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Fecha: 16-Nov-16 « Anterior | Siguiente » en Intercambios

Casa nueva, vida nueva (i parte).

olivenza
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Como con mi nueva vecina, descubrimos los dos otras formas de disfrutar del sexo. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Hola, me llamo Fernando. Soy un joven de 32 años de 1.70m de estatura y 65kg de peso.

Desde que me fui a vivir solo, he estado siempre en un emblemático barrio de Barcelona muy ruidoso y además con mucha aglomeración de gente, hasta que hace unos meses decidí trasladarme a la periferia buscando más tranquilidad. Fue así como encontré éste piso, el cual creo que es el idóneo para mí en muchos aspectos.

A partir de vivir en él, mi vida ha empezado a cambiar. Ahora me siento más libre y sano que antes, quizás debido a la poca polución que hay por aquí y la paz y tranquilidad que se respira a cada momento. También como no, debe ser debido a mi nueva casa, donde toda ella está llena de una luminosidad exquisita por todos los lados. Sus grandes ventanales acristalados así me lo garantizan, sobre todo en el salón y en mi dormitorio. En el resto de la vivienda aunque las ventanas son todas más pequeñas, al dar al exterior también hay mucha luz.

En lo referente a la comunidad tan solo somos cuatro vecinos y uno de los pisos está aún por habitar. En el resto viven una pareja de mediana edad que están los dos de muy bien ver, con la cual comparto la pared del cabezal de mi cama con el suyo, y una joven muy machorra y bastante rarita que suele vestir de forma muy peculiar, con la que todavía no he tenido mucho contacto. En cambio con la otra pareja sí que he hablado algunas veces, pero me han parecido los dos muy recatados o más bien puritanos. Por lo que no hemos congeniado demasiado. No obstante como ellos dan para delante al igual que la otra joven, el único contacto que podemos tener interiormente es a través de dos ventanas laterales que les dan a un gran patio de luz conjunto, en el cual hay un jardín con muchas flores y plantas.

Yo, tan solo estoy más expuesto a ser visto por el piso de enfrente, el cual como ya os dije antes aún está vacío. Por eso no tengo ningún reparo en pasearme por toda la casa como Dios me trajo al mundo, ya que además, desde siempre me ha encantado ir así y hasta ahora no había podido hacerlo debido a las circunstancias, ya que mi situación anterior era muy diferente y para nada suelo usar las cortinas que en su día me hizo mi madre con tanto cariño.

De momento no he tenido ningún problema, aunque eso sí, en alguna ocasión me he dado cuenta de que sobre todo en la ventana donde vive la pareja, cuando suelo estar en el salón viendo la tele, se enciende y se apaga después la luz rápidamente, notando a continuación como se mueve la cortina como si alguien estuviese espiándome a través de las rendijas que suelen haber. A mí todo eso me pone muy cachondo, ya que el pensar que eres objeto de deseo para alguien siempre es gratificante. Creo además que aunque sean muy puritanos, también les debe gustar el morbo y el sexo.

La prueba es que cuando eso ocurre, después al acostarse  suelo escuchar sus fuertes gemidos de placer y los golpes del cabezal de su cama en la pared de mi habitación. Lo que hace que al final acabe yo también masturbándome como un loco hasta llegar a correrme, vaciando toda la leche que llevo acumulada dentro de mí.

Así como os cuento han ido pasando los días en mi nueva morada. Por mi parte, al llevar una vida laboral muy intensa aunque a la vez monótona, ha hecho que todo sea una rutina constante. Cada día me suelo levantar muy temprano para ir a trabajar. Como en las instalaciones y cuando acabo mi jornada, a no ser que tenga algo especial que hacer, vuelvo aquí, me doy una ducha, ceno algo rápido y después suelo ponerme a ver algo de tele para acabar casi siempre frente al ordenador viendo alguna de esas películas porno, las cuales suelo ir pasando rápido hasta llegar a alguna escena fuerte que me ponga más caliente para poco a poco ir acariciándome hasta poner mi polla a punto para hacerme una buena paja y vaciar toda la leche acumulada. Luego ya más relajado suelo irme a dormir, y así día tras día aunque solo cuando me apetece y no por puro vicio, y procurando buscar siempre un ángulo de visión que no sea visible a mis vecinos laterales, ya que llegado ese momento me gusta tener  una buena intimidad.

En esta urbanización todo es muy tranquilo y en el pueblo al no ser muy grande también. La única marcha que tiene es la discoteca y la de algunos bares de tapas que hay, además de uno que han abierto un poco raro, en el cual según dicen se hacen intercambios de parejas o algo así, aunque yo hasta ahora solo he frecuentado los de las tapas.

Después de un tiempo, un día al llegar de trabajar vi luz en el piso de enfrente. Por fin estaría acompañado en mi nueva vivienda y me puse muy contento. Esperaba por lo menos que fuese una persona diferente a lo que ya había por allí, y mi sorpresa no se hizo esperar, ya que vi aparecer enseguida a una preciosa chica que se movía por todas partes, cargada siempre con cajas de todos los tamaños. Como aun no tenía cortinas mi visión era fantástica, sobre todo cuando estaba en el salón o en el dormitorio. Llevaba puestas unas zapatillas, un tejano y una ajustada camiseta. Yo ese día por respeto, ya no me desnudé y procuré comportarme de la forma más normal posible. Ella seguía muy atareada y yo, sentado en el sofá me puse a ver la tele, aunque disimuladamente no paraba de mirarla. En uno de sus inmensos viajes coincidieron nuestras miradas y con una sonrisa la saludé con la mano. Ella entonces me devolvió el saludo y continuó con su tarea.

Después llegada la hora de dormir, se fue a su habitación y con una sábana improvisada en el ventanal, trató de buscar algo más de intimidad. Yo no obstante seguía a la expectativa, ya que aun así, debido a la luz, podía ver todos sus movimientos aunque en forma de silueta. Y fue así como al final vi que se acostó en un colchón que tenía en el suelo y apagó la luz. Yo entonces también me fui a mi habitación y allí con la luz apagada y pensando todo el rato en ella me hice la paja de todos los días, aunque esta vez fuera de una forma más especial.

Al día siguiente me fui a trabajar como siempre pero pensando en todo momento en aquel bombón que había dejado allí y con ganas de volver a casa cuanto antes. Al hacerlo por la tarde, comprobé que ya le habían traído casi todos los muebles. Se notaba que lo tenía todo muy programado y tan solo había necesitado dos días para dejarlo todo casi como yo tenía el mío, incluyendo las cortinas.

Durante ese día se tuvieron que dar un buen lote de trabajar, pero visto lo visto había merecido la pena. Mi pregunta ahora era si ella iba a utilizar las cortinas o si por el contrario pasaría de ellas como hacía yo. De momento seguían descorridas y eso me alegró bastante, ya que el pensar que perdería todo aquel panorama de golpe, era todo un sacrilegio.

Al llegar la noche cuando se fue a su habitación sí que la corrió, pero aun así como era bastante transparente se podía ver o imaginar casi todo. Por eso debido quizás al cansancio de ese día, al poco rato se acostó y apagó la luz. Yo traté de hacer lo mismo y al final me dormí. Después de haber pasado ya una semana y no haber tenido contacto alguno con ella, pensé hacerlo de varias formas. Por un lado, al haber visto su nombre y apellidos en el buzón podía intentar encontrarla en facebook. Luego pensé en conseguir su número de teléfono a través de la guía, pero al final me decidí por la forma más tradicional como en la vieja usanza. Así que al día siguiente me fui muy decidido hacia la puerta de su casa y piqué a la puerta, y una vez me abrió me di a conocer y le brindé mi ayuda incondicional para todo lo que necesitara. Ella entonces me lo agradeció con una sonrisa y me dijo si quería pasar y tomar algo. Yo accedí, y mientras bebíamos, nos fuimos contando parte de nuestras vidas. Entonces le dije que me alegraba mucho de que hubiese venido a vivir allí, aunque por mi parte hubiera perdido toda la intimidad que tenía.

A continuación le expliqué que yo antes de venir ella solía ir siempre desnudo por la casa y que la pareja de al lado me solían espiar sin ser vistos detrás de las cortinas, lo que me ponía muy cachondo y caliente. Entonces se puso a reír de forma muy picarona y me dijo que por ella podía seguir haciéndolo ya que consideraba que cada uno en su casa podía ir como quisiera y que el problema no era mío, si no de los que estuvieran espiándome. A mí esas palabras me sonaron a música celestial y tan solo le contesté que gracias, que ya vería lo que hacía a partir de entonces. Luego al despedirnos intercambiamos nuestros números de móvil y decidimos aceptarnos como amigos en facebook, y a partir de ahí todo fue ya mucho más natural para ambos, aunque yo siguiese todavía medio vestido por la casa.

La vida de ella estaba también bastante programada, así que yo sabía exactamente todos sus movimientos.

Durante el día nos solíamos ir intercambiando mensajes y fue así como en uno de ellos le expliqué que si quería tener más privacidad con los vecinos laterales solo tenía que correr un poco las cortinas, dejando tan solo al descubierto la parte central, porque así debido a la perspectiva ellos la perdían de su visión ya que según me había dicho se sentía también incómoda porque en alguna ocasión había notado que la espiaban como a mí. Y así poco a poco, nos fuimos acostumbrando el uno al otro y como a ninguno nos gustaba correr las cortinas, habíamos creado ya una complicidad entre ambos aun sin llegar a conocernos a fondo ninguno de los dos. Entonces un día en uno de esos mensajes se me ocurrió proponerle que a partir de ese momento yo andaría por la casa tal y como ella fuera por la suya, tratando de imitarla en lo posible, aun a sabiendas de que ella era una chica. Al rato me contestó diciéndome que lo veía bien si era lo que yo quería. Me dijo también que se lo tomaría como un juego entre los dos. Dicho esto, me fijé en lo que llevaba puesto y no vi nada extraño, aunque sí me di cuenta de que iba descalza, así que ni corto ni perezoso me quité los zapatos y los calcetines y así estuve todo el rato como ella. Como estábamos en pleno verano el calor cada día iba aumentando y ella para estar más cómoda iba ya por la casa en bikini, cosa que yo traté de imitar poniéndome en bañador. Ahora ambos ya nos mirábamos de otra manera. Nos habíamos acostumbrado a ir así y de vez en cuando por aquello del morbo, solíamos ponernos de acuerdo y descorríamos todas las cortinas para que nos pudiesen espiar los demás vecinos. Eso a los dos nos ponía muy calientes y el resultado siempre era el mismo. No obstante de ahí no llegó nunca a pasar, aunque en uno de esos días calurosos cuando estábamos los dos en bañador, vi que ella se fue para dentro y por un momento vi que salió desnuda al salón. Yo entonces sin pensármelo me quité de repente el bañador y me quedé desnudo ante ella, la cual en vez de ruborizarse se puso a reír, y cogiendo su móvil me puso que no era lo que pensaba, que tan solo iba a darse una ducha y no se había dado cuenta, pero que ya que lo había hecho y después de haber visto mi herramienta, que según me dijo le había parecido bastante grande, podíamos seguir así a partir de ahora.

Para mí fue todo un alegrón ya que ella tenía un cuerpo de ensueño y es lo que estaba deseando desde el primer día. Luego la cosa cada vez se fue animando más. A veces nos llamábamos por teléfono y así manteníamos unas relaciones que al final acababan en unos grandes orgasmos telefónicos para ambos. También solíamos hacerlo a través de la webcam , así de esa manera pude llegar a comprobar que tenía dos grandes tetas con unos abultados pezones y un culo de ensueño. También pude ver su casi rasurado coño con unos grandes labios externos y como no, su bonito orificio con su aureola incluida. Ella por su parte por fin pudo admirar en todo su esplendor mi gran polla de la cual colgaban dos estupendos huevos que yo trataba de enseñarle mientras por separado nos íbamos masturbando cada uno en su casa pero al mismo tiempo.

Un día cuando regresaba a casa pasé por la puerta de lo que decían que era el bar de intercambios de pareja, y cual no fue mi sorpresa al ver entrar en él a la pareja de puritanos que tenía por vecinos. Ellos no llegaron a verme pero yo me quedé estupefacto. Así que me fui a casa tratando de digerirlo. Después se lo comenté a mi compañera de juegos y le pregunté si a ella le gustaba aquel tío como para hacérselo con él. Entonces, después de pensárselo un momento me contestó que sí, que le parecía interesante y además tenía ese morbo de los hombres ya entrados en años. Luego me pasó a mí la pregunta y yo le contesté que desde el primer día yo ya  le había puesto el ojo a ella y que sabiendo que me espiaba, en más de una ocasión me había masturbado pensando en ella. Entonces los dos decidimos ir algún día por allí y tratar de ligarnos a aquellos reprimidos llenos de morbo. Una vez nos enteramos bien del día que solían ir, nos preparamos los dos poniéndonos lo más sexis posible y nos fuimos para allá. Esperamos un rato y al poco llegaron los dos, y de forma bastante privada pasaron para dentro. Nosotros dejamos pasar un tiempo y luego entramos también. Aquello estaba muy oscuro y había una música muy romántica puesta.  Entonces nos fuimos a la barra y allí una bella señorita nos ofreció uno grandes antifaces por si queríamos continuar hacia el interior sin ser reconocidos. Los dos nos miramos y accedimos a ponérnoslos. Una vez pasamos, empezamos a buscarlos disimuladamente y al poco rato los vimos allí hablando con otra pareja.

Al parecer todavía no habían encontrado la definitiva. Así que nos fuimos hacia ellos. Él enseguida se fijó en mi acompañante y yo traté de ligar con su esposa. Al rato estábamos los cuatro bebiendo y riendo en un reservado en el cual sobre todo él, ya había empezado a meterle mano a mi vecina. De momento con el antifaz puesto y aquella luz tenue no nos habían reconocido. Entonces Ana que así se llama mi acompañante, cogió una de las manos de ella y se la puso justo encima de mi entrepierna, que con toda aquella situación, estaba muy tiesa y a punto de reventar debajo del pantalón. Por su lado ella ya le había sacado a él su polla y le estaba haciendo ya una magnífica mamada con el beneplácito de su querida esposa, la cual siguió masajeándome, hasta que sin dejar de mirarles, empezó también a hacerme ella una mamada. Yo la verdad después de haberlos tachado de puritanos y reprimidos, estaba alucinando y eso aún me ponía más cachondo todavía.

Luego nos preguntaron si queríamos seguir hasta el final y al contestarles que sí, pasamos los cuatro a otra habitación, en la cual había una gran cama redonda en la que cada uno empezó a follar a su chica como si se fuera a acabar el mundo en ese momento.

Ana gemía de placer ante cada embestida de él, aunque no paraba nunca de mirar mi polla  y mi otra vecina solo hacía que pedirme más y más, con una voz ya entrecortada que me recordaba a las películas porno que yo solía ver a veces.

Después sin poder aguantar más ninguno de los dos, nos corrimos en sus pechos y en sus caras, y tras asearnos y prepararnos bien, nos despedimos de los dos hasta una próxima ocasión si es que la había.

Cuando salimos de allí nos fuimos os dos a tomar unas copas y durante ese rato ella me estuvo diciendo que la experiencia le había encantado pero que había echado en falta lo que desde hacía tiempo estaba deseando tener. Entonces me dijo que era mi polla, esa gran herramienta que tanto había hecho disfrutar a aquella mujer. Al decirme eso tuve una gran erección que ya era difícil de esconder, por lo que decidimos irnos como pudimos para casa y así ella y yo, pudimos saciar nuestro apetito sexual del uno por el otro. La verdad es que ese día fue maravilloso para ambos.

CONTINUARÁ EN EL RELATO: CASA NUEVA, VIDA NUEVA (II PARTE).


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