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Fecha: 05-Dic-16 « Anterior | Siguiente » en Grandes Series

Mundo Paralelo 6

Darek Defens
Accesos: 1.285
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Tiempo estimado de lectura: [ 41 min. ]
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Al fin la partida de rescate llega a su objetivo sin dificultades pero empezaran a tenerlas ahora, por su parte el protagonista sigue en su mundo preguntándose infinidades de cosas, lo único que le consuela es que salvo a la gente del refugio a la que tanto le debía, pero le apena no volver a verlos Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Mundo Paralelo 6

            Me puse en pie con dificultad tras haber llorado un rato, solo se escuchaban mis contenidos y leves gemidos de dolor, toque a los demás, estaban fríos, pero sus corazones latían y respiraban, eso me relajo por un segundo, no estaban muertos, solo inconscientes, los toque, intente despertarlos pero fue inútil, no despertaban. Me mire por dentro de la ropa, tenía dos golpes bien dados uno en el pecho y otro en el hombro derecho, justo como en el sueño, quizás lo metí adentro del sueño, porque me los di aquí, quien sabe…me asomo afuera, hacia la cortina temeroso de ver algún monstruo, pero fuera la vida sigue normal y corriente, veo los coches pasar, la gente pasear, los pájaros cantan y el mar sigue en su sitio, no entiendo nada, pero nada de nada…tengo que salir de aquí, llevándome a mis amigos y buscar a Pedro, el debe tener las respuestas o eso creo, al menos.

No quiero llamar la atención de la gente y veo la puerta verde que tiro Francisco, ahora que recuerdo, La escalera de dentro estaba rota, me asomo para comprobarlo y así es…no podre bajar por allí, salgo y busco otra salida, pero no la hay, veo chicos pasar y grito…

-          ¡¡Ayuda!! ¡Socorro, llamad a los bomberos…y a la policía!

Al principio me tomaron a cachondeo, ya que eran unos críos, tiene gracia que yo lo diga, pero algo ha cambiado en mi, por minúsculo que sea, por el breve tiempo que he sido adulto. Pero pronto pasan unos adultos y suspiro aliviado, al ver como cogen su móvil para llamar.

-          ¡Quédate allí a esperar! (me grita una mujer)

-          ¡Voy a sacar a mis amigos, de dentro! (le grito)

-          ¡¡No, soy enfermera, no los muevas!! (me avisa la chica)

Tras un recuerdo difuso que me viene a la mente de Sindy al oír la palabra «enfermera», me decido, a esperar allí sentado, sin moverme, veo como la gente se va acumulando, abajo mirándome, ahora recuerdo como es la gente en este mundo en el que nunca pasa nada y que cuando pasa, nos indignamos, como si tuviéramos derecho a seleccionar, lo que va a pasar y lo que no o lo que está bien que pase. Pronto llegan tanto la policía como los bomberos, tardan un par de horas para llegar hasta a mí, una vez que llegan hasta a mí, un amable policía me da una manta y me pregunta

-          ¿qué ha pasado, chico? (me pregunta sentándose al lado mío, para parecer amigable)

-          Estábamos jugando aquí con un amigo, cuando los espejos empezaron a explotar y mis amigos se quedaron inconscientes, yo me di un golpe y me he despertado ahora, por cierto, hace frio, ¿no? (Estoy un poco dolorido y confuso, pero intento parecer lo más normal que puedo y contar una historia lo menos fantasiosa, que se me ocurre en el momento, para explicar todo esto.

-          Estamos a mediados de Enero, ¿Qué esperas? (El policía suelta un comentario haciéndose el gracioso, pero a mí no me hizo gracia y no doy crédito a lo que escucho)

-          ¿Enero? (Vuelvo a preguntar, porque me parece que he oído mal, como puede ser Enero, si cuando entramos aquí, era Septiembre, no puede ser…no me lo creo)

-          ¿te encuentras bien? ¡vamos! (El policía intenta animarme a levantarme, mientras él, lo hace)

-          Espere, mis amigos están allí adentro (Me levanto dolorido, pero consigo disimularlo, le señalo hacia la sala de los espejos, aunque nada más recordarla, se me ponen los pelos como escarpia, ¿cuatro meses allí encerrado? ¿Cómo es que no he muerto?, yo solo recuerdo, dos días allí, aunque claro, tampoco sé cuando desperté…es todo tan confuso, que necesito parar de pensar, me arde la cabeza de tanto hacerlo.)

-          Si, tranquilo, ahora están subiendo camillas para llevárselos a ellos, ¿cuántos son? (ahora sí que se le escapa un gesto de preocupación, está preocupado, solo esta disimulando, para no preocuparme a mí, cree que llorare, pero ya lo he hecho, no lo volveré a hacer, por raro que parezca, ya no me siento un niño)

-          Tres (Digo bastante serio)

-          Son Tres, subid tres camillas, venga vamos chico (Habla con su radio, luego me agarra el brazo derecho y jala de mi, sin mirarme)

-          Ugh (no puedo evitar, soltar un gemido de dolor, ya que ese es el hombro que me duele)

-          ¿Qué te pasa? (el me suelta y su preocupación se hace más evidente y en sus ojos se muestran sus dudas, ahora mi historia es menos fantástica y cree que me la he inventado para ocultar otra cosa, en parte es cierto, pero todo se le ve en la cara, no es un buen policía)

-          Nada, estoy bien (me sujeto el brazo que me duele, haciendo evidente cual tengo bien y cual no)

-          Que sean cuatro camillas (el tipo con toda la cara del mundo, le hablo a la radio delante mía, ignorándome, completamente)

-          He dicho que estoy bien (dije empezando a enojarme)

-          Lo sé, solo vamos a comprobarlo, tranquilo. (el me hizo gestos con las manos de que me calmara)

No tenia mas remedio, así que tuve que hacerle caso, dejo su empeño en sacarme de allí caminando y se quedo a mi lado en silencio pensando que hacer, hasta que llegaron los médicos…

-          Túmbate aquí, por favor (me pidió una chica vestida con cierto parecido a Sindy, pero mucho más fea que ella, incluso su uniforme es menos bonito, quizás por eso le hice caso o porque sabía que, el policía no me dejaría bajar de otra forma)

Me tumbe haciéndole caso, entre ella y un fortachón, me sujetaron a la camilla mediante correas para bajarme sin problemas, en la escalera que faltaba habían colocado una rampa atada a la estructura, para que el peso se repartiera mas, luego un suelo de madera y otra rampa para bajar por las escaleras del tercer piso y desde ahí, siguieron el mismo procedimiento, hasta sacarme por la entrada principal. Suspire aliviado cuando me monte en la ambulancia, pronto iba camino para el hospital. Me hicieron una pequeña observación, me pidieron los datos y  se los di, llamaron a mis padres, así que empecé a imaginar que se iba a liar bastante gorda, no era para menos, si ese policía tenía razón y estuve cuatro meses enteros desaparecido, tanto mi persona, como mis amigos, solo que ellos no estaban despiertos para llevarse la bronca y yo sí.

No tardamos nada en llegar, pronto me fueron paseando por todo el hospital hasta llegar a la consulta de un medico, que era el que me iba a atender, la chica se fue a la recepción y mientras tanto, me dedique a ordenar mis pensamientos, además de mis recuerdos, a pensar cómo explicarlo todo, pues tendría muchas cosas que explicar, pero sobre todo, muchas cosas que no tenían explicación. Todos mis amigos fueron llegando y entrando casi directamente, para llevárselos a otras partes, intente preguntarles a los que se los llevaban, pero nadie me hizo ni caso, hasta que me toco entrar a mí.

-          ¿bueno, que te ha pasado pequeño? (Me pregunto el doctor haciéndose el simpático también)

-          ¿Qué tienen los chicos que ha atendido antes, doctor? (Pero yo no podía pensar en mi mismo, hasta saber cómo estaban mis amigos)

-          ¿a quienes te refieres, pequeño? (Este me miro intentando desentrañar mis pensamientos)

-          Ya sabe a los que han entrado en la cama, en estado inconsciente… (Yo desvié mi mirada, ya que me sentía un poco culpable, por su estado.)

-          Ah, esos chicos, están en coma, no parecen tener nada, tranquilo, así que los mantendremos en observación, no sé que les puede haber pasado para entrar en ese estado, pero creo que despertaran, aunque debo hacerles más pruebas para asegurarme. (el me giño el ojo, intentando aumentar su credibilidad, que para mí no era mucha por una razón)

-          Yo, si… (susurre, mientras que empecé a llorar, tenía que encontrar un Wecker o no despertarían jamás, incluso, quizás, llegarían a morir, no, no, no lo permitiría…me seque las lagrimas con el brazo)

-          bueno, ¿y qué le pasa, ahora? (Pregunto el doctor a la técnica de urgencias sanitaria; lo ponía en su uniforme, sino no sabría que es lo que era, encogiéndose de hombros)

-          Eran sus amigos…doctor (Le comunico la chica, viendo que el doctor no terminaba de entender la escena, aunque era obvia)

-          Ah…lo siento, siempre meto la pata, ¿quieres una piruleta? (Se veía que se sentía culpable, por haberme hecho llorar, aunque no tenia culpa de nada, solo pecaba de sinceridad, pero para mí, eso era bueno, necesitaba saberlo para confirmar, lo que ya sospechaba, mis amigos…seguían dependiendo de mi)

-          No, no quiero nada, cúreme y déjeme salir de aquí (Ahora tenía más prisa aun, por salir de aquí)

-          Antes necesito saber que te ha pasado. (Me anuncio preocupado por mi salud)

-          Me di dos golpes al caer, contra el suelo. (No tenía ganas de inventarme otra cosa, además apuesto a que iban a comprobar lo que dijera con la policía.)

-          A ver, descúbrete (El médico se puso cerca de mí, como si hiciera falta, con los golpes que tenia, pero claro, el no lo sabía.)

-          Si me desatan… (dije molesto, mirando las correas que seguían atándome desde que me bajaron de la casa de los espejos)

-          Ah perdona, con la preocupación y todas las cosas, se me ha olvidado (Se excuso la chica, de algo que no tenia excusa, menos mal que no había monstruos, porque si no, yo ya estaría muerto.)

-          A ver (Dijo el médico, mientras que se ajustaba unas gafas de pasta gorda y se inclinaba un poco, para verme mejor)

-          Aquí tiene (me quite el uniforme con gesto de dolor)

-          ¿seguro, que te has hecho eso al caer al suelo? (el nada más verlo, desencajo el gesto y luego seleccionando bien sus palabras, dijo con bastante calma)

-          Si caí inconsciente…y cuando me despertado, ya lo tenía. (era una verdad entre comillas, no podía decirle mas)

-          ¿podemos hablar un momento? (le pregunto el médico a la chica, tras haberme escuchado atentamente a mi)

-          Sí, claro doctor. (Ella asintió al doctor y se fueron a un lugar apartados, tenían el semblante serio, ambos)

Ellos hablaron susurrando, así que no podía enterarme

-          Este pequeño, no nos está contando la verdad, ¿puedes hablar con la policía, para que te digan que saben ellos?

-          Entendido, lo hare doctor

Pero me estaba impacientando, así que me decidí a interrumpir cuando ellos habían intercambiado un par de frases entre ellos.

-          ¿Qué tengo doctor? (Pregunte llamando su atención)

-          Dislocación acromioclavicular de primer grado y una separación del mismo, esto lo pueden haber provocado dos golpes y un par de costillas fisuradas, que parecen producto de un golpe frontal. (siempre he odiado cuando se ponen con jerga medica, si algo adoro de Sindy, es que siempre te dice lo que tienes, sin tapujos, es ruda, pero efectiva)

-          En Español, por favor (Esta era la típica frase que siempre les soltaba a los médicos y la repetí, para no perder la costumbre, sonreí al recordar a Sindy y al ver que aun no perdía mi esencia)

-          Pues…a simple vista el hombro derecho recibió un buen impacto hacia arriba o un gran esfuerzo, quizá un poco de ambas, por eso las células que unen el hombro con el musculo están estiradas y luego está sacado de sitio, como si algo hubiera chocado desde abajo y al frente, y hubieras intentado detenerlo con todas tus fuerzas (Recuerdo con sus palabras cuando tras el primer puñetazo, me envió contra el techo y la pared con lo primero que ha dicho, con lo segundo, recuerdo cuando intente detenerlo con la espada y salí volando hacia la otra pared, es ahí cuando empezó a dolerme todo) sin embargo, el golpe del pecho, parece un golpe frontal, que te hubiera cubierto todo el pecho (recuerdo el Kevlar y el primer golpe que me dio, su efecto es protegerte al recibir un golpe porque expande la zona de impacto, eso significa que un puñetazo de esa bestia, me hubiera matado sino lo hubiera llevado, vaya, el militar, el señor Right y su amigo, me salvaron la vida.) Pero tocando un poco, también tienes un golpe en la espalda y el brazo izquierdo también lo tienes regular, pero nada serio. (Mientras me dijo todo esto, sus ojos me escrutaban sin perder un detalle de mis gestos, ya que todas sus palabras provocaban alguna reacción, pero él no perdía la compostura, a pesar de que no era muy frecuente que alguien en este estado, no se quejara y sonriera como un idiota)

-          En otras palabras, cree que le miento, ¿no? (mi sonrisa desapareció, pero no completamente, deje una pizca, para que no pensara que estaba enfadado)

-          Yo no he dicho eso… (Se defendió el médico, devolviéndome la sonrisa, aunque la suya parecía más la típica sonrisa que se te pone, cuando mientes en la cara de alguien que sabe, que le mientes)

-          No, pero lo insinúa (Mire a la chica un segundo y el médico también lo hizo por acto reflejo, la chica nos miraba con interés sin moverse de su sitio ni hacer ningún gesto)

-          Nada más lejos…solo he puesto ejemplos, de que podría provocar estas lesiones. (Se excuso el médico)

-          Como quiera (Me encogí de hombros y pase de él, solo quería terminar esto lo más pronto posible)

-          Bueno, antes de tocarte, puede que tengas alguna lesión interna que no pueda ver desde fuera, así que te vamos a hacer unas pruebas a lo largo del día y esta noche cuando las vea, actuare en consecuencia a lo que vea (Dijo el doctor, mas hablando para sí mismo, que para mí, mientras escribía unos papeles y se los daba a la técnica)

-          Bueno, doctor me lo llevo, con permiso (Pidió permiso la chica, para llevarme mientras que, tardara en venir otra persona, un celador que me llevara por ella)

-          Hasta luego, pequeño (dijo el doctor, aun sorprendido por nuestra conversación y por diversas cosas más, que no entendía)

-          Hasta más tarde, doctor (Dije con una tranquilidad, bastante inquietante)

Estuve toda la tarde pérdida con pruebas médicas diversas pero nada, no tenía nada más, así que volví a la consulta.

-          Vaya, este es el inquietante chico, que no se queja de nada y que solo quiere salir de aquí, ¿no? (Este doctor parecía más joven que el anterior y quizás por eso, nos entenderíamos mejor)

-          Veo que su colega le ha puesto al corriente (pero no pensaba cambiar mi actitud con facilidad; me habían hecho perder un día completo por estupideces, un día que no se si, recuperaría, porque si volvía a soñar estaba muerto, no tenía armas y estaba destrozado y aun no sabía, si lo volvería a hacer)

-          ¿mi colega? No, el no ha sido, más bien fue el informe, pero, no describía con autentica realidad, la verdad. (El solo aceptaba estar sorprendido)

-          Gracias (Le agradecí, ya que esto era lo primero bueno que me decía un medico)

-          No era un piropo (Pero él no estaba dispuesto a aceptar un gracias por nada)

-          Lo sé (lo mire, para seguir mirando el techo, aun preocupado porque pasaría esta noche, no había visto a Adán, ni a Pedro, ni a mis padres)

-          Bueno, celador, déjeme ver esas pruebas (El médico le pidió las pruebas al celador)

-          Aquí tiene doctor (El celador le dio un sobre gigante y el médico empezó a mirarlos con atención)

-          Bueno, ¿Qué tengo? (pregunte para romper su concentración y que me lo dijera ya)

-          Nada, con tu permiso voy a ponerte el hombro en tu sitio, ¿quieres algo para morder o anestesia? (El se expreso con total tranquilidad, como si no fuera la primera vez que hace esto)

-          No, solo quiero una cosa (Pedí sin cambiar el gesto, ya que era importante para mí, quizás, era de vida o muerte.)

-          ¿y bien? (Dijo el médico, bastante atento a mi petición)

-          Explícame el proceso, para saber hacerlo. (dije dejándolo atónito por la cara que puso)

-          ¿por qué, piensas sacártelo de sitio, otra vez? (me miro levantando una ceja, preguntándome con ironía)

-          No…pero quiero aprender. (intente encogerme de hombros, pero no pude mover el hombro derecho y puse cara de dolor, lo había olvidado, por un momento)

-          Está bien, lo hare si me prometes algo (sonrió al ver mi gesto, pero me ofreció un trato)

-          ¿Qué? (pregunte interesado en, que me iba a pedir a cambio)

-          Siempre que puedas acudir a un medico antes de hacerlo, lo harás (seguramente quería cubrirse las espaldas delante de la enfermera que negaba con la cabeza al oírnos y el celador que nos miraba con una sonrisa, en silencio)

-          Considérelo hecho (le ofrecí la mano buena, para sellar el trato, pero él no la cogió)

-          Entonces, está bien, vamos a proceder. (negó con la cabeza haciéndome ver que no hacía falta y se preparo para proceder)

-          Si tienes que hacerlo tú con un amigo… (iba a explicarme cómo hacerlo con un amigo, pero en el otro mundo no tenía ningún amigo con el que contar, no quería meter al cura en esto y el otro no estaba en condiciones de hacerlo tampoco, estaba parado en el tiempo, así que le interrumpí.)

-          No, si estoy solo (al oír mis palabras él se extraño aun mas, pero no se negó continuo con su explicación)

-          Bueno, si estas solo es más doloroso y arriesgado, tendrás que sentarte con el cuerpo recto, poner el brazo apoyado en tus muslos y luego irlo sacando hacia la izquierda, hasta que suene crack, así de este modo, ¿ves? (me lo había explicado, contándome además los riesgos de hacerlo solo, para intentar meterme el miedo en el cuerpo y gracias a esa demostración física, ya sabía cómo hacerlo)

-          Si… ¡ah! (Pegue un grito del dolor y luego me reí pensando que en ese mundo, no podría gritar)

-          Ya esta, pero ten cuidado, al hacerlo tú solo, puedes hacerte una lesión más grave (Intente mover el brazo, pero él me lo sujeto)

-          ¿y podría usar el brazo? (asintió ante mi pregunta, ante la mirada de reproche de la enfermera…continuo con su explicación.)

-          Sí, pero corres el riesgo de que se te disloque de nuevo y destrozarte aun más el brazo, por eso te vamos a poner, una venda. (Miro a la enfermera, que empezó a recoger los materiales necesarios, para hacerlo)

-          Gracias doctor (le agradecí, si volvía a soñar, quizás me había salvado la vida)

-          De nada (Dijo él con una sonrisa, me soltó el brazo, momento que yo aproveche para comprobar si podía moverlo, con algo de cautela, podía, pero me dolía un poco)

-          No muevas el brazo, enfermera, véndeselo (la enfermera vino rápidamente)

-          Enseguida, doctor (ya estaba de camino, cuando dijo esto)

Y tal como ordeno, me vendaron el brazo entero, a la vez que la enfermera se dedicaba en cuerpo y alma a vendarme desde el brazo hasta el hombro, para inmovilizármelo entero, el me comento, los por menores de todo esto.

-          Te vamos a tener la noche aquí, si nada se complica, mañana saldrás, pero, tendrás que llevar esto al menos una o dos semanas, el otro brazo, necesitaría que te lo vendara también, pero ese bastaría con uno o dos días, ¿quieres que lo haga o lo moverás para lo más indispensable? (El doctor me proponía otro trato)

-          Eso no está bien doctor, debería vendárselo (Protesto la enfermera)

-          Cállate María (y le toco el culo a esta)

-          Ogh, que soez doctor (la chica gimió, más que otra cosa, aunque le miraba con reproche, quizás por hacerlo delante mía o quizás delante del celador)

-          Que el chaval y yo nos entendemos (termino su frase)

-          Lo moveré poco doctor (le seguí la corriente y pensaba hacerle caso, al menos, en este mundo)

-          Eso está bien, bueno, que pases buena noche, celador, puede llevárselo (Esta vez se refirió al celador y se quedo con la enfermera a solas, mientras me guiñaba un ojo)

-          Igualmente doctor (y sonreí, ante su gesto)

Al llegar a la habitación que me asignaron, estaban allí mi padre y mi madre sentados con gesto preocupado, la primera en salir corriendo hacia mí fue mi madre que se me abrazo llorando, mi padre ando con tranquilidad aunque se le notaba que tenía el gesto intranquilo y mi hermana pequeña de dos años, no estaba.

-          ¡Aish! ¡¿Mi hijo que te ha pasado?! (Se tiro mi madre encima de mi camilla, llorando a mares, impidiendo cualquier movimiento de la misma y lastimándome sin querer)

-          Agh, mama…(me queje, mientras que el celador la miraba con lastima, mi padre me miraba con seriedad, intentando arrastrar a su mujer, para evitar que me lastimara y mi madre seguía a lo suyo, intentando ahora, no lastimarme)

-          Tenga cuidado señora (Ninguno supimos realmente si se refería a conmigo o con la camilla, quizá a ambas cosas.)

-          Ah sí, lo siento, señor celador (Mi madre se quito, sin dejar de llorar y el pudo colocar la cama en su sitio)

-          Ya los dejo solos, aquí están los papeles (agarro otra cama y se la llevo)

-          Gracias (Mi padre contesto en lugar de mi madre, que había vuelto a tirarse sobre mí, pero esta vez con más cuidado)

-          En breve vendrá una mujer con las medicinas y la cena (Justo antes de salir, le comunico a mi padre, puesto que era el único que lo miraba)

-          Muchas Gracias (Volvió a repetir mi padre, sin mostrar emoción alguna, aunque el que lo conocía, sabía que estaba cabreado, por lo que había pasado y preocupado por mí.)

-          ¡¿Qué te pasa?! ¡¿Qué tienes?! ¡¿Por qué desapareciste, cuatro meses?! (Mi madre entre besos, abrazos y golpes)

-          ¡Mama! (me queje sin poder defenderme de tantas cosas a la vez)

-          Cariño, no lo atosigues a preguntas y déjalo hablar, habla, ¿por qué te escapaste? (mi padre cerró la puerta, para evitar que nos llamaran la atención por el escándalo y volvió, para agarrarme del cuello de la bata de enfermo)

-          ¡Es que estoy preocupada! ¡suéltale! (mi madre se defendió de la acusación de mi padre e hizo que me soltara)

-          ¡Todos lo estamos, pero si no lo dejas hablar, no nos enteraremos nunca! (Ahora mi padre le gritaba a mi madre, enojado por no dejarle sacar su ansiedad, conmigo.)

-          ¡Está bien, Esta bien, hijo, habla! (y ahora mi madre le gritaba a él, aunque dándole la razón)

-          Papa, Mama, no os peléis por mí, por favor, es una larga historia, pero… (En realidad no sabía que podía contarles, ¿la verdad? No me creerían, ¿la mentira? ¿Qué cuerpo resistiría sin nutrientes, cuatro meses y estaría tan tranquilo como yo? Y para colmo, los golpes que traía… nadie me creería.)

-          Tranquilo hijo, cuéntanoslo, te vamos a escuchar y no te vamos a hacer nada, solo queremos saber, saber ¿Qué paso, verdad, papa? (Mi madre miro a mi padre, buscando su apoyo)

-          Si…tu madre tiene razón, pero habla ya, de una maldita vez (Mi padre estaba rojo de rabia, estaba claro que él pensaba que me había escapado o algo así)

-          Pues… (Iba a contarles todo, cuando alguien llamo a la puerta)

-          ¡¿Quién demonios es ahora?! (protesto mi padre, mientras iba a abrir)

“¡Toc, Toc!” sonó en la puerta, parecía que nunca nos iban a dejar hablar…

Mientras tanto en otro lugar muy lejano…

Pérez señalo a Fernando y a González la espada, hablando por señales de sordo mudos, para no hacer ruido, empezaron a hablar, mientras le ordenaban con una señal obvia a Pérez, que no lo hablaba, que vigilara. Esto fue idea de Fernando, aunque era tedioso y lo evitaban siempre que pudieran hacerlo, en las misiones de rescate del campanero, había que usarlo si necesitaban hablar.

-          Esta muerto, larguémonos (Ordeno Fernando)

-          Eso no lo sabes, no hemos visto el cadáver (Protesto González)

-          Se lo habrán llevado y ya sabes que entonces hasta que sea un caminante, no lo encontraremos (Negó Fernando)

-          Sabes la norma, tú mismo la hiciste, no me hagas repetírtela. (Objeto González enfadado)

-          ¿Qué norma? ¿No volver a casa, hasta ver el cuerpo? No pienso arriesgar tres vidas por una (Declaro Fernando, enfadándose por momentos también)

-          Lárgate si quieres, no volveré hasta encontrarlo o confirmar su suerte (Se quejo González, resignándose a convencer a Fernando)

-          ¡¿Estás loco?! No pienso dejarte aquí solo, a merced de ellos (Le comunico Fernando a González)

-          Vete, no te necesito, pero recuerda, Sindy acabara contigo o saldrá ella misma a por él (Aviso a Fernando, con algo que era una verdad absoluta, que ambos sabían.)

-          … (Para Fernando, más que un aviso, por su pasado, era una amenaza y una muy real)

-          ¿Qué decides? (Pregunto González, viendo el silencio de Fernando)

-          Está bien, ¿puedes llegar allí arriba? (Pregunto Fernando a González)

-          No puedo (Se señalo el brazo, provocando la sorpresa e indignación de Fernando)

-          ¿entonces, que planeas, ponernos a quitar escombros para ver si esta aquí debajo? (Protesto este, perdiendo la calma con el «cazador recolector»)

-          No, tengo un brazo malo y por eso no puedo trepar, pero tú sí. (Comunico González, que sabía que el único de los tres que podía lograrlo ahora mismo, era Fernando.)

-          … (Fernando guardo silencio, mirando la torre, preguntándose a sí mismo, si podría)

-          Pérez y yo te cubriremos, mientras que tú subes, ¿te parece? (Comento, para darle confianza a Fernando)

-          Esto no me gusta, pero vale, a la primera señal de peligro, largaos, no os arriesguéis por mí, ¿entendido? (Pero no podían permitirse perder a tres hombres, para salvar a uno, así que les dio una orden, aunque sabía que González no la cumpliría, por eso no insistió mas, era perder tiempo, este era un cabeza hueca.)

-          Entendido (Dijo González con una sonrisa satisfecha en la cara)

Fernando no estaba nada contento con todo esto, arriesgar tres vidas por un simple, Gerwek. Todavía si fuera un Wecker lo entendería, pero aunque les hubiera salvado la vida, estaba claro que había perecido en el intento, demasiada suerte había tenido que lo había conseguido, había conseguido equipo y lo había logrado, pero las bestias fueron demasiadas para él, un pobre chico sin conocimiento de nada, sin buen equipo, además de sin entrenamiento y se cargaron el campanario, con el dentro. La suerte se acaba…era un héroe, eso debería ser suficiente para los demás, para Fernando lo era, ¿por qué para los demás no? Eran idiotas hasta la medula.

González saco su machete y hacia pequeñas guardias de seis segundos aproximados hacia cada dirección cardinal, mirando hacia alrededor para no perderse nada de lo que pasaba a su alrededor, Pérez apuntaba con la ballesta, inquieto, hacia todos lados y se giraba de forma brusca, sobre todo si escuchaba algún ruido, cosa muy típica, ya que aunque cerca nuestro no había ninguno, estábamos rodeados de ellos a diversas distancias. Fernando, miro a Pérez negando con la cabeza, suspiro al ver como González lo miraba vigilándole de vez en cuando, saco el cuchillo de combate, decidido a acabar pronto y empezó a pisar escombros siendo lo más sigiloso que le permitía ser el terreno.

Detrás suyo cayo uno de estos seres gritando, Fernando le corto el cuello y este cayo, una vez en el suelo, inmediatamente fue rematado por este, pero ese grito, había alertado a algunos más, cuatro más cayeron por la zona, González, se encargo de uno en silencio y Pérez mato a otro, pero los jadeos de este atrajeron a los otros dos hacia él, entonces lo entendió, traer a Pérez, fue un error, no sabía ser invisible para estas criaturas, cuando se ponía nervioso. Tiro su cuchillo al suelo, atrayendo a uno de ellos, saco el fusil y disparo en la cabeza del otro, salvando a Pérez, que estaba recargando su ballesta sin darse cuenta, que uno de ellos se le acercaba por detrás. Guardo el fusil, recogió el cuchillo y antes de que el “escuchador” le atacase, le clavo el cuchillo desde el mentón, acabo con su vida, pero lo remato por si acaso y ahora que las cosas se habían calmado, siguió avanzando hacia arriba. Pérez recogió la flecha y González, miro hacia alrededor, viendo como la presencia de ellos, se había aumentado un poco más en los alrededores de la plaza.

Llego hasta la puerta de entrada, compruebo con un vistazo que Pérez y González estén bien, lo están, la estancia esta medio derrumbada, pero los coches han sujetado el techo de la primera planta a media altura, así que arrastrándome puedo llegar hasta las escaleras que siguen en pie a medias por esta parte. Paso por las escaleras haciendo un poco de equilibrio, esta zona está intacta y veo que hay una sala, totalmente destrozada, pero no parece haber ninguno de ellos, aunque el techo esta agujereado. En la puerta ponía sala de reuniones, al salir a otra zona, las escaleras solo estaban a la izquierda y no estaban unidas a esta, la pared derecha de esta zona estaba totalmente caída, pero no podía pararse a mirar a los chicos, tuvo que correr por la pared izquierda y luego suavemente posarse por las escaleras, miro hacia abajo, realmente sería difícil bajar a alguien herido por ahí, si lo encontraba.

Por la siguiente planta, la habitación estaba totalmente derrumbada y las paredes estaban en pie, pero las escaleras estaban totalmente caídas, salte sobre la pared izquierda, luego sobre la derecha, sentí como la pared cedía ante mi pie, me sujete con ambas manos, di una voltereta y salte otra vez sobre la pared izquierda cayendo en la siguiente zona de escaleras, estaba jadeando, hacia mucho que no hacia estas cosas y aunque más o menos me mantenía, no era lo mismo, que cuando comencé hace diez años a hacer estas cosas. La pared cediendo había hecho ruido y escucho ruido de batalla abajo, quiso cubrirles pero desde aquí, no alcanza ver a muchos, disparo una, dos, tres veces y aunque espero un poco, no llego a ver ninguno mas, a pesar de que la batalla abajo continuaba. Cuando la batalla acabo, sin saber si sus amigos estaban muertos o no, continuo, subió una planta entera, hasta que vio una zona donde solo la pared había cedido y pudo mirarlos, respiro aliviado al ver que ambos estaban con vida, conto diez cadáveres nuevos, las escaleras comenzaron a crujir, así que siguió subiendo.

La penúltima planta, las escaleras habían caído por completo, solo había pequeños salientes, salto a uno, luego al otro, quedando colgado y salto hasta unas escaleras que tuve que ir caminando con las manos mientras las escaleras al poner la mano se desmoronaban. Seguí haciéndolo hasta que, encontré una escalera solida, me subí con dificultad, las escaleras crujieron y clave el cuchillo en una grieta de la pared interior de las escaleras, justo antes de que las escaleras cedieran del todo. Me quede hay colgado, negando con la cabeza, aun no podía entender porque hacer esto, por ese «novato desconocido con suerte». Me balancee, por la pared hasta alcanzar las escaleras de nuevo.

Al fin, estaba en suelo firme de nuevo, pero estaba molesto, había tenido que dejar el cuchillo allí, en esa pared clavado. Cogí uno de lanzar en su lugar, no muy contento con el cambio, pero era lo que tenia, seguí subiendo hasta llegar a la masacre, había varios muebles agujereados y varios cuerpos esparcidos por doquier e incluso taponando la entrada, tendría que quitarlos para pasar… No podía dejar de asombrarme por esto, no podía ni imaginar, lo que había pasado aquí, pero no parecía algo hecho por una sola persona, y menos por ese tío, al tipo que esperaba encontrar aquí, no creía que fuera capaz de hacer esto, al menos el solo.

Mientras tanto abajo, con cada ruido que hacia Fernando trepando, llegaban mas de ellos, algunos nuevos, otros heridos y se iban acercando más a su alrededor. Pérez poco a poco, se iba haciendo a matarlos, con cada batalla se calmaba un poco mas y estaba más alerta, primero tuvimos que vencer a catorce, que llegaron cuando Fernando hecho media pared abajo, con las peripecias que hacía para subir hacia arriba. Pérez, mato al primero con la ballesta, mientras que lo cubría con el cuchillo de uno que se le acerco por detrás, matándolo y rematándolo con facilidad desde su lateral. Luego mato a un segundo con su virote, mientras que recargaba, uno de los que venía último, cayó con un tiro en la cabeza, Fernando después de todo, hacia su trabajo de francotirador.

Mientras que un tercer virote era disparado, otras dos balas habían acabado con el nuevo último y penúltimo de la fila. Ya la mitad habían caído, mientras que recargaba, lo cubrí de dos de ellos me metí entre ellos, gire con el cuchillo haciéndoles cortes superficiales y rodé, hacia un lado, provocando que se golpearan mutuamente, no duraría mucho, pero era una buena distracción, que funciono. Otros tres cayeron al fondo por disparos, mientras que Pérez acababa con el suyo con un cuarto virote y a la vez, me encargue con el cuchillo del otro. Quedaban dos en pie, Pérez recargo su ballesta y disparo un quinto virote, tras eso pase a cuchillo al otro, hacíamos buen equipo, entre los tres.

Algunos ruidos sonaban en la torre del campanario, pero apenas eran audibles, con el resto de ruidos de la zona. Vinieron uno o dos más, pero Pérez se encargo de ellos, con relativa facilidad.

Mientras tanto en otro lugar…Al abrir la puerta el padre de Carlos, se encontró con dos policías en la puerta.

-          ¿si, que quieren? (pregunto enfadado mi padre)

-          Buenas, somos de la policía nacional y un compañero de la local que no está de servicio, ¿podemos hacerle algunas preguntas a su hijo? (Pregunto el policía más alto, aunque era una pregunta retorica, que no buscaba contestación)

-          Sí, claro, pasen…aunque aun no nos ha dado tiempo de hablar con él (Se quejo mi padre, arto de escusas de los médicos)

-          Tranquilos, solo serán unos minutos de su tiempo (Contesto de nuevo el más alto, pasando hacia dentro)

-          Vale, cariño, déjalos trabajar (mi padre se dirigió a mi madre y la sujeto, alejándola de mi)

-          Sí, claro, ¿podemos estar presentes? (Pregunto mi madre, que quería escucharlo todo)

-          Si, quédense, pero no interrumpan, por favor. (Comunico el mas gordito de los tres)

-          Hola, chico, ¿Cómo estás? (Me parecía el policía de esta mañana, solo que venía sin uniforme)

-          Hola, ¿eres el agente de esta mañana, no? (Pregunte para cerciorarme)

-          Si, buena memoria, ¿Cómo sigues? (Pregunto haciéndose otra vez el simpático)

-          Pues aquí sigo… (Dije sin poder moverme en absoluto, a pesar de querer hacerlo)

-          Me alegro de verte, ¿Qué tenias? (Pregunto pareciendo preocupado de verdad, aunque su sonrisa no desapareció de su cara)

-          Un golpe en el pecho, en la espalda, en el brazo izquierdo, el hombro sacado de sitio y con los tendones estirados o algo así. (Dije sin darle importancia)

-          Uf…vaya, eso será difícil de soportar, ¿Qué estas con calmantes, no? (Estaba convencido de que estaba drogado, para soportar el dolor)

-          No es tan grave, he visto heridas peores, que va, aun no tome nada. (Vi su cara sorprendida por mis palabras, mis padres se horrorizaron al oír lo que tenia y aun seguían así, los otros simplemente ni se inmutaron)

-          Bueno, mis compañeros te quieren hacer unas preguntas, ¿te importa? (Tras un sonido hecho adrede con la garganta, parecido a lo que haces cuando necesitas toser y no lo haces, el policía de esta mañana recordó que sus compañeros tenían prisa)

-          Sí, pero da igual, me las van a hacer igual, ¿no? (Deje atónitos a todos con mi respuesta, pero no me tomaron en serio, al fin y al cabo, para ellos, solo era un niño, ahora que fui adulto, podía entender eso, un poco mas.)

-          No nos queda otra, eres el único que está despierto de tus amigos (Me dijo el policía gordo, como excusa por sus acciones)

-          No el único (Dije ganando todas las miradas sobre mí, de todos y el gesto de los policías interrogando a que me refería)

-          ¿Cómo? (Pregunto el alto, retomando la conversación)

-          Adán Iglesias, compañero de mi clase vino con nosotros, pero se marcho antes de llegar a arriba del todo, el podrá corroborar mi historia. (Anuncie con una sonrisa sorprendiendo a todos)

-          ¿Cómo sabes que está despierto? (Me pregunto el alto)

-          Porque se marcho antes de empezar todo (Volví a tener las ganas de encoger los hombros pero me resistí)

-          ¿Y cómo sabes que necesitamos corroborarla? (Pregunto el gordo)

-          Es obvio, están aquí, porque no se la creen (Mire a mis padres, a mi madre se la veía preocupada y mi padre sonreía orgulloso de mi, por las respuestas que le daba a los policías, aunque se le notaba la rabia y la preocupación contenidas.)

-          No, te equivocas, solo necesitamos saber toda la historia. (Se defendió el gordo)

-          Entonces, busquen asiento porque esto va para largo. (Les anuncie)

-          Estamos bien así… (Dijo el alto)

-          Pues yo si acepto tu idea chico (y se sentó, antes que el gordo que miraba la silla con deseo)

Y sin más, les conté todo lo que paso hace cuatro meses con todo lujo de detalles, como si hubiera pasado ayer, porque casi, para mi paso ayer, quitando el par de días que pase en el sueño, si es que eso cuenta,  los policías apuntaban cosas, mis padres me miraban atentamente, casi sin pestañear y el que me recogió esta mañana, sentado igual que mi madre, miraba a sus compañeros, los que le devolvían la mirada de vez en cuando y se hacían gestos, que no llegaba a entender, pero nadie me interrumpió hasta que acabe.

-          ¿estás seguro de que eso paso, así? (Pregunto el alto, con cara de incredulidad, esa cara empezó a ponérsele sobre todo, cuando conté la ultima parte, tal cual paso, no se me ocurrió otra escusa, para caer inconscientes)

-          Hasta la última parte de la historia (Mirándolo fijamente, el desvió la mirada hacia sus compañeros y hecho una risita)

-          ¿no estabais tomando, sustancias estupefacientes o alcohol? (Pregunto el gordo, creyendo que eso sería una explicación más acertada)

-          ¿estupe, que? (Pregunte haciéndome el tonto, aunque sabia claramente a que se referían, soy joven, no inculto)

-          Drogas (Aclaro el alto, tras mirar a mis padres, como disculpa)

-          No, no tomamos de eso. (Dije mirando a ambos, un poco enojado, mis padres dieron un suspiro aliviados casi a la par, el policía no perdió la sonrisa ni un momento y sus compañeros se miraban entre ellos, incrédulos)

-          ¿y qué paso con ese tal Pedro? (Pregunto el gordo, más atento a los detalles, que a la historia en sí)

-          No lo sé, se largo y nos dejo allí tirados. (otra vez me tuve que contener para no mover los hombros, me mordí el labio en señal de ansiedad)

-          ¿Pedro, que? (Pregunto el alto con intención de apuntarlo)

-          Pedro Jadu (Comente, sin problemas, quería que lo encontraran, para hablar con el también)

-          ¿Jadu? (Pregunto extrañado, el gordo)

-          Si, el es de un sitio muy lejano (me excuse, aunque de donde fuera no era un problema para mí, eso era su problema)

-          ¿de dónde? (Volvió a preguntar el gordo)

-          No lo sé, nunca lo conto (lo mire, ya que era el que llevaba la conversación ahora y me estaban cansando sus preguntas)

-          ¿no lo conto, cuánto tiempo fueron amigos?

-          ¿amigos? Yo no soy amigo de él, lo conocimos al llegar a clases, el se acerco a nosotros (Ahora lo entendí todo, todo lo que hizo no fue casualidad, venia buscándonos a nosotros, ¿pero para qué? Esa era la pregunta)

-          Gracias, pero ¿Qué paso en estos cuatro meses en blanco? (Pregunto esta vez el alto, ya que no les había hablado de eso)

-          No lo sé, caí inconsciente ese día que les he dicho y me desperté ahí, esta mañana. (Esto era todo lo sincero que podía ser, no podía contar lo demás, ni siquiera estaba seguro aun, de que fuera real.)

-          ¿y esos golpes? (Pregunto el gordo, al que no se le escapaba una, sino fuera por su lamentable estado de forma física, diría que era buen poli)

-          Ni idea (volví a contestar, ya que no podía excusarme de ninguna forma creíble)

-          Está bien, gracias por todo, nosotros nos vamos, les mantendremos en contacto cuando sepamos algo. (Se despidieron de mis padres)

-          ¿chico, estás seguro, que no tienes nada más que contar? (Pregunto el de esta mañana, que parecía querer quedarse a hablar conmigo, pero las miradas silenciosas de mis padres sobre su persona, lo incomodaron, se le noto)

-          Totalmente seguro (Confirme, sin dudas)

-          Está bien, que te mejores, ya nos veremos. (Se despidió apresuradamente)

-          Gracias, hasta pronto, entonces. (Me despedí de él)

Mi padre cerró la puerta tras ellos y cuando dio un paso para volver hacia nosotros, para empezar a hablar entre nosotros en privado, llamaron a la puerta otra vez. La cara descompuesta de mi padre me hizo gracia, provocando una mirada de reproche de mi madre, que corto mi risa y mi padre echando chispas abrió otra vez.

-          ¡¿Quién demonios es ahora?! (Pregunto abriendo con rapidez y bastante furioso)

-          Perdone, le traigo la comida y las pastillas, pero si quiere vuelvo en otro momento (Respondió asustada la enfermera que tenía un cierto parecido a Sindy)

-          ¡No! Tengo hambre… (Pedí, asustado de que la chica hablara en serio)

-          Pase, señorita, no le haga caso a mi marido. (Se excuso mi madre)

-          ¿Cómo está el enfermo? (Pregunto muy amablemente la enfermera)

-          Bien (Leí su nombre en la típica tarjetita en la bata ¿era Sindy, lo que ponía?)

-          Entonces no te importara que me lleve la medicina, ¿verdad? (Bromeo la chica, pensando que estaría suplicando o llorando, para que el dolor acabara pronto)

-          No la necesito (Le dije bastante tranquilo, dejando pasmados a todos)

-          ¿Qué dices, niño? Déjela aquí, por favor (Mi madre me miro con gesto extraño)

-          Si, tome, señora (La enfermera le sonrió a mi madre, un poco desconcertada, por mi respuesta)

-          ¿y la comida? (Pregunto la enfermera, probándome en eso también)

-          La comida si déjala, me muero de hambre. (le dije, provocando la sonrisa de todos)

-          Que coma y se tome la pastilla, luego podrán hablar. (Sonrió la chica, dándole las instrucciones del médico)

-          Vale, está bien, le haremos caso, enfermera. (Contesto mi padre, cruzado de brazos, impaciente porque se fuera, no porque ella molestara, sino porque evitaba que hablaran conmigo en familia)

-          Hasta luego, señores. (Se despidió la chica)

-          Hasta luego (Dijeron mis padres al unisonó)

-          Hasta luego, Sindy (Le dije, aunque recordaba a la Sindy apocalíptica)

-          ¿Sindy? No, amigo, Sandra (Me puse colorado al oír que me había equivocado)

-          Ah disculpa, leí mal. (Me disculpe, aun avergonzado)

-          No importa, buenas noches (Me disculpo ella, acariciándome el pelo)

-          Buenas noches (Me despedí de ella)

Cuando la chica cerró la puerta, no pude evitar sonreír, por la tonta equivocación que había tenido. Mi madre me preparo la bandeja, mientras sonreía por verme coqueteando con la enfermera, agarre la cuchara con la mano medio mala que me dejaron libre, pero al verlo, mi madre me dio un golpecito en la mano.

-          ¿Qué crees que estás haciendo? Te voy a dar de comer (Era otra pregunta retorica, que no deseaba ser contestada)

-          ¡venga mama!, que ya soy mayor (Proteste, aunque ya sabía que iba a ser sin éxito)

-          ¡De eso nada! Tu siempre serás mi niño pequeño, calla y come (Protesto mi madre casi llorando)

-          Vale, tú come, pero ahora me vas a escuchar… (Dijo mi padre en un claro aviso, de lo que se me venia encima)

Ya sabía que no me iba a librar del sermón de mi padre, lo que me extrañaba era la reacción de mi madre, muy contraria a lo que hubiera sido normalmente.

-          ¿Qué es esa tontería de los espejos volando, un espejo que no refleja, un libro que brilla, humo rojo saliendo del cuerpo, escudo de energía, espejos explotando y ojos brillando en azul, además de voces de ultratumba o cantos gregorianos, un libro mágico? (Protesto mi padre, fuera de sí)

-          ¿Cómo? (Pregunte un poco a la defensiva, aunque creía que no se lo iban a creer, no tenía nada más que contar y esa era la verdad)

-          No, como no, conozco bastante a mi hijo para saber cuándo oculta algo, cuéntanos la historia completa y sin mentiras o te vas a pasar castigado la vida entera (Amenazo mi padre)

-          No me vais a creer (Dije, con ganas de llorar de la frustración y la rabia que sentía en este momento)

-          Pruébanos (Dijo mi madre, apoyando a mi padre)

-          Somos tus padres y lo intentaremos. (Añadió mi padre)

Pese a la insistencia de mis padres, no tenía mucho que contar, apenas si entendía nada, pero mientras que comía lo intente, total, no tenía más remedio que hacerlo, entre cucharada y cucharada, luego me tome las pastillas y mis padres terminaron de oír pacientemente la historia, mientras que me entraba sueño, un sueño que no podía resistir, los ojos se me cerraron, el cuerpo dejo de responderme y pronto, los gritos de mis padres preocupados fueron latentes, hasta hacerse un simple eco, que iba perdiendo potencia, con cada repetición, hasta convertirse en nada.


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