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Fecha: 05-Dic-16 « Anterior | Siguiente » en Hetero: General

Mi nueva dieta sexual

olivenza
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Como después de mucho buscar, llegué a encontrar mi verdadera tendencia sexual y me gustó. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Hola, me llamo Francisco. Soy un hombre de 32 años bien parecido, el cual hasta ahora había ido teniendo una vida de lo más normal. Actualmente estoy sin pareja, aunque hace ya un tiempo estuve saliendo unos tres años con una joven muy guapa, la cual al final acabó dejándome y aún hoy sigo sin saber porque lo hizo, ya que no me dio ningún tipo de explicaciones al respecto. Lo que sí sé, es que desde ese día no he vuelto a tener ninguna otra relación seria.

La historia que a continuación voy a contaros me ocurrió no hace mucho, cuando un día como siempre, fui a coger el metro para ir al trabajo. Dicho día no sé porque, el andén estaba abarrotado de gente, cosa que ahora no es nada habitual, ya que como sabéis cada dos minutos más o menos llega uno. Pero según iba oyendo desde que llegué, se ve que el anterior convoy se había averiado y por eso se había aglutinado allí más gente de lo normal. Así que una vez informado aún sin preguntar, decidí esperar a que llegase el próximo metro.

A mi alrededor había gente de todo tipo, aunque yo más que nada me fijé tan solo en una chica muy guapa que estaba a mi lado con una faldita bastante corta y un cuerpo de infarto. Para mí, todos los demás pasaron desapercibidos, por lo que traté de seguir junto a ella durante todo el tiempo que tardó en llegar el metro y hasta que fuimos subiendo a él como pudimos. Una vez dentro íbamos como las sardinas, recordando a aquellos tiempos de los años setenta. Solo se veían cabezas y cuerpos pegados unos a otros sin ningún poder de reacción.

Yo aún tuve suerte y justo delante de mí me tocó la chica de la faldita corta, la cual aún sin pretenderlo, me estaba ofreciendo sus sorprendentes y redondeadas nalgas que yo recibía con gusto aún sin buscarlo justo detrás de ella. Mis manos al igual que las suyas, habían quedado aprisionadas en la parte de arriba, por lo que se podía ver que no había ninguna mala intención por ningún lado, aunque en cada frenazo del conductor, mi entrepierna se fuera clavando sin remedio cada vez más en su culo. No obstante debido a la situación nadie protestaba y nadie decía nada. Tan solo en una ocasión escuché a alguien disculpándose con el típico “lo siento” pero nada más. Yo estaba tan ensimismado con aquella chica que no me di cuenta de que justo detrás de mí, tenía a un fornido hombretón que no paraba de restregarse a mí en cada frenada. Él disimuladamente miraba al techo, pero yo cada vez iba sintiendo en mi trasero todo el bulto de su entrepierna. Para mí la situación era muy incómoda, al igual que lo debía de ser para la joven de delante, pero no era cuestión de armar allí un espectáculo de puritanismo, así que seguí aguantando como pude y esperé a que fuesen pasando las paradas. Esa sensación trasera jamás la había sentido y la verdad es que me estaba poniendo muy cachondo y a la vez me daba qué pensar. Por un lado yo trataba por todos los medios de colocar mi polla entre la raja de las nalgas de aquella chica, pero por otro, no paraba de pensar en el morbo que me estaba suponiendo el estar sintiendo por primera vez una polla y unos huevos entre mis virginales nalgas y más aún cuando cada vez la iba notando más dura y más grande apretándose contra mí.

Al final no sabía qué me estaba proporcionando más placer, aunque poco a poco sin querer, mi cuerpo se iba arqueando hacia atrás como para facilitarle aún más la tarea a aquél desconocido. Así pasamos unas cuantas paradas aprovechando cualquier frenazo para restregar nuestras respectivas pollas lo más posible. Por mi parte yo tenía la mía a punto de estallar y su tamaño era ya más que considerable, y eso a esas alturas, ya no se podía disimular. La chica de delante también tenía que notarla, aunque seguía sin decir nada, y es más, creo que todo aquello hasta le estaba gustando ya que a veces hacía unos movimientos raros como queriendo acoplársela mejor entre sus nalgas. Por el contrario, por mi parte trasera todo era diferente, ya que aquél tío dejó de disimular y constantemente iba friccionando y clavándome a lo bestia toda su polla, la cual, por lo que podía llegar a notar, parecía tenerla bastante grande allí entre mis redondeadas nalgas.

Después, conforme fueron pasando las paradas, poco a poco el vagón se fue vaciando y todo volvió a la normalidad. Yo me puse en un rincón que quedó vacío y desde allí, seguí divisando la situación. Mi polla aún tenía una gran erección por lo que trataba de tapármela con el periódico como podía. Luego empecé a buscar con la mirada a mis dos compañeros de viaje. Así pude ver que la joven seguía todavía allí y estaba agarrada a una de las barras del metro. Entonces intenté cruzar nuestras miradas pero ella hizo todo lo posible porque no fuera así, quizás debido a la vergüenza que debería de estar pasando. Por el contrario aquél tío era él quien intentaba que yo le mirase, y aunque traté de evitarlo varias veces, en una de ellas coincidimos y ni corto ni perezoso, me envió una insinuación de beso con sus labios. Luego comprendí que le debían de gustar los hombres, pero yo me sentí muy incómodo ante aquella situación, y más aún cuando tocándose el paquete, me hizo ver el gran bulto que aún tenía bajo el pantalón, fruto de los continuos frotamientos que se había dado anteriormente entre mis nalgas. La verdad es que era una sensación nueva para mí y me sentía muy mal, por eso, decidí bajarme antes de tiempo para dar por finalizada aquella rara situación. Una vez salí al exterior, fui todo el camino pensando en lo ocurrido, porque la verdad es que me sentía muy raro.

Yo jamás me había interesado por los hombres y mucho menos me hubiera dejado toquetear de esa manera por ninguno. Luego durante mi jornada laboral, traté de olvidarlo todo, y al terminar, decidí irme directamente para mi casa. Una vez en ella me dispuse como siempre a darme una ducha rápida y fue entonces cuando al quitarme la ropa y verme en el espejo la polla y los huevos, cuando volvió a mi mente todo lo ocurrido anteriormente. A partir de ahí, empecé a mirármela y a tocármela como nunca lo había hecho, quizás porque lo que estaba haciendo era imaginarme que aquella polla no era realmente la mía, si no la de aquél tipo que tanto gusto me había dado. Entonces al momento tuve una brutal erección, así que sin pensármelo dos veces me metí en la ducha y allí, bajo los chorros del agua, me puse a masturbarme como un loco hasta que logre correrme por completo y vacié toda la leche que llevaba almacenada dentro de mí. Luego me puse a cenar algo ligerillo, y al terminar decidí irme a la cama ya que pensé que por ese día ya estaba bien de emociones.

Después fue pasando el tiempo y ya casi ni me acordaba de todo lo ocurrido. No obstante lo que sí fui notando es que algunas de mis aficiones sí que habían ido cambiando, sobre todo cuando llegaba a casa y al final me ponía frente al ordenador, ya que antes solía escuchar primero algo de música, para después acabar viendo alguna película porno en la cual salieran cuantas más tías buenas mejor y finalizar como siempre masturbándome mientras veía algunas escenas de ella, y ahora, desde que un día me dio por entrar en una de esas páginas destinadas más bien al mundo gay, en la cual, en vez de tías buenas salen tíos cachas con unos miembros descomunales, no hago más que ver eso, atraído quizás por el morbo que me aporta y pensando también en lo que pude haberme perdido aquel día en el metro. Yo creía haberlo ya superado, pero en algún momento volvía a mi mente, y aunque no era una obsesión, quería saber si aún disfrutaría con una chica, así que un día me compré un diario deportivo y en la página de contactos, vi un anuncio muy sugerente y explícito, en el cual una joven ponía: “Lo hago todo”… Y su número de teléfono. Así que la llamé, y una vez nos pusimos de acuerdo y me dio su dirección, me puse en camino. Durante el trayecto me sentía muy nervioso ya que a parte de mi novia, yo no lo había hecho con nadie más, y jamás me había ido de putas, por eso no sabía si iba a saber estar a la altura, pero aun así, tenía que intentarlo.

Al llegar al lugar piqué en un timbre de color rojo y salió a recibirme una bonita joven con muy poquita ropa. Nos saludamos y seguidamente me llevó a una habitación, la cual tenía una luz roja muy tenue y allí, tras un ligero estriptis que me hizo para quitarse el resto de la ropa, empezamos enseguida a follar. Entonces me di cuenta de que todo aquello era muy programado y que parecía que lo estuviese haciendo con un robot sin ningún tipo de sentimientos. Además no me dejaba que le diese besos en la boca, tan solo por el cuerpo, aunque después de todo, lo bueno es que en el terreno sexual era también como una máquina, incansable en todo momento, por lo que creo que en general, se ganó muy bien su dinero.

Durante el tiempo que pasamos allí hicimos de todo, aunque yo en lo que más disfruté con ella fue cuando después de pedírselo y de pagarle algo más, me dejó que se la metiera por el culo y que descargase toda mi leche en su apretado orificio. Entonces volví a revivir mis nuevas fantasías y me puse a imaginar que aquello que había hecho no había sido con una mujer, si no con un hombre, aunque al acabar, me diera cuenta de que me faltaba algo, y eso me dio todavía más que pensar. Temía que sin saberlo me hubiese convertido en un bisexual, ya que en ese preciso momento, me habría encantado que a continuación me hubiesen metido a mí también una buena polla en el culo y se hubieran corrido dentro de él. Así que una vez se acabó todo, salí de allí igual o peor de lo que había llegado, por lo que pensé que tenía que seguir buscando una solución rápida a mi problema para disipar de una vez por todas, cualquier tipo de dudas. Y así fueron pasando los días mientras que yo seguía haciéndome a mí mismo, todo tipo de pruebas con la gente de al alrededor.

Así, cuando iba en el metro o sencillamente por la calle, disimuladamente les iba mirando el culo y las tetas a todas las tías, y el paquete y el culo a todos los tíos, y la verdad es que cuando miraba a las tías, me ponía enseguida a cien por hora, y en cambio al hacer lo mismo con los tíos, sentía tan solo el morbo de querer probar algo nuevo, pero nunca me ponía cachondo, e incluso me repugnaba el pensar de tener que hacérmelo con alguno. O sea que homosexual por lo menos sabía que no era, así que seguí buscando alternativas, hasta que un día casi sin querer, creí haber encontrado la solución a mi problema, y fue en una página de internet de transexuales donde descubrí todo un mundo nuevo y diferente para mí que me pareció la gloria. Allí se podía ver a chicas con cuerpos esculturales y con unas tetas enormes, además de tener entre sus  piernas unas pollas grandísimas como jamás las había visto. Eso me dio una idea para intentar satisfacer mi curiosidad, así que empecé a investigar, y un día después de mucho meditarlo, me decidí a probar.

Para ello llamé a un anuncio muy sensual, el cual decía que era una chica de ébano, con mucho pecho y muy femenina, aunque con 22 centímetros entre sus piernas. Como veis, el menú no podía ser más sugerente para mí, así que me dirigí a la dirección que ponía y una vez llegué, tragué saliva, me relajé, y sobre todo me conciencié de lo que estaba a punto de hacer. Después, una vez que vi que ya no había marcha atrás, llamé al timbre y subí a su apartamento. En esta ocasión al llegar me recibió una joven negrita  preciosa y muy educada, con una ropa muy ajustada, para así hacer realzar mejor su figura. La verdad es que de no saber lo que escondía entre sus piernas, yo la veía como toda una mujer, preciosa y muy fina. Después tras presentarnos, me preguntó si era mi primera vez, y al contestarle que sí, me dijo que no pasaba nada. Que me relajase y que tan solo me dejase llevar. Luego me ofreció una copa y así, entre risas y bromas fuimos rompiendo el hielo del principio. Poco a poco me fui animando y empecé a tocarla ya que ella me dejaba hacer, a la vez que ella también me iba tocando a mí. Al rato cuando vio que ya me tenía lo suficiente caliente, empezó a acariciarme y a besarme el pecho para después seguir bajando por mi vientre hasta llegar a mi polla, la cual estaba ya a punto de reventar bajo el pantalón. Entonces me la sacó como pudo y empezó a darle unos ligeros masajes, para continuar haciéndome una estupenda paja.

Después dejó al descubierto sus grandes tetas y yo, al ver todo aquello, me abalancé sobre ella y empecé a besárselas y a chuparle aquellos abultados pezones que le sobresalían. Por su parte ella había empezado ya a hacerme la mejor mamada que jamás me habían hecho hasta entonces. La verdad es que todo aquello era maravilloso, pero yo lo que tenía en mi mente en todo momento, era el poder ver y tocar de una vez aquella gran polla con la que se anunciaba. Por eso, empecé a acariciarle por toda aquella zona e intenté varias veces tocársela bajo la falda, pero ella muy pícara me lo impidió. Entonces se levantó y empezó a hacerme un estriptis como en su día me hizo aquella tía, aunque con la diferencia de que ahora existía el morbo de la novedad. Sus movimientos eran muy sexis y poco a poco se iba quitando toda la ropa, la cual iba tirando hacia donde yo me encontraba.

Entonces, cuando tan solo le faltaba ya el tanga, se puso de espaldas a mí y mirándome por encima del hombro en plan provocativo, empezó a bajárselo poco a poco. Una vez lo hizo, aparecieron ante mí dos preciosas nalgas redondeadas y tal vez bien apretadas, de un color ébano de ensueño. Después, sin dejar de mirarme, se fue dando la vuelta muy despacio y mi sorpresa fue mayúscula cuando por fin, pude contemplar todo el arsenal que guardaba. Tenía una polla realmente muy grande, y además iba acompañada de unos huevos que le colgaban a todo lo largo de sus piernas como si fuesen unos badajos de campana. A continuación me preguntó qué me parecía, y debido a los nervios y a la sorpresa, no pude ni mediar palabra. Lo que sí hice fue quedarme inmóvil por un momento, así que ella, cogiendo mi mano bajo la suya, me la llevó hasta allí y empezó a acariciar y a presionar su polla, para que yo pudiese sentirla mucho mejor. Entonces hizo que la abarcase con mis dedos, y así junto a ella, comencé a hacerle suavemente unos movimientos de arriba abajo, hasta acabar pajeándola yo solo.

Poco a poco aquello me fue poniendo muy caliente y mi polla no paraba de crecer, por lo que al darse ella cuenta, volvió a chupármela de nuevo, quizás para lubricarla mejor, y a continuación se dio la vuelta y con sus nalgas levantadas y a cuatro patas, me ofreció su redondo y depilado orificio que yo, por primera vez, iba a tratar de perforar. Después me dijo que se lo fuese lamiendo hasta que notase que mi lengua se iba poco a poco introduciendo fácilmente en él, y así lo hice. Yo, aún sin saber nada de ese mundillo, empecé primero con unos tímidos y delicados besos en sus nalgas para después con la lengua ir haciéndole unos pequeños círculos alrededor de toda su aureola. A continuación me dijo que le introdujese uno de mis dedos y que empezara con un mete y saca continuo hasta que lograse meterle dos. Yo así lo hice, y una vez lo conseguí, parecía ser que aquello era la señal para saber que ya estaba en su punto para la penetración. Por lo tanto, como seguía empalmado todavía, le puse la punta de mi polla en la entrada de su culo, y con cuidado se la fui clavando, sintiendo el mayor placer que hasta entonces había sentido. Luego empecé a bombear dentro de él como un loco y fuimos cambiando de posición varias veces, hasta que por fin, sin poder aguantarme más, se la saqué y disparé toda mi leche en sus abultadas y redondeadas nalgas de ébano, las cuales contrastaban aún más con los chorretones de esperma que habían caído sobre ellas. Luego nos fuimos a asear y ella, de una forma muy insinuante me preguntó si quería continuar con la segunda parte del programa. Entonces yo, aunque no sabía muy bien a qué se refería, como aún seguía muy caliente, le contesté que sí.

Entonces tomándome de la mano me comentó que estuviese tranquilo, y me llevó otra vez a la habitación. Una vez allí me hizo poner de rodillas frente a ella. Luego me dijo que cerrase los ojos porque quería que probase algo nuevo y muy especial que tenía preparado solo para mí, y que iba a ser toda una sorpresa. Yo, en ese momento empecé a sospechar pero aun así la dejé hacer. Entonces tras ir haciendo lo que me pedía, empecé a ponerme muy nervioso y notaba como me temblaba todo el cuerpo, quizás porque si era lo que yo pensaba, por fin iba a poder probar una verdadera polla, y así fue, ya que al momento, sentí sobre mis labios cerrados una cosa muy suave y a la vez muy calentita, que iba restregándose por ellos. En ese momento pensé que si eso me hubiese ocurrido hace un tiempo, estaba seguro de que no hubiese aceptado el juego y mis labios habrían hecho todo lo posible para que aquella cosa no entrase en mi boca, pero ahora, después de todo lo que me había ocurrido, no ofrecían ningún tipo de resistencia, y es más, poco a poco debido a la presión recibida, iban abriéndose solos para que así pudiese ir entrando toda la cabeza de aquella estupenda polla.

Después fue profundizando poco a poco en ella hasta notar que me topaba ya en la garganta. Entonces empezó a bombear dentro de mi boca y yo sentía como que me iba a ahogar. Entonces abrí los ojos y pude ver como aun teniendo toda aquella polla llenándome la boca, aun le faltaba un buen trozo por entrar, el cual se aguantaba ella con una mano, ya que la otra la tenía detrás de mi nuca, para de ese modo, dirigir mejor sus embestidas.

Así nos pasamos un buen rato. Tanto que ya me dolía hasta la boca de tanto chupar y recibir. Entonces con su polla tiesa como un mástil delante de mí, me preguntó si quería probar que me diera por el culo. Yo sí que quería y lo estaba deseando desde que había llegado, pero viendo aquella cosa tan grande, no creía que fuera a caberme dentro de mi hasta ahora virginal culo. No obstante me dijo que no me asustase, ya que ella era toda una profesional e intentaría hacerme el menor daño posible. Dijo también que con paciencia y buen lubricante todo era posible. Entonces me comentó que aunque al principio por ser primerizo pudiese sentir un poco de dolor, enseguida se transformaría en un mundo de placer para mí. Así, al oír aquellas palabras, aún me puse más caliente y sin pensármelo más, me fui hacia la cama y me puse a cuatro patas justo al borde. Ella entonces no quiso perder la ocasión y antes de que yo cambiase de opinión, empezó desde atrás a besarme las  nalgas, así como las partes internas de los muslos. Después me las fue separando hasta dejar al descubierto todo mi culo. Luego empezó a lamérmelo a la vez que iba dibujando en él, pequeños circulitos siguiendo mi oscura aureola.

Solo con eso ya me estaba volviendo loco de placer y ella se dio cuenta. Así que continuó trabajándome con su lengua y poco a poco me la iba clavando en la entrada de mi pequeño orificio. Increíblemente notaba como mi esfínter se iba dilatando, y sin ningún esfuerzo ni dolor, sentía como iba penetrando en mí. A continuación cambió su lengua por uno de sus dedos, empezando también como yo con un mete y saca que acabó por hacerme desfallecer de placer, y más aún cuando sentí que me metía los dos. Entonces me aconsejó que me relajase y que mientras tanto me fuese pajeando suavemente. Naturalmente yo le hice caso, y aquella sensación era increíble. Luego con sus dedos aún dentro de mi culo, se acercó a mi oreja y me susurró que había llegado por fin mi gran momento. Aquellas palabras para mí sonaron a gloria bendita y más aún cuando de pronto noté que retiró sus dedos y sentí justo en la entrada de mi culo, aquella polla tan deseada por mí queriendo entrar. Yo no sabía qué hacer en esos casos, pero instintivamente empecé a realizar unos movimientos rotativos con mis nalgas, los cuales vi que iban facilitándole la labor.

La verdad es que sí que era una buena profesional, y os puedo asegurar que casi no sentí ningún tipo de dolor, y eso que ya sentía sus huevos como chocaban una y otra vez contra mis nalgas. Luego, tras un bombeo frenético y continuo, seguí masturbándome ahora ya con más energía, mientras ella me cogía por la cintura para atraerme más hacia su cuerpo. Después me hizo cambiar de posición y yo me quedé tumbado de espaldas al borde de la cama con las piernas bien abiertas. Entonces me continuó penetrando una y otra vez por mi muy abierto culo, y quiso seguir ella haciéndome la paja que yo ya había empezado antes. Mientras tanto yo le iba tocando sus abultadas tetas y viendo aquél panorama era  el no va más del sexo para mí.

Después empecé a sentir que aquello llegaba a su fin, tras las convulsiones que ya le iba notando. En una de ellas intentó sacarme la polla del culo, pero yo le pedí que por favor no lo hiciera y que se corriera dentro, ya que quería sentir toda su leche caliente dentro de él. Y así lo hizo. Cuando le llegó el momento, me disparó toda la leche que tenía y yo empecé a notar como incluso me resbalaba ya por mis muslos una vez que me la sacó. Yo por mi parte, tras los movimientos cada vez más rápidos que ella me iba haciendo en la polla, acabé corriéndome otra vez, dejando todo mi abdomen también lleno de leche. Aquello era una maravilla. Por un lado me sentía la persona más feliz del mundo en ese momento, y por otro, la duda seguía todavía en mi cabeza.

Después, una vez que todo acabó, nos despedimos con un suave beso en la boca, no sin antes haberme ofrecido sus servicios para cualquier otra ocasión. Entonces dejé ir pasando el tiempo y poco a poco fui recapacitando sobre todo lo ocurrido. De momento sabía que no era homosexual, ni tampoco bisexual, ya que para nada me gustaban los hombres y jamás me lo haría con ninguno de ellos. Así que debía de ser tan solo un tío vicioso, al que le gustaban un montón las mujeres y que de vez en cuando tenía la necesidad de probar y sentir una buena polla dentro de su culo, pero tan solo por el placer tan bueno que se siente al hacerlo. Por eso me había encantado aquel día hacerlo con aquella transexual, ya que era como si lo estuviese haciendo con una verdadera mujer, debido a su feminidad tan acrecentada. Eso me dio que pensar en que podrían haber otras alternativas a mi problema, y un día, también casi sin quererlo, encontré una página en internet en la cual descubrí una palabra hasta entonces desconocida para mí. Dicha palabra fue “strapon”, la cual es una modalidad del sexo que consiste en hacer el amor con una chica para después acabar ella con un arnés en la cintura del que sobresale una gran polla de silicona, la cual acaba clavándosela una y otra vez en el culo del tío.

A partir de ver eso, mi forma de actuar ha ido cambiando. Ahora voy a ligar a las discotecas muy asiduamente y como no tengo mucho problema para hacerlo porque de físico estoy bastante bien, suelo conseguirlo casi siempre. Entonces cuando lo hago, intento todo el rato ir allanando el terreno y a la vez me voy informando si ella tiene como yo, una mente abierta al sexo para pasárselo bien. Entonces cuando creo haberla encontrado, suelo llevarla a mi casa y una vez allí, intentamos los dos pasárnoslo en grande. Yo me suelo entregar a hacerle de todo a ella, cosa que según dicen lo hago bastante bien y suelo dejarlas muy satisfechas. Eso también cuenta después a la hora de plantearles lo del strapon. Hasta ahora ninguna se me ha negado, y creo que es porque quieren devolverme todo el placer que yo antes les he dado a ellas. Para ello y para culminar bien la faena, cierto día me compré un buen arnés como los de las películas, con una buena polla sobresaliendo de él, el cual hago que se pongan todas ellas, y hasta ahora ninguna ha protestado. Creo incluso que al final hasta les gusta sentirse poderosas ante mí con todo eso entre las piernas y mandando en la situación. Se nota que disfrutan metiendo y sacando esa rígida polla sin parar en mi culo hasta chocar con sus preciosos muslos en mis nalgas.

No obstante lo que hasta ahora no he conseguido de ninguna de ellas, es que me lo besen y me lo chupen con su lengua, como me hizo aquél día la transexual. Al final, mi experiencia de todo esto es que ellas ponen mucha más fuerza y energía en sus embestidas, pero lo que sentí con la transexual fue muy diferente y quizás aún más bueno, posiblemente debido a la realidad de su polla, por lo que no descarto el volver a llamarla algún día. De todas formas,  creo que por fin he encontrado mi sitio en el mundo del sexo. Así que cuando me apetezca lo haré de una forma o de otra, y al no hacer daño a nadie ya que todo es acordado previamente y ya somos mayorcitos, pues así seguiré hasta que me lo pida el cuerpo.

Según dicen los profesionales en la dieta mediterránea hay que comer de todo: carne, pescado, etc. Y eso es lo que hasta ahora voy haciendo. Y si por fin he encontrado el aliño que realmente le faltaban a mis platos pues…¡Mejor, que mejor ¡

FIN


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