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Fecha: 29-Nov-16 « Anterior | Siguiente » en No Consentido

Valentina

robertlangdon
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Tiempo estimado de lectura: [ 16 min. ]
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Una mujer casada se dispone a encontrar trabajo a toda costa, y pasará por una situación nueva e inesperada. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

VALENTINA

 

(Este relato es una mezcla de ficción y realidad, basado en la vida real de la protagonista y adornado con fotografías reales de ella. Por supuesto, los datos que figuran en el relato son ficticios, no así los rasgos físicos y personales de la protagonista que son totalmente verídicos).

Valentina se levantó como cada mañana después de que su marido hubiese salido al trabajo. Hacía ya muchos años que la rutina y el aburrimiento le hacían evitarle todo lo posible, y sólo compartía unas mínimas noches de amor por pura obligación, desapasionada y casi inerte, sin recuerdo del deseo perdido en un pasado convulso de alcohol y desprecio.

Con lentitud se despojó del pijama, se dirigió a la ducha y bajo el chorro tibio del agua, contempló aquel cuerpo que a sus 43 años muchos consideraban aún privilegiado. Unas piernas delgadas y torneadas, unas tetas firmes aún en su talla 95, una cadera casi inapreciablemente ancha que sostenía un culo redondo y respingón que giraba las cabezas de cualquier varón que se cruzaba con ella cuando iba sola. Su pelo, rubio y lacio, sus manos bien cuidadas, le daban un aire elegante heredado de su pasado laboral como dependienta en algunas boutiques de moda de la ciudad.

Sin embargo, hacía 15 días que la tienda donde llevaba trabajando ya 11 años había cerrado. Un revés que a Valentina se le hacía más duro aún cuando el trabajo le hacía respirar del ambiente asfixiante que respiraba en casa, dónde los problemas no cesaban de presentarse. La complejidad de la enfermedad de sus padres, la incertidumbre del futuro de los hijos, el carácter de su marido.... El trabajo no sólo era una garantía de futuro, sino también oxígeno para continuar con fuerzas. Su despido le estaba minando no sólo la economía, sino también la moral.

Tras secarse, vestirse y maquillarse, desyunó frugalmente y se dispuso a buscar trabajo por internet como llevaba haciendo dos semanas. Se había registrado en todas las páginas de búsqueda de empleo, y cada día llegaban ofertas en condiciones deplorables, sin una mínima posibilidad de ser medianamente aprovechables. Hasta que esa mañana vió el siguiente anuncio:

Empresa de reciente creación del sector textil busca empleada entre 35 y 45 con amplia experiencia en el sector y disponibilidad horaria. 2000€/mes más incentivos. Interesadas llamen al XXXXXXXXX. Ref. 286.

El anuncio añadía que era en su misma ciudad, y un ligero vuelco al corazón le hizo pensar si ese anuncio no estaba hecho precisamente a su medida. Sin terminar el café, anotó el número de teléfono y la referencia y llamó inmediatamente.

-Buenos días, qué desea?.

-Hola, buenos días. Mire, llamaba por lo del anuncio de trabajo. La referencia 286. Me ha parecido interesante y me gustaría saber algo más.

-Sí, señora o señorita, agradecemos su interés. Si está interesada podemos concertarle una entrevista de trabajo. Espere que mire la agenda.... Ajá, aquí tenemos. ..... Sí, tenemos un hueco para el viernes a mediodía, a las 12. Le viene a usted bien?.

-Sí, sí, claro....De acuerdo....Dónde tengo que ir?.

-Bien, primero déjeme que le anote...me ha dicho usted que se llama?.

-Ah, sí, perdone...Valentina Fajardo.

-Valentina Fajardo viernes a las 12. Bien. Un teléfono?.

-Sí, el XXXXXXXXX.

-Perfecto, el teléfono es por si se retrasase por cualquier motivo. Deberá presentarse en la calle Montalvo nº8, Polígono Las Cruces. Es la nave amarilla. Sólo hay una puerta, llame sin miedo y le abriremos. No se retrase, y venga vestida adecuadamente, recuerde que es una empresa textil y ese aspecto se observa con detenimiento.

-ah, muy bien.....pero, puede decirme más exactamente cómo de adecuadamente debo ir?.

-Nada de pantalones, es usted mujer y debe aparecer con buena presencia ante todos. Usted simplemente imagine que la van a ver muchos hombres y que debe resultarle agradable a todos, así sabrá bien qué ponerse.

-Vale, vale, ... de acuerdo. Allí estaré sin falta, muchas gracias. Gracias....

De repente, a Valentina le subió el ánimo y empezó a dar vueltas sonriente.... ni siquiera la duda ante las posibles candidaturas a esa plaza que hubiera, ni lo raro sobre la ubicación del lugar de la entrevista, ni la extraña exigencia en la vestimenta ocultaban su ilusión por salir del desempleo y volver a trabajar en aquello que le gustaba.

Visiblemente excitada, se dirigió al ordenador. Consultó su cuenta....no quedaba mucho dinero, pero afortunadamente el despido era reciente. Aún tenía una pequeña cantidad. Salió de casa en busca de un par de tiendas, de ropa y lencería. Quería llevar algo "que pudiera gustar a todos", esa era la consigna que le habían dado. Decidió que en eso no les iba a defraudar. Estaba decidida a conseguir ese empleo y no iba a escatimar en esfuerzos.

Compró una blusa de tirantes muy escotada, en un tono negro azabache, y una falda también negra ajustada por arriba y con un ligero vuelo, a medio muslo. Llamó a la Estheticiene para depilarse a fondo pese a que no hacía tanto de su última sesión, y por supuesto pidió cita en la peluquería. No quería dejar nada al azar. El paso por la zapatería cerraría la adquisición de su indumentaria para la que podría ser la entrevista de su vida. Y así sería......

El viernes a las 12 allí estaba Valentina. Aparcó su volkswagen polo sin problemas ya que era un polígono amplio. La blusa escotada dejaba relucir la mitad de sus tetas y asomaba a duras penas un sujetador transparente de encaje sin tirantes. La falda se balanceaba ligeramente al andar sobre unos zapatos negros de tacón de aguja que la realzaba casi 10 cm, mostrando el podería de aquel culo respingón que marcaba su presencia a la retaguardia.

El timbre sonó tres veces, y enseguida abrió un hombre mayor, sonriente, y de baja estatura.

-Usted debe ser Valentina, verdad?. Pase, pase...

La sonrisa del hombre era entre pícara y nerviosa. A Valentina no le daba demasiada confianza, pero esperaba que una vez dentro eso fuera sólo una sensación pasajera. Entró a una nave llena de percheros de almacén y palés amontonados, al fondo de la cual se cerraban unos módulos a modo de oficinas. Valentina observó al menos a 4 personas más antes de llegar a él, todos hombres, y todos deteniéndose en sus quehaceres al verla aparecer allí. Le había parecido que uno de ellos era de color.

Al abrirse la oficina le recibió Don Andrés. Un cincuentón, de mediana estatura, algo entrado en carnes y con una barba breve gris. La recibió con dos besos sorprendentemente cercanos a la comisura de los labios.

-Bienvenida, siéntate y ponte cómoda.

Valentina se sentó en una butaca amplica giratoria frente a una mesa grande caoba sorprendentemente lujosa para aquella nave de tan poco glamour. Sentía unos nervios incipientes, pero se esforzó en aparentar serenidad y mantener una sonrisa algo forzada contínuamente. Al sentarse, intentó juntar las piernas para no mostrar excesivamente el interior de su falda.

-Bien Valentina, es usted una de las aspirantes más atractivas que han venido. Y créame que han venido bastantes. Según leo aquí, con 11 años de experiencia, verdad?.

-Sí, señor 11. Tengo facilidad para la venta y conozco bien todo lo relacionado con la moda. Además sé aconsejar y tengo facilidad para......

-Ponte de pie!!

-cómo?. - Valentina quedó sorprendida por la orden tajante que le dió aquel hombre. No entendía por qué habría de ponerse de pie después de acabar de sentarse, pero al tratarse de una oferta de trabajo tampoco iba a poner pegas a algo tan aparentemente inocente. Tras un titubeo, se puso en pie.

-Date la vuelta, quiero verte el culo.

- Valentina abrió los ojos e hinchó el pecho hiperventilando. Aquello empezaba a ser justo lo que parecía, y ahora la duda se tornaba en cierto temor.

-Es que no me has oído?. Entiendo tus dudas, pero has de tenerlo claro. Esto es un puesto de trabajo y aquí has venido a ganártelo. Seguro que tienes cualidades para la venta, tu curriculum es ilustrativo, pero como tú hay muchas. Puedo elegir, y lo haré. Elegiré a la que más me deje contento. Así que si quieres seguir aquí, date la vuelta, inclínate sobre la silla esa y saca el culo hacia fuera.

-Ni hablar. Yo no he venido aquí para eso. Que tenga usted buenas tardes.- Valentina se dirigió a la puerta mientras el hombre permanecía callado pero sin mover su rictus de sonrisita.

Avanzó por la nave, mientras los 4 empleados volvían a levantar la cabeza clavando sus ojos en su culo y en el bamboleo de su falda. Valentina, con el sudor recorriendo su frente y un sentimiento incómodo apenas avanzaba a cada paso. Algo en su interior la retenía y le martilleaba la cabeza. Quería ese trabajo y recordó que se prometió a sí misma conseguirlo a toda costa. A toda costa!!. Eso significaba hacer cualquier cosa?. Eso significaba aceptar situaciones humillantes para satisfacer a un autónomo sediento de sexo?. En esos pensamientos, de repente Valentina se detuvo.

Estaba ya casi en la puerta, dónde aquel viejo la recibió apenas hacía 10 minutos. Lentamente se giró, casi al tiempo que el empleado de color se acercó a ella con paso firme y decidido.

-Le ocurre algo señora?. Puedo ayudarla?.- Sin mediar palabra le tomó la mano y la condujo de nuevo hacia las oficinas. - Probablemente se habrá dejado usted algo en las oficinas, verdad?. No se preocupe, yo la acompaño.

Tras la mano le tomó el brazo. Valentina, medio hipnotizada por la voz dura y profunda del moreno y sus ojos color miel, se dejó hacer. Nelson, como luego supo que se llamaba el negro, abrió la puerta de la oficina donde Carlos, el autónomo, seguía sentado con la misma media sonrisa con la que despidió la fugaz estampida de Valentina. Con un último gesto, Nelson dió un empujoncito a Valentina hacia dentro....en el culo. Ella no rechistó, y se limitó a decir:

-Gracias, yo... yo.... lo he pensado mejor.

-Así me gusta. No te preocupes, es normal tener dudas. Nelson, quédate ya que estás aquí, y me ayudas a comprobar las aptitudes de la señora. Como su marido no está aquí, alguien tiene que echar una mano y comprobar si tenemos a la empleada que necesitamos.

-Con gusto lo haré, jefe. La señora tiene un culo imponente, lo acabo de tocar y puedo corroborarlo. Además, los chicos se han empalmado en cuanto la han visto, y yo también.

Valentina miró de reojo al negro que vestía con un mono azul algo ajustado, y pudo comprobar el bulto que le asomaba entre las piernas, sin querer imaginar qué habría allá debajo. La voz de Carlos la interrumpió:

-Bien Valentina, ahora sin hacernos perder el tiempo ó de lo contrario seré yo quién te eche de aquí a patadas. Ya sabes lo que tienes que hacer. Gírate e inclínate sacando el culo hacia fuera.

Tragando saliva y aguantando las gotas de sudor en la cara, Valentina se giró, se inclinó y cogió el respaldo de la silla giratoria. Carlos se recostó en su butaca tocándose el paquete, mientras con una señal visual ordenó a Nelson acercarse a Valentina. Ella notó como las manos del negro empezaban a coger sus rodillas, y lentamente, avanzaron pierna arriba. En ese momento, el azoramiento de Valentina comenzó a mutar. El contacto de esa mano grande y firme era hábil y aquellos dedos provocaban sensaciones que hacía tiempo no recordaba. Nelson amasó los muslos justo por debajo del culo, despacio pero firmemente, y Valentina empezó a perder algo de estabilidad en su apoyo.

-Gírala, Nelson, no quiero que se caiga. Quiero ver esas tetas bien.-Dijo Carlos.

Nelson la giró, acercó su boca a su cuello, exhalando en esa zona que las mujeres suelen tener tan sensibles. Valentina comenzó a sentir un cosquilleo agradable por la columna vertebral, notando ahora la lengua del negro recorriendo su cuello y barbilla. Al tiempo, las manos de Nelsono iban alzando aquella blusa hasta sacarla por su cabeza. El pelo rubio de Valentina sacudió el aire que se podía cortar como un cuchillo en aquella oficina. Al mover la cabeza Valentina pudo ver como en las ventanas, miraban extasiados los otros tres empleados, algunos en claro gesto de estarse tocando la poya mientras contemplaba el espectáculo.

Casi ni se dió cuenta cuando Nelson desabrochó el sujetador. Las tetas redonditas y firmes de Valentina, revelaban dos pezones redondos que estaban completamente hinchados, como los botones de un abrigo.

-Mira Nelson, la señora está cachonda, esos pezones amenazan con dispararse. - Dijo Carlos mientras se levantaba y se quitaba el pantalón y el boxer, revelando una poya de tamaño normal pero totalmente erecta. Nelson empezó a succionar uno de sus pezones, casi como un bebé, mientras acariciaba su culo con lentitud por encima de sus nalgas. A Valentina la estaba volviendo loca tanta caricia lenta, y notaba como su cuerpo estaba reaccionando a mayor rapidez de lo que el negro estaba actuando. Le empezaba a dar vergüenza revelar que deseaba más, y que empezaba a notar demasiada humedad en su tanga.

Sus tetas estaban ya empapadas por la boca del negro, que había decidido mordisquear aquellos pezones y había levantado los primeros gemidos de Valentina, que cerraba los ojos del gusto. Pero Nelson siguió moviendo sus manos condenadamente lentas por sus muslos y por encima de su falda, sin llegar a rozar nunca siquiera su tanga. Consciente de eso, Carlos decidió actuar.

-Veo que tienes algo de calor, rubita. Posiblemente el tanga te esté haciendo sudar. Si deseas que te lo quitemos sólo tienes que pedirlo, y uno de mis chicos te lo quitará. Pero tienes que pedirlo por favor.

A Valentina esas palabras sólo consiguieron ponerla aún más cachonda. Jamás había tenido esa sensación, que en otro momento le habría parecido de una buscona ó ninfómana. Pero la vista de la poya de Carlos, las caricias de Nelson y sus comida de tetas la estaban derrotando. Cerrando los ojos, murmuró....-Quítenme el tanga.....por favor.....

Con un gesto de los dedos, Carlos dió paso a Luis, otro empleado. Pelirrojo y de mediana estatura, fibroso y con nervio, entró raudo en la oficina. Se puso detrás de Nelson y con decisión, bajó el tanga de Valentina a los tobillos. Ella levantó los pies y Luis se lo quitó, arrojándolo a sus dos compañeros que habían penetrado en la oficina mirando ambos con la poya fuera del pantalón. La faldita,la  última prenda que le quedaba, no tardó en volar también, y Valentina quedó desnuda frente a 5 hombres, de los que el único que no tenía ya la poya fuera era el negro.

Ya desnuda, Carlos ordenó que la subieran a la mesa. Valentina se dejaba hacer mientras no dejaba de buscar con la mirada las poyas de los trabajadores. Unas más grandes, otras menos...todas le gustaban.

Tumbada, dejó que le abrieran las piernas y contemplaran aquel coño excepcional, cuya rajita empezaba más arriba de lo normal, dándole un toque casi juvenil que hacía gozar la vista a los cinco hombres. Goyo, el viejo de la puerta, se acercó y puso su poya ante la cara de Valentina, que ya demasiado cachonda como para disimularlo, decidió abrir la boca ante el gesto relamido del mayor. Comenzó a succionar, mientras Luis, había decidido pasar su lengua por su coño, usándola como llave para abrir sus labios a derecha e izquierda, y sacudir su clítoris en espasmos que hacían brotar a Valentina cada vez más flujos. Pepe, el último de los empleados, de mediana edad y gafas de culo de vaso, empezó a amasar sus tetas y a seguir el recorrido que hacía Nelson, dando una continuidad que a Valentina le encantaba.

Carlos siguió mirando, mientras Valentina mamaba a Goyo, Luis mamaba el coño de Valentina, y Pepe y Nelson se centraban en sus tetas. Disfrutaba porque sabía que la mejor parte le tocaba a él enseguida, y decidió esperar lo justo.

-Bien chicos, a un lado. Ahora me toca divertirme a mí. Voy a follarme a la rubita, que creo que lo está deseando.

De mala gana, los 4 se apartaron mientras Carlos se acercaba poya en mano. Valentina no sólo no cerró las piernas, sino que viendo lo que venía se relamía, aún con los restos del semen preseminal de goyo en la boca, y se abrió un poco más. Carlos la miró con lujuria y le dijo:

-¿Qué es lo que debe decir ahora la putita?.

-Fó....Fóllame!. - Valentina entendió a la perfección el lenguaje morboso de Carlos. Estaba empezando a tener una rara empatía con ese hombre. Carlos apoyó el capullo de su poya en el clítoris de Valentina, repasándolo arriba y abajo, deleitándose con los flujos que veía brotar de aquel coño rasurado y carnoso. Segundos después, metió su poya dentro de un empujón, haciendo que Valentina exclamara en un gemido de placer interminable...

Carlos follaba a Valentina a ritmo, sin descanso, sin aflojar. Las tetas de la aspirante a oficinista subían y bajaban y ya tenía la poya de Pepe en la boca, mientras Goyo la frotaba contra sus tetas y Nelson y Luis buscaban la mano de Valentina. En unos instantes, ella tuvo en sus manos las poyas de ambos, y empezó a mirar de reojo la del negro, consciente de que era la mayor como correspondía a la fama que todos conocían.

Los espasmos de Carlos anunciaban que se corría. Con breves gemidos, Carlos descargó la leche sobre el pubis de Valentina, y casi sincrónicamente, Goyo lo hizo sobre sus tetas. En unos segundos Valentina estaba ya doblemente bañada en semen,y eso sólo hizo que se excitase más. Luis apartó rápidamente la mano de la rubia y se dispuso a follarla. Pero el negro le detuvo y ordenó antes a Valentina bajar de la mesa. Se dirigieron al sofá donde la pusieron en 4, y Luis metió su poya casi con desesperación en aquel coño que chorreba flujos ya casi constantemente. Al abrir los ojos delante, Valentina vió ahora la poya del negro, grande y dura como una morcilla con un capullo rojo que Nelson agitaba sonriente ante su cara. Sin dudarlo, ella intentó metérsela en la boca, apenas a la mitad, pués le daba en la garganta y veía que podía ahogarse con aquel falo inmenso. Sin embargo, la excitación y el morbo la ayudaron y consiguió ejercitar una manada constante que a Nelson empezó a tenerlo en la gloria.

Mientras Luis hacía rebotar sus pelotas contra el culo de Valentina en una follada interminable. Pepe no podía más, y decidió correrse sobre la espalda de Valentina.

Sentados en las butacas, Goyo y Carlos hacían comentarios sobre la buena hembra que tenían delante, y las veces que se la iban a calzar si aceptaba el trabajo.

-Creo que es de las mejores.-Decía Goyo.- Se ve que tiene hambre de poya y nosotros necesitamos motivarnos con algo así. Deberías contrartarla sin dudarlo.

-Sí, pero quiero estar seguro que ella acepta follar siempre que se le diga. Tiene que llevar teléfono, agenda y albaranes, y además tiene que follar y comernos la poya siempre que yo se lo ordene.

Nelson apretaba la cabecita de Valentina contra su poya, consiguiendo casi meterla entera mientras ella daba arcadas. Lejos de protestar, y con la poya de Luis aún bombeándole el coño, Valentina retornó a la mamada casi con ansia. Por alguna extraña razón, le encantaba volver a comerse aquel cipote negro y enorme. Así estuvieron otros cinco minutos, hasta que con un gesto Nelson y Luis decidieron cambiarse. Luis metió su poya en la boca de Valentina, y abriéndole más las piernas, hasta casi hacerla daño, Nelson introdujo lento, como sus caricias, su enorme verga en el chocho de la rubia casada que tanto les estaba alegrando la mañana.

Ahora sí que Valentina se sintió casi desfallecer...Nelson aceleraba muy poquito a poco, y pese a que ella siempre fué muy dura a la hora de correrse, Valentina notaba que ya no aguantaba más. La poya del negro le llenaba el coño y las entrañas, y el cipote de Luis en su boca empezó a agitarse excitado al notar el jadeo de la rubia. Pepe pasó de nuevo a sobarle las tetas, y se metió por debajo de Valentina para succionárselas como había hecho Nelson al principio.

Luis no pudo más y se corrió en su boca. La leche brotaba de los labios de Valentina que estaba tan extasiada que la tomó como un manjar. Se relamió, tragó la que pudo, y el resto le adornaba los labios como una vampira que hubiera mordido en sangre blanca. Nelson le preguntó malévolamente: - ¿Quieres que la saque, zorrita?.

Valentina, estaba en el cielo y no tenía fuerzas para responder. En ese momento, un fuerte azote sacudió su culo. Después otro, y otro. Nelson continuó alternando su follada con la azotaina, hasta que Valentina dijo:- Nooo, no la saques....fóllame.....no la saques....fóllameeeee.

Una carcajada resonó en la oficina y todos acercaron de nuevo sus poyas a la rubia. Valentina comenzó a chupar la de Carlos y Goyo alternativamente, de nuevo erectos, y masajeó la de Pepe y luis con ambas manos. En un momento de cambio de poya, Carlos cogió del pelo a Valentina que seguía recibiendo el cipote de Nelson y le espetó:- Vas a ser nuestra puta en la oficina, Valentina?. O prefieres buscar otro empleo?.

Justo en ese momento, el coño de Valentina estalló. Nelson lo notó. Propinó otros cuatro azotes a un culo enrojecido y después sacó el cipote y metió sus dedos en el coño de ella. Con habilidad y energía, llegó al punto g de la rubia, que sin saber de dónde podía llegar tanto placer estalló con el culo abierto y una fuente de flujos en squirt brotaron de su coño, empapando el sofá y todo lo que pilló a su paso. Nelson agarró su poya y descargó la leche en su culo, usando sus dedos para meterla dentro del ano de Valentina, totalmente abierta por todos sus huecos. Carlos volvió a descargar en la boca de ella, y Goyo no tardó ni 10 segundos en hacer lo mismo. El semen se acumuló en la boca y el culo de ella, cuando Luis y Pepe, sin aguantar ante tanto morbo, hicieron lo propio girando a la rubia para empaparle de nuevo las tetas y el vientre.

20 minutos después, los cuatro empleados estaban de nuevo en sus tareas en el taller. Carlos, sentado en su butaca, entregaba el contrato a Valentina que, recompuesta como pudo tras secarse con papel de cocina y kleenex (lo único que Carlos le proporcionó), recogió con gesto relajado para introducirlo en su bolso.

-Si lo firmas, el trabajo es tuyo. Ya conoces las condiciones. - Dijo Carlos, guiñándole un ojo.

Valentina sonrió levemente y marchó de allí sin decir nada. Con gesto neutro, volvió a recorrer aquella nave para que Goyo, de nuevo sonriendo, le abriera la puerta de salida. Se introdujo en el coche, puso la llave de contacto y con una leve sonrisa dijo para sí misma: "Bueno, al menos tengo ya un trabajo seguro si quiero. Seguiré buscando".


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