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Fecha: 28-Nov-16 « Anterior | Siguiente » en Sexo con maduras

Cita con una ARDIENTE lectora – 2 –

Sorprenderme
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Le prometí sorprenderla y así paso. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Durante toda la semana Ana y yo estuvimos hablando por medio del chat, ya que permite esa opción. No quiso que nos viéramos por la cam, prefería solo las voces como siempre. Toda la semana me estuvo explicando las sensaciones que tuvieron los dos. Que habían hecho el amor entre ellos como nunca. Ella decía que no salía de su asombro por haber podido sacar lo que llevaba dentro, siendo yo tan jovencito y fue cuando quise ahondar más en ella.

Yo – Te queda todavía mucho dentro, lo que no se si tú quieres sacarlo todo.

Ana – No me queda dentro nada.

Yo - Tú quieres que te lo termine de sacar o no, eso es lo único que importa.

Ana – Es que pienso y no sé a qué te refieres.

Yo – Si tu marido te descubrió si el piensa como yo que eres muy puta, acuérdate de lo que dijo que hacías de bien jovencita.

Ana – Mi marido que es muy bocazas.

Yo – Pero es eso verdad de que un tío tuyo fue el primero que te follo y por el culo.

Ana – Si, pero no quiero hablar de eso.

Yo – Perdóname si te he molestado con la pregunta.

Ana – Que va. Lo que quiero saber porque dices que tengo algo más escondido, no sé porque lo dices.

La semana paso conectándonos todas las noches y contándonos cada vez cosas más íntimas. Yo se lo decía que casi teníamos vidas paralelas, en lo que se refiere al sexo y ella me daba la razón, nos contamos cosas que yo pienso que solo sabemos ella y yo ahora. Le conté a mi cuñada Paula todo lo que había pasado y lo majos que eran esta pareja. Y que había quedado el sábado y mi cuñada que se ha vuelto como dice ella la más calentorra del mundo. Nada más idea sitios donde podamos darnos un buen refregón. Se le ocurrió que si eran así que los invitara a casa ese sábado y que le diéramos una noche como se merecían. Yo le pregunte por mi hermano Ignacio y me dijo que estaría el fin de semana fuera y que del niño no me preocupara que se lo encasquetaría a su madre. Tuve mis dudas y le dije que lo pensaría. Mi intención era llevarle a un local de parejas que yo conocía. Aunque la idea de mi cuñada me gustaba mucho, porque la conocía ya y sabía que lo daría todo, la única pega que veía era que a Ana no le gustaban nada las mujeres, ya me lo había dicho antes del sábado pasado y después. Lo estuve pensando bastante y esa noche en la cena y estando mi hermano presente le señalé que si con la cabeza. Ella se levando y me dio un beso en la cara diciéndome que no podía tener mejor cuñado. Ignacio ante tanta efusividad quiso saber y mi cuñada le dijo que me había comprometido a acompañarla el sábado por la noche al cine. Mi hermano me miro y me dijo que se compadecía de mí, porque a mi cuñada solo le gustaban las películas de arte y ensayo. Me encogí de hombros diciendo que por mi cuñada lo que hiciera falta. Mi hermano me llamo pelota.

Mi cuñada y yo fuimos preparando y pensando lo que haríamos el sábado. Escribí el relato de -Cita con una ARDIENTE lectora- y lo puse el viernes, pero salió el sábado. Cuando yo me levanté y después de desayunar, vi que tenía varios avisos en mi móvil y todos de Ana. En vez de llamarla encendí el ordenador vi el relato y me conecté al chat. Preferí hacerlo así para dar más intriga porque sabía el motivo de tantos avisos. En seguida sonó el aviso en el ordenador de que había llegado un mensaje y era ella. Que ni hola ni buenos días ni nada de eso, lo que ponía era - Lo que ella no sabe la sorpresa que le tengo preparada, a ella y a su marido – escribía toda curiosa que era esa sorpresa y yo le ponía que si se lo dijese no sería una sorpresa y le pregunte que si les había gustado el relato. Ella me contesto que no se había hecho nada para estar lo más caliente posible en la noche y que Diego no sabía nada porque él no leía los relatos.

Quería hablar por teléfono y yo le decía que era imposible que había más gente a mi alrededor. Aunque no era así, quería tenerla en ascuas. Pero era insistente preguntándome y al final se conformaba con una pista. Y se la di, la pista era que no sabría qué hacer en un momento dado si irse o quedarse. Protesto por la pista y pidió más, yo le dije que esa era la pista, pero que podía añadir que si se quedaba le sacaría eso que dice ella que no tenía todavía dentro y que, si se iba, lo seguiría teniendo dentro. Me dijo que era muy malo, pero ya no pregunto más. Le quise explicar donde quedaríamos y ella me dijo que mejor lo hablara con Diego que es el que conduce. Le explique cómo llegar hasta aquí. La primera sorpresa para ellos seria cuando vieran que no estaba solo.

Estaba en el salón y lo miraba fijamente, se me iban ocurriendo muchas cosas que se podían hacer ahí. Según se me iban ocurriendo mi rabo se ponía cantarín. Llego mi cuñada y me pregunto qué pensaba que me notaba absorto. Le empecé a decir las ideas nuevas que se me habían ocurrido, ella me miraba con mucha atención y cuando termine de decir lo que había pensado, ella me contesto que, aunque pareciera muy basta, solo me podía decir que le había puesto tan salida que solo de pensarlo se le caían las bragas. Con duda me dijo que a ella se le había ocurrido otra cosa para poner más pimienta. Cuando me conto que podía venir también Olalla. Mi respuesta no tardo, le dije que iba a ser mucha puta en un mismo gallinero y que haría Olalla con su hijo. Paula me contesto que eso no era problema, que su marido se quedaba con él y entonces yo le pregunte, cuñadita tu no me estas preguntando, ya lo tienes hablado con ella y con su cara de puita viciosa, me dijo que no me preocupara que se dedicarían a ellos para que no se sintieran defraudados. Dije que sí, aunque sabía que ya estaba todo muy complicado.

A las seis de la tarde ya estaba Olalla allí que había venido vestida de una manera, pero se fue a una habitación y cuando bajo venia vestida de otra manera. No diré que, de putón, pero que queréis que os diga, mi rabo estaba ya necesitado de atenciones. Me tenía que contener. Paula vio a su amiga así vestida y se acercó dándose las dos un beso con lengua muy largo. Mi cuñada dijo ya veréis cuando me vista yo. Eso me dejo un poco más tranquilo, porque yo esa noche lo pasaría muy bien, pero prefería que fuera con Ana y su marido que me habían caído muy bien y ella me ponía como una moto. Esperaba no haberme equivocado en mis elucubraciones y como me decía un correo que recibí, todo está en saber tratar a una mujer, pero sobre todo descubrir lo que quiere, lo que necesita, porque no hay dos mujeres iguales. A las 19:30 pasadas me sonó el móvil eran ellos, aunque llevaban GPS, por lo que fuera no daban con el sitio y me explicaron dónde estaban. Y estaban a 5 minutos escasos. Les dije como meterse y que si no volvieran a donde estaban ahora, me llamaran que me acercaba en un momento.

Salí a la entrada y enseguida vi unas luces, como era de noche ya, no distinguía el coche, pero ellos si me podrían ver venían muy despacio, hasta que me debieron de ver porque me dieron las luces y vinieron más deprisa. Les dije que podían meter el coche dentro, que lo metieran hasta la puerta del garaje, quedándose en la entrada y cerré la puerta, así no tendrían que preocuparse del coche. Nos saludamos primero Diego y yo y mientras él iba al maletero nos saludamos Ana y yo que la note tan cachonda como estaba yo al besarnos en el saludo. Bajaron una pequeña maleta de viaje y un neceser.

Lo peor vino al entrar en la casa y ver a Paula y Olalla. Aunque la calefacción de la casa estaba a tope, se podía ir en pelotas del calor que hacía. Ellos se quedaron fríos como un tempano. Menos mal que las dotes de buena anfitriona de mi cuñada aliviaron algo ese momento. Diego dejo lo que llevaba en el pasillo. Les invite a pasar al salón. Y fue mi propia cuñada quien hizo las presentaciones, las hizo de una manera pintoresca pero como si fuera de lo más normal. Dijo como más o menos nos conocemos todos ya, solo nos faltaba ponernos cara. Esta es mi amiga Olalla la que estaba embarazada y yo la cuñada incestuosa. Nos dio por reírnos a todos, menos Diego que al no haber leído los relatos, el pobre no sabía de qué hablábamos. Yo estaba alerta, porque ese era el momento en el que salían corriendo o se quedaban. Se besaron a forma de saludo y en la mesa de comer, que la habíamos apartado de donde estaba siempre, habíamos colocado empanada, embutidos y diversos tipos de tapas frías típicas del lugar, todas hechas por mi cuñada que es muy buena cocinera. Yo dije que iba a por el vino, todos coincidimos en que queríamos vino tinto.

Me acompaño Diego a la cocina y algo preocupado me pregunto qué pasaba ahí. Mi contestación fue totalmente sincera, diciéndole que lo iban a pasar muy bien y nosotros también. Que todo era cuestión de estar dispuestos, pero que, si no querían o en algún momento alguno de los dos no quisiese, se paraba y ya estaba. Se quedó apoyado en la encimera de la cocina con los brazos cruzados y la cabeza algo baja. Al verlo así le dije que si quería ni empezábamos, nos tomábamos un vino comíamos algo y si querían que se fueran Olalla y Paula, que se iban, eso ya lo tenía hablado con mi cuñada. Levanto la cabeza y me dijo, sabes que todo esto es nuevo para mí y sabes porque lo digo, Ana es más decidida en estas cosas, pero podemos ver cómo se va desarrollando todo. Ya estábamos con las botellas de vino y Ana me pregunto por el aseo. Dije que la acompañaba y una vez apartados del salón me dijo, sí que me has dado una sorpresa, pero sabes que yo con mujeres, que no. Ana todo está en que tu confíes en que lo vas a pasar como nunca lo imaginaste y te digo como a Diego es cuestión de que estés dispuesta, pero que si quieres lo paramos en este momento o si ves según avancen las cosas que quieres parar, paramos. Mientras lo pensaba le metí la lengua hasta la garganta en un beso de lo más libidinoso que había. Ella me aparto y me decía que con esa lengua como me iba a decir que no, que lo intentaríamos.

Regresé con los demás y ya estaban tomando algo y yo hice lo mismo, me puse una buena copa de vino y comí algo, llego Ana con otra cara, deduje que lo había asimilado en el aseo. Le serví una copa de vino y se puso a hablar como si fueran amigas de siempre. Paula se disculpó que se iba a cambiar y le ofreció a Ana hacerlo si quería. Ana decía que poco había traído ella y Paula le dijo que la acompañas que algo encontrarían. Las miradas de Diego a Olalla eran evidentes de que le gustaba y Olalla le daba carrete era muy astuta, no quería que se fueran. Bajaron Ana y mi cuñada y fue como el disparo de salida en una competición. Las dos con una minifalda que dejaban a cualquiera babeando. Paula una camisa ceñida y que se le notaban sus pechos sin sujetador, pero la que se llevaba el premio era Ana, que se había puesto una camiseta de tirantes muy finos, casi un cordel y que estaba claro que no era de su talla, porque con esos pechos era imposible, como se notaban sus pezones era algo inexplicable. El vino corría a gusto de cada uno. Mi cuñada y Olalla hacían algo más que tontear y nos ponía cachondos a todos.

Para no ser menos me acerque a Ana y nos empezamos a besar profundamente. Diego se volvía loco mirándonos a las dos parejas. Ya era momento de empezar con la diversión. Agarre con un brazo la cintura de Ana y la lleve casi al centro del salón. De una silla que había pegada a la pared y que tenía una manta que tapaba algo, saque una cuerda no muy, le dije que extendiera las manos, llevaba la copa de vino, miro la cuerda y se acabó la copa, dejándola sobre un mueble y vino toda decidida con las manos extendidas. Se las ate por las muñecas, sin hacerle daño, pero sabiendo que no se las podría quitar. Su cara era de excitación, de no saber qué iba a pasar. Saque otra cuerda, mucho más grande y la lance por encima de una viga de madera, cogí un extremo y lo ate en sus ligaduras, luego tire de la cuerda y ella tuvo que ir subiendo los brazos, no estirados del todo, pero casi, eso hacía que ya se notaran mejor sus pechos, cuando la tenía como quería, ate la curda a un pilar. Ella miraba atenta, pero se la veía ilusionada en su excitación. Dije en voz alta que todos a desnudarse y nos quedamos en pelotas todos menos Ana. Diego tenía un empalme considerable.

Ella ahora veía a su marido que se tocaba su rabo suavemente y a mi cuñada y su amiga, que nos miraban y se metían mano. Yo me puse detrás de ella y sin que los demás pudieran oírla le decía, que hoy sería más puta que esas dos juntas, que iba a perder la cuenta de los orgasmos que iba a tener, siempre que estuviera dispuesta y con voz temblorosa me dijo que sí, yo le decía que no la oía, me volvía a decir que si, hasta que le dije que se olvidara de todo y que contestase, después de unos segundos me dijo que me acercara, puso su boca en mi oído, para decirme, si quiero ser más puta que esas dos juntas. Le dije que no sabía si me había equivocado, pero que, si lo había hecho, que lo dijese y parábamos. Solo movió la cabeza.

Les dije a Paula y Olalla que la desnudasen y que la preparasen. Se acercaron a ella y yo me aparte. Olalla le quito la minifalda y sus bragas. Mi cuñada con unas tijeras corto los dos cordeles que tenía por tirantes y luego corto la camiseta por el medio y mi cuñada dijo, vaya dos tetas más ricas. Diego ya no se tocaba suavemente, estaba tocándose de forma endiablada, a ese ritmo no aguantaría nada. Ana me miraba a los ojos y miraba a su marido, hice una seña a mi cuñada y se pusieron detrás de Ana y empezaron a azotar su culo, como yo hacía con ellas cuando follábamos. Me miro con sorpresa y cuando vio mi sonrisa, movió la cabeza y se dejó llevar. Estuve esperando un rato hasta que mi cuñada toco el coño de Ana y dijo, Rober como lo tiene, menuda putita. Me fui hacia la silla y cogí algo que nadie podía ver. Me acerque a ella y deje que viera las pinzas, sus ojos se medió tornaron, pero de gusto. Paula y Olla miraban atentamente y Diego se levantó y me pregunto si estaba loco. Ana le dijo, Diego siéntate de una puta vez, sique cascándotela si quieres, pero cállate, que este sí que sabe lo que quiero y necesito.

Me dolió cuando le puse la primera pinza en ese pezón tan inmenso, pero al ver su cara la otra pinza se la coloqué sin remordimientos. Nada más hacerlo me dijo, bésame. Ha sido el beso que más gusto me ha dado hasta el momento. Me quite y me senté en una silla, en primera fila para que ella me pudiera ver bien y yo no perderme nada de lo que iba a venir. La hicieron girar y el culo y lo que no era el culo estaba de rojo intenso. Otra vez la movieron y quedo de frente. Olalla se agacho por detrás y vi el gesto de sus manos abriendo sus nalgas, ella al notar la lengua dijo un tímido no, pero solo uno. Paula se agacho por delante y empezó a comer su coño. Volvió a protestar un poco, Olalla se levantó y volvió a azotar su culo, mientras Paula seguía comiéndose el coño, ya no protestaba y Olalla decía que puta que es, le encanta que le azoten bien el culo. Se mordía los labios, sus labios hacían todas las muecas que podían. Diego se había corrido ya y miraba a su mujer y me miraba a mí, le dije que si quería un poco y se vino lanzado y se puso a comer mis cojones, al verlo Ana tuvo un orgasmo, de tal calibre que Olalla tenía que sujetarla de cómo le temblaban las piernas.

Olalla que vio cómo se metía todo mi rabo Diego en la boca, le decía a mi cuñada, esto sí que va a estar bien una puta y un maricón, mira cómo se engancha al biberón de su cuñadito. Mi cuñada miro y solo dijo, son de los nuestros. Que bien. Quitaron las pinzas de los pezones de Ana y cada una empezó a comer un pezón, los gemidos de Ana eran algo fuera de lo normal. Y lo que fue increíble es que tuvo otro orgasmo solo lamiéndole los pezones. Ya estaba cansado de estar ahí sentado, quite la cuerda que sujetaba a Ana y nos fuimos para la habitación de mi cuñada, mientras subíamos mi cuñada le dijo a Ana que ella nuca había tenido un orgasmo comiéndole las tetas. Ana le contesto que es que las pinzas dejan los pezones a una sensibilidad fuera de la lógica. Al entrar en la habitación se veían en las mesillas de noche juguetitos sexuales de mi cuñada, que por cierto cada vez tenía más. Paula acompaño a Ana a la cama y esta se acostó, mientras Paula desato del todo sus manos y acaricio sus muñecas. Luego se agacho y beso suavemente sus labios, pero se quitó enseguida. Yo me acerque y la bese ella me tocaba mi rabo y se cambió de posición para llevárselo a la boca. Lo que aprovecharon Olalla para comerse su coño y Paula sus pechos. Ella no protestaba estaba más que encantada.

Me acorde de Diego y estaba sentado en la silla de vestirse y se tocaba nuevamente, solo estaba a media erección. Yo quería follarme a Ana de una vez. Tal como estaba levante sus piernas me puse un preservativo, ella me decía que no hacía falta, pero me lo puse, pensaba follar su culo. Cuando tuve ya todo preparado mi cuñada coloco una almohada gruesa debajo de sus riñones y se la metí en el culo. Paula acariciaba suavemente sus pezones para hacerlo luego con cierta saña, logrando sacar unas muecas de placer a Ana. Se gacho y esta vez sí se besaron de forma placentera las dos, ya había roto su barrera. Vi como Olalla embadurnaba un vibrador con lubricante y no lo entendía, porque a ellas les entraba perfectamente. Olalla llamo a Diego y le dijo a Ana mira y veras. Le dijo a Diego que se pusiera como un perrito y empezó a hacerle una paja y sin dejar de mirar Paula, Ana y yo, vimos como Olalla empezó a meter el vibrador en el culo de Diego que miraba a Ana y Olalla decía, a tu putito ya se lo he metido todo mira como se ha puesto, su rabo había crecido de golpe. La cara de Ana al ver a su marido era de estar cachonda de una manera brutal. Solo le dijo goza, pásalo bien amor. Ana se salió de la habitación y se fue muy rápido no tardo nada en volver, venia acelerada. Puso dos pinzas en los pezones de Ana y mientras yo la follaba el culo, Ana con un dedo movía las pinzas, sacando gemidos a Ana.  Se miraban con cierta complicidad. Lo que me dejo sin saber que pensar, fue cuando vi a mi cuñada que se colocó una pinza que había subido en un pezón, su gesto fue de dolor, pero no se la quitó, luego ante los ojos atónitos de Olalla y los míos se colocó otra en el otro pezón. Ana y ella se miraron y despedían fuego.  

Ana abrió sus piernas quedando la cabeza de Ana en medio, lo hizo para tocar mejor sus pinzas. Ana gemía como si estuviera poseída. Ana estiro sus manos y empezó a jugar con las pinzas de mi cuñada, que se quejaba un poco y decía que con cuidado que el dolía, Ana fue cuando le dijo siéntate sobre mí y disfruta, según se sentaba Paula Ana sacaba su lengua y Paula me miraba diciéndome si con la cabeza. Ahora se agacho un poco y se puso a toca el clítoris de su nueva amiga y yo a mover las pinzas de las dos. Abrí bien las piernas de Ana para que si mi cuñada quería pudiera hacer un 69, así lo hizo ahora sus pinzas se aplastaban la una contra la otra, estaban como locas Ana empezó atener nuevamente orgasmos seguidos y eso por lo que veía a mi cuñada la ponía más cachonda, llegando ella también a un orgasmo de dimensiones extremas. Yo al verlas tan cachondas me corrí también y mi rabo no se bajó para nada. Olalla miraba como con suplica, dejé a las dos allí en su 69 y me fui por Olalla que seguía follándose el culo de Diego. Me puse detrás de Olalla y se la metí en su coño, nunca me había sucedido con ella, se corrió nada más metérsela. Cuando acabamos ya estaban Ana y Paula mirando a Diego, que prácticamente berreo cuando se corrió.

Todos coincidimos en dos cosas que había estado muy bien y en que teníamos sed y hambre. Nos bajamos al salón. Yo me tomé un poco de agua y me puse una copa de vino. Como me puse lo último fui por otra botella, cuando salía de la cocina vi a Ana que iba al aseo y se metía dentro. Dejé la botella en el salón y me fui hacia el aseo. Cuando ella fue a salir el empuje dentro y sin mediar palabra empecé a follármela de forma violenta. Estaba prácticamente pegada contra la pared, con los azulejos fríos tocando sus tetas, ella me decía que era un animal, un bestia, yo le decía si quieres paro y te follo con suavidad, ella me dijo, que con un maricón ya había suficiente, que nunca nadie la follo de esa manera que no me parara. Tuvo otro orgasmo potente y me dijo, es verdad ya he perdido la cuenta de las veces que me he corrido. Entramos en el salón y Diego pregunto que donde estábamos y ella le dijo que la había pillado en el aseo y me la había follado otra vez. Mirando a Las otras dos les dijo, benditos 20 años y lo que calza el muchachote. Que tenía que ser una alegría tener en casa todo el día a alguien así. Mi cuñada le dijo, si una tortura, pero una tortura divina. Yo esta vez no me había corrido, me daba igual solo viendo y sintiendo como gozaba Ana ya me valía, no había nada mejor.

Me senté en una silla saboreando la copa de vino y llego mi cuñada y se sentó desnuda encima mío. Mi rabo no le hizo falta nada más. Hablábamos entre todos de una manera tranquila, pero yo notaba que mi cuñada estaba loca porque mi rabo la follara y puse mi parte para que con los movimientos que, hacia ella, mi rabo se metiese hasta los cojones. Ana dejo su copa y se acercó se agacho y se puso a comer el coño de mi cuñada que se recostó para darle más facilidades a Ana. Olalla no se quiso quedar atrás y se puso a comer el culo y el coño de Ana, lo hacíamos todos con total entrega y quien miraba sin saber que hacer era Diego, le dije que seguro que el culo de Olalla le agradecía que se lo comiera. Se produjo como una explosión en cadena, la primera en correrse fue Ana, detrás fuimos todos los demás menos Diego. Olalla se cambió y dijo que ya se tenía que ir. Diego que tenía que dar una cabezada sobre todo por el asunto del alcohol y que al día siguiente tenía que conducir. Le acompañe a una habitación y se acostó. Nosotros tres, Ana, Paula y yo nos quedamos hablando. Mi cuñada dijo de ir a descansar un poco. Le guiñe el ojo a Paula, que me entendió al momento. Nos fuimos para arriba mi cuñada se metió en su habitación y Ana pregunto por la de su marido. Le dije que yo la llevaba, se dieron las buenas noches con un pequeño beso.

La lleve a mi habitación cuando se dio cuenta, me dijo eres muy malo y se garro a mi cuello y nos besamos apasionadamente. Follamos un rato más, pero esta vez los dos solos y nos quedamos dormidos. Cuando me desperté este domingo, oí voces abajo. Baje y vi a mi cuñada y Diego hablando, mientras me tome un café y dije que me iba a duchar. Paula me dijo que lo hiciera en el de su habitación que al otro acaba de subir Ana a ducharse. Diego y ella ya estaban vestidos. Me fui para arriba directo a donde estaba Ana. Nos duchamos bien duchados y una vez que estábamos más calientes que una mona, salimos de la ducha, puse una toalla en la taza del wáter me senté y ella se sentó encima. Mientras la follaba y pellizcaba sus pezones, le preguntaba que quien era las más puta y ella me decía que ella. Que le encantaba que le sacra todo eso. Que la trataba como siempre había necesitado que la tratara un hombre. Se abrió la puerta y era Diego que nos vio y no dijo nada, Ana le miro y le dijo que una vez más y ya estaba, él le dijo que no había prisa. Estuvimos follando un buen rato y me pidió de por favor que no me corriera dentro que lo quería en su boca. Le avise de que no me aguantaba más y se levantó y llamo a su Marido, que era como si estuviese esperando la llamada. Se agacho y me la estuvo chupando hasta que me corrí en su boca y nada más hacerlo se levantó, pero antes me dejo ver que no se lo había tragado y beso a Diego que la beso con toda la pasión del mundo.

En la despedida quedamos en tratar de repetirlo otra vez todos estábamos de acuerdo, aunque sería difícil, porque en la casa de ellos era casi imposible. Por sus hijos. Y aquí había que esperar que no estuviera Ignacio algo un poco complicado. Cuando se iban Ana me dijo que me había dejado una nota en mi habitación. Nada más irse me subí a leer la nota, me decía que gracias por todo y que esperaba que siguiera sacándole cosas y que también esperaba alguna nueva sorpresa, que seguro que se me ocurría alguna. Y lo cierto que escribiendo esto se me han ocurrido más de una.


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