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Fecha: 18-Nov-16 « Anterior | Siguiente » en Gays

06.2 Reunión de amigos en Ámsterdam

Albany
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Sujetaba con fuerza mis piernas haciéndome daño y movía todo mi cuerpo con sus fuertes embates. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

06.2 Reunión de amigos en Ámsterdam 

Acariciaba su  torso enredando mis dedos en el negro vello, en caricias suaves que se que le agradan, me arrimé a su lado y pasé mi brazo por su cintura. Le expliqué en lo que había consistido la despedida, el discurso del Director de la planta, mi emoción mal contenida y luego la despedida en las oficinas centrales. 

Lo que más gracia le hizo fue, cuando me levanté de la cama, busque mi cartera y le alargué un cheque de 30 libras que me había entregado mi jefe, en nombre de la empresa, para que me comprara un regalo.

Me tiré encima de él y comencé a acariciarle mientras reíamos ambos.

-Cuéntame tus impresiones, ¿qué ha sucedido en Lille y París?

-Creo que ya me he decidido, concretaré los detalles con los de la universidad de Lille, tengo que darles una respuesta  urgente.

-Háblame del detalle, no te hagas de rogar, parece que te estoy interrogando, ¿cómo has visto tú las cosas?

Me habla entusiasmado de lo que le han ofrecido en Paris, colaborar con una empresa de Ingeniería y Arquitectura, para investigar nuevos materiales de construcción y en relación con la Universidad y su doctorado, se trata de una empresa relacionada con su familia o que participan en su accionariado. Le veo excitado al hablar, como si estuviera viviendo ya su trabajo. Lille le ha gustado pero no habla sobre ella de la misma forma.

Me apoyo en su pecho y le miro con ternura, me tiene conmovido, su preferencia por Lille es porque yo me encontraré allí seguramente viviendo.

-Debes aceptar lo de París Nico,  se ve que tu padre está moviendo sus peones, le pondrás contento y a ti te gusta más ese trabajo.

-No lo he decidido aún pero creo que será Lille. -le digo que no con la cabeza, casi no puedo articular una palabra.

-Podremos coger una casa en un punto intermedio de tu trabajo, viviremos juntos, ¿te das cuenta?, podemos pagar a medias y así podré ayudarte un poco, lo que tú me permitas.  –le beso en la boca para que no continúe hablando y me abrazo muy fuerte a él.

-Calla, Nico, déjame hablar a mí y no me interrumpas, por favor.  –no deja de besarme cuando no habla.

-Para, para, déjame hablarte.  –se queda quieto muy serio pero sus ojos irradian risas.

-Tú querías que, en lo que respecta a mi trabajo, hiciera lo que quisiera, ¿verdad?, que no te ibas a oponer a nada.  –no habla me sigue mirando de la misma forma y tengo que sonreír.

-No debo condicionarte, y debes hacer lo que tú quieras y que desees de verdad,  te ha gustado lo que te han ofrecido en París, debes de aceptarlo, si no lo haces por ti, lo puedes hacer por mí, para que me sienta bien.  –ha escuchado mi parrafada en silencio, sin interrumpirme para nada.

-Si viviéramos en la misma casa estaríamos mejor, podemos coger algo más bonito, haríamos las cosas juntos, dormiríamos todas las noches en la misma cama,  -acaricia mi desnuda espalda. -Quiero estar contigo, te necesito todas las noches, quiero tenerte todos los días, suena cursi, sabes que no lo soy, pero no puedo vivir sin ti.

-Prométeme que al menos lo pensarás y lo valorarás en su justa medida. Yo puedo encontrar algo más sencillo, estos dos años he estado muy bien en Leeds, no debes preocuparte por eso, en la empresa me ayudarán, voy a tener más ingresos, tengo a mis padres, debes pensar lo que más te conviene y creo que lo de París te va a dar más satisfacciones, cuando hablabas de ello se te notaba el entusiasmo.  –me abraza muy fuerte llevándome hacia él y me besa apasionado dando por zanjada la conversación.

-Hagamos el amor Daniel.  –susurra en mi oído, me separo de él y le miro, ¿sorprendido?, aterrado.

-No, no, no, por favor Nico. Por favor. –además de estar cansado es muy tarde.

-Me lo debes y tienes que cumplir tus compromisos.  –prácticamente no le dejo terminar de hablar.

Le miré fijamente a los ojos y le di a entender que le iba a dar lo que quería, me lancé a comerle el pene que aún no estaba erecto del todo, y una vez que empecé lo hacía con muchas ganas. Chupaba su glande mientras masajeaba su mástil, luego se puso de rodillas ante mí. Se metió mi verga en la boca, me la comía toda y me acariciaba los huevos.

Me pasaba su mano por mis piernas y me alababa diciendo lo guapo que me veía, me estaba excitando demasiado. Subió a mi abdomen para besar los leves cuadraditos uno a uno.

-Se te están marcando como a mí.  -y volvió a meter mi falo en su boca, me la iba chupando y se masturbaba mientras tanto, yo suspiraba y cerraba los ojos estremecido cuando aspiraba mi verga queriendo arrancarme el alma.

Sacó mi polla de su boca y se incorporó, seguía con mi pene en su mano, me colocó de rodillas sobre la cama, abrí mis piernas y coloqué mi culo elevándolo, en posición muy abierto ofreciéndoselo entero, sabía lo que vendría a continuación y lo estaba deseando.

Tenía mi rabo a mil, chorreando de la saliva que su mamada me había dejado, se llevo la mano a la boca y escupió, luego la llevo a mi ano y extendió su saliva en círculos acariciando mi entrada. Jugó con ellos un rato y los metió dentro de mí. Mi culo aún no se había cerrado del todo, no hacía tantas horas que había tenido su verga en mi interior.

Comenzó a meterla, me quejaba intentando abrir mi ano para que pudiera introducir su polla más fácilmente, por alguna razón nerviosa mi culo se cerraba impidiéndole la entrada, me quejé pero quería y estaba ansioso de ella, quería tenerla dentro aunque me matara.

Llevé mis manos a mi trasero otra vez, abrí mi entrada tirando de mis nalgas y comenzó a entrar, no se cuando la tenía toda dentro, creo que así era porque podía sentirla en mi estómago. Estuvo entrando y saliendo de mí un buen rato hasta que me tumbó y me colocó boca arriba.

Sujetó mis tobillos y dejó expuesto mi culo para él y su verga que babeaba ansiosa de volver a penetrarme.

-Qué culo más jugoso tienes.  –soltó su saliva sobre él, noté como caía en mi hoyo y volvió a introducirse en mi sin detenerse esa vez.

Se beneficiaba de mí jugoso culo, según él. Comencé a masturbarme poco a poco, quería correrme a la vez que él y con la calentura que llevaba duraría poco. Debía tener mi ano muy rojo y sensible, su polla me lo rozaba deliciosamente. Giré mi cara para mirarle, su rostro reflejaba el vicio y la satisfacción, rojo como un demonio y sudando como si estuviera en el infierno.

-Me voy a ir, no voy a aguantar mucho.  –susurró mientras se le caía la baba.

-Espera, aguanta un minuto.  –intensifiqué el movimiento de mi mano y cerré un poco mi ano para que no entrara tan deprisa, pero sabía cómo moverse, arriba y abajo, en círculos dando golpes fuertes de caderas, ido de si, como un macho en la monta cuando su instinto le guía para preñar a su hembra.

Sujetaba con fuerza mis piernas haciéndome daño y movía todo mi cuerpo con sus fuertes embates. Cuando abandonó mis piernas las mantuve al aire y bajo buscando mi boca.

-No puedo más Daniel. –el roce del vello de sus abdominales con mi pene hizo que de repente me fuera, abrí mi boca para tragar aire y el orgasmo me sacudió muy fuerte, mi esperma caía sobre nosotros. Se apoyó sobre sus manos y entraba con rápidas y certeras estocadas de su polla y convulsionó lanzando chorros de semen en mi interior.

Gemía de placer, no imaginaba algo que pudiera darme más gusto que sentir como me llenaba, sus agitados movimientos y sus descansos de muerte, me llenó mi prieto culito. Hace unos momentos no quería follar por el cansancio y ahora sentía un gozo indescriptible con su verga palpitando en mi vientre.

Su respirar se fue calmando acariciado por mis manos, me sentía muy a gusto aunque su cuerpo me pesaba, pero también era muy placentero tenerlo de esta manera, rendido y sudoroso, satisfecho del placer que podía darle y que me prometí no negarle nunca.

A la mañana nos levantamos tardísimo, tengo un mensaje de alguien cercano a mi amigo de Nicaragua, creo que quieren que me tranquilice, no puedo dejar de pensar en él, ¿porqué no me dicen lo que le sucede?, es una interrogante que me atormenta.

El programa dice que tenemos el día libre hasta la noche en que volveremos a cenar en el mismo lugar. Nos preparamos para salir. Nico llama a Jaime para preguntarle si desea venir a conocer la ciudad, no contesta a su llamada y Nico se inquieta, llama a recepción donde le dicen que está en su habitación porque no tienen su llave.

-Algo le ha sucedido a Jaime.  -le veo sumamente inquieto y preocupado.

-Nico, tranquilízate, Jaime habrá venido hace poco tiempo, estará durmiendo y descansando.  –no puedo conseguir que se tranquilice, pasamos por la puerta de su habitación y llama con unos golpes de nudillos muy suaves, después de insistir varias veces Jaime nos abre, coloca un dedo en sus labios y sale al pasillo, va con un boxer como única vestimenta y luce un bulto considerable, no puedo apartar mi vista del espectáculo de su cuerpo y su paquete.

-¿Qué sucede, que pasa?  -no dejo que Nicolás le conteste, cojo del brazo a Jaime y le empujo dentro de su habitación, veo que su cama está ocupada por el bulto de otra persona, le doy un beso y cierro la puerta tras de él.

-Nico, por favor, anoche le permitiste quedarse en la fiesta, ¿qué supones que puede estar sucediendo?  -le sujeto por la cintura y hundo mi cara en su pecho.

-¿Su hermano puede hacer el amor dos veces en poco tiempo y Jaime tiene que ser un eremita?  -me mira y se echa a reír, yo abrazo con fuerza su cintura.

Mi amiga con su novio nos espera en la cafetería, desayunamos y salimos a dar un paseo, para ver la ciudad andando. Es una bella ciudad, qué duda cabe, no diferente a otras del país pero distinta.

Lo tengo ya un poco olvidado pero recuerdo cuando mi padre nos trajo a Utrecht, para ver una feria de muestras, era muy niño, con doce o trece años. 

Mis recuerdos se confunden salvo la casualidad de haber presenciado un suceso que recordaré toda mi vida. Mis padres, casi siempre, preferían realizar nuestras comidas en los hoteles donde nos hospedábamos. Una de las tardes-noches que paseábamos por la ciudad, nos llevó a cenar a un restaurante chino.

 Me encantaba la comida china por aquella época, en Madrid, en una calle al lado del hotel Eurobilding, creo que era en la calle del doctor Fleming, había un restaurante chino el cual me gustaba mucho que me llevaran cuando íbamos allí. 

Nos sentamos en nuestra mesa, era un restaurante relativamente grande, veinte o treinta mesas, no lo recuerdo muy bien, estaba localizado al lado de uno de los canales de la ciudad, cuando nos estaban sirviendo uno de los camareros emitió un chillido, una rata del canal estaba corriendo por el comedor. Salimos sin cenar de allí, no he vuelto a visitar un restauran chino desde entonces.

Nos habían recomendado visitar el museo de Van Gogh, sinceramente desconozco casi todo del arte pictórico, me dejo llevar por el agrado visual que la pintura me proporciona, y lamento mi ignorancia, pero su pintura no es de las que más me agrada, salvo algunos cuadros que me chiflan, como los lirios por ejemplo.

Triunfó mi preferencia y fuimos a visitar Stedelijk, desde un principio, su imagen externa me impresionó y las pinturas de Chagall, Monet y Cézanne entre otros, cumplieron mi deseo de ver pintura que de verdad me emociona. Me hubiera gustado visitar la casa de Ana Frank,  pero el tiempo es el que manda y condiciona nuestras prioridades. Teníamos que ir a comer, la visita al museo nos había consumido un tiempo considerable, Maira hubiera preferido visitar más lugares e irse henchida de visual cultura pero, ¡ay!, el tiempo vuela.

Nos habíamos retrasado, escogimos un bonito restaurante ni excesivamente caro ni de los de comida rápida, de ésta teníamos de sobra en Inglaterra, después de comer Nico y yo nos fuimos al hotel y Maira y su novio prefirieron seguir paseando.

Nico tenía una nota que le había dejado Jaime, había salido a comer con unos amigos y Blanca entre ellos. Miré a Nico apretando su cadera, en un gesto donde quería significarle que: (Jaime ya es mayor, déjale).

Cuando llegamos a nuestra habitación y sin decir una palabra comenzó a desnudarme, retirando toda mi ropa, me quedé de pie observándole, se quitó toda la suya con gran rapidez, me cogió en sus brazos y me depositó sobre la cama. Estuvimos mucho tiempo contemplándonos, sin preconcebidos propósitos, al menos por mi parte, comenzó a acariciar mis labios con sus dedos que se iban deslizando por mi rostro, como si fuera ciego y estuviera analizando mis rasgos y luego por mi cuerpo. Nuestras miradas se cruzaron, con dulzura, la suya con un amor ciego, casi con adoración me dirigía la mirada.

-Tú ganas otra vez Daniel, me quedaré en París como deseas, y es cierto yo también lo quiero así pero es por ti por quien lo voy a hacer.  –se queda un momento en silencio.   -Me supone un gran esfuerzo hacerlo y quiero estar a tu lado, pero tienes razón en lo que me dijiste.

Vuelve a callar, espero que continúe, sus dedos vuelan sobre la piel de mi vientre.

-¿Estás contento?, ¿te complace?  -no me muevo, estoy un poco confundido.

-Me agrada que hayas tomado esta decisión,   -no sé como continuar y me callo.   -Me gusta la decisión que has tomado y creo que es la mejor, pero no debes hacerlo porque yo te lo haya pedido,  lo debes hacer porque tú lo quieres así. Nico, tú deseas que yo sea libre para decidir sobre mis cosas, yo también quiero que lo seas tú, ¿te das cuenta? Los dos iguales.

-De acuerdo, me va a suponer una enfermedad estar lejos de ti pudiendo estar cerca.

-También a mi me va a resultar difícil, tendremos nuestros fines de semana  y vacaciones.

Escondo mi cara en su pecho, mis labios besan y juegan con sus vellos.

-Te quiero Nico, te quiero mucho, pero no deseo verte atado a mí.   -no sé como decírselo sin ofenderle. 

 -Deseo que me quieras, que me ames como lo haces, me halagan todos los detalles que tienes, que seas como eres de delicioso, que te entregues como lo hiciste anoche, aunque por mi culpa a veces las cosas no salen bien, y sobre todo, quiero que seas libre.  -es difícil explicárselo.  -No quiero que te limites por mí, que toda tu vida gire alrededor de mis necesidades.

-Te entiendo, se lo que intentas decirme, y de verdad va a ser como tú quieras, pero me dejarás que te mime, y que te quiera, y que te ayude,  y que siga pidiéndote que me hagas el amor.  -aprovecha para pasar su mano entre mis piernas.

Anoche me rogó que fuera yo el que le penetrara y no lo conseguí, había intentado borrar de la cabeza mi fracaso y ahora me lo recordaba de nuevo, aún estaba en mi memoria el momento  doloroso que resultó para mí cuando él me penetró por vez primera, y tenía miedo a dañarle, mi miembro cobró la consistencia precisa pero era incapaz de empujar para penetrarle.

Le miro con un poco de tristeza sin contestar a lo que me está diciendo.

-No pasa nada Daniel, lo seguiremos intentando.

Sus caricias están llegando a las zonas más íntimas de mi cuerpo. Y así, vuelve por tercera vez a hacerme el amor, a estar en mi interior, a visitar su templo sagrado y elevarme a las alturas del gozo y el placer.

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Hemos dormido un par de horas. A su lado en la cama, sintiéndome abrazado, me encuentro fenomenal, nos duchamos para bajar y buscar a nuestros amigos.

En el mismo salón de la noche anterior vamos a ocupar una mesa vacía, veo a Blanca en otra cercana con una de sus amigas, se levanta y viene a mi encuentro, me coge del brazo y me separa de Nico.

- Daniel, ese chico que me presentaste ayer, ¿quién es?, ¿dónde vive?  -me habla excitada, nerviosa. Paso mi brazo abarcando su cintura.

-¿Te ha interesado Jaime? –la pregunto pegando mi boca a su oído.

-Mucho, muchísimo, anoche estuve con él.  –me sonrío pensando en la preocupación que sentía Nico esta mañana,

-Mis padres me dijeron que tú estabas en Madrid.

-Sí, así es.

-Él vive en Madrid normalmente, ahora está en Inglaterra pero creo que en Septiembre vuelve allí y es hermano de ese chico que está conmigo.

-Perdona que te pregunte, ¿es tu novio?  -señala con sus ojos hacía donde Nico está sentado.

-Digamos que es un amigo, de momento.  – Blanca me abraza y me besa, nunca había tenido esta confianza con ella.

-Nos vemos luego Daniel.

-De acuerdo, hasta luego.

Cuando voy hacia la mesa donde se ha sentado Nico veo que está acompañado por Maira y su pareja, vuelvo sobre mis pasos y voy a la barra a pedir una botella de agua y regreso a la mesa.

Nos cuentan cómo han estado paseando toda la tarde por la ciudad, hasta se habían perdido teniendo que recurrir a un taxi para volver al hotel, cogió mi vaso de agua y bebió de él. Jaime apareció por la puerta, no vino donde nosotros, se encaminó a la mesa donde esta Blanca y su amiga y después de un momento de hablar con ellas se acercó a nuestra mesa. Se sentó al lado de Nico y hablaron en un tono que no podía escuchar, Maira me hablaba por el otro costado.

La cena estuvo como el otro día y creí notar que los cuerpos estaban más cansados, a la salida me emparejé con Jaime.

-¿Te sigue interesando Blanca?  -me mira curioso, brillando en sus ojos la risa, me coge de la cintura y acerca su boca a mi oído.

-Me interesa Daniel, mañana yo estaré en Bristol y ella en España, me interesa pero nada más.

-¿No la harás algún daño?  -creo  que sofoca su risa.

-¿De dónde sales tú Daniel?, somos personas mayores, ambos sabemos lo que queremos y nos lo damos, ahora las cosas son así.  –me deja sorprendido y creo que lo ve en mi expresión.

-Mira, es lo que me gusta de ti y de mi hermano pero, las cosas no suelen funcionar así normalmente, ¡ay! Daniel, voy a terminar por quererte, aunque algo ya te quiero.

En la disco le he visto un par de veces, con y sin Blanca a su lado. Realmente debo de estar desfasado e intuyo lo que me ha querido decir. A veces, aunque sabemos ciertas cosas que se prodigan a nuestro alrededor, creemos, como yo ahora, que esas cosas les suceden a los demás y no a los que tenemos más cerca.

Esa noche, en la cama, con Nicolás.

-Si una persona quisiera y te pidiera pasar una noche o dos contigo. ¿Qué le dirías?

Nico me mira sorprendido  de mi pregunta.

-A ver, a ver, si me gustara como para ir a la cama lo haría, ya lo he hecho en alguna ocasión.

-Y si además de querer pasar contigo esas dos noches deseara ir a más, ¿entonces?

-Exactamente no lo sé, si me pidiera más de lo que puedo darle le diría que no, pero es difícil saber lo que podría decidir en esas circunstancias. ¿Por qué me haces estás preguntas?

-No tiene importancia, quería comparar tu forma de ver las relaciones a como Jaime las ve.

-Espero no haber dicho algo inconveniente, a estas horas me vienes con unas preguntas difíciles de contestar…, y quien ha salido ganador de la comparación que has hecho.

-Tú has sido el ganador, me gusta más tu forma de ver las relaciones, aunque lo que piensa Jaime no está mal.

-Esa chica, mi amiga Blanca, quiere algo más que pasar unas noches follando con Jaime y él solo quiere sexo con ella. Según tu forma de ver las cosas no te la hubieras llevado a la cama y Jaime al contrario lo ha hecho, pero no sé porqué complico tanto mi cabeza.

Nico vuelve a hacerme el amor esa noche, suspiro aliviado, no me ha pedido que se lo haga yo. Es incansable y me encanta. Sentía una honda emoción al saberme deseado, es una sensación muy extraña, distinto a ver que un tipo te desnuda con su mirada y está diciendo que quiere una aventura contigo porque le gustas físicamente.

Lo de Nico es diferente, tiene su aspecto sexual, pero sin sus sentimientos no es nada. Por eso mismo cuando dice que me desea, que quiere follarme, es otra forma de anhelo donde interviene su alma.

Expresa su deseo con palabras y luego me besa con suavidad juntando sus labios a los míos hasta conseguir que mi boca se abra para permitir que su legua entre. Sentir que nuestra respiración se acelera y dejar que su lengua acaricie mi boca, y me provoque para que le introduzca la mía con cuidado, y que se enzarcen en una lucha desigual para la mía.

Luego llegaba la pasión de explorar, sin dejar un rincón de lamer hasta que las dos  se cansaban y dejaban que hablaran los labios y volver de nuevo a meterse más fuerte, más adentro.

Rodeé su cabeza con mis brazos mientras él me besaba desesperado y quise tenerle dentro de mí, que me rompiera por dentro, como estaba destrozando mis labios. Sus manos pasaron a apretar mis nalgas que se le ofrecían rendidas y acariciaba mi espalda, pasaba sus dedos por todas mis vértebras una a una hasta llegar a mi coxis. No había lugar que no tocara. 

Tampoco mis manos permanecían quietas, las movía por cuello y las pasaba entre los cuerpos hasta llegar a su entrepierna. Reía mientras se la sujetaba sin que cupiera en mi mano y besaba sus orejas y cuello.

-Me gusta tu pene, me vuelve loco.

-¿Lo quieres?

-Sí, sí, sí, lo deseo.

Abracé su cuerpo con mis piernas, colocándolas alrededor de su cintura hasta notar la dureza de su miembro al chocar contra mis nalgas. Mi excitación aumentaba por sus movimientos de pelvis queriendo alcanzar mi ano con la punta de su polla que se desviaba jugando.

El capullo de su verga masajeaba mi culito, mi ano se cerraba y expandía por la excitación creciente que ya me desbordaba.

-¡Fóllame!  -le supliqué.

-¿Te gusta notar mi verga?  -me preguntó mordiendo mi oreja.

-Me vuelve loco, quiero que me la metas.  –desvariaba y no sabía lo que hablaba.

-Sí, sí, métela entera por favor.  –intentaba cogerla con mi mano para llevarla a mi culo.

-¿Entonces este culito es para mí?  -me tenía loco y él quería seguir jugando.

-Es todo tuyo, tómalo, no seas malo.  –no dejaba de suplicarle y cuando conseguía sujetar su barra de carne caliente se me escapaba.

-Entra en mi culito que es tuvo, vas a lograr que me muera.  –comenzó a darme golpes con la verga en la entrada de mi culo, sonaban como latigazos.

-Te voy a follar y te romperé el culo. –sus palabras me enloquecían.

-Sí, quiero tu polla  en mi vientre, lléname de leche, si, cógeme y dame tu vida, Nico por favor.

De mi garganta salió un grito cuando su glande entro en mí y lo abracé con mi ano. Sin darme cuenta notaba sus testículos en mis nalgas. Las venas de su polla me arañaban. Comenzó a moverse, era fabuloso el roce de su capullo con mi próstata, lograba que salieran líquidos en abundancia de mi pene. Debía de querer otra postura y la sacó al poco tiempo, grité desilusionado, me puso a gatas tirando de mis caderas, me movió como a un globo lleno de aire, sin peso.

Sus piernas abrían las mías para hacerse un hueco y sin más preámbulos volvió a meterla en mi culo.

-Sí, fóllame otra vez. –y echaba mi trasero muy abierto hacia él para que me la metiera más profundo.

Sus entradas y salidas eran cada vez más rápidas y gemíamos como poseídos. Sus pelotas golpeaban en mis huevos, sentía incluso los pelos de sus testículos de toro. Sudábamos demasiado y todo olía a sexo, a macho.

Me hacía sentir suyo y dominado cuando se apoyaba en mi espalda y la acariciaba con los vellos de su pecho, movía mi cuerpo como quería, con sus manos en mis caderas y en mi cintura hasta que resbalaban por el sudor, y seguía embistiendo mi cuerpo como un animal salvaje.

Mi culo estaba recibiendo lo que quería, su gorda y venuda verga que sin piedad me taladraba. Notaba que se iba a correr de un momento a otro y era muy rápido todo, llevé mi mano hasta donde nuestros cuerpos se unían, mis dedos rozaban su verga al entrar en mi estirado ano, la clavaba toda y se perdía en mi recto.

Llevó su mano a mi pene y no hizo más que tocarlo y me rompí en gritos guturales, eyaculando sobre la cama y él comenzó a soltar trallazos de esperma, presionaba mi esfínter con fuerza queriendo meterse más para dejar su simiente.

No se podían contar los chorros de leche que me dejó hasta sentirme lleno, se quedo en mi interior  abrazado a mi espalda, respirábamos sofocados aun, suspirando y así otra vez me hizo suyo, era uno de esos momentos en que no me importaba ser de otro y regalar mi pertenencia, en mi entrega a él, en el acto de amor sublime y sexo salvaje.

El día siguiente lo tenemos libre, el cielo está plagado de nubes y hace bastante calor, hay algunos que se marcharán a la mañana, tengo que despedirme de mucha gente, las despedidas son peores que los encuentros. Seguramente con alguno de ellos no volveré a verme en mucho tiempo. Blanca y Luis son de los que parten a la mañana, tienen que pasar antes por sus casas, ver a sus familias y luego volar a Madrid. No sé lo que habrá pasado entre Jaime y Blanca, pero se despiden muy amigablemente.

He encontrado en mi correo una misiva de mi amigo de Nicaragua, sería mejor decir de la persona que le cuida, simplemente me pide que esté tranquilo, que va mejorando y que todo irá bien, en la distancia queremos saberlo todo y nos volvemos impacientes.

Paseamos por la ciudad, es muy bella realmente y luciría más si brillara el sol que ayer disfrutamos, no visitamos más museos, contemplamos los edificios, los canales, el movimiento de la gente y comemos en un restaurante cerca del hotel, antes hemos pasado por él para retirar nuestras maletas y dejarlas en recepción, su vuelo sale antes que el mío pero vamos todos al aeropuerto, tenemos que coger dos taxis, facturamos las maletas, son mostradores diferentes, Jaime, Maira y su novio se dirigen al mostrador que les corresponde, van vía Londres y desde allí harán el trayecto en taxi o tren hasta Bristol. Yo voy a mi mostrador, Nicolás me sigue y pienso que va por hacerme compañía, facturo mi maleta y me percato de que ha colocado la suya en la banda transportadora que se ha llevado la mía. Le miro sorprendido, está riendo con ganas, también los demás lo hacen.

-Me voy contigo a Leeds.  –me abraza y no puedo aguantar el llanto.

-Jolín Nico, me lo debías haber dicho, siempre me haces llorar y montar un espectáculo.

-La azafata que nos mira curiosa, urge a Nico para que recoja la documentación de embarque.

Todos sabían lo que iba a hacer Nico menos yo. Parte el avión para Londres después de emocionadas despedidas, el nuestro es el de Manchester, allí cogeremos el tren hasta Leeds.

-¿Cómo has hecho esto?, sin decirme nada, ¿por qué?

-No tengo otra cosa mejor que hacer, me quedaré contigo hasta que te vayas para España, luego volveré a Bristol para ver como sigue Jaime, y después iré a España a buscarte. Tendrás que invitarme para quedarme en la residencia y luego, en España, en tu casa o la de tus padres.

Me abrazo a él y pienso y siento que tengo una suerte inmensa.

Hay muchísimo movimiento en el aeropuerto, cantidad de policías con perros entrenados, después de haber sido derribado el avión de Malaysia Airlines en Ucrania la psicosis y el miedo se han disparado, el vuelo había partido de este aeropuerto y aún no se tenía muy claro si había sido un atentado.

Hay gente que lleva flores y velas hasta un altar improvisado en el suelo, como homenaje a los muertos.

Trabajo durante el viaje tomando notas cuando Nico me lo permite, quiere llevar sostenida mi mano entre las suyas.

Le explico mi preocupación por mi amigo de Nicaragua.

-Como has empezado tus vacaciones podemos llegarnos hasta allí, total en dos o tres días vamos y volvemos.  –lo dice con una media sonrisa que sería cierto lo que dice si se pudiera hacer.

-Se que por complacerme serías capaz de todo, esperaré impaciente noticias de allí. 

Llegará el lunes para comenzar a preparar mi vuelta a casa, en esta ocasión no estaré solo, aunque es cierto que siempre he tenido a mi amigo David o a Maira para acompañarme en mis movimientos y cambios de residencia.

En el aeropuerto inglés son más estrictos aún que en Ámsterdam, tenemos que depositar nuestras maletas para que los perros adiestrados las huelan y luego el interrogatorio, nos piden el pasaporte, no les vale el documento nacional de identidad español, les ha sido suficiente en otras ocasiones pero ahora las cosas están muy serías, al ver que somos españoles preguntan que hemos estado haciendo en Holanda, el por qué estamos en UK y por fin nos dejan pasar.

Más tarde todo va sobre ruedas, cogemos el tren que nos dejará en menos de dos horas en la estación de Leeds. No tengo comida para la cena y salimos a un pub para tomar algo y Nico beber un par de cervezas.

Las noches aunque refrescan comienzan a ser más cálidas, podemos pasear con la tranquilidad de que mañana no tenemos que acudir al trabajo, hemos comenzado de algún modo, nuestras vacaciones de verano.

Continuará…

 



© Albany

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