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Fecha: 12-Dic-16 « Anterior | Siguiente » en Sexo con maduras

Viaje de trabajo, trabajo idílico.

CARTUZ
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No hay que renegar de viajar, aunque sea por trabajo, ya que pueden deparar situaciones, que siempre queden en el recuerdo y lo que digo siempre se “conoce” gente. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

“TODO AMANTE ES UN SOLDADO EN GUERRA”

(Publio OVIDIO Nasón, poeta romano)

 

Era curioso o a mí me lo parecía. Giordana era la primera mujer que se me cruzaba en mi vida. Que, por decirlo de alguna manera, “asimiló” perfectamente lo que había pasado, con lo que deseaba, no se apreciaba en ella el menor atisbo de preocupación, duda o remordimiento. Y explicare el motivo por el que digo esto. El domingo después de llevar a Sabino al aeropuerto, que lo hicimos los dos juntos, regresábamos en el coche iba conduciendo ella.

-No hay mejor momento para hablar que este, porque si lo hacemos en la casa, nos liamos al final y no podemos hacerlo tranquilamente.

-Que melodramática estas sonando. (Así me lo pareció)

-No es melodramática, que va. Es que quiero decir lo que pienso de lo que ha pasado en estos últimos tiempos. Y espero que tu hagas lo mismo.

-Tu di lo que quieras decir y yo ya veré que hago.

-Tengo 44 años, me ha aumentado el ego y la autoestima mucho, sentirme deseada por un hombre, que además es guapo, está bien y me ha entendido desde el minuto uno. Aunque no lo creas, Sabino y yo ahora no discutimos. He realizado varias fantasías que tenía y lo de Paulette… uufffff…

- ¿Qué pasa con lo de Paulette?

-Me temblaba todo de lo nerviosa que estaba. Pero no puedo describir como me sentí seduciéndola. Porque fue algo enigmático. En mis fantasías me veía capaz, pero has sido mucho mejor.

-Me alegro de que te sintieras tan bien y que acertaras al elegir, tenías toda la razón.

-Te preguntaras a que viene todo esto. ¿Quieres saberlo?

-Dime lo que tú quieras que sepa.

-Nadie lo sabe, ni mi marido. Siempre fantaseaba con ser una puta, zorra, perra… sumisa, llámalo como quieras. Me gusta como lo has conseguido tú. Me ha excitado tanto seducir a Paulette, que ahora mismo haría lo mismo con las otras o con cualquiera que nos gustara, fuera conocida o desconocida. Solo de pensarlo me mojo toda. ¿Te asusto? ¿Qué opinas?

-No me asustas y pienso… que lo vamos a pasar… de vicio y nunca mejor dicho.

-Me alegra oírte decir eso y ya que esta todo claro… ¿Quién desea mi señor que sea la próxima? ¿Milena, Mariola o Cokkie?

-Jajaja… me parece que he creado una “monstrua” Jajaja…

-Jajaja… la culpa la tiene el cornudo de mi marido en un 20% y tú en un 80 %, el por meterme esas ideas en la cabeza y tú por follar como follas.

-Te equivocas en los porcentajes, entre tu marido y yo no llegamos al 1% el 99,999% lo tienes tú por lo cachonda y puta que eres, que lo llevas dentro.

-Jajaja… lo que tú digas, pero quiero que como dices tú y me encanta oírtelo decir, le “ROMPAS” el culo a todas y con mi ayuda… como me pone pensarlo… Uuuhhhmmm…

Oírla hablar así y ver el perfil de su cara como estaba disfrutando solo de pensarlo, me puso la polla a tope. Me gustaba que fuera tan decidida y que tuviera tan clara las cosas. Volví a la pregunta que me había hecho de quien podía ser la próxima. Le dije que como se le había dado muy bien, que eligiera ella. Pero le dije que a Milena la veía con muchas ganas, pero que no sabía si con ella también. Confirmándome Giordana que la veía la más resuelta, la más decidida… la más caliente. Según llegábamos a la casa que yo ya iba pensando, en lo que iba pensando, me empecé a encontrar mal, como mareado, con el estómago revuelto, pero creí que sería algo pasajero. En poco tiempo me puse muy mal, vomitando y me salieron como unos ronchones en la piel.

Nos acercamos a un hospital y según me explico Giordana, no era nada importante. Algo que había comido que me seno mal. Me mandaron dieta blanda, un día de descanso y un antihistamínico. Pasé una mala noche y me dormí prácticamente cuando se levantó Giordana para ir a trabajar. A las diez de la mañana, me despertó la señora que limpiaba la casa, porque estaba llamándome Giordana que era urgente. Me incorpore rápido, porque debía ser más que urgente para que ella me despertara sabiendo la noche que había pasado. Resultaba que habían llamado de la central y tenía que estar al día siguiente a las doce allí para una reunión.

Giordana como no consiguió enterarse de porque tanta urgencia. Llamo a Sabino y le pregunto. Pasado un tiempo el, la volvió a llamar y le pregunto si yo había tenido algún problema con una visita extranjera. Ella le dijo que no creía y él le dijo, que lo que fuera era por esa visita. A la cabeza me vino las “pequeñas” diferencias con el famoso Don Camilo.

Aunque no me encontraba en un buen momento. Después de descansar un poco más, fui al trabajo y con mi gente preparamos un buen informe, que seguro que al día siguiente me haría mucha falta. Porque pensé que el que envié no había sido suficiente. Antes de salir al día siguiente, Giordana preocupada me dijo que en el momento que supiese algo la llamase.

A las doce estaba allí. Nos reunimos y yo estaba a la expectativa, con mis carpetas preparadas. Me felicitaron por el informe técnico detallado que había enviado. En ese momento ya estaba perdido. Resumiendo, y por lo que yo deduje, lo que les interesaba era adentrarse en ese mercado. Esa empresa en un principio parecía que tenía la infraestructura y era lo que a pesar de que técnicamente no era destacable. Yo seguía sin entender las más de dos horas que llevábamos allí hablando del tema. Hasta que resolvieron la incógnita. Teníamos que ir dos equipos a Bogotá. Uno que analizaría las cuentas de la empresa y otro que analizaría lo que era la parte técnica (Medios e infraestructura) y de este último me tocaba encargarme a mí, porque yo ya había tenido contacto con ellos y porque dominaba perfectamente el idioma.

Yo me puse a pensar en la gente que me podía acompañar y después de elegir mentalmente a los que vendrían, que sería un grupo reducido, no era necesario ir mucha gente, automáticamente pensé en Milena. Me admitieron al personal técnico que elegí, pero a ella no porque era administrativa, aunque aduje que era de allí, el idioma… pero se cerraron en banda. Cuando ya estaba todo hablado, me dijeron que el miércoles saldríamos de allí (Siempre con prisas, no había nada que fuera con calma) lo que suponía irme de vuelta para el día siguiente volver con la gente para al día siguiente salir de ahí, menudo follón para todo el personal, todo deprisa y corriendo. Llamé s Giordana y se lo conté, luego a mi departamento para que avisaran a la gente que se tenía que venir.

Antes de marcharme, a la persona que se encargaba del viaje y el alojamiento, le pedí encarecidamente que cuando reservaran mi habitación, que pidieran una cama grande. Me contesto muy seria que sabía hacer su trabajo y ya estaba todo previsto. Que lo habían reservado los anfitriones, que lo sentía mucho. Eso sí, me dio los datos de donde nos alojaríamos, del vuelo… me sabia mal que me dijeran las cosas a última hora, deprisa y corriendo, cuando ellos seguro que ya lo tenían todo previsto con bastante antelación. Quitando esto, la verdad que no me molestaba en absoluto, sobre todo por dos motivos. El primero porque conocería otro país y el segundo porque poner un poco de distancia con Giordana sería bueno, todo había sido muy rápido, no lo decía por mí, lo decía por ella, así tendría tiempo de reflexionar sobre toda la situación y hacer una valoración en frio.

A Giordana le sentó bastante mal y eso de que fuera Colombia la desespero, no paraba de decirme la inseguridad, violencia… me parecía que exageraba. Llame a Milena para informarme sobre Bogotá. Ella me animo, me decía que era un lugar muy bonito y solo me dijo una zona que no era aconsejable. También me hizo recomendaciones sobre los taxis, que era mejor cogerlos en el mismo hotel… no pintaba tan mal como lo había planteado Giordana. Ella con risitas me decía que tenía que ir ella conmigo, que me enseñaría todo y sería un viaje inolvidable, sonriéndola le dije que no tenía ninguna duda, pero que lo mismo otra vez seria, porque no sé porque, imaginaba que no sería mi último viaje a ese país.

Cuando llegué al aeropuerto a tomar el avión, me tuve que tragar mis malos pensamientos, las prisas fueron porque si no salíamos ese día que había vuelo directo, tendríamos que hacer escala y ya de por si el viaje era largo. Fue muy aburrido el viaje, todo el tiempo hablando de trabajo, hasta que me puse música, cerré los ojos y me abstraje de todo. Llegamos y nos estaban esperando, nos llevaron al hotel y muy buen hotel, muy moderno y lo que me tenía más preocupado la cama, una vez que llegamos a la habitación era una suite y la cama como me dijeron… “extra grande” y la verdad que era grande, no podría tener queja, me senté y se notaba confortable. Hasta el día siguiente no tendríamos nada que hacer.

Al día siguiente nos recogieron y nos llevaron a las oficinas de la empresa que teníamos que visitar. Todo el mundo era muy amable. Según pasábamos por algunos sitios, me daba la sensación de que era una ciudad un poco “caótica” como a mí me gustaba. Se notaba el calor y la humedad, era como un clima de montaña. Pero a lo que íbamos. Llegamos a la empresa y desde fuera era una edificación moderna, muy buena pinta. Nos recibió Camilo con bastante gente más. Después de una breve charla, nos pusimos a trabajar. El equipo que yo llevaba se puso manos a la obra y yo me quede con Camilo, porque el otro responsable que venía, no sabía nada de español y prefirió estar con su equipo. El cambio de Camilo conmigo era de 180º que barbaridad.

Ya prácticamente acabado el primer día de trabajo, Camilo se puso “pesadísimo” me decía que tenía que ir a cenar a su casa, que su esposa había insistido mucho y al final no me quedo más remedio que asistir, además tenía ganas de volver a esa “mujerona” que tenía por esposa, ya me imagine de todo, por lo de su insistencia. Antes de irme me dijo que nada de venir con corbata, que fuera más cómodo y le conteste que miraría que ponerme. Cuando llegamos al hotel y antes de subir a nuestras habitaciones, nos reunimos para hablar de ese primer día y preparar el siguiente día. Ya iba para mi habitación cuando una empleada llamo mi atención, diciéndome que habían dejado algo para mí. Era una caja envuelta en papel de regalo. Le di las gracias lo cogí y una vez en el ascensor, abrí un sobre pequeño que llevaba y leí la nota. Era por parte de Camilo y Fernanda.

Abrí el regalo y era una guayabera de manga corta, (En la etiqueta venia guayabera de lino) de color naranja, con adornos sutiles que la recorrían de arriba abajo en los dos lados y con dos bolsillos en la parte baja. Me la puse y quien hubiera calculado la talla lo hizo a la perfección, aunque las mangas me quedaban un poco justas por el grosor de mis brazos. Me recogió un coche en la puerta del hotel y me llevo a una zona residencial, que en la entrada había bastante seguridad. Se veían buenas casas una vez que entramos en la zona. La de ellos era una casa de dos plantas de tipo moderno.

Cuando llegamos a la puerta allí estaban esperando Camilo y Fernanda. El llevaba pantalón blanco y una guayabera como la mía, pero de color verde oliva. Fernanda llevaba un vestido blanco por encima de las rodillas sin llegar a ser minifalda. Muy ajustado en la parte de arriba y que se le notaban a la perfección los dos pitones de sus pezones. Nos saludamos muy efusivamente y cuando ella paso delante nuestra, la espalda la llevaba al aire, con unas finas cintas que se cruzaban sujetando el vestido. Y qué decir de ese culo de infarto, no sé si llevaría ropa interior, pero no se le notaba nada por detrás y con esos taconazos... Que madurita más apetitosa, podría pasar de la cena, porque ella sería un auténtico banquete. El primer día yo le había echado 50 años, también porque sabía que su marido tenía 53, pero ahora ya no le ponía esos años, parecía mucho más joven.

Me ofrecieron una copa, con mucho hielo y sabia a limón, si llevaba alcohol no lo note. Nos sentamos y yo ya estaba que me daba algo, viendo los muslos de ella. Presentía que sería una noche “entretenida” vino una mujer y les dijo que cuando quieran la cena estaba. Fernanda le dijo… “Avise a las niñas” al oír niñas ya todos mis pensamientos cambiaron. Fue ver a las niñas y quedarme vacilante. Me las presentaron diciéndome hasta la edad, Camila 19 años y medio, alta morena, con un short de color gris, muy apretado y que marcaba todo por delante, en la parte de arriba llevaba un top también ajustado que llevaba como una gasa. Se podía ver que en lo que era las tetas había salido a su madre. La otra hija se llamaba Paulina de 18 años, también morena. Llevaba también un short de color azul marino igual de ajustado que el de su hermana, pero en la parte de arriba llevaba una blusa roja muy ajustada, con varios botones desabrochados que dejaban ver un buen escote, pudiéndose apreciar dos tetas que en principio parecían las más grandes de las tres.

De camino al comedor, se me cortaba la respiración, viendo esos dos culitos. El de la mayor se veía muy bonito perfecto diría yo, pero el de la pequeña se veía más voluptuoso, no sé si porque el short por detrás contenían a duras penas las nalgas. Desde que nos sentamos a la mesa, Camilo en la cabecera de la mesa, las dos hijas en un lado y yo en otro lado junto a su mujer. Me daba la sensación de que se estaba tramando algo. Poco a poco me fui dando cuenta, pero si tenía alguna duda, se me quito cuando Fernanda dijo… “Lo que no se Carlos, es como un hombre joven, con un buen trabajo y que se ve que tiene buena presencia… ¿Cómo es que está soltero y sin compromiso?” me hizo gracia, se habían informado de mí y me habían puesto a dos bellezas jóvenes delante. Blanco y en botella. Mi contestación, aunque rápida, pensada, fue… “Es que primero los estudios, luego un puesto importante en el trabajo, a uno no le da tiempo de nada… y a una mujer hay que conocerla bien en todo, luego no se lleve uno una sorpresa”

No lo había dicho, pero muy a menudo la madre cuando me hablaba, me tocaba el muslo, pero como lo hacía de forma tan natural, no le di importancia, pero… que ganas de hacer yo lo mismo con esos muslos. Si me dieran a elegir entre las tres, la elección sería más que difícil, pero me quedaría con Fernanda. Al final se le ocurrió que me llevaran a visitar la vida nocturna de Bogotá sus dos hijas. Ellas me preguntaron qué era lo que me gustaba, para saber dónde llevarme y yo les dije que me adaptaba, que a donde solieran ir ellas. La pequeña entonces dijo que a ellas les gustaba rumbear. Le conteste que me parecía bien, porque era algo que me gustaba mucho. Las dos se rieron y no se lo creían. Terminamos de cenar y el mismo coche que me llevo, era el que nos llevaría.

Me llevaron a un sitio que estaba lleno de gente, estaba a rebosar. A ellas las conocían y nos dejaron entrar. Una vez que teníamos la bebida, Paulina me la quito de la mano se la dio a su hermana y le dijo que la aguantara, que ahora verían si yo sabía bailar. Estuvimos un buen rato bailando, los roces, achuchones, fueron constantes y mi polla estuvo en todo momento bien dura. Regresamos con la hermana y ella con mirada cómplice le dijo a su hermana que yo bailaba bastante bien. La hermana le devolvió la sonrisa y que como pasaba de mí. Se acercó un grupo de chicos y chicas, se saludaron y me llevaron con ellos a otra zona del local.

Camila tonteaba descaradamente con todo el mundo, provocaba, pero cuando se acercaban más de lo debido los frenaba en seco. Estaba claro que le ponía ese juego, la hermana sin embargo no paraba de provocarme a mí. El momento más descarado, fue cuando sin esperármelo se sentó sobre mí, porque no había sitio. La muy cabrona, no se quedó quieta y se contoneaba al ritmo de la música. Lo que hizo que mi polla se pusiese durísima, era imposible que no se diese cuenta. Aunque la tenía hacia el lado izquierdo y para arriba. Paulina con sus movimientos intentaba que mi polla se le encajara mejor en su culito. Notaba el calor de su cuerpo y eso cada vez me ponía peor.

Necesitaba quitarla de encima o al final tendríamos “problemas” lo intente y ella no se quitaba, me decía que yo era forastero y me tenía que cuidar. Yo le decía que no se preocupara por mí, que yo me cuidaba bien. Para poder zafarme, le dije que necesitaba ir al servicio y ella se levantó. Cuando me fui al servicio que me indicaron, había una algarabía, ya no sabía si era para hombre o mujeres, porque había de todo metido ahí. Me quede mirando y estaba claro, que se estaban metiendo de todo. En vez de hacer nada en un urinario de pared, me metí en un reservado y cuando fui a encerrarme dentro, Paulina entro como una fiera, con violencia.

Trate de que no pasara nada, insistí para que se fuera y cuando se enganchó a mi cuello para besarme, aparte la cara y solté sus manos. Eso la encolerizó más y me pregunto si es que no le gustaba. Antes de que pudiera responder, se había desabrochado la blusa roja que llevaba y vi dos tetas bien tiesas grandes y unos pezones muy oscuros, grandes y empitonados mirando hacia arriba, la ley de la gravedad todavía no había hecho efecto en sus tetazas.

Apreté bien mi mandíbula, para contenerme y no lanzarme por esas tetas. Ella que sabía bien a lo que jugaba, echo mano a mi polla y me decía que mi verga decía lo contrario. Pero la muy putita, se dio la vuelta se desabrocho el pantalón y me dijo… “Si lo llevas deseando toda la noche, si nos hemos dado cuenta de cómo nos mirabas el culo a las tres…” dicho y hecho, se bajó un poco el short, lo suficiente para ver ese culito duro y bien plantado, se agacho un poco y ya no me pude aguantar más. Acaricie ese culo, estaba durito y muy suave.

Metí mis dedos por detrás y me encontré un coñito bien mojado y apretado. Le pregunte si era virgen, ella se rio y me dijo que su primera vez fue con 13 años. Sí que había empezado pronto. Se quitó el pantaloncito del todo. Y mis dedos ahora entraban mejor. Se giró y me desabrocho los pantalones y cuando vio mi polla, lo primero que dijo fue… “Que gorda” el movimiento allí era complicado, porque ella también era alta. Me empujo suavemente hasta que me senté en la taza del wáter. Ella abrió bien las piernas y se empezó a clocar para meterse la polla. No había manera de meterla, ella la agarro y se la coloco en la entrada de su coñito.

Costo que entrara la cabeza de la polla, ella que ya me tenía agarrado el cuello, no llegaba a metérsela del todo, hacia gesto con su cara de que le costaba. Pero de pronto me dio un morreo comiendo a la vez la boca y se sentó de golpe, que fiera, note como si se abriera por completo. Sin levantarse empezó a mover sus caderas y su culo de una forma inigualable hasta el momento. Su cara me decía que era todo lujuria, puro vicio. Paulina me decía al oído que no creyera que, hacia eso con cualquiera, que era su tercer hombre. El primero el que la desvirgo, el segundo su novio, que está al llegar y el tercero yo. Estaba como un burro y le dije que no creía que a su novio le gustara esto que estábamos haciendo y ella con la voz entrecortada, me dijo que tenía que aprovechar que yo era de fuera, que con los de aquí no se podía, porque se lo contarían todos.

Estaba nerviosa, porque quería correrse rápido, antes de que llegara su novio y los nervios no se lo permitían. Le dije que se relajara y como no me hacía caso, le di unos azotes, que ya me estaba haciendo un maestro en el arte de azotar y ella decía que siguiera. Estiré mis manos y mientras le comía un pezón, abrí sus nalguitas y con un dedo empecé a rozar la entrada de su ano. Mi dedo estaba todo mojado, lo había ensalivado bien y como no oí ni noté ninguna protesta, empecé a meter mi dedo en ese culito.

Su predisposición era total, no protestaba y le pregunte si lo había hecho por ahí y ella me dijo que no, aunque su novio quería, pero que era muy bruto e iba siempre a lo suyo. Ahora era yo el que me levante e hice que se apoyara sobre la cisterna. En esa posición empecé a follármela en condiciones, le dije que se tocara y ella así lo hizo, mientras yo me follaba su coñito con mi polla y su culito con dos dedos que ya tenía dentro. Empezó a gemir de forma acelerada y alta, difícil que nadie la pusiera oír con la escandalera que había fuera. Por fin se corrió, lo hizo de tal manera que sentí perfectamente las contracciones de su coño en mi polla, fue espectacular.

Se puso en cuclillas a chuparme la polla, haciéndome una paja a la vez. Lo único que me dijo muy seria, que avisara antes, que no me corriera en su boca. Me quite bruscamente y puso cara de no entender, cara apenada y le dije que para eso me hacía yo la paja solo o me buscaba alguna que me la chupara en condiciones. Después de unos segundos de duda, la agarro de nuevo y empezó una mamada sin miramientos, mientras yo me pajeaba para acabar antes, pero cuando estaba ya al límite, deje que lo acabara ella y agarre bien su cabeza, ella supuso lo que significaba, porque se amorro bien y me empecé a correr. La corrida fue tan brutal, que al final se atraganto y tosió. Me miro con ojos de alegría y me dijo… “A mi novio no le sale tanto ni en varias veces” y yo le dije… “¿A estado tan mal?” ella limpiándose con papel higiénico y con una sonrisa lasciva me respondió… “Pues… no me importaría repetir, pero en un sitio mejor y cuando se lo cuente a Camilita que envida le va a dar”

Le dije de salir uno antes y luego el otro. Ella con esa sonrisa seductora que tenía me dijo… “Mejor no, aquí entra y sale la gente junta, no se sorprenderá nadie y si lo dices por mi novio ya verás cuando le dé un beso con lo que me sabe ahora la boca… Jajaja” pues como dijo ella salimos tranquilamente por en medio del follón de gente que había, cuando llegamos al sitio donde estaban todos efectivamente estaba su novio y le dio un morreo bestial. Me lo presento y le pregunto a su novia que había tomado que tenía un gusto raro. Ella le dijo que se había tomado un coco loco especial. El más sorprendido aun le dijo, si a ti la leche de coco no te gusta y ella sonriéndome le dijo… “Pero es que lo han preparado de una forma diferente, ¿Es que me ha dejado mal sabor?” no sé si el para no disgustarla le dijo, que no, que estaba bien y como muestra volvió a besarla.

Vi luego como las hermanas y una tercera chica hablaban, mejor dicho, hablaba Paulina y las otras dos escuchaban atentamente, pudiendo notar la mirada de las dos, sobre todo la de su hermana. Me acerqué a ellas y les dije que me marchaba ya, que yo mañana tenía mucho trabajo, me trataron de convencer, pero no lo lograron, al final querían quedar al día siguiente y les dije que imposible, que tenía mucho que hacer en esos días, que lo de ese día había sido una excepción y que había sido un placer conocerlas. Dejando así sentado que no nos volveríamos a ver.

Por la mañana con la documentación preparada por mi equipo el día anterior, me reuní con Camilo después de varias horas el hombre me fue muy sincero…

-Carlos si esto está todo muy claro, son negocios. Vuestra empresa le interesa mi infraestructura y a mí me interesa el capital que ellos tienen. Nos vamos a ladrar, pero no a morder.

- ¿Que me quieres decir con eso?

-Que al final llegaremos al acuerdo que nos interesa a ambas partes. Todo esto es para coger posiciones. Ellos saben de sobra lo que hay, al igual que yo sé lo que hay.

-Yo estoy aquí no para negociar nada, que de eso no entiendo, yo vengo a hacer un informe técnico y ya está.

-Te diré como terminara todo esto. Firmaremos un acuerdo ventajoso para todos. A mí me dejaran seguir figurando como él manda más y me meterán a alguien en el consejo, que pueda vetar o tener la última palabra en las decisiones y todos contentos. (Lo veía con tanta seguridad que ya no sabía que creer)

-Ya te digo los entresijos de la negociación lo sabrás tú y la dirección de mi empresa.

Entro su secretaria, que había un problema en una sección y el me pidió disculpas, me dijo que me pusiese cómodo que volvería en cuanto pudiera. Me puse de pies para estirar las piernas y miraba por la ventana cuando vi a Camilo pasando por el patio y por sus gestos les pegaba un chorreo a dos hombres y se metieron en otro edificio. Me quedé mirando para ver si pasaba algo más, cuando vi llegar un coche de gama alta, era Fernanda. Me quité de la ventana y me senté en uno de los sillones.

Se abrió la puerta del despacho y entro como un torbellino Fernanda diciendo… “Que me han dicho que aquí está el españolito” venia cautivadora y marcando perfectamente las curvas de su cuerpazo. Se puso a hablar conmigo y salió el tema de las noches colombianas. Sus hijas por lo que se ve le dijeron que, a pesar de mi tamaño, bailaba muy bien, que tenía ritmo. La estuve escuchando con interés y me hacía gracia muchos términos que utilizaba para referirse a algunas cosas. Como su marido tardaba le llamo al móvil, oí que al final le decía, bueno amor te esperamos en casa. Luego me dijo a mi… “Comemos en nuestra casa, nosotros nos vamos y Camilo nos alcanza luego”

No me quedo más remedio. Ella conducía el coche y vaya manera de conducir. Íbamos a toda velocidad cada vez que se podía. Durante el viajecito…

-Así que no le parecieron bellas ninguna de mis hijas.

-Todo lo contrario, son dos muchachas preciosas, seguro que tendrán muchos hombres detrás de ellas.

-Pero ninguno bueno. Y sin son tan preciosas como dice, como es que no ha querido quedar otro día con ellas. (Me estaba comprometiendo demasiado)

-Es que mis gustos son diferentes. (Una vez que lo dije, hasta a mí me sonó mal)

-Ah, perdone… no me diga que usted es un voltiao.

-Ni idea de lo que es eso.

-Saraso… vamos… maricón.

-Jajaja… no ni mucho menos.

-Como ha dicho lo de gustos diferentes…

-Si porque a mí me gustan más las mujeres mayores que yo.

-Uy si me he encontrado con un cachero o un faldero. (Me explico los significados)

-Pues me aproximo más a un faldero.

-Así que te gustan las mujeres mayores… y a que llamas tu mayor que tú.

-Pues mayores que yo, pero preferiblemente pasados los 40.

-Pero a esas edades casi todas son casadas, por lo menos aquí. (Sorprendida)

- ¿Y…?

-Dejemos aquí la conversación que veo que usted es un descarado, simpático, pero descarado.

 El resto del camino que no fue mucho, la conversación derivo en peculiaridades de ese país. En cuanto llegamos a la casa le pidió al servicio que prepararan una bebida típica de allí. Mientras ella se disculpó que se pondría cómoda y a mí me dijo que estaría mejor sin la chaqueta y la corbata. Tenía razón y me quede en mangas de camisa. Me senté en un sillón y me pusieron la bebida, que probé y parecía que era nada más que alguna mezcla de fruta, agradable al sabor y lo más importante, fresquita.

Fernanda apareció, la vi al fondo del salón hablando con la mujer que me había traído la copa. Se había cambiado de ropa y se había quitado la ropa que le sentaba tan bien, que al ser tan ajustada me permitía imaginarme lo que sería esa mujer entre mis brazos. Lo mismo la conversación tuvo mucho que ver. Se había puesto una túnica negra de manga larga, con estampados en blanco. Que no dejaban ahora ver ninguna forma de su cuerpo. Entendí que estaba marcando distancias para que no me equivocara. Mientras miraba atentamente en la dirección donde estaba ella, sonó mi móvil y era una persona de mi equipo, que había habido un problema y que se trasladaban a otro lugar y si yo iba a ir. Le dije que fueran ellos que él se encargase de todo, que yo estaba con otra gestión.

Me sentó muy mal no estar en ese momento con mi equipo, pero bueno, comer con Camilo también era trabajo. Fernanda llego donde estaba yo y me dijo… “Parece que nos han dejado, mi esposo no vendrá a acompañarnos a comer, Paulita y Camilita tampoco, pero a cenar si estarán” “Pero camilo había dicho que venía” dije yo y ella me dijo… “Ha habido un problema y se ha tenido que ir a las otras instalaciones a solucionarlo. Se ha llevado a algunos colegas suyos” “¿Pero es muy lejos?” pregunte yo y ella me contesto… “No, está a 115 km.” Me quede más tranquilo porque imagine que en un máximo de dos horas pudiera ser que estuvieran de regreso. Eso pensé hasta que Fernanda me saco del limbo añadiendo, que se tardaba unas dos horas y media en llegar, que la carretera no era muy buena. Ahora comprendí lo que a cenar si estaría.

Una vez que se sentó mis ojos se clavaron en sus piernas, la túnica llevaba unas aberturas laterales que dejaban ver sus piernas largas, se había quitado los tacones que llevaba y se había puesto unas sandalias con tacones. Comimos los dos solos y no es que habláramos mucho. Fue una conversación bastante comedida. Ella me preguntaba cosas de mi vida, de mi trabajo y yo fui parco en palabras, en lo que se refería a mi trabajo. Una vez que terminamos de comer, me dijo que me iba a preparar personalmente el mejor café que jamás hubiera tomado. Me dijo que la acompañara. Nos fuimos a la planta de arriba y salimos a una terraza muy amplia que sus vistas daban a una montaña frondosa.

Me hizo sentar, sobre una mesa había como un mueblecito portátil con cajones pequeños. Con una cuchara fue cogiendo distintos tipos de granos de café, se veía que no eran todos iguales y tampoco cogió la misma cantidad de cada uno. Todo estaba siendo como un rito. Lo metió todo en un molinillo de café, que parecía muy antiguo, que tenía una manivela, nada de automático y ella empezó a girar esa manivela, lo que hizo que empezara a notarse un aroma a café muy bueno. Luego de cogió una botella de agua la hirvió, mezclando el agua con el café, utilizando un filtro que parecía una malla… lo que digo todo un rito.

El café a mí me gusta con algo de leche y bastante azúcar. Ella me dijo que nada de leche y nada de azúcar. Tenía razón nunca había probado un café igual, aunque la falta de azúcar al principio lo note, pero luego me sabia mejor así. Mientras tomábamos el café la conversación fue otra vez con sus hijas, sobre todo con Camila, veía que tenía mucho interés en que nos conociéramos más y eso, que ellos y nosotros no nos conocíamos apenas. Yo no sabía cómo decir que no o cambiar de opinión sin molestar u ofender. Mi única solución era el silencio. Ella se dio cuenta y dijo que tomaríamos una copa, yo le dije que a mí el alcohol no me iba mucho. Ella con una mirada intensa me dijo que me fiara de ella e hizo alusión al café sin azúcar ni leche.

Se fue y regreso con una especie de jarra y dos vasos. Era de color parecido a los refrescos de cola. Pero sin cola. Sin llegar a probar el líquido, me venía un olor muy fuerte a canela. Le pregunte lo que era y ella sonriendo me dijo que me limitara a probarlo. Estaba fuerte, pero entraba bien al estar fresco. Me dijo que también se podía tomar caliente. No había llegado a la mitad del vaso y me note un subidón total. Como si tuviera más energía. Lo único que tenía claro que tenía mucha canela. Ella había cruzado las piernas, lo que provoco que una de las aberturas cayera a un lado, quedando un muslo a plena vista, ya que la abertura llegaba hasta arriba.

Me pregunto si me gustaba y le contesté que entraba bien, pero que no sabía lo que bebía, a excepción de la canela, que se notaba mucho y yo en plan gracioso, sin ninguna doble intención le dije, que la canela, dicen que es afrodisiaca. Fernanda se puso a reír escandalosamente, no podía ser que le hubiera echo efecto la copa que tomaba y aguantándose la risa como pudo me dijo… “Espero que no porque es lo único que te faltaba a ti…” señalando mi pantalón y notándoseme una erección descomunal, que yo creía que no se me notaba. Menudo cortazo. Puse un brazo para disimular, aunque ya era tarde…

-Dime una cosa, porque prefieres una mujer madura, habiendo jovencitas tan guapas.

-No tengo nada contra las jóvenes o las de mi edad, simplemente prefiero a una madura y si está casada mejor.

- ¿Y eso? Porque casada mejor…

-Es una teoría mía y no lleva ningún componente científico. Una madura casada, normalmente esta ya algo “cansada” de lo mismo y necesita un nuevo “aliciente” eso la lleva a disfrutar más de ese o esos momentos puntuales.

-Jajaja… que gracioso. Y como sabes quién es la mujer que se encuentra en esas condiciones.

-Muchos factores.

-Pero dime algo más, lo mismo en España es de una manera y en otros países de otra.

-Que va, más o menos en todos los países es lo mismo. Un ejemplo… encontrase una mujer casada, que sea la que mande en su casa, que se note que su marido en vez de mirar al bellezón que tiene en su casa prefiera otra cosa, desde ver el futbol, a irse a jugar con los amigotes. Una mujer que, aun siendo madre, sabe vestir más provocativamente que las hijas o las amigas de sus hijos. Que le gusta que la miren y se pone ropas muy sugestivas. Que son muy provocativas y les gustan también los jóvenes, pero sobre todo que cree alguna duda, algún misterio (La miraba y la describía a ella, debía de ser la bebida)

-Eso que dices es muy relativo podría ser cualquier mujer.

-No todas, por ejemplo, tu no.

-Ah, ¿Yo no? ¿Por? (Con cara de disgusto)

-Porque no creo que tú lo hayas hecho nunca. No creo que te atrevieras.

-Pero eso no quiere decir nada o lo que quiere decir que lo mismo es que hay mucho “sapo”

-Según lo que consideres tu un sapo o un príncipe.

-JAJAJA… cuando he dicho sapo, me refiero a que hay mucho chismoso. JAJAJA… ¿Pero es que tampoco creo ningún misterio ni ninguna duda?

-Eso sí.

-Menos mal que algo si… ¿Cómo qué? (Su mirada me decía que adelante y mi polla también, pero mi cabeza me decía que zanjase la conversación)

-No debería, pero ya que preguntas… Si tengo una gran duda y es si llevas algo debajo, porque la abertura está muy arriba casi en la cadera y no se ve nada de ropa.

-Jajaja… (Esta vez sonrisa nerviosa) en lo que te fijas. Pero no te sacare de la duda.

-Yo siempre me fijo en todo lo bello y hermoso. Y es una pena que no me saques de dudas.

-Que más te da que te diga si llevo o no llevo, no sabrías si es la verdad.

-Es que yo en ningún momento te he dicho que me digas… (Mirándola profundamente a los ojos)

-Un momento… (Hizo una pequeña pausa y con cara de incredulidad…) ¿Me estas echando los perros? (me lo tuvo que explicar que era si la estaba tratando de cortejar, seducirla)

-Si lo quieres llamar así… pues SI y como sé que eres inteligente imagino que sobraba la pregunta.

-Que descarado eres, pretendes… vamos a dejarlo.

Hubo un silencio sepulcral, solo se oía la naturaleza. La cara de ella me decía que esta vez la había cagado bien. Ella se levantó y muy solemnemente dijo que sería mejor que nos fuéramos de ahí. Estaba tan estirada que parecía que había crecido. Ella iba delante y nos fuimos al interior de la casa. Paso ella que abrió la puerta de cristal y luego lo hice yo. Íbamos en absoluto silencio, me gire ara dejar la puerta cerrada y cuando termine de hacerlo, vi como la túnica caía al suelo estando ella de espaldas. Su piel morena quedo solo cubierta por un tanga de color blanco que por los lados subían un poco más de sus caderas, metiéndose por detrás entre sus glúteos, No llevaba nada más. Solo pude ver eso y como su culito se realzaba con esos tacones, como al nadar su culo se movía de forma majestuosa.

Fui detrás de ella hasta llegar a una habitación muy grande, con una cama de las que a mí me gustan. Entramos en la habitación y ella seguía sin darse la vuelta. Se paró en el borde de la cama y se fue quitando la única prenda que le quedaba, lo hizo de tal manera que me hizo una exhibición del culo que tenía. Se tumbó boca abajo, quedando en diagonal. Me desnude y me acerque a ella, que seguía sin decir nada. Empecé a comer y lamer su cuello, su nuca, sus hombros, los lóbulos de sus orejas. Fui lamiendo su espalda, recorriendo su columna con mi lengua, notando en todo momento como se erizaba toda su piel.

Cuando llegue a sus nalgas y tarde en hacerlo, estuve mordisqueándolas un buen rato y de allí pase a sus pies. Los lamí y los besé, subiendo por sus muslos. Ella tenía sus piernas pegadas, no tenía intención de insistir, ya me dejaría ella libre su “fortaleza” y después de tener mi lengua en su culito haciéndole un profundo beso negro y sacándole los primeros gemidos, fue abriendo sus piernas y mi mano llego a su coñito, que estaba completamente encharcado. Mis dedos entraban y salían con total facilidad. Los deje dentro y los empecé a mover de una manera que sé que a las mujeres les vuelve locas, no equivocándome tampoco con Fernanda.

Ella ya movía su culito y lo empinaba un poco más con la ayuda de sus caderas. Mi boca de esa manera se podía comer mejor su coñito, ella cuando notaba mi lengua entrar se apretaba más contra mí. Seguía sin decir nada. Me parecía que estaba puesta así para que no la mirara. Me canse e hice que se diera la vuelta. Quedando a la vista dos buenas tetas, grandes y muy bien puestas, supuse que gracias a la cirugía. Unos pezones muy negros y empinados. Mientras me comía ahora su coñito bien comido, pude notar que tenía un clítoris más grande de lo habitual. Fernanda tenía un brazo doblado tapándose los ojos, me acerque y trate de besarla, pero quito la cara no me dejo besarla. Volví a su coñito y aunque no veía sus ojos, su boca me decía lo que yo quería saber, que estaba muy cachonda. Mientras seguía lamiendo su clítoris con mucha suavidad, sin ser basto ni agresivo, con un dedo mojado en su coñito, lo lleve a su culito. Ella no me quería dejar, pero al final, conseguí meter la puntita del dedo, como la primera falange. Lo movía con dulzura y cada vez se fue relajando más. Estaba estrechito.

Ella cada vez se movía con más ganas, acerque mi polla a su coñito y se la pasaba desde atrás hasta su clítoris, pasándola por todo su húmedo coñito y ella intentaba con movimientos violentos de que se la metiese, pero yo me echaba para atrás. Cuando la cabeza de mi polla tocaba sus clítoris, parecía que se iba a correr de gusto. Estaba colocado entre sus piernas y ella trataba de atraparme con ellas. Deje que lo hiciera y con fuerza trataba de atraerme hacia ella, deje que lo consiguiera, pero no metí mi polla dentro, me coloque de tal manera que el tronco de mi polla, quedara entre sus labios rozando su clítoris, Fernanda se desesperaba y esa desesperación me ponía más cachondo, me acerque de nuevo para besarla y la segunda vez que aparto su cara.

Ahora con mucho cuidado coloqué la polla en la entrada de su coño y se quedó casi sin respirar esperando que se la metiese, pero la hice “sufrir” un poco más, aunque ella bien que intento otra vez metérsela. Me miraba muy intensamente y con disgusto, pero con mucha excitación, fue cuando la dije… “Si eres lo puta que yo creo, me darás un buen beso y según me lo estés dando te llenare tu coñito” frunció el ceño y me dio un morreo apoteósico, mientras yo le hundía mi polla en su coño, que entró. como un guante y ella gimió de verdad, intensamente. Paso de esquivar mis dos primeros besos a devorarme la boca. Y qué manera de moverse para que mi polla llegara lo más profundo. Ahora si empezaba a hablar y yo le decía que desde que la vi ya quería follármela, que me encantaba… ella según me oía se movía y gemía más. Que me encantaba su culo que se lo pensaba follar también y ella decía un suave no. Sentí clavarse sus uñas y se corrió, me las clavo, de tal manera que una uña se le fastidio. Eran artificiales y se le soltó.

Cambiamos de posición y ella prefería cabalgarme, verla, así como se movía era una imagen preciosa. Yo me levante un poco para poder llegar a su culito. Trate de meter nuevamente mis dedos y ella me quito la mano, diciéndome que su esposo lo había intentado muchas veces y que el dolor fue muy grande, que a mí no me dejaría porque encima yo la tenía bastante más grande que la de su esposo. Le dije que eso era inexperiencia de su marido seguro. No había manera de convencerla para follarme ese culito. Entonces me pare me quede quieto y ella protesto, hasta que le saque el compromiso de que me dejaría intentarlo, ella accedió, pero otro día y me recalco que era un compromiso y lo cumpliría.

Ella se movía con mucho ímpetu, totalmente desenfrenada y cogiéndose sus tetas con sus manos y mirando hacia el techo se corrió nuevamente como una loba aullando. Le dije que no se parara que me corría y ella se movió con más rabia que antes y me acariciaba los pezones hasta que me corrí dentro de ella y le decía que se moviera como la puta que era, entonces mientras la llenaba de leche, se movía más y me pellizco suavemente los pezones. Nos arreglamos y nos fuimos a tomar otra copa hasta que llegaron sus hijas primero y luego Camilo. Durante la cena Paulina estuvo provocándome y de Camila pase bastante. Camilo se interesó por como lo estaba pasando en Bogotá, yo le dije que mejor de lo que pensaba y él se ofreció a llevarme un día a conocer algún sitio en especial. En vez de decir que no, le dije y muy conscientemente, que había quedado con una mujer de allí, que había conocido, que se había comprometido conmigo en una cosa y que por eso no sabía si podría, porque estaba a expensas de que me llamara.

La puyita llego después, cuando le dije, bueno, aunque no sé si cumplirá su compromiso. Fernanda salto al momento y me contesto… “Si ha sido una mujer colombiana que tuviera por seguro que, si cumpliría, porque las mujeres colombianas eran cumplidoras de lo que decían” sus hijas apoyaron a su madre. Además de por hacer un cumplido, pero que era verdad lo que le iba a decir, que Vivian en un sitio muy bonito, que, rodeado de naturaleza, que era una suerte ese lugar. Lo había dicho porque lo sentía así, Camilo insistió en que ese fin de semana lo pasara con ellos allí, yo trate de excusarme, pero no hubo manera y al final tuve que aceptar porque era como una afrenta el no hacerlo, por si fuera poco, su mujer Fernanda y su hija Paulina se pusieron “pesadas” como el padre, no paso lo mismo con Camila, que permaneció todo el tiempo en silencio.

Nos quedaban pocos días allí, pero ese fin de semana me tocaba con ellos. El viernes en el hotel me informaron donde podía comprar vino español. Me dijeron varios sitios, pero fue mucho más fácil que en otros países, en el primer sitio que fui encontré lo que quería y a buen precio. Aunque yo era poco bebedor si sabía cuáles eran los vinos buenos. Compre unas botellas para no presentarme con las manos vacías. Como también compre unos detalles para las tres mujeres.

Cuando llegue el viernes por la tarde con Camilo, las tres me agradecieron los detalles y todas esas cosas que se suelen decir. Me mostraron mi habitación y era igual de grande que la del hotel. Quedaba alejada de la de ellos y de las de sus hijas. Me enseñaron también una piscina cubierta, que era espectacular, con una zona de chorros para masajes, un jacuzzi integrado… nunca había visto ni he visto una piscina privada de esas características. Me preguntaron si me gustaba y les dije que era imposible que no gustara. Camilo me dijo que cuando quisiera me podía dar un baño o los que quisiera. Le dije que no tenía bañador y se rio, diciéndome que en esa casa nadie usa ropa de baño. Que les gusta el naturismo y que por eso le gustaban mucho las playas de España y Francia. Que la pena que en su país no era nada factible poder realizarlo (Por lo menos en la época que yo estuve allí, ahora no lo es) me fijé que además tenían para darse rayos uva. Todo muy bien preparado.

 Ya que estábamos sincerándonos les dije a las playas que solía ir yo en España y coincidimos en que ellos habían ido también a la zona de Vera. Camilo dijo que porque no darnos un baño antes de la cena. Ante el silencio dije que por mí no había problema, pero las hijas y la mujer no dijeron nada. Camilo me dijo que fuera a cambiar a la habitación, que allí tenia de todo. Así lo hice y me encontré que en el baño había un albornoz y unas zapatillas de toalla, me desnudé y me lo puse. Baje y ya estaba el metido en el agua. Me quite el albornoz mientras él me decía que el agua estaba a buena temperatura. Me tire de cabeza y nade un poco, para luego ir a donde estaba el, que estaba en la zona de los chorros de agua, me puse a su lado y que bien sentaban esos chorros. Me dijo de ir al jacuzzi y nos sentamos allí, sonreía y no sabía porque, la curiosidad me pudo y le pregunte. El sonriendo me dijo… “Nada que cuando te he visto desnudo y ya te digo que no me gustan los hombres, me ha llamado la atención… que menudo cipote que tienes, con eso te tendrás que quitar a las mujeres de encima” yo de manera suave y para cortar el tema le respondí… “Que va, ni mucho menos, entre otras cosas porque no tengo tiempo, mucho trabajo y muchos viajes”

Se oyó ruido y venían las tres mujeres en albornoz. Paulina llego y no se lo pensó, se quedó desnuda y se tiró al agua, pero antes de hacerlo la pude ver con detalle, estaba espectacular y los pelitos de su coñito, que la otra vez no pude ver, los tenía como su madre, como una tirita de pelo. La madre fue la que se desnudó a continuación e hizo como su hija pequeña se tiro al agua. Camila se hacía de rogar, se puso a hacerse una coleta para tener el pelo recogido. Yo mientras hablaba con el padre hacia como si no me diese cuenta, pero estaba muy atento. Se desnudó y tenía el cuerpo perfecto. Porque además se dio la vuelta para dejar el albornoz y pude ver su culo también. Tenía las tetas más grandes y con un toque de caída y parecían dos peras gigantes, con dos pezones oscuros con aureola grande. Piernas y muslos perfectos y como he dicho el culo con unas formas redondas y respingonas que hacían difícil que mi polla no se levantase.

Ellas se quedaron lejos de nosotros y no podían oír lo que hablábamos ni nosotros a ellas, por culpa del ruido del agua. Camilo me decía que lo que tenía que hacer era encontrar una buena mujer. Que eso me haría además de tener compañía estar más centrado y me hablo de las bondades de estar casado, yo escuchaba atentamente, pero la verdad que no me interesaba mucho lo que decía, hasta que dijo…

-Eso sí, cásate con una de tu edad o mayor, nunca más joven.

- ¿Eso por qué? (No lo entendía, porque además desde que llegue allí, tanto el cómo su mujer, me dieron la sensación de querer “encasquetarme” a una de las hijas”

-De hombre a hombre. Una mujer a partir de los 40 es cuando se pone más activa sexualmente y en cambio el hombre empieza su declive, que su mente quiere, pero su cuerpo ya no responde como antes. Eso ya lo entenderás.

-No será para tanto, Camilo. Yo ti te veo bien.

-Tú has visto a mi mujer… ¿A que está muy bien?

-De mujeres casadas no opino.

-Déjate de tonterías. Está muy bien y yo no soy ciego, veo como la miran y como me envidian por tener una esposa así. (Lo decía con mucho orgullo)

-Me alegro por ti, tienes razón.

-Ella está ahora en plena plenitud y preparada para correr una carrera de fondo, yo ahora estoy para correr una carrera rápida y si me apuras con oxígeno… Jajaja… Hazme caso, que la edad en un principio no se nota, pero luego al pasar de los años…

-Ya hay “cosas” por ahí para “aguantar” mejor las carreras. (Lo dije para animarlo)

-Jajaja… si con eso ya contaba, pero al final lo mismo… Se pagan los excesos y la mala vida, que de joven fui terrible, he fumado, bebido… bueno, aunque lo de fumar y beber sigo igual. La única solución es una carrera con relevos o como los grandes del futbol, al final al banquillo y de entrenador. (No tenía ni idea de lo que quería decir, porque según el tono que utilizo, podía decir todo o nada)

La conversación se quedó ahí, porque yo no supe que decir a eso ultimo y porque se acercó Fernanda. Quería salir el ultimo del agua, porque, aunque mi polla no estaba arriba del todo, digamos que estaba a media asta. Las hijas no se vinieron con nosotros salieron del agua y se pusieron a secarse las dos juntas, Paulina de frente sonriendo provocativamente y susurrando algo a la hermana, que estaba junto a ella, pero de espaldas a mí. Sabía que las dos a su manera me provocaban. Se pusieron sus albornoces y se fueron. Marchándonos poco después.

Durante la cena me animaron a que fuera de fiesta con sus hijas otra vez. Me excuse con que tenía que descansar, algo que era cierto, pero que para el día siguiente si aceptaba salir por la noche. Nada más acabar de cenar, que por cierto Camilo bebía bien, las hijas se despidieron y se fueron de fiesta. Camilo me dijo de tomar una copa y nos fuimos a otra zona de la casa. Se encendió un enorme puro, no me incomoda ni me molesta que la gente fume cerca de mí, pero el olor que despedía el puro, me dejaba malísimo. Según bebía el nivel de fanfarroneo subía. Desde los días que se había pasado de juerga sin dormir, hasta las mujeres que como decía el, habían pasado por sus manos… luego de forma muy discreta, se metió conmigo por no beber, no fumar y por no ir de fiesta con sus hijas… eso parecía haberle ofendido, porque decía que sus hijas eran bellísimas y yo le dije que estaba de acuerdo con él.

Fernanda le decía que no bebiera más, que se tranquilizara. El tío estuvo bebiendo como un cosaco hasta bien entrada la noche. Se notaba que estaba acostumbrado a beber o que lo que bebía no era muy fuerte. Llego un momento que bostece un par de veces, pero más que por sueño o cansancio, fue por puro aburrimiento. Por lo que dije que me marchaba a dormir y ellos se levantaron y dijeron que también se iban. En la planta de arriba y antes de irnos a nuestras habitaciones todavía se enrollo un poco más y ya llegaron sus hijas, que al vernos ahí se rieron y la pequeña con mucha gracia me dijo… “Ya veo como descansas” por fin me pude ir a mi habitación.

Me desnudé y me metí en la cama, que gusto me dio. Antes de dormirme, eche un vistazo al correo por si me había llegado alguno. De los que había, abrí uno que era el que más me podía interesar, ya que era del trabajo que habían hecho esa tarde. Mientras estaba leyéndolo, me pareció que se abría la puerta, pero desde mi cama no se veía la puerta. Era la pequeña Paulina, la mire, llevaba una batita corta de seda color perla. Se abrió la bata y la dejo caer al suelo, estaba completamente desnuda, aparto la sabana se metió en la cama y cogiendo mi portátil, me dijo que eso ahora mismo sobraba.

Se metió debajo de la sabana hasta que llego a mi polla, se la metió en la boca y el calor de su boca, los movimientos de su lengua, hicieron que la polla se pusiera al máximo, se volvió a mover un poco y dejo su culito a mi disposición, hice que pasara una pierna al otro lado y sin mediar palabra empecé a comer su coñito. Prácticamente se lo devore sin dejar nada sin lamer, note como se corría en mi boca y sus jadeos contenidos se podían oír, aunque la sabana los tapara un poco. Quito de golpe toda la ropa de cama. Se puso encima mía y se metió la polla dentro, me decía que hoy si, que lo iba a disfrutar como se merecía, que llevaba toda la noche pensando en ello. Se movía muy, pero que muy suavemente, el contoneo era súper lento, pero divino. Jovencita, pero sabía muy bien lo que hacía. Eran movimientos muy medidos para ponerme cachondo perdido.

Lo hacía sin dejar de mirarme, disfrutaba mirándome y de saber cómo me estaba haciendo sentir. Me estaba poniendo “loco” se agacho y me chupeteo un pezón, lo absorbió como si fuera una ventosa y cuando menos me lo esperaba me lo mordió, hasta que le quite del daño que me hizo. Su sonrisa era muy perversa y ahora cambio el ritmo, moviéndose más rápido. Una de las veces que moví la cabeza, me fijé que una cabeza asomaba, era la de Fernanda que suponía a lo que había venido y miraba atónita, lo que hacíamos. Cuando nuestras miradas se cruzaron, ella abandono la habitación con el mismo sigilo con el que había entrado. Fue aumentando sus movimientos y se corrió clavándome sus uñas sobre mi pecho.

Yo estaba sin correrme todavía, en eso tenía mucho que ver la sesión de sexo con su madre y ella me decía que si yo nunca me veía. La hice ponerse a cuatro patas, en el borde de la cama, yo me puse de pies y empecé a follármela así. Aguantaba con mis embestidas, luego baje el ritmo, me chupe bien un dedo y empecé a tocar su ano, que se veía muy pequeñito y estrechito, la vista no me había engañado, costo meterle solo un poquito de mi dedo. Ella como su madre me dijo que ni lo pensara que por ahí no. Yo como siempre no escuchaba, poco a poco me iba haciendo con su culito y notaba como no la desagradaba, pero ese día no pensaba pasar de ahí. Cuando me noté ya cerca de correrme, empecé a embestir con cierta rudeza y ella, aguantaba sus gemidos, nos corrimos al unísono.

Nos quedamos tumbados y yo esperaba que al acabar se fuera a su habitación, pero decía que se quedaba un poquito más y me pregunto… ¿Por qué los hombres siempre queréis hacerlo por detrás? Yo le conteste… “No todos, alguno no querrá” “Pues mi novio, no piensa en otra cosa y mis amigas dicen que duele muchísimo” me dijo y le conteste… “Dolerá según quien sea el que te lo haga” nos quedamos dormidos, ella abrazada a mí. Hasta que me desperté y ya amanecía, la moví para que se despertara y se fuera a su habitación, no quería, pero al final lo hizo, aunque de mala gana.


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