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Fecha: 16-Dic-16 « Anterior | Siguiente » en Voyerismo

Mirón a la fuerza

Sparkle
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Tres tipos me encierran en los cuartos de baño del instituto lo cual aprovechan para follarse a mi novia delante mía, lo cual ella acaba disfrutando. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

-¿Estas segura de esto?

-Deja de hacer el numerito del caballero. Estás deseando hacer esto mas que yo.

A quién quería engañar, era cierto. Desde que Silvia me había propuesto hacer esto no había pensado en otra cosa. Follar en los baños del instituto, una de esas fantasías que se le pasa mil veces por la cabeza a un adolescente, iba a hacerse realidad para mi. Realmente era un riesgo controlado. Íbamos a hacerlo en el horario de clase, pero justo en la hora de las clases optativas. En el último curso la única utilidad de estas clases es subir un poco de nota de cara al acceso en la universidad. Los alumnos no las tomábamos en serio, y los profesores (que rara vez se molestaban en pasar lista) menos todavía, por lo que faltar a una clase no era ni mucho menos un drama. Con el resto de alumnos en clase, y que el instituto no iba sobrado de personal como para tener gente vigilando en los pasillos, que nos pillaran era complicado. Además habíamos escogido el baño de la planta baja, en donde apenas hay clases, y que prácticamente solo es usado en la hora del recreo. Con ser lo suficientemente inteligentes de no hacer demasiado ruido y estar atentos por si entraba alguien, no debía pasar nada. Sin embargo, la tensión estaba ahí, lo que hacía esto realmente excitante. Estoy seguro que no fuimos la única pareja a la que se le ocurrió hacer esto.

Mi relación con Silvia solo tenía 4 meses, aunque mis sentimientos por ella vienen desde hace más de un año. Ella llegó nueva al instituto el curso pasado y me quede prendado desde el primer momento. El destino hizo que me sentara cerca de ella durante el año pasado, y ya me quedé totalmente enamorado de ella. Mi timidez me impidió decirle nada, pero después de un verano en el que me pase los días echándola de menos, decidí que cuando volviera a verla le declararía mis sentimientos. Realmente no esperaba que Silvia decidiera salir conmigo, ya que la veía totalmente fuera de mi liga. Tal vez fueran mis ojos de enamorado, pero a sus 18 años Silvia es de las chicas mas guapas que podías encontrarte por la calle. Su pelo negro, sus ojos verdes y su sonrisa hacía que te quedaras embobado mirándola, pero es que luego su cuerpo era perfecto. Podía estar con cualquier chico, pero estaba conmigo, y eso me hacía extremadamente feliz.

Sus padres tenían que trabajar casi todas las tardes de lunes a viernes, por lo que habíamos practicado el sexo numerosas veces antes de esto. Perder la virginidad con ella fue la mejor forma de estrenarme que jamás hubiera soñado, aunque como era de esperar ella ya la había perdido hacía tiempo. Durante el curso anterior me hervían las entrañas viendo al resto de chicos mirarla con ojos de deseo y lanzándola indirectas, las cuales ella misma respondía con gracia. Imaginarme que alguno de ellos se había costado con Silvia me ponía enfermo, pero eso era el pasado, y ahora todo lo sufrido me venía devuelto con intereses, ya que la experiencia de Silvia era un regalo pero un chico mas inexperto como yo.

El que nos atreviéramos a hacer esto no quiere decir que fuésemos los típicos gamberros que pasan de las normas. Todo lo contrario. Como ya he indicado, soy bastante tímido, por lo que he sido una persona a la que le ha costado destacar tanto para bien como para mal, mientras que Silvia ya era una alumna modelo con una de las mejores medias del instituto. Sin embargo, esa falta de atrevimiento que se suele dar a la gente con un brillante historial escolar, no existía en Silvia, y fue ella quién sugirió esto. Silvia disfrutaba tremendamente del sexo y no se andaba por las camas en cuanto a este se refería. Realmente yo no tenía su confianza y estaba temblando en un punto medio entre el miedo y la excitación, pero sabía que Silvia me guiaría y acabaríamos pasando un buen rato.

Yo fui el primero en entrar para asegurarme de que no había nadie ya que íbamos a hacerlo en el baño de chicos. Tras comprobar que estaba vacío hice pasar a Silvia y rápidamente nos empezamos a besar. Aunque teníamos casi una hora para nosotros solos, tampoco quería ir tentando a la suerte así que no me anduve con muchos preliminares y empujé a Silvia contra la pared en donde empecé a meterla mano sin dejar de besarnos en ningún momento. No tardé en quitarle la camiseta y mis labios se posaron sobre su pecho derecho, el cual saqué del sujetador para empezar a lamerle el pezón. Podía oír a Silvia haciendo sonidos de placer, lo cual me motivaba más. Mi mano se estaba dirigiendo a su entrepierna cuando de repente ella dio y pareció quedarse sin respiración. Yo me temí lo peor y me di la vuelta.

Efectivamente la puerta estaba abierta y al pie de esta podía ver a una persona a la cual ya conocía. Era Cristian, el cual había sido compañero de Silvia y mío el curso pasado, pero que no había tenido que repetir curso al no haber aprobado el número mínimo de asignaturas. Realmente es un tipo que siempre me ha caído bastante. Es un egocéntrico que se cree mejor que los demás y que pasa completamente de todo. Por lo general este tipo de gente me da absolutamente lo mismo, pero Cristian era guapo y tenía un carisma que atraía a las chicas. Que muchas chicas prefieran estar con tipos como este solo por el físico en vez de con gente como yo que nos esforzamos por mejorar me da asco. Sé que sueno hablando de mí como si fuera un santo y que el resto de la gente es estúpida por no apreciarla, cuando en el fondo lo que siento es envidia, pero así es como yo lo veo.

-¿Veis? Justo como os había dicho- dijo Cristian a sus acompañantes los cuales seguían detrás de la puerta.

Las palabras de Cristian hicieron que estos se precipitaran por entrar. Dos chicos a los que solo conocía de vista posaron sus ojos de sorpresa sobre Silvia y yo. Por lo que había visto de estos eran otros dos capullos pero sin el atractivo de Cristian, por lo que su papel en la vida se limitaba a ser el lacayo del tipo mas popular de la clase.

-Lamentamos interrumpir- dijo Cristian esta vez refiriéndose a nosotros- pero hoy no teníamos ganas de dar vueltas corriendo como tontos y hemos decidido saltarnos la clase. Y bueno, el plan era pasar la hora justo detrás del aparcamiento, pero os hemos visto entrar aquí y hemos pensado que lo mismo teníais un plan mas interesante.

Silvia se había guardado el pecho en el sujetador e intento agarrar su camiseta la cual estaba colgando en uno de los grifos, pero Cristian se volvió a pronunciar.

-Eh, eh, no me digas que ya habéis terminado. ¿Tan poco duras tío? No me extraña, esto es demasiado mujer para ti.

Decidí ignorar el insulto e intentar zanjar esto.

-Mira, solo estábamos haciendo el tonto. ¿Por qué no nos vamos todos de aquí cada uno por su lado y hacemos como si no hubiese pasado?

Los tres chicos se empezaron a reír sabiendo que no tenía ningún tipo de capacidad para obligarles a dejarnos en paz.

-Oh, puede que para ti un minuto sea mas que suficiente- me dijo Cristian con toda su chulería- pero dudo que tu novia sea tan simple. ¿Qué te parece Silvia? Tres hombres hechos y derechos dispuestos a darte lo que te mereces. ¿No me digas que no te apetece?

Silvia estaba petrificada y era incapaz de decir nada. Decidí echarle valor y tratar de encararme con Cristian, pero antes de que pudiera decir mas de dos palabras, los tres chicos me agarraron a la orden de Cristian.

-Metámosle en este. La cerradura está rota por dentro y no podrá abrir- dijo uno de los acompañantes de Cristian señalando una de las cabinas del baño.

Dicho y hecho me metieron allí, y como prometió mi atacante, la cerradura estaba totalmente rota por lo que no podía salir.

-¡ABRIRME CABRONES!- Grité con fuerza.

-¿Estás imbécil?- Dijo Cristian- ¿Qué quieres? ¿Qué todo el instituto sepa que estamos aquí? ¿Qué todos sepan lo que tú y tu chica hacéis cuando tendrías que estar en clase? ¿A ti qué te parece Silvia? ¿Te da igual que tu madre le digan que te llevas chicos al baño para follártelos?

Me quedé en silencio. Claramente que nos cogieran no era una opción agradable, ¿pero cuál era la otra? ¿Dejar que esos tres hicieran con Silvia lo que quisieran?

-Tranquilo- dijo Silvia con una débil voz- estaré bien.

-Ya te digo que estarás bien cuando hayamos acabado- volvió a hablar Cristian.

Dicho esto, dentro del lavabo no podía ver nada de lo que estaba pasando y solo podía oír los asquerosos comentarios de Cristian y sus compañeros y los quejidos.

-Vaya, ¡si estas empapada!- exclamó Cristian-. Tenía pensado que iniciaras tú los preliminares, pero está claro que estas mas necesitada que nosotros.

-No por favor, espera- oí escuchar a Silvia.

No podía mas. Aunque sabía que lo que iba a ver me iba a doler, no podía quedarme sentado sin saber lo que estaba pasando. De esta forma decidí subirme a la taza del váter lo cual me permitía asomarme por encima de la puerta. El espectáculo era mas o menos el esperado. Silvia seguía pegada en la pared donde le había dejado. Su sujetador ya había volado junto a la camiseta y los amigos de Cristian jugaban con sus pechos con sus manos y bocas. Sin embargo mi atención se centró en Cristian quien estaba sentado de rodillas delante de Silvia, terminando de quitarle los pantalones que ya le había bajado anteriormente. Lo único que llevaba puesto Silvia en ese momento eran sus bragas, pero Cristian no tardó en bajárselas. Silvia intentó cerrar las piernas pero sin ninguna voluntad, sabiendo que resistirse era inútil a estas alturas. El coño totalmente rasurado de Silvia estaba justo delante de la cara de Cristian. Este empezó a meter y sacar sus dedos de la entrepierna de Silvia mientras la miraba, pero esta se mantenía mirando de frente esperando a que el tiempo pasase. Finalmente Cristian decidió ir a la ofensiva su lengua comenzó a lamer de forma compulsiva el coño de Silvia. Su lengua y sus dedos se turnaban para penetrar en su vagina. Silvia se estaba empezando a poner roja y a temblar. En su cara se podía ver el esfuerzo que estaba haciendo por contenerse, pero no pudo reprimirse mas y empezó a jadear salvajemente. Realmente no podía culparla. Si yo me había pasado la mañana excitado por el encuentro que íbamos a tener en el baño ese día, seguro que Silvia también había estado. Si a eso le añadimos el lote que nos habíamos dado antes de que Cristian y los suyos llegarán, no me extraña su cuerpo reaccionase de esa forma ante el sexo oral que le estaban aplicando. Aunque fuera en esas circunstancias.

Lo que si vi realmente grave era lo que me estaba pasando a mi, ya que tenía una fuerte erección ante lo que estaba viendo. Ver a Silvia así de desatada, y además en contra de su voluntad, era algo que me estaba poniendo muchísimo. Pero lo que estaba viendo hasta ahora se iba a quedar corto. Viendo que el terreno estaba mucho mas llano, uno de los amigos de Cristian se sacó su polla del pantalón e hizo que Silvia se la agarra con la mano. Está ni siquiera se lo pensó y empezó a masturbarle. El otro chico prefirió concentrarse en el cuerpo de Silvia y aparte magrear sus pechos empezó besarla en la boca intentando jugar con la boca. Silvia no parecía estar muy por la labor al principio, pero según el trabajo de Cristian en la zona baja de su cuerpo iba haciendo efectos, mas dispuesta estaba a todo, y empezó a besarse con él como si fuera él quien le estuviera dando tanto placer. De repente, Silvia se liberó de la boca y la polla de su violadores, y agarró con sus manos fuertemente la cabeza de Cristian, para seguirlo con un fuerte grito de placer, señal de acababa de tener un orgasmo. Sus rodillas de empezaron a doblar y Cristian y los suyos dejaron que quedará de rodillas en el suelo disfrutando de su corrida. Tras un minuto de silencio en el que los tres chicos se quedaron observando a Silvia jadeando en el suelo, Cristian se empezó a desabrochar el pantalón.

-Bueno, creo que hemos cumplido con creces. Ahora te toca a ti devolvernos el favor.

Su polla salió al aire y realmente sentí una pequeña punzada. La polla de Cristian era bastante mas gruesa que la mía y como mínimo 4 centímetros mas grande. Realmente sentía miedo de que Silvia disfrutará mas de la polla de un violador que la mía, pero por algún motivo eso me excitaba mas.

Silvia estaba de rodillas delante de las tres pollas erectas. Ella se quedó mirando al vacío como pensando que debería hacer, pero al darse cuenta de que lo que podía pasarle podía ser peor todavía, cogió la polla de Cristian (quien ocupaba la zona central como buen líder) y empezó a mamarla lo mejor que pudo mientras sus manos se ocupaban de las tras dos restantes. La situación se mantuvo así un tiempo hasta que uno de los otros dos se quejaron.

-Oye, nosotros también queremos meterla dentro de esa boquita. No nos vamos a conformar con una paja.

Silvia se sacó la polla de Cristian de la boca y agarró la del chico que se había quejado, y poco después la del tercero. La boca de Silvia se iba repartiendo las pollas, y a las que no mamaba trataba de contentarlas con sus manos. Todas estaban siendo bien tratadas, pero claramente Silvia tenía predilección por la de Cristian. No sé si era su mayor tamaño lo que la atraía, el querer recompensar a Cristian por el orgasmo que le había producido, u otro motivo, pero el énfasis que le ponía cada vez que cogía su pene no era comparable al resto. Pensaba que la situación se alargaría hasta que cada uno de los chicos se acabaran corriendo sobre ella como en una escena propia de una película porno, pero de nuevo Cristian alzó la voz.

-Así no vamos a acabar nunca y tenemos poco tiempo- dijo mientras se quitaba la camiseta-. Céntrate en mi polla y cuando acabes ya podrán hacer estos dos contigo lo que querían.

Sin ningún gesto de protesta ni nada parecido, Silvia agarró la polla de este y empezó a lamerle la zona del glande mientras sus manos bajaban y subían por su tronco. El pene de Cristian estaba siendo chupado como si de un caramelo se tratase de forma lenta y sensual. Cristian empezó a acariciar a Silvia como felicitándole por el trabajo hecho. Silvia había decidido dar lo mejor de sí, agarró la cintura de Cristian, y se metió la totalidad de la polla en la boca hasta que la garganta hizo. Silvia empezó a mover la cabeza lo más rápido posible y yo veía como el enorme pene de Cristian salía y entraba sin parar. Silvia le ponía tanto empeño que desde de mi posición veía como sus dedos se clavaban fuertemente en la piel de Cristian para hacer mas fuerza. Cristian miraba a Silvia con ojos de sorpresa, no esperaba que le fueran a dar la mamada de su vida. Este empezó a respirar fuertemente, y sintiendo que iba a correrse, sujetó la cabeza de Silvia para que no se sacase la polla de la boca, empezó a eyacular dentro. Cristian se quedó de pie gozando la experiencia mientras Silvia, con cierta expresión de asco, seguía con la polla metida teniendo saborear el semen de Cristian, el cual había salido en tanta calidad que pequeños chorros salían por la comisura de sus labios.

Cristian sacó su pene ya flácido sin decir palabra, mientras Silvia trataba quitarse los restos de líquido blanco que tenía por el rostro, aunque la mayor parte de este se lo había tragado. Los amigos de Cristian estaban boquiabiertos, al igual que yo. La polla me ardía y me había desabrochado el pantalón de forma con la intención de masturbarme casi inconscientemente, pero yo mismo me acabé dando cuenta de lo enfermizo que era eso.

-Dios...- Dejó escapar uno de los chicos- Como me pone esta tía. Que pena no tener unos condones aquí, porque me la follaría aquí mismo sobre el suelo.

-Hazlo- dijo Cristian para sorpresa para todos-. La tía de Silvia es ginecóloga y le ha recetado la píldora. Podemos corrernos dentro de ella todo lo que queramos.

Cristian soltó este bombazo como si nada mientras se quitaba los pantalones y las zapatillas para quedar completamente desnudo, mientras el resto no sabíamos como reaccionar. Lo que había dicho era cierto hasta un punto, ¿pero como podía saber esto? Solo había una respuesta. Cristian ya se había acostado con Silvia con anterioridad.

-Espera no- Dijo Silvia en forma de súplica-. Ya no tomo la píldora Cristian. No te dejes llevar y hagas una estupidez.

Eso último probaba que Cristian no había estado con Silvia en un tiempo. Las primeras veces que lo hicimos, Silvia y yo follábamos a pelo, ya que la píldora nos daba la protección que necesitábamos, pero mi capacidad de aguante no era demasiado alta. Sentir ardor de Silvia piel con piel era demasiado para mí, y siempre tenía que recurrir al sexo oral para que Silvia tuviera un orgasmo ya que no me daba tiempo a dárselo de otra manera. Por esta manera empezamos a recurrir al condón, ya no solo como método anti-conceptivo sino como un retardante para mi. Si estos malnacidos tuvieran relaciones sexuales con Silvia en este instante un embarazo no deseado podría producirse, pero eso no pareció importarle a Cristian.

-No me jodas Silvia, seguro que tu ti puede conseguirte una pastilla del día después. Solo tienes que explicarle que has teni...

-No por favor, no. Os chupare las pollas, me tragaré vuestro semen, haré lo que queráis....Pero por favor no me folléis así.

-Venga vamos- dijo uno de los chicos quien ya estaba empezando a agachar tras lo que Cristian había dicho. Ya le habían dado la excusa que le hacía falta para lograr lo que quería- Si esto te va a gustar incluso mas que a nosotros.

El tipo intento poner a Silvia a cuatro patas pero esta se giró y empezó a forcejear con él. Los otros dos intervinieron y agarraron a Silvia obligándola a tumbarse en el suelo. El chico que ya estaba impaciente se puso detrás de Silvia y la penetró. El tipo no tenía ningún interés en el estado de Silvia y empezó a follársela lo más rápido y fuerte que podía. Silvia dejó de resistirse y los otros la soltaron dejando que pudiera ponerse a cuatro patas mientras su amigo se la follaba como un perro en celo. Silvia miró al suelo con resignación pero de nuevo su cuerpo la traicionó y los gemidos de ella pronto volvieron a ser audibles. Cuanto mas subía el ritmo aquel chico Silvia parecía disfrutar aún más. Finalmente el tercer tipo, que estaba sin hacer nada y con una erección que estaba apunto de hacerle explotar la polla, no pudo aguantarlo mas y se agachó también metiéndole a Silvia su polla en la boca. Silvia estaba disfrutando tanto la follada que le estaban dando que mamó con gusto la segunda polla que la ofrecían. Los tres estaban tremendamente excitados y no se reprimían ni un sonido, pero nadie estaba preocupado de que pudieran ser oídos. Silvia jadeaba tanto que ya era incapaz de seguir chupándole la polla al chico que tenía de frente, así que se limitó a masturbarle con fuerza. El tipo aguantar tras esto y empezó correrse haciendo que su semen saliera disparado a la cara de Silvia. Mientras el chico caía rendido su amigo también comenzaba avisarnos con sus sonidos que estaba apunto de venirse también, y echándose para adelante abrazó a Silvia daba su última embestida y comenzó a correrse dentro de ella.

Los amigos de Cristian se empezaron a levantar despacio mientras este le ofrecía un trozo de papel a Silvia para que se limpiara la cara. Esta lo acepto y empezó a quitarse el líquido blanquecino del rostro hasta que lo vio. A pesar del orgasmo que había tenido minutos antes, la polla de Cristian estaba de nuevo firme como una roca. Silvia se quedó mirando el aparato de unos instantes para luego alzar la vista y observar a Cristian con ojos que considero de deseo. Cristian se agachó lentamente y quedó sentado junto a Silvia en el suelo. Este dejó atrás la violencia mostrada anteriormente y empezó a besar dulcemente a Silvia en el cuello, en los hombros, en el pecho,...hasta finalmente alcanzar la boca a la que empezó a dar pequeños piquitos su lengua entró en su boca. Las manos de Silvia empezaron también a acariciar el cuerpo de Cristian mientras sus besos se volvían mas sensuales. Cada vez estaban mas calientes y sus sexos eran tocados por el otro en tono juguetón. Parecían una pareja de novios follando como si no hubiera nadie delante. Cristian empezó a tumbar a Silvia en el suelo y todo parecía dispuesto para que empezaran a consumar, pero Cristian quería humillar más a Silvia.

-Quiero que me pidas que te folle. Dímelo. Si no me hago una paja y me corro sobre ti como si fueras una puta.

Silvia se lo quedó mirándole pensando si tal vejación merecía la pena. Por lo visto lo merecía.

-Si, por favor fóllame. Fóllame ya.

Cristian volvió a besar a Silvia y con su mano se empezó a acomodar el pene para meterlo dentro de Silvia. Cristian empezó a follar a Silvia mientras ninguno de los dos apartaba la vista del otro. Las miradas del otro solo se apartaban cuando Silvia ponía los ojos en blanco por el placer. A Cristian se le veía disfrutar, pero no era comparable con Silvia que había olvidado que estaba en un baño público. Sus manos ya no sabían ni a que agarrarse y el volumen de sus gritos me hacían imposible creer que nadie pudiera oírlos. Yo ya no podía mas. Me daba igual que se estuvieran follando a mi chica en mi cara y que está encima lo estuviera disfrutando, esta escena estaba siendo demasiado erótica, y yo mismo empecé a masturbarme, aunque estaba tan caliente que no tardé en verter mis fluidos sobre la puerta del lavabo. Por un momento perdí de vista lo que sucedía ya que traté de reprimir cualquier sonido de parte para que nadie supiera lo que había hecho. Cuando volví a mirar por encima de la puerta cualquier tipo de romanticismo ya había muerto. Silvia había rodeado a Cristian con sus piernas y prácticamente le marcaba el ritmo de sus embestidas. Finalmente el cuerpo de Silvia se tensó y un intenso gemido nos indicó que había llegado al orgasmo. Tras esto su cuerpo cayó agotado como un cadáver, pero Cristian todavía tenía que terminar. El contraste acústico que se vivía en el cuarto tras el orgasmo de Silvia fue notable, y tras oír por minutos sus muestras de placer, ahora solo oía el sonido de la vagina de Silvia siendo penetrada y los bufidos de Cristian al que ni un profesor hubiera podido parar ahora mismo. Silvia estaba absorta jadeando débilmente mientras sus manos acariciaban el cuerpo de su amante. Su mirada no se separaba de Cristian y cuando este empezó a hacer gestos de que se venía, cerró los ojos como queriendo disfrutar la corrida de Cristian dentro de ella.

Tras acabar Cristian se dejó caer sobre Silvia y ambos comenzaron a besarse suavemente en el suelo mientras ninguno de los demás nos atrevíamos a decir palabra. Prácticamente sin quitarse la mirada el uno del otro, Cristian se levantó y comenzó a coger su ropa mientras Silvia descansaba en el suelo. Uno de los chicos empezó a bajarse a los pantalones dispuesto a ser el siguiente pero Cristian lo detuvo.

-¿Estas tonto? Apenas queda un cuarto de hora para el cambio de clases y tenemos que limpiar esto. ¿O es que pensabas dejar esto lleno de semen y fluidos? Total, no es que hayamos hecho pellas en esta hora y seamos los principales sospechosos.

-No me jodas Cristian. Os la habéis follado todos menos yo.

-Pero te has corrido en su puta cara. Haberte pensado antes. Ahora coge papel higiénico y ponte a limpiar.

No sé si alguno de los chicos me había visto asomarme en este rato, o si siquiera se acordaban de mi presencia, pero teniendo en cuenta que Silvia ya no era el centro de atención, decidí volver a esconderme y evitar así mas humillaciones. El resto del tiempo lo pasé escuchando los chicos se paseaban por la sala limpiando con papel cualquier fluido corporal que encontraran y tirando de la cadena. Yo también cogí sin hacer ruido y elimine cualquier rastro visible de mi semen sobre la puerta. También noté como echaban un poco de colonia para disimular el olor a sexo que impregnaba el ambiente. Apenas dijeron nada. Supongo que la parte de la violación estaba siendo divertida, pero ese momento final de Silvia y Cristian follando como si fueran una pareja creo que dejó a todo el mundo incomodo. Oí la puerta del baño abrirse seguido de pasos alejándose, lo que me hizo suponer que los chicos se habían ido. A los pocos segundos Silvia abrió la puerta de mi cautiverio llevando ya puesta la ropa que traía de casa. Se había intentado arreglar delante del espejo, y aunque no lucía el aspecto impecable que traía de casa, nadie debería sospechar nada raro. Silvia me miraba con ojos de vergüenza como queriéndome pedir perdón por lo sucedido. Yo la abracé y la dije que saliéramos. Realmente estaba dispuesto a perdonarle todo, pero entonces Cristian volvió a aparecer en nuestras vidas.

 


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