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Fecha: 12-Dic-16 « Anterior | Siguiente » en Textos educativos

Contando orgasmos

PeterSolomon
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Tiempo estimado de lectura: [ 13 min. ]
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Consejos útiles y curiosos para autores Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

El guión largo (—) y los diálogos de los personajes: http://www.todorelatos.com/relato/130640

Máquina automática de acotaciones: http://www.todorelatos.com/relato/130688

Un penique por tus pensamientos: el uso de las comillas («»): http://www.todorelatos.com/relato/131080

Podéis encontrar más cosas en:

Perfil de TR: http://www.todorelatos.com/perfil/1426841/

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CONTANDO ORGASMOS: LOS NÚMEROS

En este tutorial quiero hablaros de escribir los números en una novela. Algo que puede parecer banal en una página como http://www.todorelatos.com, pero que puede echaros al traste todo un trabajo destinado para su publicación si pensáis enviarlo a una editorial.

No me refiero a escribir con números, tal y como hacen muchos autores utilizando las abreviaturas típicas de los SMS y en los chats. No, me refiero a cuando se mencionan distancias, edades, alturas, fechas u otras mediciones en los relatos.

Pensad que el contador de palabras de http://www.todorelatos.com no registra los dígitos a la hora de determinar la duración en minutos de un relato.

La regla por defecto de la RAE dice que es preferible (ante cualquier duda gramatical que se presente al respecto) expresar los números en una obra narrativa utilizando las palabras y no los dígitos. Por ejemplo, decir sesenta y nueve en lugar de 69. En cualquier otro tipo de texto (científico, jurídico, publicitario, etcétera…), no importa mucho cómo se escriba, salvo quizás en cheques y otros textos similares (testamentos, prestamos, etcétera…), donde por motivos de seguridad siempre se escriben las cifras en palabras.

La RAE también recomienda no mezclar en una misma oración o párrafo cifras expuestas con palabras y con dígitos. Aunque no deja claro cuál es más preferente.

Atentos, porque es muy posible que vuestro corrector ortográfico de por falsamente erróneas algunas de estas acepciones. Recordad que han sido programados por gente que no habla, ni lee, ni escribe en español.

* * * * *

Empecemos por lo más básico:

TODAS las cifras que se puedan expresar con nombres cardinales de tres o menos palabras se escriben con letras. Mientras que una cifra que necesite cuatro o más palabras siempre se transcribirá en dígitos. Por ejemplo, se dice «veintitrés años de edad» y «176 centímetros de estatura» (en lugar de «ciento setenta y seis»). Además se desaconseja utilizar en una obra narrativa las abreviaturas, porque el lector no debe porqué estar familiarizado con su significado.

TODOS los nombres y adjetivos ordinales (es decir, que expresan un orden o secuencia), fraccionarios (es decir, que expresen una fracción de una parte), colectivos (es decir, aquellos referidos a un conjunto), cuantitativos (es decir, que expresan la cantidad en un orden) y multiplicativos (es decir que expresen una multiplicación) siempre se escriben con palabras en una obra narrativa. NUNCA usando las abreviaturas (ª) o (º), o fórmulas con los símbolos matemáticos (/) o (×):

* * * * *

ORDINALES: Primero/a (o «primer», sin tilde), segundo, tercero/a (o «tercer»), cuarto/a, quinto/a, sexto/a, séptimo/a, octavo/a, noveno/a, décimo/a, undécimo/a (o «decimoprimero/a»), duodécimo/a (o «décimo/a segundo/a»), décimo/a tercero/a, décimo cuarto/a, décimo/a quinto/a, décimo/a sexto/a, décimo/a séptimo/a, décimo/a octavo/a, décimo/a noveno/a, vigésimo/a, trigésimo/a, cuadragésimo/a, sexagésimo/a, septuagésimo/a, octogésimo/a, nonagésimo/a, centésimo/a, ducentésimo/a, tricentésimo/a, cuadringentésimo/a, quingentésimo/a, sexcentésimo/a, septingentésimo/a, octingentésimo/a, noningentésimo/a, milésimo/a, dosmilésimo/a, tresmilésimo/a, cuatromilésimo/a, diezmilésimo/a, cienmilésimo, quinientosmilésimo/a y millonésimo/a.

FRACIONARIOS: Mitad (o «medio/a»), tercio (o «tercero/a»), cuarto/a, quinto/a, sexto/a, séptimo/a, octavo/a, noveno/a, décimo/a, onceavo/a (o «undécimo/a»), doceavo/a (o «duodécimo/a»), treceavo/a, catorceavo/a, quinceavo/a, dieciseisavo/a, diecisieteavo/a, diecinueveavo/a, veinteavo/a, treintavo/a, cuarentavo/a, cincuentavo/a, sesentavo/a, setentavo/a, ochentavo/a, noventavo/a… a partir de aquí se usa la obligatoriamente construcción gramatical de un ordinal más la expresión «parte». Por ejemplo, la centésima parte.

COLECTIVOS: Par (o «pareja»), dúo, trío, cuarteto, quinteto, sexteto, septeto, octeto, decena, docena, quincena, veintena, treintena, cuarentena, cincuentena, septena, centena (o «centenares») y millares.

CUANTITATIVOS: Los hay que expresan edad: Quinceañero/a (alrededor de 15 años), veinteañero/a (20 a 29 años), treintañero/a (30 a 39 años), cuarentón/ona o cuadragenario/a (40 a 49 años), cincuentón/ona o quincuagenario/a (50 a 59 años), sesentón/ona o sexagenario/a (60 a 69 años), septuagenario/a (70 a 79 años), octogenario/a (80 a 89 años), nonagenario (90 a 99 años), centenario (100 o más), milenario (1000 o más). Y otros utilizados para establecer el orden: primario, secundario (o binario), terciario, cuaternario, quinario, sextario, septenario, octonario, novenario, etcétera… todos derivados del latín.

MULTIPLICATIVOS: doble (o duplo/a), triple (o triplo/a), cuádruple (o cuádruplo/a), quíntuple (o quíntuplo/a), séxtuple (o séxtuplo/a), séptuple (o séptuplo/a), nónuple (o nónuplo/a), décuple (o décuplo/a) y céntuple (o céntuplo/a)

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SIEMPRE se escriben con palabras

Las cantidades redondas o aproximadas. Por ejemplo, «cien mil dólares» o «treinta y tantos años».

Los números ubicados al comienzo de un párrafo. «Veintiocho días después la plaga se había extendido por todo Londres…».

Las décadas. Siempre utilizando la palabra «década». Por ejemplo, «década de los cuarenta». La grafía «40's», utilizando el apóstrofo, es un anglicismo sin sentido en el español.

Las cantidades utilizadas con intención expresiva o que forman parte de frases hechas. Por ejemplo: «¡Te he repetido un millón de veces que no espíes a la vecina!» o «No le busquéis tres pies al gato».

Cuando los números actúan como un sustantivo dentro de una oración. Existen muy pocos casos prácticos. Por ejemplo, «Juan eligió un ciento treinta y ocho del menú, la especialidad de aquel restaurante coreano», «El inspector Fergusson subió el volumen de la radio cuando creyó escuchar un aviso de un Uno-Ocho-Siete en las cercanías» o «—Cinco por cinco —dijo la cazavampiros psicópata justo detrás de Willow».

* * * * *

SIEMPRE se escriben con dígitos

Los números seguidos a un sustantivo al que se refieren, usados para identificar un elemento concreto dentro de una serie. Por ejemplo, «página 3», «habitación 1408», «capítulo 7».

Los números con una parte entera (aunque esta sea cero) y una parte decimal. Por ejemplo, «π es 3,14159265…»

Los marcadores de resultados deportivos, electorales y similares en los que se precise ser conciso. «El partido acabó 9 a 7 cuando finalizó la novena entrada y el arbitró pitó».

Los años en todas las fechas y los días cuando acompañen al mes junto con el año. Por ejemplo, «16 de agosto de 1944».

* * * * *

A VECES uno u otro

Los números seguidos de un símbolo o abreviatura de medida siempre se escriben con dígitos. Aunque en una novela es preferible no escribir tales símbolos. Por ejemplo, «Madrid dista 40 km de Guadalajara» y «Mañana se alcanzarán los 35 ºC». Pueden escribirse como «Madrid dista cuarenta kilómetros de Guadalajara» y «Mañana se alcanzarán los treinta y cinco grados». La palabra «Celsius» puede obviarse de la frase.

Los porcentajes iguales o mayores de diez o que tengan una separación de decimales se escriben con dígitos seguidos con el signo de porcentaje (%) no debe dejarse espacio entre medias. Los que sean menores se escribirán con palabras, siempre leyéndose con la expresión «por ciento», nunca «por cien». Por ejemplo, «el dos por ciento de la población mundial sufrirá, en los próximos cincuenta años, problemas teratogénicos debido a las prácticas abusivas de las farmacéuticas» o «La encuesta de población activa arroja una predicción del 29% de paro estacionario».

En ocasiones una cifra grande y redonda (miles, millones, billones, trillones, etcétera…) puede escribirse una parte en dígitos y otra en palabras. Por ejemplo, «¡El muy canalla pidió un rescate de 125 millones!».

Las horas suelen escribirse por defecto con palabras. A menos que se traten de horarios o que impliquen precisión. Por ejemplo, «¡Quedamos a las diez y cuarto!» o «El vuelo de Oceanic Airlines de las 11:45 saldrá con retraso en la puerta 6». Además se pueden usar indistintamente los dos puntos (:) o el punto (.) para indicar la separación entre minutos y horas. Las abreviaturas «h», «min», «s», «am» y «pm», no suelen usarse en los textos narrativos. Siendo más común utilizar las expresiones con palabras «horas», «minutos», «segundos», «antes del mediodía» y «después del mediodía». O «de la madrugada», «de la tarde» y «de la noche»

* * * * *

NI LO UNO NI LO OTRO: ¡Estos Locos Romanos!

El uso de los números romanos está restringido a unas pocas ocasiones. Siempre se suele emplear en versalitas (un tipo de fuente que no sé si soporta http://www.todorelatos.com y que he usado en los ejemplos más adelante) o, en su defecto, con mayúsculas, para designar ordinales:

Para indicar los siglos. Por ejemplo «siglo xv» o «siglo xxi». Se escriben siempre pospuestos al nombre. No deben usarse, en este caso, números arábigos «siglo 21». Aunque la tendencia sería leerlos de esa manera. El modo más exacto sería decir «siglo vigésimo primero».

Para indicar las dinastías en ciertas culturas. Por ejemplo, «los faraones de la xviii dinastía». Se escriben normalmente antepuestos al nombre.

En las series de papas, emperadores y reyes de igual nombre: «Juan xxiii», «Napoleón iii», «Felipe iv». Se escriben siempre pospuestos al nombre.

En la numeración de volúmenes, tomos, partes, libros, capítulos o cualquier otra división de una obra, así como en la numeración de actos, cuadros o escenas en las piezas teatrales: tomo iii, libro ii, capítulo iv, escena viii. Se escriben pospuestos al nombre.

* * * * *

¿Cómo se escriben las cifras?

Ésa es otra. Porque resulta que la RAE ha cambiado las normas a la hora de escribir los números con cifras, cuando sea necesario hacerlo.

Los años, tradicionalmente, se han escrito sin ninguna separación de miles. Es del todo incorrecto escribir «El año 2.016». Sin embargo, la RAE ha ampliado esta norma a CUALQUIER cifra de cuatro dígitos enteros. Así, por ejemplo, se escribiría y sería válido: «Ray le debe 1275 dólares por el cambio de marchas de ese viejo Chevy».

Los números de más de cuatro cifras tradicionalmente se separaban en grupos de tres utilizando un punto (.) o una coma (,), dependiendo del país o su idioma. Ahora técnicamente habría que utilizar un espacio en blanco ( ), en su lugar. ¡Sí, como lo habéis oído! Pero en la práctica la mayoría de editoriales y novelas siguen utilizando el signo correspondiente a su país o idioma.

Para las cifras decimales se sigue utilizando un punto (.) o una coma (,), justo el inverso que corresponde de las separaciones de millares, millones, etcétera… Aunque ahora la RAE admite indistintamente ambos símbolos. Así pues, por ejemplo «π es 3,14159265…» o «π es 3.14159265…» valdrían por igual.

Nunca se escriben con puntos, comas, ni espacios en blanco de separación los números referidos a años, páginas, versos, portales de vías urbanas, códigos postales, apartados de correos, números de artículos legales, decretos o leyes. Por ejemplo, «año 2001», «página 3142», «código postal 28357»

* * * * *

Para que veáis un ejemplo, estos son algunos extractos de la novela El códice de la Atlántida de Stel Pavlou, en la que se combinan tanto números escritos con palabras como con dígitos.

[…]

—¿Qué es el disco de Festo? —preguntó November.

—Una tablilla de arcilla plana y redonda del tamaño de un platillo que encontró el arqueólogo italiano de treinta y cuatro años de edad en el templo de Festo de Creta, edificio 40/101, al noroeste del gran patio central, el 3 de julio de 1908 —anunció Pearce con un tono fúnebre monótono.

Scott estaba sorprendido. Pestañeó.

—Gracias.

—La memoria fotográfica —bromeó Pearce, golpeando su café. Todavía parecía deprimido.

—Había cuarenta y cinco pictogramas individuales, grabados en la arcilla doscientas cuarenta y una veces, con lo que conseguía sesenta y una agrupaciones o palabras. Ciento veintidós jeroglíficos en la cara A. Ciento diecinueve en la cara B. Lo interesante es que la escritura estaba en una espiral, empezando en el otro extremo e iba avanzando hacia el centro —dijo Scott.

—¿Una espiral? —dijo Hackett expresando tensión—. Odio recalcar lo que es evidente, pero en Egipto se escribía en espiral, pero en una muy grande.

[…]

Mientras se ponían de lado para descender, vio dos pistas de aterrizaje separadas. Pero a medida que la calina se disipaba pudo ver algo de mayor envergadura. A través de la nieve y el hielo, un panorama que se extendía cientos de millas, zonas negras compactas que habían quedado como un hematoma o las manchas de un dálmata. El culpable era evidente.

—Erebus —dijo Sarah en voz baja—. ¡Mira, está echando humo!

El volcán en activo sobresalía 3.796 metros por encima de la Isla de Ross. Con las montañas transantárticas detrás de él que formaban una franja, en el cráter había 600ºC y era famoso porque dentro de él había bacterias y algas que se alimentaban del vapor que producía.

[…]

Ahora había conseguido captar la atención de los militares.

—En el Apocalipsis 21, el Jerusalén mesiánico, se describe la ciudad como si se viera desde una colina y pareciera una valiosa joya brillante de diamante cristalino con doce puertas. El muro exterior era de diamante, y la ciudad de oro puro, como el cristal. Los cimientos de la ciudad estaban cubiertos piedras preciosas. El primero era diamante; el segundo, lapislázuli; el tercero, turquesa; el cuarto, cristal; el quinto, ágata; el sexto, rubí; el séptimo, cuarzo dorado; el octavo, malaquita; el noveno, topacio; el décimo, esmeralda; el undécimo, zafiro, y el duodécimo, amatista. Las doce puertas eran doce perlas y cada puerta esta hecha con una sola perla. La calle principal de la ciudad era de oro puro, aunque tenía la apariencia de cristal. Y la ciudad no necesitaba el Sol y la Luna porque estaba iluminada por la radiación de la gloria de Dios.

—Parece el sueño de un geólogo —comentó Sarah.

[…]

* * * * *

¡Hasta que nos leamos!


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