Utilizamos cookies propias y de terceros para prestar nuestros servicios y mostrar publicidad relacionada con sus preferencias.
Si continua navegando, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies.
Usuario:
 Contraseña:
 CREAR CUENTA  Recordar Clave  Ayuda
 4.800 Usuarios Conectados [ Contactos ] [ Comunidad de Cams ] [ Twitter TodoRelatos ]  1.451.445 Miembros | 19.182 Autores | 97.209 Relatos 
Fecha: 16-Dic-16 « Anterior | Siguiente » en Dominación

La puta del supér 7

ReigDreed
Accesos: 23.104
Valoración media:
Tiempo estimado de lectura: [ 55 min. ]
 -   + 
Eva recibe un mensaje informándola que al día siguiente no tenía que trabajar, pero lejos de librarse de sus desventuras, tendrá que sufrir en su piel y en público, lo que la joven mente de Elena tiene preparado para ella. Exhibicionismo, dominación, lésbico y mucho morbo. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

 

Este capítulo tiene muchísimo de exhibicionismo, pero dado que el tema principal sigue siendo su dominación, no me he planteado cambiarlo de categoría. Espero no defraudar a nadie.

Salieron por la puerta y yo me levante muerta de la vergüenza. Mi hermana me miraba confundida.

                -¿Qué hacías…- no la deje terminar.

                -Vístete y nos vamos a casa.- la dije

                Cogí mi abrigo que era lo único que me quedaba de mi ropa y espere mientras mi hermana se vestía. Cuando la vi desnuda descubrí que tenía sus nalgas rojas. Quise preguntar, pero preferí no abrir la boca. No estaba dispuesta a que volviera a sacar el tema, ni de mi collar de perro ni mi comportamiento como tal.

                Bajamos rápidamente a por mi coche, llevándola casi a rastras. Entramos en él y volví a recordar lo sucedido en mi culo al sentarme. Arranque y salimos de allí. Por fin.

La Puta del Súper 7

 

                En el coche yo me mantuve callada. Sandra lo hizo un tiempo pero la curiosidad la pudo más.

                -¿Y ese collar?- me preguntó.

                -Un regalo.- la contesté.

                -¿De Elena?- me dijo, supongo que por lo que había visto.

                -No.

                -¿Entonces, de quién?

                -No te importa.- la dije secamente.

                -Vale, como quieras. Si no me quieres contar que está pasando contigo en esa tienda. Ni porque estabas como un perro con tu zapatilla en la boca, mientras ellas se reían de ti. Tú misma. Ya eres mayorcita.- me dijo mi hermana pequeña.

                Me hubiera gustado poder confiar en ella y contarle todo. Pero la verdad es que no me daba seguridad. Si había contado mis intimidades a Elena, podría hacerlo con mi marido y eso sería mi ruina. Decidí mantenerme en silencio.

                No quería llevar a mi casa a Sandra. Necesitaba separarla de mí un tiempo. Y también de mi marido. Asique cuando fui a recoger a mi hijo, a casa de mis padres. La dije que se quedara allí. Que mañana pasaría a buscarla. Eso me suponía madrugar más pero lo prefería a tenerla en casa. Ella aceptó a regañadientes. Quería volver a dormir en mi casa. Pero yo tenía la sospecha que lo que ella quería es estar más tiempo con mi marido, exhibiéndose y calentándole. Me quite el collar y lo deje en la guantera para que mis padres no lo vieran. Recogí a mi hijo y deje a Sandra allí.

Fui a mi casa. Por fin podía tener algo de paz. Me cambie de ropa antes de que Rubén me viera e hiciera más preguntas. Note raro a Rubén, algo distante. No hice mucho caso debido a que yo  tenía muchas cosas en las que pensar. Con Elena como mi Ama, todo se complicaba. Aquella niñata no pararía de humillarme y no podía adivinar que más tenía pensado hacerme.

Estábamos cenando Rubén y yo, prácticamente en silencio, cuando sonó mi móvil. Un whatsapp. Mire y era Mario. El jefe de tienda me daba el día libre por las horas que había trabajado de más. Me extraño mucho, por el enfado que tenía conmigo. Pero me venía genial para separarme de mis acosadores durante un día. Feliz por la noticia, continúe cenando. Ahora más tranquila.

No había pasado ni media hora cuando volvió a sonar mi móvil. Miré, otro whatsapp. Me habían incluido en un grupo. Cuando vi lo que era casi se me cae el móvil al suelo. El grupo se llamaba, La Puta Del Súper. Como foto de grupo, como no podía ser de otra manera, estaba yo. Salía de rodillas con mis tetas levantadas por mis manos, cubierta de corridas, pan y saliva. Sin duda era una de las fotos que Víctor y Carlos me tomaron cuando me utilizaron en la oficina. Mire los miembros de grupo y estaban todos los que me había estado haciendo la vida imposible en el súper. Luis, Carlos, Víctor, Jaime, Vero, Laura y Elena.

Elena escribió:

-Hola esclava. He pensado que la mejor manera de estar en contacto es creando un grupo. Te explicare un poco las normas.

-Cada vez que hablemos tu tendrás que leerlo. Da igual la hora que sea o con quien estés.

-No hablaras a no ser que se te diga expresamente.

-Y por supuesto harás todo lo que digamos aquí.

-¿Lo has entendido perrita?

Tarde un rato en pensar. Pero como siempre, no tenía opción.

-Si Ama.- escribí.

-A si me gusta. Mañana libras, pero las putas no tienen descanso. Mañana a las 11 te quiero en el centro comercial, iremos de compras. Trae dinero.

-Entendido Ama.- escribí.

                 Se acabó mi alegría. Pensaba que me libraría de ellos por un día pero la zorra de Elena, no sé cómo, sabía que libraba, además ella también debía hacerlo para poder venir conmigo “de compras”. Seguro que no tenía pensado solo comprarse ropa a costa de mi dinero.

Sentada con mi marido en el sofá, empecé a recibir mensajes de mis compañeros. Algunos solo me insultaban o me humillaban. A veces haciéndome contestar cosas humillantes.  Carlos me pidió que me hiciera una foto metiéndome el dedo en el culo y sonriendo a la cámara. Tuve que irme al baño para hacerlo. Mi marido me veía escribir por el móvil pero no preguntó. Luego dijo de irnos a la cama. Pero yo tenía que seguir atendiendo a mis compañeros. Me excuse diciendo que no tenía sueño. Él no puso ninguna pega y se fue solo a la cama. Me extraño que no insistiera. Que no quisiera repetir el polvo de la noche anterior. Pero me vino bien que me dejará sola.

Mis compañeros siguieron humillándome por el grupo. Luis me pido un video pegándome bofetadas en la cara. Lo grabé y se lo mande. Me deje la cara roja. Vero me ordenó que me escribiera puta barata en las tetas. Busque un rotulador y lo hice, les mande la foto y estuvieron otro rato burlándose de mí por ello. Finalmente pararon de escribir. Eran las 2 de la madrugada y todos tenían que trabajar al día siguiente, por lo que pude lavarme la frase de mi cuerpo e irme a dormir.

Cuando desperté a la mañana siguiente. Sentí la imperiosa necesidad de mirar si tenía algún mensaje. No solo era por el miedo al castigo que me pusiera si no lo leía. Deseaba verlo. Me estaba volviendo más sumisa cada día.

No tenía ninguno. Por un lado me lleve una decepción. Supongo que todos se despertarían cansados por trasnochar humillándome y no se habían molestado en acordarse de mí. Recordé que había quedado con mi hermana en ir a buscarla para llevarla al trabajo. Asustada por que hubiera llegado tarde por mí culpa, llame a mi madre. Está me dijo que un compañero nuestro había ido a buscarla por la mañana. Seguro que fue Mario. Los celos me recorrieron el cuerpo. Justo hasta mi entrepierna.

Estaba sola en casa. Mi marido había llevado a nuestro hijo a la guardería antes de irse a trabajar. Me prepare un cola cao mientras le daba vueltas a lo que me podía esperar esa mañana con Elena. No me había dado ninguna orden, ni de cómo vestir, ni si tenía que llevar el huevo o el collar puesto. Me sentía rara, sin saber qué hacer. Llevaba tanto tiempo cumpliendo órdenes, que ahora que no las tenía no era capaz de decidir por mí misma.

Quedaban más de dos horas para las 11. Por lo que aún había tiempo para que Elena me diera instrucciones de cómo debía acudir a la cita. Me quite el pijama y las bragas con las que había dormido. Pensé que lo más correcto era estar desnuda hasta que me dijeran lo contrario. No entendía cómo podía comportarme así. Yo misma me contradecía, por un lado me odiaba por ser tan sumisa, sobre todo con esa niñata. Y por otro me ponía cachonda auto-humillándome.

Limpie un poco la casa, desnuda como me había quedado. Al rato de estar haciéndolo me di cuenta que todas las cortinas de las ventanas estaban abiertas. Cualquier vecino podía verme limpiando desnuda. Recordé el día de ayer, como chacha del súper. Me excite. Cuando me quise dar cuenta estaba enfrente de la ventana de mi habitación acariciándome los pezones. Deje de hacerlo avergonzada. Pero no cerré las cortinas, en cambio busque un trapo y empecé a limpiar los cristales de todas las ventanas. No me atreví a mirar si algún vecino me estaba mirando. Pero la idea de que fuera así me mantenía caliente.

Estaba terminando de limpiar la ventana del salón, cuando sonó mi móvil. Corrí a mirar si era Elena. Pero era Jaime, pidiéndome un selfie tal y como estaba. Me lo hice, cogiendo el trapo y el bote de limpiacristales. Una vez más, humillándome a mí misma. Fueron varios los compañeros que se rieron de mí, llamándome chacha o diciendo que fuera sus casas a limpiar desnuda como lo hacía en la mía. Leer sus mensajes me hacían sentir mal, sobre todo porque me excitaba al sentirme humillada, por los que antiguamente eran mis compañeros y me respetaban.

Faltaba una hora y no tenía noticias de Elena. Tenía que decidir por mí misma. Pensé durante un rato y decidí que a mi nueva Ama no le interesaba mi cuerpo. Creída y egocéntrica como ella sola, el único cuerpo que la interesaba era el suyo propio. Por lo que pensé que debía vestirme lo más normal posible. Para que ella fuera el centro de atención de todas las miradas. Como una Diosa junto a una simple mujer, que de seguro, ella se encargaría de hacerme sentir como un ser inferior.

Busque en mis cajones unas bragas, las más sencillas y castas que tuviera. Elegí unas blancas, con dibujitos de flores, casi infantiles. Busque un sujetador acorde con ellas. Uno blanco, sin relleno y bastante usado. Me lo puse y la verdad que apenas levantaba mis grandes pechos. Pensé que a Elena le gustaría poder presumir de sus tetas sin tener que competir con las mías. Afloje los tirantes para dejar mis pechos aún más caídos. Prácticamente no me sujetaban las tetas, solo las tapaba. 

Todavía mis tetas eran grandes, gracias a la lactancia. Busque el sacaleches, con el que me vaciaba los pechos para poder darle la leche a mi hijo con el biberón, en la guardería o cuando se quedaba con su padre. Nunca me había gustado usarlo, me sentía como una vaca en una granja. Ese pensamiento hizo que otra chispa de sumisión se encendiera en mí. Me quite el sujetador y me coloque a cuatro patas, encima de la cama, mi intención era ordeñarme como una vaca, pero claro, yo sola no podía sujetarme ambas ventosas en mis pechos y ponerme a cuatro patas. Tenía que buscar una solución si quería seguir con aquella auto-humillación. Parecía que mi mente se había entrenado para estos temas. Cogí un rollo de cinta transparente, el celo de toda la vida y sujete con él las ventosas a mis tetas, dándole varias vueltas a mis tetas, dejándolas bien apretadas. Eso ayudaría a ordeñarme. Ahora sí, me puse a cuatro patas sobre la cama y encendí el aparato. La leche salía a chorros, gracias a las ataduras del celo. Estaba muy excitada. Yo sola, sin tocarme, solo humillándome a mí misma. Mire y la ventana seguía completamente abierta. Cualquier vecino me vería en esa situación tan humillante. Me puse aún más cachonda. Me baje mis infantiles bragas, todo lo que pude sin cambiar de posición. Si alguien estaba mirando, ahora también verían mi culo, aparte de mis ubres apretadas y succionadas por el aparato.

Necesitaba tocarme. Pero Elena me dijo que ella decidiría cuando podía tener orgasmos. Por lo que me mantuve sufriendo aquel calentón hasta que la leche dejo de salir de mis tetas. Había llenado el bote y hasta se había derramado por la cama. Lamí mi propia leche de las sabanas, pensando que era otro tipo de leche. Sonó mi móvil desde el salón. Corrí como estaba con las bragas en las rodillas y mis tetas aun atrapadas al sacaleches. Era Elena. Quería que la fuera a buscarla a su casa. Por fin tenía noticias de ella. No decía nada más. La contesté.

-SI mi Ama. Ya mismo salgo.

Ese mensaje me había vuelto a la realidad. Avergonzada me quite el aparato pegado a mis tetas. Me dolió un poco, pero ya estaba acostumbrada a que me torturan las tetas. Me vestí corriendo con las bragas que tenía en mis rodillas y el sujetador que había dejado en mi cama. Me puse un pantalón vaquero, ajustado pero nada llamativo para como solía vestir últimamente. Una camiseta bien ajustada, no pensando en marcar mi pecho, sino todo lo contrario. Con ella mis grandes tetas quedarían más oprimidas y junto con el jersey holgado que me puse encima, disimulaba bastante que yo poseía unos pechos grandes. Así le sería más fácil a Elena ser el centro de atención. No me maquille, simplemente me hice una coleta. Me mire al espejo, seguía siendo una mujer guapa, pero para nada provocativa. Era lo máximo que podía hacer por mi Ama.

Guarde el huevo vibrador y todas sus fundas en mi bolso y salí corriendo a buscar a esa niñata, que ahora era mi dueña. Cuando llegue a la puerta de su casa la envié un mensaje. Ella lo vio, pero no contesto. Estuve esperándola en el coche más de media hora. Cuando por fin salió, comprobé que no hacía falta que yo ocultara mi cuerpo para no hacerla sombra. Era imposible que nadie se fijara en mí si ella estaba a mi lado. Su joven cuerpo se apreciaba a la perfección con aquellos pantalones súper ajustados, que la hacían un culo impresionarte, ayudada por unos tacones de impresión. Con los que sería difícil andar pero que ella hacia muy sensualmente. Con una camiseta de manga larga con un gran escote, dejaba apreciar sus grandes pechos operados, que luchaban por salirse del ajustado sujetador que las retenía. Una chaqueta corta era su única prenda de abrigo. No entiendo como no tenía frio aquella niña.

Llego hasta mi coche y se quedó parada enfrente. No sabía por qué no entraba. Salí del coche y me dijo:

-Deberías estar esperándome fuera. Y por supuesto abrirme la puerta, puta estúpida.

-Lo siento mucho Ama, soy una estúpida.- la dije, corriendo hacia la puerta del copiloto para abrirla.

-Ya sé que eres una estúpida. Que no vuelva a pasar.- me contesto aquella cría.

Se sentó en mi coche y yo hice lo mismo en mi asiento. No sabía si debía ir al centro comercial como me había dicho o si debía esperar órdenes. Mi cabeza estaba confusa. No quería volver a fallar.

-Vamos perra, llévame al centro comercial, tenemos que comprarte ropa. Esa que llevas es de mujer respetable y tú no eres eso ¿verdad?- me dijo.

-No lo soy Ama.- le dije, arrancando mi coche.

No sabía si había fallado con mi ropa. O simplemente quería insultarme. Pero una sensación de fracaso me inundo. Durante el corto viaje no me dijo nada. Solo escribía en su móvil. Aparque el coche en el parquin subterráneo.

-¿Te has puesto tu juguete?- me preguntó, enseñándome los mandos.

-No, está en mi bolso, junto a las fundas. No sabía si debía ponérmelos sin permiso.- la dije, sumisamente.

-Muy bien perrita.- me dijo, acariciándome la cabeza.

-Pareces que vas aprendiendo.- siguió, mientras cogía mi bolso.

Saco el huevo y todas las fundas. Las puso en fila sobre el salpicadero de mi coche. Me dio vergüenza, pues la gente podía verlas desde fuera.

-Haber cual elijo…

-Ya sé. La de pinchitos. Así si te portas mal tendrás un castigo en tu coñito.

Monto la funda en el huevo y me la dio.

-¿Y tú collar?- me preguntó.

-En la guantera, ama.- contesté.

Lo cogió y me lo puso. En ese momento me sentía completamente como una perra.

-Recuérdame que compremos una correa para pasearte.- me dijo.

-Si ama.

-Venga, sal del coche y ponte el vibrador.- me ordenó.

No podía hacer lo que me pedía. No había mucha gente pero cada poco tiempo algún coche aparcaba o alguien se montaba en algún coche aparcado.

-No puedo hacerlo aquí, me van a ver.- la dije, esperando que se apiadara de mí y me permitiera ir al baño, o al menos, ponérmelo dentro del coche.

-Y a mí que me importa que te vean tu asqueroso coño.- me contestó.

La mire suplicante pero ella lejos de apiadarse de mí, apretó el botón de mi collar eléctrico mientras sonreía.

-Está bien, lo haré, para por favor.- la dije yo, mientras me retorcía en mi asiento.

-Cuando estés fuera con los pantalones bajados pararé.

No me quedaba otra que hacerla caso. Como pude salí del coche, y con mis manos temblorosas intente desabrocharme el pantalón. Me costó muchísimo pues mis músculos se tensaban con las descargas. Si me hubiera puesto una minifalda todo sería más sencillo, pensé. Cuando conseguí soltar el botón me baje los pantalones entre temblores, dejando ver mis blancas bragas, a Elena y a una mujer que llegaba a lo lejos con bolsas. Mire a Elena que me enseñaba el mando, animándome para que continuara. El coche de la mujer debía estar aparcado después del mío, pues ella se dirigía justo hacia a mí cuando note otra descarga en mi cuello. Con los pantalones bajados mire a Elena rogándola que parase, al menos hasta que la mujer pasara de largo por delante de nosotras. Pero ella no paro. Por lo que, con muchísima vergüenza me baje las bragas, mientras Elena se reía a carcajadas dentro del coche.

                Mi tortura se había detenido. Pero sabía que si me tapaba volvería. Elena cogió el huevo con la funda y lo tiro por la ventana.

                -Venga zorra, métete el juguete en el coño, que vean lo guarra que eres.- dijo en voz bien alta para que aquella mujer y cualquiera que estuviera allí cerca la escuchase.

                Ande, patéticamente, con los pantalones y las bragas en las rodillas, hasta donde había caído “mi juguete” y lo recogí del suelo. No sé si instintivamente o por simple despiste. Lo hice agachándome con las piernas rectas, dejando una, inmejorable imagen, de mi culo y mi coño a aquella mujer. Mire a la mujer que parecía que andaba cada vez más despacio. No sé si para evitar cruzarse conmigo o todo lo contrario.

                -Ponte enfrente del coche, que te vea bien.- me dijo Elena desde dentro.

                Volví a andar como una estúpida y me coloque delante del coche. Me recordó a la noche con Luis en el polígono. Como si Elena me leyera la mente, encendió las luces de mi coche, iluminándome por completo. Si era difícil que no me vieran ahora era imposible pasar sin mirar a la mujer iluminada, con el coño al aire. Todo lo que podía hacer por mí, era meterme aquel vibrador con pinchos de goma, lo más rápido posible para evitar que más gente me viera. Lo hice rápido, sin pensar. Mala elección. Mi coño no estaba lo suficiente lubricado y los pinchos, aunque de goma, se clavaron en mí arañándome por dentro. Solté un grito, que hizo que la mujer se parará. Estaba a solo unos pasos de mí. La mire y me dijo:

                -¿Te duele mucho?

                -Un poco.- la contesté, con la cabeza baja, completamente avergonzada.

                -Tenéis que tener más cuidado con vuestros jueguecitos. Seguro que a tu novia no le gustará que te hicieras daño justo ahí.- me contestó.

                -No soy su novia, soy su ama.- dijo Elena saliendo del coche con los dos mandos en la mano.

                La mujer se quedó con cara de sorprendida. Era unos años mayor que yo. Supongo que ver a una cría tan joven con una esclava de mi edad era algo que no se esperaba.

                -Pues que suerte tienes de tener a una mujer así, dispuesta a hacer lo que tú quieras.- la contestó.

                No podía creerme la situación. Yo con mis pantalones y bragas bajados y aquel cacharro metido en el coño y ellas hablando tranquilamente sobre la suerte de tener una esclava como yo.

                -Pues sí, pero se lo ha buscado ella solita. Por ser una guarra y ponerle los cuernos a su marido con un compañero de trabajo.- la dijo Elena, a aquella mujer.

                -Vaya, no me digas. Pues entonces te está bien merecido ese doloroso consolador, así se te quitara las ganas de ponerle los cuernos a tu esposo.- me dijo, bofándose de mí.

                -Es vibrador, mira pruébalo tú misma.- la dijo Elena, ofreciéndole el mando de mi huevo.

                La mujer lo cogió y mirándome a los ojos, pulso un botón. Mi coño empezó a vibrar. Dolorido como estaba, aquello no me daba placer. Al contrario, me dolía bastante. La mujer cambio de vibración varias veces, maravillada con el juguete. Yo mientras tanto soportaba el dolor y la humillación de sus juegos.

                -Como mola este invento. Tendré que comprarme uno para que mi marido juegue conmigo. Yo es que soy fiel a mi marido sabes. Prefiero que esto me lo haga él y no una desconocida en un centro comercial.- me dijo aquella zorra mal follada.

                Elena no paraba de reír. Sin quererlo había conseguido una aliada para humillarme. Cuando la mujer se cansó le dio el mando a Elena.

                -Muy divertido. Cuando se lo cuente a mi marido no me va a creer.- dijo la mujer.

                -Pues hazla unas fotos, así tienes pruebas.- la dijo Elena.

                -¿De verdad?- dijo ella sorprendida.

                -Claro, las que tú quieras y si quieres del juguete también, así tu marido sabrá lo que tiene que regalarte por tu cumpleaños.

                -Que bien, muchas gracias guapa.- dijo la mujer sacando su móvil del bolso.

                Me hizo varias fotos con mi coño al descubierto, tanto de cuerpo entero como un primer plano de mi coñito dolorido, después le pidió a Elena que nos hiciera una foto juntas. Me agarro de la cintura y Elena nos sacó varias fotos. Me hizo volver a sacarme el huevo, para mi sufrimiento y le hizo otra foto.

                -Muchas gracias chicas, que buen momento me habéis hecho pasar. Y que calentón me llevo para casa. En cuanto llegue mi marido le echo un polvo salvaje.

                -Gracias a ti. Eva, da las gracias a esta mujer tan simpática.- me ordenó mi ama.

                -Gracias señora.- la dije yo.

                -¡Uy señora! si tengo tu edad más o menos, pero yo no soy tan puta como tú, eso sí. -dijo la mujer.

                -Bueno chicas, que os lo paséis bien.-se despidió dándole dos besos a Elena y a mí un azote en el culo.

                Elena me hizo volver a ponerme el vibrador. Esta vez lo hice con más delicadeza, ya me daba igual, llevaba más de 10 minutos medio desnuda en aquel parquin, no me había fijado pero seguro que alguien más nos había visto. Cuando lo tuve dentro por fin pude vestirme y nos encaminamos a la entrada el centro comercial.

                Andar con aquellos pinchitos clavándose en mi interior era muy molesto. Debía andar de una forma muy ridícula, todo lo contrario que Elena, que andaba sensual, moviendo su espectacular trasero, unos pasos por delante de mí.

                Al llegar a las escaleras mecánicas, me hizo subir andando, mientras ella se quedó parada, dejado que las escaleras cumplieran su función y la llevaran hasta el centro comercial. Subir los escalones era una tortura con aquello vibrando dentro de mí. Cuando llegue arriba, mi cara debía ser claramente de dolor, pues unos chicos que me vieron me preguntaron:

                -¿Estas bien?

                -Sí, si.- les dije yo, que iba a decirles.

                Los chicos no quedaron muy convencidos y me volvieron a hablar.

                -¿Seguro? No tienes cara de estar bien.

                -No os preocupéis chicos, es que su marido la dio bien fuerte anoche y apenas puede andar, ya sabéis lo que pasa si juegan por detrás muy fuerte.- dijo Elena, que llegaba justo en ese momento por las escaleras mecánicas.

                Los chicos cambiaron su cara de preocupación por reírse a carcajadas. Nuevamente me estaba humillando delante de unos desconocidos y la mañana acababa de empezar. Elena me hizo seguirla, dejando a los chicos riéndose de mí, atrás. Fui directa a una conocida tienda de ropa, donde yo la seguí, siempre unos pasos por detrás.

                Estuvo un buen rato mirando ropa. Siempre faldas muy cortas y camisetas con mucho escote o con transparencia. Cuando encontraba algo que le gustaba me lo probaba poniéndolo sobre mi cuerpo, diciendo lo puta que parecería y cosas por el estilo. Por supuesto no lo hacía con disimulo. Y tanto clientes como trabajadoras de la tienda eran testigos del comportamiento de esa niñata buenorra y la mujer sumisa que la acompañaba. Fue cogiendo varias prendas, que yo tenía que ir llevando. Después fue a la lencería.

                -¿Qué talla usas?- me preguntó.

                -Una 100- 105, depende.- la contesté.

                -Entonces cogeré una 95B.- dijo ella.

                Cogió varios conjuntos de sujetador y tanga. Todos muy sensuales y bastante escasos de tela. Además de ser más pequeños que los que yo necesitaba.

                -Vete a los probadores y desnúdate.- me ordenó.

                -Sí, ama.- contesté, en voz baja para que la gente que estaba cerca no me oyera.

                Fui a los probadores con toda la ropa cargada. Pensando lo que me podía venir, me metí en el más alejado a la salida. Cerré la cortina y me desnude, quedándome solo con mi sujetador y mis bragas y por supuesto mi collar de perra. Pensé en probarme algo de lo que Elena había elegido para mí. Pero su orden era que me desnudara, por lo que pensé que mejor estarme quieta y esperarla así. A los 10 minutos, que se me hicieron eternos, escuche su voz. Abrí un poco la cortinilla y saque la cabeza para indicarla donde estaba. Cuando se acercó a mi probador, descorrió por completo la cortina, por suerte no había nadie enfrente.

                -Te he dicho que te desnudes zorra.- me regaño.

                -Lo siento, pensé que así era suficiente.- me excusé.

                -¿Desde cuándo piensas?- fue su hiriente respuesta.

                Traía unos zapatos con un tacón altísimo. Bajo su atenta mirada me quite mi sujetador y mis bragas, dejándolas tiradas en el suelo. Cogió una de las faldas y me la tiro a la cara. No me dijo nada, pero entendí que quería que me la pusiera. Lo hice. De por si era corta pero como encima era un par de tallas más pequeña que la mía, prácticamente me tapaba lo justo para que no enseñara el culo. Tuve que darme la vuelta e incluso agacharme para asegurarse que mi culo y mi coño se verían. Parecía que le gusto. Me hizo quitármela y probarme otra.

                Así estuvimos un buen rato, ella tirándome ropa a la cara y yo probándomela bajo sus indicaciones. Estaba agachada, mostrándole como la falda que había elegido dejaba ver todas mis intimidades, cuando vi por el espejo a unas chicas de la edad de Elena, que iban al probador de enfrente. Ambas se quedaron boquiabiertas al verme en aquella posición enseñando mi coño y mi culo. No me atreví a levantarme, por lo que seguí dejando que esas chicas me vieran, hasta que Elena me dio la orden para hacerlo. Cuando lo hice, las dos chicas seguían paradas mirándome. Lo normal es que entrasen en un probador a hacer lo que habían venido, pero no. Elena me ordeno quitarme esa falda. Tuve que hacerlo mientras las dos chicas me miraban sorprendidas. Cuando ya estaba desnuda completamente, parece que les dio vergüenza y entraron las dos en un probador. Las podía oír cuchichear sobre mí. Nada de lo que decían era halagador.

                Termine de probarme la ropa, bajo las ordenes de Elena y sabiendo que las dos chicas estaban enterándose de todo.

                -Estas dos faldas y esa camiseta son perfectas para una puta como tú. El resto es demasiado decente para una mujer infiel y guarra.- me dijo Elena, claramente para que ellas lo escucharan.

                Como no contesté me dijo:

                -¿No te parece? perrita.

                -Si ama, tiene razón, esa ropa es demasiado decente para mí.- la dije humillándome a mí misma con esas niñas de testigo.

                -Pruébate este conjunto, a ver si consigues meter esas tetas de vaca lechera dentro.- me dijo Elena.

                Me puse el tanga, que aunque pequeño, podía decirse que me valía. Me quedaba súper ajustado a mi coño, pues ya era de los pequeñitos y al ser una talla menos se ajustaba aún más, marcándome los labios claramente. Con el sujetador fue peor. Mis tetas, aunque bastante más pequeñas, por estar vacías de leche. Apenas cabían en el sujetador. Casi no tapaba mis pezones. Y hacia que mis tetas sobresalieran descaradamente por encima de la copa. Con él puesto, pose para Elena.

                -Ponte los zapatos.- me ordenó.

                Lo hice y note que me quedaban muy justos. Si de por si eran incomodos por lo alto del tacón, que me quedaran pequeños no ayudaban.

                -Así vas perfecta, con ese conjunto, los zapatos y el collar pareces una buena puta. Haber desfila un poco para mí.

                Esa maldita niñata no podía dejar de humillarme y exhibirme. No me quedo más remedio que salir al pasillo con aquellas pintas y desfilar para ella. No tardo en activar mi vibrador, haciendo que me fuera más difícil todavía andar. Cuando me di la vuelta para volver hacia Elena, vi que las dos chicas se estaban asomando por su probador. Había escuchado lo que iba hacer y no pudieron resistirse a verlo con sus ojos. Tuve que volver desfilando con aquella pinta de perra sumisa, con mis tetas botando por fuera del pequeño sujetador.

                Elena cogió mis pantalones, mi camiseta y mis zapatillas y  me las tiro al suelo del pasillo.

                -Venga, quítate eso que tienes que pagarlo y vámonos.- me dijo ella.

                Tuve que desnudarme para volver a vestirme. Esta vez sin mis bragas ni mi sujetador. Cuando lo hice, Elena me dio la ropa que había elegido, dejando la que no la interesaba y mi ropa interior y mi jersey en el probador.

                -Vamos.- me dijo.

                -Pero Ama, el resto de mi ropa…- la dije sin terminar la frase.

                -No vale para nada. Además tus bragas están sucias. Si no fueras tan guarra…- me dijo ella, haciendo reír a las dos chicas.

                Humillada, salí de los probadores detrás de Elena, dejando allí a las chicas riéndose y mi ropa. La camiseta que había elegido no era la más idónea. Sin el jersey que me tapase, dejaba ver mis pechos  aplastados por lo ajustado de la camiseta marcándose descaradamente mis pezones. No me sentía sexy. Todo lo contrario. Tuve que esperar sola la cola para pagar, pues Elena se fue fuera a hablar con su móvil. Compre dos minifaldas y dos camisetas y los zapatos.

                Cuando llegue con las bolsas hasta mi ama, me dijo:

                -Vámonos. Aquí no encontraremos ropa para una puta como tú. Pero antes vamos al baño a que te cambies. Tienes una pinta patética.

                Sabía que me haría vestirme con la ropa que me acababa de comprar. Pero por lo menos había tenido la decencia de dejarme cambiarme en el baño. Ya podía llegar a pensar que me obligaría a hacerlo en medio del centro comercial.

                Llegamos a los aseos. Elena rebusco en las bolsas y eligió una de las camisetas y una falda. Las metió en una bolsa, junto con el conjunto de ropa interior y los zapatos y me la dio.

                -Cámbiate rápido.- me dijo.

                Me dirigí al baño de mujeres pero me mandó parar.

                -No, no. Al de hombres. Y me da igual si hay alguien. Le saludas con una sonrisa y te vas a cambiarte.

                Ya me parecía a mi raro que por una vez no tuviera alguna maldad pensada. Sin poner ninguna objeción, pues no me serviría de nada. Entre en el baño de hombres. Como no podía ser de otra manera. Había dos hombres, uno de ellos en el urinario de pared, haciendo lo propio. Fue este quien me dijo:

                -Creo que te has equivocado guapa.

                Obedeciendo a Elena le dije:

                -Hola chicos, lo siento, no os importa que me cambie aquí, hay cola en el de mujeres.- les dije, sabiendo que no se lo iban a creer.

                -Claro, no hay problema, mientras que a ti no te importe que yo tenga la polla en la mano mientras lo haces.- me dijo el cerdo, haciendo referencia a que estaba meando delante de mí.

                -No, no. Tu sigue como si no estuviera.- le dije, mientras entraba en uno de los retretes y cerrando la puerta.

                Me desnude, rápidamente, pues solo tenía dos prendas. Mi vibrador seguía funcionando. Entre eso y pensar que aquel hombre estaba a unos metros de mí, con su polla en la mano, como él me había dicho y yo estaba desnuda, separándonos solo la puerta, que ni siquiera tenía pestillo, pues estaba roto. Me empecé a calentar. Como había comprobado esa mañana, no solo mi vena sumisa se estaba revelando. También mi lado exhibicionista estaba empezando a rebasarme. Escuche como sonaba el agua del urinario, por lo que aquel hombre había terminado. Cogí el conjunto y cuando iba a ponérmelo abrieron la puerta. Era él, mirándome con cara de salido. Me asuste. Pensé que podría violarme allí mismo. Yo le había calentado entrando deliberadamente en el aseo de hombres y desnudándome. Pero por suerte, solo me miro durante unos segundos, con esa mirada de salido. Y se fue, dejando la puerta abierta. Otro hombre que acaba de entrar me vio también, completamente desnuda. Su cara en cambio era de asombro. Cerré la puerta.

                Me vestí todo el rápido que pude, con aquella ropa de puta que Elena había elegido para mí. Metí en la bolsa mi ropa. Ahora quedaba otra parte sensible. Salir con aquellas pintas por el baño de hombres. Escuche voces. Parecía que había entrado un grupo de dos o tres tíos. Pensé en esperar a que hicieran sus cosas y salieran. Pero Elena me estaba esperando y me había dicho que no tardara. Abrí la puerta y al oír mis tacones en el suelo, las miradas de cuatro hombres se clavaron en mí.

                -¡Hey nena! ¿Qué haces aquí?- me dijo uno.

                -¿Me estabas buscando guapa?- dijo otro.

                -Ten cuidado Dani, con esas pintas seguro que te cobra.- le dijo su amigo.

                Salí lo más rápido que pude con esos tacones y el vibrador en mi dolorido chochito. Fuera estaba Elena, con cara de enfadada por la espera. Según me acerque a ella no me dejo hablar y me soltó una bofetada en la cara.

                -Que sea la última vez que me haces esperar. Seguro que te has entretenido chupándosela a algún tío hay dentro, eres una zorra.- me dijo, enfadada.

                -No, ama. No he hecho nada, se lo juro.- la dije, como si de verdad fuera necesario aclarar que no iba chupando pollas al primero que veía.

                -Cállate. Y vámonos.

                De camino a mi coche me vi reflejada en un escaparate. No me había dado tiempo a ver cómo iba vestida. La falda, de cuero negro, era cortísima y la camiseta azul, aparte de llevar un gran escote tenía la parte del pecho semitransparente. Normal que la gente me mirara continuamente. No era ropa para salir por la mañana de compras y menos en Diciembre, cuando todos iban con abrigo y yo enseñando prácticamente todo mi cuerpo. Lo pequeño que me quedaba el sujetador, hacía que mis tetas botaran por encima de él. Y la camiseta no podía ocultarlo. Y por otra parte estaban esos zapatos que me estaban haciendo polvo los pies, haciendo que andar fuera una tortura. Si ya me costaba andar con el vibrador, ahora mi imagen no podía ser más patética.

                Nos montamos en mi coche. Un alivio para mis doloridos pies, pero más tortura para mi coñito, que al sentarme, el vibrador se clavó aún más dentro de mí. Elena puso una dirección en el GPS de su móvil y me fue indicando hasta llegar a mi destino. Aparque en una calle, sin saber dónde nos dirigíamos. Pero en cuanto nos acercamos lo supe. Un sex-shop. Estaba claro que ir de compras con mi ama no podía acabar sin pasar por un sitio así.

                Entramos en la tienda. Era muy grande, aunque no había apenas gente. Lo normal para esas horas de la mañana, pensé. Solo un viejo mirando películas y el dependiente. Un hombre de unos 45 años, con pinta… bueno normal, pero a mí me pareció un salido, supongo que por el simple hecho de trabajar allí. Claro, que para él, yo no sería más que una guarra con aquella ropa. Al menos fue lo que me pareció adivinar en su cara cuando me miró. Elena empezó a mirar ropa erótica, supongo que para que me la comprase. Yo, para evitar que aquella niña me arruinara económicamente, solo había llevado 200€, una cantidad más que suficiente para comprar ropa. Pero ya me había gastado algo más de 85€ en aquella tienda y los precios de los disfraces no eran muy baratos.

                El dependiente no tardó en llegar. No había dejado de devorarnos con los ojos y no podía perder la ocasión de hablar con nosotras.

                -¿Qué tal guapas, os puedo ayudar en algo?- dijo él.

                -Pues sí, así iremos más rápido.- contestó Elena.

                -Pues decirme, que necesitáis.

                -Pues varias cosas. Veras ella es mi esclava y necesito algo de ropa y algún juguetito para someterla.- le dijo Elena, dando a conocer de primeras, mi situación a aquel hombre.

                -Ya he visto su collar. Que suerte tenéis. Tu por tener a una esclava tan guapa y guarra y ella por tener a un ama tan joven y con ese cuerpazo.- contestó el hombre, haciendo sonreír a Elena por el piropo.

                -Dale las gracias a este señor por lo que ha dicho.- me ordenó mi ama.

                -Gracias señor.- dije yo, con la mirada baja.

                -No hay de qué. Bueno, ¿Qué buscáis?- preguntó.

                -Para empezar un traje de sirvienta y algo más para humillarla delante de unos amigos.- dijo Elena.

                -El traje es fácil. Mirar este de doncella francesa.- dijo sacando uno envuelto en plástico.

                En él había una foto de una mujer con el traje puesto. El típico traje de sirvienta con micro falda y cofia que dejaba los pechos casi al descubierto.

                -Ese está bien ¿Y que más tienes que me pueda interesar?

                -Si lo que quieres es humillarla, hay muchos artículos interesantes, mirar.- dijo llevándonos a otra estantería.

                Parecía una zona más fetichista, había de todo, desde consoladores, plug, artículos como de broma. Demasiadas cosas y muy extrañas para describirlas todas.

                -Aquí tenéis de todo. Por ejemplo, tenéis la típica careta de cerdo, muy usada para humillar sumisos, ya que le da anonimato al esclavo.- explicaba el hombre, como si hablase de una ciencia.

                -Está bien la idea, pero quiero que se la vea la cara.- dijo Elena.

                -Entendiendo. No hay problema. También tenéis la nariz de cerdito, que hace el mismo efecto y deja la cara al descubierto.-dijo el hombre cogiendo una que estaba colgada de un ganchito.

                -Esa me gusta más.- dijo Elena.

                -Luego también tenéis cuernos para adornar la cabeza. Los hay de diablesa, de vaquita, de ciervo…- Elena no le dejo terminar.

                -Eso, eso, los quiero los tres, me vienen perfectos.- dijo ella eufórica.

                -Perfecto. Luego algo más fuerte, como este plug anal, con una cola de caballo, para que sobresalga de su culo.- siguió el hombre, viendo que esa mañana iba a hacer su agosto gracias a nosotras.

                -De eso también quiero tres.- dijo Elena.

                No entendía por que tres, con los cuernos pensé que quería ir cambiándomelos según la apeteciera ¿pero con esos plugs? Si eran los tres iguales. Definitivamente esta niñata malcriada quería arruinarme.

                -¿Y no lo tienes con un rabito de cerdo?-Preguntó Elena.

                -Sí, claro, te será perfecto con la nariz.- dijo el dependiente.

                -Pues también quiero uno.- dijo ella.

                Seguimos viendo productos, cada vez más fuertes. Elena eligió sin dudarlo dos mordazas con correas. Una con un aro para la boca, que mantendría mi boca abierta para su uso, de la que colgaban dos cadenitas con pinzas, evidentemente para mis pezones. La otra tenía un pequeño pene, que iría dentro de mi boca y por el otro lado, uno más grande. Estaba pensado para follar con mi boca, lo que solo me pudo hacer pensar que Elena quería que me la follase con él. La idea no me disgusto demasiado.

                Cogió también un consolador de goma, enorme y muy realístico, pues tenía unos huevos de un tamaño acorde y se marcaban hasta las venas del vigoroso pene, que como particularidad, aparte de su tamaño, tenía una ventosa en su base.

                Para acabar, eligió también dos arneses. Uno era una simple correa de cuero con un orificio en la parte de la entrepierna, donde se ubicaba un pene doble. Uno de más tamaño destinado a dar placer a la pareja y otro más pequeño para dar placer al usuario. Que de seguro que sería ella. El otro en cambio me dejo más intrigada, pues era una braga de látex, con un consolador en la misma zona que el otro. Pero dentro de la braga llevaba un pene un poco más pequeño que estaba destinado al culo de quien se lo pusiera. No sabía quién usaría eso, pues no creo que Elena quisiera tener ese pene en el culo mientras me follase. O quizás sí, era estúpida si pensaba que a ella no le habrían dado por el culo antes.

Con juguetitos como para abrir yo misma un sex-shop, acompañamos al dependiente a la caja para que me cobrase. Intente hacer cálculos pero estaba segura que no me llegaría con el dinero que me quedaba. Sabía que eso enfadaría a Elena y conllevaría algún castigo hacia a mí. Lo bueno es que tendría que dejar algunas cosas y me libraría de tener que probarlas en mi propio cuerpo.

El hombre empezó a pasar artículos por el lector. La verdad que llevábamos un montón de cosas y aunque los precios no eran desorbitados, poco a poco iban sumando.

-Los artículos de fiesta os lo regalo si os lo probáis delante mía.- dijo el dependiente, refiriéndose a los cuernos y la nariz de cerdo.

Estaban claro que eran lo más barato y aquel salido prefería ver a dos preciosas mujeres con ellos puestos a ganar unos pocos de euros más.

-Vale, así te ahorras algo- me dijo Elena.

Por un lado tenía razón. Todo lo que fuera rebajar la factura me venía bien. Como no podía ser de otra forma, ella cogió los cuernos de diablesa, se los puso y la verdad representaba justo lo que era. Después me puso la nariz de cerdo y los cuernos de vaca a mí.

- Como la vida misma, yo una linda diablesa y tú una vaca lechera muy cerda ¡Jajaja!- dijo Elena, riéndose y provocando la risa  del dependiente.

- Estáis preciosas las dos. La verdad que te quedan muy bien esos cuernos con esas tetazas de vaca que tienes.- dijo él, refiriéndose, por supuesto, a mí.

-A que sí. Ella le pone los cuernos a su marido y yo le pongo los de vaquita.- dijo Elena, contándole a otro más mi infidelidad.

-Asique estás casada y le eres infiel a tu esposo con esta preciosa muchachita. Es lógico, la verdad que es preciosa tu amante.- dijo el nombre.

-No, no. Yo solo soy su ama. Ella es infiel con cualquiera. Es que es muy cerda.- dijo ella, volviendo a humillarme.

Al hombre se le iluminó la mirada a oír aquello. Supongo que pensó que podría tener alguna oportunidad, ahora que sabía que no éramos lesbianas y que yo era, por decirlo suavemente, promiscua.

- Lo de cerda ya se ve perfectamente por su ropa y por su nariz ¡Jajaja!- dijo el riéndose.

- La encanta vestir así de putón. Y creo que la gusta sus nuevos completos.- dijo Elena.

- Yo también lo creo. Bueno el resto suman 214,90€- dijo el dependiente.

Me asusté al escucharlo. Sabía que me faltaría dinero, pero no tanto. Apenas tenía la mitad.

- Venga vaquita, paga a este amable hombre.- dijo Elena.

-Ama... Es que... No tengo tanto dinero.- la dije, atemorizada por su reacción.

- ¿Cómo? ¡Te dije que trajeras dinero zorra!- me gritó.

- Lo se Ama, pero pensé que con 200€ tendría suficiente.

- Ya te he dicho que no vales para pensar. Pues tu veras como pagas, dale tú alianza como pago.- dijo Elena.

Escondí mi alianza con la mano asustada, no iba a dejar mi símbolo de matrimonio con Rubén por unos consoladores. Estaba temblando de miedo.

-Lo siento, no aceptamos ese tipo de pagos, no somos un compro-oro.- dijo el dependiente.

-Pues entonces tendrás que pagarle con tu cuerpo. Quizás si le haces una mamadita te haga un descuento.- dijo Elena.

Al hombre esa idea le gustó más, por su forma de sonreír.

- Primero a ver ¿cuánto dinero tienes?- pregunto él.

- Poco más de 120€.- le contesté avergonzada por lo que acababa de sugerir Elena para completar mi pago.

- Por lo que te faltan casi 100€. Mucho dinero para una mamada.- dictaminó él.

Mire a Elena con ojos suplicantes, esperando que se apiadara de mí y dejara algo de lo que había elegido.

-Pues di que tiene que hacer esta zorra para pagarte esos 100€.- dijo Elena.

- Bueno, aunque no os lo creáis. Es bastante habitual que vengan mujeres queriendo pagar productos con su cuerpo. Por lo que yo ya tengo más o menos unos precios para cada cosa.- dijo el hombre, dejándonos a las dos sorprendidas.

- Por una mamada no descuento más de 20 o 30€ si la chica está muy buena y lo hace bien y sin prisas.- continuó él.

-Bueno, por eso no te preocupes. Ella es una experta come pollas. No hace otra cosa.- dijo Elena, dejándome de mamadora profesional.

- Aún así, todavía falta mucho dinero.

- ¿y qué es lo que propones?- le dijo Elena, poniéndose sensual sobre el mostrador.

- Pues verás, ambas sois preciosas. Y que solo pueda disfrutar de ella me deja un poco… a medias. Si tú entrases en la oferta, podía haceros un descuento mayor.- dijo él.

- No te confundas. Yo no soy una zorra como ella. No pienso chuparte nada.- contestó Elena, enfadada por la insinuación de él.

- No me refería a eso. Pero ya que habéis comprado un arnés... Se me ocurre que tú puedes follarte a tu esclava con él, mientras ella me come mi polla. Así los tres disfrutaremos.

Aquel hombre parecía que lo tenía todo pensado. Quizás era verdad lo que decía sobre que muchas mujeres le pagaban con actos similares. Mire a Elena y parecía que esa idea si le gustaba.

- Eso es otra cosa. Pero dejemos algo claro. A ella puedes tocarla y hacerla lo que quieras, puedes correrte donde más te guste. Pero conmigo es diferente, se mira, pero no se toca.- dijo Elena, poniendo sus reglas.

- Esta bien, aunque me encantaría poder tocarte esas tetas perfectas que tienes.- dijo él.

-Bueno, quizás si me caliento mucho te deje tocarlas un poco pero no te prometo nada.- le contestó Elena, parecía que se estaba excitando con aquella conversación.

- Bien, pues vayamos a la trastienda, no os quitéis los cuernos, que estáis muy guapas.

El hombre cerró la puerta de la tienda y puso un cartel. Ya no había nadie dentro, aparte de nosotras. Después nos indicó que le seguiremos. Yo cogí las bolsas con todos los "juguetes" y fui detrás de ellos, bajando unas escaleras, hasta un sótano. El dependiente encendió la luz y pudimos ver un pequeño almacén lleno de cajas y con bastante polvo. Eso me hizo pensar que a saber cuántos polvos había echado el dependiente allí mismo.

-Bueno chicas, creo que lo primero es que os desnudéis.-dijo él.

Eso me gustó. Que Elena tuviera que desnudarse junto a mí, la ponía en una situación similar a la mía por primera vez. Tengo que reconocer, que aunque el hombre no me parecía para nada atractivo, pensar lo que iba a hacer con Elena, había hecho que mis pezones y mi coñito despertarán.

-Está bien.- dijo Elena al hombre

-Esto te va a salir caro zorra.- me dijo a mí, mientras se quitaba su chaqueta.

No hice mucho caso a su amenaza. Estaba embobada mirando cómo se iba desnudando delante de mí y de aquel cuarentón. Cada vez me sentía más caliente y lo peor, que era por ella. ¿Me estaré volviendo lesbiana?

- Vamos zorra, desnúdate.- dijo ella, con sus pechos solo escondidos por su precioso sujetador.

- Si, si Ama. Lo que tú órdenes.- la dije, sintiéndome muy puta. Pues disfruté cada una de las palabras.

Excitada como estaba, fui quitándome mi escasa ropa. Rozándome con mis manos mis pechos al quitarme la camiseta. Y bajando muy sensual mi cortísima falda, dejando mi culo en pompa a aquel hombre. Mientras yo miraba como Elena se quitaba sus ajustadísimos pantalones, quedándose con un precioso tanga morado, que se ajustaba a la perfección a su sexo. Ella paro de desnudarse, pero a un gesto suyo, yo continúe quitándome el pequeño sujetador y sintiéndome liberada de su opresión. Después baje mi nuevo tanga y fue cuando recordé lo que llevaba metido en mi coño. A pesar de lo dolorido que lo tenía, todo aquello había conseguido que olvidara que tenía esos pinchitos clavándose en el interior de mi chochito.

- Preciosa vaquita estás hecha.- dijo el dependiente, agarrándome mis pechos sin cortarse.

Yo no dije, ni hice nada para evitarlo. Sabía que tenía que dejarme hacer, además con lo cachonda que estaba no me molestaba que aquel hombre me metiera mano.

- ¿Y tu niña? Sigue desnudándose.- le dijo a Elena.

Mire a Elena, aún en ropa interior la seguía viendo segura de sí misma. Su cuerpo de modelo la ayudaba a ello. Cogiendo su tanga por la goma de la cintura, se lo fue bajando por sus largas piernas, enrollándolo. Era la primera vez que podía ver su coñito. Tengo que reconocer que era precioso. No sé si era por su tierna edad o porque iba en concordancia con el resto de su cuerpo. Pero era precioso. Sin gustarme las mujeres, era un coñito que no me importaría probar. Nunca había tenido nada con ninguna mujer, pero como todas, he fantaseado. Y estaba segura, que aquel cerradito coño había estado en esas fantasías.

El tanga llegó a sus tobillos y se agachó a cogerlo, con él en la mano, se encaminó, hacia nosotros, con paso sensual. Mi corazón latía a toda velocidad. Con su mano libre cogió la barbilla del hombre, abriendo esté la boca. Y con su otra mano, metió su tanga en la boca del dependiente, que se había quedado paralizado al tenerla tan cerca.

- Para que te estés calladito.- dijo Elena, dejándonos a los dos atónitos.

Busco en la bolsa y saco el arnés, con el que pronto me follaría. Mi coño estaba empapado, pero también dolorido. Aquel arnés tenía una polla de goma de un tamaño enorme con el que de seguro, me terminara de destrozar mi maltratada vagina. En cambio el pene interior tenía un tamaño más razonable, con lo que mi Ama seguro que disfrutaría follandome.

Se colocó las cintas del arnés a su cintura, dejando su consolador a unos centímetros de su rajita pero sin metérselo. Empezó a acariciarse su delicado sexo, supongo que para lubricarlo antes de meterse aquella goma.

Nosotros no podíamos quitarla ojo. El hombre seguía tocándome mis pechos, pero prácticamente de manera autómata, para no perder detalle de mí ama.

-Perrita ven aquí, a cuatro patas.- me ordenó Elena.

Librándome de las manos de aquel hombre, fui al suelo como me había ordenado y gatee hacia ella. Elena me acarició la cabeza diciendo aquello de -buena chica. Y después me dijo:

-Chúpalo para lubricarlo bien.

Quería que se refiriera a su coño, pero no, era el consolador que iba a estar dentro de ella, lo que tenía que chupar. Aun así, lo hice con devoción. Pues al tener el arnés puesto, me comía aquella goma a unos centímetros de su coño. Podía oler su sexo y escuchar como chapoteaban sus dedos en él, mientras yo chupaba ese pene de látex.

- Cuidado con los cuernos que me los clavas.- dijo ella, dándome un golpe en mi cabeza.

Debía estar clavándola mis cuernos en su tripita al chupar con tantas ganas. Me apartó de ella cogiéndome de mis cuernos y me dijo:

- Vete a desnudar a tu amiguito.

Asqueada por tener que cambiar a mi Ama por aquel hombre, volví a gatear por el suelo hacia él. Tenía una pinta patética, con él tanga de Elena en su boca y una clara erección en sus pantalones. Claro que la mía, completamente desnuda, a cuatro patas, con una nariz de cerdo y unos cuernos de vaca... No era para dar lecciones de altanería.

No me entretuve mucho y en cuanto estuve a sus pies, le desabroche los pantalones y se los baje juntos con su ropa interior, dejando una polla completamente tiesa en mi cara. No era gran cosa, casi diría que pequeña. Mejor para mí, pensé. Él no tardó en empujar mi cabeza hacia ella, yo abrí la boca, ya estaba acostumbrada a probar pollas nuevas. Como no era gran cosa, podía metérmela entera en la boca, para disfrute de aquel tipo.

 Escuché los zapatos de Elena acercarse a nosotros, se los había puesto. Sin sacarme la polla de la boca mire de reojo y pude ver sus piernas sobre aquellos tacones que la daban más superioridad sobre mí. Cuando estuvo al lado del dependiente, pude verla entera. Sobre esos tacones y justo entre esas largas y preciosas piernas se erguía aquel enorme falo negro, que dejaba en ridículo la pequeña polla del dependiente. Se había quitado el sujetador mientras yo me comía aquella polla. Sus tetas eran perfectas, tan perfectas como caras. Pues ahí había más silicona que en la polla que tenía puesta.

- Ven perrita, que te vas a comer dos pollas esta mañana.- dijo Elena.

Al oír aquello, saque el miembro del hombre de mi boca, dispuesta a comerme aquel gran consolador negro que tenía mi Ama entre las piernas. Con la polla del dependiente fuera de mi boca, se podía comprobar de un solo vistazo la gran diferencia entre su "cosita" y la "cosaza" que tenía Elena. Me dieron ganas de reír, pero esa no era mi función allí. Pasando mi mejilla por el muslo de Elena, como una gata ronroneando, lleve mi cara hasta aquel pedazo de goma y empecé a besarla. Como si fuera la mejor de las pollas.

-No te recrees zorra. Y chúpala bien que te la voy a meter sin miramientos.- me dijo Elena.

Entendí que chupar aquel trozo de goma no daría placer a mi ama y me la metí en la boca, para llenarlo bien de mi saliva. Me empecé a sentir una guarra, chupando una polla de goma que tenía una mujer entre sus piernas .Eso me hizo ponerme una más caliente. Recordé la parte que ella tenía metida dentro de su coñito y pensé que si hacia una mamada lo suficiente fuerte a ese falo de goma, conseguiría mover el pene que Elena tenia dentro. Así lo hice. Empecé a follarme la boca yo misma, llegando casi a provocarme alguna arcada. Mientras lo hacía miraba a Elena a los ojos, como sabía que les gustaba a los hombres. Fue cuando pude comprobar que mi plan funcionaba, pues cerró los ojos y empezó a jadear. Eso me hizo sentirme bien, bien por ser una buena zorra. Elena puso sus manos en mi cabeza, al principio solo siguiendo mis movimientos pero luego fue ella la que empezó a marcar el ritmo de mi mamada. Era una sensación extraña, estar comiéndome una polla de silicona y a la vez dar placer a la niñata que tanto odiaba. Pero mi coño estaba chorreando.

El dependiente nos miraba atónito, con el tanga de Elena en la boca, mientras mi ama me follaba la boca, ahora moviendo mi cabeza bruscamente, haciéndome ahogarme en varias ocasiones y llenando mi cara y mis tetas de mis babas. Tal debía ser el placer que conseguía con ello que acabo tirándome del pelo, haciéndome gritar, aunque apenas me oyeran por tener mi garganta ocupada por aquella enorme polla de goma. El hombre debió pensar que estábamos pasando de él y empecé a notar como me daba con su polla en mi cara, en señal de que le hiciera caso a él también. Elena lo vio y saco su nuevo apéndice de mi boca, para dejar hueco a la pollita de aquel hombre. Pronto tuve el pene de él en la boca. Aunque me gustaba más su sabor a polla de verdad, prefería el tamaño y el morbo de la polla de mi Ama.

El hombre quería follarme la boca como lo había hecho Elena, pero a pesar de sus embestidas y su mayor fuerza a la hora de moverme mi cabeza, aquella polla no conseguía arrancarme las arcadas que había tenido con mi Ama. Pero como siempre, Elena no podía dejar que yo no sufriera y colocando su polla de mentira junto con la del hombre, empujo haciendo que abriera al máximo mi boca, para albergar ambas pollas.

Ahora sí que tenía la boca llena. Apenas podían moverse dentro de ella pero la sensación de ahogo y el dolor que tenía por mantener la boca tan abierta era demasiado. Aun así intente seguir mamando ambas pollas, dándoles placer a los dos. Pero no debí conseguirlo, por lo menos por parte de mi ama, que después de intentar dos veces meterme entera aquella tranca, me la saco, dejando solo el pene del dependiente.

-Es hora que seas desvirgada por una mujer.- me dijo Elena, mientras me rodeaba poniéndose detrás de mí.

Note la punta de aquel consolador entre mis nalgas, buscando mi coñito. Yo levante mi culo para que quedase a su disposición mientras seguía chupándosela al hombre. Elena saco el vibrador y apunto, ahora sí, a mi coño y con la delicadeza que una mujer sabe que debe tener, me la fue metiendo poco a poco, pero sin detenerse, dentro de mí.

No sé si la tenía ya toda dentro, pero me sentía completamente llena. Jamás había tenido nada tan grande dentro de mi coño. Por suerte estaba súper lubricada pues de no ser así, seguramente hubiera llorado como una niña.

Elena empezó a bombear suavemente. Para mí era una delicia. Estaba disfrutando como nunca y lo peor que era una mujer quien me follaba con un triste consolador. Así había acabado, gimiendo como una puta mientras mi enemiga me follaba.

No pare en ningún momento de chupársela al hombre. Era mi forma de pagarle aquel juguete que tanto placer me estaba dando. El seguía follandome la boca, intentando ahogarme con su polla, pero no conseguía mucho más que llenarme la boca e incluso el suelo de mis babas. A Elena parecía que follarme con aquel aparato también la estaba dando placer, pues puso sus manos en mis caderas y empezó a follarme más duro, clavándomela entera para después retroceder un poco y volver a clavármela. De seguro era la forma que quería ella para darse placer con su trozo de goma y eso me hacía excitarme aún más, sabiendo que estaba haciendo gozar a mi Ama con mi coñito.

Estuvimos así un rato y yo ya llevaba tiempo aguantándome mi orgasmo. Pues mi Ama no me había dado permiso. Pero cuando Elena empezó a follarme más rápido y a jadear como una loca, entendí que estaba a punto de correrse. El hombre debió notarlo también, pues empezó a hacer lo mismo y podía notar como su polla temblaba en mi boca. Casi de forma simultánea, su polla empezó a soltarme chorros calientes en lo más profundos de mi garganta, ahora sí, haciéndome atragantarme. Pero no me importo, pues Elena empezó a convulsionarse con su polla en mi coño, mientras gritaba. Se estaba corriendo conmigo. No pude aguantar más y yo también me corrí como una cerda, chorreando como muy pocas veces me había pasado.

Nos quedamos exhaustos por unos momentos, con Elena abrazada a mi cintura, notando sus duros pechos en mi espalda. Yo, con mis piernas débiles por el tremendo orgasmo que acababa de tener. Caí a cuatro patas al suelo, soltando la polla del dependiente, haciendo que un hilo de saliva y de su leche uniera su polla y mi boca. Estaba en la gloria, follada por el coño y por la boca, con mi Ama descansando sobre mí. Note que me acariciaba mis pechos. Me estremecí.

-Te has corrido sin permiso zorrita.- me dijo mi Ama, con voz dulce para mi sorpresa.

-Lo siento Ama, es que usted folla muy bien.- la dije completamente rendida a ella.

- Esta vez te lo perdono. Ahora límpiale la polla a este señor que tenemos que irnos.- me dijo mientras me acariciaba los pezones.

Levante mi cara hacia la polla del dependiente y se la chupe de nuevo, limpiándole de su corrida y de mis babas. Elena se separó de mí y lentamente saco su polla de mi interior. Dejándome vacía. Podía notar el aire fresco entrando en mi cueva, que debía estar más abierta que nunca. Elena se puso al lado del hombre y volvió a poner la polla de goma frente mi cara. Yo sabía lo que debía hacer y lo hice. Dejándole la el consolador tan limpio como cuando lo compramos. Mientras terminaba de limpiársela a ambos el hombre, con dificultar por el tanga que tenía en su boca, le dijo a Elena:

-¿Qué nena, me dejas tocarte esos melones que tienes o no?

-La verdad que me lo he pasado genial, creo que te lo mereces.

El dependiente aprovecho la ocasión y estuvo manoseando esas tetas, operadas pero perfectas, con deseo. Mientras yo seguía chupándoles a ambos, muerta de celos por no poder tocar lo que aquel asqueroso hombre tenía en sus manos. Cuando Elena pensó que era suficiente, se quitó el arnés y me lo dio para que limpiara la polla que ella había tenido en su coñito. Lo limpie con sumo deseo, saboreando su esencia en aquella goma, mientras ellos se vestían.

Cuando estuvieron ambos vestidos. Elena sin su tanga, pues el hombre se lo guardo como recuerdo. Mi Ama me ordenó vestirme, por supuesto también sin tanga, ni sujetador, que ella guardo en la misma bolsa donde había dejado mi amado juguete.

Nos despedimos en la puerta de la tienda. Yo recibiendo del hombre un beso en la boca, que tuve que corresponder y mi ama dándole dos besos. Cargue las bolsas con los juguetes en mi maletero y abrí la puerta a mi Ama, como había aprendido.

Lleve a Elena a su casa, sintiéndome triste por tener que acabar mi día con ella. Pero Elena tenía algo todavía por ordenarme.

-Te has portado muy bien hoy, estoy muy contenta contigo.- me dijo.

-Gracias Ama.- la contesté.

-Tengo una orden para ti.

Me puse contenta como una perrita a la que la enseñan la correa para salir a la calle, si hubiera tenido el plug que habíamos comprado estaría moviendo mi colita como loca.

-¿Qué deseas que haga Elena? - la dije, llamándola por su nombre por los nervios.

-Quiero que llames a Nuria, tu jefa. Y quedes con ella esta tarde. Tienes que follártela. Y quiero que lo grabes todo con tu móvil para que lo compartas en el grupo.

Me quede atónita. Acababa de tener mi primer contacto sexual con una mujer y ahora quería que me follase a Nuria, que además de mi jefa la consideraba mi amiga. Mi cara de estupor la hizo preguntarme.

-¿Me desobedecerás?

-Nunca Ama, si es lo que quiere, lo haré, no sé cómo, pero lo haré.- la contesté, orgullosa de ser una buena perrita.

-Así me gusta. Toma esta bolsa. Hay tienes lo necesario para follártela, o que te folle ella a ti, no sé cómo hacéis las lesbianas.- me dijo hipócritamente, después de que me acababa de follar ella a mí.

-Si mi Ama.- la conteste.

-No me falles, o te castigare.- me amenazó.

-No lo haré.- la dije sumisamente, mientras ella salía de mi coche.

Así me quede, mirándola otra vez, como se movía su precioso culo en dirección a su casa. Cuando desapareció por la puerta, cogí mi móvil y busque el número de Nuria. Trague saliva y le di a llamar.

-¿Si?

-Hola Nuri, soy Eva, necesito hablar contigo.

               

 

Espero que hayáis disfrutado de este capítulo. Sé que muchos esperaban la intervención de la hermana de Eva, pero Sandra está viviendo sus propias aventuras con sus nuevos compañeros que pronto contaré en otro relato.

Como siempre espero vuestros comentarios, ideas y críticas. Os agradezco vuestro tiempo y espero, sinceramente, que estéis disfrutando de esta historia.


Comunidad de Autores y Lectores de TodoRelatos
Chatea online con webcams!

comunidad.todorelatos.com

© ReigDreed

Valore y Comente los relatos que lee, los autores lo agradecerán y supondrá una mejora en la calidad general de la web.
 Comentarios sobre este Relato (7)
\"Ver  Perfil y más Relatos de ReigDreed
 Añadir a Lista de Favoritos
 Reportar Relato
 Excelente
 Bueno
 Normal
 Malo
 Terrible
« VOLVER A LA PAGINA ANTERIOR IR ARRIBA  ▲
 
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.
LWNET 1999-2017 | TodoRelatos.com v3.80
Info Legal / Privacidad / Cookies · Ayuda · Stats · Enlaces · Contacto · Webmasters (Sponsors Favoritos)