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Fecha: 20-Dic-16 « Anterior | Siguiente » en Erotismo y Amor

Conociendo a Irene..

MenteErecta
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Sergio, un joven escritor, decide viajar a Londres para relajar su mente y refrescar sus ideas, y alli conoce a Irene.. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Corría el mes de Diciembre del año 2016, un Diciembre errático, frio, austero. No sé cómo se me pudo meter en la cabeza hacer este viaje solo, supongo que la falta de inspiración, puede que la necesidad de aclarar mis ideas, o la absoluta falta de interés que muestro por todo lo que me rodea.

Es necesario, quizás, aclarar que soy escritor. O pseudo-escritor. Una especie en extinción. Raro, extraño, divergente, bipolar.

Soy de todo menos el típico tío que se dedica a narrar su vida en un cuaderno que luego vende a extraños para su uso y disfrute, alto, más bien largo, como un verano que languidece hasta el otoño, de tez morena, barba sin arreglar, y ojos castaños, grisáceos incluso, de manos grandes y áspero tacto.

Volvamos a mi viaje. Alquilé una vieja casa rural, cerca de Englefield Green, a las afueras de Londres. Siempre me gustaron esas viejas construcciones, de porte recio, calientes por la llama que crepita en cada chimenea que las habita. Con sus antiguas y grandes bañeras, que me ayudan a pensar entre espuma y vapores, y sus terrazas abalconadas, regentadas por el musgo.

Soy un hombre de costumbres, cada mañana a las 9 salgo a correr, aunque aquí lo dificulta la lluvia, tengo un tiempo inmejorable, frio, pero inmejorable, como si todos los astros se hubiesen alineado para sentirme bien. Me calcé mis zapatillas de correr, y con mas carga de sueño que ganas, arranqué mi marcha. Cruzaba un pequeño bosque, a través un serpenteante camino, vigilado por corzos y ciervas, escuchando a Mark Knopfler en mis cascos, la vi, de pasada, fugaz, tenue, rápida, con unas mallas negras, coleta, y un fragancia floral que me hizo sentir el parón del giro del mundo. Me sentía idiota, paralizado, ¿tanto hacía que no sentía cerca a una mujer?, lejos quedaba una noche fría, en la que el calor humano me acompañaba, me resulta tan vago ese recuerdo..

Seguí corriendo, tratando de olvidarla, me enfrasqué en mis pensamientos de nuevo, la próxima novela no transcurría como pretendía, los personajes no tenían vida, no sentían, no tenían alma, y si me caracterizaba por algo, era por la empatización que provocaba en el lector,  conseguía sumergirle en todas y cada una de las tramas descritas por mi bolígrafo, pero no, esta vez no, no lograba sentirme dentro de la historia, me consideraba un mero espectador de lo que los demás esperaban fuese mi obra culmen.

Llegue a casa 2 horas después, dispuesto a lo que sería una larga ducha, húmeda, caliente, fragante, para luego degustar un suculento desayuno inglés, tras ello, me encendí un cigarro y abrí el periódico, llamadme anticuado, pero aun disfruto del tacto en las yemas de mis dedos de las ásperas hojas de un diario, y el fino oscurecimiento de mis dedos con el paso de sus páginas.

Dedique el resto de la mañana a cortar leña, arreglar la casa, el tipo de trabajo físico que no podía llevar a cabo en mi estudio del centro de Madrid. Al caer la tarde, aprovechando las últimas horas de Sol, hastiado por el tedio de sentarme frente al papel y no obtener resultado, decidí dar un paseo, y sentarme, relajado, a pensar en mis cosas. Cuando mi nariz reconoció un olor familiar, suave, era ella, con una sudadera gris, leggins negros, y zapatillas de correr, el pelo anudado en una coleta, y por mi primera vez, aun paralizado como la anterior, pude ver sus ojos, grandes, castaños, llenos de vida, de curiosidad. Unos labios carnosos, tez blanquecina, perlada, mediría poco menos que yo, quizás un palmo menos, y se acerco sonriendo a mí.

-!Hi¡ - me dijo, algo falta de aliento -

a lo que yo respondí con un titubeante hola, en el más puro español

-Anda! un español, y yo pensando que era la única española que salía por aquí a correr, ¿vives por aquí?

- Estoy aquí por trabajo, supongo, pasando unos días, perdona, me llamo Sergio, encantado

- yo soy Irene, trabajo de au-pair en el chalet de ahí al lado, ¿eres el vecino que se pasa la mañana cortando leña? ¡que hoy me has despertado al niño! - dijo, medio divertida

-Sí, perdona, me relaja mucho el trabajo físico, me distrae la mente

- ¿En que trabajas?-preguntó

-Soy escritor, supongo

-¿Supones?

-Siempre me ha resultado extraño llamarme a mí mismo escritor, la verdad

-Debe ser súper interesante trabajar de escritor, yo curro en una web de CM y diseñadora, sabes, y escribir me parece algo así, interesante - afirmaba ella

-Supongo que sí, aunque a veces me hubiese gustado ser charcutero, me reí

y se reía, con esa estúpida broma, y juro que jamás habréis escuchado una risa mas cristalina que la suya, sincera, transparente, alegre, revitalizante

-Bueno Sergio, me tengo que ir, hasta mañana !- me dijo, con una media sonrisa

- encantado, Irene, dije, sin aliento

Y se fue, tan rápido como había llegado, dejándome con una sensación extraña en el cuerpo, y extraño me sentí al sentarme frente al papel y darle vida a los personajes que conformaban mi historia, extraño me sentí al meterme en la cama y sentir el frio y la suavidad de las sabanas, inertes sobre mi cuerpo, y me descubrí llenándolas de calor pensando en ella, como jamás había pensado en nadie, devorándola, descubriéndola mil mundos de placer, así logré dormirme, entre espamos cansados de una mente agotada, pero bullente.

Amaneció un día lluvioso, gris, típicamente inglés, la habitación olía a los rescoldos que rápidamente avive de la llama que me había calentado durante toda la noche, me vestí y salí a correr, esta vez, bajo la lluvia y con menos suerte que ayer, ya que no logré cruzarme con ella, Irene.

Al volver a casa, me di una ducha, desayune, la rutina y el tedio, esta vez, sin el frescor que me aportaba el verla, me dispuse a mitigar la soledad con mi sillón, y una buena película de miedo, cuando, de repente, un rayo cruzó el cielo, y su estruendo inundó la habitación, iluminándola, dejando unos breves instantes de silencio previos el atronador sonido que cruzo mis tímpanos.

Sobresaltado por el mismo, algo consiguió dar un vuelco a mi corazón, el timbre de la puerta sonaba sin cesar, insistente.

Era ella, empapada, bajo la lluvia.

- Por favor, puedo entrar, se ha ido la luz en toda la casa, los de la casa se han ido y me he quedado sola y bueno... quizá pueda pasar aquí la tormenta.

- Claro, pasa, te daré una toalla y ropa limpia - la dije

Tras lo cual, allí estaba, sentada en mi sillón, con un chándal mío, y secándose el pelo con mi toalla, mirándome fijamente con una sonrisa agradecida.

-¿Quieres tomar algo? ¿té? ¿café? ¿vino? ¿ag..?-

-vino estaría bien, es sábado, ¿no? ya que hace el tiempo que hace, podemos tomar una copa y charlar- me dijo

Avive el fuego, viendo sus leves temblores, tras lo cual, traje una botella de un Rioja muy bueno, regalo de un compañero de la facultad con el que mantenía el contacto, dos copas, y una media sonrisa que no sabía componer, quizá hacia demasiado que no lograba sonreír.

Serví ambas copas, y la ofrecí una de ellas, que agarró entre sus manos para dar un leve sorbo, y quedarse absorta mirando al fuego.

-Espero que te quedes a cenar, la dije

- Claro! será un placer ! ¿siempre eres tan serio? - me dijo, entre risas

Diría que la conversación se extendió durante horas, pero solo fueron dos horas de risas, copas, miradas, su pelo ya casi seco, sonrisas a medias.

La ofrecí darse un baño, mientras preparaba la cena, (exprimiendo mi sesera, intentando descubrir que preparar y no quedar excesivamente mal), a lo que me respondió que sí, al levantarme sufrí un pequeño mareo, fruto del vino, tras lo cual procedí a llenar la bañera, esparciendo sales aromáticas, que nunca había llegado a utilizar, y cuando me di la vuelta, allí estaba ella, mirándome, atravesándome con esos ojos grandes y vivaces, tapada solo por mi albornoz.

Albornoz que dejo caer, dejándome ver, a través de la tenue luz que daba una pequeña lámpara sobre una mesita, un cuerpo de tez blanquecina, fino terciopelo, perlado, sin macula, una media melena sobre los hombros castaños, un pecho turgente, delicioso a la vista, sin un vello que marque ni un solo centímetro de su cuerpo, que se acercaba a mí, paso a paso, posando su mano en mi pecho, y un suave beso en mis labios, girando a mi alrededor, se introdujo en la bañera poco a poco. Relajada, cerró los ojos,  impaciente, tras lo que me arranque la camisa, tirándola al suelo.

Me aproxime a ella, admirándola, me sentí hipnotizado por un momento, dejando que la fragancia llenase mis pulmones, dejé que mis manos recorriesen sus hombros, masajeando los mismos, enjabonándolos, aparte su pelo y mordí su hombro izquierdo, arrancando de su interior un leve suspiro; mis manos bajaron entonces por su pecho, sin llegar a rozar sus pezones, rodeándolos, creando una capa de espuma sobre ellos.

El agua caliente la rodeaba, y solo se entreveían sus piernas sobre la bañera, piernas kilométricas, en las que podría perderme para siempre recorriéndolas con mis manos una y otra vez, dejando que la esponja acariciase su piel, suave, fina, mientras ella me miraba fijamente, y me preguntaba si no sería su propio calor el que daba ese ardor que clamaba el liquido elemento en el que su cuerpo se mecía. Besaba sus piernas, cada centímetro, y ella las elevaba cual reina, dejando que el placer me colmase de tenerla entre mis manos, dando leves pulsaciones en sus pequeños pies, consiguiendo una relación absoluta de su cuerpo.

Me coloqué tras ella de nuevo, y esta vez, la punta de mis dedos se pasearon sobre su cuello, hicieron rapel sobre sus hombros, se deslizaron sobre su pecho... Mientras mis labios mordían sus lóbulos, y mis manos se cerraban en torno a sus pezones, pellizcándolos, dando a su cuerpo pequeñas sacudidas eléctricas que la hacían tensarse como la cuerda de un arco, agarrándose sus manos a los borde de la bañera, colmándose de ganas y deseo, muriéndose por mas, por mucho mas...

Y se lo di.

Baje mis manos por su vientre, y mirándola a los ojos, alcance su entrepierna, bañada en jugos y agua clara, la recorrí, mis dedos dibujaron sobre ella mil y una suaves filigranas que provocaron pequeños gemidos, a los que respondí mordiéndola el labio inferior, mientras la miraba firmemente a los ojos, y al intensificar el mordisco, deje que mis dedos se introdujesen en su interior, inundándola, a lo que ella respondió aferrándose a mi espalda y mordiendo mi hombro izquierdo, tras lo que aumente el ritmo, que yo marcaba y ella seguía con sus caderas.

El agua inundaba el suelo, apenas se veía con el vapor, apenas se oía la tormenta tras sus gemidos llenando cada rincón de la casa, y nada estaba tan lleno de ella como yo, lleno de su deseo, de su pasión, de las ganas, del instintivo quemazón en mi interior que quería devorarla.

Se colgó de mi cuello, tras lo que me levante, y entrelazó sus piernas en mis caderas...

- ah.. - gimió respondiendo a un beso mío - por favor.. mas..

Respondí llevándola al salón, frente a la chimenea, aparté la mesa, y la tumbé sobre una alfombra que había traído en uno de mis viajes. Las luz de las llamas lamian su cuerpo desnudo, impregnándola de una amalgama de rojizos naranjas, y anaranjados rojos, dotándola de una apariencia regia, poderosa, atractiva, sugerente. Me tumbe sobre ella, posando un leve beso sobre sus labios, continúe mi camino sobre su pecho, me deslice sobre su vientre con mi lengua, me aferré a su cadera, tumbado sobre el suelo, abriendo sus piernas temblorosas, dejando que mis labios se acercasen a los suyos... Y la punta de mi lengua recorrió su humedad, introduciéndose levemente, retirándose bese sus alrededores, impregnando cada beso de un ardiente deseo, mordiendo suavemente cada rincón, finalmente hundí mi cabeza entre sus piernas, absorbiendo cada mililitro de su flujo, combinándolo con mi saliva, jugando con la cara interna de mi lengua en su clítoris, se agarro fuertemente a mi pelo, y sus piernas vibraron, queriendo cerrarse en torno a mí, tras lo que aumente frenéticamente mi ritmo, agarrándome aun mas fuerte a sus cadera, hundiendo mi lengua en lo más profundo de su ser pretendiendo arrancar cada gramo de placer que ello albergase.

- Sigue, mas.. estoy a punto.. - gritó

mis manos soltaron sus cadera, y se aferraron a su pecho, y con cada movimiento en su clítoris gracias a mi lengua, acompañaba un fuerte pellizco en sus pezones, haciéndola gritar más aun, sus uñas se hundían en mis hombros, y de repente, el silencio, y acompaño al trueno y al relámpago un grito ensordecedor de placer, sus piernas me aprisionaron, y su cuerpo se llenó de electricidad, note en mi boca un afluente de liquido, sus flujos entrelazados en mi saliva llenándome, y sus sacudidas agitándome, y de nuevo, la calma.

- Ha sido increíble - me dijo - ven..

A lo cual sonreí, y me tumbé a su lado, ella me miraba, y yo me perdía en sus ojos. Su pecho, agitado, intentaba encontrar el ritmo que pudiese acompasar a su respiración, mirándome, me tumbó boca arriba, subiéndose encima de mí, me beso, suave, bebí de sus labios sediento, dejando que me llenase por dentro.  Besó mi pecho, y llego abajo... agarrándola, me miró, la miró, tras lo que se situó tras ella con un movimiento manual acompasado, su lengua recorrió el tallo hasta mi glande, solo con la punta, dejando que su boca se entrecerrase en ella, humedeciéndola, la llenó de saliva, poco a poco, tratándola con un mimo impensable, aumento su ritmo, poco a poco, dejándome disfrutar de cada instante, mirándome a los ojos, hipnotizándome de nuevo...

Poco a poco, se la introdujo mas y mas en su boca, notaba como sus pequeños dientes blanco me daban pequeño mordiscos de tanto en tanto sobre mi glande, haciendo que mi espalda se arquease de placer... Acompasaba a su boca su mano derecha, en tanto que la izquierda masajeaba mis testículos, como nunca lo habían hecho, lo hacía con cariño, suave, y de repente, aumento el ritmo, mas, y mas, y más, mucho mas, llevándome al éxtasis, provocando que se hinchase hasta niveles insospechados dentro de su boca, llevo sus manos al suelo, utilizando solo la boca..

- Irene.. no puedo mas... necesito acabar...

Me miro a los ojos.. - Acaba - me dijo

Y se la hundió entera en su boca, volviéndose loca.. tras lo que exploté, convulsioné, me volví loco, gemí, respire, y abrí los ojos... y allí estaba ella, divertida, con su boca llena, tras lo que sonriendo, lo tragó, y me sacó la lengua, en un gesto obsceno, pero tan risueño, que no pude más que sonreír, reír a carcajadas, y la besé, en un beso largo, entrelazando mi lengua con la suya, sentándose sobre mí, a lo que volví a reaccionar levantándose mi entrepierna de nuevo, sobre la suya, notando nuevamente su humedad...

Sobre mí, la agarro con un mano, y mientras me besaba, mi glande recorría su humedad endureciéndose, introduciéndose levemente, ella jugaba en su clítoris con ella, y sus pequeños gemidos se mezclaban con mis besos.

Poco a poco me tumbó, subiendo sobre mí, introduciéndosela poco a poco, se irguió mirándome juguetona, moviendo sus caderas  apoyando sus manos sobre mis muslos, dejándome ver como entraba y salía, sus ojos divertidos me sonreían, aumentando poco a poco el ritmo con lo que mi mano se deslizaron a su pecho, masajeándolo, dejando que jugasen con sus pezones... Mi mano derecha fue hacia su clítoris, que masajee acompasando el ritmo de sus cadera, provocando sus gemidos que ascendían en tono mas y mas...

Se tiró sobre mí, mordiendo mi cuello martilleándome a un ritmo frenético, notando como chorreaban mis piernas debido a su humedad, electrificándose de nuevo, haciéndome daño con sus dientes en mi cuello, mis hombros, sus manos se aferraban a mis brazos fuertemente, y de nuevo, esa calma, preciosa, precisa, deliciosa.

Tumbada sobre mí, aun atravesada, me miro, sonriendo, y me beso, tras lo cual, cerró los ojos, y se quedó suavemente dormida, y allí me quede yo, sonriendo como un idiota, con la chica más preciosa que había conocido, entre mis brazos, desnuda, ardiendo por su calor, más que por el fuego que alimentaba con su luz la habitación.

---

Cuando desperté oí ruido, y ella no estaba, me pregunté si no habría sido un dulce sueño hasta que note los rescoldos de la noche anterior en mi cuerpo, desnudo. Me levante hacia la cocina, buscando un poco de agua que aliviase mi garganta más que seca, y allí estaba ella, de nuevo, con esa sonrisa picara y divertida, vestida únicamente por mi camisa, y el olor a bacon y café recién hecho inundaba la estancia, rápidamente, me vestí con un pantalón de chándal gris, y una camiseta.

- Buenos días !  - me dijo, sonriéndome

-Buenos días - respondí, levemente - ¿qué tal has dormido? lo de ayer..

No pude terminar la frase, me respondió con un beso, breve, pero intenso

- He dormido genial, ¿tienes hambre? - de nuevo, esa sonrisa

- Claro! tengo tanta hambre que da calambre ! - respondí, tras lo cual me quede perplejo, hacía años que no usaba expresiones de mi barrio

- Jajaja calambre ? pues a comer ! - me dijo, llenando la habitación con una risa cristalina, vigorizante

Devoré el desayuno, bacón, huevos revueltos, café recién hecho, y zumo ¿que mas podía pedir? estaba maravillosamente loca, sus ojos curiosos y su mente despierta recorrían cada centímetro de mi cocina, preguntándome mil y una dudas. Acabamos casi a la vez el desayuno, tras lo cual recogí la mesa, y bese suavemente su cuello, llegando a vislumbrar su pecho desnudo bajo mi camisa.. y el deseo me inundó de nuevo, la cogí, subiéndola sobre la mesa colocándome entre sus piernas, y la bese, frenético, devorándola

- ¿Aun con hambre? - me dijo, sonriendo

- De ti, siempre

La levante la camisa, sacándola por arriba, y la subí sobre mí, lo que provoco que ella me arrancase la camiseta, enredando sus piernas en mi cadera, recorriendo su espalda con mis manos, agarrando fuerte sus nalgas, besaba mi cuello, mordiéndolo, arañando cada centímetro de mi espalda, la puse contra la pared, ya duro de nuevo, me quite el pantalón y lo tire lejos, de nuevo, notando su humedad sobre mí, empapándome..

- Lo quiero.. ya.. - susurro en mi oído

La empalé contra la pared, con fuertes embestidas, acompañadas por sus gemidos, fuertes, sus uñas desgarraban mi espalda , sus dientes mordían fuerte mis hombros, sus piernas, agiles, fuertes, me cerraban en torno a ella impulsándome a llegar hasta lo más profundo de su ser

- con esto, no hace falta salir a correr eh ? - me dijo, entre fuertes respiraciones, sonriendo

- desde luego que no, esto es mucho mejor - la respondí, mordiéndola el labio

en esa misma postura me la lleve a la cama, y la coloque sobre ella, tras lo que juguetona, se coloco a cuatro patas, mostrándome la belleza de sus nalgas, semiabiertas, y su entrepierna húmeda, depilada, deliciosa, a la que di un leve lametón, respondiendo ella con un respingo de placer.

Me situé tras ella, erecto, y la atravesé lentamente, acomodando mis manos a sus cadera, introduciéndome poco a poco, hasta llegar lo más profundo que pude, disfrutando de cada instante que pasaba en su interior, notaba como con cada movimiento el vello de su espalda se erizaba, comencé a moverme rítmicamente.. dentro.. fuera.. dentro.. fuera.. mas y mas rápido... dando leves azotes en sus nalgas, que lograron hacer reaccionar cada célula de su cuerpo arrancando placeres insospechados para ella

- mas fuerte... por favor.. - gimió

a lo que respondí acompasando cada azote con una embestida, aumentando el ritmo, mas y mas.. hasta que.. en el punto álgido de ese acto, se quedo paralizada, eléctrica, durante 1 segundo, para después desatar una tormenta de gemidos, convulsiones, placer, cerrando y abriendo las piernas, gimiendo de puro placer, acabamos juntos, en un instante que detuvo el mundo solo para nosotros; nos sentíamos plenos, tumbados ya sobre la cama, sin decir nada y hablando de todo, tranquilos, disfrutando del sencillo placer del post coito, sonriendo

- hola- la dije, con media sonrisa

- hola - me respondió ella, sugerente

- hambre de nuevo ? - me reí

- claro ! - me dijo, besándome

tras lo cual, nos levantamos juntos, yo avive el fuego de la chimenea, mientras el olor a carne y verdura cocinándose en el horno llenaba la estancia, inundándola de un caluroso olor hogareño...

Continuará... 


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