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Fecha: 27-Nov-16 « Anterior | Siguiente » en Intercambios

Buscando nuevos aires (ii parte).

olivenza
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Como una pareja liberal convence a otra muy tradicional para hacer un intercambio. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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CONTINUACIÓN DEL RELATO: BUSCANDO NUEVOS AIRES (I PARTE).

Luego, para ayudarle a seguir, cogió otra vez su mano junto a la suya y se la llevó a mi polla, empezando así las dos con un sube y baja muy suave. Marisa miraba a mi esposa muy sorprendida, con sus mejillas ya muy sonrojadas, pero al ver que era ella la que se la ofrecía, siguió sola haciéndome aquella sorprendente paja. Entonces Laura se levantó y se fue hacia Pedro, el cual seguía recostado hacia atrás con los ojos cerrados. Después le empezó a acariciar todo el pecho y luego buscó su herramienta, la cual debía de ser de un tamaño bastante considerable, por lo que se podía ver o imaginar.

Se la sacó del pantalón ante los ojos atónitos de Marisa, la cual no dijo nada al estar atareada conmigo y empezó a meneársela de arriba abajo con una gran maestría. Luego, sin dejar de mirar a Marisa, se la empezó a chupar, invitándola a que ella hiciera lo mismo conmigo. Al cabo de un rato, los dos estábamos ya a punto de estallar, así que Pedro se levantó y le llenó de leche caliente toda la cara a mi esposa, la cual se relamía los labios de puro gusto. Mientras, yo hacía lo propio en la boca de Marisa, la cual había abierto y sacado ya su lengua, para que yo me corriera en ella. En un momento se la llené toda de leche, saliéndole ya hasta por la comisura de los labios. Después besamos a nuestras respectivas parejas y tras darnos un abrazo, cogimos cada uno un consolador de la mesita y empezamos a jugar con ellos con nuestras esposas.

Para ello les fuimos quitando la ropa y una vez así, las hicimos sentar con las piernas bien abiertas, y empezamos a chuparles los muslos por la parte interna y después sus respectivos coños. Poco a poco nos iban inundando con sus jugos vaginales, y Pedro aunque de reojo, no paraba de mirarme todo el rato lo que yo le hacía a mi mujer, para seguidamente hacérselo él también a la suya. Luego, cuando vimos que ya estaban bien calientes y que nos pedían más guerra, decidimos ir introduciéndoles poco a poco aquellos grandes vibradores hasta que las dos empezaron a retorcerse de placer como unas auténticas posesas.

Así estuvimos un buen rato mientras que a su vez, ellas se iban tocando la una a la otra, sus grandes tetas. Después, no pudiendo aguantarse más, cerraron fuertemente los muslos dejándonos allí aprisionadas las manos y los vibradores hasta que se corrieron como locas. A continuación empezamos a sentir como sus jugos de la corrida le resbalaban ya por sus muslos a las dos.

Ahora, ya que todos habíamos gozado de nuestros minutos de gloria, había llegado el momento de acabar por ese día, así que tras ir pasando todos por la ducha y tras arreglarnos, decidimos salir a dar una vuelta para tomar algo antes de cenar.

Así como veis transcurrió otro día más en aquel precioso pueblo de la sierra madrileña. Al levantarnos al día siguiente, decidimos ir al campo a respirar aire puro y despejarnos un poco de lo que habíamos hecho. Estuvimos varias horas caminando ya que salimos temprano, y al apretar la calor, nos refugiamos en el coche con el aire acondicionado puesto, y tras poner una música romántica, a la vez, nos fuimos refrescando también por dentro con unas bebidas que habíamos llevado. Mi esposa y yo estábamos delante y ellos dos en los asientos traseros.

Yo por el retrovisor le estaba viendo a ella los muslos a y a veces cuando abría las piernas, hasta le podía ver las bragas, por lo que me fui poniendo muy cachondo y empecé a sobarle las piernas a Laura, que era la que tenía más cerca y también a besarle en la boca. Ellos por su parte trataron de imitarnos y al comprobar que allí en plena sierra estábamos solos, nos montamos cada uno un numerito con nuestras mujeres.

Entonces sí que empezamos a darnos cuenta de que habían aprendido ya lo que era realmente un intercambio. Disfrutar todos con todos sin imposiciones ni reglas, a sabiendas de que todo se acaba en cuanto uno de los cuatro lo desee. Además, sin ningún tipo de ataduras y nunca haciéndolo tan solo para darle celos a tu pareja. Después, cuando ya nos cansamos de darnos el lote como unos adolescentes, decidimos volver a casa con todo aquel calentón y sin acabar la faena, tal vez todos pensando en poder hacerlo mejor en cuanto llegásemos a casa. Al llegar, los cuatro llevábamos en nuestra mente el realizar ya de una vez lo que tanto estábamos deseando y no nos habíamos atrevido a hacer todavía.

Para ello disimuladamente, nos fuimos aligerando de nuestras prendas, alegando estar así más cómodos y después, tras tomar unas copas, nuestros amigos nos ofrecieron ir a su habitación. Una vez allí, fueron ellos los que ante nuestra admiración empezaron a dominar la situación. Para ello Marisa se fue hacia mí y empezó a besarme con aquella sonrisa nerviosa característica y poco a poco se fue apoderando de mi pecho. Después Pedro por su parte cogió a Laura y empezó a sobarle las nalgas y a apretarla contra él. Nosotros dos tan solo les dejábamos hacer. Veíamos que durante esos días había aprendido mucho, y lo más importante es que estaban disfrutando los dos con todo aquello. Luego nos tiraron de espaldas en la cama y Marisa empezó a chuparme la polla como una profesional ante el asombro de todos, con aquellos labios tan carnosos que tenía. Pedro por su parte, le había separado los muslos a mi esposa y le estaba realizando una buena lamida de coño, que por lo que gemía, debía de estar haciéndoselo muy bien.

Y así nos tuvieron un buen rato hasta que mi mujer decidió ponerse a cuatro patas y le ofreció su preciada y ya húmeda raja para que le metiera su polla hasta el fondo. Entonces Pedro lo hizo, y empezó a bombear con todas sus fuerzas hasta dejar sentir el golpeteo de sus huevos contra sus nalgas. Luego, yo que estaba ya bien preparado, le dije a Marisa que se pusiera igual que ella y desde atrás le fui metiendo centímetro a centímetro toda mi polla dentro de su coño. Ella no paraba de gritar a la vez que me pedía más y más. Aquello era como estar en la gloria. Además, las dos estaban pero que muy buenas y nuestras pollas tenían también unas dimensiones fabulosas.

Pensando en hace unos días, el vernos así hubiera sido impensable. Pero allí estábamos ahora los cuatro follando como locos y a punto de corrernos dentro de aquellos estupendos coños, que se aferraban palpitantes a nuestros miembros, como si les fuera la vida en ello. Después, tras unas cuantas embestidas más, Pedro y yo tuvimos un gran orgasmo al unísono y tras vaciarnos dentro de ellas, las dejamos bien satisfechas, ya que eso es lo que querían.

Luego nos tomamos un breve descanso para fumarnos un cigarrillo y ya sin vergüenzas por medio, nos quedamos allí desnudos hasta que uno tras otro nos fuimos duchando, para así estar más fresquitos hasta la hora de comer. Durante la comida hablamos poco, pero ya en los postres fue Marisa la que se atrevió a preguntar a mi esposa si nos lo estábamos pasando bien con ellos, a lo que ella le contestó que sí. Que lo estábamos pasando fantástico, pero que si querían pasarlo aún mejor, nosotros les podíamos enseñar algunas técnicas más que también se podían hacer. Para ello dijo, solo necesitamos vuestra aprobación como hasta ahora.

Entonces se miraron los dos y quizás por lo que ya habían vivido con nosotros, y la calentura que tenían, dijeron al unísono que sí. Quedando para hacerlo en nuestro próximo encuentro. Pedro y yo habíamos demostrado ya ser unos buenos sementales, con dos buenas pollas, por lo que tras hablar con mi esposa, decidimos que fuese esa misma noche tras la cena, ya que al día siguiente por la tarde nos teníamos ya que marchar, porque nuestras vacaciones se acababan. Así que estuvimos comentando entre nosotros como íbamos a hacerlo. Luego se lo dijimos a los dos y estuvieron de acuerdo en todo. Para ellos era una oportunidad única, así que en cuanto tomamos los postres, nos fuimos rápido los cuatro para la habitación. Allí empezamos a desnudarnos y a besarnos todos como locos, y en uno de los movimientos, mi esposa chocó sin querer su cabeza con la de Marisa. Luego le estuvo mirando si le había hecho daño, y poco a poco fueron juntando sus caras, pero vio que no le había hecho nada.

Marisa entonces al ver tan cerca los labios de Laura se ruborizó, y yo, tratando de ayudarles, la empujé disimuladamente para que sus bocas se juntasen y así Marisa por primera vez, pudiera sentir los labios de una mujer pegados a los suyos. Al principio se puso a reír muy nerviosa, pero después fue ella la que mirando a los ojos a mi esposa, volvió a intentarlo con los ojos cerrados y así una y otra vez, hasta que al final lo hacían ya hasta con lengua.

Pedro no paraba de mirarlas y tenía ya la polla como la de un caballo, por lo que decidimos los dos pasar a la acción cuanto antes. Entonces mi esposa hizo poner a Pedro acostado de espaldas encima de la cama y a Marisa mirándole encima de él. Después les lubricó bien el coño y la polla y le indicó a ella que poco a poco se fuera metiendo toda aquella barra de carne palpitante en su raja, y ella obediente así lo hizo. Entonces Pedro estuvo un rato dándole fuerte hasta que mi esposa se subió también a la cama y le ofreció a él su precioso coño para que se lo chupase. Él también obedeció y se lo estuvo lamiendo un rato como un loco. Por su parte, ellas dos no paraban de tocarse una a la otra las tetas. Entonces, cuando estaban los tres más animados y gimiendo de placer cada uno por su lado, decidí entrar yo también en acción. Me puse detrás de Marisa y una vez allí, le puse las nalgas y el culo a la altura deseada y empecé a besarle los muslos, las nalgas, y una vez le separé aquellos sabrosos glúteos, también aquella oscura aureola con su pequeño orificio central, el cual, con mis continuos movimientos de lengua, se iba dilatando cada vez más, y aún más cuando le metí un dedo y empecé con un mete y saca continuo que según decía no le habían hecho nunca, pero que la estaba volviendo loca por momentos.

Después intenté meterle dos dedos y aunque al principio me costó más, al final como buen profesional que soy, también lo conseguí. Luego se los fui moviendo dentro con unos movimientos circulares y cuando noté que entraban ya sin problema, comprendí que estaba preparada ya para la penetración real. Así que volví a lubricarla de nuevo y desde atrás, me fui acercando a ella, cogiéndome la polla con una mano y se la puse en la entrada de su culo. Marisa entonces me dijo escandalizada que por allí no se la metiera, ya que no se lo habían hecho nunca y seguro que le iba a doler mucho. Entonces la tranquilicé diciéndole que yo era ya todo un experto en la materia y Laura además lo ratificó ante ella. Entonces Marisa como estaba ya muy excitada, me dejó probar sin más.

Seguidamente con cuidado, empecé a pinchar sobre aquella oscura diana justo en el centro, hasta que poco a poco pude ir consiguiendo que le  entrase toda la cabeza. Al principio noté que le dolía un poco, así que paré un momento dejándosela dentro hasta que ella misma ya más relajada, empezó a pedirme cada vez más trozo, acabando por metérsela toda en aquel apretado agujero, notando a la vez como casi pegada a la mía, estaba la polla de Pedro, solo que por el otro sitio. Luego, tras una indicación de Laura empezamos los dos a bombear al unísono mientras ella la besaba en los labios para tratar de acallar sus grandes gemidos de placer, aunque los de ella, que estaba también sintiendo un inmenso placer con la comida de coño de Pedro no se los acallaba nadie. Y así dándole por todos los sitios a Marisa, estuvimos un buen rato. No sé lo que realmente estaría sintiendo al recibir tanto placer de golpe, pero al verla de vez en cuando con los ojos hasta en blanco, me podía hacer una pequeña idea.

Aquello debía de ser el no va más del sexo. Ella a veces contraía sus músculos para poder sentir mejor nuestras pollas dentro de ella y así de esa forma, descargamos en sus dos agujeros toda la leche que pudimos sacar de nuestras palpitantes pollas. Luego para tratar de agradecernos todo el esfuerzo que habíamos hecho por hacerles cambiar, al cabo de un rato y una vez nos volvieron a poner a cien por hora las mujeres, volvimos a realizar lo mismo otra vez, aunque en esta ocasión con mi esposa Laura como protagonista, la cual tampoco había probado nunca eso de la doble penetración, pero que según nos comentó al acabar, no iba a ser la última vez  por lo que había llegado a sentir al hacerlo.

Al día siguiente tuvimos que partir ya hacia Madrid. Ellos volvieron a quedarse allí solos como habían estado antes, pero ahora ya con las ideas mucho más claras en lo que al sexo se refiere.

Mi esposa además les dejó todos los juguetitos que se había llevado para esta ocasión y los dos se pusieron muy contentos, porque así por lo menos, podrían seguir rompiendo con su monotonía diaria.

Luego quedamos los cuatro en volver a repetirlo todo en alguna otra ocasión, aunque eso, conociéndonos como nos conocemos los dos, y sabiendo que no nos gustan para nada las ataduras, por el momento todavía está por ver.

FIN.


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