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Fecha: 10-Dic-16 « Anterior | Siguiente » en Grandes Series

Mundo Paralelo 8

Darek Defens
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Todos están en el refugio excepto González, que pasa la noche a la intemperie en el sitio más peligroso de Cádiz, posiblemente, sin embargo, no será fácil salvarle la vida al sacerdote y Carlos parece estar más grave de lo que inicialmente parecía, que planea Fernando, ¿por qué encierra a la japo? Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Mundo Paralelo 8

            Abrí los ojos por un ruido, no sé en qué momento me quede dormido pero era ya muy de noche, me había tapado con una bandera del Cádiz en los asientos de detrás del coche, para que no se me viera. No me quise mover, para no descubrirme, aunque el coche tenia los cristales de detrás tintados, podía ser descubierto si me movía, mire desde allí, lo que la oscuridad, además del pequeño hueco me permitía ver y vi a alguno pasando, pero no me pareció nada sospechoso. No me gustaba dormir tan cerca de un nido, porque podría haber problemas…pero, no me había quedado más remedio esta vez que hacerlo. Aun recuerdo la primera vez que descubrí un nido…

Fue hace casi cinco años…

Todavía nos iban bien las cosas y este día en particular, estaba siendo fenomenal. Íbamos Sindy, Fernando, Alfonso, Javier, Luis, Jaime, Manon, María del mar, Andrés  y yo. Éramos buenos, me atrevería a decir que los mejores, se nos subieron los humos y la cagamos, la fastidiamos, metimos la pata hasta el fondo y ninguno de nosotros, de los que quedamos vivos, pudo quedar impasible ante esto, ni siquiera la dura, valiente y fría Sindy.

Estábamos en la zona de la alameda, entrabamos por parejas, Sindy y Fernando entraron en una casa que parecía cargada de muebles que se podían desarmar para trabajos varios en el refugio, Alfonso y María del mar, su amante de este momento, en este ultimo año en el que nos fuimos conociendo todos paulatinamente, era la número trece, un número muy acertado, si nos ponemos a pensar en lo que paso luego. Estos dos entraron en un restaurante en el que creíamos podría haber comida, Javier, Luis y Jaime, se quedaron fuera cubriéndonos las espaldas y haciendo ruidos para desviar a las criaturas que se nos acercaran, teníamos casi ilimitada la reservas de petardos, así que era fácil, se quedaban tres por si aparecía un esqueleto, un observador o un alas cortantes, además eran los mejores armados, para ese cometido, hasta ahora en este grupo, ni siquiera había habido un herido, sin embargo llevábamos mas de mil muertos, más bien sería justo decir, que a los mil, habíamos dejado de contar.

Pero, Manon, junto conmigo, teníamos la peor misión de todas, pero éramos los mejores de los mejores, que podía fallar, nada, debería haber fallado, nada absolutamente, nada. Íbamos mas lejos que los demás, con peor equipo con ellos y aunque esta misión normalmente la hacían dos parejas, nos habíamos atrevido a hacerlo solos, así que dimos la vuelta a la manzana y entramos por un edificio, frente al nido de estas cosas y todo iba bien, empezamos a sacar agua del pozo, llenamos dos garrafas de veinticinco litros y otras diez de cinco litros. Manon tenía un pequeño presentimiento, me lo dijo esta mañana en la cama, pero no quise escucharla, en realidad fue culpa mía, todo lo que paso aquel día, era el líder del equipo, al fin y al cabo.

-          Príncipe, he tenido un mal presentimiento hoy, prométeme que solo iremos a por la mitad de agua (Ella tenía un precioso, acento francés y era muy gestual con su cara, siempre me miraba coloraba y se le ponía una sonrisa de tonta, al escuchar mi voz, tan cerca de ella)

-          Manon, sabes muy bien que llevamos un par de días pasando sed y que con los cien litros de agua que les traemos, tenemos para casi todo el mes. No podemos traerles la mitad, así solo nos tendremos que arriesgar dos veces al mes, en lugar de una. (A mi me pareció lo más razonable del mundo, si nos la jugábamos una vez, era más probable que nos pasara algo si nos la jugábamos dos veces, que una, malditas probabilidades.)

-          Debe haber algún método diferente, cariño (En este momento no lo vi, pero ella tenia razón)

-          Está bien, cuando volvamos de la misión de hoy, prometo buscar otro método, ¿te parece? (Ella puso su carita de ángel, aunque estaba descontenta por mis palabras, ella siempre estaba de acuerdo conmigo, nunca me llevaba la contraria) Reuniré al consejo e intentare buscar otra solución. (En realidad le dije esto para que se quedara contenta, no pensaba cambiar algo que llevaba funcionando bien un año entero, era un hombre de costumbres)

-          Vale… ¿pero y si pasa algo, hoy? (ella no paraba de acariciarme, desde el primer día en que nos conocimos, se sintió deslumbrada por mí, pero lo que nunca supo, es que ella también me había deslumbrado a mi)

-          Tranquila, todo irá bien (Solo intentaba que estuviera tranquila, aportarle seguridad, le agarre el mentón y uní mis labios a los suyos, aun recordaba, como paso nuestro primer beso…)

A ella la rescatamos de un avión que se estrello en la plaza del ayuntamiento, todos discutían que hacer con eso, pero no estaba dispuesto a esperar, ya que si esperábamos mucho tiempo en ir, solo rescataríamos ruinas y cadáveres, así que me escape de la base, me enfrente a todo bicho viviente peligroso y entre dentro a pesar de las llamas, no con facilidad registre todo el avión con la dificultad que la estructura del avión, era golpeada por ellos muchas veces, haciéndome perder el equilibrio o desequilibrándome, incluso tuve que enfrentarme a algún caminante que se había despertado, pero al acercarme a ella, sentí algo extraño, algo tan poderoso, que casi podría asegurar, que si hubiera sido un caminante, me hubiera dejado morder por ella, atándome a ella, para caminar junto a ella toda la vida.

Pero por fortuna despertó y tras unas suaves, además de lindas palabras pronunciadas en un fluido Francés del que no me entere nada, me beso, antes de perder el conocimiento de nuevo, tras eso, no volvió a besarme hasta meses después en su primera misión, en la que ya hablaba Español y en la que conseguí que me contara lo que significaba esa frase que me dijo, había pensado que era un ángel, así que me dijo: “gracias mi ángel” y me beso.

Estuve un mes vigilado después de escaparme, pero ahora puedo decir, que solo por un beso mas con ella, mereció la pena.

-          ¿me lo prometes? (Sus palabras me sacaron de mis pensamientos)

-          Te lo prometo (Desde ese momento aprendí a no hacer mas, nunca más, una promesa)

Cuando llevábamos cincuenta litros exactos, ella me abrazo y miro hacia fuera, pidiéndome con su mirada, además de sus temblores, que saliéramos de allí, con la mirada, pero no la hice caso, cuando llenamos la ultima botella, esperamos a los demás pero no llegaron, así que le hice un gesto de que me esperara de aquí y lo que vi al salir me helo la sangre. Nuestros compañeros estaban en la esquina, casi habían llegado hasta aquí, pero estaban agarrados por escuchadores, cada uno tenía a tres escuchadores agarrándoles y tapándoles la boca, pero eso no era lo peor, delante de ellos había…un humano de piel celeste con garras en las manos, que parecía hablar con ellos, con los monstruos y más tarde con los humanos, parecía preguntarles cosas, pero no hablaban. En ese momento Fernando, nos miro para que huyéramos, pero el hombre azul, nos miro y empezó a dar órdenes, tanto a los que había allí, como a los que no.

Empecé a encargarme de todos los que me mando a mí, hasta que tuve que retroceder, pero cuando volví a dentro, Manon, no estaba. Me volví loco y empecé a luchar salvajemente hasta que me quede completamente solo, agotado, herido y sin munición. La busque por todas partes olvidándome de los demás, del agua, registre todo el barrio y nada, tras un mes, en el que los demás venían a buscarme para convencerme de volver y yo me negaba. Cuando volví al refugio me entere, que todos habían desaparecido o muerto, excepto Sindy y Fernando, todo fue una maldita trampa, del monstruo azul, según dijeron estos dos, les pregunto muchas cosas, entre ellas, las más importantes: “¿donde os escondéis?” “¿Dónde está la francesa?” y por ultimo… “¿Por qué no os rendís?” Intente en repetidas ocasiones atentar contra el nido, incluso entrar a buscarle, pero de todos los que quedamos en mi grupo, «los mejores», fui el único que siguió saliendo fuera, así que nunca fui capaz de lograr mis planes, el tenia el control de todas sus criaturas y siempre me ganaba, quizás ahora con un Wecker, el resultado cambie. Pues aun hoy, algunas noches de luna llena, me parece oír sus gritos llamándome en la oscuridad y el silencio de la noche.

Además, lo más fuerte de todo esto, lo peor de todo esto, fue que…Un par de días después los monstruos encontraron nuestro refugio en Diputación, entraron en un ataque secreto y bien organizado en el que mataron a la mitad de los supervivientes, la mitad del agua hubiera bastado…Manon, que razón tenias.

Abrí los ojos de par en par, me había sumido tanto en mis pensamientos que había ignorado, el amanecer y los primeros rayos de luz, me llegaban ya, me destape con cautela y me asome con cuidado para ver cómo estaba el panorama, para intentar ver sin que me vieran.

-          Maldito cobarde asqueroso…tus horas están contadas (Fue un susurro amenazante que no llego a salir de mis labios prácticamente, pero si hubiera tenido el valor de decirlo, lo hubiera hecho.)

Mientras tanto al llegar nuestros amigos al refugio…

-          Pues, explícate, idiota (Sindy se cruzo de brazos, sin mirar si quiera los dos cuerpos o a la chica, que traía otro cuerpo, solo dio un paso más hacia el)

-          Aléjate y te explico…por favor (Pérez, empezó a arrastrarse hacia atrás, como si fuera un observador y fuera a matarle, suplicando que le dejara espacio para huir, si fuera necesario, cuando su espalda dio en la pared, poniéndolo aun más nervioso)

-          ¡Encima me pones condiciones! (Sindy estaba fuera de sí, dio un paso hacia Pérez) ¡¿Es que no te das cuenta?! (Parecía estar preocupada por algo del pasado, más que del presente) ¡¡No podemos perder a nadie más!! (Las lagrimas corrían las mejillas de Sindy) ¡¡¡Donde están todos!!! (Ahora si miro, a la chica y el suelo, buscando alguna cara conocido a parte de la de Pérez) ¡¿Dónde?! (Había ido paso a paso acercándose hasta Pérez, ahora lo cogió por el cuello y lo levanto en peso, preparo el puño y…)

-          ¡Basta! Deja al chico en paz, ha cumplido su trabajo, nos ha guiado hasta el refugio (Protesto Ryoko, deteniendo el puño de Sindy y evitando que esta le dejara ambos ojos morados) y si vas a golpearle, golpéale en el mismo, mejor tener un ojo doblemente morado, que los dos, así no verá nada y no servirá de nada. (Sonrió Ryoko, soltando una broma, aunque por un momento, viendo la indecisión de Sindy, pensó que le iba a hacer caso y que lo iba a golpear de nuevo en el mismo ojo.)

Sindy, soltó a Pérez, que se acurruco en la esquina a llorar, con las piernas encogidas, se había pasado con el chico, sus nervios la habían traicionado, no estaba bien, no desde que hace cinco años, cambio su vida, tragando saliva y reteniendo sus lágrimas…

-          ¿Qué paso y tu quien eres?

-          Te contare la historia, pero primero este religioso, está perdiendo mucha sangre y mi compañero, Marcos, se ha desmayado y no sé qué le pasa. Ese es un Tajata, no necesita cuidados

-          Pérez

-          ¿S-si?

-          Esto…lo siento, ¿puedes poner al Tajata en su sitio?

-          No pasa nada… Ahora mismo lo pongo, no te preocupes

-          ¿Puedes llevar a tu amigo a la enfermería?

-          Si me guías si, llevo haciéndolo todo el camino

-          Vale, pues sígueme

Sindy cogió al sacerdote en brazos y empezó a correr, demostrando la forma física excelente que tenia esta chica, aunque ya había sido demostrada cuando levanto a Pérez, un tipo alto, con una mano contra la pared. La enfermera, iba tan rápida, que me costó horrores seguir su paso y llegue a la enfermería, expulsando el corazón y los pulmones por la boca, entre ella y un medico, empezaron a atender al sacerdote, pero todas las camas estaban llenas, parecía que no daban abasto, había enfermos en el suelo, en esta habitación olía a muerte, iba a salir de aquí, antes de que viera nada raro, pero Sindy me llamo.

-          Chica del kimono, necesito que me ayudes si quieres salvar a tu amigo.

-          Claro, ¿qué tengo que hacer?

Tras al menos una hora de trabajo, en el que Sindy y el doctor, intentaban salvar al cura, a la vez que intente diagnosticar lo que le pasaba a Marcos, el doctor se queda con todos los enfermos al oír a los centinelas decir que vienen dos más, por la puerta principal. Dejo todo lo que estoy haciendo con el corazón acelerado, va a contención que está enfrente, caminando con paso apresurado, seguida de cerca por la chica nueva, que lo mira todo y al ver allí, delante a Fernando y al chico de doce años, con un cuerpazo de treinta, no puedo evitar perder el control de mi misma y tirarme sobre el chico, a darle un fuerte abrazo y algunos besos en el cuello, cachete y en el resto de la cara, incluso alguno sin querer en la boca al grito, de:

-          ¡Estás vivo! (Nunca pensé que ver al chico nuevo con vida, me iba a alegrar tanto, pero su reacción no fue la que me esperaba)

El chico soltó un quejido de dolor y entonces lo solté rápidamente, con gesto asustado, intente ayudarle a levantarse con ambas manos, pero el gesto de dolor, me hizo pensar que no estaba tan bien como lo parecía.

-          No te quedes ahí parado, ayúdame a llevarlo a la enfermería (Pidió Sindy a Fernando, aunque era más bien una orden, que un pedido)

-          Voy (Contesto este con molestia, pero sin atreverse a mostrarla, frente a esta)

-          Me lo trajiste muy herido (Protesto Sindy)

-          No te quejes, al menos está vivo (Este se encogió de hombros, como si no le importara)

-          No hablen de mi, como si no estuviera, estoy bien, salven al cura. (Proteste a la vez que pedí que lo salvaran, el me ayudo, me cargue su barrera, todo esto es culpa mía)

-          Con él está el doctor, de mientras te salvare a ti (Sindy me hablaba a mí con una extraña dulzura que no empleaba con los demás, me hacía sentir incomodo cuando le hablaba mal a los demás)

A pesar de mis reticencias, Sindy trasporto a otro chico de la camilla al suelo, con la escusa de que estaba muerto

-          Tranquilo, está muerto (Se excuso ante la mirada de reproche que le puse)

-          Sindy, no estoy muerto (Tosió el otro chico)

-          Oh, cállate (Se quejo esta, mirando para otro lado)

-          Pero… (Se iba a quejar este, pero fue interrumpido por ella)

-          Shhh te dije cállate, estás muerto y los muertos no hablan (Le guiño el ojo, para que le siguiera la corriente)

-          Que ánimos me das… (Pero el chico no estaba de ánimos para una broma y mucho menos si le quitaban la cama con ella)

-          ¿Qué te duele? (Ella empezó a ignorar sus quejas que continuaban en un sonido bajito, para volver a mirarme, con una mirada más dulce a mi)

-          Todo, pero estoy bien (tuve la tentación de mover los hombros, pero recordé el dolor y no lo hice)

-          Tú también cállate, te voy a mirar bien, así que desnúdate. (Me pidió sin darle mayor importancia a lo que me había pedido)

-          Pero… (Iba a protestar, pero ella miro hacia un lado, suspirando, para volver a mirarme)

-          Oh vamos, ya te vi desnudo, ¿Quién te crees que te puso el pijama medico la primera vez? (Y entonces se explico con claridad, confesándome, que ya me había visto desnudo, antes que me viera, a mí mismo, incluso.)

-          Vale… (No me quedaban excusas, así que lleno de dolor, me empecé a desnudar, ella le tiraba la ropa sobre el chico como si no existiera, que volvió a quejarse…)

-          ¡eh! Que sigo aquí abajo (el chico protesto con razón)

-          Ah, perdón, perdón, lo había olvidado (y entonces, ella recogió la ropa sin perder detalle de mi cuerpo y la puso en otro lado)

 Espero a que me quitara todo y una vez me tumbe en la camilla, ella se centro en mi, para empezar a atenderme como una loca, preocupada o más bien aterrorizada, para saber que me pasaba. Tras ver mi estado, me pregunto que había pasado en el campanario y Fernando, nos interrumpió.

-          Espera, prefiero que lo cuente todo delante del Sénior, González, de ti y de mi. (Estaba claro que quería enterarse de todo)

-          ¿y dónde está González? (Pregunto, preocupada)

-          ¿no ha vuelto? (Pregunto ahora él, preocupado)

-          ¡No!, ¡¡maldita sea!! (Grito ella, mirándole con odio, pensando que le podría haber pasado algo)

-          ¿no? Tengo que ir a por él (Hice el amago de levantarme, pero además de fallarme los brazos, mis costillas me dieron un pinchazo y la cara de dolor fue notable, por todos)

-          No, tú no vas a ninguna parte, te voy a traer tu cena y vas a dormirte, González sabe cuidarse solito, algo que tú no sabes. (Ella me trataba como un inútil y como un niño pequeño, odiaba eso, empezaba a odiarlo)

-          ¡eh! ¿Estoy vivo, no? (Proteste)

-          Sí, pero mira en qué estado y además es gracias a Fernando, Pérez, González y esta mujer… (Me enumero a cuanta gente le debía la vida, mientras pensaba “gracias por recordármelo” me sentía un inútil por culpa de ella, había hecho una proeza y como me recibían, ¿Cómo a un héroe? ¡No! Como a un inútil que no sabe hacer nada…)

-          Ryoko (Añadió su nombre a la lista, aunque más bien, era ella la que me debía su vida a mí y no al revés, no dije nada.)

-          Eso, Ryoko (Me miro Sindy, con una sonrisa de superioridad en la cara)

-          Se te ha olvidado alguien (Gruñí de dolor, molesto)

-          ¿Quién? (Levanto una ceja incrédula o quizás por su sonrisita, satisfecha de que la lista fuera más grande todavía)

-          El cura también me ayudo (Lo señale con la mirada, me dolían demasiado ambos brazos como para moverlo y ahora que me había enfriado, todo dolía demasiado)

-          ¡Doctor, salve a ese hombre! (Esto sí que fue una orden, me hizo gracia como a mí a todos los que estaban conscientes para darse cuenta, ¿desde cuándo la enfermera, era la que le daba las órdenes al doctor? Lo sé, desde que el mundo se volvió del revés.)

-          Lo intento, pero necesito sangre (Hablo alarmado, el doctor)

-          Coja de la mía (Me ofrecí, así saldaría mi deuda con él, al menos una de las dos)

-          No sabemos si eres compatible y no tenemos forma de averiguarlo (aviso el doctor)

-          ¿si no le mete sangre va a morir, igualmente? (Pero tenía que saber si era la última opción o no)

-          Si, sin duda alguna (El doctor sabía que si no ocurría un milagro, incluso con sangre nueva, sería difícil que este hombre sobreviviera, necesitaba un milagro, para hacerlo)

-          Métale la mía (Lo había decidido, era lo único que podía hacer, para intentar salvarlo, al menos)

-          No, tu ya has perdido demasiada sangre (Intento evitarlo Sindy, con gesto preocupado)

-          No perdí sangre, solo la que escupí, déjame hacerlo por favor, no me hagas sentirme más inútil (Le suplique, que me dejara hacerlo, necesitaba hacerlo, para no sentirme peor, de lo que Fernando me había hecho sentir, de lo que ella me hizo sentir diciéndome un inútil y enumerando la lista de la gente a la que le debía mi vida, a algunos, como González, por partida doble)

-          Está bien, hazlo. (Sindy entendió mi sufrimiento interno y aunque no estaba de acuerdo en que estuviera en posición de donar sangre, nadie más se iba a ofrecer para un pobre infeliz, que nadie conocía)

El Doctor mando a Sindy a sacarme sangre, pero eso fue todo lo que pude soportar por hoy, la vista se me nublo y el sueño me atrapo…

-          ¿Chico? ¡¿Chico?! ¡Doctor, ha perdido la consciencia! (Casi había acabado de sacarle sangre, al ver que pierde la consciencia, paro inmediatamente, pero el doctor me anima a continuar, con un gesto)

-          Tranquila Sindy, ahora le pego un vistazo, métele esa sangre al sacerdote y recemos porque no la expulse, seguramente solo está dormido o inconsciente, esta aventura para él ha llegado más lejos de lo que podía soportar, su cuerpo. (El doctor se pone serio, cosa que no hace nunca, por eso lo dejo a cargo de él y me voy a cuidar al otro, si es importante para el chico, es importante para mí.)

Sindy se dedico a cuidar al sacerdote y a todos los demás ahora, el médico Tras el vistazo a Carlos y tan solo, los que estaban cerca, que éramos Fernando y Ryoko, además de Sindy que se lo dijo después…

-          Increíble, este chico ha estado luchando ahí afuera, con un hombro dislocado puesto en su sitio de manera temporal, que casi lo ha hecho al nivel de un medico, un brazo ligeramente lastimado y en la costilla número cinco y número siete de cada lado, tiene dos pequeñas fisuras. (Y eso solo con la vista, este doctor era un fuera de serie en lo suyo)

-          ¿sobrevivirá, doctor? (Pregunto preocupado Fernando, por primera vez)

-          Sí, claro que si Fernando, solo necesita que le enyese este brazo y hombro, que le vende este brazo y reposo (El médico parecía bastante tranquilo)

-          Entonces me voy, tengo cosas que enseñarle al Sénior (Señalo su maleta, con una sonrisa pequeña, hacía tiempo que no sonreía así)

-          ¿adónde vas? (Intercepto Sindy, antes de que saliera de la enfermería)

-          A hablar con el Sénior (La miro sin pestañear, borrando la sonrisa de su cara)

-          Llévate a Ryoko (Le pidió a Fernando, ya que no le gustaba tener a alguien, en la enfermería, que no estuviera enfermo, mucho tiempo)

-          No, gracias, prefiero estar con Marcos (Se excuso la chica, aunque realmente lo que le pasaba es que Fernando, no le daba buena espina)

-          No sabemos lo que tardara en despertarse, mejor que te asignen cuarto, y esas cosas, ¿vale? (Sonrió simpática Sindy, para sorpresa de la nueva chica)

-          Vale… (Aunque, no muy convencida, no le quedaba otra que aceptar)

-          Sígueme, Ryoko (Fernando ni se paró a mirarla)

-          Está bien, Fernando. (Pero Ryoko aunque observándolo todo a su paso, no perdía de vista a este)

Pérez, hizo su trabajo con el Tajata y más tarde se encerró en su cuarto a llorar, frente la mirada atónita de sus compañeros, hasta que se quedo dormido, Ryoko fue encerrada en un cuarto contra su voluntad, por Fernando. Este la engaño, le mostro el cuarto y antes de que saliera, la encerró y cerro con llave, luego Fernando fue a hablar con el Sénior, para enseñarle la maleta y contarle lo que sabía desde su punto de vista, ya que quería ser el primero en ser escuchado. Y por su parte Sindy y el doctor, no descansaron en toda la noche.

Mientras tanto, la mente de Carlos, estaba en otra parte, bueno, en realidad la mente de todos estaba en otra parte, pero, la de Carlos estaba infinitamente más lejos.


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