Mi amiga tira de la manga de mi camisa para que me acerque a ella. Me susurra al oído.

-¿Estás feliz?  -la sangre me sube a la cara, podía referirse a cualquier cosa, pero ella y yo sabemos lo que quiere decir. La miro a los ojos y le indico con la cabeza que sí, se sonríe traviesa. Cuando enderezo mi cuerpo es Jaime el que tira de mi otro brazo. A Jaime no le importa que le escuchen todos.

-¿Conoces a aquella chica morena?, ¿por casualidad, no será amiga tuya?

Miro hacia donde me indica disimuladamente, al lado de la barra y un poco separadas de ella, hay tres chavalas y un chico hablando, permanecen de pie, a dos de las chicas las recuerdo muy ligeramente, a la morenita la conozco y al chico también.

-La conozco, no es amiga mía, estuvimos juntos en la guardería y luego en el Liceo hasta los catorce años en que ella se marchó a otro centro.

Parece que a Jaime le interesa y no deja de mirarla.

-Me la puedes presentar, me será más fácil hablar con ella.

-Claro que te la voy a presentar, se llama Blanca, el chico Luis y de las otras dos no sé el nombre. Es de mi edad Jaime, mayor que tu.  –hace un gesto delicioso con su boca.

-También tú eres mayor que mi hermano y no pasa nada, ¿no habréis tenido algún problema? Con lo que tardabais pensaba que tendría que ir a buscaros.

Me mira con una sonrisa cínica y nos echamos todos a reír.

-Tenemos que  ir acercándonos al lugar en el que han preparado la cena.  –es el novio de Maira el primero que se pone de pie y ayuda a mi amiga a levantarse.

-Nos han indicado el lugar de la cena antes de que bajarais y debemos ir ya.  –remarca Maira.

Al pasar cerca de Blanca y su grupo me detengo a su lado y Jaime también se para junto a mí, el resto sigue su camino hacia la puerta.

-¡Blanca!  –al escuchar su nombre se vuelve, me reconoce al instante, sonríe como solo ella sabe y me abraza.

- Daniel, ¡qué alegría!... –y todas esas cosas del encuentro con alguien que hace mucho tiempo que no ves, Luis también me ha reconocido y me abraza, nos presentan a las otros dos chicas y yo presento a Jaime, el resto ha salido y no se les ve. 

Vamos caminando, Blanca y yo hablamos. Le pregunto por sus hermanos, tiene una hermana dos años más pequeña y un hermano más pequeño aún, viven cerca de mi casa, cogíamos el mismo autobús para ir al colegio. 

Insisto en preguntarle por su hermana, era una niña que llamaba mi atención por lo juiciosa que era, nunca se movía de su asiento y los rumores en el colegio eran sobre su gran capacidad, no así sobre Blanca ni su hermano. 

Blanca es todo cara bonita y tipo escultural, si a mí me gustaran las mujeres  habría estado enamorado de ella, siempre ha sido de lo más, no una mala persona, despampanante y muy guapa, desde niña llamaba la atención. 

Pensándolo bien ha sido una familia que no ha sabido repartir sus dones con proporción, Blanca se llevó la belleza, y aunque su hermana no era fea, esta se llevó la inteligencia, ¿y su hermano?, por lo que yo veía, creo que se quedo sin virtud alguna, no le conozco muy bien, algo deberá tener. 

¿Luis?,  ahora está todo olvidado, o no quiero recordarlo, al principio de conocernos era muy simpático y a veces iba a mi casa a recoger apuntes, a mi padre le encantaba cuando iba; luego se hizo amigo de otro chico, no he sabido nunca el motivo, ya no me interesa tampoco, cambió radicalmente, se metían conmigo, en el autobús, a la ida y a la vuelta y luego me olvidaban. 

Sinceramente, me lo hicieron pasar mal. Cuando marchamos del Liceo le perdí de vista, a él le llevaron a San Juan de Luz, con el chico más listo del colegio.

Avanzábamos por la calle, Jaime se coloca al lado de Blanca y comienzan a  charlar entre ellos, me despedí y aceleré el paso para juntarme con Nico, mi amiga y su novio.

Antes de sentarnos a cenar, tuve que saludar a un montón de conocidos, unos cercanos y otros con los que no me relacionaba, estábamos más de cuarenta personas pero no estábamos todos, de los que me interesaban las faltas eran notables.

De Cranfield faltaba Carlos, de España los más entrañables, disfrute de la cena, de la animada charla aunque no se podía profundizar en materia alguna, era siempre el recordar momentos del pasado, lejanos ya en algunos casos.

Nos llevaron a bailar a una disco y allí disfruté del baile, a las tres de la madrugada estaba rendido, estábamos que nos caíamos redondos. Nico junto con Maira, su novio y yo nos retiramos. Jaime continuaba con Blanca divirtiéndose y dijo que se quedaría.

El frescor de la noche nos despejaba las cabezas embotadas de la estruendosa música.

Al despedirme de Maira me abrazo y en un susurro me dijo.

-Aprovecha la ocasión, yo voy a disfrutar a mi niño.  –me dio un suave beso en los labios y marchó riendo detrás de su novio.

Continuará…

 



© Albany

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